Mi nombre es Ricardo recién cumplí los 24 soy moreno claro, mido 1.80cm vivo con mi madre y mis dos hermanitos en la capital del país.
Ella se llama Laura mide 1.49cm, es de piel blanca, pelo oscuro, tetas muy grandes, un culo y unas piernas antojables.
Siempre hemos sido ella, mis hermanitos y yo, mi madre es mamá soltera desde que tengo 5 años.
Yo trabajo en un almacén descargando trailers por las madrugadas para ayudarle con los gastos de la casa, por ahora pausé mis estudios.
Ella trabaja en un supermercado es cajera.
Mi madre nunca se volvió a enamorar, creo que el fondo siempre conservó la esperanza de que mi padre volviera.
Me da coraje que lo ame tanto si siempre la trató muy mal y le era infiel cada fin de semana.
Pero bueno, ahora yo debía ser el hombre de la casa y tener los huevos que mi padre no tuvo para quedarse a su lado y ayudarle a criar a mis hermanos.
Recién nos habíamos mudado a un departamento mucho más pequeño porque era para lo que alcanzaba.
Algo que nunca me gustó fué que mi mamá no se llevara para nada bien con mi novia, le hacía groserías tipo como que no la atendía bien, íbamos a comer y me servía a mí pero ella no, o soltaba comentarios como que ella no lavaba ni un vaso, comentarios que no iban al caso.


A veces veía incómoda a mi mamá cuando estaba con Julia. Se enojaba porque la visitaba, no le gustaba que fuera a verla a su casa porque vive muy lejos, o eso decía ella.
Su recriminación como madre era porque seguido encontraba condones en mi pantalón o en mi cuarto cuando limpiaba y sabía que los usaba con Julia.
-Madre… por favor… no te vas a poner a regañarme por esto ¿verdad? O sea… yo también tengo ya sabes, mis… necesidades...-



-¡Sí! ¡Sí! ¡Entiendo! ¡Entiendo!¡Ya, ya, no tienes que explicarme nada, lo siento, lo siento!-
Ella reaccionó sumamente avergonzada, se dió media vuelta y salió del cuarto.
Casi la pude imaginar con un gesto de asco y espanto jajaj, que en otras circunstancias me habría resultado que estaba celosa...
No volvimos a hablar del tema.
Un día llegando del trabajo estaba buscando entre los cajones de mi madre un recibo de luz para unos trámites y entre sus cosas vi un preservativo...
-Hija de puta...- pensé.
-Tanto me celas y andas de golfa-
Pensaba con la verga completamente erecta.
Eso me calentó mucho y decidí hurgar un poco más entre sus cosas, pero al no tener éxito decidí continuar mi búsqueda otro día.
Pasaron unos días y yo no dejaba pensar e imaginar cómo mi mamá usaba ese preservativo con otros hombres.

Así que en esos días aproveché mientras ella se duchaba y observaba por la rejilla de la puerta del baño a mi madre y en las noches me jalaba el pene de forma inhumana.
Una noche estaba solo en casa, era sábado y mi mamá trabajaba, yo estaba muy caliente y decidí hurgar entre su ropa interior nuevamente, encontrándome lencería, preservativos y para mi sorpresa un vibrador mediano de unos 15cm, lo cual me hizo entender que mi mamá no cogía con nadie sino que se autocomplacía.
Esa noche le dediqué tantas pajas a mi madre que no dejé llegar la culpa sino todo lo contrario, quería a toda costa cogérmela.
Al día siguiente era domingo, mi día favorito de la semana, no trabajaba.
Siempre aprovechaba para dormir y ejercitarme.
Salí al patio un rato, debajo de un árbol enorme colgué un saco de boxeo donde entrenaba por las tardes, en eso por la ventana recuerdo que vi que mi mama iba a bañarse y de inmediato me subí a la azotea para poder espiarla.
Ella estaba desvistiéndose frente al espejo del baño; primero se quitó el brassiere y empezó a masajearse los pechos de una manera tan rica, que hizo que mi verga se pusiera enorme y muy dura, me encantaba como se acariciaba y por lo visto a ella también.

Ví como cerraba sus ojos como anhelando que le estuvieran mamando sus tetas, sus pezones se pararon y se pusieron duros como mi verga, me hubiera encantado estar frente a ella para poder mamarle sus tetas y morderle sus pezones.
Ahí estaban esas nalgas en todo su esplendor, eran perfectas redonditas, respingadas, muy duro ese culito, ese hoyito rozadito, que me gustaría mucho profanarlo con mi verga y ponerlo mas rozadito.
Yo estaba disfrutando de aquella maravillosa escena cuando de pronto volteó hacia la ventana y pensé que me había visto, en ese momento escuché que abría la regadera y eso me tranquilizó pero esperé unos minutos para volver a asomarme.
La verdad yo creo que realmente sí me vió ya que al volver asomarme las cortinas tapaban toda la ventana.

Me fuí a mi cuarto y no salí hasta el otro día.
Al día siguiente llegué con Julia a la casa; el descontento en el rostro de mi madre fué inmediato.
Yo tenía la esperanza de que al menos fingiera que le cae bien pero ni eso.

Cuando regresé de llevar a mi novia a su casa me esperaba mi madre para hablar conmigo.
Comenzó con su regaño y rápidamente empezó con sus gritos y acusaciones sin dar señales de parar, y yo no hacía más que escuchar o mejor dicho fingir escuchar pues el zumbido en mis oídos iba en aumento con cada palabra que decía.
No había emitido una sola palabra y solo quería que esto se terminara. Por fin mi madre guardó silencio un momento y terminó el reproche diciéndome:
-Vete a tu cuarto ahora no tengo ganas de verte ni hablar contigo!!-
Mi madre se levantó del sofá y se dirigía a su habitación; no se esperaba lo que hice a continuación.
Corrí hacia ella y la abrasé por la espalda, volteándola cara a cara hacia mí.
Vi sus ojos bañados en lágrimas, lo único que dije fue:
-Mamá Julia no es la mujer más importante de mi vida, eres tú-
Acto seguido usé mi mano libre para tomar de la nuca a mi madre y acercar su cara a la mía.
Comencé a besarla con una pasión insólita. Puse mis brazos alrededor de su cintura. Ella no se movía para nada.

Su lengua correspondía a la mía dentro de su boca, aunque, podía sentir como temblaba todo su cuerpo mientras yo la abrazaba y la besaba.
No fue hasta que mis dos manos bajaron sobre sus nalgas y las comencé a apretar fuertemente tratando de separárselas para pasar una de mis manos sobre su raya, cuando ella por fin recuperó su razón.
Pero era inútil, yo la tenía bien sujeta y mis manos no cesaban de tocar sus nalgas y su espalda.
Nuestras bocas se separaron y tras darme una cachetada bien fuerte; ella por fin recuperó el habla.
-Ricardo, te volviste loco?!!-
-No me importa nada mamá te deseo más que a ninguna otra mujer-
-No puedes hacer esto, vete a tu cuarto ahora mismo porfavor-
-Sus palabras decían eso pero sus pezones chismosos la delataban de lo caliente que la pusieron mis besos-
Volví a plasmar mis labios en los suyos. Ella no dejaba de "resistirse", me pedía que me calmara.
Mi boca buscaba cualquier punto donde posarse, fuera su cuello, su cara, su espalda, dónde sea, pero con tal que mis labios siguieran tocando su piel.

-Dios mío! Ricardo contrólate!!-.
-Mamá por mí y mis hermanos hace años renunciaste al amor y a esa parte que te hace sentirte una mujer plena-
-Hoy quiero que vuelvas a sentirte mujer-
-Ricardo, yo... no sé si deba...-
-Lo que más quiero y deseo es que seas mi mujer mamá no lo entiendes? Déjame hacerte feliz-
-Entonces por qué estás con Julia?-
-Por qué? Por qué la traes a la casa y me la pasas por enfrente?-
-Lo haces para burlarte de mí?!!-
Uff... sus reclamos y ese ataque de celos estilo colegiala me pusieron la verga re dura.
-Porque ella me recuerda a tí- contesté astutamente.
-Porque cuando me la cojo a ella mi mente está pensando en tí-


-Pero está mal hijo, recapacita, no podemos hacer nada de eso-
Me decía fingiendo que no le gustó que le confesara que pienso en ella al coger a Julia.
-Baja ma voz porfavor Ricardo, los vecinos van a escuchar tus locuras-
Me contestó ahora bajando la voz, casi susurrando.
-Entonces decide ahora mamá- le contesté ya calmado.
En ese momento mi madre dejó de luchar conmigo y yo dejé de apretarla y me limité a acariciar y abrazarla por la espalda. Comencé a besar su cuello, esta vez con más dulzura. Ella solo se dejaba besar.
-Necesito pensarlo hijo, esto que me pides no es normal-
Me dijo mientras tomaba mi rostro entre sus manos y me acercaba el rostro para seguirme besando.
Con ese gesto me dijo todo y sin darse cuenta ya me había dado su respuesta.
Yo la abracé con ternura y delicadeza, la comencé a besar con más pasión, mordisqueaba suavemente sus labios y ella hacía lo mismo con los míos.
-De verdad mamá eres la única mujer con la que deseo estar...-
Dije y enseguida abrí su bata de dormir y comencé a acariciarle los senos.

-Entiendo hijo pero me da miedo, no sé que debamos hacer-
Tras decir esto su mano se estiró hacía mi pene que sobresalía debajo de mi jean.
-Pero tengo una idea-
Me dijo mientras desabrochaba mi pantalón y tomaba mi pene emitiendo un leve jadeo al sentir la piel de mi falo sobre sus yemas.
Su mano libre se posó sobre mi cabeza y me acarició como cuando era un niño, pero con la otra mano comenzaba a masturbarme.
Yo ya había liberado sus tetas y tocaba sus areolas.
Me dio un beso tan profundo y romántico, el cual después acercó su boca a mi oreja.
-Déjame pensarlo esta noche corazón, y mañana te diré si acepto ser tu mujer o no-

Nos dimos un beso de buenas noches que duró solo unos pocos segundos y me fui a dormir, me tomó mucho tiempo conciliar el sueño.
A la mañana eran como las 8am, el despertador de mi celular me sacó del reino de Morfeo y me levanté como un rayo de mi cama, apenas puesto un polo y un bóxer blanco.
Fui directo a la habitación de mi madre y la encontré sentada en la esquina de su cama peinando su cabello.
-Buenos días hijo-
Me saludó mi madre al escucharme abrir la puerta sin voltearme a ver.
-Buenos días mamá-
Contesté cortésmente y avancé hacía ella, al mismo tiempo que ella se ponía de pie y me dejaba ver su bella figura apenas cubierta por una pijama muy fina.
Me detuve a pocos centímetros de ella y por un momento creí que estaba soñando, que no era posible que mi más anhelada fantasía estuviera a punto de hacerse realidad.
El rostro de ella se mostraba entre dudas y deseos y parecía que intentaba decirme algo, pero no sabía cómo hacerlo o tal vez no conocía las palabras adecuadas para esta plática matutina.

Fui yo el quien rompió ese incomodo silencio.
-Madre yo sé que tienes dudas sobre lo que pasó, pero ya no hay marcha atrás-
-Después de lo de anoche no podemos volver a ser como éramos antes-
-Ya no somos madre e hijo, ahora vamos a ser...-
-Tengo miedo hijo, de cometer el peor error de mi vida-
Me interrumpió con preocupación en sus palabras-
-Pe.. pero si tengo que elegir entre ver como eres feliz a lado de otra mujer, o ser yo ésa mujer por supuesto que prefiero lo segundo-
-Cuando me enteré que salías con Julia, y luego cuando la traías a la casa...-
-Dios!! moría de rabia, celos, pero no de una madre, sino de de mujer y me sentía muy culpable por eso-
-Y por eso más lo que anoche pasó, he decidido ser tu mujer ya no me importa el que dirán-
En cuanto terminó de hablar, me le acerqué y nos dimos el beso más apasionado que jamás he sentido en mi vida.
Nuestros cuerpos se volvieron uno solo y comenzamos a unirnos en un abrazo más que filial.

Mis manos acariciaban sus pechos, apretaban sus nalgas, se iban sobre su cintura y sus caderas, mientras que mi boca se enredaba con la suya, le lamía el cuello, le mordía los oídos, le respiraba en la nuca.
Ella no se quedaba atrás y correspondía mis besos y caricias de la misma forma.
Acariciaba mi pene con desesperación para de repente apretarlo un poco y comenzaba a masturbarme.
Perdimos la noción del tiempo, hasta que la levanté cogiéndola de las nalgas y la recosté sobre su cama para abalanzarmele encima.

Mi boca comenzaba a apretar con fuerza ambas tetas. Ella acariciaba mi cabello y suspiraba con fuerza gimiendo de placer.
Sus piernas separadas una de la otra me dejaron ver su tan delicioso clítoris, que tanto ansiaba, fue tanto mi arrechura, que solo abrí sus piernas de par en par y arrojé mi cara sobre su conchita, comiéndomelo con desesperación.
Los suspiros de mi madre se transformaron en alaridos de placer. Mi lengua se movía a un frenesí desesperado. Jugaba con su clítoris y bailaba sobre sus labios vaginales. Ella en ese momento ya no sabía ni como se llamaba, simplemente repetía
-Sííí!! Ahh!!-
-Sí ahí ahí!!-
-Sigue sigue sigue!! Aahh!! Aahhh!!!!-

Ella explotó en un orgasmo intenso mientras yo devoraba sus jugos dejándome la cara bañada de su squirt.
Nos miramos a la cara. Su cara mostraba una lujuria que yo le correspondía sin chistar. La comencé a besar en los labios.
Mis manos recorrían todo su cuerpo, desde su cintura a sus nalgas, pasando por sus tetas y su rostro.
Mi lengua y la suya se buscaban con desesperación, uniéndose en un vaivén lujurioso.
Ambos suspirábamos, sin apartar nuestras miradas. Ninguno de los dos apartaba la mirada del otro.
-Le serías infiel a tu noviecita?-
Me dijo entre gemidos y suspiros pero con cierta malicia en la voz.

La recosté en la cama, a medida que nos desvestíamos seguíamos ebrios de lujuria el uno por el otro.
Mi pene entró en la vagina de mi madre. Ella emitió un gemido que más parecía un aullido en cuanto sintió que la penetraba.
Yo sentía que estaba en el paraíso, que, en esa estocada, me unía en carne y alma a mi madre. Lo único que podía pensar era que estaba haciéndole el amor.
Sentía como me apretaba con cada estocada. Ambos nos repetíamos lo mucho que nos amábamos, nos fundíamos en un abrazo hasta formar un solo ser.
Estábamos bañados en sudor y saliva que compartíamos.

Nuevamente detuvo sus movimientos y ahora me ofrecía las nalgas quedando a mi disposición, era algo impresionante, no podía creer lo que estaba haciendo mi madre.
Con la excitación a mil por hora, me acerqué le abrí un poco los cachetes, y a darle el mejor beso negro que nadie le había dado hasta entonces.
Sólo se escuchaban alaridos y jadeos de placer, era innegable que a una puta en ese departamento le estaban dando la mejor comida de culo de su vida.
La puta ya me tenía las sábanas empapadas con los fluidos que emanaban de su coño.



La voltee y comencé a penetrarla por el coño dominado por el instinto y la testosterona que me tenían a full; así cada estocada haciéndola más fuerte, más constante logrando que mi madre no dejará de gemir.
Ella me miraba a los ojos con la boca abierta, y yo la miré fijamente también mientras la penetraba.
Me la cogí como a una puta, le di cachetadas y la agarraba del cuello, ella sólo gemía y jadeaba vuelta loca de placer.
Quería que ella tuviera la mejor experiencia sexual con un hombre, quería demostrarle que yo podía hacerla sentir mujer, que podía hacerme cargo de todas sus necesidades.


Yo me perdía en sus enormes tetas que una vez me amamantaron de niño, mi madre estaba caliente, gritaba, gemía y brincaba gozando cada entrada de mi pene en su vagina, soltó un gran grito y terminó, paró de brincar, me abrazo y sus piernas le temblaban.
Un gemido desgarrador que soltó mi madre me saco de mis pensamientos, las paredes vaginales de mi madre empezaron a sacarme la leche, pero no quería eyacular aún, tenía que demostrar que a mi edad era todo un semental y que por las puras no me poseía una verga de 23cm nomas de adorno.
Así que con toda mi fuerza de voluntad me detuve y ayudé con mi mano para que no dejará de gozar durante su orgasmo.

Tire un par de sabanas al piso y le pedí se pusiera en cuatro, si bien mi madre ya era mi hembra ahora la haría mi puta, para que nunca se arrepintiera de haberme dado las nalgas y así le empecé a demostrar, apenas puso ambas rodillas y manos sobre las mantas.
Coloqué los pies a los costados de sus rodillas y montando sobre su culo, la volví a penetrar para después apoyarme en el piso, mi madre llevó su pecho sobre el suelo y nuevamente volví a penetrarla.
Los gemidos de mi madre eran música para mis oídos acompañados del sonido producido por el chocar de sus nalgas con mis piernas.


Un nuevo orgasmo invadió el cuerpo de mi madre, literalmente se le notaba en el rostro.
Pero está vez duró más o quizá fue un multi orgasmo, está vez la contracción de su coño vacío chorro tras chorro cada uno de mis testículos sin poder poner objeción alguna.
Quedamos algunos minutos en la misma posición, hasta que cansado me salí de ella, mi madre quedo acostada en las sabanas que había puesto en el piso, aún no salía del trance.
A pesar de mi cansancio, la llevé en brazos y la coloqué sobre su cama, en dónde al instante, me dijo:
-Ya fue todo?-
-Uyy apenas se estaba poniendo bueno hijo- en un tono burlón.
La miré a los ojos y antes de que pudiera decir una sola palabra, nuevamente era penetrada, luego vi como sus ojos se ponían en blanco y empezaba a gemir de nuevo como puta mientras llevaba su mano derecha a mi cabeza y entrelazó sus dedos en mi cabello.
-Ahh ahh-
-Así mi amor así-
-Dale dale, no pares hijo no pares no pares!!-
-Aahhh!!-
-Me vengo... ay!!-
-Ricardo me voy a venir!! Aahhhh!!!!...-

No me guardé nada, le dí con todo, le machaqué la pepita con el 100% de mi poder.
Luego de un rato algo expulsó mi verga de su agujero y ví como mi mama empezó a orinarse mientras lanzaba un alarido de placer.
Al recuperar su estado de conciencia se echó sobre mí y me estampó un beso lleno de amor maternal y lujuria, un beso único que jamás volvería a sentir por otra hembra.
Solo ella puede ser mi madre y mi amante a la vez.
Después de esa mañana de sexo ella quedó tan satisfecha que todas sus dudas y temores se desvanecieron.





Cuando se paro para ir al baño, la tome de la cintura la pegue a la pared, le levante una pierna y la embestí con fuerza, para que no despertara a mis hermanitos con sus gritos le tape la boca.
Desde aquel día en casa las cosas cambiaron.
Dejamos de frecuentar a la familia, mamá ya no visitaba ni permitía visitas de sus amistades, yo hice lo mismo con mi círculo social.
Faltaba poco para navidad, recuerdo que ese año no fuimos a visitar a nadie de la familia y así ha sido cada navidad desde ese año hasta ahora. Y año nuevo y día de la Independencia y nuestros cumpleaños. Bueno, ya casi no tenemos contacto con nadie. Y no nos hace falta.
"Terminé" con Julia por petición de mi madre, aunque la verdad es que seguíamos frecuentándonos, pero eso es material para otra historia.
Un día volviendo del trabajo me esperaba mi madre con un test de embarazo que marcaba "positivo" le dí un beso mientras su trasero sentía como mi herramienta se ponía dura, esa noche no dormimos, celebramos haciendo el amor hasta la mañana.
Ella se llama Laura mide 1.49cm, es de piel blanca, pelo oscuro, tetas muy grandes, un culo y unas piernas antojables.
Siempre hemos sido ella, mis hermanitos y yo, mi madre es mamá soltera desde que tengo 5 años.
Yo trabajo en un almacén descargando trailers por las madrugadas para ayudarle con los gastos de la casa, por ahora pausé mis estudios.
Ella trabaja en un supermercado es cajera.
Mi madre nunca se volvió a enamorar, creo que el fondo siempre conservó la esperanza de que mi padre volviera.
Me da coraje que lo ame tanto si siempre la trató muy mal y le era infiel cada fin de semana.
Pero bueno, ahora yo debía ser el hombre de la casa y tener los huevos que mi padre no tuvo para quedarse a su lado y ayudarle a criar a mis hermanos.
Recién nos habíamos mudado a un departamento mucho más pequeño porque era para lo que alcanzaba.
Algo que nunca me gustó fué que mi mamá no se llevara para nada bien con mi novia, le hacía groserías tipo como que no la atendía bien, íbamos a comer y me servía a mí pero ella no, o soltaba comentarios como que ella no lavaba ni un vaso, comentarios que no iban al caso.


A veces veía incómoda a mi mamá cuando estaba con Julia. Se enojaba porque la visitaba, no le gustaba que fuera a verla a su casa porque vive muy lejos, o eso decía ella.
Su recriminación como madre era porque seguido encontraba condones en mi pantalón o en mi cuarto cuando limpiaba y sabía que los usaba con Julia.
-Madre… por favor… no te vas a poner a regañarme por esto ¿verdad? O sea… yo también tengo ya sabes, mis… necesidades...-



-¡Sí! ¡Sí! ¡Entiendo! ¡Entiendo!¡Ya, ya, no tienes que explicarme nada, lo siento, lo siento!-
Ella reaccionó sumamente avergonzada, se dió media vuelta y salió del cuarto.
Casi la pude imaginar con un gesto de asco y espanto jajaj, que en otras circunstancias me habría resultado que estaba celosa...
No volvimos a hablar del tema.
Un día llegando del trabajo estaba buscando entre los cajones de mi madre un recibo de luz para unos trámites y entre sus cosas vi un preservativo...
-Hija de puta...- pensé.
-Tanto me celas y andas de golfa-
Pensaba con la verga completamente erecta.
Eso me calentó mucho y decidí hurgar un poco más entre sus cosas, pero al no tener éxito decidí continuar mi búsqueda otro día.
Pasaron unos días y yo no dejaba pensar e imaginar cómo mi mamá usaba ese preservativo con otros hombres.

Así que en esos días aproveché mientras ella se duchaba y observaba por la rejilla de la puerta del baño a mi madre y en las noches me jalaba el pene de forma inhumana.
Una noche estaba solo en casa, era sábado y mi mamá trabajaba, yo estaba muy caliente y decidí hurgar entre su ropa interior nuevamente, encontrándome lencería, preservativos y para mi sorpresa un vibrador mediano de unos 15cm, lo cual me hizo entender que mi mamá no cogía con nadie sino que se autocomplacía.
Esa noche le dediqué tantas pajas a mi madre que no dejé llegar la culpa sino todo lo contrario, quería a toda costa cogérmela.
Al día siguiente era domingo, mi día favorito de la semana, no trabajaba.
Siempre aprovechaba para dormir y ejercitarme.
Salí al patio un rato, debajo de un árbol enorme colgué un saco de boxeo donde entrenaba por las tardes, en eso por la ventana recuerdo que vi que mi mama iba a bañarse y de inmediato me subí a la azotea para poder espiarla.
Ella estaba desvistiéndose frente al espejo del baño; primero se quitó el brassiere y empezó a masajearse los pechos de una manera tan rica, que hizo que mi verga se pusiera enorme y muy dura, me encantaba como se acariciaba y por lo visto a ella también.

Ví como cerraba sus ojos como anhelando que le estuvieran mamando sus tetas, sus pezones se pararon y se pusieron duros como mi verga, me hubiera encantado estar frente a ella para poder mamarle sus tetas y morderle sus pezones.
Ahí estaban esas nalgas en todo su esplendor, eran perfectas redonditas, respingadas, muy duro ese culito, ese hoyito rozadito, que me gustaría mucho profanarlo con mi verga y ponerlo mas rozadito.
Yo estaba disfrutando de aquella maravillosa escena cuando de pronto volteó hacia la ventana y pensé que me había visto, en ese momento escuché que abría la regadera y eso me tranquilizó pero esperé unos minutos para volver a asomarme.
La verdad yo creo que realmente sí me vió ya que al volver asomarme las cortinas tapaban toda la ventana.

Me fuí a mi cuarto y no salí hasta el otro día.
Al día siguiente llegué con Julia a la casa; el descontento en el rostro de mi madre fué inmediato.
Yo tenía la esperanza de que al menos fingiera que le cae bien pero ni eso.

Cuando regresé de llevar a mi novia a su casa me esperaba mi madre para hablar conmigo.
Comenzó con su regaño y rápidamente empezó con sus gritos y acusaciones sin dar señales de parar, y yo no hacía más que escuchar o mejor dicho fingir escuchar pues el zumbido en mis oídos iba en aumento con cada palabra que decía.
No había emitido una sola palabra y solo quería que esto se terminara. Por fin mi madre guardó silencio un momento y terminó el reproche diciéndome:
-Vete a tu cuarto ahora no tengo ganas de verte ni hablar contigo!!-
Mi madre se levantó del sofá y se dirigía a su habitación; no se esperaba lo que hice a continuación.
Corrí hacia ella y la abrasé por la espalda, volteándola cara a cara hacia mí.
Vi sus ojos bañados en lágrimas, lo único que dije fue:
-Mamá Julia no es la mujer más importante de mi vida, eres tú-
Acto seguido usé mi mano libre para tomar de la nuca a mi madre y acercar su cara a la mía.
Comencé a besarla con una pasión insólita. Puse mis brazos alrededor de su cintura. Ella no se movía para nada.

Su lengua correspondía a la mía dentro de su boca, aunque, podía sentir como temblaba todo su cuerpo mientras yo la abrazaba y la besaba.
No fue hasta que mis dos manos bajaron sobre sus nalgas y las comencé a apretar fuertemente tratando de separárselas para pasar una de mis manos sobre su raya, cuando ella por fin recuperó su razón.
Pero era inútil, yo la tenía bien sujeta y mis manos no cesaban de tocar sus nalgas y su espalda.
Nuestras bocas se separaron y tras darme una cachetada bien fuerte; ella por fin recuperó el habla.
-Ricardo, te volviste loco?!!-
-No me importa nada mamá te deseo más que a ninguna otra mujer-
-No puedes hacer esto, vete a tu cuarto ahora mismo porfavor-
-Sus palabras decían eso pero sus pezones chismosos la delataban de lo caliente que la pusieron mis besos-
Volví a plasmar mis labios en los suyos. Ella no dejaba de "resistirse", me pedía que me calmara.
Mi boca buscaba cualquier punto donde posarse, fuera su cuello, su cara, su espalda, dónde sea, pero con tal que mis labios siguieran tocando su piel.

-Dios mío! Ricardo contrólate!!-.
-Mamá por mí y mis hermanos hace años renunciaste al amor y a esa parte que te hace sentirte una mujer plena-
-Hoy quiero que vuelvas a sentirte mujer-
-Ricardo, yo... no sé si deba...-
-Lo que más quiero y deseo es que seas mi mujer mamá no lo entiendes? Déjame hacerte feliz-
-Entonces por qué estás con Julia?-
-Por qué? Por qué la traes a la casa y me la pasas por enfrente?-
-Lo haces para burlarte de mí?!!-
Uff... sus reclamos y ese ataque de celos estilo colegiala me pusieron la verga re dura.
-Porque ella me recuerda a tí- contesté astutamente.
-Porque cuando me la cojo a ella mi mente está pensando en tí-


-Pero está mal hijo, recapacita, no podemos hacer nada de eso-
Me decía fingiendo que no le gustó que le confesara que pienso en ella al coger a Julia.
-Baja ma voz porfavor Ricardo, los vecinos van a escuchar tus locuras-
Me contestó ahora bajando la voz, casi susurrando.
-Entonces decide ahora mamá- le contesté ya calmado.
En ese momento mi madre dejó de luchar conmigo y yo dejé de apretarla y me limité a acariciar y abrazarla por la espalda. Comencé a besar su cuello, esta vez con más dulzura. Ella solo se dejaba besar.
-Necesito pensarlo hijo, esto que me pides no es normal-
Me dijo mientras tomaba mi rostro entre sus manos y me acercaba el rostro para seguirme besando.
Con ese gesto me dijo todo y sin darse cuenta ya me había dado su respuesta.
Yo la abracé con ternura y delicadeza, la comencé a besar con más pasión, mordisqueaba suavemente sus labios y ella hacía lo mismo con los míos.
-De verdad mamá eres la única mujer con la que deseo estar...-
Dije y enseguida abrí su bata de dormir y comencé a acariciarle los senos.

-Entiendo hijo pero me da miedo, no sé que debamos hacer-
Tras decir esto su mano se estiró hacía mi pene que sobresalía debajo de mi jean.
-Pero tengo una idea-
Me dijo mientras desabrochaba mi pantalón y tomaba mi pene emitiendo un leve jadeo al sentir la piel de mi falo sobre sus yemas.
Su mano libre se posó sobre mi cabeza y me acarició como cuando era un niño, pero con la otra mano comenzaba a masturbarme.
Yo ya había liberado sus tetas y tocaba sus areolas.
Me dio un beso tan profundo y romántico, el cual después acercó su boca a mi oreja.
-Déjame pensarlo esta noche corazón, y mañana te diré si acepto ser tu mujer o no-

Nos dimos un beso de buenas noches que duró solo unos pocos segundos y me fui a dormir, me tomó mucho tiempo conciliar el sueño.
A la mañana eran como las 8am, el despertador de mi celular me sacó del reino de Morfeo y me levanté como un rayo de mi cama, apenas puesto un polo y un bóxer blanco.
Fui directo a la habitación de mi madre y la encontré sentada en la esquina de su cama peinando su cabello.
-Buenos días hijo-
Me saludó mi madre al escucharme abrir la puerta sin voltearme a ver.
-Buenos días mamá-
Contesté cortésmente y avancé hacía ella, al mismo tiempo que ella se ponía de pie y me dejaba ver su bella figura apenas cubierta por una pijama muy fina.
Me detuve a pocos centímetros de ella y por un momento creí que estaba soñando, que no era posible que mi más anhelada fantasía estuviera a punto de hacerse realidad.
El rostro de ella se mostraba entre dudas y deseos y parecía que intentaba decirme algo, pero no sabía cómo hacerlo o tal vez no conocía las palabras adecuadas para esta plática matutina.

Fui yo el quien rompió ese incomodo silencio.
-Madre yo sé que tienes dudas sobre lo que pasó, pero ya no hay marcha atrás-
-Después de lo de anoche no podemos volver a ser como éramos antes-
-Ya no somos madre e hijo, ahora vamos a ser...-
-Tengo miedo hijo, de cometer el peor error de mi vida-
Me interrumpió con preocupación en sus palabras-
-Pe.. pero si tengo que elegir entre ver como eres feliz a lado de otra mujer, o ser yo ésa mujer por supuesto que prefiero lo segundo-
-Cuando me enteré que salías con Julia, y luego cuando la traías a la casa...-
-Dios!! moría de rabia, celos, pero no de una madre, sino de de mujer y me sentía muy culpable por eso-
-Y por eso más lo que anoche pasó, he decidido ser tu mujer ya no me importa el que dirán-
En cuanto terminó de hablar, me le acerqué y nos dimos el beso más apasionado que jamás he sentido en mi vida.
Nuestros cuerpos se volvieron uno solo y comenzamos a unirnos en un abrazo más que filial.

Mis manos acariciaban sus pechos, apretaban sus nalgas, se iban sobre su cintura y sus caderas, mientras que mi boca se enredaba con la suya, le lamía el cuello, le mordía los oídos, le respiraba en la nuca.
Ella no se quedaba atrás y correspondía mis besos y caricias de la misma forma.
Acariciaba mi pene con desesperación para de repente apretarlo un poco y comenzaba a masturbarme.
Perdimos la noción del tiempo, hasta que la levanté cogiéndola de las nalgas y la recosté sobre su cama para abalanzarmele encima.

Mi boca comenzaba a apretar con fuerza ambas tetas. Ella acariciaba mi cabello y suspiraba con fuerza gimiendo de placer.
Sus piernas separadas una de la otra me dejaron ver su tan delicioso clítoris, que tanto ansiaba, fue tanto mi arrechura, que solo abrí sus piernas de par en par y arrojé mi cara sobre su conchita, comiéndomelo con desesperación.
Los suspiros de mi madre se transformaron en alaridos de placer. Mi lengua se movía a un frenesí desesperado. Jugaba con su clítoris y bailaba sobre sus labios vaginales. Ella en ese momento ya no sabía ni como se llamaba, simplemente repetía
-Sííí!! Ahh!!-
-Sí ahí ahí!!-
-Sigue sigue sigue!! Aahh!! Aahhh!!!!-

Ella explotó en un orgasmo intenso mientras yo devoraba sus jugos dejándome la cara bañada de su squirt.
Nos miramos a la cara. Su cara mostraba una lujuria que yo le correspondía sin chistar. La comencé a besar en los labios.
Mis manos recorrían todo su cuerpo, desde su cintura a sus nalgas, pasando por sus tetas y su rostro.
Mi lengua y la suya se buscaban con desesperación, uniéndose en un vaivén lujurioso.
Ambos suspirábamos, sin apartar nuestras miradas. Ninguno de los dos apartaba la mirada del otro.
-Le serías infiel a tu noviecita?-
Me dijo entre gemidos y suspiros pero con cierta malicia en la voz.

La recosté en la cama, a medida que nos desvestíamos seguíamos ebrios de lujuria el uno por el otro.
Mi pene entró en la vagina de mi madre. Ella emitió un gemido que más parecía un aullido en cuanto sintió que la penetraba.
Yo sentía que estaba en el paraíso, que, en esa estocada, me unía en carne y alma a mi madre. Lo único que podía pensar era que estaba haciéndole el amor.
Sentía como me apretaba con cada estocada. Ambos nos repetíamos lo mucho que nos amábamos, nos fundíamos en un abrazo hasta formar un solo ser.
Estábamos bañados en sudor y saliva que compartíamos.

Nuevamente detuvo sus movimientos y ahora me ofrecía las nalgas quedando a mi disposición, era algo impresionante, no podía creer lo que estaba haciendo mi madre.
Con la excitación a mil por hora, me acerqué le abrí un poco los cachetes, y a darle el mejor beso negro que nadie le había dado hasta entonces.
Sólo se escuchaban alaridos y jadeos de placer, era innegable que a una puta en ese departamento le estaban dando la mejor comida de culo de su vida.
La puta ya me tenía las sábanas empapadas con los fluidos que emanaban de su coño.



La voltee y comencé a penetrarla por el coño dominado por el instinto y la testosterona que me tenían a full; así cada estocada haciéndola más fuerte, más constante logrando que mi madre no dejará de gemir.
Ella me miraba a los ojos con la boca abierta, y yo la miré fijamente también mientras la penetraba.
Me la cogí como a una puta, le di cachetadas y la agarraba del cuello, ella sólo gemía y jadeaba vuelta loca de placer.
Quería que ella tuviera la mejor experiencia sexual con un hombre, quería demostrarle que yo podía hacerla sentir mujer, que podía hacerme cargo de todas sus necesidades.


Yo me perdía en sus enormes tetas que una vez me amamantaron de niño, mi madre estaba caliente, gritaba, gemía y brincaba gozando cada entrada de mi pene en su vagina, soltó un gran grito y terminó, paró de brincar, me abrazo y sus piernas le temblaban.
Un gemido desgarrador que soltó mi madre me saco de mis pensamientos, las paredes vaginales de mi madre empezaron a sacarme la leche, pero no quería eyacular aún, tenía que demostrar que a mi edad era todo un semental y que por las puras no me poseía una verga de 23cm nomas de adorno.
Así que con toda mi fuerza de voluntad me detuve y ayudé con mi mano para que no dejará de gozar durante su orgasmo.

Tire un par de sabanas al piso y le pedí se pusiera en cuatro, si bien mi madre ya era mi hembra ahora la haría mi puta, para que nunca se arrepintiera de haberme dado las nalgas y así le empecé a demostrar, apenas puso ambas rodillas y manos sobre las mantas.
Coloqué los pies a los costados de sus rodillas y montando sobre su culo, la volví a penetrar para después apoyarme en el piso, mi madre llevó su pecho sobre el suelo y nuevamente volví a penetrarla.
Los gemidos de mi madre eran música para mis oídos acompañados del sonido producido por el chocar de sus nalgas con mis piernas.


Un nuevo orgasmo invadió el cuerpo de mi madre, literalmente se le notaba en el rostro.
Pero está vez duró más o quizá fue un multi orgasmo, está vez la contracción de su coño vacío chorro tras chorro cada uno de mis testículos sin poder poner objeción alguna.
Quedamos algunos minutos en la misma posición, hasta que cansado me salí de ella, mi madre quedo acostada en las sabanas que había puesto en el piso, aún no salía del trance.
A pesar de mi cansancio, la llevé en brazos y la coloqué sobre su cama, en dónde al instante, me dijo:
-Ya fue todo?-
-Uyy apenas se estaba poniendo bueno hijo- en un tono burlón.
La miré a los ojos y antes de que pudiera decir una sola palabra, nuevamente era penetrada, luego vi como sus ojos se ponían en blanco y empezaba a gemir de nuevo como puta mientras llevaba su mano derecha a mi cabeza y entrelazó sus dedos en mi cabello.
-Ahh ahh-
-Así mi amor así-
-Dale dale, no pares hijo no pares no pares!!-
-Aahhh!!-
-Me vengo... ay!!-
-Ricardo me voy a venir!! Aahhhh!!!!...-

No me guardé nada, le dí con todo, le machaqué la pepita con el 100% de mi poder.
Luego de un rato algo expulsó mi verga de su agujero y ví como mi mama empezó a orinarse mientras lanzaba un alarido de placer.
Al recuperar su estado de conciencia se echó sobre mí y me estampó un beso lleno de amor maternal y lujuria, un beso único que jamás volvería a sentir por otra hembra.
Solo ella puede ser mi madre y mi amante a la vez.
Después de esa mañana de sexo ella quedó tan satisfecha que todas sus dudas y temores se desvanecieron.





Cuando se paro para ir al baño, la tome de la cintura la pegue a la pared, le levante una pierna y la embestí con fuerza, para que no despertara a mis hermanitos con sus gritos le tape la boca.
Desde aquel día en casa las cosas cambiaron.
Dejamos de frecuentar a la familia, mamá ya no visitaba ni permitía visitas de sus amistades, yo hice lo mismo con mi círculo social.
Faltaba poco para navidad, recuerdo que ese año no fuimos a visitar a nadie de la familia y así ha sido cada navidad desde ese año hasta ahora. Y año nuevo y día de la Independencia y nuestros cumpleaños. Bueno, ya casi no tenemos contacto con nadie. Y no nos hace falta.
"Terminé" con Julia por petición de mi madre, aunque la verdad es que seguíamos frecuentándonos, pero eso es material para otra historia.
Un día volviendo del trabajo me esperaba mi madre con un test de embarazo que marcaba "positivo" le dí un beso mientras su trasero sentía como mi herramienta se ponía dura, esa noche no dormimos, celebramos haciendo el amor hasta la mañana.
3 comentarios - Cuernos a mi novia con mi madre