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Alex y Carlos (Una fantasía que espero cumplir)

Hacetiempo que no escribo, peroestuve trabajando en otro escrito de una fantasia que tengo, seranvarias partes:

Carlos tenía 40 años, voz grave, barbacuidada y manos grandes que sabían exactamente cómo romper a unchico de 21. Alex, por su parte, era todo lo contrario: delgado, pielclara, cabello negro corto y desordenado, ojos grandes que sellenaban de lágrimas cuando lo avergonzaban. Llevaban tres mesesjuntos y la dinámica estaba más que clara: Alex era el bebé sumisoy Carlos el papi dominante.

Esa tarde, en el departamentodel piso 7, Carlos decidió que era hora de ponerle la jaula porprimera vez.

— Quítate todo, bebé — ordenó Carlosmientras sacaba la caja negra de la mesita de noche.

Alexse quedó de pie frente a él, completamente desnudo, ya medio durosolo por el tono de voz de su papi. Tenía 21 años y su cuerpotodavía parecía de adolescente: cintura estrecha, cadera suave,pene de tamaño pequeño que ahora temblaba de nervios yexcitación.

Carlos se sentó en el borde de la cama,abrió la jaula de acero inoxidable y la sostuvo en alto.

—Mira esto, mi niño. A partir de hoy esto va a ser tu nueva casa. —Sonrió con esa mezcla de cariño y crueldad que volvía loco aAlex—. Abre las piernas.

Carlos habia recostado a Alexen la cama, el obedeció, separando los pies. Carlos tomó el penedel chico con una mano grande y lo metió dentro de la jaula concalma, disfrutando del momento. El metal frío abrazó su carnecaliente. Alex soltó un gemido ahogado cuando sintió el anillo basecerrarse alrededor de sus testículos. Carlos ajustó la cerraduracon un “clic” definitivo y guardó la llave en su bolsillo.

—Listo. Ya no eres un hombre. Eres mi niñito enjaulado.

Alexmiró hacia abajo. Su pene estaba atrapado, presionando inútilmentecontra los barrotes. Una gota de precum ya asomaba entreellos.

Carlos se levantó, tomó un paquete de pañalespara adultos que había comprado esa misma mañana y lo abrió.

—Y ahora… el toque final para cuando estés en casa.

Desenrollóel pañal, lo colocó bajo el culo de Alex y lo subió hasta sucintura. El material suave y grueso abrazó sus caderas. Encima lepuso uno de sus hoodies oversized negros, tan grande que le llegabacasi hasta la mitad de los muslos. El contraste era brutal: un chicode 21 años con pañal abultado y hoodie de adulto, la jaulainvisible pero presente debajo.

— Así vas a estarcuando estemos solos en casa — dijo Carlos, pasando la mano por elfrente del pañal y apretando suavemente la jaula a través de lacapa—. Solo pañal y hoodie. Nada más. ¿Entendido?

—Sí, Papi… — susurró Alex, rojo hasta las orejas.

Desdeese día la rutina cambió.

Por las mañanas, cuandoCarlos se iba a trabajar, dejaba a Alex “en modo bebé”: solo elpañal bien ajustado, el hoodie negro y calcetines. Alex caminaba porel departamento sintiendo el grueso pañal entre las piernas, lajaula rozando cada vez que se movía. A veces Carlos le mandaba fotosdesde la oficina:

“¿Estás mojando el pañal como unbuen niñito?”

Y Alex, temblando, tenía que respondercon una foto de él arrodillado en el sofá, hoodie levantado, pañalvisible y una mancha amarilla creciendo.

Por las noches,cuando Carlos volvía, cambiaba el “uniforme”.

—Quítate el pañal — ordenaba.

Alex lo hacía, quedandosolo con el hoodie y la jaula brillando entre sus piernas. Carlos loponía de rodillas, le subía el hoodie hasta la cintura y lo hacíagatear por la sala mientras le daba nalgadas suaves.

—Mira cómo se te mueve la jaulita… tan inútil, tan pequeña.

Aveces lo recostaba en la cama, brazos atados con cuerdas negras porencima de la cabeza, piernas abiertas y sujetas a los postes. Solollevaba el hoodie (subido hasta el pecho) y la jaula. Carlos sesentaba entre sus piernas, le insertaba un plug anal que  y lohacia bordear durante horas.

— ¿Quieres correrte, bebé?— le susurraba al oído mientras frotaba la jaula con dos dedos.

—Sí, Papi… por favor… — suplicaba Alex entre sollozos.

—No. Los niñitos en pañal no se corren. Solo gotean.

YAlex goteaba. Mucho. El precum salía sin parar, manchando elinterior de la jaula, resbalando por sus bolas y mojando las sábanas.Carlos a veces le ponía el pañal de nuevo justo antes de dormir, loabrazaba por detrás y le susurraba:

— Mañana te cambiola jaula por una más pequeña… y te pongo el pañal más grueso.Porque eres mi bebé y yo decido cuándo, cómo y si alguna vez tedejo correrte.

Alex se dormía así: hoodie puesto, pañalabultado, jaula apretada y el pecho de Carlos contra su espalda,sintiendo la diferencia de edad en cada latido.

El viernespor la noche Carlos llegó del trabajo más temprano de lo normal.Alex estaba exactamente como lo había dejado: sentado en el sofá,solo con el hoodie negro oversized y el pañal debajo. La jaulapresionaba contra la piel suave y sin vello de Alex, ya mojado deprecum después de todo el día sin tocarse.

— Hora delcambio, bebé — anunció Carlos con esa voz grave que siempre hacíaque Alex se sonrojara.

Lo tomó de la mano y lo llevó aldormitorio. Extendió una toalla grande sobre la cama y le ordenó:

—Acuéstate boca arriba y levanta las piernas.

Alexobedeció, temblando de vergüenza y excitación. Carlos despegó losadhesivos del pañal con lentitud, revelando el interior empapado yla jaula brillante, completamente cubierta de precum. El peneatrapado estaba hinchado, rojo, desesperado.

— Mira cómogoteas todo el día como un bebé… — murmuró Carlos mientraslimpiaba con toallitas húmedas el culo y los genitales del chico—.Qué sucio estás.

Alex gimió cuando sintió los dedosgrandes de su papi rozando la jaula. Carlos sacó entonces dosjuguetes de la mesita: un plug anal mediano de silicona negra conbase brillante y un dildo grueso y curvado de 18 cm.

—Hoy vamos a jugar mientras te cambio.

Primero lubricógenerosamente el plug y lo presionó contra la entrada del ano deAlex. El chico soltó un jadeo largo cuando el plug entró despacio,estirándolo. Carlos lo giró con malicia, presionando justo contrala próstata.

— ¿Sientes eso, niñito? Eso es para quete mantengas abierto y desesperado.

Alex arqueó laespalda, las manos aferradas a las sábanas. Luego Carlos tomó eldildo, lo untó en lubricante y lo frotó contra la jaula, haciendoque el metal vibrara contra el pene atrapado.

— Miracómo tu jaulita tiembla… tan inútil.

Durante diezminutos lo torturó así: empujando el plug más profundo mientrasdeslizaba la punta del dildo por la jaula y por sus bolas, sin nuncadarle la estimulacion que necesitaba. Alex lloriqueaba, caderasmoviéndose solas.

— Por favor, Papi… quierocorrerme…

— Los bebés no se corren — respondióCarlos con una sonrisa cruel. Sacó el plug, limpió todo y colocóun pañal nuevo, más grueso que el anterior—. Este es para que nose te escape ni una gota esta noche.

Le cerró el pañal,le bajó el hoodie y lo abrazó fuerte.

— Buen chico.Mañana es domingo… día de baño.

El domingo por lamañana la luz entraba suave por la ventana. Carlos preparó labañera grande con agua tibia, sales y un poco de aceite que olía avainilla. Desnudó completamente a Alex (le quitó el hoodie y elpañal empapado) y lo metió en la bañera.

— Hoy tebaño yo, como a mi bebé de 21 años.

Con una esponjasuave empezó a lavarlo: primero el pecho, luego la espalda, bajandodespacio hasta la jaula. Carlos tomó el pene enjaulado con una manojabonosa y lo frotó con cuidado, haciendo que Alex gimiera y seaferrara al borde de la bañera.

— Tan lindo y tanatrapado… — susurró mientras metía dos dedos jabonosos detrásde la jaula en el culo de Alex, rozando la próstata.

Alextemblaba entero. Carlos lo sacó de la bañera, lo secó con unatoalla grande y lo llevó directo a la cama. Esta vez no puso pañalni hoodie.

— Hoy te quiero desnudo, como a mí.

Carlosse quitó toda la ropa también. Carolos tenia un pecho ancho, pocovello recordado, polla gruesa y larga de 18 cm que ya estaba dura. Seacostó sobre el chico, piel contra piel, y lo besó profundomientras frotaba su erección contra la jaula.

—¿Quieres sentir a tu papi dentro? — preguntó contra su boca.

—Sí… por favor… — suplicó Alex.

Carlos lo penetródespacio, centímetro a centímetro, mientras la jaula golpeabacontra su abdomen con cada embestida. Alex gemía alto, piernasabiertas alrededor de la cintura de su papi. Carlos lo follaba conritmo lento y profundo, una mano sujetando las muñecas del chico porencima de su cabeza.

— Eres mío… mi niñitoenjaulado… — gruñía contra su oído.

Alex se corriósin tocarse, solo con la fricción de la jaula y la polla de Carlosgolpeando su próstata. Chorros de semen salieron a presión entrelos barrotes, manchando sus vientres. Carlos siguió follándolohasta correrse dentro de él con un gruñido grave, llenándolocompletamente.

Después se quedaron así: los doscompletamente desnudos, sudados, abrazados en la cama. Carlos encima,aún dentro de Alex, acariciándole el cabello mientras el chicorespiraba agitado contra su pecho.

— Te quiero así losdomingos… desnudo, lleno de mí — murmuró Carlos besándole lafrente—. Pero el lunes vuelves a ser mi bebé en pañal y hoodie.¿Entendido?

Alex solo pudo asentir, feliz y agotado,sintiendo el peso cálido de su papi dom.

Lunes por latarde:

Carlos abrió la puerta del departamento a las 6:30pm. El sonido de disparos y música de videojuego llenaba la sala.Allí estaba Alex, sentado en el sofá con las piernas cruzadas,completamente concentrado en la pantalla. Llevaba solo el hoodienegro oversized que le llegaba hasta la mitad de los muslos y elpañal grueso que se notaba abultado debajo cada vez que se movía.La jaula aún estaba debajo del pañal, presionando inútilmentedespués de todo el día.

— ¿Así que mi bebé de 21años está jugando en lugar de esperarme como un buen niñito? —dijo Carlos con voz grave y baja, cerrando la puerta con un golpeseco.

Alex dio un salto, el control se le cayó de lasmanos. Sus mejillas se pusieron rojas al instante.

—P-papi… solo estaba… un rato… — balbuceó.

Carlosse acercó, lo tomó por la nuca y lo levantó del sofá sinesfuerzo.

— Un rato se acabó. Hora del cambio. Y hoyvamos a hacer las cosas como a los adultos de verdad les gusta.

Lollevó al dormitorio, extendió la toalla grande sobre la cama y loempujó boca arriba.

— Piernas arriba, bebé. Muéstrameese pañal sucio.

Alex obedeció, temblando. Carlosdespegó los adhesivos lentamente, revelando el pañal empapado deprecum y orina. La jaula vieja brillaba, cubierta de fluidos. El penede Alex estaba hinchado dentro de los barrotes, desesperado.

—Mira nada más cómo estás… todo el día goteando como una puta encelo — gruñó Carlos. Sacó la jaula nueva: esta mucho máspequeña, de acero brillante, apenas 3 cm de largo, cubria porcomplto el pene de Alex.

Pero antes de ponérsela, Carlosse sentó entre las piernas abiertas del chico, tomó las llaves dela jaula vieja de su llavero. Despues de que libero a Alex empezó amasturbarlo: movimientos firmes, rápidos, apretando justo donde másdolía.

— ¿Quieres correrte, verdad? — le susurrómientras aceleraba—. ¿Quieres que tu papi te deje explotar despuésde semanas?

Alex gemía alto, caderas empujando hacia lamano de Carlos, lágrimas de frustración en los ojos.

—¡Sí, Papi! ¡Por favor! ¡Estoy al borde…!

Carlos lollevó hasta el mismísimo límite: el pene palpitaba, la punta rojaasomaba goteando precum , a punto de correrse… y entonces paró.Quitó la mano de golpe.

— No. Los bebés no se correnhoy.

Alex soltó un sollozo de pura desesperación, elcuerpo entero convulsionando. Carlos, sin darle tiempo a recuperarse,fue por hielo para ablandar el pene de Alex, despues metió tododentro de la jaula nueva. El metal pequeño lo apretó brutalmente;la piel sensible sin vello de Alex. “Clic”. Cerrada.

—Ahora sí. Mucho más pequeña. Para que te acuerdes todo el díaquién manda.

Colocó un pañal nuevo, aún más grueso,pero antes de cerrarlo con fuerza.

Carlos se quitó laropa en segundos. Su polla gruesa y pesada se veía imponente sobreel chico delgado. Lo volteó boca abajo, le subió el hoodie hastalos hombros.

— Ahora te voy a follar como se follan alos putitos de verdad.

Sin más lubricante que su propiasaliva, Carlos se colocó detrás y empujó todo de una solaembestida. Alex gritó, las manos aferradas a las sábanas, tambienmordiendolas. Carlos lo agarró de las caderas y empezó a follarlocon fuerza brutal: golpes profundos, rápidos, agresivos, haciendoque la jaula nueva golpeara contra el pañal con cada embestida.

—¿Sientes lo pequeña que está tu jaulita ahora? — gruñíamientras le daba nalgadas fuertes—. ¿Sientes cómo te estoyrompiendo el culo mientras tú solo puedes gotear?

Alexlloraba de placer y dolor, la cara hundida en la almohada.

—¡Sí, Papi! ¡Más fuerte! ¡Úsame!

Carlos lo levantópor el hoodie, lo puso a cuatro patas y lo folló aún más salvaje:una mano en el cuello, la otra tirando del cabello. El sonido de pielcontra piel llenaba la habitación. La jaula pequeña impedíacualquier orgasmo; solo dejaba que Alex gotease sin parar, manchandoel interior del pañal.

Después de varios minutosintensos, Carlos lo volteó de nuevo, le abrió las piernas al máximoy lo penetró mirando a los ojos.

— Mírame mientras telleno, bebé.

Se corrió con un gruñido animal,descargando chorros calientes y espesos dentro de Alex. El chico, aúnal borde, solo pudo temblar y sollozar mientras sentía cómo su papiDom lo marcaba por completo.

Carlos se quedó dentro unossegundos, jadeando, luego lo abrazó fuerte contra su pechosudoroso.

— Buen niñito… Mañana la jaula se quedapuesta todo el día. Y el pañal también. Y si te portas bien…quizás el miércoles te deje intentar correrte otra vez.

Tomoa Alex, lo recosto en el pañal y finalmente lo cerro confuerza.

Alex, agotado, con la jaula nueva apretándolecruelmente y el culo lleno, solo pudo susurrar:

—Gracias, Papi…

Martes por la noche:

Carlosllegó del trabajo con una bolsa negra en la mano. Alex lo esperabaen la sala, exactamente como le había ordenado: solo el hoodie negrooversized y el pañal grueso abultado. La jaula pequeña de acero senotaba como un bulto apretado debajo del pañal. Llevaba todo el díagoteando sin parar; cada movimiento le recordaba lo cruelmentepequeña que era ahora su jaula.

— Ven aquí, bebé —dijo Carlos con voz grave y calmada mientras se sentaba en el sofágrande.

Alex se acercó con las mejillas ya sonrojadas.Carlos lo tomó de la muñeca y lo colocó boca abajo sobre suspiernas fuertes. El cuerpo delgado de Alex quedó perfectamenteacomodado sobre los muslos gruesos de su Daddy Dom: culo levantado,piernas colgando de un lado, pecho y brazos del otro lado del regazo.El hoodie se subió solo, dejando el pañal expuesto.

Carlospasó la mano grande por el pañal abultado y apretó la jaula através del material.

— ¿Cómo se siente la jaulitanueva todo el día, eh? — preguntó mientras empezaba a desabrocharlos adhesivos del pañal.

— Duele… pero me pone muycachondo, Papi… — confesó Alex con voz temblorosa.

—Bien. Porque hoy te voy a calentar el culo primero.

Carlosbajó el pañal hasta las rodillas de Alex, dejando su culo desnudo ypálido al aire. Sin aviso, su mano grande cayó confuerza.

¡Plaf!

El primer azote resonó en lasala. Alex dio un brinco y soltó un gemido agudo.

¡Plaf!¡Plaf! ¡Plaf!

Carlos empezó a darle nalgadas firmes yrítmicas, alternando cachetes, cubriendo toda la superficie. La pielclara de Alex se puso rosa rápidamente, luego roja.

—Cuenta, niñito.

— U-uno… dos… tres… ¡ah!cuatro…

Cada azote hacía que la jaula pequeña sebalanceara y que más precum goteara sobre el sofá. Cuando llegó atreinta, el culo de Alex estaba caliente, rojo brillante ytemblando.

— Buen chico — murmuró Carlos, acariciandolas nalgas ardientes con la palma abierta—. Ahora viene lodivertido.

Sacó de la bolsa negra toda una colección dejuguetes y los colocó en orden sobre la mesita:

Un plugpequeño de silicona con vibración

Un plug mediano conbase ancha

Un dildo grueso y venoso de 20 cm

Unvibrador prostata curvado

Un plug inflable grande

Unasanales grandes

Carlos lubricó generosamente sus dedos yempezó a jugar.

Primero metió dos dedos dentro del culoaún caliente por los azotes, abriéndolo despacio mientras Alexgemía contra su muslo. Luego colocó el plug pequeño y lo encendióen modo bajo. La vibración hizo que Alex se retorciera sobre suregazo.

— Quédate quieto, bebé.

Carlos bajosu mano y jugaba con las bolas de Alex frustrandolo cada vez mas,mientras con la otra mano, preparaba el siguiente plug.

Cambióal plug mediano, empujándolo más profundo, girándolo para querozara la próstata. Alex jadeaba y pataleaba suavemente con laspiernas. Carlos tomó entonces el vibrador prostata y lo introdujo,presionando justo en el punto mágico.

— ¡Papi…! ¡Esdemasiado…! — lloriqueó Alex.

— Todavía no esdemasiado.

Durante los siguientes veinte minutos Carlosjugó sin piedad: sacó un juguete, metió otro, combinó el dildogrueso con el vibrador en la jaula de Alex, incluso coloco e inflóun poco el plug inflable hasta que Alex sintió que lo llenaba porcompleto. Cada vez que el chico estaba a punto de correrse, la jaulapequeña lo impedía cruelmente, Carlos ralentizaba o cambiaba dejuguete, manteniéndolo al borde.

Alex estaba hecho undesastre: culo rojo por los azotes, lleno de juguetes que entraban ysalían, lágrimas de placer corriendo por sus mejillas, goteando sinparar dentro de la jaula diminuta.

Finalmente Carlos dejotodos los juguetes sobre la mesa de la sala, dejó solo el pluginflable a medio inflar y volvió a subirle el pañal.

—Ya terminamos por hoy, mi niñito — dijo mientras lo abrazabacontra su pecho, aún recostado sobre su regazo—. Mañanamiércoles… quizás te deje intentar correrte. O quizás no.

Alex,agotado, con el culo palpitando y la jaula apretándole más quenunca, solo pudo susurrar:

— Gracias, Papi… tequiero…

Carlos le besó la cabeza y lo mantuvo allí,sobre sus piernas fuertes, acariciándole la espalda por variosminutos más.

Espero que les haya gustado, lo continuaremuy pronto, dejen en lso comentarios que le harian a Alex?

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