Capítulo 1: El que busca encuentra.
Marco cerró la puerta deldepartamento con el pie, cargando dos bolsas del supermercado. El olor a comidarecién hecha ya flotaba desde la cocina, mezclado con el aroma suave delperfume de Yoselin. Ella estaba frente a la estufa, moviendo las caderas alritmo de una canción que sonaba bajito en el altavoz. Llevaba puesta una de lascamisetas oversize favoritas de él, que apenas le llegaba a la mitad del muslo.Cada vez que se movía, la tela subía peligrosamente y dejaba ver la curva inferiorde ese culo grande, redondo y firme que Marco nunca se cansaba de admirar.
—Llegaste justo a tiempo— dijo ella sin voltear del todo, con unasonrisa pícara en los labios.
Marco dejó las bolsas sobrela mesa y se acercó por detrás. Sus manos rodearon la cintura de Yoselin ybajaron lentamente hasta posarse en sus caderas anchas. La atrajo hacia él,presionando su cuerpo contra el de ella. Incluso después de dos años decasados, el simple contacto seguía encendiendo la misma chispa intensa de siempre.
—Hueles delicioso —murmuró contra su cuello, depositando un besosuave justo debajo de la oreja.
Yoselin soltó una risitajuguetona y empujó su culo hacia atrás, rozando deliberadamente la entrepiernade Marco.
—Compórtate… o la cena se va a quemar.
Pero ninguno de los dostenía ganas reales de comportarse esa noche. Marco deslizó una mano por debajode la camiseta oversize y subió lentamente hasta encontrar una de sus tetas.
Sus tetas eran pesadas y firmes, y sus pezones grandes y carnosos. La apretó con suavidad, sintiendo cómo elpezón se endurecía al instante contra su palma. Yoselin suspiró y echó lacabeza hacia atrás, apoyándola en el hombro de él.
Llevaban casados dos años,pero su vida sexual seguía siendo tan intensa como al principio. Desde queempezaron a salir, el sexo había sido una constante diaria. Al inicio era casiobsesivo: en el coche, en el cine, en la casa de los padres cuando no habíanadie, en hoteles baratos de paso. Se casaron jóvenes —él con 25 y ella con 24—y la pasión no solo no disminuyó, sino que se volvió más profunda y exploradoracon el tiempo. Seguían cogiendo con la misma hambre, aunque ahora con lacomodidad y la confianza de su propio departamento.
Después de cenar, sesentaron en el sofá a ver una serie. Pero la serie duró muy poco. Yoselin subiólas piernas sobre las de Marco y empezó a acariciarle el pecho por encima de lacamisa. Sus dedos bajaron lentamente hasta el borde del pantalón, juguetones.
— ¿Quieres ver porno esta noche? —preguntó ella con voz baja ycargada de intención,
Marco sonrió. Era una de sus rutinas favoritas. Alos dos les encantaba ver porno juntos. Les servía de inspiración y los ponía aun nivel de excitación que pocas veces alcanzaban solos.
—Claro que sí —respondió él, tomando su celular para transmitir ala pantalla.
Buscaron en una de laspáginas que solían usar y eligieron un video de una pareja joven cogiendo conintensidad en una cocina, muy similar a cómo ellos habían empezado la tarde.Yoselin se acomodó mejor contra él y su mano se metió sin prisa dentro delpantalón de Marco. Encontró su verga ya semi-dura y empezó a masturbarlolentamente, con movimientos largos y firmes, apretando justo en la cabeza cadavez que subía.
En la pantalla, la chica seponía en cuatro y gemía sin control mientras la penetraban por detrás. Yoselinapretó un poco más la mano alrededor de la verga de su marido.
—Me encanta cuando me coges así —susurró ella, acercando su boca aloído de Marco.
Él no necesitó másinvitación. Apagó la televisión, tomó a Yoselin de la mano y la llevó aldormitorio. La empujó suavemente sobre la cama y se quitó la camisa de untirón. Yoselin se sacó la camiseta oversize y quedó solo con una tanga negra deencaje que apenas cubría su rajada. Sus tetas generosas se veían perfectas bajola luz tenue de la lámpara de noche, firmes y con los pezones ya duros por laexcitación.
Marco se arrodilló entre suspiernas y le bajó la tanga con los dientes, dejando al descubierto su vagina yamojada y completamente depilada. Empezó besando el interior de sus muslossuaves, subiendo lentamente hasta llegar a su clítoris. Yoselin soltó un gemidolargo y profundo cuando la lengua de Marco la tocó por primera vez. Él la lamiócon calma al principio, trazando círculos suaves y lentos, luego más rápido,succionando suavemente el clítoris hinchado. Dos dedos entraron en ella sinesfuerzo, curvándose para tocar ese punto que siempre la hacía temblar yarquear la espalda.
—Puta madre, Marco… así… nopares —jadeó ella, agarrando las sábanas con fuerza mientras sus caderas semovían contra la cara de él.
Marco siguió comiéndoselacon ganas, disfrutando del sabor familiar y de los gemidos cada vez más altos ydesesperados de su esposa. Cuando sintió que estaba cerca del orgasmo, sedetuvo, se incorporó y se quitó el pantalón. Su verga estaba completamente dura,gruesa y lista, con la cabeza brillando de precum.
Yoselin se dio la vuelta yse puso en cuatro sobre la cama, arqueando la espalda y ofreciéndole ese culogrande, redondo y firme que tanto le gustaba a Marco. Él lo agarró con ambasmanos, separando las nalgas para ver su vagina brillando de humedad y su anopequeño y rosado.
—Cógeme fuerte esta noche —pidió ella, mirándolo por encima delhombro con ojos llenos de deseo y lujuria.
Marco posicionó la cabeza desu verga en la entrada y empujó de una sola vez hasta el fondo. Yoselin soltóun gemido gutural y largo. Él empezó a embestir con ritmo constante y profundo,sintiendo cómo las paredes calientes y húmedas de su vagina lo apretaban confuerza. Sus manos se aferraban a las caderas anchas de ella, y cada choquehacía que su culo se moviera en ondas deliciosas e hipnóticas.
Cambió de posición variasveces durante la siguiente hora. Primero perrito, luego de lado, después lamontó en cowgirl para que ella tomara el control. Yoselin cabalgaba con ganas,sus tetas rebotando suavemente mientras bajaba y subía sobre la verga de Marco.Sus gemidos llenaban la habitación junto con el sonido húmedo y obsceno de suscuerpos chocando.
—Quiero que te vengas dentro —susurró ella entre jadeosentrecortados—. Lléname toda, amor.
Marco la tomó firmemente dela cintura y la penetró más rápido y más profundo. El sonido húmedo de suscuerpos era obscenamente excitante. Cuando sintió que no podía más, empujóhasta el fondo y se corrió con fuerza, soltando chorros calientes y abundantesdentro de ella. Yoselin tembló violentamente y tuvo su propio orgasmo casi almismo tiempo, contrayéndose con fuerza alrededor de la verga de su maridomientras gritaba su nombre.
Se quedaron varios minutosabrazados, respirando agitados, con los cuerpos sudorosos y todavía conectados.Marco besó su espalda sudorosa y le dio una palmada suave pero firme en elculo.
—Te amo —murmuró contra su piel.
—Y yo a ti —respondió ella con una sonrisa satisfecha y saciada.
Después de una ducha rápidajuntos, donde volvieron a besarse y tocarse, se acostaron en la cama. Yoselinse durmió primero, acurrucada contra el pecho de Marco. Él se quedó un ratodespierto, mirando el techo con una sonrisa. Su vida sexual seguía siendoexcelente. Seguían teniendo esa química, esa hambre, esa complicidad. Todo ibabien.
Al día siguiente, Marco llegó temprano deltrabajo. Yoselin aún no había regresado de su turno. Él necesitaba terminar unreporte urgente y su laptop estaba en mantenimiento. Vio la laptop de Yoselinsobre el escritorio del cuarto.
—Solo la voy a usar un rato —se dijo—. Ella no se va a enojar.
Abrió la sesión (tenían lamisma contraseña desde hacía años) y empezó a trabajar. Cuando terminó elreporte, por pura curiosidad abrió el navegador y fue directamente a Instagram.Quería ver las historias recientes de Yoselin, quizás alguna foto nueva deella.
Pero no fueron las historiaslo que apareció primero.
Marco frunció el ceño al verla bandeja de mensajes directos abierta. No podía creer lo que veía…. Continuaráen capítulo 2.
Marco cerró la puerta deldepartamento con el pie, cargando dos bolsas del supermercado. El olor a comidarecién hecha ya flotaba desde la cocina, mezclado con el aroma suave delperfume de Yoselin. Ella estaba frente a la estufa, moviendo las caderas alritmo de una canción que sonaba bajito en el altavoz. Llevaba puesta una de lascamisetas oversize favoritas de él, que apenas le llegaba a la mitad del muslo.Cada vez que se movía, la tela subía peligrosamente y dejaba ver la curva inferiorde ese culo grande, redondo y firme que Marco nunca se cansaba de admirar.
—Llegaste justo a tiempo— dijo ella sin voltear del todo, con unasonrisa pícara en los labios.
Marco dejó las bolsas sobrela mesa y se acercó por detrás. Sus manos rodearon la cintura de Yoselin ybajaron lentamente hasta posarse en sus caderas anchas. La atrajo hacia él,presionando su cuerpo contra el de ella. Incluso después de dos años decasados, el simple contacto seguía encendiendo la misma chispa intensa de siempre.
—Hueles delicioso —murmuró contra su cuello, depositando un besosuave justo debajo de la oreja.
Yoselin soltó una risitajuguetona y empujó su culo hacia atrás, rozando deliberadamente la entrepiernade Marco.
—Compórtate… o la cena se va a quemar.
Pero ninguno de los dostenía ganas reales de comportarse esa noche. Marco deslizó una mano por debajode la camiseta oversize y subió lentamente hasta encontrar una de sus tetas.
Sus tetas eran pesadas y firmes, y sus pezones grandes y carnosos. La apretó con suavidad, sintiendo cómo elpezón se endurecía al instante contra su palma. Yoselin suspiró y echó lacabeza hacia atrás, apoyándola en el hombro de él.
Llevaban casados dos años,pero su vida sexual seguía siendo tan intensa como al principio. Desde queempezaron a salir, el sexo había sido una constante diaria. Al inicio era casiobsesivo: en el coche, en el cine, en la casa de los padres cuando no habíanadie, en hoteles baratos de paso. Se casaron jóvenes —él con 25 y ella con 24—y la pasión no solo no disminuyó, sino que se volvió más profunda y exploradoracon el tiempo. Seguían cogiendo con la misma hambre, aunque ahora con lacomodidad y la confianza de su propio departamento.
Después de cenar, sesentaron en el sofá a ver una serie. Pero la serie duró muy poco. Yoselin subiólas piernas sobre las de Marco y empezó a acariciarle el pecho por encima de lacamisa. Sus dedos bajaron lentamente hasta el borde del pantalón, juguetones.
— ¿Quieres ver porno esta noche? —preguntó ella con voz baja ycargada de intención,
Marco sonrió. Era una de sus rutinas favoritas. Alos dos les encantaba ver porno juntos. Les servía de inspiración y los ponía aun nivel de excitación que pocas veces alcanzaban solos.
—Claro que sí —respondió él, tomando su celular para transmitir ala pantalla.
Buscaron en una de laspáginas que solían usar y eligieron un video de una pareja joven cogiendo conintensidad en una cocina, muy similar a cómo ellos habían empezado la tarde.Yoselin se acomodó mejor contra él y su mano se metió sin prisa dentro delpantalón de Marco. Encontró su verga ya semi-dura y empezó a masturbarlolentamente, con movimientos largos y firmes, apretando justo en la cabeza cadavez que subía.
En la pantalla, la chica seponía en cuatro y gemía sin control mientras la penetraban por detrás. Yoselinapretó un poco más la mano alrededor de la verga de su marido.
—Me encanta cuando me coges así —susurró ella, acercando su boca aloído de Marco.
Él no necesitó másinvitación. Apagó la televisión, tomó a Yoselin de la mano y la llevó aldormitorio. La empujó suavemente sobre la cama y se quitó la camisa de untirón. Yoselin se sacó la camiseta oversize y quedó solo con una tanga negra deencaje que apenas cubría su rajada. Sus tetas generosas se veían perfectas bajola luz tenue de la lámpara de noche, firmes y con los pezones ya duros por laexcitación.
Marco se arrodilló entre suspiernas y le bajó la tanga con los dientes, dejando al descubierto su vagina yamojada y completamente depilada. Empezó besando el interior de sus muslossuaves, subiendo lentamente hasta llegar a su clítoris. Yoselin soltó un gemidolargo y profundo cuando la lengua de Marco la tocó por primera vez. Él la lamiócon calma al principio, trazando círculos suaves y lentos, luego más rápido,succionando suavemente el clítoris hinchado. Dos dedos entraron en ella sinesfuerzo, curvándose para tocar ese punto que siempre la hacía temblar yarquear la espalda.
—Puta madre, Marco… así… nopares —jadeó ella, agarrando las sábanas con fuerza mientras sus caderas semovían contra la cara de él.
Marco siguió comiéndoselacon ganas, disfrutando del sabor familiar y de los gemidos cada vez más altos ydesesperados de su esposa. Cuando sintió que estaba cerca del orgasmo, sedetuvo, se incorporó y se quitó el pantalón. Su verga estaba completamente dura,gruesa y lista, con la cabeza brillando de precum.
Yoselin se dio la vuelta yse puso en cuatro sobre la cama, arqueando la espalda y ofreciéndole ese culogrande, redondo y firme que tanto le gustaba a Marco. Él lo agarró con ambasmanos, separando las nalgas para ver su vagina brillando de humedad y su anopequeño y rosado.
—Cógeme fuerte esta noche —pidió ella, mirándolo por encima delhombro con ojos llenos de deseo y lujuria.
Marco posicionó la cabeza desu verga en la entrada y empujó de una sola vez hasta el fondo. Yoselin soltóun gemido gutural y largo. Él empezó a embestir con ritmo constante y profundo,sintiendo cómo las paredes calientes y húmedas de su vagina lo apretaban confuerza. Sus manos se aferraban a las caderas anchas de ella, y cada choquehacía que su culo se moviera en ondas deliciosas e hipnóticas.
Cambió de posición variasveces durante la siguiente hora. Primero perrito, luego de lado, después lamontó en cowgirl para que ella tomara el control. Yoselin cabalgaba con ganas,sus tetas rebotando suavemente mientras bajaba y subía sobre la verga de Marco.Sus gemidos llenaban la habitación junto con el sonido húmedo y obsceno de suscuerpos chocando.
—Quiero que te vengas dentro —susurró ella entre jadeosentrecortados—. Lléname toda, amor.
Marco la tomó firmemente dela cintura y la penetró más rápido y más profundo. El sonido húmedo de suscuerpos era obscenamente excitante. Cuando sintió que no podía más, empujóhasta el fondo y se corrió con fuerza, soltando chorros calientes y abundantesdentro de ella. Yoselin tembló violentamente y tuvo su propio orgasmo casi almismo tiempo, contrayéndose con fuerza alrededor de la verga de su maridomientras gritaba su nombre.
Se quedaron varios minutosabrazados, respirando agitados, con los cuerpos sudorosos y todavía conectados.Marco besó su espalda sudorosa y le dio una palmada suave pero firme en elculo.
—Te amo —murmuró contra su piel.
—Y yo a ti —respondió ella con una sonrisa satisfecha y saciada.
Después de una ducha rápidajuntos, donde volvieron a besarse y tocarse, se acostaron en la cama. Yoselinse durmió primero, acurrucada contra el pecho de Marco. Él se quedó un ratodespierto, mirando el techo con una sonrisa. Su vida sexual seguía siendoexcelente. Seguían teniendo esa química, esa hambre, esa complicidad. Todo ibabien.
Al día siguiente, Marco llegó temprano deltrabajo. Yoselin aún no había regresado de su turno. Él necesitaba terminar unreporte urgente y su laptop estaba en mantenimiento. Vio la laptop de Yoselinsobre el escritorio del cuarto.
—Solo la voy a usar un rato —se dijo—. Ella no se va a enojar.
Abrió la sesión (tenían lamisma contraseña desde hacía años) y empezó a trabajar. Cuando terminó elreporte, por pura curiosidad abrió el navegador y fue directamente a Instagram.Quería ver las historias recientes de Yoselin, quizás alguna foto nueva deella.
Pero no fueron las historiaslo que apareció primero.
Marco frunció el ceño al verla bandeja de mensajes directos abierta. No podía creer lo que veía…. Continuaráen capítulo 2.
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