Parte anterior: https://m.poringa.net/posts/relatos/6326369/Primeros-pasos-con-Elena-y-Dani-5.html
Lorena se recostó en la silla de la cocina, cruzando las piernas. Tenía esa sonrisa pícara que yo le conocía demasiado bien de las salidas del grupo. Miraba a Elena como si la estuviera viendo por primera vez.
—Boluda… te llenó toda. Varias veces. Y vos pidiendo más como una desesperada —dijo casi riendo—. Nunca te imaginé así. La mosquita muerta del grupo resultaste ser una putita reprimida.
Elena estaba colorada hasta las orejas, pero no negaba nada. Yo me quedé callado, tomando el café, sintiendo cómo la tensión en el ambiente cambiaba. Ya no era solo vergüenza… había morbo puro.
—¿Y vos qué pensás de todo esto? —me preguntó Lorena a mí directamente, clavándome la mirada—. ¿Te gustó cogerte a la novia de tu mejor amigo en su propia casa?
Tragué saliva.
—Me gustó demasiado —admití—. Y ella… pidió todo lo que le di.
Lorena soltó una risita baja y se inclinó hacia adelante. Su remera holgada dejó ver un poco de escote. Siempre había sido flaquita, pero con ese culo grande que se marcaba cuando caminaba.
—Contame algo que no me haya dicho Elena todavía —me exigió—. ¿Cómo se sintió cuando se la metiste toda? ¿Gritaba? ¿Lloraba de lo grande que la tenés?
Elena soltó un gemido avergonzada y se tapó la cara con las manos, pero se notaba que estaba excitándose de nuevo. Yo decidí seguirle el juego.
—Al principio le costó. Gemía y me clavaba las uñas diciendo “despacio… me estás partiendo”. Pero después… me pedía que se la metiera más fuerte. Que la cogiera como a una puta. Y acabo como cuatro veces.
Lorena mordió su labio inferior. Se hizo un silencio pesado. De repente se levantó, rodeó la mesa y se paró atrás de Elena. Le puso las manos en los hombros y le habló al oído, pero lo suficientemente alto para que yo tambien escuchara:
—¿Y si yo también quiero probar esa verga que tanto te gustó? Total… ya estás metida hasta las manos. Dani te dio permiso a vos… ¿no sería justo que yo también tenga mi parte del secreto?
Elena levantó la cabeza lentamente. Sus ojos verdes estaban vidriosos de deseo otra vez. Miró a Lorena, después a mí, y asintió casi sin voz:
—…Está bien.
Lorena no perdió tiempo. Se acercó a mí, me agarró de la remera y me besó con ganas. Era más agresiva que Elena, más suelta. Mientras nos besábamos, le bajé las manos al culo y lo apreté fuerte. Ese culo grande y firme que siempre había mirado de reojo en las juntadas.
—Vamos al cuarto —les dije—. Quiero cogerlas a las dos.
Las tres cuadras hasta la habitación fueron un camino de manos y besos. Elena caminaba adelante, todavía con la remera holgada. Lorena me agarraba la verga por encima del pantalón, susurrándome:
—Quiero ver si es tan grande como dice ella…
En la cama empezó todo de nuevo, pero ahora con dos. Primero las hice besarse entre ellas mientras las tocaba. Elena estaba tímida al principio, pero Lorena tomó la iniciativa y le metió la lengua con ganas. Les saqué la ropa entre besos y lamidas.
Me pare al borde de la cama y las puse a las dos de rodillas frente a mí. Lorena abrió grande los ojos cuando la vio.
—Hijo de puta… sí que es gruesa —murmuró, y se la metió en la boca. Llegó más profundo que Elena, pero igual tuvo que usar las dos manos. Elena la miraba excitada y se sumó, lamiendo el costado y besándome los huevos.
Las alternaba: una chupando, la otra lamiendo. Los ruidos húmedos y los gemidos llenaban la habitación. Después las puse en cuatro, una al lado de la otra. Primero la cogí a Elena mientras le daba nalgadas suaves a Lorena. Luego cambié. Lorena era más ruidosa, gemía fuerte y pedía verga sin vergüenza.
—Metémela toda… rompeme toda como la rompiste a ella —suplicaba.
Las cambié de posición varias veces. Me cabalgaban por turnos mientras la otra se sentaba en mi cara. El cuarto olía a sexo puro. Al final las puse a las dos boca arriba, piernas abiertas, y las cogí alternando. Cuando estaba por acabar, Elena me miró con esos ojos verdes y Lorena, al lado, se tocaba, me pidieron que les diera leche a las dos, y les acabe en las tetas.
Quedamos los tres tirados en la cama, sudados y respirando agitados. Lorena, con la voz ronca, dijo:
—Esto no se termina acá… Cuando Dani vuelva, Elena le va a tener que contar todo. Y yo quiero estar presente cuando se lo diga.
Elena se mordió el labio, nerviosa pero excitada. Yo solo sonreí.
La cosa se estaba complicando… y me encantaba.
Lorena se recostó en la silla de la cocina, cruzando las piernas. Tenía esa sonrisa pícara que yo le conocía demasiado bien de las salidas del grupo. Miraba a Elena como si la estuviera viendo por primera vez.
—Boluda… te llenó toda. Varias veces. Y vos pidiendo más como una desesperada —dijo casi riendo—. Nunca te imaginé así. La mosquita muerta del grupo resultaste ser una putita reprimida.
Elena estaba colorada hasta las orejas, pero no negaba nada. Yo me quedé callado, tomando el café, sintiendo cómo la tensión en el ambiente cambiaba. Ya no era solo vergüenza… había morbo puro.
—¿Y vos qué pensás de todo esto? —me preguntó Lorena a mí directamente, clavándome la mirada—. ¿Te gustó cogerte a la novia de tu mejor amigo en su propia casa?
Tragué saliva.
—Me gustó demasiado —admití—. Y ella… pidió todo lo que le di.
Lorena soltó una risita baja y se inclinó hacia adelante. Su remera holgada dejó ver un poco de escote. Siempre había sido flaquita, pero con ese culo grande que se marcaba cuando caminaba.
—Contame algo que no me haya dicho Elena todavía —me exigió—. ¿Cómo se sintió cuando se la metiste toda? ¿Gritaba? ¿Lloraba de lo grande que la tenés?
Elena soltó un gemido avergonzada y se tapó la cara con las manos, pero se notaba que estaba excitándose de nuevo. Yo decidí seguirle el juego.
—Al principio le costó. Gemía y me clavaba las uñas diciendo “despacio… me estás partiendo”. Pero después… me pedía que se la metiera más fuerte. Que la cogiera como a una puta. Y acabo como cuatro veces.
Lorena mordió su labio inferior. Se hizo un silencio pesado. De repente se levantó, rodeó la mesa y se paró atrás de Elena. Le puso las manos en los hombros y le habló al oído, pero lo suficientemente alto para que yo tambien escuchara:
—¿Y si yo también quiero probar esa verga que tanto te gustó? Total… ya estás metida hasta las manos. Dani te dio permiso a vos… ¿no sería justo que yo también tenga mi parte del secreto?
Elena levantó la cabeza lentamente. Sus ojos verdes estaban vidriosos de deseo otra vez. Miró a Lorena, después a mí, y asintió casi sin voz:
—…Está bien.
Lorena no perdió tiempo. Se acercó a mí, me agarró de la remera y me besó con ganas. Era más agresiva que Elena, más suelta. Mientras nos besábamos, le bajé las manos al culo y lo apreté fuerte. Ese culo grande y firme que siempre había mirado de reojo en las juntadas.
—Vamos al cuarto —les dije—. Quiero cogerlas a las dos.
Las tres cuadras hasta la habitación fueron un camino de manos y besos. Elena caminaba adelante, todavía con la remera holgada. Lorena me agarraba la verga por encima del pantalón, susurrándome:
—Quiero ver si es tan grande como dice ella…
En la cama empezó todo de nuevo, pero ahora con dos. Primero las hice besarse entre ellas mientras las tocaba. Elena estaba tímida al principio, pero Lorena tomó la iniciativa y le metió la lengua con ganas. Les saqué la ropa entre besos y lamidas.
Me pare al borde de la cama y las puse a las dos de rodillas frente a mí. Lorena abrió grande los ojos cuando la vio.
—Hijo de puta… sí que es gruesa —murmuró, y se la metió en la boca. Llegó más profundo que Elena, pero igual tuvo que usar las dos manos. Elena la miraba excitada y se sumó, lamiendo el costado y besándome los huevos.
Las alternaba: una chupando, la otra lamiendo. Los ruidos húmedos y los gemidos llenaban la habitación. Después las puse en cuatro, una al lado de la otra. Primero la cogí a Elena mientras le daba nalgadas suaves a Lorena. Luego cambié. Lorena era más ruidosa, gemía fuerte y pedía verga sin vergüenza.
—Metémela toda… rompeme toda como la rompiste a ella —suplicaba.
Las cambié de posición varias veces. Me cabalgaban por turnos mientras la otra se sentaba en mi cara. El cuarto olía a sexo puro. Al final las puse a las dos boca arriba, piernas abiertas, y las cogí alternando. Cuando estaba por acabar, Elena me miró con esos ojos verdes y Lorena, al lado, se tocaba, me pidieron que les diera leche a las dos, y les acabe en las tetas.
Quedamos los tres tirados en la cama, sudados y respirando agitados. Lorena, con la voz ronca, dijo:
—Esto no se termina acá… Cuando Dani vuelva, Elena le va a tener que contar todo. Y yo quiero estar presente cuando se lo diga.
Elena se mordió el labio, nerviosa pero excitada. Yo solo sonreí.
La cosa se estaba complicando… y me encantaba.
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