Todo paso tan rápido, donde ya me había resignado a tener que continuar esperando, de un momento a otro se abrió una nueva oportunidad, admito que la idea de ocupar nuestro departamento de nuevo para esta aventura si me había cruzado por la cabeza, pero ya había ocurrido una vez y me parecía muy riesgosos hacerlo de nuevo, sin embargo, no fui yo quien lo estaba proponiendo, sino mi esposo. Me despedí de él en la intersección que divide la escalera hacia la azotea de servicio de la unidad de departamentos, yo fui hacia la entrada para recibir a don José, cada paso que daba se me hacia eterno, en el camino pensaba en lo que estaba a punto de vivir, la espera se había prolongado y la necesidad que está había despertado en mí, era necesidad primitiva de mujer por sentir al hombre deseado y esté, no era mi marido, sino don José.
También me abordo la imagen de mi marido al despedirse, sobre todo sus ultimas palabras, “en verdad quiero cuernos”, y es que la experiencia no era nueva, ya llevábamos algún tempo abriendo nuestra relación a este extraño fetiche que incluye al sexo infiel y don José ya se había incluido entre los llamados “corneadores” de nuestro matrimonio, pero en esta ocasión, la sentencia de mi marido llevaba más que su deseo propio. Él sabia lo que había ocurrido con nuestro vecino, la manera en que me llevo a la cama la primera vez, entre engaños y aprovechándose de la situación, la manera en que le oculte que nos seguíamos frecuentando y las nuevas experiencias que esto nos permitió, me había dejado en claro en ese momento que no le había agradado la forma en que ocurrió y ahora, su proceder era totalmente contrario.
Siguió conmigo el ayuno sexual que me había impuesto don José, el mismo procuro que no lo rompiéramos y me animo a seguir el resto de sus peticiones, ayudándome incluso a cumplirlas, ese mismo día continúo despertando mi necesidad sexual a través de la estimulación, e incluso cuando ya el plan parecía perdido, el mismo tomo la iniciativa en la conversación, manipulando la situación para convencer a don José de que me encontraba a solas, invitándolo sutilmente a nuestro departamento, aun a costa de que él tuviera que pasar unas horas en el frio de la azotea. Creía que mi marido se había hecho dueño de la situación y controlaba mis actos a su favor, pero al verme caminando hacia la entrada, vestida como toda una zorra, abriéndole la puerta a aquel señor que solo venia a follarme, seguro de que había cumplido todos sus caprichos, entendí que mi marido solo estaba cumpliendo el papel que le tocaba, ese “quiero cuernos”, más que su propio deseo, era una “orden” asignada por quien realmente había llevado las riendas, ya que no solo quería que le pusiera los cuernos, sino que desde hace tiempo, su capricho, y el mío, era que quien se los hiciera crecer fuera don José.
Con esos pensamientos inundando mi cabeza y mi sexo, termine con la llave en mano abriendo la puerta de la entrada, don José ya estaba ahí, fumando un cigarro, con toda su pinta de delincuente de barrio y emitiendo un olor a cerveza que indicaba varias horas de fiesta previa, no me saludo ni dirigió una sola palabra, solo continuo ahí de pie mirándome de pies a cabeza mientras terminaba su cigarro, tiro la colilla y la aplasto, ahora si pasando sin tan siquiera mirar si alguien observaba, como si nada de eso le importara. Sin aun decirme palabra, fue directo a mi boca, empujando con fuerza su lengua buscando lo más profundo de mi garganta, mi sexo ya era un rio, no entendía como con tan poco podía provocarme tanto, ni siquiera me importaba que se comportara como un imbécil, al sentir como sus manos empezaban a tocar mi cuerpo con tanta agresividad, ya me hacía morir de ganas por sentirlo dentro.
Me soltó y ahora si me hablo, “vamos”, no necesitaba escuchar más, camine por delante de él, ya era algo noche, pero aun había vecinos despiertos, se notaba por la música, no me importo, aun así, continue caminando y con toda la excitación que sentía, me motive a ser un poco más provocadora, contoneando mis caderas en cada paso que daba al subir cada escalón, la vista que ofrecía seria perfecta, y una nalgada que de vez en cuando me propinaba mi acompañante me lo confirmaba. Continuamos caminando hasta pasar por el departamento de nuestra tía, que afortunadamente no se encontraba esa noche, sin ninguna interrupción, llegamos al punto donde unos instantes antes había dejado a mi marido, me detuve y con el pretexto de voltear a ver a mi acompañante, desvié la mirada para ver si mi marido se encontraba observando, sin embargo, era lógico que no se expusiera tanto, aun así la idea me calentaba de sobre manera, así que tras subir unos escalones hacia nuestro departamento, me detuve en un punto donde los demás departamentos no tuvieran visión pero del otro lado de la escalera si, voltee y atrape a don José hipnotizado por mis caderas, redirigió su mirada hacia la mía y desde un escalón mas abajo que el mío, me tomo de la cintura, me levanto abriéndome las piernas y dirigiéndome hacia él me beso de nuevo con esa intensidad.
Tras un largo beso donde de nuevo aprovecho para recorrer con sus manos mis pechos y mi trasero por debajo del vestido, lo separe de mi y termine de subir la escalera, abrí con delicadeza la puerta del departamento y con una seña de mi dedo, le invite a pasar, por el contrario, él entro con firmeza y autoridad, empujándome hacia el interior, para azotar la puerta detrás de si, cerrándola y nuevamente abalanzarse sobre mi para levantarme, con apenas tiempo para dar una ultima mirada a través de la ventana para saber si mi marido habría sido testigo del preámbulo. Nuestro vecino camino dio apenas unos pasos, ya conocía nuestro departamento, por lo que su objetivo no era ir directo a la recamara, me llevo hacia el sillón de la sala y ahí mismo me recostó, tenia todo su peso encima mientras continuaba besándome y recorriendo con sus manos mi cuerpo, ahora con mayor confianza.
La luz le permitía una mejor visión del vestido que llevaba, se separo de mi y me levanto, el se sentó y puso mi trasero a la altura de su cara, sin ninguna indicación, comencé a mover mis caderas como si fuera una bailarina exótica, él encendió el televisor y puso música para que acompañara mi baile, yo no me detuve y acompañe el ritmo, mientras él camino hacia un pequeño mueble de madera donde mi marido guardaba unas botellas, tomo un tequila Don Julio, el cual no es tan caro pero es muy popular en México, sobre todo entre los señores mayores, lo cual le calzaba muy bien. Tomo un vaso y rompió el sello de la botella para destaparlo, se lo sirvió derecho y se lo tomo de un trago, tomo la botella y el vaso y se sentó de nuevo en el sillón, subió el volumen de la música y me dio una nalgada para que continuara.
Me tenia super caliente, llevaba encima todo el deseo atrasado, todas las ideas que mi marido me había metido, y encima, don José estaba adoptando una actitud de no creerse, se había hecho dueño y señor de nuestro departamento, tomaba lo que quería de nuestro hogar y eso me iba a incluir a mi, ese pensamiento hizo que me comenzara a desnudar, ofreciéndole ahora un striptease. Me comencé a bajar el vestido por la parte de arriba, mostrándole el brasier rosa que llevaba puesto, el metió su mano, pero de inmediato me di vuelta, quería hacerlo desear, continue mi baile y ahora subí el vestido por abajo, enseñando apenas un lado delgado de la braga rosa, no insistió en su cometido de tocarme, prefirió encender otro cigarro.
Mientras movía mis caderas, enrolle el vestido quedando a la vista todo el conjunto, cuando me voltee a verlo de nuevo, note que dejaba caer la ceniza en piso, apenas con voz baja le dije, “tome un cenicero o al menos déjela en la mesa”, “cállate y no te detengas”, me respondió con firmeza. Con el carácter que tengo pensé en reclamarle con mayor intensidad, “que sea mi invitado no le da derecho a hacer lo que quiera en esta casa, hasta abrió una botella nueva habiendo otras ya abiertas”, pero contuvo mi reclamo de forma directa, “vine a tomar de esta casa lo que yo desee”.
Tras esas palabras me tomo del cabello y con fuerza me hinco, poniéndome de rodillas, al ver que puse algo de resistencia en continuar, me jalo de nuevo poniendo mi cara justo en su entrepierna y restregándomela en su paquete por encima del pantalón, “vamos, saca tu juguete favorito” me dijo, yo seguí un momento con mi duda, pero resignada, busqué la forma de retirarle el pantalón dejando ver al fin su miembro recto. Estaba más hinchado de lo que recordaba, con mi mano empecé a estimularlo yendo de arriba abajo, “ven, comételo, para eso me trajiste”, de nuevo me tomo del cabello y me llevo hasta su pene, le hice caso y lo engullí con mi boca, él apoyaba mi movimiento jalándome con sus manos provocándome arcadas, me sostenía un momento haciendo que me faltará el aire, me soltaba y yo respiraba el aire que podía antes de volver a repetirlo.
De pronto me soltó dándome la libertad de moverme por mi misma, yo continue con la felación, la dureza y el olor eran atrayentes y me incitaban a dar lo mejor de mí, recorría de vez en cuando el tronco con mi lengua, al llegar a la punta le daba lengüetazos que le sacaban suspiros con esa voz gruesa. Se recompuso y volvió a servirse un trago, encendió un cigarrillo y se turnaba entre el vaso y el cigarro, “juega con mis bolas” me ordenó, era increíble como le costaba muy poco hacerme obedecer, tan pronto me lo pidió, yo ya estaba pasando mi lengua por sus testículos, los metía en mi boca y los succionaba, él estaba vuelto loco, apenas podía mantener el cigarrillo con mano derecha y con esa misma, sin soltar el cigarro, me tomo de la cabeza para mantenerme pegada a sus bolas, sus gemidos aumentaban, era evidente que lo estaba disfrutando y eso me encantaba a mí, incluso haciéndome mojar aún más.
Después de mantenerme un poco más así, me levanto y me dio vuelta, poniendo mis manos sobre la mesita de centro donde tenia la botella y el vaso, me alzo el trasero para que sacara mis nalgas lo mas que pudiera, con su mano tosca empezó a azotar una y luego otra, con cada nalgada yo solo gemía, estaba super mojada y me lo restregó cuando al fin decidió bajarme la tanga, encontrándola húmeda por mis fluidos, “tranquila zorrita, ya estoy por calmar tus ansias”. Me mantuve en esa posición mientras escuchaba el ruido de la hebilla de su cinturón caer al piso, sentí que se paró detrás de mí.
-por fin llego el momento que tanto esperabas - me dijo haciéndome sufrir un poco más,
Levante la cadera lo más que pude como incitándole a penetrarme.
-veo que lo deseas- siguió jugando
-ya, apenas pude contestar
-¡Ya que zorrita!
-¡Ya penétrame!
-Eso zorrita, tu solo pídelo
-Ya don José, ¡penétreme por favor!
Satisfecho con mis palabras, me tomo por la nuca poniendo mi la cabeza contra la mesa, dio un paso más cerca, y comencé a sentir el calor de sus piernas al colocase detrás, en un instante ya estaba sintiendo la dureza de su pene colocarse en la entrada de mi vagina, ya era un rio, por lo que con total facilidad llego de un solo empujón al fondo, la satisfacción que sentí al tenerlo adentro fue indescriptible, con embestidas lentas pero con fuerza, rápido me hizo llegar al orgasmo, escurriendo agua entre mis piernas, que seguramente eran fluidos míos. Don José me soltó la nuca y ahora me tomo de los brazos levantándome un poco y continúo penetrándome así por un rato, de nuevo me soltó ahora ocupándose de quitarme también el brasier, dejando mis pechos al descubierto, los que ahora tomo y de nuevo volvió a embestirme con tal intensidad, que mis piernas rozaban la orilla de la mesa, hasta que, de un empujón, cayo el vaso al piso rompiéndose y la botella cayo de lado derramando gran parte del tequila, no me importo pues justo en ese momento, sentí su calor inundando mi interior, provocando que yo me viniera con él.
Se quedo un momento adentro, terminado de descargarse, cuando se bajó su erección, se salió de mí y se sentó en el sillón, me tomé un momento para descansar y levantar la botella que aun seguía de lado, pero él, ajeno a lo ocurrido continuo con sus órdenes “sírveme un trago”, me seguía calando su actitud, pero no quise discutir y solo caminé por otro vaso, pasando entre los restos de vidrio con mis tacones aun puestos por fortuna. Le serví el trago y se lo bebió de un solo golpe, así desnuda, barrí los pedazos de vidrio para evitar un accidente, tomé mi ropa y me dispuse a dirigirme a mi habitación cuando él me detuvo apretándome fuerte del brazo, “quien te ha pedido que te vistas, aún no hemos terminado”.
Se paro y me levanto tomándome de las piernas, cuando nos interrumpió un ruido desde afuera como de algo cayéndose, él quiso bajarme y salir a ver al ventanal, pero yo lo tranquilice diciéndole que no se preocupara, sería el gato de algún vecino, ante su persistencia, lo rodee con mis brazos y lo bese, el me volvió a sujetar con firmeza y camino hacia la habitación, pasando justo por el ventanal, por lo que aproveche desviando un poco la mirada para alcanzar a ver una sombra sobre la marquesina. No me quedo ninguna duda, sería mi marido intentando espiar, seguramente se había cansado de esperar en el frio de la azotea y había decidido acercarse, el ruido que hacíamos le debió haber despertado su curiosidad y como consecuencia, ahora le tocaba mirar como don José me llevaba cargando a nuestra habitación, donde no podría ver nada, solo le quedaba escucharnos.
Don José abrió la puerta y fue directamente a arrojarme a la cama, se volvió para cerrar la puerta y volvió conmigo, en su caminar note que ya había recuperado su firmeza, me sente en la orilla y él se acerco para que d enuevo le dier auna mamada, lo hice con la misma intensidad que la vez anterior, pero él estaba más impaciente.
-“¿dónde lo guardas?” – pregunto
-¿qué?
-El juguete, ¿dónde lo guardas?
Fui a mi cajón y saqué lo que había usado para masturbarme en la video llamada.
-¿Hablas de esto?
-Si, ese mismo
-Pero no es un juguete
-¿Crees que no lo sé?, voltéate
El juguete no era otra cosa más que una botella de lubricante con forma cilíndrica, mi marido y yo lo habíamos comprado para intentar el sexo anal, pero cuando lo intentamos nos pusimos nerviosos y desistimos, lo guardamos pensando en que nos serviría para otra ocasión e irónicamente, el momento había llegado. Me di la vuelta como me lo había pedido y me coloque en cuatro, los nervios me llenaban, pero también la curiosidad por lo que iba a pasar, don José destapo la botella y me unto un poco alrededor, con su dedo comenzó a jugar y amenazaba con entrar de poco en poco, ya lubricada, me retiro sus dedos y se subió encima de la cama, colocándose de nuevo detrás de mí, comenzando a restregarme su cabeza por la entrada, yo me puse dura para resistirlo.
-Estas muy apretada, ¿no lo has practicado mucho?
-No, la verdad es que no
-¿Cuántas veces?
-Ninguna, solo ha quedado en intentos
-Tonto de tu marido, tremendo culo y no usarlo
-No lo insulte por favor
-Tienes razón, que me disculpe y también tendrá que disculparme por romperle un vaso
-¡Ah! – yo solo respondí con un gemido
-Ah… y por romperle el culo a su esposa
Tras sus palabras ahora si empujo su verga adentro, abriéndose paso por mi interior, sentirlo era una sensación de dolor, que poco a poco se convirtió en placer, sus estocadas fueron aumentando su velocidad, entre las embestidas sentí de repente sus dedos en mis pliegues vaginales, me estimulaba por los dos agujeros, se notaba su experiencia para mantener el ritmo en los dos lados. Retiro la estimulación en mi vagina y ahora me daba zotes en las nalgas, me decía una guarrada tras otras “que buen culito”, “eres una putita”, “comete toda la verga”, cosas por el estilo, yo estaba en éxtasis cuando nuevamente sentí como se vaciaba ahora en mi culo, increíblemente me vino otro orgasmo.
Ahora si cayo rendido en la cama, yo termine agachada, una vez que se salió me devolvió la sensación de dolor que no me dejaba mover con tranquilidad, él comenzó a vestirse y solo se despidió dándome una nalgada y diciéndome “nos veremos pronto”, yo solo conteste un “si”, quedándome en esa posición mientras él salía del departamento y luego del edifico. Me quede atrapada en mis pensamientos, lo que acababa de vivir había sido un remolino de emociones, no concebía como alguien que se comportaba con las faltas de don José me sacaba de quicio y a la vez, me provocaba un deseo y un placer de ese tamaño, había llegado tan lejos que incluso hizo algo que mi marido no se había atrevido y la verdad es que me había gustado mucho.
Tras unos minutos, mi marido entro, debió estar esperando para asegurarse de que don José ya se había ido, lo escuché caminar por la sala y el sonido al pisar algún vidrio que aun estaría en el piso, “¿rompieron algo?” pregunto, “si, don José me rompio algo” le conteste con sarcasmo.
También me abordo la imagen de mi marido al despedirse, sobre todo sus ultimas palabras, “en verdad quiero cuernos”, y es que la experiencia no era nueva, ya llevábamos algún tempo abriendo nuestra relación a este extraño fetiche que incluye al sexo infiel y don José ya se había incluido entre los llamados “corneadores” de nuestro matrimonio, pero en esta ocasión, la sentencia de mi marido llevaba más que su deseo propio. Él sabia lo que había ocurrido con nuestro vecino, la manera en que me llevo a la cama la primera vez, entre engaños y aprovechándose de la situación, la manera en que le oculte que nos seguíamos frecuentando y las nuevas experiencias que esto nos permitió, me había dejado en claro en ese momento que no le había agradado la forma en que ocurrió y ahora, su proceder era totalmente contrario.
Siguió conmigo el ayuno sexual que me había impuesto don José, el mismo procuro que no lo rompiéramos y me animo a seguir el resto de sus peticiones, ayudándome incluso a cumplirlas, ese mismo día continúo despertando mi necesidad sexual a través de la estimulación, e incluso cuando ya el plan parecía perdido, el mismo tomo la iniciativa en la conversación, manipulando la situación para convencer a don José de que me encontraba a solas, invitándolo sutilmente a nuestro departamento, aun a costa de que él tuviera que pasar unas horas en el frio de la azotea. Creía que mi marido se había hecho dueño de la situación y controlaba mis actos a su favor, pero al verme caminando hacia la entrada, vestida como toda una zorra, abriéndole la puerta a aquel señor que solo venia a follarme, seguro de que había cumplido todos sus caprichos, entendí que mi marido solo estaba cumpliendo el papel que le tocaba, ese “quiero cuernos”, más que su propio deseo, era una “orden” asignada por quien realmente había llevado las riendas, ya que no solo quería que le pusiera los cuernos, sino que desde hace tiempo, su capricho, y el mío, era que quien se los hiciera crecer fuera don José.
Con esos pensamientos inundando mi cabeza y mi sexo, termine con la llave en mano abriendo la puerta de la entrada, don José ya estaba ahí, fumando un cigarro, con toda su pinta de delincuente de barrio y emitiendo un olor a cerveza que indicaba varias horas de fiesta previa, no me saludo ni dirigió una sola palabra, solo continuo ahí de pie mirándome de pies a cabeza mientras terminaba su cigarro, tiro la colilla y la aplasto, ahora si pasando sin tan siquiera mirar si alguien observaba, como si nada de eso le importara. Sin aun decirme palabra, fue directo a mi boca, empujando con fuerza su lengua buscando lo más profundo de mi garganta, mi sexo ya era un rio, no entendía como con tan poco podía provocarme tanto, ni siquiera me importaba que se comportara como un imbécil, al sentir como sus manos empezaban a tocar mi cuerpo con tanta agresividad, ya me hacía morir de ganas por sentirlo dentro.
Me soltó y ahora si me hablo, “vamos”, no necesitaba escuchar más, camine por delante de él, ya era algo noche, pero aun había vecinos despiertos, se notaba por la música, no me importo, aun así, continue caminando y con toda la excitación que sentía, me motive a ser un poco más provocadora, contoneando mis caderas en cada paso que daba al subir cada escalón, la vista que ofrecía seria perfecta, y una nalgada que de vez en cuando me propinaba mi acompañante me lo confirmaba. Continuamos caminando hasta pasar por el departamento de nuestra tía, que afortunadamente no se encontraba esa noche, sin ninguna interrupción, llegamos al punto donde unos instantes antes había dejado a mi marido, me detuve y con el pretexto de voltear a ver a mi acompañante, desvié la mirada para ver si mi marido se encontraba observando, sin embargo, era lógico que no se expusiera tanto, aun así la idea me calentaba de sobre manera, así que tras subir unos escalones hacia nuestro departamento, me detuve en un punto donde los demás departamentos no tuvieran visión pero del otro lado de la escalera si, voltee y atrape a don José hipnotizado por mis caderas, redirigió su mirada hacia la mía y desde un escalón mas abajo que el mío, me tomo de la cintura, me levanto abriéndome las piernas y dirigiéndome hacia él me beso de nuevo con esa intensidad.
Tras un largo beso donde de nuevo aprovecho para recorrer con sus manos mis pechos y mi trasero por debajo del vestido, lo separe de mi y termine de subir la escalera, abrí con delicadeza la puerta del departamento y con una seña de mi dedo, le invite a pasar, por el contrario, él entro con firmeza y autoridad, empujándome hacia el interior, para azotar la puerta detrás de si, cerrándola y nuevamente abalanzarse sobre mi para levantarme, con apenas tiempo para dar una ultima mirada a través de la ventana para saber si mi marido habría sido testigo del preámbulo. Nuestro vecino camino dio apenas unos pasos, ya conocía nuestro departamento, por lo que su objetivo no era ir directo a la recamara, me llevo hacia el sillón de la sala y ahí mismo me recostó, tenia todo su peso encima mientras continuaba besándome y recorriendo con sus manos mi cuerpo, ahora con mayor confianza.
La luz le permitía una mejor visión del vestido que llevaba, se separo de mi y me levanto, el se sentó y puso mi trasero a la altura de su cara, sin ninguna indicación, comencé a mover mis caderas como si fuera una bailarina exótica, él encendió el televisor y puso música para que acompañara mi baile, yo no me detuve y acompañe el ritmo, mientras él camino hacia un pequeño mueble de madera donde mi marido guardaba unas botellas, tomo un tequila Don Julio, el cual no es tan caro pero es muy popular en México, sobre todo entre los señores mayores, lo cual le calzaba muy bien. Tomo un vaso y rompió el sello de la botella para destaparlo, se lo sirvió derecho y se lo tomo de un trago, tomo la botella y el vaso y se sentó de nuevo en el sillón, subió el volumen de la música y me dio una nalgada para que continuara.
Me tenia super caliente, llevaba encima todo el deseo atrasado, todas las ideas que mi marido me había metido, y encima, don José estaba adoptando una actitud de no creerse, se había hecho dueño y señor de nuestro departamento, tomaba lo que quería de nuestro hogar y eso me iba a incluir a mi, ese pensamiento hizo que me comenzara a desnudar, ofreciéndole ahora un striptease. Me comencé a bajar el vestido por la parte de arriba, mostrándole el brasier rosa que llevaba puesto, el metió su mano, pero de inmediato me di vuelta, quería hacerlo desear, continue mi baile y ahora subí el vestido por abajo, enseñando apenas un lado delgado de la braga rosa, no insistió en su cometido de tocarme, prefirió encender otro cigarro.
Mientras movía mis caderas, enrolle el vestido quedando a la vista todo el conjunto, cuando me voltee a verlo de nuevo, note que dejaba caer la ceniza en piso, apenas con voz baja le dije, “tome un cenicero o al menos déjela en la mesa”, “cállate y no te detengas”, me respondió con firmeza. Con el carácter que tengo pensé en reclamarle con mayor intensidad, “que sea mi invitado no le da derecho a hacer lo que quiera en esta casa, hasta abrió una botella nueva habiendo otras ya abiertas”, pero contuvo mi reclamo de forma directa, “vine a tomar de esta casa lo que yo desee”.
Tras esas palabras me tomo del cabello y con fuerza me hinco, poniéndome de rodillas, al ver que puse algo de resistencia en continuar, me jalo de nuevo poniendo mi cara justo en su entrepierna y restregándomela en su paquete por encima del pantalón, “vamos, saca tu juguete favorito” me dijo, yo seguí un momento con mi duda, pero resignada, busqué la forma de retirarle el pantalón dejando ver al fin su miembro recto. Estaba más hinchado de lo que recordaba, con mi mano empecé a estimularlo yendo de arriba abajo, “ven, comételo, para eso me trajiste”, de nuevo me tomo del cabello y me llevo hasta su pene, le hice caso y lo engullí con mi boca, él apoyaba mi movimiento jalándome con sus manos provocándome arcadas, me sostenía un momento haciendo que me faltará el aire, me soltaba y yo respiraba el aire que podía antes de volver a repetirlo.
De pronto me soltó dándome la libertad de moverme por mi misma, yo continue con la felación, la dureza y el olor eran atrayentes y me incitaban a dar lo mejor de mí, recorría de vez en cuando el tronco con mi lengua, al llegar a la punta le daba lengüetazos que le sacaban suspiros con esa voz gruesa. Se recompuso y volvió a servirse un trago, encendió un cigarrillo y se turnaba entre el vaso y el cigarro, “juega con mis bolas” me ordenó, era increíble como le costaba muy poco hacerme obedecer, tan pronto me lo pidió, yo ya estaba pasando mi lengua por sus testículos, los metía en mi boca y los succionaba, él estaba vuelto loco, apenas podía mantener el cigarrillo con mano derecha y con esa misma, sin soltar el cigarro, me tomo de la cabeza para mantenerme pegada a sus bolas, sus gemidos aumentaban, era evidente que lo estaba disfrutando y eso me encantaba a mí, incluso haciéndome mojar aún más.
Después de mantenerme un poco más así, me levanto y me dio vuelta, poniendo mis manos sobre la mesita de centro donde tenia la botella y el vaso, me alzo el trasero para que sacara mis nalgas lo mas que pudiera, con su mano tosca empezó a azotar una y luego otra, con cada nalgada yo solo gemía, estaba super mojada y me lo restregó cuando al fin decidió bajarme la tanga, encontrándola húmeda por mis fluidos, “tranquila zorrita, ya estoy por calmar tus ansias”. Me mantuve en esa posición mientras escuchaba el ruido de la hebilla de su cinturón caer al piso, sentí que se paró detrás de mí.
-por fin llego el momento que tanto esperabas - me dijo haciéndome sufrir un poco más,
Levante la cadera lo más que pude como incitándole a penetrarme.
-veo que lo deseas- siguió jugando
-ya, apenas pude contestar
-¡Ya que zorrita!
-¡Ya penétrame!
-Eso zorrita, tu solo pídelo
-Ya don José, ¡penétreme por favor!
Satisfecho con mis palabras, me tomo por la nuca poniendo mi la cabeza contra la mesa, dio un paso más cerca, y comencé a sentir el calor de sus piernas al colocase detrás, en un instante ya estaba sintiendo la dureza de su pene colocarse en la entrada de mi vagina, ya era un rio, por lo que con total facilidad llego de un solo empujón al fondo, la satisfacción que sentí al tenerlo adentro fue indescriptible, con embestidas lentas pero con fuerza, rápido me hizo llegar al orgasmo, escurriendo agua entre mis piernas, que seguramente eran fluidos míos. Don José me soltó la nuca y ahora me tomo de los brazos levantándome un poco y continúo penetrándome así por un rato, de nuevo me soltó ahora ocupándose de quitarme también el brasier, dejando mis pechos al descubierto, los que ahora tomo y de nuevo volvió a embestirme con tal intensidad, que mis piernas rozaban la orilla de la mesa, hasta que, de un empujón, cayo el vaso al piso rompiéndose y la botella cayo de lado derramando gran parte del tequila, no me importo pues justo en ese momento, sentí su calor inundando mi interior, provocando que yo me viniera con él.
Se quedo un momento adentro, terminado de descargarse, cuando se bajó su erección, se salió de mí y se sentó en el sillón, me tomé un momento para descansar y levantar la botella que aun seguía de lado, pero él, ajeno a lo ocurrido continuo con sus órdenes “sírveme un trago”, me seguía calando su actitud, pero no quise discutir y solo caminé por otro vaso, pasando entre los restos de vidrio con mis tacones aun puestos por fortuna. Le serví el trago y se lo bebió de un solo golpe, así desnuda, barrí los pedazos de vidrio para evitar un accidente, tomé mi ropa y me dispuse a dirigirme a mi habitación cuando él me detuvo apretándome fuerte del brazo, “quien te ha pedido que te vistas, aún no hemos terminado”.
Se paro y me levanto tomándome de las piernas, cuando nos interrumpió un ruido desde afuera como de algo cayéndose, él quiso bajarme y salir a ver al ventanal, pero yo lo tranquilice diciéndole que no se preocupara, sería el gato de algún vecino, ante su persistencia, lo rodee con mis brazos y lo bese, el me volvió a sujetar con firmeza y camino hacia la habitación, pasando justo por el ventanal, por lo que aproveche desviando un poco la mirada para alcanzar a ver una sombra sobre la marquesina. No me quedo ninguna duda, sería mi marido intentando espiar, seguramente se había cansado de esperar en el frio de la azotea y había decidido acercarse, el ruido que hacíamos le debió haber despertado su curiosidad y como consecuencia, ahora le tocaba mirar como don José me llevaba cargando a nuestra habitación, donde no podría ver nada, solo le quedaba escucharnos.
Don José abrió la puerta y fue directamente a arrojarme a la cama, se volvió para cerrar la puerta y volvió conmigo, en su caminar note que ya había recuperado su firmeza, me sente en la orilla y él se acerco para que d enuevo le dier auna mamada, lo hice con la misma intensidad que la vez anterior, pero él estaba más impaciente.
-“¿dónde lo guardas?” – pregunto
-¿qué?
-El juguete, ¿dónde lo guardas?
Fui a mi cajón y saqué lo que había usado para masturbarme en la video llamada.
-¿Hablas de esto?
-Si, ese mismo
-Pero no es un juguete
-¿Crees que no lo sé?, voltéate
El juguete no era otra cosa más que una botella de lubricante con forma cilíndrica, mi marido y yo lo habíamos comprado para intentar el sexo anal, pero cuando lo intentamos nos pusimos nerviosos y desistimos, lo guardamos pensando en que nos serviría para otra ocasión e irónicamente, el momento había llegado. Me di la vuelta como me lo había pedido y me coloque en cuatro, los nervios me llenaban, pero también la curiosidad por lo que iba a pasar, don José destapo la botella y me unto un poco alrededor, con su dedo comenzó a jugar y amenazaba con entrar de poco en poco, ya lubricada, me retiro sus dedos y se subió encima de la cama, colocándose de nuevo detrás de mí, comenzando a restregarme su cabeza por la entrada, yo me puse dura para resistirlo.
-Estas muy apretada, ¿no lo has practicado mucho?
-No, la verdad es que no
-¿Cuántas veces?
-Ninguna, solo ha quedado en intentos
-Tonto de tu marido, tremendo culo y no usarlo
-No lo insulte por favor
-Tienes razón, que me disculpe y también tendrá que disculparme por romperle un vaso
-¡Ah! – yo solo respondí con un gemido
-Ah… y por romperle el culo a su esposa
Tras sus palabras ahora si empujo su verga adentro, abriéndose paso por mi interior, sentirlo era una sensación de dolor, que poco a poco se convirtió en placer, sus estocadas fueron aumentando su velocidad, entre las embestidas sentí de repente sus dedos en mis pliegues vaginales, me estimulaba por los dos agujeros, se notaba su experiencia para mantener el ritmo en los dos lados. Retiro la estimulación en mi vagina y ahora me daba zotes en las nalgas, me decía una guarrada tras otras “que buen culito”, “eres una putita”, “comete toda la verga”, cosas por el estilo, yo estaba en éxtasis cuando nuevamente sentí como se vaciaba ahora en mi culo, increíblemente me vino otro orgasmo.
Ahora si cayo rendido en la cama, yo termine agachada, una vez que se salió me devolvió la sensación de dolor que no me dejaba mover con tranquilidad, él comenzó a vestirse y solo se despidió dándome una nalgada y diciéndome “nos veremos pronto”, yo solo conteste un “si”, quedándome en esa posición mientras él salía del departamento y luego del edifico. Me quede atrapada en mis pensamientos, lo que acababa de vivir había sido un remolino de emociones, no concebía como alguien que se comportaba con las faltas de don José me sacaba de quicio y a la vez, me provocaba un deseo y un placer de ese tamaño, había llegado tan lejos que incluso hizo algo que mi marido no se había atrevido y la verdad es que me había gustado mucho.
Tras unos minutos, mi marido entro, debió estar esperando para asegurarse de que don José ya se había ido, lo escuché caminar por la sala y el sonido al pisar algún vidrio que aun estaría en el piso, “¿rompieron algo?” pregunto, “si, don José me rompio algo” le conteste con sarcasmo.
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