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Semillas de Cuckold 5

Capítulo5: Las historias que lo encendieron todo
Habíanpasado solo dos días desde aquella noche en la que todo se había desbordadoentre ellos. Desde entonces, Marco y Yoselin parecían incapaces de saciarse.Cogían como animales en celo, pero ahora el porno ya no era un simple fondo oun acompañante ocasional: se había convertido en el detonante principal de susencuentros. Cada noche terminaban en la cama, en el sillón o incluso contra lapared del pasillo, con la televisión encendida en algún video explícito y lasmanos, bocas y cuerpos completamente ocupados el uno en el otro.
Elambiente en el departamento se había vuelto más pesado, más denso, cargado deun morbo que crecía hora tras hora. Marco ya no intentaba disimular sus gustosmás oscuros. Buscaba deliberadamente videos donde las vergas fueranverdaderamente monstruosas: gruesas como brazos, largas y venosas, queobligaban a las actrices a gemir de una forma casi dolorosa, entre placer ysufrimiento.
Esa nocheno fue diferente. Habían cenado algo ligero —ensalada y vino blanco— y luego seducharon juntos, enjabonándose mutuamente con lentitud, provocándose concaricias que prometían mucho más. Salieron del baño todavía húmedos yterminaron completamente desnudos sobre la cama. La televisión estaba encendidaen una de las páginas favoritas de Marco. Yoselin estaba recostada contra elpecho amplio de su esposo, con las piernas bien abiertas y la espalda apoyadaen él. Su mano derecha subía y bajaba con ritmo lento y deliberado por la vergadura y caliente de Marco, apretando con fuerza justo debajo de la cabeza cadavez que llegaba arriba, sacándole un gruñido bajo.
Marco,por su parte, tenía dos dedos gruesos metidos profundamente en la vaginaempapada de su esposa. Los movía con calma, curvándolos ligeramente, sintiendocómo las paredes internas de Yoselin se contraían y se mojaban más a cadaminuto. El sonido húmedo de sus dedos entrando y saliendo llenaba la habitaciónjunto con los gemidos exagerados que salían de la pantalla.
En el video,una rubia de tetas enormes estaba montada sobre un actor negro musculoso. Laverga de este era descomunal, gruesa como la muñeca de Yoselin, con venasmarcadas que palpitaban. La chica bajaba centímetro a centímetro, forzando suvagina a abrirse de una forma casi imposible, mientras gemía fuerte y su rostromostraba una mezcla de dolor y éxtasis.
Marcobesó el cuello sudoroso de su esposa, mordisqueando suavemente la pielsensible, y le susurró al oído con la voz ronca y cargada de deseo:
—Dime…¿qué es lo que más te gusta de este video, putita mía?
Yoselinsoltó un gemido suave y largo. Su mano apretó un poco más la verga de Marco,sintiendo cómo palpitaba contra su palma.
—Megusta… cómo se ve forzada —respondió con la respiración entrecortada—. Cómo esaverga tan grande le abre la vagina… se nota que le cuesta trabajo, que le dueleun poco, pero al mismo tiempo le encanta. Mira su cara… está sufriendo deplacer.
Marcometió un tercer dedo sin previo aviso y empezó a moverlos más rápido, haciendoque el sonido húmedo se volviera más evidente. Yoselin arqueó la espalda ysoltó un jadeo más fuerte.
—¿Teimaginas tener algo así adentro? —continuó él, mordiéndole el lóbulo de laoreja—. ¿Te gustaría que te cogieran con una verga tan gruesa y larga como esa?¿Que te abrieran toda?
Ellarespiró agitada, pero tardó unos segundos en contestar. Marco insistió, pegandomás la boca a su oreja caliente:
—Contéstame,amor… sé completamente honesta. ¿Te gustaría volver a sentir una verga así degrande abriéndote toda por dentro?
Yoselinmordió su labio inferior con fuerza. Su vagina se contrajo violentamentealrededor de los tres dedos de Marco, soltando más jugos que le corrieron porla mano.
—Sí… megustaría —admitió finalmente en voz baja, casi avergonzada—. Me calienta vercómo la estiran… cómo la llenan completa hasta el fondo. Me pone ver que apenasles cabe y que aun así lo disfrutan.
Marcosintió un chorro abundante de precum salir de su verga y caer sobre los dedosde Yoselin. Su propia excitación estaba llegando a niveles que apenas podíacontrolar.
—Cuéntamemás… —exigió con voz grave—. ¿Qué es lo que te gusta exactamente de tener unaverga grande? ¿La sensación de que te llenen por completo? ¿Que te duela ricoal principio y luego solo quede placer?
Yoselinempezó a masturbarlo más rápido, casi sin darse cuenta, mientras sus tetas subíany bajaban con la respiración acelerada. Sus pezones estaban duros como piedras.
—Megusta… la presión intensa —dijo con la voz temblorosa—. Cómo se siente cuandoentra poco a poco y te abre por dentro, centímetro a centímetro. Cómo llegahasta donde ninguna otra verga ha llegado antes. Y cuando empieza a moverse… escomo si te estuviera tocando todo al mismo tiempo, presionando cada rincón detu vagina.
Marcogimió profundamente y curvó los dedos dentro de ella, tocando ese puntoesponjoso que siempre la volvía loca. Yoselin dio un respingo y apretó losmuslos.
—Sigue…—pidió él, casi suplicando—. Quiero que me cuentes cómo era con Carlos. Cómoempezó todo. Cómo fue la primera vez que viste su verga. No te guardes nada,putita. Quiero saberlo todo, con lujo de detalles, mientras te meto los dedos.
Yoselindudó por un instante. Su mano se detuvo un segundo sobre la verga palpitante deMarco. Lo miró a los ojos, buscando cualquier señal de que esto fuera una bromao una trampa peligrosa. Pero solo encontró deseo puro, morbo profundo y un amormezclado con algo nuevo, oscuro y adictivo.
—¿Deverdad quieres que te cuente eso? —preguntó en voz baja, casi susurrando.
—Más quenada en el mundo —respondió él sin dudar ni un segundo—. Cuéntamelo todo.Mientras me masturbas lento y yo sigo cogiendote con los dedos.
Ellarespiró profundo, cerró los ojos un momento y asintió. Su mano volvió amoverse, ahora más lenta pero con más firmeza, apretando toda la longitud de laverga de Marco.
—Carlos…lo conocí en una fiesta de unos amigos en común, unos 5 meses antes de que tú yyo nos conociéramos —empezó—. Yo estaba soltera, acababa de salir de unarelación corta y aburrida. Solo quería divertirme, beber, bailar y no pensar ennada serio. Esa noche bebimos mucho. Empezamos a bailar pegados, a coqueteardescaradamente… y terminamos en su coche, en el estacionamiento oscuro. Ahí fuela primera vez que se la vi.
Marcosintió cómo la vagina de Yoselin se ponía más caliente y más mojada alrededorde sus dedos. Aumentó el ritmo lentamente.
—Sigue…no pares.
—Estábamosbesándonos con mucha hambre —continuó ella—. Él me metió la mano debajo de lafalda corta y empezó a tocarme por encima de la tanga. Yo, sin pensarlo, lebajé el cierre del pantalón. Cuando saqué su verga… puta madre, Marco. Eramucho más grande de lo que esperaba. Gruesa, venosa, de un tono moreno oscuro…y muy larga. La agarré con las dos manos y todavía sobraba bastante. La cabezaera gruesa, casi morada, brillante. Los huevos eran gordos, pesados y colgabanabajo. Me quedé mirándola como hipnotizada. Era intimidante… y al mismo tiempome mojé al instante.
Yoselinapretó más fuerte la verga de Marco al recordarlo. Él soltó un gemido bajo yprofundo.
—¿Quéhiciste cuando la viste? —preguntó, metiendo los dedos más profundo.
—Le dije“está enorme” y me reí nerviosa, como una tonta. Él me agarró del cabello confuerza pero sin lastimarme y me empujó suavemente hacia abajo. Yo abrí la bocatodo lo que pude y empecé a chupársela. Apenas me cabía la cabeza. Tuve queusar las dos manos para masturbarlo mientras le lamía y chupaba la punta. Medolía la mandíbula después de unos minutos, pero me encantaba. Sentía cómo seponía aún más dura y gruesa en mi boca. Me mojé tanto que la tanga se me pegócompletamente a la vagina.
Marcorespiraba cada vez más agitado. Su verga palpitaba violentamente en la mano desu esposa.
—¿Y laprimera vez que te la metió? —insistió.
Yoselinsoltó un gemido largo y tembloroso cuando Marco curvó los dedos justo en supunto G, frotándolo con insistencia.
—Esamisma noche, en el asiento de atrás del coche. Me puso en misionero, me levantóla falda y me bajó la tanga de un tirón. Me escupió directo en la vagina yposicionó esa cabeza enorme. Cuando empujó… Dios mío… sentí cómo me abría deverdad. Dolía rico, una presión fuerte, como si me estuviera partiendo en dos,pero era delicioso al mismo tiempo. Tuve que agarrarme fuerte del asiento ymorder su brazo para no gritar como loca. Entró poco a poco, centímetro acentímetro, estirándome toda. Cuando por fin sentí sus huevos contra mi culo,pensé que me iba a desmayar. Nunca me habían llenado tanto.
—¿Tecorriste esa primera vez? —preguntó Marco, casi sin aliento.
—Sí… mecorrí como loca cuando empezó a moverse de verdad —confesó Yoselin entregemidos—. Era demasiado grande. Me tocaba todo por dentro al mismo tiempo. Cadaembestida me hacía ver estrellas. Se corrió adentro y sentí cómo me llenaba conchorros calientes y abundantes. Salía tanto semen que me chorreaba por losmuslos y manchó todo el asiento.
La manode Yoselin subía y bajaba cada vez más rápido sobre la verga de Marco. Él teníatres dedos dentro de ella y los movía con fuerza. Ambos estaban sudandoprofusamente.
—Sigue…cuéntame más sesiones —exigió él—. ¿Cómo eran las otras veces?
Yoselinya no sentía vergüenza. La excitación había convertido todo en puro morbo.
—Despuésde esa noche empezamos a vernos casi a diario. Una vez me llevó a un motelbarato. Me hizo desnudar completamente y me puso de rodillas frente a él. Meordenó que se la chupara hasta que estuviera bien dura y brillante. Me tardécasi diez minutos porque era tan grande que me costaba trabajo. Cuando yaestaba lista, me tiró en la cama, me abrió las piernas al máximo y me la metióentera de una sola embestida. Grité fuerte. Me sentía tan llena que casi nopodía respirar. Me cogía lento pero muy profundo, sacándola casi toda yvolviéndola a meter hasta el fondo. Me corría una y otra vez. Me decía cosascomo “mira cómo te abre esta verga, puta” y yo solo podía gemir “sí, sí, sí, nopares”.
Marcoestaba al borde del orgasmo. Su verga soltaba precum sin parar, lubricando lamano de Yoselin.
—¿Y tegustaba más que mi verga? —preguntó con voz entrecortada.
Yoselinlo miró directamente a los ojos, sin dejar de masturbarlo con fuerza.
—Megustaba diferente. Con tu verga me siento cómoda y disfruto, pero con la deCarlos… me sentía usada, completamente llena, dominada. Me encantaba lasensación de que apenas me cupiera, de que me estirara la vagina al límite.Después de cada sesión caminaba raro durante dos días, con las piernastemblorosas y la vagina sensible. Y eso me ponía aún más caliente.
Marco yano aguantó más. Sacó los dedos de golpe, la agarró con fuerza de las caderas yla puso encima de él. Yoselin se ensartó de un solo movimiento sobre su vergadura, soltando un grito de placer, y empezó a cabalgar con fuerza. Sus tetas rebotabanviolentamente delante de la cara de Marco.
—Siguecontándome —exigió él, chupándole un pezón con fuerza mientras la sujetaba—.Quiero que me cuentes la vez que más te gustó con él. Con todos los detalles.
Yoselinechó la cabeza hacia atrás, moviéndose cada vez más rápido. Su vagina apretabala verga de Marco con cada bajada profunda.
—Unanoche… me llevó a su departamento —dijo entre gemidos—. Me hizo poner lenceríanegra transparente y tacones altos. Me puso en cuatro frente al espejo grandedel clóset. Me cogía mirándome a los ojos a través del reflejo. Me agarraba delcabello con fuerza y me decía “mira cómo te abre esta verga, cómo te destrozapor dentro”. Podía ver perfectamente cómo entraba y salía de mí. Me corría solode verlo. Esa noche me dio tres corridas seguidas antes de correrse él. Cuandoterminó, me dejó tan abierta y sensible que tardé como diez minutos en podercerrar las piernas. Sentía el semen saliendo de mí a chorros.
Marco lasujetó más fuerte y empezó a embestir desde abajo con toda su fuerza,follándola con intensidad.
—Eres unaputa deliciosa… —gruñó entre dientes—. Me encanta que me cuentes cómo te cogíancon vergas mucho más grandes que la mía.
Yoselingritó de placer. Su vagina se contrajo con fuerza alrededor de él.
—Másgrande… mucho más grande… y me encantaba —admitió sin filtro entre gemidosentrecortados.
Eso fuedemasiado para Marco. Con un rugido bajo y animal se corrió violentamentedentro de ella, soltando chorros fuertes y abundantes de semen caliente.Yoselin sintió cada pulsación profunda y eso la llevó al orgasmo más intenso dela noche. Se estremeció encima de él, contrayéndose una y otra vez, gritando sunombre mientras su vagina ordeñaba hasta la última gota.
Sequedaron abrazados, jadeando pesadamente, con los cuerpos pegados por el sudory los fluidos mezclados.
Marco lebesó la frente con ternura y le susurró al oído:
—Quieroque me sigas contando más… mañana, pasado mañana, todos los días. Quiero saberabsolutamente todo de tu pasado, putita mía.
Yoselinsonrió con los ojos todavía cerrados, temblando de placer residual.
—Estábien… pero solo si tú sigues poniéndote así de duro cuando te lo cuente.
Ningunode los dos durmió mucho esa noche. La puerta del morbo ya estaba completamenteabierta… y ninguno de los dos tenía la más mínima intención de cerrarla.

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