Un día estaba con Sebastián, miamigo, tomando una cerveza, cuando me dijo: "Oye, francisco, sé que túeres bueno en artes, ¿puedes ayudar a mi hermana pequeña?". Pronto ira ala uni y necesita ayuda”.
“Sí, podría hacerlo”, respondí, “pero no gratis”. Y hice con lamano el gesto de dinero.
“¿Cuánto quieres por hora?”, preguntó él.
“100 por hora”, dije, “y solo porque es tu hermana”.
“Está bien, hablo con mis padres y te aviso”. Después seguimoscon lo nuestro.
Un par de días después nos volvimos a encontrar. Después decharlar un rato me dijo: “Mis padres están de acuerdo con 100 $ la hora. Ellosme dijeron que te dijera si podrías dar las clases durante esos tres meses,tres veces por semana. ¿Puedes?"
Lo miré y dije: “Martes y jueves a partir de las 18.00, sábadosa partir de las 14.00. ¿Está bien?
Sebastián asintió, pero levantando el dedo me dijo: „¡Y manosfuera de mi hermanita, claro!“
Le miré sonriendo y le dije: “Claro, por supuesto. Tranquilo,hombre…“.
El martes, justo después del trabajo, fui a la casa de lospadres de Sebastian. Lisa abrió la puerta.
„Hola, Francisco, pasa“, dijo ella abriendo la puerta para quepudiera entrar.
„Hola, Lisa“, conteste mirándola.
Lisa tenía 18 años, medía 165 cm, tenía el pelo largo y rubioondulado y bastante largo. Pero no tenía mucho de sexy. Poco culo, pequeñossenos y además se parecía bastante a Sebastián.
Seguí a Lisa a su habitación. No estaba realmente ordenado, perolas cosas de arte ya estaban listas. Cuando la hora pasó, me entregó los 100 $y me marché.
El jueves llega a la misma hora. Lisa abrió la puerta y fuimos asu habitación. Nada más empezar las clases, sonó el timbre. Ella se disculpó ydijo: „Casi se me olvida. Marisa, mi amiga también quiere que la ayudes, ¿teimportaría?”
“No, está bien”, dije yo. LisaM fue a abrir. Al cabo de un ratollegó con Marisa. Marisa se acercó a mí, me dio la mano y dijo: “Hola, soyMarisa, gracias por dejarme quedar”. Me quedé boquiabierto y tuve querecomponerme. Marisa medía casi 1,80 m, tenía unos ojos marrones preciosos,llevaba un corte de pelo corto castaño y tenía un cuerpo de ensueño. Buenbusto, realmente muy atractivo y un trasero firme. Estaba vestida de maneradeportiva, con jeans, una blusa elegante, un chaleco pequeño encima, peroabierto.
“Hola, soy Francisco”, balbuceé.
Repasamos otro capítulo de arte y también les di a las dos unosejercicios, para poder ver si habían comprendido el tema. Cuando terminamos lahora, Marisa me dio las gracias de nuevo diciendo: “¿Sabes?”, me dijo, “yarepetí curso por culpa de la maldita clase y ahora tengo que aprobar el examensin falta. Espero que con tu ayuda lo consiga.
“Hm, entiendo”, dije, “Tranquila, lo conseguiremos. El sábadonos vemos”.
El sábado llegué como habíamos quedado a las 14.00. Las dos yaestaban sentadas en la habitación mirando sus tareas.
Nada más entrar, Lisa dijo: “Mira, Marisa tiene un ejercicio completamente diferente a la mía. “Ajá, vamosa ver”. Lisa lo había hecho correctamente; Marisa, no.
Marisa era un caso más difícil, pero ella estaba mucho más buenaque Lisa y no era la hermana de Sebastián. ¡Realmente mucho mas buena!
Cuando acabamos, me pregunto: “Francisco, ¿te importaríallevarme a casa? Los sábados los autobuses funcionan tan mal”.
“No hay problema. Durante el trayecto podemos hablar sobre tumiedo a al arte”.
Una vez de camino me dijo: “Cuando tú lo explicas parece tansencillo, pero yo no lo entiendo. ¿Podrías ayudarme con el tema de hoy en casa?Te pagaré”.
“Bueno, pero a las 19.00 tengo que irme, he quedado con el grupode amigos”. Marisa asintió.
Cuando entramos, ella gritó “Mamá, traje al tutor conmigo. Me vaa ayudar a entender el nuevo tema”. Su madre salió de la cocina, me sonrió ydijo: “Ah, tú eres Francisco, Marisa ya me haHablado de ti. Yo soy Conchi.¿Quieren algo de beber o les preparo algo de comer?” Marisa y yo negamos con lacabeza y nos dirigimos a su cuarto.
Marisa y yo discutimos ypracticamos el material desde el principio. Oh, de repente pareció entenderlo.Ella se levantó de un salto de alegría y me dio un beso en la mejilla. Tuve quereírme.
“Bueno, son ya las 19.00, tengo que irme ya”, le dije sonriendo.
“¿Dónde iras?, preguntó Marisa.
“En el Bar Celona", un pub para estudiantes. Ella asintió yme despedí.
Cuando estábamos en el pub, Sebastián me dijo: „Oye, gracias. Mihermana está encantada; parece ser que eres un genio en el arte. Pero recuerda,nada de tocar a mi hermanita”.
„Está bien tranquilo, hermano“. Tráeme una cerveza sin alcohol,anda“. Charlamos, escuchamos la música genial y miramos a las chicas bailar.
Ya eran pasadas las 21.00 cuando de repente apareció Marisa. Seme acercó y dijo riendo: „Qué casualidad encontrarnos aquí“.
„¿Casualidad?“, dije con una sonrisa maligna. „Te lo dije en tucasa que los sábados mis amigos y yo nos encontramos aquí“.
„¿Sí?, No me acordaba“. Mintió descaradamente.
Yo, mirándola fijamente, le pregunté: "¿Quieres algo debeber?". Ella asintió y se acercó a mi oído, porque la música estaba muyalta.
„Sí, lo que tú pidas“, respondió.
„Yo tomo cerveza sin alcohol“, dije sonriendo.
„Yo también tomaré eso“, dijo mientras tocaba suavemente con suslabios mi lóbulo de la oreja. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Fui por lasbebidas y regresé.
Mis amigos estaban bailando o charlando con chicas, así queMarisa y yo estábamos sin ser molestados. Intentamos conversar, pero con elvolumen del lugar no era realmente posible, así que tomamos nuestros botellinesy salimos a la puerta para hablar un poco afuera. Ella me elogió una vez másporque podía explicar muy bien y porque había encontrado exactamente la maneracorrecta de hacer que lo entendiera.
Yo la miraba atentamente. Esas pocas pecas en su rostro, suslabios ligeramente pintados, sus ojos se veían diferentes a como esta tarde, dealguna manera más oscuros y misteriosos. Hablamos y hablamos, reímos y yo meestaba completamente enamorado. Alrededor de las 23:30, dijo que tenía queirse. Yo de repente le pregunté: “¿Quieres que te lleve?”. Ella bajó la vista,avergonzada.
“Si no te molesta, con gusto”, contesto dulcemente.
Al llegar a su casa, dijo e hizo algo que me agradó mucho:„Gracias por la bonita noche. Me gustó mucho estar contigo”. Luego se inclinóhacia mí y me besó tiernamente en los labios. Yo correspondí a su beso conbastante cuidado y luego nos abrazamos y nos besamos apasionadamente. Miexcitación crecía y quise tocarla, pero ella me empujó hacia atrás y dijo conuna voz dulce: „No tan rápido. Además, tengo que ir a casa. Nos vemos elmartes”.
Me costó esperar. El martes a las 18:00 llegué. Lisa estabasola. La miré y le pregunté lo más indiferente posible: „No viene Marisa hoy?“
„No“, dijo Lisa, „me dijo que tiene fuertes dolores. Cosas demujeres.
„Bueno, entonces seguimos y tú le explicas el tema después“,dije algo triste. Lisa asintió y comenzamos.
El jueves, cuando llegó Marisa, LisaMarie ya estaba esperando.Yo realmente me esforcé mucho por concentrarme y manejar el material.
Una vez acabados, le pregunté a Marisa: „¿Quieres que te lleve?“
"No, hoy no puedo, ha quedado con mi madre; las doscantamos en el coro de la iglesia y vendrá a buscarme", contestó ella.
„Ah, entiendo“, respondí. „Entonces hasta el sábado. Ella melanzó un beso con la mano.
Esos ojos y esa sonrisa me dejaban sin sentido. Solo necesitabamirarla, y ya me sentía excitado y emocionado. El sábado fue normal. Después delas clases, lleve a Marisa a casa. Cuando llegamos, me pidió pasar.
Cuando la puerta principal se cerró, me rodeó con los brazos yme besó hasta que quedamos sin aliento.
„Te tenía tanto deseo“, dijo y me volvió a besar.
Nos sentamos en su cama y la acaricié con ternura en la espalday la besé con entusiasmo, una mano avanzando hacia sus pechos. Ella gimió ypude sentir sus pezones duros a través de la camiseta. Poco a poco fui subiendola camiseta, hasta que finalmente tuve sus magníficos, y realmente preciosos,pechos frente a mis ojos.
Tuve que tragar. Sus pechos estaban calientes. Ella me sonreía yme besaba una y otra vez. Luego su mano bajó lentamente hasta mi entrepierna yacarició suavemente el bulto en mis pantalones. Estaba a punto de quitarle lacamiseta completamente cuando oímos la puerta principal abrirse.
“¡Mis padres!”. Marisa se levantó de un salto y se bajó lacamiseta.
“Huhu, estamos de vuelta”, llamó su madre y continuó: “Marisa,¿de quién es el coche negro que hay delante de la casa?”.
“Es de Francisco, me está ayudando con la clase otra vez”. Enese momento su madre asomó la cabeza por la puerta.
“Hola, Francisco”, me hizo un gesto con la cabeza.
Me quedé educadamente detrás de Marisa, a la distancia correspondiente,y con un gráfico en el libro. Su madre estaba satisfecha. En ese mismo momentosu padre asomó la cabeza por la puerta.
“Hola, soy Pedro, el papá de Marisa”, y me dio la mano.
“Hola, señor”, respondí tranquilo.
“¿tardan mucho todavia?”, pregunto.
“Sí, estamos practicando una ecuación nueva. “Todavía llevará unpoco de tiempo”, contesté.
Pedro me guiñó un ojo y señaló a su hija. “Caso difícil”.
Una vez que acabamos, Marisa me preguntó: “¿Hoy también tienesencuentro con tus amigos?”.
“No, hoy quiero dar un paseo contigo”, le dije.
“Eso suena muy lindo”, contesto besándome. “Baja con mis padresmientras me cambio.
Salimos y fuimos a un McDrive. Pedimos y nos fuimos a un lugarapartado. Después de comer empezamos a besarnos con entusiasmo.
Marisa llevaba una camiseta puesta, pero se podía ver que nollevaba nada debajo.
Deslicé la camiseta hacia arriba, la saqué con mucha ternura yle acaricié los pechos. Sus pezones se endurecieron y se levantaron. Surespiración era rápida. Eché los asientos hacia atrás, le desabroché losvaqueros y, besándola, metí mi mano en su entrepierna. Eran casi las 22.00 yestaba casi completamente oscuro.
La vulva cálida y suave se extendió hacia mí. Poco a poco paséun dedo por su clítoris y luego hacia la entrada. Marisa respiraba a ráfagas delo excitada que estaba. Luego mi dedo la penetró muy despacio, como en cámaralenta. Ella jadeaba y gemía, mientras yo chupaba sus pezones.
“¡Creo que voy a correrme!”, gimió en mi oído. Luego seestremeció, tembló y gimió alto.
“Aaahhh, Dios… Eso fue maravilloso…”, susurró Marisa, mirandohacia afuera, esperando que nadie nos viera. Miré alrededor. Estábamos solos.
Marisa tuvo que reírse. Yo también. Después de besarnos denuevo, le dije: “Ahora te toca a ti”.
Ella puso el respaldo del asiento en posición vertical y yo mequedé tumbado.
Me bajo la cremallera del pantalón y me saco mi polla rígida. Latomo en su mano y empezó a moverla despacio hacia arriba y abajo.
Al cabo de unos minutos le murmuré: “También puedes meterlo enla boca y chuparlo si te gusta”.
Ella, sin vacilar, lo hizo. Abrió su boca, se la introdujo yempezó a mamarla. Me di cuenta de que le gustaba, pues estaba emocionada.
Era genial. Podía sentir su corazón latiendo en la lengua. Laimagen frente a mis ojos era simplemente demasiado hermosa; su boca encerrabami polla dura, sus grandes tetas se movían ligeramente y pasaba la mano conmucho cuidado por mis testículos.
“Marisa, me voy a correr”. Ella me miró con curiosidad, sacó mipolla de su boca, pero siguió.masturbarme.
De repente la grité: “Marisa, me bieneeee”. Su mano subió y bajómás rápido y yo le eyaculé lacarga en la cara, cuello y pechos. Ella no parabahasta que con una sonrisa le dije: “Para, ¿qué vas a dejar seco?”. “Oh,perdona, no me di cuenta”, dijo y luego me besó el glande. Nos limpiamos y nosvestimos de nuevo.
Se acercó, me besó y me dijo: "Es la primera vez que hagoesto y me ha gustado mucho. Eres muy tierno y cuidadoso”.
Después la llevé a casa, feliz y satisfecho. Al despedirse dijo:“Nos vemos el martes”. El martes después de las clases me dijo que hoy no podíallevarla a casa; su madre había quedado con ella para ir de compras.
El jueves tenía que ir con su madre al coro después de lasclases. Malas noticias, pensé, entonces me dijo mirándome dulcemente: “Pero elsábado, quiero verte y también tengo una sorpresa para ti”.
El sábado fuimos entonces de Lisa directamente a su casa. Apenasse cerró la puerta, ya me abrazó. Estoy loca por ti, he sentido tanta ansia porti durante toda la semana. Asentí y le dije que a mí me pasaba lo mismo y labesé apasionadamente otra vez.
“¿Sabes qué?”, me susurró, mis padres estarán de paseo todo elfin de semana.
¡¿Qué?!”, exclamé radiante.“Sí, y podemos hacer lo quequeramos”. Me besó de nuevo con pasión y me llevó a su habitación. Una vez allíme dijo: “Tengo que contarte algo. Hablé con mi madre y le conté sobre ti ysobre mí. Ella me dijo que era normal y natural, pero que debía ir alginecólogo y que me recetara la píldora. Y lo hice”.
De alguna manera me daba vergüenza que Marisa hablara tanabiertamente de nosotros con su madre.
Pero qué demonios, pensé, y no pude hacer más, porque Marisa sehabía desnudado y estaba a punto de desnudarme a mí. Una vez que estuvimosdesnudos, nos echamos sobre la cama. Mi miembro ya estaba erguido y palpitando.Marisa se tumbó encima de mí y apretó mi polla dura con los muslos. Podíasentir claramente su excitación; su coño ya estaba caliente y mojado.
Ella me miró y habló: "Mamá me dijo que la primera vez es mejorque yo controle cómo me penetras”.
“¿Cómo?”, le dije aturdido, “¿Hablaste de eso con tu madre?”
“Sí, claro, ¿crees que no sabe que alguna vez lo haríamos?”,dijo sonriendo.
“Hm, vale”, asentí. Pero estaba demasiado emocionado para seguirpensando en ello.
Ella se levantó algo, tomó mi dura polla en su mano, la dirigióa su vagina, la frotó brevemente entre sus labios y luego se dejó caerlentamente sobre mi miembro duro. Mi glande penetró muy despacio en suplacentera gruta.
De repente, Marisa hizo una mueca, respiró con dificultad ysentí resistencia. Aumentó un poco más la presión y muy despacio se metió mipolla. Finalmente desapareció por completo dentro de ella.
Ella se inclinó hacia adelante sin moverse y me susurró: “Estafue la sorpresa que tenía para ti”. Me besó con entusiasmo. Metió su lengua enmi boca y nos besamos violentamente.
Sin aliento, la miré, luego tomé sus pechos con ambas manos yacaricié suavemente sus pezones, que se irguieron rápidamente. Miré hacia abajomientras ella se levantaba despacito. Mi polla estaba manchada con algo desangre.
“Esta fue mi virginidad”, me murmuró, “un regalo mío, solo parati”. Me enderecé un poco y la besé de nuevo, susurrándole: “Gracias, mi amor,eres un ángel”.
Ahora se movía lentamente arriba y abajo. Sentí cómo se letensaban los músculos vaginales. Cada vez galopaba sobre mí más rápido,gimiendo y gritando de placer. “Siii… esto es lindooo… Creo que me va a venir…SSSiiiii… creo que me vieneeee…” Sus músculos se contrajeron y un temblorrecorrió su maravilloso cuerpo. Eso fue demasiado para mí y me vacié en sucuerpo. Marisa se quedó encima de mí y descansamos y nos besamos, notando cómosus músculos se tensaban una y otra vez alrededor de mi polla. Al principiopensé que no podría, pero con sus movimientos, volvió a hincharse.
Marisa me miró y dijo: “Oh, se está poniendo dura otra vez”. Yempezó a subir y bajar sobre mí.
Sus magníficos pechos, delante de mis ojos, se movían al ritmo.
No sé cuánto tiempo estuvo metiéndose mi polla en su cuerpo cadavez más salvajemente y rápido, pero
De repente su cuerpo volvió a temblar y el temblor recorrió sucuerpo más fuerte que la primera vez.
Gritando “Meeeeee vieneeeeeeee… dios, me viene…”. Un líquidoespeso salió de su vagina.
“Diossss… esto es genial”. Se estremecía y se revolvía en lacama. Finalmente, sus espasmos cesaron y se levantó, se dejó caer a mi lado yme dijo: “Gracias, fuiste maravilloso… te quiero”. Luego apoyó la cabeza en mipecho y miró hacia abajo.
Se dio cuenta de que yo aún no había venido y que mi pollaseguía rígida y palpitando. Su mano bajó lentamente y masajeó suavemente mierección. Más firme, más fuerte y más rápido, su mano se movió arriba y abajo.
“Ahora…”, grité eyaculando. La primera carga ya estaba en suestómago y en su cara. Una y otra vez mi leche salía sin parar.
“No para en absoluto”, me dijo asombrada.
“Es tu culpa, me pones tan cachondo que no hay manera de quepare”. Le dije, completamente agotado. Por fin llegué al final y ella giró sucara decorada con mi semen y me besó con ternura.
“Te quiero y amo todo lo que sea de ti”. Me dijo.
“Yo también te quiero”, le dije y nos quedamos dormidos.Teníamos que descansar.
Follamos todo el domingo, en posiciones distintas y en distintossitios como en la ducha y en la cocina. Marisa era insaciable; una y otra veztomaba mi polla con la mano, o la tomaba con cuidado en la boca. El caso eraque se endureciera para poder follar. Por la tarde le dije sonriendo: “Tuspadres estarán a punto de llegar, mejor me voy. Y además no puedo más, me hasconsumido”.
Ella se rio y nos despedimos. En el momento en que abría lapuerta, llegaban sus padres. Les saludé y conduje hasta mi casa.
Lo que luego pasó lo contaré en otro momento.
“Sí, podría hacerlo”, respondí, “pero no gratis”. Y hice con lamano el gesto de dinero.
“¿Cuánto quieres por hora?”, preguntó él.
“100 por hora”, dije, “y solo porque es tu hermana”.
“Está bien, hablo con mis padres y te aviso”. Después seguimoscon lo nuestro.
Un par de días después nos volvimos a encontrar. Después decharlar un rato me dijo: “Mis padres están de acuerdo con 100 $ la hora. Ellosme dijeron que te dijera si podrías dar las clases durante esos tres meses,tres veces por semana. ¿Puedes?"
Lo miré y dije: “Martes y jueves a partir de las 18.00, sábadosa partir de las 14.00. ¿Está bien?
Sebastián asintió, pero levantando el dedo me dijo: „¡Y manosfuera de mi hermanita, claro!“
Le miré sonriendo y le dije: “Claro, por supuesto. Tranquilo,hombre…“.
El martes, justo después del trabajo, fui a la casa de lospadres de Sebastian. Lisa abrió la puerta.
„Hola, Francisco, pasa“, dijo ella abriendo la puerta para quepudiera entrar.
„Hola, Lisa“, conteste mirándola.
Lisa tenía 18 años, medía 165 cm, tenía el pelo largo y rubioondulado y bastante largo. Pero no tenía mucho de sexy. Poco culo, pequeñossenos y además se parecía bastante a Sebastián.
Seguí a Lisa a su habitación. No estaba realmente ordenado, perolas cosas de arte ya estaban listas. Cuando la hora pasó, me entregó los 100 $y me marché.
El jueves llega a la misma hora. Lisa abrió la puerta y fuimos asu habitación. Nada más empezar las clases, sonó el timbre. Ella se disculpó ydijo: „Casi se me olvida. Marisa, mi amiga también quiere que la ayudes, ¿teimportaría?”
“No, está bien”, dije yo. LisaM fue a abrir. Al cabo de un ratollegó con Marisa. Marisa se acercó a mí, me dio la mano y dijo: “Hola, soyMarisa, gracias por dejarme quedar”. Me quedé boquiabierto y tuve querecomponerme. Marisa medía casi 1,80 m, tenía unos ojos marrones preciosos,llevaba un corte de pelo corto castaño y tenía un cuerpo de ensueño. Buenbusto, realmente muy atractivo y un trasero firme. Estaba vestida de maneradeportiva, con jeans, una blusa elegante, un chaleco pequeño encima, peroabierto.
“Hola, soy Francisco”, balbuceé.
Repasamos otro capítulo de arte y también les di a las dos unosejercicios, para poder ver si habían comprendido el tema. Cuando terminamos lahora, Marisa me dio las gracias de nuevo diciendo: “¿Sabes?”, me dijo, “yarepetí curso por culpa de la maldita clase y ahora tengo que aprobar el examensin falta. Espero que con tu ayuda lo consiga.
“Hm, entiendo”, dije, “Tranquila, lo conseguiremos. El sábadonos vemos”.
El sábado llegué como habíamos quedado a las 14.00. Las dos yaestaban sentadas en la habitación mirando sus tareas.
Nada más entrar, Lisa dijo: “Mira, Marisa tiene un ejercicio completamente diferente a la mía. “Ajá, vamosa ver”. Lisa lo había hecho correctamente; Marisa, no.
Marisa era un caso más difícil, pero ella estaba mucho más buenaque Lisa y no era la hermana de Sebastián. ¡Realmente mucho mas buena!
Cuando acabamos, me pregunto: “Francisco, ¿te importaríallevarme a casa? Los sábados los autobuses funcionan tan mal”.
“No hay problema. Durante el trayecto podemos hablar sobre tumiedo a al arte”.
Una vez de camino me dijo: “Cuando tú lo explicas parece tansencillo, pero yo no lo entiendo. ¿Podrías ayudarme con el tema de hoy en casa?Te pagaré”.
“Bueno, pero a las 19.00 tengo que irme, he quedado con el grupode amigos”. Marisa asintió.
Cuando entramos, ella gritó “Mamá, traje al tutor conmigo. Me vaa ayudar a entender el nuevo tema”. Su madre salió de la cocina, me sonrió ydijo: “Ah, tú eres Francisco, Marisa ya me haHablado de ti. Yo soy Conchi.¿Quieren algo de beber o les preparo algo de comer?” Marisa y yo negamos con lacabeza y nos dirigimos a su cuarto.
Marisa y yo discutimos ypracticamos el material desde el principio. Oh, de repente pareció entenderlo.Ella se levantó de un salto de alegría y me dio un beso en la mejilla. Tuve quereírme.
“Bueno, son ya las 19.00, tengo que irme ya”, le dije sonriendo.
“¿Dónde iras?, preguntó Marisa.
“En el Bar Celona", un pub para estudiantes. Ella asintió yme despedí.
Cuando estábamos en el pub, Sebastián me dijo: „Oye, gracias. Mihermana está encantada; parece ser que eres un genio en el arte. Pero recuerda,nada de tocar a mi hermanita”.
„Está bien tranquilo, hermano“. Tráeme una cerveza sin alcohol,anda“. Charlamos, escuchamos la música genial y miramos a las chicas bailar.
Ya eran pasadas las 21.00 cuando de repente apareció Marisa. Seme acercó y dijo riendo: „Qué casualidad encontrarnos aquí“.
„¿Casualidad?“, dije con una sonrisa maligna. „Te lo dije en tucasa que los sábados mis amigos y yo nos encontramos aquí“.
„¿Sí?, No me acordaba“. Mintió descaradamente.
Yo, mirándola fijamente, le pregunté: "¿Quieres algo debeber?". Ella asintió y se acercó a mi oído, porque la música estaba muyalta.
„Sí, lo que tú pidas“, respondió.
„Yo tomo cerveza sin alcohol“, dije sonriendo.
„Yo también tomaré eso“, dijo mientras tocaba suavemente con suslabios mi lóbulo de la oreja. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Fui por lasbebidas y regresé.
Mis amigos estaban bailando o charlando con chicas, así queMarisa y yo estábamos sin ser molestados. Intentamos conversar, pero con elvolumen del lugar no era realmente posible, así que tomamos nuestros botellinesy salimos a la puerta para hablar un poco afuera. Ella me elogió una vez másporque podía explicar muy bien y porque había encontrado exactamente la maneracorrecta de hacer que lo entendiera.
Yo la miraba atentamente. Esas pocas pecas en su rostro, suslabios ligeramente pintados, sus ojos se veían diferentes a como esta tarde, dealguna manera más oscuros y misteriosos. Hablamos y hablamos, reímos y yo meestaba completamente enamorado. Alrededor de las 23:30, dijo que tenía queirse. Yo de repente le pregunté: “¿Quieres que te lleve?”. Ella bajó la vista,avergonzada.
“Si no te molesta, con gusto”, contesto dulcemente.
Al llegar a su casa, dijo e hizo algo que me agradó mucho:„Gracias por la bonita noche. Me gustó mucho estar contigo”. Luego se inclinóhacia mí y me besó tiernamente en los labios. Yo correspondí a su beso conbastante cuidado y luego nos abrazamos y nos besamos apasionadamente. Miexcitación crecía y quise tocarla, pero ella me empujó hacia atrás y dijo conuna voz dulce: „No tan rápido. Además, tengo que ir a casa. Nos vemos elmartes”.
Me costó esperar. El martes a las 18:00 llegué. Lisa estabasola. La miré y le pregunté lo más indiferente posible: „No viene Marisa hoy?“
„No“, dijo Lisa, „me dijo que tiene fuertes dolores. Cosas demujeres.
„Bueno, entonces seguimos y tú le explicas el tema después“,dije algo triste. Lisa asintió y comenzamos.
El jueves, cuando llegó Marisa, LisaMarie ya estaba esperando.Yo realmente me esforcé mucho por concentrarme y manejar el material.
Una vez acabados, le pregunté a Marisa: „¿Quieres que te lleve?“
"No, hoy no puedo, ha quedado con mi madre; las doscantamos en el coro de la iglesia y vendrá a buscarme", contestó ella.
„Ah, entiendo“, respondí. „Entonces hasta el sábado. Ella melanzó un beso con la mano.
Esos ojos y esa sonrisa me dejaban sin sentido. Solo necesitabamirarla, y ya me sentía excitado y emocionado. El sábado fue normal. Después delas clases, lleve a Marisa a casa. Cuando llegamos, me pidió pasar.
Cuando la puerta principal se cerró, me rodeó con los brazos yme besó hasta que quedamos sin aliento.
„Te tenía tanto deseo“, dijo y me volvió a besar.
Nos sentamos en su cama y la acaricié con ternura en la espalday la besé con entusiasmo, una mano avanzando hacia sus pechos. Ella gimió ypude sentir sus pezones duros a través de la camiseta. Poco a poco fui subiendola camiseta, hasta que finalmente tuve sus magníficos, y realmente preciosos,pechos frente a mis ojos.
Tuve que tragar. Sus pechos estaban calientes. Ella me sonreía yme besaba una y otra vez. Luego su mano bajó lentamente hasta mi entrepierna yacarició suavemente el bulto en mis pantalones. Estaba a punto de quitarle lacamiseta completamente cuando oímos la puerta principal abrirse.
“¡Mis padres!”. Marisa se levantó de un salto y se bajó lacamiseta.
“Huhu, estamos de vuelta”, llamó su madre y continuó: “Marisa,¿de quién es el coche negro que hay delante de la casa?”.
“Es de Francisco, me está ayudando con la clase otra vez”. Enese momento su madre asomó la cabeza por la puerta.
“Hola, Francisco”, me hizo un gesto con la cabeza.
Me quedé educadamente detrás de Marisa, a la distancia correspondiente,y con un gráfico en el libro. Su madre estaba satisfecha. En ese mismo momentosu padre asomó la cabeza por la puerta.
“Hola, soy Pedro, el papá de Marisa”, y me dio la mano.
“Hola, señor”, respondí tranquilo.
“¿tardan mucho todavia?”, pregunto.
“Sí, estamos practicando una ecuación nueva. “Todavía llevará unpoco de tiempo”, contesté.
Pedro me guiñó un ojo y señaló a su hija. “Caso difícil”.
Una vez que acabamos, Marisa me preguntó: “¿Hoy también tienesencuentro con tus amigos?”.
“No, hoy quiero dar un paseo contigo”, le dije.
“Eso suena muy lindo”, contesto besándome. “Baja con mis padresmientras me cambio.
Salimos y fuimos a un McDrive. Pedimos y nos fuimos a un lugarapartado. Después de comer empezamos a besarnos con entusiasmo.
Marisa llevaba una camiseta puesta, pero se podía ver que nollevaba nada debajo.
Deslicé la camiseta hacia arriba, la saqué con mucha ternura yle acaricié los pechos. Sus pezones se endurecieron y se levantaron. Surespiración era rápida. Eché los asientos hacia atrás, le desabroché losvaqueros y, besándola, metí mi mano en su entrepierna. Eran casi las 22.00 yestaba casi completamente oscuro.
La vulva cálida y suave se extendió hacia mí. Poco a poco paséun dedo por su clítoris y luego hacia la entrada. Marisa respiraba a ráfagas delo excitada que estaba. Luego mi dedo la penetró muy despacio, como en cámaralenta. Ella jadeaba y gemía, mientras yo chupaba sus pezones.
“¡Creo que voy a correrme!”, gimió en mi oído. Luego seestremeció, tembló y gimió alto.
“Aaahhh, Dios… Eso fue maravilloso…”, susurró Marisa, mirandohacia afuera, esperando que nadie nos viera. Miré alrededor. Estábamos solos.
Marisa tuvo que reírse. Yo también. Después de besarnos denuevo, le dije: “Ahora te toca a ti”.
Ella puso el respaldo del asiento en posición vertical y yo mequedé tumbado.
Me bajo la cremallera del pantalón y me saco mi polla rígida. Latomo en su mano y empezó a moverla despacio hacia arriba y abajo.
Al cabo de unos minutos le murmuré: “También puedes meterlo enla boca y chuparlo si te gusta”.
Ella, sin vacilar, lo hizo. Abrió su boca, se la introdujo yempezó a mamarla. Me di cuenta de que le gustaba, pues estaba emocionada.
Era genial. Podía sentir su corazón latiendo en la lengua. Laimagen frente a mis ojos era simplemente demasiado hermosa; su boca encerrabami polla dura, sus grandes tetas se movían ligeramente y pasaba la mano conmucho cuidado por mis testículos.
“Marisa, me voy a correr”. Ella me miró con curiosidad, sacó mipolla de su boca, pero siguió.masturbarme.
De repente la grité: “Marisa, me bieneeee”. Su mano subió y bajómás rápido y yo le eyaculé lacarga en la cara, cuello y pechos. Ella no parabahasta que con una sonrisa le dije: “Para, ¿qué vas a dejar seco?”. “Oh,perdona, no me di cuenta”, dijo y luego me besó el glande. Nos limpiamos y nosvestimos de nuevo.
Se acercó, me besó y me dijo: "Es la primera vez que hagoesto y me ha gustado mucho. Eres muy tierno y cuidadoso”.
Después la llevé a casa, feliz y satisfecho. Al despedirse dijo:“Nos vemos el martes”. El martes después de las clases me dijo que hoy no podíallevarla a casa; su madre había quedado con ella para ir de compras.
El jueves tenía que ir con su madre al coro después de lasclases. Malas noticias, pensé, entonces me dijo mirándome dulcemente: “Pero elsábado, quiero verte y también tengo una sorpresa para ti”.
El sábado fuimos entonces de Lisa directamente a su casa. Apenasse cerró la puerta, ya me abrazó. Estoy loca por ti, he sentido tanta ansia porti durante toda la semana. Asentí y le dije que a mí me pasaba lo mismo y labesé apasionadamente otra vez.
“¿Sabes qué?”, me susurró, mis padres estarán de paseo todo elfin de semana.
¡¿Qué?!”, exclamé radiante.“Sí, y podemos hacer lo quequeramos”. Me besó de nuevo con pasión y me llevó a su habitación. Una vez allíme dijo: “Tengo que contarte algo. Hablé con mi madre y le conté sobre ti ysobre mí. Ella me dijo que era normal y natural, pero que debía ir alginecólogo y que me recetara la píldora. Y lo hice”.
De alguna manera me daba vergüenza que Marisa hablara tanabiertamente de nosotros con su madre.
Pero qué demonios, pensé, y no pude hacer más, porque Marisa sehabía desnudado y estaba a punto de desnudarme a mí. Una vez que estuvimosdesnudos, nos echamos sobre la cama. Mi miembro ya estaba erguido y palpitando.Marisa se tumbó encima de mí y apretó mi polla dura con los muslos. Podíasentir claramente su excitación; su coño ya estaba caliente y mojado.
Ella me miró y habló: "Mamá me dijo que la primera vez es mejorque yo controle cómo me penetras”.
“¿Cómo?”, le dije aturdido, “¿Hablaste de eso con tu madre?”
“Sí, claro, ¿crees que no sabe que alguna vez lo haríamos?”,dijo sonriendo.
“Hm, vale”, asentí. Pero estaba demasiado emocionado para seguirpensando en ello.
Ella se levantó algo, tomó mi dura polla en su mano, la dirigióa su vagina, la frotó brevemente entre sus labios y luego se dejó caerlentamente sobre mi miembro duro. Mi glande penetró muy despacio en suplacentera gruta.
De repente, Marisa hizo una mueca, respiró con dificultad ysentí resistencia. Aumentó un poco más la presión y muy despacio se metió mipolla. Finalmente desapareció por completo dentro de ella.
Ella se inclinó hacia adelante sin moverse y me susurró: “Estafue la sorpresa que tenía para ti”. Me besó con entusiasmo. Metió su lengua enmi boca y nos besamos violentamente.
Sin aliento, la miré, luego tomé sus pechos con ambas manos yacaricié suavemente sus pezones, que se irguieron rápidamente. Miré hacia abajomientras ella se levantaba despacito. Mi polla estaba manchada con algo desangre.
“Esta fue mi virginidad”, me murmuró, “un regalo mío, solo parati”. Me enderecé un poco y la besé de nuevo, susurrándole: “Gracias, mi amor,eres un ángel”.
Ahora se movía lentamente arriba y abajo. Sentí cómo se letensaban los músculos vaginales. Cada vez galopaba sobre mí más rápido,gimiendo y gritando de placer. “Siii… esto es lindooo… Creo que me va a venir…SSSiiiii… creo que me vieneeee…” Sus músculos se contrajeron y un temblorrecorrió su maravilloso cuerpo. Eso fue demasiado para mí y me vacié en sucuerpo. Marisa se quedó encima de mí y descansamos y nos besamos, notando cómosus músculos se tensaban una y otra vez alrededor de mi polla. Al principiopensé que no podría, pero con sus movimientos, volvió a hincharse.
Marisa me miró y dijo: “Oh, se está poniendo dura otra vez”. Yempezó a subir y bajar sobre mí.
Sus magníficos pechos, delante de mis ojos, se movían al ritmo.
No sé cuánto tiempo estuvo metiéndose mi polla en su cuerpo cadavez más salvajemente y rápido, pero
De repente su cuerpo volvió a temblar y el temblor recorrió sucuerpo más fuerte que la primera vez.
Gritando “Meeeeee vieneeeeeeee… dios, me viene…”. Un líquidoespeso salió de su vagina.
“Diossss… esto es genial”. Se estremecía y se revolvía en lacama. Finalmente, sus espasmos cesaron y se levantó, se dejó caer a mi lado yme dijo: “Gracias, fuiste maravilloso… te quiero”. Luego apoyó la cabeza en mipecho y miró hacia abajo.
Se dio cuenta de que yo aún no había venido y que mi pollaseguía rígida y palpitando. Su mano bajó lentamente y masajeó suavemente mierección. Más firme, más fuerte y más rápido, su mano se movió arriba y abajo.
“Ahora…”, grité eyaculando. La primera carga ya estaba en suestómago y en su cara. Una y otra vez mi leche salía sin parar.
“No para en absoluto”, me dijo asombrada.
“Es tu culpa, me pones tan cachondo que no hay manera de quepare”. Le dije, completamente agotado. Por fin llegué al final y ella giró sucara decorada con mi semen y me besó con ternura.
“Te quiero y amo todo lo que sea de ti”. Me dijo.
“Yo también te quiero”, le dije y nos quedamos dormidos.Teníamos que descansar.
Follamos todo el domingo, en posiciones distintas y en distintossitios como en la ducha y en la cocina. Marisa era insaciable; una y otra veztomaba mi polla con la mano, o la tomaba con cuidado en la boca. El caso eraque se endureciera para poder follar. Por la tarde le dije sonriendo: “Tuspadres estarán a punto de llegar, mejor me voy. Y además no puedo más, me hasconsumido”.
Ella se rio y nos despedimos. En el momento en que abría lapuerta, llegaban sus padres. Les saludé y conduje hasta mi casa.
Lo que luego pasó lo contaré en otro momento.
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