Soy la pelirroja, tengo 27 años y soy argentina, de esas que le gusta salir a bailar.
Esa noche salí con las unas amigas a un boliche, como siempre. Bailamos, tomamos unos tragos, reímos un montón y en un momento sentí que ya no aguantaba más. Me fui sola al baño de mujeres, entré al cubículo del fondo porque estaba más limpio y cerré la puerta. Me bajé los jeans ajustados y la tanga, me senté en el inodoro y empecé a hacer pis, aliviada.
De repente, por el agujero que había en la pared de al lado (un glory hole bien grande, de esos que se notan que no son casuales), salió una pija semierecta. Gruesa, venosa, con la piel un poco oscura. Me dio un asco inicial, te juro. Pensé “qué mierda es esto” y seguí haciendo pis como si nada, pero no podía dejar de mirarla. El tipo del otro lado la movía un poco, como ofreciéndomela.
Mientras terminaba de mear, la vi cómo se iba poniendo dura de a poco. Empezó a crecer, a hincharse, hasta que quedó completamente erecta. Calculo que unos 17 centímetros, bien recta, con el glande grande y redondo. Y ahí, alrededor del borde del glande, tenía un poquito de esmegma blanco, como si no se hubiera lavado del todo. Eso me dio más asco todavía… pero al mismo tiempo algo me empezó a calentar adentro. No sé qué me pasó, pero en vez de levantarme y salir corriendo, me quedé ahí sentada, con las piernas abiertas, mirando esa pija sucia que latía frente a mi cara.
Me mordí el labio. Respiré hondo. Y me acerqué despacito.
Primero solo le pasé la puntita de la lengua por el frenillo, bien suave, probando. Tenía un sabor salado, un poco amargo por el esmegma. Lo lamí despacio, rodeando todo el glande en círculos lentos, recogiendo ese gustito raro con la lengua. Lo sentía palpitar contra mi boca. Después abrí más los labios y me metí solo la cabeza, chupando suave, como si estuviera saboreando un helado. La movía adentro y afuera, lenta, dejando que mi saliva la mojara toda.
Empecé a metérmela más profundo. La sentía llenarme la boca, llegar casi hasta la garganta. La chupaba con ganas ahora, haciendo ruido, con la lengua aplastada contra la parte de abajo del tronco, subiendo y bajando la cabeza al ritmo. Cada tanto la sacaba un poco, la lamía toda desde los huevos (que apenas asomaban por el agujero) hasta la punta, y volvía a tragármela entera. La pija ya estaba brillando de mi saliva y el esmegma se había mezclado todo, haciendo que estuviera más resbaladiza.
Me puse de rodillas en el piso del baño, sin importarme nada, y empecé a chuparla con más ritmo. Cinco minutos enteros. Cinco minutos en los que no paré. La mamaba fuerte, apretando los labios, haciendo que entrara y saliera rápido, después lento y profundo, después otra vez rápido. Con una mano le agarraba la base y la masturbaba mientras la chupaba, con la otra me tocaba el clítoris por arriba de la tanga porque ya estaba empapada.
Sentía cómo se ponía más dura, cómo los huevos se le tensaban. El tipo del otro lado empezó a gemir bajito. Yo aceleré, chupando con todo, metiéndomela hasta el fondo de la garganta, aguantando las arcadas porque quería todo. Y de repente explotó.
Me dio una buena dosis de leche, espesa, caliente, abundante. Chorros y chorros que me llenaron la boca. Sabía fuerte, salado, un poco amargo… pero me lo tragué todo. No dejé que se escapara ni una gota. Seguí chupando mientras se corría, exprimiéndole hasta la última gota de esa pija sucia, tragando, sintiendo cómo me bajaba por la garganta.
Cuando terminó, la pija se fue poniendo más blanda y la sacó por el agujero. Yo me quedé ahí arrodillada, con los labios hinchados, el gusto de su semen todavía en la boca y una sonrisa de puta satisfecha.
Esa fue mi primera vez en un glory hole.
Esa noche salí con las unas amigas a un boliche, como siempre. Bailamos, tomamos unos tragos, reímos un montón y en un momento sentí que ya no aguantaba más. Me fui sola al baño de mujeres, entré al cubículo del fondo porque estaba más limpio y cerré la puerta. Me bajé los jeans ajustados y la tanga, me senté en el inodoro y empecé a hacer pis, aliviada.
De repente, por el agujero que había en la pared de al lado (un glory hole bien grande, de esos que se notan que no son casuales), salió una pija semierecta. Gruesa, venosa, con la piel un poco oscura. Me dio un asco inicial, te juro. Pensé “qué mierda es esto” y seguí haciendo pis como si nada, pero no podía dejar de mirarla. El tipo del otro lado la movía un poco, como ofreciéndomela.
Mientras terminaba de mear, la vi cómo se iba poniendo dura de a poco. Empezó a crecer, a hincharse, hasta que quedó completamente erecta. Calculo que unos 17 centímetros, bien recta, con el glande grande y redondo. Y ahí, alrededor del borde del glande, tenía un poquito de esmegma blanco, como si no se hubiera lavado del todo. Eso me dio más asco todavía… pero al mismo tiempo algo me empezó a calentar adentro. No sé qué me pasó, pero en vez de levantarme y salir corriendo, me quedé ahí sentada, con las piernas abiertas, mirando esa pija sucia que latía frente a mi cara.
Me mordí el labio. Respiré hondo. Y me acerqué despacito.
Primero solo le pasé la puntita de la lengua por el frenillo, bien suave, probando. Tenía un sabor salado, un poco amargo por el esmegma. Lo lamí despacio, rodeando todo el glande en círculos lentos, recogiendo ese gustito raro con la lengua. Lo sentía palpitar contra mi boca. Después abrí más los labios y me metí solo la cabeza, chupando suave, como si estuviera saboreando un helado. La movía adentro y afuera, lenta, dejando que mi saliva la mojara toda.
Empecé a metérmela más profundo. La sentía llenarme la boca, llegar casi hasta la garganta. La chupaba con ganas ahora, haciendo ruido, con la lengua aplastada contra la parte de abajo del tronco, subiendo y bajando la cabeza al ritmo. Cada tanto la sacaba un poco, la lamía toda desde los huevos (que apenas asomaban por el agujero) hasta la punta, y volvía a tragármela entera. La pija ya estaba brillando de mi saliva y el esmegma se había mezclado todo, haciendo que estuviera más resbaladiza.
Me puse de rodillas en el piso del baño, sin importarme nada, y empecé a chuparla con más ritmo. Cinco minutos enteros. Cinco minutos en los que no paré. La mamaba fuerte, apretando los labios, haciendo que entrara y saliera rápido, después lento y profundo, después otra vez rápido. Con una mano le agarraba la base y la masturbaba mientras la chupaba, con la otra me tocaba el clítoris por arriba de la tanga porque ya estaba empapada.
Sentía cómo se ponía más dura, cómo los huevos se le tensaban. El tipo del otro lado empezó a gemir bajito. Yo aceleré, chupando con todo, metiéndomela hasta el fondo de la garganta, aguantando las arcadas porque quería todo. Y de repente explotó.
Me dio una buena dosis de leche, espesa, caliente, abundante. Chorros y chorros que me llenaron la boca. Sabía fuerte, salado, un poco amargo… pero me lo tragué todo. No dejé que se escapara ni una gota. Seguí chupando mientras se corría, exprimiéndole hasta la última gota de esa pija sucia, tragando, sintiendo cómo me bajaba por la garganta.
Cuando terminó, la pija se fue poniendo más blanda y la sacó por el agujero. Yo me quedé ahí arrodillada, con los labios hinchados, el gusto de su semen todavía en la boca y una sonrisa de puta satisfecha.
Esa fue mi primera vez en un glory hole.
3 comentarios - Mi primer glory hole