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Mi vecina es una Ladyboy

Descubro los secretos de mi nueva vecina y me empieza a gustar que los comparta conmigo


Habían abierto un restaurante tailandés debajo de mi bloque hacía tres semanas, eso era normal, anteriormente había sido un restaurante y llevaba un par de años cerrado, pero con todo el espacio y la cocina equipada no requirió de mucha historia.
La cuestión era que poco antes de la apertura del restaurante también comenzaron una obras en el piso de enfrente al mío, así que si no fuera poco con el bullicio y el ruido a pie de calle, tuve que soportar la obra que tenía al otro lado de mi pared.
Con el paso de los días ya los ruidos cesaron y vi que iban metiendo muebles y cajones al interior del piso de enfrente, así que pronto tendría vecinos.
Mi sorpresa fue mayúscula cuando mi timbre sonó una tarde, miré a través de la mirilla y vi a una chica asiática en el rellano. Abrí la puerta y la vi.
No tendría más de veintisiete años, era bajita, mediría más o menos un metro cincuenta y cinco, era delgada y muy atractiva, iba vestida con un pantalón de vestir negro y una camisa blanca que, gracias a los botones abiertos, dejaba un escote muy pronunciado, permitiendo que viera que tenía un par de generosos senos.
Su rostro era brillante y suave, con una cálida sonrisa y unos dientes perfectamente blancos, su piel era ligeramente morena, tenía unos ojos preciosos, eran oscuros, pero no sabía decir si eran marrón oscuro o prácticamente negro, puesto que llevaba de esas lentillas que sirven para cambiar el color de los ojos a un azul que contrastaba mucho, su pelo liso y negro caía suelto Hasta la altura de los riñones
La mujer extendió su mano y se presentó en un casi perfecto castellano.
-Hola, soy Fong, tu nueva vecina, quería pedirte disculpas por el ruido y el acaparamiento del ascensor estos días.
-Es un detalle, soy Javier, puedes llamarme Javi.
-Encantada, Javi. - Su sonrisa se amplió aún más.
-Escucha, trabajo en el restaurante de aquí abajo, de ahí que viva ahora aquí, quería invitarles a cenar cuando quisieran por las molestias.
-No es necesario, de verdad, además, sería una cuenta muy corta, estoy aquí yo solo.
-Pues tú solo, insisto, ya he lanzado la invitación al resto de vecinos, pero a ti te he dejado para el final porque al estar puerta con puerta, seguramente seas a quien mas he perjudicado.
-No, no, tranquila, yo te lo agradezco, para cualquier cosa me puedes llamar.
La chica me agradeció y, tras despedirse, se marchó escaleras abajo, vivimos en un sexto, pero parecía que tenía mas prisa que esperar al ascensor.
Cerré la puerta y volví perplejo a mi ordenador y mi trabajo.
Lo bueno de la informática es que se puede trabajar desde casa y es más flexible, para bien y para mal, tengo treinta y dos años y hacía tres que había comprado ese piso.
No me considero feo, soy del montón tirando hacia arriba, mido un metro setenta y dos peso sesenta y cuatro kilos, moreno, ojos marrones y suelo ser bastante extrovertido.
Los días fueron pasando y llegó el viernes por la noche, hacía un tiempo que no tenía pareja y suelo quedar con mis amigos los sábados, así que, generalmente mi plan de los viernes era cenar algo, una cerveza y una peli, la cuestión era que ni me apetecía cocinar, ni me llamaba la atención pedir nada. Recordé la invitación de la vecina, con la cual ya me había cruzado esa semana un par de veces cuando salía a hacer recados, parecía una chica muy agradable, pero no estaba dispuesto a que me invitara, no quería ser tan gorrón como seguramente habrían sido mis vecinos, así que me vestí y bajé en el ascensor a cenar en el nuevo restaurante y pagar mi cuenta.
Fui bastante informal, un vaquero y una camiseta, total, estaba a cinco metros del portal, no iba a pillar frío a la vuelta, además, a mediados de mayo ya no hace tanto frío.
Nunca había reparado en la entrada del local, era una fachada muy sobria, el nombre del restaurante estaba escrito en letras doradas sobre un fondo negro, abrí la puerta y pasé.
El local estaba decorado de forma bastante seria pero colorida, justo frente a mi había una chica joven apostada en un atril negro, iba vestida exactamente igual que mi vecina el día que nos conocimos. La chica sonrió y me dijo:
-Bienvenido a ResThai, ¿tiene usted reserva?
-Ehm, hola, buenas noches, no, no tengo reserva.
-Bueno, no se preocupe, hay mesas libres, ¿viene solo o serán más comensales?
-No, no, vengo solo, una compañera suya me ha invitado a conocerles, es vecina mía.
-Ah, ¿si? ¿y quién ha sido?
-Fong, una chica asiática muy agradable, vive frente a mí.
La chica contuvo una risita, se contuvo cuando, por mi cara, tuvo que darse cuenta de que no pillaba el chiste.
-Perdone, la única mujer asiática y que, además, responda a ese nombre es la dueña, es decir, mi jefa, así que eso lo convierte en VIP, se ha dedicado a invitar a los vecinos por las molestias que les hayamos podido ocasionar, acompáñeme, por favor.
Seguí a la chica hasta el comedor, mientras iba viendo que el lugar era muy elegante y que yo desentonaba un poco iba pensando en que aquella mujer con cara aniñada era la dueña de aquel lugar, supuse que lo dijo para no darse importancia, lo cual, para mí, era un punto a su favor.
La camarera me indicó una mesa y me dejó una carta para que fuera ojeándola.
-¿Qué desea de beber?
-¿Cerveza tenéis?
-Por supuesto, nacional y de importación.
-Pues alguna cerveza tailandesa si hay, me pica la curiosidad.
-En un momento se la traen, ahora vendrá una compañera a tomar nota de lo que quiera para cenar.
Cuando le di las gracias se marchó de nuevo a su puesto, ojeé la carta, no entendía nada, era la primera vez que entraba en un restaurante de ese tipo, así que todo lo de la carta me sonaba a chino.
Pasados unos minutos apareció un joven y me trajo la bebida, tras el llegó otra chica y fue a tomarme nota.
-Hola, buenas noches, ¿sabemos ya qué queremos?
-Pues… la verdad es que no.
-Pues regreso en un momento.
-No, no, espera, a ver, es la primera vez que entro en un restaurante tailandés y no tengo ni idea de qué pedir, esperaba un poco de orientación.
La chica me fue explicando pacientemente qué llevaba cada plato, cuáles eran picantes y cuáles eran más o menos exóticos. Después de un rato conseguí pedir lo que podría ser un buen menú para mí. Mientras esperaba apareció mi vecina a saludar, estaba impresionante, radiante, preciosa, llevaba un vestido tradicional tailandés de falda de tubo con una tela que salía de su abdomen, cruzaba su pecho y caía por su espalda hasta casi el suelo tras cruzar su hombro, era de tonos rojos y rosas con bordados de oro.
Además llevaba su largo pelo recogido en un moño tocado por un par de flores en un lateral, portaba algunas pulseras y brazaletes y un cinturón dorado a juego con las sandalias de tacón.
Me fijé en el sutil maquillaje, nada recargado y vi sus ojos marrón oscuro, esa noche no llevaba lentillas.
-Hola Javi, buenas noches, estoy encantada de que hayas venido… ¿Qué? ¿Qué pasa?
Su repentino cambio de actitud y tono me sacaron de mi atontamiento, me di cuenta de que me había quedado boquiabierto con cara de idiota.
-No, nada, esto… buenas noches, Fong.
-¿Va todo bien?
-Si, si, es que estás… guau… estás espectacular, estás preciosa.
La mujer se sonrojó y bajó la mirada esbozando una tímida sonrisa. Quizá me había tomado demasiadas confianzas con alguien a quien, en realidad, no conocía de nada, aunque no me llegó a parecer que estuviera incómoda, más bien lo contrario.
-Gracias, querido, es que hoy en la zona VIP tenemos a un grupo muy particular al que hacer la pelota, mi familia ha venido a ver esto y no creo que sepas como es la gente de mi tierra con el protocolo de las cosas, no podía venir vestida como habitualmente.
-Bueno, me he enterado de que realmente eres la jefa, así que te puedes permitir el lujo de cambiar de modelo respecto de las demás.
-Para mí esa etiqueta no tiene importancia, yo también trabajo aquí, sirvo mesas, friego platos y ayudo en la cocina.
No fue un comentario a la defensiva por su parte, pero me dejó bien claro que ella no le daba importancia a su cargo, demostrando una humildad que más de una persona debería aprender. Estuvimos hablando un par de minutos más hasta que tuvo que despedirse, justo antes de que llegara mi plato.
-Javi, tengo que volver a que me adulen y me saquen faltas a partes iguales, que disfrutes de la cena.
-Si quieres pídete algo y te quedas a cenar aquí conmigo.
-Ojalá, aunque está feo sentarse a cenar con un cliente en mitad de un servicio.
-Bueno, otro día te llevo a cenar a otro sitio y no es competencia desleal.
Fong sonrió y asintió con la cabeza antes de marcharse, dejando la propuesta en el aire y una vista maravillosa del contoneo de su culo. La comida estaba muy buena, acabé pidiendo tres platos de a saber cómo se llamaban y a cada cual era mejor, explosiones de sabores por todos lados, nunca había comido en un tailandés, pero sin duda volvería.
Al terminar con el postre le pedí a la camarera que se acercase de nuevo.
-La cuenta, por favor.
-Está usted invitado.
-La cuenta, y si tu jefa te pone pegas le dices que tiene dos opciones, o se aguanta o me invita ella a cenar juntos.
La chica sonrió, se marchó y volvió en un par de minutos con la cuenta, lo cierto era que fue un poco caro, pero bueno, lo había disfrutado.
Tras pagar, me despedí y me marché, no iba a incordiar más de lo que ya había hecho a la atareada jefa.
Subí a casa, me puse más cómodo con mi pijama y me tiré en el sofá a ver la tele. Como muchas otras veces me quedé dormido ahí, pero me despertó el sonido del ascensor, era lo malo de que el salón estuviera pegado a la entrada, miré mi móvil y vi que eran las tres y media de la mañana, sí que me había quedado dormido. Me levanté y apagué la tele, justo en ese momento oí que el elevador paraba en mi planta, no quería ser cotilla, pero me vi obligado a acercarme a la puerta y pegar el ojo a la mirilla.
Fong salía del ascensor de forma accidentada con las sandalias de tacón en la mano, se la veía bastante perjudicada por el alcohol, decidí abrir la puerta, aunque no fue tan buena idea, ya que la chica dio un respingo del susto, lanzando un pequeño grito, yo la susurré para que se tranquilizase y, a parte, para no molestar a los vecinos.
-Buenas noches, vecina.
-Perdón, no quería hacer ruido.
-Ah, no, tranquila, no estoy acostumbrado a oír nada en este rellano y por eso he salido.
-Vale…
-¿Mucho vino?
-No exactamente, no estoy acostumbrada a beber y hoy he probado precisamente un vino que ha supuesto un problema. Así como espumoso y dulzón.
-¿Lambrusco?
-No, no, nacional, algo como mosquito…
Fong sonrió, bajó la cabeza y se rió por lo bajo, evidentemente tenía alguna copa de vino de más en el cuerpo.
-¿Moscatel?
-Eso, no me salía el nombre, gracias. Por cierto, me han dicho que has pagado la cuenta, mal, mal, te dije que estabas invitado.
-No, no me parece bien gorronearte como han hecho los vecinos.
-¿Esos? Al día siguiente de invitarlos los tenía haciendo cola para cenar gratis.
-Precisamente.
-Aunque también me ha dicho que si quieres que te invite de verdad debería ser una cena juntos.
En ese momento quien se sonrojó fui yo, lo dije, pero no esperaba que la chica le hiciera el comentario.
-Ehhhh, que no pasa nada, me siento halagada, pero lo normal es que una cita me la pidas a mí.
-¿Cita? No, no, una cena.
-¿No te parezco bonita?
-Sí, eres una preciosidad, pero coño, tendríamos que conocernos un poco, una cena informal es una buena forma.
-Vaya, pues sí que te parezco guapa.- Dijo mirando hacia abajo.
Bajé la mirada y se me heló la sangre, en casa no suelo llevar calzoncillo y la erección nocturna se notaba demasiado en el pantalón de pijama, en ese momento la sangre la tenía repartida entre mi miembro y las mejillas, solo quería que la tierra me tragase en ese instante, miré a mi vecina con horror, ella se había acercado un poco más con una sonrisa natural en los labios y una mirada casi animal, acortó un poco más la distancia entre nosotros, plantada ante mí me miraba fijamente a los ojos, noté su mano acariciando el bulto de mi pijama.
Estuvo sosteniéndome la mirada mientras me sobaba un rato, tras eso no dudó, se arrodilló ante mi y me bajó el pantalón, mi polla apareció, Fong sonrió y se la metió en la boca, chupaba con ganas mientras yo le acariciaba el pelo, no podía hacer otra cosa, me había pillado por sorpresa.
La luz de rellano se apagó, dejando toda la escalera a oscuras, sin embargo Fong no se detuvo, yo sentía el calor y la humedad de su boca, las caricias de su lengua. En medio del silencio sólo se oían nuestras respiraciones y el sonido chasqueante y acuoso de la felación.
Fong mamaba a toda velocidad, pero se notaba que se contenía, supuse que era para no hacer demasiado ruido y que nos descubrieran. Se metía y sacaba mi rabo de su boca, después recorrió el largo desde los huevos hasta mi capullo con la lengua, yo no aguantaba mucho más, entonces ella comenzó a pajearme mientras hacía círculos pequeños con la lengua sobre mi glande, ese cambio de postura provocó que la luz automática volviera a encenderse, así podía ver su preciosa carita y su mirada de golfa, el conjunto de todo hizo que mi polla estallase justo en el momento que ella pasaba la lengua por mi tronco con la boca abierta.
Mi semen salió disparado a su cara, el primer chorro fue desde su labios superior hasta su frente, pasando por su nariz, Fong abrió la boca y dejó que el resto de mi descarga entrase en su boca, donde vacié todo lo demás.
La mujer tragó mi esperma y me sonrió, tras eso la ayudé a levantarse y besé sus labios, era la primera vez que probaba el gusto de mi propia leche, no me disgustó, pero era extraño.
Fong sonrió con su carita ebria y se alejó un paso de mi, se me ocurrió una idea tonta.
-¿Quieres entrar?
Su expresión cambió en un segundo a una seriedad que casi asustaba.
-No, no, no es buena idea.
-Estaremos más cómodos.
-No soy lo que tu crees. Soy una khatoey, no te voy a gustar, mejor me voy a casa, que es tarde.
Torpemente recogió sus sandalias, abrió la puerta de su casa y se metió dentro, dejándome con los pantalones bajados y completamente perplejo.
Me subí el pantalón del pijama y entré en casa, no sabía qué acababa de pasar, pero quizá era algo cultural y ella había hecho algo que no debía y se arrepentía de ello, sin más me fui a la cama e intenté dormir, pero no pude más que dar vueltas debido a lo que acababa de pasar, casi al amanecer conseguí conciliar el sueño.
A la mañana siguiente, sábado, pensé en llamar a mi vecina a ver si todo iba bien, pero preferí dejarle su espacio, la oí abrir la puerta al mediodía y bajar al restaurante, entonces me acordé de la palabra que empleó, así que me fui a mi ordenador y la busqué, después de escribir varias veces la palabra, puesto que no me acordaba con claridad, encontré la definición, la cual me heló la sangre.
Mi vecina, Fong, una muchacha muy hermosa y que estaba muy buena, era, en realidad, un hombre, significaba que era lo que nosotros los occidentales conocemos como una ladyboy. En ese momento me cuadró el rechazo de ella, temía que yo la rechazara.
Visto desde esa perspectiva lo dejé estar, no iba a ir a llamarla a todo correr, porque no me parecía agradable para ella, ya que estaba claro por su reacción que había tenido alguna mala experiencia y yo no iba a ser así.
El sábado discurrió con tranquilidad, por la tarde me fui con mis amigos a tomar algo y nos dieron las dos de la madrugada, al volver a casa pasé, inevitablemente, por delante del restaurante, ahí la volví a ver, estaba atendiendo a unos clientes, yo la saludé animadamente desde la calle y ella me devolvió el saludo con una sonrisa, claramente vi el alivio en sus ojos y su sonrisa no era para nada forzada.
Yo me fui a la cama en cuanto llegué a casa, porque me había pasado con las cervezas y estaba agotado.
A la mañana siguiente, domingo, me desperté a eso de las diez, fui a prepararme un café y oí que alguien golpeaba la puerta de casa, dejé que la cafetera siguiera haciendo su trabajo y fui hacia la entrada, miré por la mirilla, era Fong, iba con una bata de seda, cierto, los domingos cerraban por descanso, abrí la puerta y la observé en silencio mientras ella hablaba:
-Buenos días, ¿te pillo mal?
-No, pero mira, aquí al lado hay un interruptor, se llama timbre, lo digo para que no tengas que aporrear la puerta.
-Perdona, que tonta, tienes razón, perdona. Es que no sabía cómo abordar un tema.
-¿Café?
-¿Qué?
-Estoy preparando café, ¿Quieres uno?
-Pues…
-Venga, pasa, pero ojo, nada de criticar, está un poco desordenado.
Fong sonrió con mi comentario y entró detrás de mi, dejó las llaves de su casa en el mueblecito de la entrada, fuimos a la cocina y allí le indiqué que se sentara que yo me ocupaba, llevaba un pijama de dos piezas de seda bajo la bata. Preparé dos tazas mientras ella me observaba en silencio, saqué una caja de galletas con forma de dinosaurios y la dejé sobre la mesa junto a las tazas de café humeante.
-¿En serio?
-¿Qué? ¿Las has probado?
Fong abrió uno de los paquetitos de dentro de la caja y probó una galleta, fuera lo que fuese lo que tenía en la cabeza parecía estar dejando de atormentarla, ya que, poco a poco, se le notaba más suelta, más natural. Me senté junto a ella a la mesa y di vueltas al café. De la nada ella habló mirando hacia su taza.
-Quería pedirte perdón por lo del otro día.
-¿Por enfadarte conmigo por haber pagado la cuenta?
-¿En serio nunca te tomas nada en serio?
-Procuro no hacerlo, te recuerdo que justamente hablamos de conocernos, obviamente no me conoces, ni yo te conozco, no sé qué secretos tienes hasta que vayan apareciendo.
-Si, eso es verdad. Me parece que te has informado.
-Me he informado.
-Pues entenderás que no quiero que una cosa lleve a otra y después tengamos problemas.
-No, tranquila, te entiendo perfectamente, además, vista tu reacción… ya lo has aprendido por las malas, ¿verdad?
-Si…
Fong parecía que estaba a punto de llorar, la rodeé con mi brazo y la apreté contra mí, hundió su cabeza en mi pecho y mi nariz captó el aroma floral de su pelo.
Ella permaneció abrazada a mi un buen rato, a mi aquello me pareció eterno, de hecho intentaba pensar en otra cosa ya que mi mente me estaba traicionando y comenzaba a tener una nueva erección, cosa que en ese momento era completamente inapropiada.
Fong se separó de mí después de estar pegada a mi pecho, parecía estar más tranquila, sonrió con mirada de agradecimiento y continuó con su café, cuando terminó otro sorbo me volvió a mirar.
-Sí que el viernes estaba… algo bebida, no estoy acostumbrada al alcohol, pero había venido mi familia a celebrar la apertura de mi tercer restaurante y ya sabes, se empieza a brindar por esto y por lo otro y… bueno, ya sabes…
-O sea, que es la tercera vez que lo intentas, joder pues sí que eres constante.
-¿Intentar? No, no me has entendido, con este ya tengo tres restaurantes funcionando.
-¿Cómo?
-Si, se me da bien.
-Ya veo.
La charla era animada y tranquila, vi que los ojos de ella se volvían tímidamente hacia el bulto de mi pantalón de pijama pero no decía nada al respecto.
-Entonces, como tú comprenderás, no quería que te llevaras una sorpresa desagradable el viernes, perdón por haber sido tan brusca.
-No, no, lo entiendo, yo también te pido perdón por si me pasé.
-No pasa nada.
Se hizo el silencio, yo la seguía mirando, nunca había estado delante de una mujer así y no sabía ni qué decir, mentiría si dijera que no me excitaba la situación, pero había algo que me rondaba la cabeza.
-¿Puedo preguntarte algo?
-Si, claro, adelante.
-¿Tienes…?
Fong me sonrió y asintió con la cabeza.
-¿Quieres verla?
-Si.
No sabía por qué había respondido aquello, me salió espontáneo, pero lo cierto era que sentía una curiosidad morbosa con aquello, Fong se levantó, echó la silla hacia atrás y se quitó la bata, después de dejarla a un lado de la mesa sé bajó el pantalón hasta las rodillas, dejándome ver un tanguita negro con un pequeño bulto delante, se lo bajó y entonces la vi, una pequeña pollita flácida con el pellejo tapando su glande, era casi como ver mi dedo gordo ahí colgando, no tenía ni un pelo, era la primera vez que veía algo así, de hecho era la primera vez que tenía una polla que no fuera la mía delante de mí. Mi mano se levantó sola como por arte de magia y se acercó a ella, me detuve cuando fui consciente de lo que estaba haciendo ahí sentado .
-¿Puedo…?
-Adelante.
Acaricié el pequeño apéndice, tenía un tacto suave y cálido, me picó más la curiosidad y eché el pellejo hacia atrás, viendo el rosado glande del que asomaba una gotita espesa y transparente. Miré a Fong a los ojos y se acercó un poco más a mi, con mi ayuda su pantalón y el tanga acabaron en el suelo, no entendía las intenciones de la mujer cuando su mano se posó sobre mi cabeza y me acariciaba el pelo.
Yo continuaba pasando mi mano por su rabo, el cual había engordado un poco y se había estirado un par de centímetros, me alucinaba que no tenía vello, mi duda era si se depilaba o si, por otro lado, no tenía pelo, ya que no veía puntos negros y su piel era completamente suave, estaba absorto en ello cuando la mano de Fong presionó mi cabeza hacia ella, cuando me quise dar cuenta de su intención tenía esa pollita semidura a escasos milímetros de mis labios.
Me quedé congelado unos segundos, mi mente viajaba a la velocidad de la luz, nunca había hecho lo que estaba a punto de hacer, de hecho ni en ese momento me lo había planteado. Cerré los ojos, abrí la boca y la cerré alrededor de ese pene, estaba blandito y caliente, pasé la lengua y fui notando el pulso de sus venas, poco a poco iba aumentando de tamaño a la par que se endurecía.
Intenté no rozar con los dientes, puesto que yo siempre he detestado eso, estaba concentrado en la mamada a aquella mujer espectacular, la cual emitía gemidos mientras acariciaba con suavidad mi cabeza.
El rabo de Fong estaba duro como una piedra, pasé la lengua por su suave glande y noté un líquido viscoso en la punta, sabía un poco salado, pero no me pareció malo.
Me saqué la polla de mi vecina de la boca y la miré a los ojos, ella sonreía con cara de gusto mientras respiraba agitadamente. Fui pasando mi mano cerrada hacia detrás y hacia delante de su rabo, era una sensación novedosa para mis dedos pajear una polla que no fuera la mía.
-¿Te gusta?
-Nunca lo había hecho.
-Pues lo hace muy bien, a mi me está encantando.
-Me alegra, querida.
-¿Puedes chupármela un ratito más, por favor?
Creí entender por dónde iba, ya que yo había utilizado ese argumento en más de una ocasión, ya que habíamos llegado hasta ahí nada me impedía continuar. Volví a engullir su polla y le mamé con más intensidad, Fong jadeaba y suspiraba, su polla saltaba dentro de mi boca, noté que me empezaba a doler la mandíbula, supuse porque no estaba acostumbrado a eso. Sentí una contracción en la polla de mi vecina y mi boca recibió su leche, se trataba de una masa viscosa caliente con un sabor amargo, pero, sin saber si era por la excitación de la situación, me resultó delicioso, una segunda contracción disparó un nuevo chorro que golpeó el fondo de mi boca, lo cual me provocó una leve tos haciendo que algo de su néctar se me escapara por la comisura de mis labios mezclado con mi saliva.
Cuando Fong terminó de eyacular en mi boca me tragué instintivamente lo que me había dado y me saqué su rabo goteante. La mujer sonrió, se inclinó para besarme con ternura y se volvió a sentar, yo miré hacia abajo y vi dos cosas: que tenía la polla dura como una roca y los restos que se me habían escapado me manchaban el pijama.
Fong mi miró a los ojos esperando a que dijera algo, pero yo estaba procesando lo que acababa de pasar, lo que yo acababa de hacer, ella pareció entenderlo y permaneció en silencio, entonces fui yo el que lo rompió.
-¿Te ha gustado?
-Me ha encantado, hacía tiempo que no me lo hacían y mucho menos con tanto mimo.
-Me alegro, porque es la primera vez que lo hago, nunca había estado con alguien como tú.
-Si… veo que te ha gustado, porque estás que lo rompes.
Miré a mi pantalón, sí que parecía que lo iba a romper, no pude evitar reírme. Volví a mirar a mi vecina y ella mirándome con atención fue desabotonando la parte superior de su pijama dejándome ver sus tetas, eran perfectamente redondas y grandes, tenia los pezones puntiagudos y casi negros, normal debido al color de su piel, me di cuenta de algo evidente, eran implantes, ya que pude ver unas pequeñas cicatrices asomando de sus axilas, pero no me importó, la imagen era muy impresionante, tenía dos pedazo de tetas suculentas, no me corté ni un pelo y estiré la mano para acariciarlas, eran suaves y firmes, de un tacto increíble. Fong suspiró cuando rocé uno de sus pezones con la punta de los dedos, sonreí y seguí sobándola un rato hasta que ella habló.
-Quiero que me folles.
-Y yo quiero follarte.
-¿Me enseñas un lugar más cómodo?
-Sí, claro, pero te digo que no tengo nada con lo que facilitar… la entrada.
-¿Qué quieres decir? Oh, vale, ya lo he entendido, espera, no pasa nada, dame un segundo.
Fong se levantó de su silla y se fue a la entrada, oí que cogía las llaves y abría la puerta de mi casa, me levanté y fui al pasillo, desde donde, sin dar crédito, vi a mi vecina, completamente desnuda, abrir la puerta de su casa y entrar, pasado menos de un minuto volvió a salir de su casa, cerró y volvió a la mía de una carrera con un tubo de lubricante en la mano, cerró mi puerta con total confianza y volvió a dejar el manojo de llaves sobre el mueble, tras eso me miró y, con expresión triunfal, me mostró el tubo de gel.
-¿Esto era a lo que te referías?
-¿Estás loca?
-¿Por?
-Has cruzado el descansillo en pelotas a las once de la mañana, te puede ver cualquiera.
-Vivimos en el último piso, nadie va a subir hasta aquí.
-Vale, eso es verdad, pero por la ventana del descansillo te pueden ver los del bloque de enfrente.
-Vaya, no lo había pensado.
Los dos estallamos en risas y nos abrazamos, nos reímos juntos hasta que ella buscó mi boca y me besó, aquella vez no había cariño ni ternura, era un beso guarro, con su lengua hurgando en mi boca, yo salí al ataque con la mía mientras acariciaba su cuerpo, Fong también decidió acariciarme la espalda por debajo del pijama. Fong se separó de mis labios con hilillos de saliva tendiendo puentes entre su boca y la mía, sonrió y tiró de mi pijama hacia arriba, dejando mi torso a la vista, tras ronronear como una gata en celo hizo lo propio con el pantalón, lo agarró por la goma y tiró de él hacia abajo mientras flexionaba las piernas, le dio un besito a mi goteante capullo y se levantó.
-¿Qué? ¿No ibas a enseñarme tu dormitorio?
-Si, esa puerta de ahí.
Fong se adelantó para ir, mientras yo volvía a quedarme embobado viendo su culo, tras eso me zafé del pantalón y la seguí, ella estaba de pie mirando mi habitación.
-Con razón me has hablado de desorden.
-Me acabo de levantar.
-Bueno, vale.
-Además, te dije que sin críticas.
Fong se rió, se abrazó a mi y me volvió a besar, me resultó reconfortante el sentir su cuerpo desnudo pegado al mío, sus brazos rodeándome y sus manos acariciando mi espalda, lo único que me chocaba un poco era sentir su polla pegada a la mía, pero tampoco me disgustada, visto que era algo nuevo para mí me resultaba muy morboso, comencé a mover la cadera hacia los lados para que nuestras pollas golpearan entre sí y ella me sonrió, su pequeño rabo volvía a levantarse, estiré la mano y empecé a meneárselo, haciendo ella lo mismo con el mío.
Fong abrió, con su mano libre el tapón del lubricante que aún agarraba, soltó mi polla y se echó en la mano un chorro del gel antes de volver a pasarla por mi tronco, después de dejar bien aplicado el lubricante en mi rabo me tendió el tubo y se colocó a cuatro patas en el borde de la cama, ahí separó las piernas consiguiendo que sus nalgas se separasen, vi que el borde de su ojete era rosadito, no se me ocurrió nada más que inclinarse y pasar la lengua por él, al oír cómo gemía volví a hacerlo, pasé mi lengua varias veces desde sus huevos hasta su culo, notando cómo temblaba con cada pasada,
Pegué mi cara entre sus nalgas, pegué mis labios en su hoyito y metí directamente la lengua en su ojete, con movimientos rápidos mi lengua entraba y salía de su culo como si de un oso hormiguero se tratara, Fong vibraba y arqueaba la espalda con ello.
Cuando estuve un rato así abr el tubo sin despegarme de ella y embadurné la palma de mi mano en gel, separé la cara de sus nalgas y, en un movimiento de abajo hacia arriba, le eché el frío lubricante por gran parte de la raja, después estuve un rato estimulando su culo con mis dedos, Fong gemía y me pedía que entrase.
-Javi, por favor, deja el dedito y fóllame, quiero sentirte dentro de mí, hazme tuya por favor.
Aquellas palabra solo podían excitarme más de lo que ya estaba, por lo tanto saqué el dedo y, mientras me colocaba en posición, me pasaba mi pringosa mano por mi pringosa polla, para dejarla más lubricada.
Mi capullo se enterró en el culo de mi vecina casi sin pensarlo, Fong gimió al recibir el trozo de carne, poco a poco, sin apenas esfuerzo, mi polla se hundió por completo en ella, me quedé así unos segundos, disfrutando de la sensación de penetrar ese culito, de sentir sus nalgas bien pegaditas a mi pelvis, aquello era una maravilla.
Comencé un bombeo suave para que el lubricante hiciera su magia y se distribuyera por esa cavidad, me resultó casi cómico sentir el tacto de los huevos de Fong con los míos al chocar, se daban golpecitos entre ellos al pegarme a ella. Aumenté el ritmo de mis embestidas provocando que la chica gimiera cada vez más, ella hundió su cara contra el colchón y disfrutó del polvo que estábamos echando.
Después de unos minutos en esa postura me pidió que se la sacara, por un momento pensé que quizá le había hecho daño, pero, con una sonrisa, me indicó que todo iba bien. Me hizo tenderme boca arriba y, después de besarme, se colocó sobre mi y se sentó sobre mi rabo con sus piernas flexionadas a mis lados.
Cuando se encajó mi rabo dentro de ella su cara era un poema, mostraba una expresión de placer indescriptible y empezó a subir y bajar su cuerpo para cabalgarme.
De cuando en cuando abría los ojos y me lanzaba besitos mientras sonreía y gemía, yo la miraba, veía sus tetas botando a la par que lo hacía su rabo, el cual, al no estar del todo duro, subía y bajaba por la inercia de sus botes.
Cuando su respiración se comenzó a entrecortar yo sentía que en breves momentos me iba a correr, Fong empezó a gemir más fuerte y yo me uní a ella, puesto que ya no aguantaba más. En el mismo momento en el que mi polla se descargó dentro de ella, su polla empezó a tirar semen sobre mi abdomen, formando un pequeño estanque en mi ombligo, nos habíamos corrido los dos a la vez.
Fong se desclavó de mi rabo y procedió a limpiar los restos de semen de mi rabo, cuando terminó lamió mi vientre para tragarse también el suyo.
Cuando limpió la leche de ambos se tumbó a mi lado y me besó, nos abrazamos y dejamos que nuestros sudoroso cuerpos se relajaran un poco.
Permanecemos abrazados en silencio más de media hora, tras eso ella dijo:
-¿Qué plan tienes para hoy?
-Pues iba a limpiar y ordenar un poco, es domingo, hoy se puede vaguear.
-Vaya, yo te iba a invitar a comer.
-Puedo dejar el orden para otro momento.
-Sí, se nota.
Yo fruncí el ceño con expresión graciosa y empecé a hacerle cosquillas, ella se revolvió entre risas y volvió a besarme.
Decidimos levantarnos, ya que ella decía que tenía que prepararse y vestirse, a mi me pareció bien, así que la acompañé a la entrada, cogió sus llaves y se volvió desnuda a su casa, dejándome una vista increíble de su redondito culo con restos blancos cayendo por el interior de sus muslos. Lanzándome un beso cerró la puerta, yo cerré la mía y me di cuenta de que su pijama de había quedado en mi cocina, iba tan atontado viendo su cuerpo que ni me había acordado.
Tras aquello me fui a la ducha, no quería quitarme ese olor a sexo del cuerpo, pero era necesario. Bajo el chorro del agua empecé a darle un par de vueltas a lo que acababa de pasar, esa chica tenía algo especial, puesto que con ella había hecho algo que me había roto todos los esquemas y ciertos tabús que yo tenía, hasta ese momento, en la cabeza y no me había importado lo más mínimo. De hecho me hacía ilusión que, después de aquello, la mujer, con toda la confianza del mundo, me invitara a comer, quería decir que algo podría pasar entre ella y yo.
Volví a mi habitación con la toalla enrollada alrededor de la cintura para sacar algo de ropa del armario y vi el tubo de gel lubricante al pie de la cama, yo sería desordenado, pero ella también era un poco desastre, su ropa en mi cocina y aquello ahí tirado, no pude evitar soltar una risita al pensarlo.
Decidí ir informal pero serio, me puse unos vaqueros y una camisa negra que yo sabía que me quedaba muy bien, me calcé y salí de casa.
Toqué el timbre y Fong abrió, en el lapso de tiempo en que yo me había duchado, ella se había duchado, se había secado ese largo pelo, se lo había recogido en una trenza, se había maquillado y se había vestido.
Fong llevaba un vestido verde ancho primaveral, llevaba unas sandalias con un poquito de tacón y un bolso rojo, estaba espectacular.
Paseamos tranquilamente durante un buen rato, ella iba cogida de mi brazo y fuimos charlando sin rumbo conociéndonos un poco, ella había nacido en Bangkok aunque cuando era pequeña sus padres se mudaron a un pueblecito al sur, desde pequeña sintió que era más una niña que un niño, de hecho comenzaron a tratarla como tal, allí tenían más normalizadas esas cosas, de hecho la apoyaron siempre y esa fue la razón por la que acabaron en este país ya que al ser joven y guapa y habiendo submundos peligrosos, sus padres, hosteleros de toda la vida, decidieron mudarse a un lugar más tranquilo, abrieron un restaurante en Madrid y cuando la joven Fong decidió que no quería estudiar y que quería abrir su propio restaurante y probar suerte, inició con una táctica curiosa, de su tierra sólo eran los cocineros, le gustaba contratar gente joven y dinámica para el resto de puestos. Como le fue bien con uno invirtió en un segundo y después en el que teníamos junto al portal, me decía que no era caro porque la cocina fuera sofisticada, que lo era, si no porque ella quería cuidar también de su personal.
Me gustaba que tuviera las ideas tan claras, me comentó que ese tren de vida le había supuesto una existencia más bien solitaria, ya que no tenía tiempo para relaciones. Además no quiso entrar en detalles, pero me dejó caer que el hecho de no haber sido siempre una mujer le había acarreado disgustos y problemas a la hora de abrirse a la gente en ámbitos más privados.
Yo le conté mi historia, que era mucho más tranquila y aburrida que la suya, estudié, trabajé, me compré un piso y seguí trabajando en él como técnico de redes.
Vimos un sitio con una terraza muy tranquila que yo ya conocía de otras veces, decidimos sentarnos allí, de hecho era un local de raciones de esas abundantes y baratas. Dejé que la experta mirase la carta y eligiera, lo cierto era que esa informalidad me gustaba más que ir a un restaurante serio.
Mientras esperábamos la comida a la sombra pedimos un par de bebidas, cerveza para mí, refresco para Fong, entonces ella entró en materia.
-¿Y un chico tan guapo como tú no tiene novia?
-Qué va, estuve con una chica unos años pero no salió bien, después anduve picoteando aquí y allá, pero poco más.
-Imagino que nunca habrás estado con una chica como yo.
-¿Asiática? Nunca.
Fong puso sus ojazos en blanco y soltó un largo suspiro, me fijé bien en ellos, sí que tenían un leve toque rasgado, pero eran enormes y abiertos, no respondía del todo al estereotipo de ojos asiáticos.
-De verdad, no puedo contigo, no se puede tener una conversación medianamente seria.
-Perdón, perdón, no te enfades mujer. Pero no, nunca había estado con una chica como tú.
-¿Y te molesta?
-A ver, si me molestara creo que no estaría a punto de pedir otra ronda aquí sentado contigo.
-Buen punto, es verdad, pero quizá te hayas sentido un poco decepcionado.
-¿Por qué? Eres una chica guapa, inteligente, muy trabajadora, si vale, tienes rabo, que podría ser lo chocante.
-A eso me refería. – Me interrumpió ella.
-A ver, yo te veo como una mujer, sí que me ha sorprendido de mí mismo el hecho de chupártela, porque no he andado nunca por esos caminos.
-A eso te voy, que quizá te marcas la espantada por machote.
-No creo que sea para tanto, lo he hecho, sí, me ha gustado hacerlo, no te lo puedo negar, pero por lo demás he follado contigo como con cualquier otra mujer, vale sí, con un agujero menos, pero me ha gustado vaciarme dentro de ti.
Fong bajó la cabeza con mirada triste, en ese momento no sabía dónde podría haber metido la pata, el camarero llegó con otra ronda de bebidas y una ración enorme de nachos, lo dejó y se fue, ajeno a la conversación.
-¿Qué pasa?
-No, nada.
-Eh, estamos en confianza, me lo puedes contar.
-No, es algo incómodo.
-Después de todo lo que me has contado creo que sobreviviré.
-No, porque tu no haces esas cosas.
-¿De qué estamos hablando? Me he perdido.
-Que a mí también me gustaría vaciarme dentro de ti.
Me pilló justo dando un trago a la cerveza y se me atragantó, tuve que toser con suavidad, en una décima de segundo entendí a qué se refería, una cosa era ponerme tan cachondo como para chuparle la polla y otra muy distinta dejar que me follara.
La miré a los ojos, se la veía realmente avergonzada, no era el típico truco psicológico que usan las mujeres para salirse con la suya, sí que me estaba resultando un poco incómoda esa conversación, pero también era verdad que si alguna vez probaba ese tipo de sexo quería que fuera con ella. Mi cerebro hizo un “clic”, era algo que quedaba entre ella y yo realmente, y la verdad era que me transmitía mucha confianza esa mirada.
-¿De verdad quieres hacerlo?
-Sí, pero que no pasa nada, no es la primera vez que me pasa esto.
El silencio volvió a reinar en la terraza, a parte de que estaba prácticamente vacía porque habíamos llegado muy pronto, vi a Fong ocultar su cara detrás del vaso de refresco, bebía para evitar mirarme.
-Está bien, hagámoslo.
En ese momento se atragantó ella, tosió con más fuerza que yo, claramente no esperaba esa respuesta, en parte yo tampoco, pero no tenía tanto que perder.
-Con una condición.
-Dime.
-Vete suave, que será mi primera vez, de ahí sólo salen cosas, no entran.
-Joder, no seas tan gráfico, que estamos comiendo.- Volvía a reírse de mis tonterías.
-Eso es, a comer que se enfría.
El resto de la comida fue tranquila y amena, entre risas nos fuimos conociendo más, temas como gustos y aficiones fueron saliendo, era cierto que teníamos cosas en común y otras que no, como todo el mundo, Fong pagó la cuenta, cumpliendo con su palabra y accediendo a que la siguiente vez pagaría yo, ella sonrió ante mi propuesta, significaba que habría una próxima vez..
Volvimos tranquilamente paseando hasta el portal, me fue contando cosas de su restaurante, la verdad era que parecía un mundo interesante y ella lo explicaba detalladamente, se notaba que era algo que le encantaba.
Mantuvimos la compostura al acercarnos al portal, más que nada para no dar tema de conversación a los vecinos, aunque la cosa cambió cuando entramos en el ascensor, Fong se abalanzó sobre mi y empezó a besarme con locura mientras me abrazaba y me sobaba entero, yo no me quedé atrás, le bajé los tirantes del vestido y le saqué las tetas para manoseárselas a gusto, ya que no llevaba sujetador.
Sin ser conscientes de que habíamos llegado a nuestro piso, las puertas del ascensor se abrieron, Fong salió del ascensor sin arreglarse el vestido, así que yo salí tras ella viéndole las tetas, sin ser consciente de que yo llevaba la polla fuera, ella abrió la puerta de su casa y me invitó a entrar, cerré la puerta tras de mí y ella volvió a echarse sobre mi, me pilló por sorpresa así que mi espalda tocó el suelo al caer los dos, sin embargo, no nos separamos, seguimos manoseándonos en el suelo, de pronto ella agarró mi camisa y tiró con fuerza, abriéndola sin desabotonar, varios ojales reventaron y saltaron un par de botones que se oyeron rebotando por el suelo de manera.
Al ver lo que había hecho con mi pobre camisa me tomé mi venganza. Agarré la tela de su vestido por el escote y tiré con fuerza hacia los lados, con un sonido de rasgón la tela se abrió, creando un escote nuevo hasta su ombligo, Fong estaba cachondisima, me besaba sin parar, me lamía el cuello y las orejas, cuando me daba cuartel dura te unos segundos yo hacía lo mismo con ella, los dos teníamos saliva del otro por todas partes.
Mis manos acariciaban sus tetas y bajaron por su vientre hasta chocar con la tela, terminé de rasgar el vestido hasta abrírselo del todo, revelando una braguita rosa claro con un, más que prominente, bulto y una marchita de humedad en el centro, mi cerebro ansiaba tocara de nuevo su pollita y metí la mano por dentro para masajeársela, Fong , al sentir eso, empezó a pelearse a tientas con mi cinturón y los botones del vaquero, cuando consiguió soltarlo elevó su cuerpo para dejar de hacer presión sobre el mío, momento que aproveché para echarle una mano y quitarme yo toda la parte de abajo, mientras ella se quitaba lo que le quedaba del vestido y las bragas.
Cuando estuvimos desnudos del todo ella se volvió a colocar sobre mi para seguir besándonos, su mano masajeaba mi polla, mientras la mía hacía lo mismo con la suya, nuestros capullos se rozaban entre sí, provocándome un gusto tremendo.
Fong decidió tomar la iniciativa y se puso de pie para volver a tumbarse dándose la vuelta antes de volver a echarse sobre mí, al bajar su cuerpo vi como su pollita, ya más dura y erecta, se acercaba a mi cara, no me quedó otro remedio que abrir la boca y buscar que entrara en ella, mi vecina comenzó a succionar mi rabo en cuanto su cuerpo se juntó con el mío, formamos un sesenta y nueve ahí en el suelo de madera. En la quietud de su piso sólo se oían nuestras respiraciones y nuestras succiones en nuestros rabos, estuvimos un rato así, dándonos cariño en las pollas y los huevos hasta que ella hundió más la cara y alcanzó mi ojete con la punta de la lengua. Para mí era algo nuevo, tuve que parar porque no podía continuar chupando del gusto por lo que me estaba haciendo. Hasta ese momento yo siempre me había comido algún culo que otro, pero nunca me lo habían hecho hasta ese momento, me gustaba sentir la puntita de su lengua paseando por mi ojete, Fong se detuvo de repente al notar que yo había parado de chuparle la polla y me dijo.
-¿Qué pasa? ¿No te gusta?
-No, no, me encanta, nunca me lo habían hecho y lo estaba disfrutando.
-¿En serio? Pues conozco a muchas chicas que le comen el culo a sus parejas.
-Pues yo, hasta hoy, no he tenido tanta suerte.
En ese momento ella se levantó y me tendió la mano para ayudarme a levantarme, lo cierto era que me había cortado un poco el rollo, no entendía por qué lo había hecho, ya que me estaba gustando.
-¿Qué pasa, Fong?
-Que para esto no estoy cómoda del todo y me dices que nunca te lo han hecho, ven.
Me cogió de la mano y me llevó a su habitación, fuimos en silencio por el pasillo, era una casa preciosa, muy luminosa y bien decorada, llegamos a su habitación, donde tenía una enorme cama con un edredón plateado en el centro, a los lados tenia una mesillita, al fondo un enorme armario y en el otro lado un tocador junto a un espejo vertical bastante grande.
Fong me hizo colocarme como se había puesto ella a la mañana en mi cama, ahí cuatro patas con las rodillas casi en el borde de la cama, con el culo salido casi en pompa, vi por el espejo que se acuclillaba detrás de mi, separó mis nalgas con los dedos y metió su cara entre ellas, sentir su lengua de nuevo en mi ojete fue maravilloso, pero cuando se deslizó dentro de mí fue la gloria, Fong se recreó de lo lindo con su lengua, me provocó temblores con sus pasadas y penetraciones linguales, mi cuerpo sufría espasmos con lo que hacía, miré hacia abajo y vi mi polla goteando, Fong me daba pellizcos y azotes mientras me comía el culo, en mi interior solo pedía que no parase, sin embargo ella paró, se incorporó y se acercó a mi, se sentó en la cama y me besó.
-No quiero que te corras tan rápido.
-Pues no me importaría.
-Ya me he dado cuenta. Última oportunidad, ¿Estás seguro?
-Completamente.
Ella me besó, se levantó de la cama, fue a la mesilla, sacó otro tubo de lubricante, igualito al que había en el suelo de mi habitación y fue hacia el tocador, abrió un cajoncito y sacó un guante de látex como los de los médicos, ahí sentí una mezcla de morbo y miedo, en resumidas cuentas era una doctora sexy con rabo a punto de hacerme un tacto rectal, se echó una cantidad generosa de lubricante sobre la palma enguantada de su mano.
-Es tu primera vez, no tienes el culo acostumbrado y no quiero rozarte con una uña.
-Se agradece.
-Tu procura relajarte.
Era más fácil decirlo que hacerlo, sentí el gel frío precipitarse por la raja de mi culo cuando ella dejó caer un chorro sobre mí, su dedo empezó a pasear por mi ojete, involuntariamente se me cerraba el culo, Fong me susurraba con cariño que me relajase. Cuando me quise dar cuenta su dedo estaba dentro de mi, me gustó mucho esa sensación, giró su dedo y fue sacándolo y metiéndolo despacio, acariciando mis paredes rectales, de hecho, cuando pasaba la yema por el lado que daba hacia mi polla, ésta daba saltitos, provocándome oleadas de placer.
Sentí que metía un segundo dedo para dilatarse, no dolió, repitió su suave ritual de giros, entradas y salidas, yo estaba extasiado, mi polla seguía babeando, Fong se tomaba su tiempo, me encantaba lo que me hacía.
-Vaya pedazo de culo tragón que tienes, entran con facilidad tres dedos.
-¿Tres?
-Si, cariño, me tienes toda burra con tu culito.
-¿A qué esperas?
-Eso digo yo.
Fong me besó la espalda, sacó los dedos, se untó gel en la polla y se quitó el guante, tras eso se colocó detrás de mi, instintivamente cerré los ojos al sentir su capullo en la entrada de mi culo, por un momento pensé que eso siempre había sido una salida, no una entrada, estaba asustado, pero no había vuelta atrás y, en realidad quería que esa mujer lo convirtiera en una entrada.
Su glande se fue abriendo paso a través de mi ojete, era una mezcla de dolor y placer, Fong me pedía repetidamente que me relajase y que si yo quería que parase.
La penetración era muy dolorosa, y eso que estaba yendo con muchísima suavidad, sin embargo le pedí que no parase, me embargaba el morbo y, no podía engañarme, el placer que me provocaba.
La polla de Fong se alojó del todo dentro de mí cuando su pelvis hizo contacto con la raja de mi culo, había presionado mis nalgas con su cuerpo para apretarse más contra el mío.
Agarró mis caderas con sus manos y no perdió el tiempo, en cuanto vio que mi culo se había adaptado a su polla empezó a moverse, el dolor iba desapareciendo y solo sentía un gusto increíble.
Con el paso del tiempo Fong fue acelerando, me encantaba el roce de su polla en las paredes de mi culo, disfrutaba de cómo me taladraba, los dos suspirábamos y gemíamos, le pedí que acelerase, a lo cual ella no puso impedimento, me follaba con velocidad mientras me daba azotes en el culo al mismo ritmo que sus pelotas se chocaban contra las mías, mi cuerpo se arqueaba de placer y empecé a sentir que me faltaba poco para correrme, y eso que ella no me había tocado la polla ni una sola vez.
El sudor me caía a chorros cuando me corrí, Fong se dio cuenta de que yo había eyaculado y aceleró más. Llegó al orgasmo entre fuertes jadeos y pude sentir el disparo de su semen dentro de mi culo, Fong se corrió a gusto dentro de mi antes de sacar su polla, cuando tuve una enorme sensación de vacío dentro de mi me dejé caer sobre el manchado edredón.
Fong se tumbó a mi lado, también estaba empapada en sudor, la rodeé sin moverme con mi brazo, la acerqué a mi y la besé, ella se pegó a mi, sonriente y me abrazó.
-¿Qué tal estás?
-Me ha encantado.
-Y a mi.
-¿Te he hecho daño?
-No te preocupes por eso, no te he pedido que pares.
-¿Se podrá repetir otro día?
-Las veces que quieras.
-¿De verdad?
-Eres una chica muy especial.
Fong volvió a besarme y se acurrucó en mi hombro.
Efectivamente fue la primera vez, pero no fue la última, desde entonces solíamos pasearnos por el rellano para ir de una casa a la otra, y no, no siempre íbamos vestidos.

1 comentarios - Mi vecina es una Ladyboy

Sants123
Muy bueno!!! Me gustó mucho. Saludos.