Hola a todos me presento mi nombre es Edgar mi Madre es Mariana, soy hijo único mi madre me tuvo a la edad de 15 porque la violó su padrastro.
Yo soy mucho más alto que ella mido 1.89 y ella apenas unos 1.60.
Desde siempre hemos estado sólos, yo me he echo cargo de los gastos en la casa, además que tengo un gusto en andar por la casa buscando que cosas se han dañado para repararlas.
Mi madre nunca se volvió a casar siempre hemos sido ella y yo.
Ella tiene sus 35 bien dados pero se ve mucho más joven, ella dice que es porque nunca se casó y nunca pasó corajes.

Yo recién cumplí los 20, trabajo y estudio, además de tener una tienda online.
Por todo eso que absorbe la mayoría de mi tiempo y porque mis habilidades para ligar no son las mejores es que me he mantenido soltero.
Por supuesto que me gustaría una novia pero todas las chicas con quien intenté algo me terminaron bateando.
Yo siempre he sido "el hombre de la casa" ella misma me lo dice siempre.
Y como todo hombre necesito a una mujer a mi lado que me atienda y con quién formar mi propia familia.
Después de pensarlo profundamente llegué a una conclusión que a mi madre no le pareció tan buena idea cuando se la conté.
-Ven mamá tengo que hablar contigo de un tema serio-
Le dije y la senté en el sofá de la sala.

-Que pasa hijo, no me asustes-
Comencé a explicarle las cosas como yo las veía y lo que les conté exactamente así se lo dije todo a ella mientras su expresión en el rostro se transformaba en una expresión de asombro y miedo.
-Estás loco Edgar!-
-Cómo crees tú tienes que andar con una chavita de tu edad-
-Porfavor nunca más me vuelvas a mencionar el tema!-
Se paró mi mamá roja de la vergüenza y muy enojada se fué para su cuarto.

-No me dejas otra opción-
Pensaba para mis adentros.
Después de un par de llamadas con mis amigos ya tenía el número de un tipo que vende todo tipo de drogas y decido llamarlo, le digo que quiero follarme a una chica que no me conoce.
-Yo tengo lo que buscas-
Me interrumpió a media explicación.
-Tengo unos analgésicos muy potentes que la van a dejar como un zombie en cuestión de minutos-
-El resto ya lo dejo a tu imaginación-
Era eso, era justo lo que necesitaba.
Quedamos de vernos en un parque ya saben el típico encuentro en un punto.
Me fui para mi casa todo emocionado pensando la manera de dárle el sedante a mi madre.
No fue muy difícil a la hora de la comida le dejé caer una pastilla en su coca cola y ahí se disolvió sin que se diera cuenta.

Gracias a dios no notó ningún sabor raro y me sentí muy aliviado cuando se empinó el vaso terminandosela toda.
Después de lavar los trastes me dijo que se sentía cansada que iba a acostarse un rato en su cuarto.
-El ratón cayó en la trampa-
Pensaba emocionado.
A la media hora subí con la excusa de preguntar por alguna cosa la verdad no podía pensar en nada que no fuera coger a mi madre.
Al abrir la puerta de su cuarto con mucho cuidado por fin la pude ver, estaba ahí tirada desnuda semi consciente.


Me desnudé en un segundo y me subí sobre ella, detrás de ella.
Ella se movió un poco, sorprendida, pero yo ya tenía mi pene apuntando directo a su vagina.
Sin pensarlo mucho, empujé hacia adentro, llenándola de golpe con mi verga.
La sentí respirar fuerte, suspiros jadeantes contra la almohada.
-Edgar… no… estás bien?-
Preguntó, pero no me detuve.
Empecé a mover mis caderas, sentí cómo mi piel chocaba contra la suya suavemente.
Estaba montándola, controlando el ritmo, mientras mi pene se hundía en ella hasta el fondo, sintiendo por fin la humedad que tanto ansiaba, pues era la prueba de que mi madre también lo estaba disfrutando.


Empecé a impulsarme más fuerte, deseando llenarla de mi semen.
-Mami, qué rica estás-
Le dije mientras la sentía acoplarse a mis movimientos, a pesar de que ella parecía estar muy drogada.
Seguí empujando sin piedad, sintiendo la presión de sus paredes vaginales apretándome emanando másy más fluidos.
La sentí gemir y suspiros jadeantes contra la almohada mientras yo la poseía por detrás, mis caderas golpeando suavemente contra sus glúteos.
-Mami, qué rico te siento-
Le dije, y ella sólo logró soltar un gemido ahogado, su cuerpo temblando levemente a cada embestida.
La estaba follandó bien, entrando y saliendo, disfrutando de ese calor que parecía no terminar nunca.
La posición era excelente, yo arriba, ella abajo permitiéndome penetrarla profundamente.

Me agarré de sus caderas con fuerza, marcándolas, y empecé a ir más rápido, queriendo llenarla de mi propia esencia, queriendo "plantarle mi semilla".
Ella se aferró a la cama, sus uñas rasgando las sábanas viejas, pero no me detuve.
-Mami, mira lo abierta que estás-
Le dije bajándome para ver cómo mi pene salía de ella, manchado de sus jugos.
Saqué mi pene y lo puse en su ano.
Ella se dio cuenta y se tensó de repente.

-¿Qué haces, Edgar? No… no ahí no!-
Dijo ella, intentando separarse de mí, pero yo la sujeté por la cintura.
-Déjame, mamá, solo quiero sentirlo-
Le pedí por cortesía ya que en su estado poco o nada podía hacer para evitarlo.
Y sin esperar su respuesta, me coloqué en la entrada de su ano completamente decidido a profanarlo.
Al intentar meterlo con fuerza, ella dio un grito agudo, como si le hubieran dado una patada.
-¡Ay! ¡Para! ¡Duele!-
Chilló ella, su cuerpo retorciéndose para escapar de mí.
-No, hijo, no puedes, me duele mucho-
Atinaba a decir con voz como de borracha.
-Cálmate, mamá, solo va a durar un poco-
Le dije intentando convencerla, pero cuando metí la cabeza, sentí que se tensó en exceso.

Ella se negaba a seguir, se notaba la impotencia en sus ojos llenos de lágrimas.
-Está mal lo que haces, hijo, me estás lastimando-
Decía entre sollozos, su cuerpo temblando violentamente.
-Por favor, detente, no puedo más-
Pidió, pero yo estaba decidido a terminar.
La sujeté con más fuerza y empujé de golpe hasta el fondo, rompiendo la resistencia de su ano.
Sentí cómo su músculo anal se contraía violentamente, rechazándome, pero yo no me paré.
La sentí gritar de nuevo, un sonido agudo y desgarrador, mientras yo continuaba moviéndome dentro de su ano dolorido.
-¡No! ¡Para! ¡Me duele tanto!-
Lloraba ella, sus manos golpeándome la espalda, pero yo no la escuchaba.
La estaba destrozando por detrás, su piel se veía blanca y pálida de tanto esfuerzo.

-Mami, por favor…-
-Es demasiado, hijo, es demasiado...-
Decía, mientras sus caderas se movían solas, buscando alivio, pero yo no la dejaba descansar.
La estaba follando din tregua, sintiendo cada milímetro del camino, y ella se negaba a seguir, diciendo que era malo, que lo que hacíamos estaba mal.
Yo seguía empujando, ignorando sus palabras, deseando llegar al final.
-¡Voy a correr, mamá... me voy a correr!-
Grité, y ella se arqueó hacia atrás, sintiendo mi verga hincharse dentro de su culo.
-Aahhgg!!-
-Pinche puta!!-
Grité violentamente por la adrenalina que genera el orgasmo.
Me corrí violentamente dentro de ella, derramándo mi esperma caliente, y ella soltó un suspiro de alivio y dolor al mismo tiempo que la tomaba del cuello para sellar la cogida con un beso de lengua.
Al aceptarlo ella me daba su aprobación como mujer de ser un semental que sabe hacer su trabajo.

Me quedé sobre ella, agotado, sintiendo su cuerpo temblando por el esfuerzo.
-Lo siento, mamá-
Le dije, pero ella solo se quedó ahí, recuperándose del cogidón brutal que le acababa de dar.
Después de aquella noche, ella me dejó de hablar por casi cinco días.
Solo me hablaba para decirme que fuera a comer.
De noche, yo me quedaba despierto recordando cada segundo de esa noche.
Pero con el tiempo, las cosas se suavizaron.
Ella empezó a acercarse a mí, a tocarme el brazo o a ponerse frente a mí cuando le hablaba.
Un día de esas, sin avisar, me invitó a sentarme en la cama.
Yo no dije nada y me lo pasé besándola, y poco a poco volvimos a tener relaciones.



Empezamos a tener sexo casi todos los días.
Un día llegando del trabajo encontré a mi mamá muy feliz mientras se abalanzaba sobre mí besándome y dándome toda emocionada un test de embarazo que marcaba positivo.
-Vas a ser papá mi amor!!-

Nos comenzamos a besar muy emocionados y terminamos teniendo sexo ahí en la sala de la cocina celebrando la buena noticia.
Por fin tendré la familia que tengo he deseado, por fin le demostré a mi madre del partidazo que puedo ser y terminó aceptando ser mi mujer, y además es quién está por darme nuestro primer hijo, porque quiero varios...


Yo soy mucho más alto que ella mido 1.89 y ella apenas unos 1.60.
Desde siempre hemos estado sólos, yo me he echo cargo de los gastos en la casa, además que tengo un gusto en andar por la casa buscando que cosas se han dañado para repararlas.
Mi madre nunca se volvió a casar siempre hemos sido ella y yo.
Ella tiene sus 35 bien dados pero se ve mucho más joven, ella dice que es porque nunca se casó y nunca pasó corajes.

Yo recién cumplí los 20, trabajo y estudio, además de tener una tienda online.
Por todo eso que absorbe la mayoría de mi tiempo y porque mis habilidades para ligar no son las mejores es que me he mantenido soltero.
Por supuesto que me gustaría una novia pero todas las chicas con quien intenté algo me terminaron bateando.
Yo siempre he sido "el hombre de la casa" ella misma me lo dice siempre.
Y como todo hombre necesito a una mujer a mi lado que me atienda y con quién formar mi propia familia.
Después de pensarlo profundamente llegué a una conclusión que a mi madre no le pareció tan buena idea cuando se la conté.
-Ven mamá tengo que hablar contigo de un tema serio-
Le dije y la senté en el sofá de la sala.

-Que pasa hijo, no me asustes-
Comencé a explicarle las cosas como yo las veía y lo que les conté exactamente así se lo dije todo a ella mientras su expresión en el rostro se transformaba en una expresión de asombro y miedo.
-Estás loco Edgar!-
-Cómo crees tú tienes que andar con una chavita de tu edad-
-Porfavor nunca más me vuelvas a mencionar el tema!-
Se paró mi mamá roja de la vergüenza y muy enojada se fué para su cuarto.

-No me dejas otra opción-
Pensaba para mis adentros.
Después de un par de llamadas con mis amigos ya tenía el número de un tipo que vende todo tipo de drogas y decido llamarlo, le digo que quiero follarme a una chica que no me conoce.
-Yo tengo lo que buscas-
Me interrumpió a media explicación.
-Tengo unos analgésicos muy potentes que la van a dejar como un zombie en cuestión de minutos-
-El resto ya lo dejo a tu imaginación-
Era eso, era justo lo que necesitaba.
Quedamos de vernos en un parque ya saben el típico encuentro en un punto.
Me fui para mi casa todo emocionado pensando la manera de dárle el sedante a mi madre.
No fue muy difícil a la hora de la comida le dejé caer una pastilla en su coca cola y ahí se disolvió sin que se diera cuenta.

Gracias a dios no notó ningún sabor raro y me sentí muy aliviado cuando se empinó el vaso terminandosela toda.
Después de lavar los trastes me dijo que se sentía cansada que iba a acostarse un rato en su cuarto.
-El ratón cayó en la trampa-
Pensaba emocionado.
A la media hora subí con la excusa de preguntar por alguna cosa la verdad no podía pensar en nada que no fuera coger a mi madre.
Al abrir la puerta de su cuarto con mucho cuidado por fin la pude ver, estaba ahí tirada desnuda semi consciente.


Me desnudé en un segundo y me subí sobre ella, detrás de ella.
Ella se movió un poco, sorprendida, pero yo ya tenía mi pene apuntando directo a su vagina.
Sin pensarlo mucho, empujé hacia adentro, llenándola de golpe con mi verga.
La sentí respirar fuerte, suspiros jadeantes contra la almohada.
-Edgar… no… estás bien?-
Preguntó, pero no me detuve.
Empecé a mover mis caderas, sentí cómo mi piel chocaba contra la suya suavemente.
Estaba montándola, controlando el ritmo, mientras mi pene se hundía en ella hasta el fondo, sintiendo por fin la humedad que tanto ansiaba, pues era la prueba de que mi madre también lo estaba disfrutando.


Empecé a impulsarme más fuerte, deseando llenarla de mi semen.
-Mami, qué rica estás-
Le dije mientras la sentía acoplarse a mis movimientos, a pesar de que ella parecía estar muy drogada.
Seguí empujando sin piedad, sintiendo la presión de sus paredes vaginales apretándome emanando másy más fluidos.
La sentí gemir y suspiros jadeantes contra la almohada mientras yo la poseía por detrás, mis caderas golpeando suavemente contra sus glúteos.
-Mami, qué rico te siento-
Le dije, y ella sólo logró soltar un gemido ahogado, su cuerpo temblando levemente a cada embestida.
La estaba follandó bien, entrando y saliendo, disfrutando de ese calor que parecía no terminar nunca.
La posición era excelente, yo arriba, ella abajo permitiéndome penetrarla profundamente.

Me agarré de sus caderas con fuerza, marcándolas, y empecé a ir más rápido, queriendo llenarla de mi propia esencia, queriendo "plantarle mi semilla".
Ella se aferró a la cama, sus uñas rasgando las sábanas viejas, pero no me detuve.
-Mami, mira lo abierta que estás-
Le dije bajándome para ver cómo mi pene salía de ella, manchado de sus jugos.
Saqué mi pene y lo puse en su ano.
Ella se dio cuenta y se tensó de repente.

-¿Qué haces, Edgar? No… no ahí no!-
Dijo ella, intentando separarse de mí, pero yo la sujeté por la cintura.
-Déjame, mamá, solo quiero sentirlo-
Le pedí por cortesía ya que en su estado poco o nada podía hacer para evitarlo.
Y sin esperar su respuesta, me coloqué en la entrada de su ano completamente decidido a profanarlo.
Al intentar meterlo con fuerza, ella dio un grito agudo, como si le hubieran dado una patada.
-¡Ay! ¡Para! ¡Duele!-
Chilló ella, su cuerpo retorciéndose para escapar de mí.
-No, hijo, no puedes, me duele mucho-
Atinaba a decir con voz como de borracha.
-Cálmate, mamá, solo va a durar un poco-
Le dije intentando convencerla, pero cuando metí la cabeza, sentí que se tensó en exceso.

Ella se negaba a seguir, se notaba la impotencia en sus ojos llenos de lágrimas.
-Está mal lo que haces, hijo, me estás lastimando-
Decía entre sollozos, su cuerpo temblando violentamente.
-Por favor, detente, no puedo más-
Pidió, pero yo estaba decidido a terminar.
La sujeté con más fuerza y empujé de golpe hasta el fondo, rompiendo la resistencia de su ano.
Sentí cómo su músculo anal se contraía violentamente, rechazándome, pero yo no me paré.
La sentí gritar de nuevo, un sonido agudo y desgarrador, mientras yo continuaba moviéndome dentro de su ano dolorido.
-¡No! ¡Para! ¡Me duele tanto!-
Lloraba ella, sus manos golpeándome la espalda, pero yo no la escuchaba.
La estaba destrozando por detrás, su piel se veía blanca y pálida de tanto esfuerzo.

-Mami, por favor…-
-Es demasiado, hijo, es demasiado...-
Decía, mientras sus caderas se movían solas, buscando alivio, pero yo no la dejaba descansar.
La estaba follando din tregua, sintiendo cada milímetro del camino, y ella se negaba a seguir, diciendo que era malo, que lo que hacíamos estaba mal.
Yo seguía empujando, ignorando sus palabras, deseando llegar al final.
-¡Voy a correr, mamá... me voy a correr!-
Grité, y ella se arqueó hacia atrás, sintiendo mi verga hincharse dentro de su culo.
-Aahhgg!!-
-Pinche puta!!-
Grité violentamente por la adrenalina que genera el orgasmo.
Me corrí violentamente dentro de ella, derramándo mi esperma caliente, y ella soltó un suspiro de alivio y dolor al mismo tiempo que la tomaba del cuello para sellar la cogida con un beso de lengua.
Al aceptarlo ella me daba su aprobación como mujer de ser un semental que sabe hacer su trabajo.

Me quedé sobre ella, agotado, sintiendo su cuerpo temblando por el esfuerzo.
-Lo siento, mamá-
Le dije, pero ella solo se quedó ahí, recuperándose del cogidón brutal que le acababa de dar.
Después de aquella noche, ella me dejó de hablar por casi cinco días.
Solo me hablaba para decirme que fuera a comer.
De noche, yo me quedaba despierto recordando cada segundo de esa noche.
Pero con el tiempo, las cosas se suavizaron.
Ella empezó a acercarse a mí, a tocarme el brazo o a ponerse frente a mí cuando le hablaba.
Un día de esas, sin avisar, me invitó a sentarme en la cama.
Yo no dije nada y me lo pasé besándola, y poco a poco volvimos a tener relaciones.



Empezamos a tener sexo casi todos los días.
Un día llegando del trabajo encontré a mi mamá muy feliz mientras se abalanzaba sobre mí besándome y dándome toda emocionada un test de embarazo que marcaba positivo.
-Vas a ser papá mi amor!!-

Nos comenzamos a besar muy emocionados y terminamos teniendo sexo ahí en la sala de la cocina celebrando la buena noticia.
Por fin tendré la familia que tengo he deseado, por fin le demostré a mi madre del partidazo que puedo ser y terminó aceptando ser mi mujer, y además es quién está por darme nuestro primer hijo, porque quiero varios...


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