Reconozco que desde hace algunos meses, he empezado a masturbarme pensando en otros hombres, pero todos imaginarios. Y un par de veces me encontré a mí misma mirando detenidamente a otros hombres.
Marcos hace 8 años que estamos casados, los dos tenemos 33 años. Yo, , a fuerza gimnasio y tenis tengo casi el mismo cuerpo que cuando me casé. Mido 1,65 m, soy delgada y mis medidas son 95-60-100 Por desgracia para mí nuestra actividad sexual fue decayendo desde hace unos 5 años, y no porque yo no quisiera.
Mi marido me había pedido que lo acompañe a un almuerzo que daba uno de los proveedores de su empresa y aunque no tenía interés, terminé yendo.
Cuando Roger, el anfitrión nos abrió la puerta, casi me caigo de espaldas. Era un hombre de 1,70 m, semi calvo, con un abdomen prominente y unos 50 años. No encajaba en esa casa para nada. O con lo que yo esperaba.
Al almuerzo estábamos invitados 4 parejas, más el anfitrión, que se repartía charlando un rato con cada grupo que se armaba antes de sentarnos a la mesa. Cuando se acercó a nosotros, le pregunté por su esposa, y me respondió que era divorciado. Por primera vez noté que me miraba de forma especial, como tratando de ver cómo era yo.
Al momento de sentarnos a la mesa, movió las fichas para que mi esposo y yo quedáramos enfrentados a él. Era un excelente anfitrión, atento y charlando con todos, pero cada tanto me miraba fijamente. Cuando fuimos a tomar el café a la terraza que da al canal, le pregunté por la lancha.
Él me conto con lujo de detalles las características y el placer que sentía al manejarla en velocidad.
“Es una Ferrari, pero del agua.” Dijo. Y emocionado, preguntó si alguien quería dar un paseo rápido, mirándome fijamente. Dos hombres y yo accedimos. Fuimos a la lancha, la bajó, nos pidió que subiéramos descalzos, y subimos. A mí me invitó a sentarme en la butaca del acompañante, y los hombres atrás.
Cuando salimos a mar abierto la fue acelerando y mientras lo hacía me miraba de reojo para ver mis reacciones.
Yo estaba enloquecida, no podía creer ir a esa velocidad en el agua. El me miraba y veía mi cara de felicidad. Volvimos y cuando bajamos, lo felicité y agradecí por el paseo.
Cuando nos retirábamos, con mucho disimulo, puso en el bolsillo de mi saco una tarjeta personal, que encontré al llegar a casa. No dije nada a mi esposo y la guardé. Y me di cuenta que había algo de ese hombre que me atraía.
Al día siguiente, estando sola, agregué a mis contactos a Roger, pero con otro nombre. Y le mandé un mensaje.
“Hola, son Diana, ya te tengo agendado”. Segundo después me marcó que lo había leído, pero no contestó. Un par de horas después, recibí un mensaje de él:
“Mañana 12 h en mi casa, con ropa acorde para disfrutar la lancha.”
No me preguntaba si podía o quería, sabía que iba a ir. Contesté Ok. Y borre el mensaje.
A la hora indicada estaba entrando a la casa de Roger. El vestía un short y una remera. Me saludó con un beso en la mejilla, ya no con de mano, y una de sus manos apretó suavemente mi brazo derecho.
“Vamos a pasar una buena tarde.” Me dijo, tras lo cual, charlando pavadas subimos la lancha. Salimos a mar abierto y el aceleró con todo. Yo disfrutaba la velocidad, la sensación de libertad era total. Luego de un rato, y sin la costa a la vista detuvo la lancha.
“Veo que gustan las emociones extremas.” Me dijo.
“Nunca había andado en una lancha así, y me encanta. Es una sensación hermosa.”
Apretó un botón y lo que parecía una tapa se abrió y era un lugar debajo de cubierta. Entró y sacó dos cervezas.
“Están bien frías, querés con whisky o sola.”
“Esta, sola.” Dije.
“¿No has traído malla?”
“Si, claro.” Y me quité la remera, quedando con un short y el corpiño de la bikini.
Nos sentamos en la tapa del compartimiento de motores a tomar la cerveza y hablar. En ningún momento mencionó a mi esposo, y me hablaba como si fuera soltera. Eso me inquietaba. Y me excitaba.
Cuando fue a buscar más cervezas le pedí que le ponga un poco de whisky y me acerqué a buscar el vaso. En ese momento él lo apoyo sobre una repisa, y tomándome de la nuca, me besó. Yo, sin mucha convicción, traté de alejarlo, pero él me lo impidió. Me besó nuevamente y muy hábilmente me soltó el corpiño de la malla.
Su boca bajó de inmediato a chuparme los pezones, mientras una mano acariciaba mis entrepiernas.
“No, Roger, por favor, no puedo, nunca he sido infiel a Marcos.” Dije.
El no respondió, y siguió chupando mis pechos. Sin dejar de hacerlo, me bajó el short y la tanga de la malla.
Él tomó mi mano y la llevó a su sexo, que estaba ya erecto. Sentí que sin ser muy largo era grande, como nunca había probado. Mi concha estaba bien húmeda,
Me acostó sobre una cucheta y de inmediato me penetró.
. Mi concha de a poco se fue acomodando a su pija, y mi excitación a subir. El apretaba mis pechos y metía una y otra vez su pija hasta el fondo. Sin pensarlo lo tomé de la cintura y lo acompañaba en sus movimientos.
“Así mi puta, así te quiero siempre, bien caliente.” Escucharlo hablarme así me calentaba mucho más, era como me sentía, su puta.
Llegué a un hermoso orgasmo y él se quedó quiero por un rato. Me tomó de la mano y fuimos afuera, y se tiró donde antes tomábamos cerveza, boca arriba.
“Subite, cabalgame un rato.” Me dijo.
De inmediato me subí y metí toda la pija en mi concha. No puedo explicar por qué, pero ese hombre dominaba mi voluntad. Fui aumentando el ritmo de a poco.
“Tocate.” Me dijo imperativamente.
Una mano bajó a mi clítoris mientras la otra fue a mis pechos.
“Que caliente que sos, así te imaginaba ayer. Muy caliente y mal atendida.” Eso fue una puñalada directa porque era verdad.
“Dale, acá tenés un hombre para hacerte gozar.” Y yo no podía más del placer, o eso creía.
Se incorporó un poco y me dio un chirlo en el culo. Otra nueva experiencia y más placer. Nunca Marcos lo había hecho. Entre su pija en mi concha, mis propias caricias y sus chirlos, fui llegando a otro orgasmo de los grandes.
“Acabame adentro.” Dije.
“Pedilo bien.” Dijo sonriendo.
“Por favor, acabame bien adentro, llena a tu puta de leche.” Dije desde lo más profundo de mi sexualidad.
Me puso en cuatro, me la metió y con una mano me sostenía de la cintura. Yo me seguía tocando. De pronto sentí que escupía mi orto. Y sin más uno de sus dedos entro totalmente.
El empezó a bombearme con todo.
“Quiero escucharte gritar de placer, mirá, estamos en el medio del océano, acá podes ser libre, y gritar tu placer.” Me dijo.
Me di cuenta que lo que decía era real, y di suelta a mi calentura. Grité, insulté y gocé como loca. Ese dedo en el culo ya no me dolía, ahora me hacía desear otro. Un rato después, cuando ya estaba agotada de tanto gozar, el acabó dentro mío.
Se salió y me acosté sobre su pecho.
“Sí que me hiciste gozar Roger. Nunca un hombre me cogió así.”
El por toda respuesta, me dio un beso que me partió la boca.
“Sos muy caliente, te gusta gozar en serio. Y me gustó que te des cuenta de como podes gozar, como cuando te dije que podías gritar todo lo que quisieras.”
“Es que me sentí totalmente libre. Sin miedo a ser descubierta gozando como buena hembra que soy.”
“Entonces, desde ahora, sos mi amante, o mejor dicho, yo el tuyo, porque sos vos la que estas casada”.
“Mmm, dicho así suena muy caliente, “Tengo un amante”, y me coge genial.”
Volvimos a toda velocidad, y fuimos a su dormitorio. Nos tiramos en la cama, y me puse a chupar su pija, que con dificultad entraba en mi boca. El me acomodó de tal forma, que sus dedos podían jugar con mi concha. Pero en vez de eso, uno de sus dedos volvió a entrar en mi culo. Unos pocos movimientos y lo dejó enterrado.
“Imagínate cuando te la meta por el culo, sí que vas a gozar.”
“Nunca he dejado que me la metan por el culo.” Dije.
“Hasta ahora.” Dijo el firmemente.
“Hasta ahora.” Dije yo. De pronto, me puse en cuatro, y me comencé a mover para que ese dedo entre y salga de mi culo.
“Parece que a tu culo le gusta mi dedo, que gentilmente lo recibe.”
“Si, el muy desgraciado es más puto que yo.” Dije caliente mientras chupaba.
“Mirame.” Me dijo imperativo otra vez.
“Quiero que te pajees el orto, mientras me chupas y que acabemos juntos, yo en tu boca y vos con dándote por el culo.” Y sacó su dedo de mi orto, para apretarme los pezones.
Sin pensarlo dos veces, mojé uno de mis dedos con saliva y lo metí en mi culo, mientras me metía su pija en la boca. Me sentía toda una puta haciéndolo, y sobre todo, porque mi amante me lo indicaba, me lo ordenaba. No sé en qué momento, metí el segundo dedo.
“Por favor, que lindo, cuanto tiempo perdido.” Dije mirándolo y masturbándolo. Me miraba con lujuria, sabiendo que su mirada me calentaba hasta el infinito.
Como pude me metí el tercer dedo. Mi orto se abría para recibir todo lo que le daba. De pronto empecé a meterlos hasta los nudillos. Y masturbarlo con furia, quería hacer gozar con todo a Roger, mi amante.
“Mirá como me como tres dedos, me abro para vos.” Dije con vos de gata. Él se vino en mi boca y me trague todo, teniendo un bruto orgasmo anal al mismo tiempo.
“Sí que me haces descubrir cosas desgraciado.” Dije.
“¿Cuál es tu fantasía máxima?” Me preguntó.
“Más de hice hoy, no he pensado. Aunque alguna vez pensé en un trio.” Dije.
“¿Con dos hombres o con otra mujer?”
“Con otra mujer.”
Charlamos un rato más, y sin ducharme me fui a casa. Me estaba duchando cuando llegó Marcos. Me saludó desde la puerta del baño y me dijo que me esperaba para contarme algo.
Yo todavía me sentía excitada, no podía sacarme de la cabeza a Roger y como me había hecho gozar. Me sequé y me puse solo mi ropa interior, una muy sexi, y una bata corta, que dejaba ver mi culo. Fui donde estaba Marcos y le di un beso. y me dormi muy relajada
Marcos hace 8 años que estamos casados, los dos tenemos 33 años. Yo, , a fuerza gimnasio y tenis tengo casi el mismo cuerpo que cuando me casé. Mido 1,65 m, soy delgada y mis medidas son 95-60-100 Por desgracia para mí nuestra actividad sexual fue decayendo desde hace unos 5 años, y no porque yo no quisiera.
Mi marido me había pedido que lo acompañe a un almuerzo que daba uno de los proveedores de su empresa y aunque no tenía interés, terminé yendo.
Cuando Roger, el anfitrión nos abrió la puerta, casi me caigo de espaldas. Era un hombre de 1,70 m, semi calvo, con un abdomen prominente y unos 50 años. No encajaba en esa casa para nada. O con lo que yo esperaba.
Al almuerzo estábamos invitados 4 parejas, más el anfitrión, que se repartía charlando un rato con cada grupo que se armaba antes de sentarnos a la mesa. Cuando se acercó a nosotros, le pregunté por su esposa, y me respondió que era divorciado. Por primera vez noté que me miraba de forma especial, como tratando de ver cómo era yo.
Al momento de sentarnos a la mesa, movió las fichas para que mi esposo y yo quedáramos enfrentados a él. Era un excelente anfitrión, atento y charlando con todos, pero cada tanto me miraba fijamente. Cuando fuimos a tomar el café a la terraza que da al canal, le pregunté por la lancha.
Él me conto con lujo de detalles las características y el placer que sentía al manejarla en velocidad.
“Es una Ferrari, pero del agua.” Dijo. Y emocionado, preguntó si alguien quería dar un paseo rápido, mirándome fijamente. Dos hombres y yo accedimos. Fuimos a la lancha, la bajó, nos pidió que subiéramos descalzos, y subimos. A mí me invitó a sentarme en la butaca del acompañante, y los hombres atrás.
Cuando salimos a mar abierto la fue acelerando y mientras lo hacía me miraba de reojo para ver mis reacciones.
Yo estaba enloquecida, no podía creer ir a esa velocidad en el agua. El me miraba y veía mi cara de felicidad. Volvimos y cuando bajamos, lo felicité y agradecí por el paseo.
Cuando nos retirábamos, con mucho disimulo, puso en el bolsillo de mi saco una tarjeta personal, que encontré al llegar a casa. No dije nada a mi esposo y la guardé. Y me di cuenta que había algo de ese hombre que me atraía.
Al día siguiente, estando sola, agregué a mis contactos a Roger, pero con otro nombre. Y le mandé un mensaje.
“Hola, son Diana, ya te tengo agendado”. Segundo después me marcó que lo había leído, pero no contestó. Un par de horas después, recibí un mensaje de él:
“Mañana 12 h en mi casa, con ropa acorde para disfrutar la lancha.”
No me preguntaba si podía o quería, sabía que iba a ir. Contesté Ok. Y borre el mensaje.
A la hora indicada estaba entrando a la casa de Roger. El vestía un short y una remera. Me saludó con un beso en la mejilla, ya no con de mano, y una de sus manos apretó suavemente mi brazo derecho.
“Vamos a pasar una buena tarde.” Me dijo, tras lo cual, charlando pavadas subimos la lancha. Salimos a mar abierto y el aceleró con todo. Yo disfrutaba la velocidad, la sensación de libertad era total. Luego de un rato, y sin la costa a la vista detuvo la lancha.
“Veo que gustan las emociones extremas.” Me dijo.
“Nunca había andado en una lancha así, y me encanta. Es una sensación hermosa.”
Apretó un botón y lo que parecía una tapa se abrió y era un lugar debajo de cubierta. Entró y sacó dos cervezas.
“Están bien frías, querés con whisky o sola.”
“Esta, sola.” Dije.
“¿No has traído malla?”
“Si, claro.” Y me quité la remera, quedando con un short y el corpiño de la bikini.
Nos sentamos en la tapa del compartimiento de motores a tomar la cerveza y hablar. En ningún momento mencionó a mi esposo, y me hablaba como si fuera soltera. Eso me inquietaba. Y me excitaba.
Cuando fue a buscar más cervezas le pedí que le ponga un poco de whisky y me acerqué a buscar el vaso. En ese momento él lo apoyo sobre una repisa, y tomándome de la nuca, me besó. Yo, sin mucha convicción, traté de alejarlo, pero él me lo impidió. Me besó nuevamente y muy hábilmente me soltó el corpiño de la malla.
Su boca bajó de inmediato a chuparme los pezones, mientras una mano acariciaba mis entrepiernas.
“No, Roger, por favor, no puedo, nunca he sido infiel a Marcos.” Dije.
El no respondió, y siguió chupando mis pechos. Sin dejar de hacerlo, me bajó el short y la tanga de la malla.
Él tomó mi mano y la llevó a su sexo, que estaba ya erecto. Sentí que sin ser muy largo era grande, como nunca había probado. Mi concha estaba bien húmeda,
Me acostó sobre una cucheta y de inmediato me penetró.
. Mi concha de a poco se fue acomodando a su pija, y mi excitación a subir. El apretaba mis pechos y metía una y otra vez su pija hasta el fondo. Sin pensarlo lo tomé de la cintura y lo acompañaba en sus movimientos.
“Así mi puta, así te quiero siempre, bien caliente.” Escucharlo hablarme así me calentaba mucho más, era como me sentía, su puta.
Llegué a un hermoso orgasmo y él se quedó quiero por un rato. Me tomó de la mano y fuimos afuera, y se tiró donde antes tomábamos cerveza, boca arriba.
“Subite, cabalgame un rato.” Me dijo.
De inmediato me subí y metí toda la pija en mi concha. No puedo explicar por qué, pero ese hombre dominaba mi voluntad. Fui aumentando el ritmo de a poco.
“Tocate.” Me dijo imperativamente.
Una mano bajó a mi clítoris mientras la otra fue a mis pechos.
“Que caliente que sos, así te imaginaba ayer. Muy caliente y mal atendida.” Eso fue una puñalada directa porque era verdad.
“Dale, acá tenés un hombre para hacerte gozar.” Y yo no podía más del placer, o eso creía.
Se incorporó un poco y me dio un chirlo en el culo. Otra nueva experiencia y más placer. Nunca Marcos lo había hecho. Entre su pija en mi concha, mis propias caricias y sus chirlos, fui llegando a otro orgasmo de los grandes.
“Acabame adentro.” Dije.
“Pedilo bien.” Dijo sonriendo.
“Por favor, acabame bien adentro, llena a tu puta de leche.” Dije desde lo más profundo de mi sexualidad.
Me puso en cuatro, me la metió y con una mano me sostenía de la cintura. Yo me seguía tocando. De pronto sentí que escupía mi orto. Y sin más uno de sus dedos entro totalmente.
El empezó a bombearme con todo.
“Quiero escucharte gritar de placer, mirá, estamos en el medio del océano, acá podes ser libre, y gritar tu placer.” Me dijo.
Me di cuenta que lo que decía era real, y di suelta a mi calentura. Grité, insulté y gocé como loca. Ese dedo en el culo ya no me dolía, ahora me hacía desear otro. Un rato después, cuando ya estaba agotada de tanto gozar, el acabó dentro mío.
Se salió y me acosté sobre su pecho.
“Sí que me hiciste gozar Roger. Nunca un hombre me cogió así.”
El por toda respuesta, me dio un beso que me partió la boca.
“Sos muy caliente, te gusta gozar en serio. Y me gustó que te des cuenta de como podes gozar, como cuando te dije que podías gritar todo lo que quisieras.”
“Es que me sentí totalmente libre. Sin miedo a ser descubierta gozando como buena hembra que soy.”
“Entonces, desde ahora, sos mi amante, o mejor dicho, yo el tuyo, porque sos vos la que estas casada”.
“Mmm, dicho así suena muy caliente, “Tengo un amante”, y me coge genial.”
Volvimos a toda velocidad, y fuimos a su dormitorio. Nos tiramos en la cama, y me puse a chupar su pija, que con dificultad entraba en mi boca. El me acomodó de tal forma, que sus dedos podían jugar con mi concha. Pero en vez de eso, uno de sus dedos volvió a entrar en mi culo. Unos pocos movimientos y lo dejó enterrado.
“Imagínate cuando te la meta por el culo, sí que vas a gozar.”
“Nunca he dejado que me la metan por el culo.” Dije.
“Hasta ahora.” Dijo el firmemente.
“Hasta ahora.” Dije yo. De pronto, me puse en cuatro, y me comencé a mover para que ese dedo entre y salga de mi culo.
“Parece que a tu culo le gusta mi dedo, que gentilmente lo recibe.”
“Si, el muy desgraciado es más puto que yo.” Dije caliente mientras chupaba.
“Mirame.” Me dijo imperativo otra vez.
“Quiero que te pajees el orto, mientras me chupas y que acabemos juntos, yo en tu boca y vos con dándote por el culo.” Y sacó su dedo de mi orto, para apretarme los pezones.
Sin pensarlo dos veces, mojé uno de mis dedos con saliva y lo metí en mi culo, mientras me metía su pija en la boca. Me sentía toda una puta haciéndolo, y sobre todo, porque mi amante me lo indicaba, me lo ordenaba. No sé en qué momento, metí el segundo dedo.
“Por favor, que lindo, cuanto tiempo perdido.” Dije mirándolo y masturbándolo. Me miraba con lujuria, sabiendo que su mirada me calentaba hasta el infinito.
Como pude me metí el tercer dedo. Mi orto se abría para recibir todo lo que le daba. De pronto empecé a meterlos hasta los nudillos. Y masturbarlo con furia, quería hacer gozar con todo a Roger, mi amante.
“Mirá como me como tres dedos, me abro para vos.” Dije con vos de gata. Él se vino en mi boca y me trague todo, teniendo un bruto orgasmo anal al mismo tiempo.
“Sí que me haces descubrir cosas desgraciado.” Dije.
“¿Cuál es tu fantasía máxima?” Me preguntó.
“Más de hice hoy, no he pensado. Aunque alguna vez pensé en un trio.” Dije.
“¿Con dos hombres o con otra mujer?”
“Con otra mujer.”
Charlamos un rato más, y sin ducharme me fui a casa. Me estaba duchando cuando llegó Marcos. Me saludó desde la puerta del baño y me dijo que me esperaba para contarme algo.
Yo todavía me sentía excitada, no podía sacarme de la cabeza a Roger y como me había hecho gozar. Me sequé y me puse solo mi ropa interior, una muy sexi, y una bata corta, que dejaba ver mi culo. Fui donde estaba Marcos y le di un beso. y me dormi muy relajada
4 comentarios - Mi debut como infiel