Mí hermana invitó a Sofía a quedarse a dormir de nuevo. Hacía dos semanas de la primera vez y yo ya estaba ansioso. Cuando las escuché llegar, bajé a la cocina y ahí estaba ella. Pelo liso rubio largo, lentes finitos y esas tetas enormes marcándose debajo de una remera negra ajustada. Me miró por encima de los lentes y sonrió con cara de zorra.
—Matías… mirá vos —dijo con voz baja y juguetona—. Seguís más rico que la última vez que te vi. ¿Ya se te paró la pija solo de verme?
Me quedé un segundo sin palabras. Ella se rio bajito y se acercó un poco más.
—Tranquilo… tu hermana está en el baño. Pero sí, ya sé que te puse la verga dura. Se te nota en la cara.
Charlamos un rato los tres en la mesa, pero cada vez que mi hermana miraba el celular, Sofía me tiraba indirectas:
—Matías, ¿te acordás cuando te cruzaba en el pasillo? Ya en esa época me imaginaba chupándotela… —susurró una vez que mi hermana se levantó.
A las dos y media de la mañana la puerta de mi pieza se abrió. Sofía entró desnuda, solo con los lentes puestos. Cerró con llave y se subió a la cama gateando como una gata en celo.
—Tu hermana se durmió con los auriculares… —dijo mientras me bajaba el bóxer—. Y yo estoy empapada desde la cena, pensando en esta verga gruesa que me tiene loca.
Agarró mi pija dura con las dos manos y escupió encima antes de metérsela en la boca. Me chupaba como una puta desesperada: profundo, babeando mucho, haciendo ruidos húmedos y mirándome por encima de los lentes.
—Mmm… qué rica verga tenés, Matías —gemía sacándola un segundo—. Me encanta cómo me llena la boca. Quiero que me folles la garganta hasta que llore.
La dejé que me mamara un buen rato mientras le tiraba del pelo liso rubio. Después la subí y ella misma se acomodó encima mío.
—Metémela toda, dale —pidió con voz ronca—. Quiero que me destroces la concha esta noche.
Se dejó caer de golpe, tragándose mi pija entera. Soltó un gemido largo y empezó a cabalgarme como una perra.
—Así… ay sí… qué rica se siente tu verga abriéndome —gemía mientras sus tetas enormes rebotaban fuerte en mi cara—. Mirá cómo me rebotan las tetas, Matías… agárramelas fuerte, apretá a tu puta.
Yo le agarré las tetas con fuerza, les di cachetadas y le chupé los pezones duros. Sofía aceleró el ritmo, follándome salvajemente.
—Shhh… calladita —le dije.
—Que se joda tu hermana —contestó entre gemidos—. Si nos escucha que escuche cómo me estás cogiendo como una perra. Más fuerte, Matías… rompeme la concha, quiero que me dejes caminando raro mañana.
La di vuelta, la puse boca abajo y le metí la pija de un empujón brutal. La cogí fuerte, profundo, tirándole del pelo.
—Así me gusta… cogeme como un animal —gritaba ahogado contra la almohada—. Metémela hasta el fondo… quiero sentir tus huevos chocando contra mi clítoris.
Le froté el clítoris mientras la follaba sin piedad. Sofía empezó a temblar.
—Me vengo… ay mierda, me estoy viniendo en tu verga… ¡no pares, hijo de puta!
Se corrió fuerte, apretándome la pija y mojándome todo. Yo saqué y le descargué varios chorros gruesos sobre la espalda, el culo y las tetas cuando se dio vuelta. Sofía se pasó los dedos por el semen, se los llevó a la boca y lo chupó mirándome.
—Mmm… qué rico sabe tu leche… —dijo lamiéndose los labios—. Pero esto no termina acá, papi. Mañana cuando tu hermana se vaya al laburo, quiero que me rompas el culo bien duro. Quiero que me dejes el orto abierto y lleno de leche. Estas tetas y este culo son tuyos para que uses cuando se te dé la gana.
Se levantó, se limpió un poco con mi remera y se fue sigilosa a la pieza de mi hermana.
Al día siguiente
Mi hermana salió temprano como siempre. Apenas escuché la puerta cerrarse, Sofía entró a mi pieza desnuda, con el pelo suelto y los lentes puestos.
—Buenos días, mi puto favorito —dijo con una sonrisa sucia—. Tu hermana ya se fue… y yo tengo la concha y el culo palpitando de ganas. Vení, que hoy te voy a dejar seco.
Se subió a la cama y se puso a cuatro patas, levantando el culo.
—Primero comeme toda… quiero sentir tu lengua en mi orto y en mi concha.
Le comí el culo y la concha durante un buen rato. Sofía gemía sin control:
—Así… meté la lengua bien adentro de mi culo, Matías… qué rico me lo comés… soy tu puta personal, haceme lo que quieras.
Después la puse en cuatro y se la metí primero en la concha, follándola brutalmente. Le tiraba del pelo y le daba cachetadas en el culo.
—Más fuerte… rompeme, cogeme como a una perra barata —suplicaba—. Quiero que me dejes la concha roja e hinchada.
Luego, sin sacarla, apoyé la cabeza de mi pija en su culito y empujé. Esta vez entré más fácil, pero igual gemía fuerte.
—Ay sí… metémela toda en el orto… abrime el culo, Matías… quiero sentir cómo me destrozás.
La sodomicé con fuerza, metiéndosela hasta el fondo mientras ella se tocaba el clítoris.
—Estoy toda tuya… usame… llename el culo de leche caliente… quiero que me corras adentro como una puta barata.
La cogí por el culo sin piedad durante varios minutos. Sofía se corrió dos veces seguidas, temblando y gritando mi nombre. Al final le descargué todo adentro, chorros gruesos y profundos.
Cuando saqué la pija, un hilo de semen le chorreaba del culo. Sofía se dio vuelta, se sacó los lentes un segundo y me miró con cara de satisfecha.
—Sos un hijo de puta… me dejaste destruida —dijo riendo—. Pero me encanta. La próxima vez que venga, le voy a decir a tu hermana que me deje dormir directamente en tu cama. Porque disimular ya me tiene harta. Quiero que me cojas toda la noche sin tener que hacer silencio.
Se acercó, me besó con lengua y agregó bajito:
—Y la próxima vez… quiero que me ates y me trates como la puta que soy. ¿Te animás?
Me guiñó el ojo, se puso una de mis remeras y salió de la pieza contoneando el culo, todavía con mi semen chorreándole entre las piernas.
Yo me quedé en la cama, agotado y sonriendo.
Esto ya se estaba convirtiendo en algo adictivo.

—Matías… mirá vos —dijo con voz baja y juguetona—. Seguís más rico que la última vez que te vi. ¿Ya se te paró la pija solo de verme?
Me quedé un segundo sin palabras. Ella se rio bajito y se acercó un poco más.
—Tranquilo… tu hermana está en el baño. Pero sí, ya sé que te puse la verga dura. Se te nota en la cara.
Charlamos un rato los tres en la mesa, pero cada vez que mi hermana miraba el celular, Sofía me tiraba indirectas:
—Matías, ¿te acordás cuando te cruzaba en el pasillo? Ya en esa época me imaginaba chupándotela… —susurró una vez que mi hermana se levantó.
A las dos y media de la mañana la puerta de mi pieza se abrió. Sofía entró desnuda, solo con los lentes puestos. Cerró con llave y se subió a la cama gateando como una gata en celo.
—Tu hermana se durmió con los auriculares… —dijo mientras me bajaba el bóxer—. Y yo estoy empapada desde la cena, pensando en esta verga gruesa que me tiene loca.
Agarró mi pija dura con las dos manos y escupió encima antes de metérsela en la boca. Me chupaba como una puta desesperada: profundo, babeando mucho, haciendo ruidos húmedos y mirándome por encima de los lentes.
—Mmm… qué rica verga tenés, Matías —gemía sacándola un segundo—. Me encanta cómo me llena la boca. Quiero que me folles la garganta hasta que llore.
La dejé que me mamara un buen rato mientras le tiraba del pelo liso rubio. Después la subí y ella misma se acomodó encima mío.
—Metémela toda, dale —pidió con voz ronca—. Quiero que me destroces la concha esta noche.
Se dejó caer de golpe, tragándose mi pija entera. Soltó un gemido largo y empezó a cabalgarme como una perra.
—Así… ay sí… qué rica se siente tu verga abriéndome —gemía mientras sus tetas enormes rebotaban fuerte en mi cara—. Mirá cómo me rebotan las tetas, Matías… agárramelas fuerte, apretá a tu puta.
Yo le agarré las tetas con fuerza, les di cachetadas y le chupé los pezones duros. Sofía aceleró el ritmo, follándome salvajemente.
—Shhh… calladita —le dije.
—Que se joda tu hermana —contestó entre gemidos—. Si nos escucha que escuche cómo me estás cogiendo como una perra. Más fuerte, Matías… rompeme la concha, quiero que me dejes caminando raro mañana.
La di vuelta, la puse boca abajo y le metí la pija de un empujón brutal. La cogí fuerte, profundo, tirándole del pelo.
—Así me gusta… cogeme como un animal —gritaba ahogado contra la almohada—. Metémela hasta el fondo… quiero sentir tus huevos chocando contra mi clítoris.
Le froté el clítoris mientras la follaba sin piedad. Sofía empezó a temblar.
—Me vengo… ay mierda, me estoy viniendo en tu verga… ¡no pares, hijo de puta!
Se corrió fuerte, apretándome la pija y mojándome todo. Yo saqué y le descargué varios chorros gruesos sobre la espalda, el culo y las tetas cuando se dio vuelta. Sofía se pasó los dedos por el semen, se los llevó a la boca y lo chupó mirándome.
—Mmm… qué rico sabe tu leche… —dijo lamiéndose los labios—. Pero esto no termina acá, papi. Mañana cuando tu hermana se vaya al laburo, quiero que me rompas el culo bien duro. Quiero que me dejes el orto abierto y lleno de leche. Estas tetas y este culo son tuyos para que uses cuando se te dé la gana.
Se levantó, se limpió un poco con mi remera y se fue sigilosa a la pieza de mi hermana.
Al día siguiente
Mi hermana salió temprano como siempre. Apenas escuché la puerta cerrarse, Sofía entró a mi pieza desnuda, con el pelo suelto y los lentes puestos.
—Buenos días, mi puto favorito —dijo con una sonrisa sucia—. Tu hermana ya se fue… y yo tengo la concha y el culo palpitando de ganas. Vení, que hoy te voy a dejar seco.
Se subió a la cama y se puso a cuatro patas, levantando el culo.
—Primero comeme toda… quiero sentir tu lengua en mi orto y en mi concha.
Le comí el culo y la concha durante un buen rato. Sofía gemía sin control:
—Así… meté la lengua bien adentro de mi culo, Matías… qué rico me lo comés… soy tu puta personal, haceme lo que quieras.
Después la puse en cuatro y se la metí primero en la concha, follándola brutalmente. Le tiraba del pelo y le daba cachetadas en el culo.
—Más fuerte… rompeme, cogeme como a una perra barata —suplicaba—. Quiero que me dejes la concha roja e hinchada.
Luego, sin sacarla, apoyé la cabeza de mi pija en su culito y empujé. Esta vez entré más fácil, pero igual gemía fuerte.
—Ay sí… metémela toda en el orto… abrime el culo, Matías… quiero sentir cómo me destrozás.
La sodomicé con fuerza, metiéndosela hasta el fondo mientras ella se tocaba el clítoris.
—Estoy toda tuya… usame… llename el culo de leche caliente… quiero que me corras adentro como una puta barata.
La cogí por el culo sin piedad durante varios minutos. Sofía se corrió dos veces seguidas, temblando y gritando mi nombre. Al final le descargué todo adentro, chorros gruesos y profundos.
Cuando saqué la pija, un hilo de semen le chorreaba del culo. Sofía se dio vuelta, se sacó los lentes un segundo y me miró con cara de satisfecha.
—Sos un hijo de puta… me dejaste destruida —dijo riendo—. Pero me encanta. La próxima vez que venga, le voy a decir a tu hermana que me deje dormir directamente en tu cama. Porque disimular ya me tiene harta. Quiero que me cojas toda la noche sin tener que hacer silencio.
Se acercó, me besó con lengua y agregó bajito:
—Y la próxima vez… quiero que me ates y me trates como la puta que soy. ¿Te animás?
Me guiñó el ojo, se puso una de mis remeras y salió de la pieza contoneando el culo, todavía con mi semen chorreándole entre las piernas.
Yo me quedé en la cama, agotado y sonriendo.
Esto ya se estaba convirtiendo en algo adictivo.

0 comentarios - La amiga de mí hermana 3