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Amigos playa 1 parte comenta y comparte si te gusto!

Parte de ella (Mujer):
El sol de la tarde calentaba la arena dorada de la playa casi vacía. Yo llevaba un bikini blanco muy pequeño, de triángulos diminutos que apenas cubrían mis pezones. La parte de abajo era un tanga brasileño que se hundía entre mis nalgas redondas y firmes, dejando casi todo mi culo al descubierto. La tela era fina, ligeramente transparente cuando se mojaba. Me había puesto un pareo semitransparente de color turquesa atado a la cadera, que ondeaba con la brisa y dejaba ver mis piernas largas y bronceadas.
Te vi caminando por la orilla y sonreí. Éramos amigos desde hacía años, pero hoy algo era diferente. Me levanté, dejé que el pareo se abriera y caminé hacia ti balanceando las caderas. El bikini marcaba perfectamente mis pechos llenos, talla 95C, redondos y con un escote profundo. Cuando llegué a tu lado te di dos besos, rozando mi cuerpo contra el tuyo más de lo necesario.
—Qué casualidad encontrarte aquí… —dije con voz juguetona, mirándote de arriba abajo. Llevabas solo un bañador oscuro que ya marcaba un bulto interesante.
Empezamos a charlar y a tontear. Yo me reía de tus bromas, te tocaba el brazo, dejaba que mis dedos bajaran por tu pecho. Me giré para que vieras cómo el tanga se perdía entre mis glúteos suaves y redondos, y me agaché lentamente a recoger una concha, arqueando la espalda para que mi culo quedara bien expuesto.
Al final, mientras el sol empezaba a bajar, me acerqué mucho a ti, mis pechos casi rozando tu torso. Te miré a los ojos con una sonrisa traviesa y te dije bajito:
—Oye… conozco un sitio super bonito aquí cerca, un poco escondido entre las rocas. ¿Quieres que vayamos? Allí estaremos más tranquilos… y nadie nos molestará.
Parte de él (Hombre):
Te vi venir hacia mí con ese bikini blanco que apenas contenía nada. Joder, estabas espectacular. El pareo turquesa dejaba entrever tus curvas y cuando te giraste para agacharte, ese tanga desapareciendo entre tus nalgas firmes y bronceadas me puso duro al instante. Tu culo era redondo, perfecto, con esa forma de corazón que hace que un hombre pierda la cabeza.
Cuando me propusiste ir a ese sitio escondido entre las rocas, acepté sin dudarlo. Caminamos juntos por la arena, tu pareo ondeando y dejando ver de vez en cuando el tanga blanco que se perdía entre tus glúteos. El ambiente se cargaba con cada paso. Llegamos a un rincón precioso: una pequeña cala natural rodeada de rocas altas, con arena fina y el mar cristalino lamiendo la orilla. Estaba completamente apartado, como si fuera solo nuestro.
Allí, bajo la luz anaranjada del atardecer, empezamos a besarnos despacio, con ganas contenidas. Mis manos bajaron por tu espalda hasta tu cintura, rozando el nudo del pareo, pero no lo toqué más. Te tenía abrazada, sintiendo tu cuerpo caliente contra el mío, cuando te separaste un poco, me miraste con ojos brillantes y una sonrisa pícara.
Parte de ella (Mujer - continuación):
Te miré fijamente a los ojos, mordiéndome el labio inferior. Sin decir nada, di un paso atrás para que pudieras verme mejor. Mis manos subieron lentamente hasta el nudo del pareo turquesa. Lo desaté con movimientos suaves y deliberados, dejando que la tela semitransparente se deslizara por mis caderas y cayera a la arena con un susurro. Ahora solo quedaba el bikini blanco.
Sonreí al ver cómo tus ojos se oscurecían de deseo. Me di la vuelta despacio, dándote la espalda, y arqueé ligeramente la espalda para que pudieras apreciar mi culo. Luego miré por encima del hombro y, con un gesto lento y sensual, desabroché la parte de arriba del bikini. Los triángulos blancos se soltaron y cayeron, liberando mis tetas grandes y redondas (95C). Eran firmes, con una forma natural preciosa, pezones rosados ya duros por la excitación y la brisa del mar. Las dejé expuestas, moviéndome un poco para que rebotaran suavemente mientras te miraba.
Sin prisa, me giré de nuevo hacia ti. Mis manos bajaron por mi cuerpo, rozando mis pechos, mi cintura y mis caderas. Enganché los dedos en los laterales del tanga blanco y empecé a bajarlo muy lentamente, centímetro a centímetro. La fina tela se deslizó por mis caderas anchas, revelando primero el monte de Venus completamente depilado, luego mis labios mayores carnosos y suaves, ya hinchados y brillantes de humedad. El tanga siguió bajando por mis muslos hasta que lo dejé caer a la arena. Ahora estaba completamente desnuda frente a ti: mi coño depilado, rosado y mojado, mis tetas pesadas balanceándose con cada respiración, y mi culo redondo y firme perfectamente expuesto.
Me acerqué de nuevo a ti, completamente desnuda, y te susurré al oído mientras mi mano bajaba a rozar el bulto de tu bañador:
—¿Te gusta lo que ves…? Llevo todo el día queriendo que me mires así…

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