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La Nueva Vida de Cristina (parte 3)

3. Hay Pozos Mas Profundos Que Otros.


Estuvimos mas de tres horas en ese café charlando esa tardecita que se hizo noche. Cristina me contó de otro tipo con el que estuvo por un tiempo, después de Martín el electricista. No estuvo mucho tiempo viéndose (en realidad llevándoselo a la casa). Me dijo no mas de tres meses, yo le creí.

De nuevo era un pibe menor que ella, me dijo de unos 28 años. Se llamaba Esteban y laburaba de repositor en un supermercado grande al que Cristina a veces iba. Uno se piensa como es que se entabla una relación cuando una persona va a comprar mermelada de durazno y no la encuentra. Como se pasa de eso a encamarse por tres meses. Cristina no me dió muchos detalles.

El pibe le gustó cuando lo vió una vez que fueron a supermercado, y como ya no se veía con el electricista hacía tiempo, le picaba bastante el bichito. Entablaron charla, una cosa llevó a la otra y se dió. Lo que si me dijo era que se había sentido no decepcionada con el pibe, pero como que se le fué rápido la calentura. No había sido, me dijo, como lo que tuvo con Martín el electricista que hasta la última vez que se vieron Cristina lo disfrutó. No. Como que a éste pibe se le había ido el lustre rápido. Quizás por eso, pensaba ella, no duraron mucho.

Luego de eso nos pusimos a charlar de otras cosas, también personales de ella, que no vienen al caso y no hacen mucho a ésta historia, por lo que no las voy a contar. No tienen mucho que ver. Ahí terminó nuestra reunión.

A Cristina le hizo bien esa charla y el haber podido contarle, confesarse si se quiere, con alguien de su confianza. Al final la noté mas relajada, mas liviana. Como que se había sacado el peso que llevaba encima. Por supuesto que no la juzgué, y eso fue lo correcto de hacer: no nos habíamos juntado para que yo le pasara juicio sobre lo que hizo, ni ella lo estaba buscando. Simplemente necesitaba ser escuchada y yo fui lo que tuve que ser. El amigo que la quiere y la escuchó. Nada mas.

Nos despedimos. Me dijo que había mas cosas para contar, yo me reí y le dije que por una noche y unos cafés me alcanzaba. Que con todo lo que me había contado ya tenía bastante yo en la cabeza, pero que no la juzgaba. Lo único que hice fue recordarle una vez mas el terrible lío en que se había metido, mas que nada pensando en Emiliano y su matrimonio. Lo que hizo (y estaba haciendo aún, según ella) no era para nada sostenible y en algún momento iba a saltar.

Después de eso no la volví a ver, ni saber de ella, por mas de un mes. No apareció en una reunión de amigos que hicimos, diciendo que no podía, que tenía otra cosa. También perdió el contacto mas o menos diario que teníamos en nuestro grupo de Whatsapp. No era extraño en si mismo; no es que estábamos todos hablando todo el dia, todos los días. A veces alguno no aparecía por varios días, pero la ausencia de Cristina, sabiendo lo que yo ya sabía, me resultó llamativa.

Com al mes y medio de aquel encuentro en el café la llamé para ver como andaba. Me atendió bien, la noté normal, como siempre. Me dijo que estuvo muy ocupada con cosas del trabajo. Le pregunté discretamente por su otro asunto y se rió. Me dijo que estaba bien con eso. Que ya me iba a contar cuando nos vieramos. Le dije de citarnos de nuevo para otro café, si quería, o lo que ella quisiera, si necesitaba hablar y descargarse. Me dijo que si, que me iba a avisar.

Y ahí quedó. Cristina desapareció de nuevo por otro mes, mas o menos. Puso un par de tonterías en el Whatsapp, y nada mas. Asi que esperé un tiempo prudencial y la volví a llamar, ya habían pasado mas de tres meses desde nuestra charla de café. Le dije de vernos de nuevo y aceptó.

Esa vez le dije que no me rompiera las bolas de irme para allá donde vivía ella, que ella se viniera para mi lado e íbamos a cenar por algún restaurancito de mi zona. Que la invitaba. Aceptó gustosa y quedamos para un viernes.

Cuando nos encontramos esa noche la noté bien. Nos sentamos, charlamos, pedimos la comida. Todo normal. Le pregunté por que había desaparecido éstos meses, ya casi tres. Al principio no me quería decir, pero como siempre la tuve que convencer. Finalmente ya de sobremesa, se largó y charlamos mas tranquilos del tema.

“Mirá, Murcie… la verdad es que encima de todos los temas de laburo del consultorio y eso, estuve teniendo problemas con… bueno, con lo otro. Vos sabés. Por eso estuve perdida”, me dijo.
“Con lo otro por parte de Emiliano? Saltó todo?”, le pregunté.
Me negó, “No, todavía no sabe. Podés creer. Dos años de ésto y ni se da cuenta. Increíble”, me dijo pero la noté como que le chupaba un huevo si el marido se daba cuenta a esa altura. O que si se enteraba y estallaba todo, también le vendría bien. Ese tipo de actitud.
“Que te pasó con lo otro?”
“Ufff… te tendría que contar la historieta desde un principio”, se rió.
“Y dale, bolas. Que tenemos que hacer? Nada. Te escucho.”

Sonrió suavemente, “Uh, bueh… a ver como te lo resumo… no sé hasta donde sabés, hasta donde te conté.”
“Me habías dicho lo del electricista y lo del pibe del supermercado”
Se rió, “Uh… bien atrás. Bueno, a ver. Después de ese pibe del super, que no duramos mucho, debo haber estado tres o cuatro meses sin hacer nada.”
“Dale.”
“No, en serio”, me dijo, “Cuando se cortó con Esteban me dije a mi misma, bueno ya está, ya me saqué las ganas, ya fué. Ya lo hice. Que se hubiese cortado tan rápido por ahí era una señal. Y la verdad en ese momento tampoco tenía ganas. Como que ya me las había sacado, viste.”
“Okey. Pero?”, me reí. Ella también.
“Pero bueno… no duré mucho yo tampoco”, me hizo una muequita con los labios, “Ya al segundo mes o algo así de ‘no hacer nada’ las ganas me volvieron. Igual aguanté, eh? Dos meses mas.”
“Uh, te felicito, bichi. Cuatro meses enteros sin cornear a tu marido. Empleada del mes”, me reí.
“Callate, forro…”, se rió.
“Entonces volviste a las andadas?”
“Y… si”, me dijo, “Como cuatro meses y medio despues de lo de Esteban conocí a un tipo. A través de Laura, una vez que me invitó a la casa que se juntaba con sus amigos. Te acordás de Laura?”
“Si, la agreta esa. Me acuerdo, estaba en el cumple ese que habías hecho en tu casa”, le dije, recordando a la amarga de la amiga.
“No es agreta. Es divina, Laura. Vos porque no te llevás bien con nadie”, se rió.

“Bueno, entonces el tipo éste nuevo?”
Cristina suspiró, “Uf… al principio bien, pero lentamente se me fué volviendo un gran problema. De hecho todavía me dura el problema al día de hoy…”
“Eh? Que pasó?”
Cristina se tomó un sorbito de café y arrancó, “Se llama Juan. El amigo de Laura. Lo conocí ahí en la reunión de ella. Charlamos, pegamos onda. Nos pasamos los números.”
“Sabía que estabas casada?”, le pregunté.
“Si. Y no le importó. El estaba casado también”
“Que lo parió, el club del adulterio…”, comenté.
“No seas malo.”
“No soy malo! Pero, boluda… cómo están on fire!”, me reí.
“Y si, que se yo…”, encogió los hombros, “La cuestión es que quedamos de vernos otro día. No se que le habrá dicho a la mujer, no pregunté. Pero nos vimos de nuevo. De nuevo, mucha onda esa noche.”
“Cómo es?”
“Es unos años menor que yo nada mas. Es programador en un estudio que hace cosas para afuera. Le va bien. Alto, flaco, linda carita… ya conociéndolo mejor me di cuenta que tenía un carácter un poco de mierda, pero conmigo siempre re bien.”
“Okey”
“En la cama también, muy bien”, se rió un poco tristemente, “Bueno esa noche de la segunda cita, Emiliano estaba en casa, sino le hubiese dicho de ir. En fin, terminamos en un telo. No toda la noche, pero un turno nos sacamos. La pasamos bien.”
“Hasta ahí no veo el problema”, le dije.
“No, hasta ahí todo bien”, asintió, “Esos primeros meses. Cuando podía arreglar que Emiliano no estuviera, se venía a casada y nos dabamos de lo lindo.”
“Aha. Te felicito”, le puse cara de orto.
Ella se rió, “No estoy fanfarroneando! Es la verdad! Querías que te cuente o no?”
“Si, si, dale…”



La Nueva Vida de Cristina (parte 3)


Cristina sonrió, “Me gustaba mucho coger con él. No hacía nada raro, era tranqui, pero cogía bien. Me gustaba mucho. Viste… darle placer. Que él me lo diera.”
“Y así volviste a las andadas”, le dije.
“Si. Me volví a sentir bien de nuevo. Descubrí que lo de la abstinencia no es para mí. O por lo menos, ya no.”
“Pero que es lo que te gusta, lo que te excita? El peligro de estar haciéndolo? El tema del adulterio?”, le pregunté.

Pensó un momento, “Puede ser. Pero es eso y mas. Claro que eso está siempre. Le pone una pizca de peligro que está bueno. Pero para mí es mas que eso, mucho mas.”
“Como qué?”
“Bueno, te lo dije la otra vez. Es como… como que me siento puta. Como una puta, digo. Saber que me junto con tipos así, que es sólo para coger. Sentirme recontra deseada. Me encanta.”, se rió.
“Bueno, hay mujeres que les gusta eso de sentirse puta. Íntimamente, por mas que no lo digan en voz alta. Hay de todo. Vos seguramente sos de esas”, le dije.
“Murcie, yo definitivamente soy de esas. Y pensar que lo descubrí tan tarde en mi vida”, se rió, “No es solamente el tema del adulterio, los cuernos y eso. Es lo que te dije… sentirse deseada. Que un tipo necesite sacarse las ganas conmigo. Que me use… no se si esa es la palabra, no se… pero, si, que se yo, que me use un poco. Yo lo recontra disfruto. No es una perversión.”, me miró.
“Nunca dije que lo fuera”, le respondí.
“No estoy en nada raro. Digo, perversiones sexuales y eso”, me aclaró.
Me encogí de hombros, “Y a mi me chuparía un huevo si estuvieras con eso. Lo que a uno lo calienta es lo que lo calienta y punto.”
“Claro. Vos entendés.”, me sonrió.
“Bueno y que mas con el tipo éste?”, le pregunté.

La vi que le cambió la cara un poco, “Mirá al principio re bien, pero después se fue desmoronando todo. Estuvimos varios meses viendonos, casi seis hasta que la corté yo”
“A la mierda, vos fuiste la que cortó el asunto?”, le pregunté un poco sorprendido.
Cristina asintió, “Si, ya no daba para mas. Para qué lo habré hecho…”
“Pero que pasaba?”
“Mirá, las dos primeras veces que tuvimos sexo, re bien. A la tercera ya empezó a perseguirse y empezó a ponerse forro y yo no quería… y ….”
La interrumpí, “Para, Cris… no está mal eso que hizo.”
“No digo que estuviera mal, pero no era lo que yo quería y buscaba”, me contestó.
“Vos querías así a lo guapo?”, me reí un poco.
“Claro. Era de las cosas que mas me calentaba de estar con tipos asi”, me dijo, “No es que no lo disfrutaba cuando se ponía forro, pero yo siempre sabía, tenía en la cabeza, que podría estar disfrutándolo mucho mas…”


esposa puta


“De nuevo, yo lo banco al tipo”, le dije honestamente, “Está bien que lo usara.”
Cristina me frunció las cejas, “Si, estará bien entre comillas. No digo que no. Pero no era lo que yo buscaba.”
“Que buscabas?”
“Buscaba … sentir a los tipos sin eso.”, me dijo.

Yo la miré, “O sea… me estás diciendo, sin decírmelo, que estabas buscando quedar embarazada de alguno.”
Me devolvió la mirada un rato largo hasta que finalmente me dijo bajito, “... si y no?”
“No, boluda, no hay ‘si y no’ en ésto. O quedás o no quedás. O lo estás buscando o no”, le repliqué.
“Uffff…”, protestó, “Bueno, por ahí si. Pero lo que digo es que no era sólo eso, el hecho de quedar. Yo quería también… no sé. La sensación mas linda, el contacto mas natural, el peligro, todo eso. Si quedaba embarazada era un bonus.”

La miré, “Vos te das cuenta que estás re loca, no?”, me reí para suavizar lo que le estaba diciendo, que era cierto.
Ella también sonrió, “Si, Murcie, pero ufff… cada loca con su tema, no?”
“Porque está perfecto que el tipo se quisiera cuidar, mas aún sabiendo que estaba casado también”, le dije, “Es lo más lógico.”
Cristina asintió, “Si, de hecho era lo que él me decía. Que por eso se lo ponía, no por otra cosa. Estaba muy perseguido con ese asunto. Pero bueno, esa fue la primera. La primera de muchas cosas que me empezaron a joder y a arruinar todo.”

“Que mas pasó?”, le pregunté.
“Nada. De todo. Cada vez que nos veíamos se ponía mas cargoso.”
“En que sentido?”
“En el sentido que empezaba conque me quería, que me amaba, que quería que yo largara a Emiliano y el largaba a su mujer… se metejoneó mal el tipo. Y a mi me daba mucha mala espina todo eso.”
“Entiendo…”, asentí.
“Murcie, yo solamente quería coger. Nada mas. No estaba buscando enamorarme de nadie, un nuevo proyecto de vida… nada.. Pero se vé que lo fleché o algo asi. Se ponía bastante mal el tipo cuando yo le decía que no quería saber nada de eso.”
“El quería mucho mas, vos no…”
“Claro”, me dijo, “Pero se pasaba de rosca… se volvió obsesivo. Me cagaba a mensajes todo el dia, a ver que hacía, con quien estaba, si quería encontrarme con el, que me quería ver… toda esa historia.”
“Complicado. Bah, digo, complicado en el sentido que no era compatible con lo que vos querías”, le dije, “Por ahí si vos estabas buscando eso también hubiese sido genial, si el tipo te gustaba.”
“Si, puede ser…”, me contestó, “Al final, pasaron meses viste, que nos veíamos, sexo, todo bien. Pero siempre estaba ese tema y su comportamiento. Cada vez peor. Hasta que un dia le dije que ya fue, que no quería saber mas nada. Que todo bien, la pasé bien, gracias, pero hasta acá llegaba yo.”
“Y cómo se lo tomó?”, le pregunté.

Cristina sorbió un poco de la gaseosa que le quedaba y me miró, “Como el orto, Murcie. Se puso peor.”
“Peor cómo?”
“Como que me empezó a stalkear mal. Por teléfono y en persona. A veces caía en el consultorio y por suerte como Lilita es la que atiende la puerta siempre le decía que yo no estaba. Nunca se animó a ir a tocar el timbre a casa, por suerte, pero me seguía. Un horror.”, me dijo.
“Uf, pesado en serio.”
“Si…”, suspiró tristemente, “De hecho sigo con ese tema. Ahora aflojó bastante por suerte, pero me sigue mandando mensajes de vez en cuando, que me quiere ver, todo eso.”
“Y por que no lo bloqueas?”, le pregunté.
“Porque la verdad tengo miedo que si lo bloqueo se ponga peor y se aparezca en casa, o se plante en el consultorio hasta que yo lo vea o que se yo que es capaz de hacer”, me dijo.
“Está bien, pero no es sustentable ésta situación”
“Y no. Por eso te dije que estaba con problemas”
“No podés estar constantemente lidiando con ésto”, le dije.
“No, ya sé que no. Igual….”

La vi que se quedó callada y miró para afuera, a la calle, por la ventana.
“Igual que?”, le pregunté. Nada. Seguía callada. “Eu… nena….”, le llamé la atención.

Me miró y me dijo suave, “Pasaron cosas desde ese entonces, Murcie.”
“No me asustes”, le dije, “Que cosas?”
Ahí fue cuando me sonrió dulcemente, “No, tranqui. Cosas lindas. Cosas hermosas. Conocí a alguien mas.”
“Alguien mas? Quien?”
“No importa quien. Pero hace ya cinco meses que nos estamos viendo.”, seguía sonriendo. Esa sonrisita ya la conocía.

Era la sonrisita de una mujer enamorada.

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