Me susurró a la oreja donde podía notar el roce de sus labios.

Comencé a caminar mientras intentaba llegar con los dedos al centro de sus muslos. Ella aflojó las piernas de mi cintura dejando que flotara su cuerpo para facilitarme la labor. Por fin llegué a los voluminosos labios de su coño y los presioné con los dedos.
—Ufff, que bien galopa este potro! Más, masss! Susurró de nuevo al sentirlo.
Con Lucía allí sentada tenía pocas opciones de darla un buen sobo, por lo que decidí seguir calentando la a base de verborrea.
—Pues no veas que ganas tiene este potro de comerse lo que está tocando!
—Ufff, de verdad? Quieres comérmelo?
Me susurró como si no se lo creyera.
—No quiero comérmelo, quiero devorarlo!
Continúe subiendo el tono del mensaje.
—Diosss, hijo, cada vez estoy más caliente!
Volvió a susurrar aplastando sus tetas con más fuerza contra mi espalda.
Me fui acercando a la pared que estaba más cercana a Lucía, donde apenas nos podía ver el borde de la cabeza.
—Pues no vea cómo estoy yo! Tengo el bañador que me va a reventar!
Sabía que no podíamos seguir así, en cualquier momento Lucía se levantaría y se acercaría hasta nosotros. Mientras pensaba que hacer, Carmen volvió a susurrarme.
—Esta yegua también está dispuesta a comerle la verga al potro!
Estuve a punto de soltarla y sacarme la polla allí mismo. Esa mujer, aparentemente tímida y recatada, volvía a sorprenderme, acababa de decirme que me iba a comer la polla en su verborrea equina.
Eso ya fue demasiado, si no salíamos me la iba a follar allí mismo. Notaba como movía su pelvis intentando que nos dedos profundizarán más y pensé que era mejor dejarlo, de momento. Tenía el bañador tan abultado que si me tumbaba iba a parecer una tienda de campaña.
—Mejor salgamos. Vaya usted primero, ahora saldré yo!
Tenía que hacer que ese tronco de alabastro que tenía bajo mi bañador disminuyera como fuera, si Lucía me veía así podría sospechar que nos habíamos pasado jugando. Me puse a nadar como si estuviera compitiendo para intentar bajar la inflamación. Después de un par de largos salí y me senté junto a Lucía.
—Que pasa? Te aclaras de algo?
—Pues no, pero he encontrado un sitio en el pueblo que me lo pueden imprimir!
—Pues solucionado, noo!
—Creo que sí! Iré por la tarde!
—Que tal con mi madre? He notado que se reía bastante!
—Como tú dices, ha cambiado! Casi todo lo que le he propuesto lo ha aceptado y se lo ha pasado en grande!
—Como me alegro! Creo que necesita reírse y algo de cariño!
Tragué saliva al oír lo de ”algo de cariño“, creo que le había dado más de lo que su hija pensaba.
—Creo que está encantada con que hayamos venido, sobre todo tú! Me da que le agradas más de lo que suponía, jajaja! Habló de nuevo Lucía.
Yo seguía mudo, sin saber que decir. Ya no sabía si por mi cuerpo resbalaba el agua de la piscina o era sudor.
—Bueno, la verdad es que se lo ha pasado bien y no le ha importado que la agarrara del culo para montarla a caballo, jajaja! Reí yo para quitar hierro a esa frase cargada de veneno.
—Perdona, por lo de agarrarla del culo!
Dije de inmediato como para disculparme.
—Jajaja, no, no! Estoy encantada de que se lo pase bien, así estaremos todos mejor! Incluso podrías coquetear un poco, creo que necesita sentir que algún hombre se fije en ella para superar lo de mi padre y por aquí hay pocos, vamos, que solo estás tú, jajaja!
Río de nuevo totalmente agenda a mis pensamientos depravados.
—Y que pretendes que haga, que la corteje como un noble caballero de la edad media?
—No seas capullo! Tampoco es tan antigua, jajaja! Dile cosas bonitas, que está guapa, que la ves atractiva, algún roce involuntario, dale crema para el sol! Joder cosas de esas que nos gustan a las mujeres!
Una amplia sonrisa se dibujó en mi mente, Lucía me estaba facilitando esa cercanía a su madre sin que se mosqueara.
—Vale, vale! Pero luego no te pongas celosa si me la ligo! Intenté bromear.
Continúe con la broma.
—Jajaja, no seas gilipollas!
Río ella sin dar absoluto crédito a mis palabras.

Comencé a caminar mientras intentaba llegar con los dedos al centro de sus muslos. Ella aflojó las piernas de mi cintura dejando que flotara su cuerpo para facilitarme la labor. Por fin llegué a los voluminosos labios de su coño y los presioné con los dedos.
—Ufff, que bien galopa este potro! Más, masss! Susurró de nuevo al sentirlo.
Con Lucía allí sentada tenía pocas opciones de darla un buen sobo, por lo que decidí seguir calentando la a base de verborrea.
—Pues no veas que ganas tiene este potro de comerse lo que está tocando!
—Ufff, de verdad? Quieres comérmelo?
Me susurró como si no se lo creyera.
—No quiero comérmelo, quiero devorarlo!
Continúe subiendo el tono del mensaje.
—Diosss, hijo, cada vez estoy más caliente!
Volvió a susurrar aplastando sus tetas con más fuerza contra mi espalda.
Me fui acercando a la pared que estaba más cercana a Lucía, donde apenas nos podía ver el borde de la cabeza.
—Pues no vea cómo estoy yo! Tengo el bañador que me va a reventar!
Sabía que no podíamos seguir así, en cualquier momento Lucía se levantaría y se acercaría hasta nosotros. Mientras pensaba que hacer, Carmen volvió a susurrarme.
—Esta yegua también está dispuesta a comerle la verga al potro!
Estuve a punto de soltarla y sacarme la polla allí mismo. Esa mujer, aparentemente tímida y recatada, volvía a sorprenderme, acababa de decirme que me iba a comer la polla en su verborrea equina.
Eso ya fue demasiado, si no salíamos me la iba a follar allí mismo. Notaba como movía su pelvis intentando que nos dedos profundizarán más y pensé que era mejor dejarlo, de momento. Tenía el bañador tan abultado que si me tumbaba iba a parecer una tienda de campaña.
—Mejor salgamos. Vaya usted primero, ahora saldré yo!
Tenía que hacer que ese tronco de alabastro que tenía bajo mi bañador disminuyera como fuera, si Lucía me veía así podría sospechar que nos habíamos pasado jugando. Me puse a nadar como si estuviera compitiendo para intentar bajar la inflamación. Después de un par de largos salí y me senté junto a Lucía.
—Que pasa? Te aclaras de algo?
—Pues no, pero he encontrado un sitio en el pueblo que me lo pueden imprimir!
—Pues solucionado, noo!
—Creo que sí! Iré por la tarde!
—Que tal con mi madre? He notado que se reía bastante!
—Como tú dices, ha cambiado! Casi todo lo que le he propuesto lo ha aceptado y se lo ha pasado en grande!
—Como me alegro! Creo que necesita reírse y algo de cariño!
Tragué saliva al oír lo de ”algo de cariño“, creo que le había dado más de lo que su hija pensaba.
—Creo que está encantada con que hayamos venido, sobre todo tú! Me da que le agradas más de lo que suponía, jajaja! Habló de nuevo Lucía.
Yo seguía mudo, sin saber que decir. Ya no sabía si por mi cuerpo resbalaba el agua de la piscina o era sudor.
—Bueno, la verdad es que se lo ha pasado bien y no le ha importado que la agarrara del culo para montarla a caballo, jajaja! Reí yo para quitar hierro a esa frase cargada de veneno.
—Perdona, por lo de agarrarla del culo!
Dije de inmediato como para disculparme.
—Jajaja, no, no! Estoy encantada de que se lo pase bien, así estaremos todos mejor! Incluso podrías coquetear un poco, creo que necesita sentir que algún hombre se fije en ella para superar lo de mi padre y por aquí hay pocos, vamos, que solo estás tú, jajaja!
Río de nuevo totalmente agenda a mis pensamientos depravados.
—Y que pretendes que haga, que la corteje como un noble caballero de la edad media?
—No seas capullo! Tampoco es tan antigua, jajaja! Dile cosas bonitas, que está guapa, que la ves atractiva, algún roce involuntario, dale crema para el sol! Joder cosas de esas que nos gustan a las mujeres!
Una amplia sonrisa se dibujó en mi mente, Lucía me estaba facilitando esa cercanía a su madre sin que se mosqueara.
—Vale, vale! Pero luego no te pongas celosa si me la ligo! Intenté bromear.
Continúe con la broma.
—Jajaja, no seas gilipollas!
Río ella sin dar absoluto crédito a mis palabras.
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