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Familia unida 2

Los días siguientes a esa primera noche se convirtieron en una rutina silenciosa que solo yo conocía. Sofia seguía siendo la misma de siempre: cariñosa, distraída, caminando por la casa en sus shorts cortos de algodón y camisetas finas sin sostén cuando hacía calor. Para ella, nada había cambiado. Para nuestro hijo, todo era una cacería constante y discreta.

La primera vez que lo vi en acción fue un jueves. Sofia estaba frente al espejo del baño, cepillándose el cabello húmedo después de la ducha. La toalla le cubría apenas el cuerpo, el borde superior apenas sujetando sus pechos, nuestro hijo miraba esa escena sin respirando, yo no estaba en la penumbra del pasillo opuesto y lo veía todo, sus ojos fijos en el reflejo de su madre. La forma en que tragaba saliva cuando ella se inclinó para escupir la pasta de dientes y la toalla se abrió un poco por atrás, dejando ver la curva de sus nalgas. Él no se tocaba todavía… solo miraba.

Sofia ni se enteró, se aplicó crema en las piernas, levantó un pie sobre el lavabo y la toalla se deslizó más arriba, el solo miraba y yo no daba más del morbo sentía que se me endurecía solo de ver cómo él la devoraba con la mirada.

Al día siguiente cuando Sofia llegó del trabajo y se fue directo a cambiarse al dormitorio, nuestro hijo apareció como por arte de magia. Yo estaba en la sala, supuestamente viendo el partido, pero me daba cuenta de todo, el esperó a que ella cerrara la puerta pero no del todo, ella dejó una rendija mínima, la suficiente para que desde el pasillo se viera la cama. Sofia se quitó la blusa, luego el pantalón, se quedó solo en tanga y sostén negro de encaje, de los que usaba para sentirse sexy aunque nadie los viera, nuestro hijo estaba ahí afuera, a dos metros, pegado a la pared, con la mano ya dentro del pantalón, moviéndose muy despacio, casi sin respirar, sus ojos no parpadeaban, cada vez que su madre se daba vuelta, él se congelaba por miedo a ser descubierto, cuando ella se inclinó para buscar algo en el cajón inferior, el tanga se le metió entre las nalgas y él casi se le escapó un gemido. Yo me quedé quieto, con el corazón latiéndome fuerte, no intervine, no dije nada solo observé cómo mi hijo se tocaba mirando a su madre cambiarse, sin que ella tuviera la menor idea de que estaba siendo observada como una diosa privada.

Por la noche fue aún más fuerte.
Sofia se había duchado tarde, después de cenar, dejó la puerta del baño entreabierta otra vez, como siempre, el vapor salía y empañaba el espejo, nuestro hijo, que se suponía que estaba en su cuarto durmiendo, apareció descalzo en el pasillo oscuro, se arrodilló literalmente al lado de la puerta, pegando la cara a la rendija.

Yo estaba en la sala, con las luces tenues, medio apagadas, y lo veía todo desde allí, nuestro hijo se tocaba mientras miraba y tenía los ojos clavados en cada movimiento de su madre.
Su madre salió de la ducha cinco minutos después, envuelta en la toalla, fresca, sonriente, paso por donde estaba yo, me dio un beso en la frente y me dijo: Qué rico olor a limpia, que lindo baño, yo solo sonreí y asentí.

Ella no tenía ni la más mínima idea de que su propio hijo acababa de tocarse mirándola ducharse. Esa noche, cuando nos metimos en la cama, Sofia se pegó a mí más de lo normal. Me besó el cuello, me metió la mano dentro del bóxer y susurró: hoy estoy muy caliente… no sé por qué, yo sabía exactamente por qué. Pero no dije nada, solo tuvimos relaciones y yo pensando en la imagen de nuestro hijo arrodillado, masturbándose como un animal mientras ella se enjabonaba los pechos, ella se corrió más fuerte que nunca, mordiendo la almohada para no gritar. Nuestro hijo seguía siendo el chico cariñoso de siempre. Por el día nos abrazaba a los dos, nos ayudaba a tender la mesa, nos contaba chistes. Por las noches se convertía en ese otro ser que yo vigilaba en silencio. Y así seguimos. Una familia perfecta por fuera. Por dentro, un incendio que solo yo veía crecer. Y Sofia… bendita inocencia… seguía sin enterarse de nada.



si gusta se vendrá una tercera parte mas fogoso hay mucho que contar.

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