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Callate y cogeme

Veníamos caminando hace como cinco cuadras en silencio. Llegamos a la esquina y finalmente hablás.
Me decís que me esperás a que me tome algo.

Esa tarde había ido a tu casa. Me invitabas todo el tiempo pero yo no quería. No era el momento. No era
la etapa de mi vida. No era nada.
Me había anotado tu dirección en un papel y mientras iba caminando lo apretaba en mi mano, tanto que
la tinta se corrió por mi sudor, ¿podés entender que yo no hago esto siempre?

Llegué y me dí cuenta que ya no quería coger con vos. Me quería ir. Pero estaba ahí, estaba en tu casa,
teníamos que coger, fui prácticamente para eso, te mandé todas las señales. Me diste un beso y me
relajé. Estábamos bien. Ya no me sentía obligada a nada. Me sacaste la ropa y no me gustó cómo lo
hiciste pero no me importó. Ya nada importaba.

Me agarraste fuerte la cara y me dijiste que te tenía que chupar la pija. Yo quería, te juro que quería. Me
había olvidado del momento incómodo del principio, de mis ganas de irme, de todo. Te miré fijo mientras
lo hacía, no te despegué la mirada. Me agarraste fuerte y me apretaste contra tu cuerpo porque
seguramente pensaste que no iba a llegar nunca. Me lloraron los ojos. Me gustó que en cierta manera
me obligues, me gustó hacerme la que no quería, me gustó que me ahogues, me gustó todo. Porque en
ese momento no eras vos.

Quería coger con vos. Me moría por hacerlo.

Sos un chico al que ni siquiera miraría por la calle, no me generás nada, pero te grité que me la metieras
hasta matarme. Lo hiciste, lo hiciste todas las veces que te lo pedí y me dolió siempre. Me lamiste desde
la oreja hasta el ombligo como cinco veces seguidas. No podías parar y yo tampoco quería que pares.
Te quería matar, realmente te quería lastimar. Te clavé las uñas en la espalda y me mordiste fuerte la
pierna. Me das vuelta con violencia como si yo fuese un pedazo de papel y me agarras fuerte. De nuevo
desde la oreja hasta el final de mi columna. No te podía soportar un segundo más. Mordí una almohada.
Te grité que no podía más pero a vos no te importó nada porque de nuevo me la metiste, esta vez más
suave, esta vez con cariño, esta vez sin ganas de matarme. Me hablaste muy cerca del oído, no entendí
que me decías, tampoco me interesó. Callate y cogeme.

Pasó. Estuve desnuda al lado tuyo como cinco minutos y ni me miraste.

Me esperás mientras me tomo un taxi, y de nuevo sos ese chico al que no se me ocurriría mirar nunca
por la calle.

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