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La maestra Elena

La maestra Elena

La profesora Elena Vázquez observaba a Javier desde su escritorio. Era el único alumno que no entendía los conceptos más básicos de su clase de filosofía moderna, pero había algo en él que la atraía. Quizás era su torpeza juvenil o la forma en que sus ojos se clavaban en ella cuando ella explicaba.

—Javier, quédate un momento —dijo cuando terminó la clase.

Los demás alumnos salieron, dejándolos solos en el aula vacía. Él se acercó nervioso a su escritorio.

—Profesora, ¿necesita algo?

—Tu último ensayo... está muy por debajo de lo esperado —dijo Elena, cruzando las piernas lentamente, notando cómo la mirada de él viajaba por su cuerpo—. Corres el riesgo de suspender la asignatura.

Javier palideció. —No puedo suspender, profesora. Mis padres...

—Hay formas de mejorar tu nota —interrumpió Elena, levantándose y rodeando su escritorio hasta quedar frente a él—. Métodos... alternativos de enseñanza.

Su mano rozó la mejilla de él. Javier se quedó inmóvil, sin saber qué hacer.

—Profesora, yo... —balbuceó.

—Shhh —susurró Elena, acercando su boca a su oído—. Nadie tiene que saberlo. Solo tú y yo.

Sus labios encontraron los de él en un beso tímido que pronto se volvió más apasionado. Elena lo guio hacia su despacho, cerrando la puerta con llave.

—Si quieres aprobar, tendrás que demostrarme que puedes aprender —dijo mientras desabrochaba su blusa—. Lección uno: cómo complacer a una mujer.

Javier, entre nervioso y excitado, la siguió en el juego de seducción que ella había iniciado. Aquella tarde aprendió mucho más que filosofía moderna.

La profesora Elena se desabrochó la blusa y bajó el sujetador para sacar sus tetas.

— Listo Javier, deseo que me acaricies las tetas de una manera suave, después con tus dedos presiones mis pezones— le decía mientras guiaba sus manos.

Elena cerraba los ojos mientras disfrutaba como la acariciaban.

—Ahora Javier utiliza tu boca, succiona mis pezones y muerdelas suavemente— la boca de Javier fue directo a las tetas de la maestra, el sabor era dulce, Javier movido por el deseo comenzó a succionar con pasión.

La entrepierna de Elena se comenzó a humedecer.

—Espera un poco Javier, quiero probarte, apoyate en el escritorio— ordeno la profesora que se puso de rodillas frente a él.

Le desabrochó el pantalón y le bajo los boxers su joven pene estaba tan duro como una piedra, en la punta ya se asomaba una pequeña gota de precum, la profesora la removió con la lengua y la saboreo, juventud, como decían, colágeno puro.

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Elena demostró sus años de experiencia, le dio una mamada como nunca la había sentido Javier, él se encontraba en las nubes.

— Es suficiente Javier, ahora quiero que entres en mi— sacó de su bolso un condón, lo abrió y lo colocó.

La maestra se dio la vuelta, subió su falda, se bajó hasta las rodillas las pantimedias negras y su ropa interior, apoyo el pecho sobre el escritorio y sus manos fueron directo a sus nalgas abriendolas, exponiendo todo, las dos entradas.

— Entra donde quieras Javier, elige donde más te guste— le decía con voz deseosa.

Las dos partes se veían perfectas, el coño maduro de Elena chorreaba de placer, su entrada lubricada parecía palpitar, Javier decidió comenzar por ahí.

Entró sin dudar y se movía fuerte, no parecía tener mucha experiencia pero su deseo lo hacía continuar, Elena al poco rato tuvo un delicioso orgasmo húmedo, sus jugos bajaban por sus piernas.

— Ahora quiero meterla por el otro lado— decía Javier con voz extaciada.

Elena llevo sus dedos a la boca, tomó un poco de saliva entre sus dedos y lubricó la entrada de su culo.

— Entra despacio Javier, en ese lugar es tener tacto para disfrutar los dos— le decía mientras abría lo más que podía sus nalgas.

Javier fue metiendo centímetro a centímetro hasta que el culo de la maestra se había comido toda su verga, comenzaba a moverse despacio y continuo, la maestra jadeaba de placer.

— Así Javier, aumenta un poco más la intensidad— le ordenaba y el alumno excitado obedecía.

—Estoy a punto de terminar maestra—

— Antes de que pase, salte de mi quítate el condón y llename de leche las nalgas— decía la maestra mientras se daba de palmadas ella misma.

Javier se vacío sobre la maestra, ella extaciada no paraba de gemir, se incorporo, de subió la ropa interior y las pantimedias, se acercó a Javier dándole un beso apasionado...

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