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Primera vez yendo a la médica, y necesitas que ella te ayud

Historia creada por mi.
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El timbre de la consulta sonó y me hizo saltar en mi asiento. Era mi primera cita en este centro médico y el sudor frío ya empapaba mi frente. La puerta se abrió y salió una mujer que parecía haber salido directamente de una revista. Lleva una bata blanca ajustada que resaltaba sus curvas generosas y el pelo blanco con dos coletas.
"Soy la Doctora Valentina. Por favor, pasa y siéntate en la camilla."

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Me sentí como un adolescente entrando en la habitación de su crush por primera vez. Me senté en el borde de la camilla, las manos sudando profusamente mientras ella revisaba mi historial en el ordenador.
"Veo que estás muy nervioso," dijo sin levantar la vista. "Es normal, especialmente si es tu primera vez aquí."
Intenté reír, pero solo salió un sonido ahogado. "Sí, lo siento. No sé por qué, pero los médicos me ponen así."
Valentina se acercó lentamente. "Tranquilo, no hay nada de qué preocuparse." Intentó tomar mi presión arterial, pero mi corazón latía tan rápido que el medidor no podía dar una lectura estable.
"No puedo hacer esto así," dijo finalmente, dejando el estetoscopio en su cuello. "Tu ansiedad está interfiriendo con el examen."
Me sentí avergonzado. "Lo siento, doctora. Realmente lo siento."
Ella me miró con una comprensión que me desconcertó. Luego, hizo algo inesperado. Se sentó en la camilla junto a mí, tan cerca que podía sentir el calor de su cuerpo. "A veces," susurró, "necesitamos distracciones para calmarnos."
Mientras hablaba, lentamente abrió sus piernas, y mi mirada viajó hacia abajo hasta notar que bajo su falda se asomaban unas braguitas blancas de encaje. El aire se escapó de mis pulmones y mi corazón, que antes latía de pánico, ahora lo hacía por una razón diferente.
"¿Sientes eso?" preguntó, notando mi cambio de reacción. "La forma en que tu cuerpo puede cambiar de un tipo de excitación a otra."




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Asentí, incapaz de formar palabras. Ella se arremangó la bata un poco más, dejando ver más de sus muslos blancos y perfectos. Mi pene comenzó a endurecerse en mis pantalones, una erección en segundos que no puede controlar, estaba increíblemente excitado.

"Ahora que estás más relajado," dijo, "quizás podamos continuar con el examen."
Y funcionó. Mi ansiedad había desaparecido, reemplazada por un deseo tan intenso que me temblaban las manos. Ella procedió con el resto de las pruebas, y aunque su toque era profesional, cada vez que sus dedos rozaban mi piel, sentía un escalofrio recorrer mi cuerpo.
Para la última prueba, necesitaba que ambos estuviéramos de pie. Me pidió que me acercara a la pared para medir mi altura.
Me volví a poner nervioso y ella lo notó.
Lo que hizo a continuación me dejó sin aliento. Apartó la mirada con timidez y con ambas manos se abrió el escote para dejar ver sus hermosos pechos, despues me miró y empezó a quitarse toda la ropa sin apartar la vista de mi, con mas confianza. Se quedó en ropa interior... Un sujetador blanco de encaje que apenas contenía sus pechos generosos y las braguitas que ya había visto antes. "Así será más fácil," explicó.



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Sus pechos eran perfectos, redondos y firmes, con pezones que se marcaban a través del delicado encaje. Me sentía como un adolescente viendo su primera porno, pero esto era real, estaba sucediendo ahora mismo, aquí.
"Listo," dijo, terminando las mediciones. "Todo parece estar en orden."
Salí de la consulta con las piernas temblorosas y una erección que no había desaparecido. Caminé directamente hacia el baño del centro médico, cerré la puerta con pestillo y me apoyé contra ella, jadeando. Saqué mi polla erecta y comencé a masturbarme frenéticamente, imaginando lo que me gustaría hacer con ese cuerpo perfecto. Cómo me gustaría cogerla de las dos coletas mientras le doy bien fuerte por atrás en 4 patas, cómo me gustaría quitarle ese sujetador y esas braguitas y ver que se esconde ahí abajo, oler esas delicias y sentirlas en mi lengua mientras esos ojos color océano me miran fijamente como antes.
Mientras tanto, en su consulta, la Doctora Valentina cerró la puerta con llave. Se dirigió a su baño privado, donde se apoyó contra el lavabo, mirando su reflejo. Se quitó la mascarilla y sus mejillas estaban sonrojadas y su respiración era agitada. Bajó las braguitas blancas, ahora visiblemente mojadas, y se sentó en el borde del inodoro.
Cerró los ojos y comenzó a frotarse su húmedo clítoris con ambas manos, recordando la mirada de lujuria en los ojos de su paciente, la forma en que su pene se había endurecido bajo sus pantalones. Nunca antes se había sentido tan excitada, tan fuera de control. Sus dedos se movían más rápido, sus pechos se elevaban con cada jadeo, mientras imaginaba lo que él estaría haciendo en ese momento.
El pensamiento de él masturbándose pensando en ella la empujó al borde. Un gemido escapó de sus labios mientras el orgasmo la recorría en ondas, más intenso que cualquier otro que hubiera experimentado. Se quedó allí un largo momento, temblando..., y al tiempo se limpió y se volvió a poner la ropa, con una sonrisa pícara en su rostro, volvió al trabajo como si nada.





Primera vez yendo a la médica, y necesitas que ella te ayud

Sabía que esta no sería la última vez que vería a ese paciente especial.

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