“Ay niña, ya tienes 4 meses así. Me pagas la mitad y luego cuando consigues el resto ya casi se te cumple el siguiente mes de renta. Tú sabes que te aprecio mucho, pero no puedo estar esperándote así cada mes” dijo don Pepe y la verdad, sentí lo mucho que le costaba también a él tener que hablarme así.
“¿Quiere pasar? No quiero estar aquí en la puerta casi desnuda je, je” le dije, más que nada para buscar una salida a el incómodo momento en que me encontraba, casi desnuda con la toalla diminuta.
“Si niña, claro. Perdón por tenerte parada en la puerta así” dijo don Pepe para luego entrar tras de mí al departamento.
Pasamos a lo que era la sala de mi departamento y le indiqué que se sentara a lo cual don Pepe obediente tomó lugar en uno de los sillones. Yo permanecí de pie, más que nada porque si tomaba asiento, la diminuta toalla sería incapaz de cubrirme toda y terminaba enseñándole mi colita a mi rentero.
“Bueno niña, entonces ¿cómo le hacemos? No te quiero presionar, pero es dinero que yo también necesito y no puedo estar esperando o que me lo estés dando en partes. Entiendo tu situación, pero espero que tú también me entiendas y sobre todo sepas que no lo hago por complicarte la vida” dijo don Pepe sinceramente contrariado.
“Si don Pepe, al contrario, le agradezco la paciencia que me ha tenido. Y para pagarle, pues debe de haber algún modo, alguna solución. Bueno, o sea... pues… sí, ¿o no?” le respondí y me sorprendí a mí misma pensando en lo que estaba a punto de sugerirle para cubrir el pago de la renta.
Lo que colmó el vaso de mi vergüenza fue que no me acordaba que luego como no tengo visitas dejo mis tangas y mi ropa interior en la sala, en los sillones y así y para mí mala suerte en el sillón donde estaba don Pepe, había un par de tangas mías, obviamente limpias, pero a final de cuentas el sabría que tipo de tangas uso, al momento de el reposar su espalda contra el sillón se le vinieron encima, el un poco sorprendido las tomo con sus manos y estirando las un poco me dijo, toma pequeña, creo que esto es tuyo mientras me las entregaba, mientras las veía sutilmente, yo las tomé y las guardé entre mis manos apretandolas fuerte. Eran tangas de hilo diminutas como las que regularmente uso.
Me estaba haciendo tonta yo sola. Sabía bien que no podría conseguir la mitad que me faltaba de la renta. No la había conseguido en todo el mes, mucho menos lo haría en un día. Y la 'solución' que estaba pasando por la mente era algo que ni en sueños lo había imaginado hacer. ¿Pero tenía yo otra opción? Por supuesto que no.
Despacio me senté en el sillón que estaba frente a donde don Pepe permanecía. Al sentarme y por lo corto de la toalla, era obvio que mi rentero tendría una vista de mis piernas, mis muslos y mis pompis. No conforme con eso, abrí ligeramente mis piernas para que pudiera tener un leve vistazo de mi panochita. Todo lo hice fingiendo descuido y poniendo cara de estar pensando en la dichosa 'solución'. Digo, si mi intención era convencerlo de lo que pensaba proponerle, tenía que mostrarle poco de la mercancía.

“Estabas por meterte a bañar, ¿verdad?” escuché decir a don Pepe y de reojo pude ver cómo me miraba mi entrepierna tratando de ser discreto.
“Sí, como le dije pues tengo una entrevista de trabajo y por eso me iba a dar una ducha” le contesté haciéndome la inocente.
“¿Me permitirías bañarme contigo y te perdono la mitad de la renta que me debes?” dijo don Pepe un poco tímido y nervioso.
“¡Don Pepe! ¿Pero cómo dice eso?” le dije haciéndome la sorprendida, pero por dentro agradecida de que fue él quien lo dijo y evitando ser yo la ofrecida.
“Tienes razón niña. Perdóname por decirte eso. La verdad no sé qué estaba pensando al faltarte el respeto de esa manera. Olvida por favor esa tontería que acabo de decir y volvamos a ver cómo me pagas el dinero” fue el turno de don Pepe de ponerse como arcoíris.
“¡En la madre! Ya se está echando pa'tras y voy a tener que pagarle el dinero. Tengo que convencerlo antes de que se arrepienta completamente” pensé para mis adentros.
“Bueno don Pepe... yo sé que usted siempre me ha tratado con respeto y hasta me ha protegido, y sé que eso que dijo no lo dice por abusar ni nada. Y pues... sería nomas bañarnos juntos ¿y ya? ¿sin nada de nada? ¿o cómo? Explíqueme porfas” le respondí viendo como su rostro pasaba de arrepentimiento a calentura como por arte de magia.
“Pues solo meternos a bañar. Yo te tallo tu cuerpo, te enjabono toda y.…” dijo don Pepe dejando ese último “y”, como si hubiera algo más que agregar. Le miré y levanté mi ceja como diciendo que si había algo más era momento de decirlo. No dijo nada, se quedó callado aun dudoso si de verdad estaba yo aceptando su propuesta.
“Pues bueno... me parece bien. Acepto su propuesta de bañarnos juntos a cambio de la mitad del pago de mi renta. Pero solo bañarnos y nada más, ¿ok? Ese es el trato ¿verdad? Le dije asegurando que no habría relación sexual ni nada parecido a lo que don Pepe respondió afirmativamente.
“Ok, entonces nomás déjeme entro al baño y deme un par de minutos en los que pongo el agua y ya se mete usted ¿va? Le dije, sin esperar respuesta. Me metí al cuarto de baño y cerré la puerta sin poner el seguro, abrí las llaves del agua y después de regular la temperatura me metí a la regadera.
En el momento que el agua cayó sobre mí fue que me dio un chispazo de cordura. ¿qué diablos estoy a punto de hacer? ¿voy a darme una ducha junto a un señor que bien podría ser mi abuelo? Y todo para no pagar la mitad de la renta. Bueno, no tengo más opción y solo será esta vez, me dije tratando de justificar lo que yo misma había propiciado.
Estaba metida en mis pensamientos cuando escuche no solo a don Pepe entrar al cuarto de baño, sino también como se despojó de su ropa. ¡Rayos! Al mal paso darle prisa, pensé mientras me volteaba de cara hacia la pared para evitar verlo entrar a la ducha dándole vista completa de mi culo.
“Ya puedes voltear, estoy feo, pero no es para tanto ja, ja” dijo don Pepe y pues no me quedó otra que voltear cubriendo mis tetas y mi vagina con mis manos y brazos.
Conforme me movía lentamente para darle la cara, pude ver a don Pepe parado a un lado de la cortina completamente desnudo. Si bien su cuerpo mostraba el desgaste normal de una persona de su edad, tampoco estaba tan jodido como yo esperaba. Se veía delgado, sin panza y creo que hasta más alto que cuando lo veía con ropa y se veía que hacía ejercicio.
Pero lo que obviamente atrapó mi atención fue su pene. Si algo me gusta ver cada vez que estoy con algún chico es cuando sus vergas están en estado de reposo. La forma cuando están en un término medio. Ni erecta ni dormida. Y sobre todo como se ven colgando. Se miran pesadas, como si quisieran erectarse, pero el mismo peso las mantiene hacia abajo.
Y precisamente así se veía la verga de don Pepe. Larga, muy larga. Pero también bastante gruesa, un término muy rico, gruesa y larga muy larga aprox unos 20 cm, la verdad me había sorprendido yo me esperaba que su cuerpo estuviera muy flácido y una verga muy pequeña y guanga pero no era lo contrario un cuerpo atlético y su verga se veía muy bien y de muy buen tamaño. Y la forma en como le colgaba la hacía verse más larga aún. Y no que fuera yo experta en vergas y supiera de tamaños y medidas con solo verlas. Pero sí fue de las más largas que me ha tocado ver hasta ahora.
“¿Podrías quitar las manos de tu cuerpo? Me gustaría verte completa” dijo don Pepe sacándome de mi apendejamiento visual. Esbozando una leve sonrisa, poco a poco moví el brazo que cubría mis pechos. El agua, los nervios, o qué sé yo, había provocado que mis pezones se pusieran erectos y duros. En cuanto destapé mis senos pude ver como la verga de don Pepe cobraba vida y empezaba su elevación apuntando hacia mí.
Tenía yo tiempo sin tener pareja sexual, por lo mismo no sentía necesario depilar mi área púbica, así que mi panochita estaba cubierta por una mata de pelos castaños. Y eso por alguna razón me provocaba más vergüenza que mostrar mis pechos. Tardé un poco más en mover la mano que cubría mi entrepierna, pero cuando lo hice la verga de don Pepe se erecto por completo. Ahora se veía más larga aún, pero gruesa y lo que más me gustaba es que se me marcaban mucho las venas. Me recordaba al tolete que usan los policías para golpear. Me reí en mis adentros por la comparación tan tonta que hice.
Le señalé donde estaba el jabón y el estropajo y me di vuelta dándole la espalda, para ni un minuto después, sentir las manos de don Pepe recorriendo mi cuerpo. La verdad no me estaba resultando tan incómodo como pensé que sería. Sentí como me enjabonaba empezando por mi cuello, para luego bajar por toda mi espalda. Cerré mis ojos al sentir las suaves caricias que don Pepe hacía mientras frotaba suavemente el estropajo por toda mi espalda de arriba a abajo y nuevamente subir. De vez en cuando sentia su verga tocar mi cuerpo o sentía como la apoyaba en mi espalda.


No pasó mucho tiempo, hasta finalmente llegar a mi carnoso culo. Sentí el toque de sus manos titubeante al principio, para luego ir tomando confianza y no solo enjabonar mis cachetes sino también pasar su mano por la raya que divide mis nalgas, rozando mi panochita. Sin ni siquiera pensarlo, separé mis piernas para darle mejor acceso a su mano para que pudiera introducirse en medio de ellas y enjabonara mi panocha con mayor facilidad. Yo permanecía con mis ojos cerrados, disfrutando la perversa caricia que hacía don Pepe en mí. Sentí como pasaba su mano por mi tupida mata de pelos, enjabonando y frotando fuerte mi entrepierna. No tardé mucho en sentir como empezaba a segregar jugos vaginales. Su mano estaba entre mis pompis y me estaba enjsbonsndo todo estaba sintiendo sus dedos en mi culito y en mi vagina básicamente me estaba manoseando toda.

“Abre tus nalgas para limpiarte bien, mija” escuché decir a don Pepe y de nuevo, sin siquiera titubear, me abrí de piernas y tomé mis pompis y las separé de mi culo y los abrí de forma impúdica, dándole una vista total de mi más secreto orificio.
Las manos de don Pepe se paseaban frenéticas por toda la raja de mi culo, para luego detenerse en mi ano, frotando fuerte como si quisiera meterme la barra de jabón. No pude evitar lanzar un gemido cuando uno de sus flacos y rugosos dedos penetró mi ano.

“¡Ugh! No don Pepe, no.… me... pique por atrás”
“¿No te gusta por el culo?” me pregunto don Pepe sin sacar su dedo de mi trasero.
“Si me gusta. Pero no hago del baño desde ayer y estoy sucia” le contesté, pero no saco su dedo. Se lo tuve que repetir de nuevo y esta vez sí retiró su dedo de mi ano.
Estaba sintiendo tan rico que yo solita me di vuelta, para ponerme frente a él, como autorizándolo a enjabonarme la parte frontal de mi cuerpo. Yo seguía con mis ojos cerrados, como si de esa manera negara el estar haciendo las cosas ya con toda la intención. Y si bien todo esto era por conveniencia del pago de mi renta, para nada me estaba forzando don Pepe, yo lo estaba disfrutando.
Mi rentero no perdió tiempo. Sentí como sus manos se apoderaban del par de pequeños globos que formaban mis tetas y olvidándose del jabón, empezó a apretarlos y estrujarlos cada vez más fuerte. No pude evitar empezar a gemir, lo cual encendió más a don Pepe. Me imagino que ver mi rostro de niña inocente, con el agua escurriendo y lanzando gemidos como toda una putita, era todo un espectáculo para ese hombre que podría ser mi abuelo.
Lo siguiente fue sentir como su boca se apoderaba de mis pechos, como succionaba mis pezones con furia. Primero uno, luego el otro. Pase una mano sobre su nuca y lo empuje para que siguiera comiéndose mis duros pezones. Al ser él más alto que yo, eso le obligaba a encorvar su cuerpo para poder chuparme sin problema. Yo misma me paraba de puntitas para facilitarle la faena. Me tomo por mis nalgas con sus manos y me levanto en vilo, apoyándome contra la pared sin dejar de chupar mis tetas. Sentía como la dura cabeza de su erecta verga punteaba la entrada de mi panocha. Solo era cuestión de dejarme caer para empalarme por completo en su duro mástil. Habíamos pasado de bañarnos juntos a un faje entre un adulto mayor y una niña puta, y para nada me desagradaba la situación.
“Niña... Niña... necesito cogerte ahora mismo, niña” me dijo don Pepe separando su boca de mis tetas, esperando mi respuesta, necesito meterte mi verga y hacerte mía me tienes muy excitado.
Ya era muy tarde para detenerme, pero aun así me detuve a meditar en lo que estaba haciendo y lo que estaba por hacer. Iba a coger con un hombre muchísimo mayor que yo en edad, y lo iba a hacer a cambio de un beneficio económico. ¿En qué me convierte eso? ¿Y si alguien se enteraba de esto?
Mi respuesta era SÍ o NO, y tenía que decidirme ahora mismo. ¿Tendría razón mi gato en que era una puta?
“Ughh...don Pepe, no...no...no me pida eso, porfas” le dije entre gemidos. Me moría por sentir su larga verga entrando en mi, pero las pocas neuronas que me quedaban en función me decían que debía detenerlo.
“¿Porque no? Tu lo quieres tanto como yo, mija. Mira, estás chorreando jugos” me dijo pasando su mano por mi panocha y embarrandola de jugos para después mostrarla.
“No haga eso, don Pepe... en serio, no” seguía negándome pero sintiendo cada vez más como las fuerzas me abandonan. Tenía ya tanto sin coger que el viejo me había prendido con solo un par de minutos de manoseo.
“Dejame cogerte y te perdono toda la renta completa, mija. Andale, niña. Lo quieres y lo necesitas tanto como yo, solo tienes que decir que si” me respondió mi rentero sorprendiéndome.
Y al decir que yo también lo necesitaba no supe si se refería a el pago de la renta o que me cogiera, pero tenía razón en ambas cosas. El viejo mañoso sabía que yo no tenía dinero y la opción de dejarme coger a cambio de perdonarme la renta era muy tentadora. Y diablos que lo necesitaba! Pero no podía permitirme caer tan bajo. Era una movida vil del viejo y negarme a eso era seguir atrapada en el problema que me había traído hasta esta situación.
“Don Pepe... por favor. No me pida eso... no. Dijimos que nomas bañarnos y yaaa” le conteste gimiendo más fuerte y sintiendo como me seguía mamando las tetas y metiendome los dedos entre los pelos pegajosos de mi panocha.
“Vamos niña, lo necesitas y lo sabes. Y también necesitas verga y se ve que te gusta coger y que te den duro una puta como tu le encanta la verga. Dejame cogerte y ya no tienes que pagar este mes de renta, niña!” me repitio de nuevo don Pepe mientras forcejeaba conmigo tomándome de la cintura y tratando de voltear mi cuerpo para darle la espalda. Quería cogerme por detrás.
“Pero no soy puta, no soy puta!” seguí insistiendo en negarme a coger. No me hago pendeja. Sabía bien que habíamos llegado hasta este punto porque yo lo había permitido. Pero una cosa era bañarnos juntos y otra cosa era coger por un beneficio económico. Prácticamente esto ya sería prostituirme.
Finalmente cedí, y aflojando mi cuerpo deje que el viejo me volteara dándole la espalda a él, que ni tardo ni perezoso puso su mano sobre mi espalda e hizo presión para que bajara mi cuerpo y me pusiera en posición de empinada frente a él, al voltear me me dió una gran nalgada.

Puse ambas manos en la pared para sujetarme mientras sentía como don Pepe pasaba sus manos por mis nalgas. Me las abría y cerraba como si quisiera ver mi ano, para luego sentir la cabeza de su verga punteando y frotando la entrada de mi empapada panochita. Mientras le decía pero no tenemos condón y me dijo yo estoy sano hermosa y aparte te compro las pastillas del día siguiente así que no te preocupes.

“No soy puta, don Pepe. No soy putaaaaa!” continuaba yo con mi letanía que pronto se vio interrumpida cuando don Pepe arremetió contra mí dándome la primera estacada que sentí llegar hasta el útero. Por suerte había logrado apoyarme con mis manos sino me hubiera estrellado de cara contra la pared de tan fuerte que me había penetrado.

“Aggghhhh cabrón! No me la meta tan... adentrooo!! no pude evitar lanzar un grito. El pinche viejo me la había dejado ir toda de un jalón y fue como si me hubieran metido un palo de béisbol de tan gruesa y larga que la tenía.
“Dios, que apretadita eres mi niña! No sabes las veces que imagine tenerte así, mi amor” me decía mi rentero al tiempo que iniciaba un mete y saca furioso, mientras me daba nalgadas y me apretaba las tetas diciendo que que rico culo tenía que se me notaba el gimnasio y que yo si era una perra rica no como su mujer.

“Ugggmm...don Pepe, don Pepe...pero no soy puta, no soy putaaa!” le seguía repitiendo entre gemidos mas para mi que para él. Trataba de convencerme a mi misma de que no me estaba prostituyendo. Pero mi gato tenía razón, era una puta que estaba vendiendo el cuerpo por dinero y lo estaba disfrutando.
“Ay mija, yo se que no lo eres... pero estás tan rica que te pagaría cada mes por cogerte asi como ahora” me decía don Pepe entre jadeos. Me estaba dando tan duro y rápido que llegué a temer que le fuera a dar un infarto y su verme daba mucho placer de lo rico que la tenía de grande y gruesa.

“Ahh, ahh... espere, espere...si, si...despacio. Siga, siga... pero más despacio... por favor” le dije a mi rentero ya sintiéndome un poco mejor con el mete y saca.
“¿Te gusta, mija? ¿Te gusta como te la meto?” me cuestionaba don Pepe sin dejar de penetrarme con su verga.
“Si...si... pero dele calmado, porfas. Me está lastimando... poco” seguía dándome puntadas directo al útero con cada vergazo, pero la fricción que hacía en las paredes de mi vagina con su mete y saca me tenían chorreando jugos. Empecé a sentir como me temblaban las piernas anunciando un cercano orgasmo. Así que me puse de puntitas y apreté mis nalgas, cuando hice eso el empezó a gemir mas duro me imagino que mis músculos vaginales le estaban dando más placer y ls verdad yo también había notado la diferencia sentía más la fricción en mis paredes y me gustaba más pero empecé a gemir más fuerte.
Don Pepe remojó sus dedos en mis jugos vaginales y volvió a meterme su dedo en mi ano. Traté de detenerlo con una de mis manos pero desistí de ello y volví a ponerla en la pared para sostenerme de cada empujón que me daba. Me estaba cogiendo rico el viejo, no lo podía negar, pero cada embestida que me daba con su verga me hacia ver estrellas.

“Por el culo no, don Pepe. Porfas... saque su dedo... ahhh!” ni bien acabé de decir cuando me metió otro dedo en el culo mientras con su otra mano de vez en cuando soltaba mi cintura para nalguearme. Ese segundo dedo fue como si hubieran encendido un interruptor dentro de mi que encendió mi primer orgasmo.
“Ahhhhhh... don Pepeeeee! Diosss... aahhh!!” solo atiné a decir mientras sentía como mis piernas se doblaban y empecé a soltar líquidos de mi panocha que seguía ocupada por la verga de mi rentero. Solo porque me tenía aprisionada de mi cintura con una de sus manos sino me hubiera derrumbado ahí mismo en el piso de la regadera.


“Mi niña...que rico me lo aprietas, bebé! Correte así, mija, llename la verga de jugos” me decía don Pepe sin dejar de taladrarme con su verga y tratando de meter un tercer dedo en mi culo. Lo hubiera detenido si tuviera fuerzas para hacerlo.
“Ahhh, don Pepe... espere. Dueleee” le dije gimiendo como vil puta y sintiendo como su verga empezaba a provocar un segundo orgasmo. Pensé que el viejo no aguantaría la cogida y era yo la que estaba ahí dando las nalgas, literalmente.
“Quiero cogerte cada mes, mija. Déjame cogerte cada mes y te perdono la renta, bebé. Déjame cogerte por todos tus hoyos y ya no te tienes que preocupar por pagar más” escuchaba decir a don Pepe mientras hurgaba con sus dedos en mi culo provocándome punzadas de dolor pero combinadas con la cogida a la que me sometía no me daba tregua.
“Ahhh don Pepe... pero no soy puta. Ahhh, ahh, no pare... no pare! Aaahhh!! Así, así!! Aaaah!! Diooosss!!! Aaahh! Así, así! Siga... siga!” decía yo entre gemidos tratando de sostenerme de la pared hasta con las uñas sintiendo como llegaba mi segundo orgasmo.
“Mi reyna, se te está saliendo toda la crema” medio escuché decir a don Pepe, a lo cual supuse que mi cuerpo empezaba a segregar mi cremita vaginal.
“Ya don Pepe, ya... parele poquito. Me siento bien guanga” le dije a mi rentero y la verdad sentía mis piernas de hilo. Tenía ya un par de meses sin coger y estos 2 orgasmos seguidos me habían dejado toda tembeleque, sin fuerzas, con las piernas temblando a mil y bastante arquedas mientras que mi voz estaba entrecortada.
“No...no, espera. Ya casi termino mija” me dijo don Pepe agarrando mis nalgas con ambas manos e intensificando las arremetidas contra mi lastimada panocha. Ya me ardía de tanta pinche limada que me estaba dando el viejo.


“No, no no...párele, párele! No se vaya a venir adentro, porfas! No estoy tomando pastillas ni nada, espereseee!” le dije sintiendo como arreciaba las metidas con toda la intención de vaciarse dentro de mi. La verdad es que no tomaba nada de anticonceptivos y con lo larga que tenia la verga seguramente me iba a depositar los mecos en el mismísimo útero.
“No te apures, mija...pfft...yo te pago las pastillas... . Para no....pfft embarazarte” me dijo don Pepe ya muy agitado y falto de aire, señal que o estaba por soltar su semen dentro de mi o a punto de darle un infarto. O salía embarazada o terminaba con mi rentero muerto en mi bañera. Ninguna de las 2 opciones me gustaba.
“Ahhhh... ahh! ¡Toma! Toma mi leche, puta, tomalaaa!” gritó don Pepe al mismo tiempo que yo sentía uno, dos y tres chorros de semen caliente inundar mi cueva.


“No... no, no! Adentro nooo...!” empecé a decir pero mi grito se vio ahogado por un tercer y último orgasmo provocado por el río de mecos que el viejo dejó dentro de mí. Ojala de verdad ya tuviera la vasectomia mi rentero porque no estaba entre mis planes salir preñada de un viejo de 60 años.
Don Pepe permaneció pegado a mi con su verga en mi interior, tratando de dejarme hasta la última gota dentro mientras yo solo me sostenía de la pared. Senti como su verga perdía dureza para luego salirse de mi peluda cueva arrastrando un río de semen que corría por mis piernas. Lo vi recargarse contra la pared del shower tratando de recuperar el aliento. Igual yo imité sus movimientos sintiendome exhausta de tan tremenda culeada que me acababan de dar. Permanecimos un rato en silencio solo mirándonos y luchando por respirar.
“¿De verdad ya se hizo la vasectomía?. No quiero sorpresas, don Pepe” le dije mientras me agachaba en cuclillas con las piernas abiertas y empecé a pujar tratando de expulsar el semen que tenia en mi interior para despues soltar un grueso chorro de meados amarillos.
“No te preocupes, mija. Ya no hay riesgo de que salgas preñada. Aunque para serte sincero me gustaría que pasara y que fueras mi mujer y hacerte un hijo. Y a ti?” dijo mi rentero ya más repuesto de la falta de aire.
“No mame, claro que no quiero que eso pase. No me puedo mantener sola, menos mantener un chamaco” le dije pero sonriendo para que no pensara que estaba molesta.
Don Pepe no perdía detalle de todo lo que yo hacía. Ya no había pudor ni vergüenza de mi parte. Después de todo, acababa de coger con mi rentero. Qué más daba si me veía orinar enfrente de él. Cuando terminé de soltar mis liquidos amarillos puse mis manos como cucharita para atrapar algo del agua que seguia cayendo del shower para luego con la misma lavarme mi vagina con ella. No quería dejarme dentro ni una gota del semen de mi viejo cogelón.
Cuando acabe de mi lavado, me levanté en silencio y de nuevo sin pudor alguno me fui desnuda a la sala y me acosté en el sofá con las piernas abiertas. Sentía un fuerte ardor en mi panocha producto del tremendo cojidón que me acababan de dar y dolor en mis nalgas de las nalgadas que me había estado dando, tenía sus manos marcadas en mis nalgas de sus manos debido a la sensibilidad de mi piel, al igual que en mi cintura huellas de la presión que hacía cuando me agarraba de ahí. Un rato después salió don Pepe ya con la ropa puesta. Empezó a decir algo pero levanté mi mano en señal de que no quería hablar por ahora. Solo dijo que después me hablaba por teléfono y salió de mi departamento dejándome sola, al mismo tiempo que dejaba entrar a mi gato.
No bien acababa de entrar mi gato cuando saltó a mi entrepierna guiado por mi olor supongo, y empezó a lamerme mi adolorido agujero. Su lengua rasposa era como un bálsamo para mi dolor. Acababa de coger con un viejo a cambio de no pagar la renta, que más daba que un pinche gato me lamiera la panocha, al fin sentía rico y aliviaba mi ardor de ser cogida brutalmente?
“¿Sabes una cosa, gato? Creo que tenías razón. Soy una puta. Y aunque no lo creas, no me siento orgullosa de eso” le dije a mi mascota para luego quedar en silencio envuelta en mis pensamientos me había gustado coger con el viejo, me arrepentí ese día de no dejarle penetrar mi culito.
Ya después si me lo penetró...
“¿Quiere pasar? No quiero estar aquí en la puerta casi desnuda je, je” le dije, más que nada para buscar una salida a el incómodo momento en que me encontraba, casi desnuda con la toalla diminuta.
“Si niña, claro. Perdón por tenerte parada en la puerta así” dijo don Pepe para luego entrar tras de mí al departamento.
Pasamos a lo que era la sala de mi departamento y le indiqué que se sentara a lo cual don Pepe obediente tomó lugar en uno de los sillones. Yo permanecí de pie, más que nada porque si tomaba asiento, la diminuta toalla sería incapaz de cubrirme toda y terminaba enseñándole mi colita a mi rentero.
“Bueno niña, entonces ¿cómo le hacemos? No te quiero presionar, pero es dinero que yo también necesito y no puedo estar esperando o que me lo estés dando en partes. Entiendo tu situación, pero espero que tú también me entiendas y sobre todo sepas que no lo hago por complicarte la vida” dijo don Pepe sinceramente contrariado.
“Si don Pepe, al contrario, le agradezco la paciencia que me ha tenido. Y para pagarle, pues debe de haber algún modo, alguna solución. Bueno, o sea... pues… sí, ¿o no?” le respondí y me sorprendí a mí misma pensando en lo que estaba a punto de sugerirle para cubrir el pago de la renta.
Lo que colmó el vaso de mi vergüenza fue que no me acordaba que luego como no tengo visitas dejo mis tangas y mi ropa interior en la sala, en los sillones y así y para mí mala suerte en el sillón donde estaba don Pepe, había un par de tangas mías, obviamente limpias, pero a final de cuentas el sabría que tipo de tangas uso, al momento de el reposar su espalda contra el sillón se le vinieron encima, el un poco sorprendido las tomo con sus manos y estirando las un poco me dijo, toma pequeña, creo que esto es tuyo mientras me las entregaba, mientras las veía sutilmente, yo las tomé y las guardé entre mis manos apretandolas fuerte. Eran tangas de hilo diminutas como las que regularmente uso.
Me estaba haciendo tonta yo sola. Sabía bien que no podría conseguir la mitad que me faltaba de la renta. No la había conseguido en todo el mes, mucho menos lo haría en un día. Y la 'solución' que estaba pasando por la mente era algo que ni en sueños lo había imaginado hacer. ¿Pero tenía yo otra opción? Por supuesto que no.
Despacio me senté en el sillón que estaba frente a donde don Pepe permanecía. Al sentarme y por lo corto de la toalla, era obvio que mi rentero tendría una vista de mis piernas, mis muslos y mis pompis. No conforme con eso, abrí ligeramente mis piernas para que pudiera tener un leve vistazo de mi panochita. Todo lo hice fingiendo descuido y poniendo cara de estar pensando en la dichosa 'solución'. Digo, si mi intención era convencerlo de lo que pensaba proponerle, tenía que mostrarle poco de la mercancía.

“Estabas por meterte a bañar, ¿verdad?” escuché decir a don Pepe y de reojo pude ver cómo me miraba mi entrepierna tratando de ser discreto.
“Sí, como le dije pues tengo una entrevista de trabajo y por eso me iba a dar una ducha” le contesté haciéndome la inocente.
“¿Me permitirías bañarme contigo y te perdono la mitad de la renta que me debes?” dijo don Pepe un poco tímido y nervioso.
“¡Don Pepe! ¿Pero cómo dice eso?” le dije haciéndome la sorprendida, pero por dentro agradecida de que fue él quien lo dijo y evitando ser yo la ofrecida.
“Tienes razón niña. Perdóname por decirte eso. La verdad no sé qué estaba pensando al faltarte el respeto de esa manera. Olvida por favor esa tontería que acabo de decir y volvamos a ver cómo me pagas el dinero” fue el turno de don Pepe de ponerse como arcoíris.
“¡En la madre! Ya se está echando pa'tras y voy a tener que pagarle el dinero. Tengo que convencerlo antes de que se arrepienta completamente” pensé para mis adentros.
“Bueno don Pepe... yo sé que usted siempre me ha tratado con respeto y hasta me ha protegido, y sé que eso que dijo no lo dice por abusar ni nada. Y pues... sería nomas bañarnos juntos ¿y ya? ¿sin nada de nada? ¿o cómo? Explíqueme porfas” le respondí viendo como su rostro pasaba de arrepentimiento a calentura como por arte de magia.
“Pues solo meternos a bañar. Yo te tallo tu cuerpo, te enjabono toda y.…” dijo don Pepe dejando ese último “y”, como si hubiera algo más que agregar. Le miré y levanté mi ceja como diciendo que si había algo más era momento de decirlo. No dijo nada, se quedó callado aun dudoso si de verdad estaba yo aceptando su propuesta.
“Pues bueno... me parece bien. Acepto su propuesta de bañarnos juntos a cambio de la mitad del pago de mi renta. Pero solo bañarnos y nada más, ¿ok? Ese es el trato ¿verdad? Le dije asegurando que no habría relación sexual ni nada parecido a lo que don Pepe respondió afirmativamente.
“Ok, entonces nomás déjeme entro al baño y deme un par de minutos en los que pongo el agua y ya se mete usted ¿va? Le dije, sin esperar respuesta. Me metí al cuarto de baño y cerré la puerta sin poner el seguro, abrí las llaves del agua y después de regular la temperatura me metí a la regadera.
En el momento que el agua cayó sobre mí fue que me dio un chispazo de cordura. ¿qué diablos estoy a punto de hacer? ¿voy a darme una ducha junto a un señor que bien podría ser mi abuelo? Y todo para no pagar la mitad de la renta. Bueno, no tengo más opción y solo será esta vez, me dije tratando de justificar lo que yo misma había propiciado.
Estaba metida en mis pensamientos cuando escuche no solo a don Pepe entrar al cuarto de baño, sino también como se despojó de su ropa. ¡Rayos! Al mal paso darle prisa, pensé mientras me volteaba de cara hacia la pared para evitar verlo entrar a la ducha dándole vista completa de mi culo.
“Ya puedes voltear, estoy feo, pero no es para tanto ja, ja” dijo don Pepe y pues no me quedó otra que voltear cubriendo mis tetas y mi vagina con mis manos y brazos.
Conforme me movía lentamente para darle la cara, pude ver a don Pepe parado a un lado de la cortina completamente desnudo. Si bien su cuerpo mostraba el desgaste normal de una persona de su edad, tampoco estaba tan jodido como yo esperaba. Se veía delgado, sin panza y creo que hasta más alto que cuando lo veía con ropa y se veía que hacía ejercicio.
Pero lo que obviamente atrapó mi atención fue su pene. Si algo me gusta ver cada vez que estoy con algún chico es cuando sus vergas están en estado de reposo. La forma cuando están en un término medio. Ni erecta ni dormida. Y sobre todo como se ven colgando. Se miran pesadas, como si quisieran erectarse, pero el mismo peso las mantiene hacia abajo.
Y precisamente así se veía la verga de don Pepe. Larga, muy larga. Pero también bastante gruesa, un término muy rico, gruesa y larga muy larga aprox unos 20 cm, la verdad me había sorprendido yo me esperaba que su cuerpo estuviera muy flácido y una verga muy pequeña y guanga pero no era lo contrario un cuerpo atlético y su verga se veía muy bien y de muy buen tamaño. Y la forma en como le colgaba la hacía verse más larga aún. Y no que fuera yo experta en vergas y supiera de tamaños y medidas con solo verlas. Pero sí fue de las más largas que me ha tocado ver hasta ahora.
“¿Podrías quitar las manos de tu cuerpo? Me gustaría verte completa” dijo don Pepe sacándome de mi apendejamiento visual. Esbozando una leve sonrisa, poco a poco moví el brazo que cubría mis pechos. El agua, los nervios, o qué sé yo, había provocado que mis pezones se pusieran erectos y duros. En cuanto destapé mis senos pude ver como la verga de don Pepe cobraba vida y empezaba su elevación apuntando hacia mí.
Tenía yo tiempo sin tener pareja sexual, por lo mismo no sentía necesario depilar mi área púbica, así que mi panochita estaba cubierta por una mata de pelos castaños. Y eso por alguna razón me provocaba más vergüenza que mostrar mis pechos. Tardé un poco más en mover la mano que cubría mi entrepierna, pero cuando lo hice la verga de don Pepe se erecto por completo. Ahora se veía más larga aún, pero gruesa y lo que más me gustaba es que se me marcaban mucho las venas. Me recordaba al tolete que usan los policías para golpear. Me reí en mis adentros por la comparación tan tonta que hice.
Le señalé donde estaba el jabón y el estropajo y me di vuelta dándole la espalda, para ni un minuto después, sentir las manos de don Pepe recorriendo mi cuerpo. La verdad no me estaba resultando tan incómodo como pensé que sería. Sentí como me enjabonaba empezando por mi cuello, para luego bajar por toda mi espalda. Cerré mis ojos al sentir las suaves caricias que don Pepe hacía mientras frotaba suavemente el estropajo por toda mi espalda de arriba a abajo y nuevamente subir. De vez en cuando sentia su verga tocar mi cuerpo o sentía como la apoyaba en mi espalda.


No pasó mucho tiempo, hasta finalmente llegar a mi carnoso culo. Sentí el toque de sus manos titubeante al principio, para luego ir tomando confianza y no solo enjabonar mis cachetes sino también pasar su mano por la raya que divide mis nalgas, rozando mi panochita. Sin ni siquiera pensarlo, separé mis piernas para darle mejor acceso a su mano para que pudiera introducirse en medio de ellas y enjabonara mi panocha con mayor facilidad. Yo permanecía con mis ojos cerrados, disfrutando la perversa caricia que hacía don Pepe en mí. Sentí como pasaba su mano por mi tupida mata de pelos, enjabonando y frotando fuerte mi entrepierna. No tardé mucho en sentir como empezaba a segregar jugos vaginales. Su mano estaba entre mis pompis y me estaba enjsbonsndo todo estaba sintiendo sus dedos en mi culito y en mi vagina básicamente me estaba manoseando toda.

“Abre tus nalgas para limpiarte bien, mija” escuché decir a don Pepe y de nuevo, sin siquiera titubear, me abrí de piernas y tomé mis pompis y las separé de mi culo y los abrí de forma impúdica, dándole una vista total de mi más secreto orificio.
Las manos de don Pepe se paseaban frenéticas por toda la raja de mi culo, para luego detenerse en mi ano, frotando fuerte como si quisiera meterme la barra de jabón. No pude evitar lanzar un gemido cuando uno de sus flacos y rugosos dedos penetró mi ano.

“¡Ugh! No don Pepe, no.… me... pique por atrás”
“¿No te gusta por el culo?” me pregunto don Pepe sin sacar su dedo de mi trasero.
“Si me gusta. Pero no hago del baño desde ayer y estoy sucia” le contesté, pero no saco su dedo. Se lo tuve que repetir de nuevo y esta vez sí retiró su dedo de mi ano.
Estaba sintiendo tan rico que yo solita me di vuelta, para ponerme frente a él, como autorizándolo a enjabonarme la parte frontal de mi cuerpo. Yo seguía con mis ojos cerrados, como si de esa manera negara el estar haciendo las cosas ya con toda la intención. Y si bien todo esto era por conveniencia del pago de mi renta, para nada me estaba forzando don Pepe, yo lo estaba disfrutando.
Mi rentero no perdió tiempo. Sentí como sus manos se apoderaban del par de pequeños globos que formaban mis tetas y olvidándose del jabón, empezó a apretarlos y estrujarlos cada vez más fuerte. No pude evitar empezar a gemir, lo cual encendió más a don Pepe. Me imagino que ver mi rostro de niña inocente, con el agua escurriendo y lanzando gemidos como toda una putita, era todo un espectáculo para ese hombre que podría ser mi abuelo.
Lo siguiente fue sentir como su boca se apoderaba de mis pechos, como succionaba mis pezones con furia. Primero uno, luego el otro. Pase una mano sobre su nuca y lo empuje para que siguiera comiéndose mis duros pezones. Al ser él más alto que yo, eso le obligaba a encorvar su cuerpo para poder chuparme sin problema. Yo misma me paraba de puntitas para facilitarle la faena. Me tomo por mis nalgas con sus manos y me levanto en vilo, apoyándome contra la pared sin dejar de chupar mis tetas. Sentía como la dura cabeza de su erecta verga punteaba la entrada de mi panocha. Solo era cuestión de dejarme caer para empalarme por completo en su duro mástil. Habíamos pasado de bañarnos juntos a un faje entre un adulto mayor y una niña puta, y para nada me desagradaba la situación.
“Niña... Niña... necesito cogerte ahora mismo, niña” me dijo don Pepe separando su boca de mis tetas, esperando mi respuesta, necesito meterte mi verga y hacerte mía me tienes muy excitado.
Ya era muy tarde para detenerme, pero aun así me detuve a meditar en lo que estaba haciendo y lo que estaba por hacer. Iba a coger con un hombre muchísimo mayor que yo en edad, y lo iba a hacer a cambio de un beneficio económico. ¿En qué me convierte eso? ¿Y si alguien se enteraba de esto?
Mi respuesta era SÍ o NO, y tenía que decidirme ahora mismo. ¿Tendría razón mi gato en que era una puta?
“Ughh...don Pepe, no...no...no me pida eso, porfas” le dije entre gemidos. Me moría por sentir su larga verga entrando en mi, pero las pocas neuronas que me quedaban en función me decían que debía detenerlo.
“¿Porque no? Tu lo quieres tanto como yo, mija. Mira, estás chorreando jugos” me dijo pasando su mano por mi panocha y embarrandola de jugos para después mostrarla.
“No haga eso, don Pepe... en serio, no” seguía negándome pero sintiendo cada vez más como las fuerzas me abandonan. Tenía ya tanto sin coger que el viejo me había prendido con solo un par de minutos de manoseo.
“Dejame cogerte y te perdono toda la renta completa, mija. Andale, niña. Lo quieres y lo necesitas tanto como yo, solo tienes que decir que si” me respondió mi rentero sorprendiéndome.
Y al decir que yo también lo necesitaba no supe si se refería a el pago de la renta o que me cogiera, pero tenía razón en ambas cosas. El viejo mañoso sabía que yo no tenía dinero y la opción de dejarme coger a cambio de perdonarme la renta era muy tentadora. Y diablos que lo necesitaba! Pero no podía permitirme caer tan bajo. Era una movida vil del viejo y negarme a eso era seguir atrapada en el problema que me había traído hasta esta situación.
“Don Pepe... por favor. No me pida eso... no. Dijimos que nomas bañarnos y yaaa” le conteste gimiendo más fuerte y sintiendo como me seguía mamando las tetas y metiendome los dedos entre los pelos pegajosos de mi panocha.
“Vamos niña, lo necesitas y lo sabes. Y también necesitas verga y se ve que te gusta coger y que te den duro una puta como tu le encanta la verga. Dejame cogerte y ya no tienes que pagar este mes de renta, niña!” me repitio de nuevo don Pepe mientras forcejeaba conmigo tomándome de la cintura y tratando de voltear mi cuerpo para darle la espalda. Quería cogerme por detrás.
“Pero no soy puta, no soy puta!” seguí insistiendo en negarme a coger. No me hago pendeja. Sabía bien que habíamos llegado hasta este punto porque yo lo había permitido. Pero una cosa era bañarnos juntos y otra cosa era coger por un beneficio económico. Prácticamente esto ya sería prostituirme.
Finalmente cedí, y aflojando mi cuerpo deje que el viejo me volteara dándole la espalda a él, que ni tardo ni perezoso puso su mano sobre mi espalda e hizo presión para que bajara mi cuerpo y me pusiera en posición de empinada frente a él, al voltear me me dió una gran nalgada.

Puse ambas manos en la pared para sujetarme mientras sentía como don Pepe pasaba sus manos por mis nalgas. Me las abría y cerraba como si quisiera ver mi ano, para luego sentir la cabeza de su verga punteando y frotando la entrada de mi empapada panochita. Mientras le decía pero no tenemos condón y me dijo yo estoy sano hermosa y aparte te compro las pastillas del día siguiente así que no te preocupes.

“No soy puta, don Pepe. No soy putaaaaa!” continuaba yo con mi letanía que pronto se vio interrumpida cuando don Pepe arremetió contra mí dándome la primera estacada que sentí llegar hasta el útero. Por suerte había logrado apoyarme con mis manos sino me hubiera estrellado de cara contra la pared de tan fuerte que me había penetrado.

“Aggghhhh cabrón! No me la meta tan... adentrooo!! no pude evitar lanzar un grito. El pinche viejo me la había dejado ir toda de un jalón y fue como si me hubieran metido un palo de béisbol de tan gruesa y larga que la tenía.
“Dios, que apretadita eres mi niña! No sabes las veces que imagine tenerte así, mi amor” me decía mi rentero al tiempo que iniciaba un mete y saca furioso, mientras me daba nalgadas y me apretaba las tetas diciendo que que rico culo tenía que se me notaba el gimnasio y que yo si era una perra rica no como su mujer.

“Ugggmm...don Pepe, don Pepe...pero no soy puta, no soy putaaa!” le seguía repitiendo entre gemidos mas para mi que para él. Trataba de convencerme a mi misma de que no me estaba prostituyendo. Pero mi gato tenía razón, era una puta que estaba vendiendo el cuerpo por dinero y lo estaba disfrutando.
“Ay mija, yo se que no lo eres... pero estás tan rica que te pagaría cada mes por cogerte asi como ahora” me decía don Pepe entre jadeos. Me estaba dando tan duro y rápido que llegué a temer que le fuera a dar un infarto y su verme daba mucho placer de lo rico que la tenía de grande y gruesa.

“Ahh, ahh... espere, espere...si, si...despacio. Siga, siga... pero más despacio... por favor” le dije a mi rentero ya sintiéndome un poco mejor con el mete y saca.
“¿Te gusta, mija? ¿Te gusta como te la meto?” me cuestionaba don Pepe sin dejar de penetrarme con su verga.
“Si...si... pero dele calmado, porfas. Me está lastimando... poco” seguía dándome puntadas directo al útero con cada vergazo, pero la fricción que hacía en las paredes de mi vagina con su mete y saca me tenían chorreando jugos. Empecé a sentir como me temblaban las piernas anunciando un cercano orgasmo. Así que me puse de puntitas y apreté mis nalgas, cuando hice eso el empezó a gemir mas duro me imagino que mis músculos vaginales le estaban dando más placer y ls verdad yo también había notado la diferencia sentía más la fricción en mis paredes y me gustaba más pero empecé a gemir más fuerte.
Don Pepe remojó sus dedos en mis jugos vaginales y volvió a meterme su dedo en mi ano. Traté de detenerlo con una de mis manos pero desistí de ello y volví a ponerla en la pared para sostenerme de cada empujón que me daba. Me estaba cogiendo rico el viejo, no lo podía negar, pero cada embestida que me daba con su verga me hacia ver estrellas.

“Por el culo no, don Pepe. Porfas... saque su dedo... ahhh!” ni bien acabé de decir cuando me metió otro dedo en el culo mientras con su otra mano de vez en cuando soltaba mi cintura para nalguearme. Ese segundo dedo fue como si hubieran encendido un interruptor dentro de mi que encendió mi primer orgasmo.
“Ahhhhhh... don Pepeeeee! Diosss... aahhh!!” solo atiné a decir mientras sentía como mis piernas se doblaban y empecé a soltar líquidos de mi panocha que seguía ocupada por la verga de mi rentero. Solo porque me tenía aprisionada de mi cintura con una de sus manos sino me hubiera derrumbado ahí mismo en el piso de la regadera.


“Mi niña...que rico me lo aprietas, bebé! Correte así, mija, llename la verga de jugos” me decía don Pepe sin dejar de taladrarme con su verga y tratando de meter un tercer dedo en mi culo. Lo hubiera detenido si tuviera fuerzas para hacerlo.
“Ahhh, don Pepe... espere. Dueleee” le dije gimiendo como vil puta y sintiendo como su verga empezaba a provocar un segundo orgasmo. Pensé que el viejo no aguantaría la cogida y era yo la que estaba ahí dando las nalgas, literalmente.
“Quiero cogerte cada mes, mija. Déjame cogerte cada mes y te perdono la renta, bebé. Déjame cogerte por todos tus hoyos y ya no te tienes que preocupar por pagar más” escuchaba decir a don Pepe mientras hurgaba con sus dedos en mi culo provocándome punzadas de dolor pero combinadas con la cogida a la que me sometía no me daba tregua.
“Ahhh don Pepe... pero no soy puta. Ahhh, ahh, no pare... no pare! Aaahhh!! Así, así!! Aaaah!! Diooosss!!! Aaahh! Así, así! Siga... siga!” decía yo entre gemidos tratando de sostenerme de la pared hasta con las uñas sintiendo como llegaba mi segundo orgasmo.
“Mi reyna, se te está saliendo toda la crema” medio escuché decir a don Pepe, a lo cual supuse que mi cuerpo empezaba a segregar mi cremita vaginal.
“Ya don Pepe, ya... parele poquito. Me siento bien guanga” le dije a mi rentero y la verdad sentía mis piernas de hilo. Tenía ya un par de meses sin coger y estos 2 orgasmos seguidos me habían dejado toda tembeleque, sin fuerzas, con las piernas temblando a mil y bastante arquedas mientras que mi voz estaba entrecortada.
“No...no, espera. Ya casi termino mija” me dijo don Pepe agarrando mis nalgas con ambas manos e intensificando las arremetidas contra mi lastimada panocha. Ya me ardía de tanta pinche limada que me estaba dando el viejo.


“No, no no...párele, párele! No se vaya a venir adentro, porfas! No estoy tomando pastillas ni nada, espereseee!” le dije sintiendo como arreciaba las metidas con toda la intención de vaciarse dentro de mi. La verdad es que no tomaba nada de anticonceptivos y con lo larga que tenia la verga seguramente me iba a depositar los mecos en el mismísimo útero.
“No te apures, mija...pfft...yo te pago las pastillas... . Para no....pfft embarazarte” me dijo don Pepe ya muy agitado y falto de aire, señal que o estaba por soltar su semen dentro de mi o a punto de darle un infarto. O salía embarazada o terminaba con mi rentero muerto en mi bañera. Ninguna de las 2 opciones me gustaba.
“Ahhhh... ahh! ¡Toma! Toma mi leche, puta, tomalaaa!” gritó don Pepe al mismo tiempo que yo sentía uno, dos y tres chorros de semen caliente inundar mi cueva.


“No... no, no! Adentro nooo...!” empecé a decir pero mi grito se vio ahogado por un tercer y último orgasmo provocado por el río de mecos que el viejo dejó dentro de mí. Ojala de verdad ya tuviera la vasectomia mi rentero porque no estaba entre mis planes salir preñada de un viejo de 60 años.
Don Pepe permaneció pegado a mi con su verga en mi interior, tratando de dejarme hasta la última gota dentro mientras yo solo me sostenía de la pared. Senti como su verga perdía dureza para luego salirse de mi peluda cueva arrastrando un río de semen que corría por mis piernas. Lo vi recargarse contra la pared del shower tratando de recuperar el aliento. Igual yo imité sus movimientos sintiendome exhausta de tan tremenda culeada que me acababan de dar. Permanecimos un rato en silencio solo mirándonos y luchando por respirar.
“¿De verdad ya se hizo la vasectomía?. No quiero sorpresas, don Pepe” le dije mientras me agachaba en cuclillas con las piernas abiertas y empecé a pujar tratando de expulsar el semen que tenia en mi interior para despues soltar un grueso chorro de meados amarillos.
“No te preocupes, mija. Ya no hay riesgo de que salgas preñada. Aunque para serte sincero me gustaría que pasara y que fueras mi mujer y hacerte un hijo. Y a ti?” dijo mi rentero ya más repuesto de la falta de aire.
“No mame, claro que no quiero que eso pase. No me puedo mantener sola, menos mantener un chamaco” le dije pero sonriendo para que no pensara que estaba molesta.
Don Pepe no perdía detalle de todo lo que yo hacía. Ya no había pudor ni vergüenza de mi parte. Después de todo, acababa de coger con mi rentero. Qué más daba si me veía orinar enfrente de él. Cuando terminé de soltar mis liquidos amarillos puse mis manos como cucharita para atrapar algo del agua que seguia cayendo del shower para luego con la misma lavarme mi vagina con ella. No quería dejarme dentro ni una gota del semen de mi viejo cogelón.
Cuando acabe de mi lavado, me levanté en silencio y de nuevo sin pudor alguno me fui desnuda a la sala y me acosté en el sofá con las piernas abiertas. Sentía un fuerte ardor en mi panocha producto del tremendo cojidón que me acababan de dar y dolor en mis nalgas de las nalgadas que me había estado dando, tenía sus manos marcadas en mis nalgas de sus manos debido a la sensibilidad de mi piel, al igual que en mi cintura huellas de la presión que hacía cuando me agarraba de ahí. Un rato después salió don Pepe ya con la ropa puesta. Empezó a decir algo pero levanté mi mano en señal de que no quería hablar por ahora. Solo dijo que después me hablaba por teléfono y salió de mi departamento dejándome sola, al mismo tiempo que dejaba entrar a mi gato.
No bien acababa de entrar mi gato cuando saltó a mi entrepierna guiado por mi olor supongo, y empezó a lamerme mi adolorido agujero. Su lengua rasposa era como un bálsamo para mi dolor. Acababa de coger con un viejo a cambio de no pagar la renta, que más daba que un pinche gato me lamiera la panocha, al fin sentía rico y aliviaba mi ardor de ser cogida brutalmente?
“¿Sabes una cosa, gato? Creo que tenías razón. Soy una puta. Y aunque no lo creas, no me siento orgullosa de eso” le dije a mi mascota para luego quedar en silencio envuelta en mis pensamientos me había gustado coger con el viejo, me arrepentí ese día de no dejarle penetrar mi culito.
Ya después si me lo penetró...
2 comentarios - Me rompen la cola por mis deudas 2
Por más usuarios como vos