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Mi cuñada continúa inquietándome

El primer asado familiar después de haberla cogido.

No sé cómo carajo se hace para mirar a tu novia a los ojos después de haberte cogido a su hermana como animales toda la noche. Esa mañana del domingo, cuando Vale volvió del viaje a Buenos Aires, yo ya había cambiado las sábanas, ventilado toda la casa y hasta había tirado el forro usado que quedó tirado debajo de la cama. Pero el olor a Naty… ese perfume mezclado con sudor y concha mojada todavía me parecía que flotaba en el aire.
Vale llegó radiante, me abrazó fuerte y me dio un beso largo. Yo la agarré de la cintura y le devolví el beso, pero en mi cabeza solo veía a Naty arrodillada chupándome la pija con esa mirada de puta que me volvía loco. Me sentí una mierda… y al mismo tiempo se me paró de nuevo. Culpa y morbo, la combinación más hija de puta que existe.
Esa misma noche, cuando nos acostamos, Vale estaba cariñosa. Me dijo que me había extrañado y empezó a besarme el cuello. Yo la di vuelta, la puse en cuatro y se la metí despacio, pero cada embestida la imaginaba a Naty. Cada gemido de Vale era el gemido de su hermana. Acabé pensando en cómo Naty me había apretado la pija con su concha estrecha y caliente mientras me susurraba “más fuerte, cu… rompeme”. Me sentí el peor novio del mundo. Pero me corrí como nunca.
Al día siguiente llegó el mensaje que me dejó helado y caliente al mismo tiempo:
Naty (por Instagram, 11:47):
“Cu… ¿cómo dormiste anoche con mi hermanita al lado? 😈 Yo no pegué un ojo. Cada vez que cerraba los ojos te veía adentro mío. Decime que vos también pensaste en mí mientras se la metías a Vale… porque si no, me muero de celos.”
Le respondí con el corazón a mil:
Yo:
“Pensé en vos en cada embestida. Me siento una mierda… pero no puedo parar de pensar en tu boca llena de mi leche.”
Ella me mandó solo un emoji 🔥 y después:
Naty:
“Este finde en el asado de papá… vamos a portarnos bien, ¿no? 😉 Aunque yo ya estoy mojada solo de imaginar que vamos a estar sentados al lado con Vale en el medio.”


Mi cuñada continúa inquietándome

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El viernes a la noche ya estaba nervioso como pendejo. El asado era en lo de los suegros, como siempre. Yo llegué temprano con Vale, ayudé a prender el fuego, charlé con mi suegro de fútbol… todo normal. Hasta que llegó Naty.
Entró con ese vestidito corto blanco que le marcaba las tetas paradas y el culo redondo. Me miró desde la puerta, sonrió inocente y me dio un beso en la mejilla… pero dejó los labios medio segundo de más y me susurró al oído, tan bajito que solo yo lo escuché:
— Hola, cu… ¿ya tenés ganas de volver a cogerme?
Se separó como si nada y fue a abrazar a Vale. Las dos hermanas se rieron, se dijeron lo lindas que estaban y yo me quedé ahí, con la pija medio dura dentro del short, tratando de disimular.
Durante toda la tarde fue una tortura exquisita. Nos sentamos a la mesa larga del patio: yo, Vale a mi derecha, Naty justo enfrente. Mis suegros y el resto de la familia alrededor. Todo muy familiar. Todo muy prohibido.
Cada vez que Naty se inclinaba para agarrar el pan o servir vino, el escote se le abría y yo veía el borde de ese corpiño negro que ya le había bajado con los dientes dos semanas atrás. Ella lo sabía. Y jugaba.


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En un momento, mientras Vale hablaba con mi suegra, Naty me miró fijo a los ojos y se pasó la lengua despacio por el labio inferior. Después bajó la mano debajo de la mesa. Segundos después me vibró el celular en el bolsillo.
Naty:
“Estoy sin tanga. Si metés la mano ahora mismo bajo la mesa, te mojás los dedos. ¿Te animás?”

Sentí que me ardía la cara. Vale estaba contando algo del viaje y yo solo podía pensar en la concha depilada y húmeda de Naty a dos metros de mí. Le respondí con una sola mano:
Yo:
“Estás loca. Te voy a coger en el baño de tus viejos si seguís así.”
Ella leyó el mensaje, sonrió apenas y me contestó:
Naty:
“Eso sería épico… pero mejor guardalo para después. Quiero que me cojas pensando que Vale está durmiendo en la pieza de al lado. Quiero que me hagas callar mientras te monto.”
En un momento se levantó para ir al baño. Pasó justo atrás mío y, sin que nadie viera, me rozó la nuca con los dedos y me apretó el hombro. Un toque inocente para cualquiera… para mí fue como si me hubiera agarrado la pija.
Cuando volvió, se sentó y cruzó las piernas despacio. Me miró y abrió un poco las rodillas bajo la mesa. Solo un segundo. Suficiente para que yo viera el brillo de humedad en su concha.
La culpa me comía. Cada vez que Vale me tocaba el brazo o me daba un beso en la mejilla, sentía que era un hijo de puta. Pero esa misma culpa me ponía más caliente. Era como si el morbo se alimentara de lo mal que estaba lo que hacíamos.
Cuando empezó a caer la noche y prendimos las luces del patio, Naty se acercó a mí con una cerveza.
— Cu, ¿me ayudás a traer más hielo de la cocina? — dijo en voz alta, bien natural.
Vale ni levantó la vista. Yo la seguí.
Apenas entramos a la cocina y cerramos la puerta, Naty me empujó contra la mesada, me metió la lengua en la boca y me agarró la pija por arriba del short.
— Te extrañé adentro mío — me jadeó bajito—. Quiero que el lunes, cuando Vale esté en el laburo, vengas a mi depto y juegues con mi colita ya que te gusta tanto.

Me mordió el labio y se separó justo antes de que alguien entrara. Volvimos al patio como si nada.
El resto de la noche fue puro fuego lento. Miradas, mensajes, roces “accidentales” cuando pasábamos cerca. Y Vale ahí, feliz, sin tener la menor idea de que su novio y su hermana ya se habían cogido como locos y planeaban seguir haciéndolo.
Cuando nos fuimos, Naty nos abrazó a los dos. A Vale le dio un beso en la mejilla. A mí… me apretó el culo disimuladamente y me susurró:
— Decile a mi hermana que la quiero… y decime a mí cuándo me vas a volver a llenar.
En el auto, de vuelta a casa, Vale me puso la mano en la pierna y me dijo sonriendo:
— Qué lindo que se llevan ustedes dos, ¿no?
Yo solo sonreí, le apreté la mano y pensé: “Si supieras, amor… si supieras”.
Y la culpa… la culpa seguía ahí. Pero el morbo era más fuerte. Mucho más fuerte.
Y esto recién empieza.


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