El yate surcaba las aguas tranquilas del Río de la Plata, alejado de todo, como si el mundo se hubiera detenido solo para ella. Nicki Nicole cumplía 25 años y había decidido festejarlo a lo grande, pero íntimo: tres días completos en un yate privado, solo con sus amigos más cercanos. Nada de prensa, nada de flashes externos. Solo risas, música, mar y la libertad de ser ella misma sin filtros. Había alquilado el barco entero, con camarotes cómodos, una cubierta amplia con jacuzzi y una cocina equipada para que nadie tuviera que preocuparse de nada.
Para que todo saliera perfecto, su equipo había contratado personal extra. El elegido fue Martín, un tipo de 28 años con experiencia en eventos privados de alto nivel. Lo contactaron por recomendación y él aceptó sin dudar: tres días en un yate con Nicki Nicole sonaba a sueño hecho realidad. El acuerdo era claro: atendería a todos, pero con discreción total.
Martín se presentó a las 8:00 de la mañana, una hora antes de que llegara la cumpleañera. El yate estaba amarrado en el puerto de Buenos Aires y el equipo de Nicki ya lo esperaba. Un asistente lo recibió en cubierta y le explicó todo: horarios de comidas, preferencias de la artista, dónde estaban las bebidas premium y los detalles del protocolo. Martín asentía serio, uniforme impecable (pantalón negro y camisa blanca), pero por dentro ya sentía la adrenalina.
A las 9:00 en punto, el motor del yate rugió suave y Nicki llegó. Venía con tres amigas (Luna, Vale y Sofi) y dos amigos (Tomi y Juan). Todos bajaron del auto riendo, con valijas pequeñas y bolsos llenos de bikinis y shorts. El equipo de Nicki los recibió en la pasarela y, antes de despedirse, presentó a Martín formalmente.
- Chicos, él es Martín. Va a ser el que los atienda estos tres días. Todo lo que necesiten, se lo piden a él. Es un crack - dijo la manager, dándole una palmada en el hombro a Martín.
Nicki se acercó primero, con esa sonrisa que iluminaba todo. Llevaba un vestido suelto color crema, el pelo suelto y lentes de sol.

- Hola, Martín. Gracias por venir, de verdad. Sé que es un laburo heavy, pero prometo que vamos a ser buena onda - le dijo, extendiendo la mano.
Martín se la estrechó firme, intentando no mirar demasiado.
- Gracias a vos por la confianza, Nicki. Estoy para lo que necesiten. Espero que la pasen bomba estos días. -
Los demás saludaron rápido, Tomi le dio una palmada y las chicas sonrieron. El equipo de Nicki se bajó del yate, el capitán dio la orden y zarparon. Martín se quedó en su puesto, pero por dentro no paraba de pensar: - La puta madre… qué buena que está. Ese cuerpo, esa cara. Voy a ser un afortunado si la puedo ver en poca ropa aunque sea un segundo. -
El primer día transcurrió con tranquilidad total. Cada uno se acomodó en su camarote. Nicki eligió el principal, con vista al mar. Las chicas se instalaron juntas, los chicos en el de al lado. Después del almuerzo ligero que Martín preparó, todos se fueron a dormir la siesta. El sol pegaba fuerte y el balanceo del yate invitaba a cerrar los ojos.
Alrededor de las 5 de la tarde empezaron a levantarse. Martín ya tenía la merienda lista en la cubierta principal: mate, medialunas calentitas, fruta fresca y café. Nicki fue la primera en aparecer, todavía con cara de dormida, el pelo revuelto y el mismo vestido blanco que se había puesto para bajar del auto. Se frotaba un ojo y sonreía.
- Gracias, Martín… esto se ve increíble - dijo, agarrando una medialuna. - Sos un genio. -
Él sonrió, sirviéndole mate. - De nada, Nicki. Que lo disfrutes. -
Ya entrada la noche, durante la cena en la mesa larga de la cubierta, asado al horno, ensaladas y vino tinto, Nicki levantó la copa y miró a Martín, que estaba sirviendo desde un costado.
- Martín, vení a sentarte con nosotros. No seas tímido, che. Hoy trabajaste todo el día, merecés comer caliente como nosotros. -
Martín negó con la cabeza, educado. - Te agradezco, pero estoy trabajando. Prefiero quedarme en mi lugar. -
Nicki insistió, con esa mirada juguetona que no admitía un no.
- Dale, boludo. Es mi cumple, no me hagas decirte que sí tres veces. Sentate acá al lado mío. Un ratito nada más. -
Los amigos corearon: - “¡Dale, Martín!”, “¡No seas aburrido!” -. Al final se rindió y se sentó. La cena se volvió más distendida. Tomi le contó anécdotas de giras, las chicas le preguntaron de dónde era (era de Mar del Plata) y pavearon un rato. Martín se integró perfecto: reía, contaba chistes sin pasarse y servía vino cuando hacía falta. Nicki lo miraba de reojo, como evaluando.
Llegaron las 2:00 de la mañana y todos empezaron a retirarse a sus camarotes. Quedaron solo Martín y Nicki en cubierta, con las luces tenues y el mar negro alrededor. Ella se acercó a la baranda, apoyándose.
- Martín, antes de irme a dormir… ¿me podés sacar unas fotos para subir después a Instagram? No quiero que salgan raras. -
Le pasó su celular. Él lo tomó, nervioso. - Claro, decime cómo las querés. -
Nicki se puso de espaldas a la cámara, apoyada en la baranda, mirando por encima del hombro. Se acomodó el pelo largo con una mano y sonrió. - Así… tomá varias. -
Martín tomó las fotos. Después ella bajó las tiras del vestido blanco lentamente, dejando al descubierto sus hombros y toda la espalda desnuda. El vestido apenas se sostenía en las tetas. Martín tragó saliva y siguió sacando fotos, pero su pija ya empezaba a endurecerse dentro del pantalón.

- Te ves hermosa, Nicki… en serio - dijo en voz baja, casi sin pensarlo.
Ella se sonrojó un poco, pero sonrió. - Gracias… -
Se dio vuelta despacio, sosteniendo la parte superior del vestido contra sus tetas para que no se le cayera. Martín le devolvió el celular, pero no podía dejar de mirar la zona del escote.
Nicki se dio cuenta. Con tono juguetón y una ceja levantada, preguntó: - ¿Qué mirás tanto, eh? -
Martín se puso rojo al instante. - Perdón… no quería… me voy a… -
Intentó girar para irse, pero Nicki lo tomó del brazo con suavidad.
- Tranquilo. Te portaste re bien hoy conmigo y con mis amigos. Quiero recompensarte por todo el laburo del día… y que te sirva de motivación para los días que quedan. -
Martín no podía creer lo que escuchaba. Balbuceó: - ¿Cómo… cómo me vas a recompensar? -
Nicki soltó una risita tímida, miró a los costados para asegurarse de que nadie saliera y, sin decir nada más, bajó la parte superior del vestido. Sus tetas quedaron completamente expuestas al aire nocturno: redondas, firmes, con pezones rosados y duros por la brisa. Perfectas.
Martín abrió los ojos como platos. - No lo puedo creer… -
Nicki se agarró las tetas con las dos manos, apretándolas suavemente.
- ¿Te gustan? -
- Son hermosas… sos perfecta, Nicki. No tengo palabras. -
- ¿Las querés tocar? -
Él no esperó ni un segundo. Sus manos grandes cubrieron las tetas de ella, sintiendo la piel suave y caliente. Nicki cerró los ojos un instante y puso cara de placer, mordiéndose el labio inferior. Al mismo tiempo, bajó una mano y la apoyó sobre la pija de Martín por encima del pantalón. Se sorprendió al sentir el bulto grueso y duro.
- La puta madre… qué grande que la tenés - susurró.
Martín respiraba agitado. - Estoy así desde que te vi bajar del auto esta mañana. -
Sus manos bajaron a la cintura de Nicki y empezaron a tirar del vestido hacia abajo, queriendo sacárselo entero. Ella no opuso ninguna resistencia; al contrario, levantó las caderas para ayudarlo.
Pero justo en ese momento, desde uno de los camarotes se escuchó la voz de Vale: - ¡Nicki! ¿Venís? Te estamos esperando para el último trago. -
Ambos se congelaron, frustrados. Nicki suspiró y respondió rápido: - ¡Ya voy! -
Se subió el vestido a toda velocidad. Martín se pasó una mano por la cara. - Qué mierda… - murmuró.
Nicki se acercó y le dio un beso rápido en la mejilla.
- Me voy a dormir, pero mañana continuamos. Quiero verte la pija… y quiero probarla. ¿Te parece? -
Martín, todavía con la respiración entrecortada y la pija palpitando, solo pudo asentir. - Obvio que sí. -
Antes de que ella se fuera del todo, Martín la detuvo.
- Nicki… ¿me das un beso antes de irte? Uno de verdad. -
Ella soltó una risa baja, se acercó despacio y lo miró a los ojos. - Si me vas a tratar bien estos días… sí. -
Lo tomó de la cara con las dos manos y lo besó. Fue un beso profundo, con lengua, cargado de ganas. Mientras tanto, las manos de Martín bajaron de la cintura de ella directo al culo, apretándolo con fuerza por encima del vestido. Nicki gimió bajito contra su boca.
Se separaron a regañadientes, con las miradas llenas de promesas.
- Buenas noches, Martín - susurró ella.
- Buenas noches, Nicki. Mañana te espero. -
Y cada uno se fue a su camarote, con el cuerpo ardiendo y la certeza de que el segundo día iba a ser mucho más caliente.
Al otro día el sol entró temprano por las ventanas de los camarotes y todos empezaron a levantarse casi al mismo tiempo. Martín ya estaba en la cocina desde las 7:30, preparando un desayuno completo: café recién hecho, tostadas con palta y tomate, huevos revueltos, jugo de naranja natural, medialunas calentitas y un bowl gigante de fruta fresca.
Nicki fue la última en aparecer, alrededor de las 9:00. Bajó con el pelo todavía un poco revuelto, una remera oversized blanca que le llegaba a mitad del muslo y ojeras de haber dormido poco. Cuando cruzó la mirada con Martín, que estaba sirviendo café, los dos se rieron al mismo tiempo con esa complicidad que solo ellos entendían. Fue una risa corta, pero cargada: él levantó una ceja y ella se mordió el labio disimuladamente antes de sentarse.
- Buen día a todos - dijo Nicki, estirándose. - Martín, esto se ve espectacular, boludo. Gracias. -
- Buen día, cumpleañera. Que lo disfrutes - respondió él, guiñándole un ojo rápido mientras le servía el café.
El sol pegaba fuerte ya a las 10 de la mañana y el plan del día era claro: tomar sol, tirarse al agua, repetir. Todos se levantaron de la mesa y fueron a cambiarse. Las chicas y los chicos desaparecieron hacia sus camarotes riendo y hablando de quién se iba a tirar primero al mar.
Nicki se quedó atrás a propósito. Cuando los demás ya no los veían, se acercó a Martín por detrás mientras él terminaba de ordenar la mesa. Lo sorprendió pasándole los brazos por la cintura y dándole un beso rápido en el cuello.
- ¿Te sumás a nosotros o vas a seguir de mozo todo el día? - preguntó bajito, con voz juguetona.
Martín se dio vuelta, sonriendo, y la tomó de la cintura. - Me sumo luego del mediodía, cuando termine de preparar todo para el almuerzo. Pero te voy a estar mirando todo el tiempo, no te hagas la que no sabés. -
Nicki se acercó más, pegando su cuerpo al de él. - Estuve pensando en tu pija toda la noche, sabés… no pude dormir bien. -
Él soltó una risa baja y ronca. - Y yo me pajeé pensando en vos, dos veces. No me aguantaba. -
Nicki se sonrojó, pero sus ojos brillaron.
- Qué hijo de puta… Espero que la próxima vez que te pajeés sea sobre mí. -
- Ojalá sea así, Nicki. Ojalá. -
Ella sonrió, le dio un beso corto en los labios y susurró: - Me voy a cambiar. No te aburras mucho. -
Cuando se dio vuelta para irse, Martín no se aguantó: le dio una nalgada fuerte, sonora, justo en el culo. El sonido retumbó un poco. Nicki soltó un gritito de sorpresa y se giró riendo.
- ¡Ay, boludo! - dijo, pero con una sonrisa enorme. - Guardá esa mano para después. -
Y se fue meneando las caderas hacia su camarote.
Minutos después Nicki reapareció en cubierta. Llevaba un bikini que quitaba el aliento: la parte de arriba celeste, ajustada, que apenas contenía sus tetas redondas y firmes; la parte de abajo negra, tanga alta que marcaba todo. Encima se había puesto una falda blanca larga, semitransparente, que dejaba ver claramente el bikini negro debajo. El pelo suelto, gorra rosa y una sonrisa de quien sabe que está buena.

Martín la siguió con la mirada desde el bar, sin disimular. Nicki lo notó al instante. Cuando sus amigas estaban distraídas acomodando las reposeras, ella miró hacia él, se bajó un poco la parte de arriba del bikini y le mostró las tetas completas por dos segundos, pezones duros incluidos. Martín se agarró la pija por encima del pantalón, apretando fuerte mientras la miraba. Nicki se rio bajito y le hizo un gesto con la mano: se llevó dos dedos a la boca y simuló chupar, luego señaló la pija de él. Mensaje claro: “Después te la chupo”.
Tomi y Juan no esperaron más y se lanzaron al mar entre gritos y chapuzones. Luna, Vale y Sofi se recostaron en las reposeras bajo el sol con bronceador y celulares.
Nicki se sumó a ellas, pero antes se quedó parada frente a la baranda, de espaldas a Martín. Sabía perfectamente que él la estaba mirando. Se sacó la falda blanca despacio, muy despacio, bajándola centímetro a centímetro, dejando que la tela se deslizara por su culo perfecto, redondo y firme, apenas cubierto por la tanga negra. El movimiento fue puro provocación. Martín sacó el celular discretamente y le tomó varias fotos: el culo de Nicki Nicole en tanga, al sol, en un yate privado. Sabía que ella nunca había mostrado el culo en redes ni había fotos en internet. Esas eran suyas.


Mientras Nicki se recostaba boca abajo en la reposera, Martín se metió en la zona de servicio, sacó la pija dura y empezó a pajearse mirando las fotos que acababa de tomar y viéndola a ella tomando sol a lo lejos. Movía la mano despacio, respirando agitado.
Nicki, después de un rato, le dijo a las chicas: - Chicas, voy a buscar el bronceador que dejé en la habitación, ya vuelvo. -
Se levantó y caminó directo hacia Martín, que seguía medio escondido. Lo sorprendió justo cuando él se estaba guardando la pija.
- Te vi pajéandote, eh - dijo en voz baja, con una sonrisa pícara. - Ahora me tenté de pija. -
Sin darle tiempo a reaccionar, Nicki se arrodilló frente a él, miró a los costados para asegurarse de que nadie venía y le bajó el pantalón y el boxer de un tirón. La pija de Martín, gruesa, venosa y dura como piedra, le rebotó en la cara, casi pegándole en la mejilla.
- Dios… qué linda pija tenés - susurró Nicki, mirándola de cerca. - Gruesa, larga… perfecta. -
Empezó a masturbarlo con la mano derecha, despacio al principio, apretando fuerte.
- Va a ser rápido esto, pero es un adelanto de lo que te voy a hacer esta noche. Te voy a dejar loco. - Dijo ella.
Martín respiraba entrecortado, apoyándose en la mesada. - Nicki… la puta madre… -
Ella no esperó más. Se metió la pija en la boca de una vez. Empezó a chuparla con ganas, bajando hasta la mitad, ahogándose cuando llegaba al fondo. La baba le caía por la comisura de los labios, por el mentón, goteando sobre sus tetas. Hacía ruidos húmedos, succionaba fuerte, movía la cabeza rápido. Mientras tanto, Martín metió las manos dentro del bikini celeste y le agarró las tetas, apretándoselas, pellizcándole los pezones duros.
- Así, nena… chupala toda - gemía él bajito.
Nicki se ahogaba, los ojos se le llenaban de lágrimas, pero no paraba. La pija entraba y salía de su boca cubierta de saliva. De repente frenó, sacó la pija con un “plop” húmedo y se puso de pie, limpiándose la boca con el dorso de la mano.
- Después seguimos - dijo jadeando, con una sonrisa sucia. - No te puedo dejar acabar ahora. -
Se acercó y lo besó profundo, metiéndole la lengua. Martín le agarró el culo con las dos manos, apretando fuerte, y le dio una nalgada sonora que resonó.
- Ay, sí… - gimió ella contra su boca.
Y se volvió a acomodar el bikini como si nada, caminando de regreso con las amigas, mientras Martín se quedaba ahí, pija dura y palpitando, contando los minutos para que llegara la noche.
Las horas pasaron entre risas, chapuzones, música a todo volumen y cervezas frías. El sol se fue poniendo lentamente, tiñendo el cielo de naranja y rosa, y el yate se llenó de ese olor a sal, protector solar y asado que había preparado Martín para la cena. Todos comieron en la cubierta principal: chorizos, morcilla, vacío, ensalada rusa y vino tinto. Nicki seguía con su bikini celeste y negro, sin ponerse nada encima, el pelo húmedo por el mar y la piel bronceada brillando bajo las luces tenues del barco.
Cuando terminaron de cenar, alrededor de las 23:30, el grupo empezó a despedirse. Tomi y Juan se fueron primero, diciendo que estaban muertos. Las chicas se levantaron también, bostezando.
- Chicas, yo me quedo un rato más tomando aire - dijo Nicki, estirándose en la silla. - Después voy. -
Vale le guiñó un ojo. - No te quedes hasta muy tarde, eh, que mañana hay que madrugar para el desayuno en la isla. -
Nicki sonrió inocente. - Tranqui, ya voy. -
Uno por uno se fueron a sus camarotes. Quedó el silencio del mar, el ruido suave del motor en ralentí y las luces de la cubierta. Martín empezó a levantar la mesa, pero Nicki se acercó por detrás, le rodeó la cintura con los brazos y le apoyó la barbilla en el hombro.
- Voy a poner una excusa a las chicas… les digo que me quedo mirando las estrellas un rato más. En quince minutos estoy en tu habitación - susurró al oído, mordiéndole apenas el lóbulo de la oreja.
Martín se dio vuelta, la tomó de la cara y la besó fuerte. - No tardes, que no aguanto más. -
Ella se rio bajito y se fue hacia los camarotes. Martín terminó de ordenar rápido, apagó las luces principales y se dirigió a su habitación, que era una de las más pequeñas, al fondo del pasillo de la tripulación. Se sacó la camisa, quedó en boxer gris, la pija ya medio dura solo de pensar en lo que venía.
Nicki caminó por el pasillo en puntas de pie. Llevaba todavía el bikini puesto, el pelo suelto y una sonrisa nerviosa. Justo cuando pasaba por la puerta entreabierta de Martín, él salió de golpe, la agarró de la cintura y la metió adentro de un tirón. Cerró la puerta con llave.
Se besaron como desesperados, lenguas enredadas, respiraciones agitadas. Martín le quitó la parte de arriba del bikini de un movimiento brusco. Las tetas de Nicki saltaron libres, pezones duros por la excitación y el aire fresco. Él se agachó y se metió uno en la boca, chupándolo fuerte, mordisqueándolo mientras con la otra mano le apretaba la otra teta.
- Ay, Martín… sí, chupámelas así… - gimió ella bajito, enredando los dedos en el pelo de él.
Nicki intentaba no hacer ruido, pero los gemidos se le escapaban. Martín levantó la cabeza, la miró a los ojos y dijo ronco: - Quiero cogerte ya, Nicki. No aguanto más. -
Ella asintió, jadeando. - Cogeme… quiero sentirte todo adentro. -
Martín la levantó en brazos como si no pesara nada. Nicki le rodeó la cintura con las piernas y él la llevó hasta la cama. Se tiró de espaldas y ella quedó encima. Le arrancó el boxer de un tirón, la pija gruesa y venosa saltó libre, dura como piedra, con una gota de líquido preseminal en la punta.

Nicki se lamió los labios. - Dios… qué rica pija tenés. -
Se inclinó y se la metió en la boca de una. Chupó fuerte, bajando hasta el fondo, ahogándose un poco, la baba cayéndole por el mentón. Subía y bajaba la cabeza rápido, succionando, mientras con una mano le masajeaba los huevos.
- Así, nena… chupala toda… - gemía Martín, agarrándole el pelo.
Después de un minuto, Nicki se incorporó, se sacó la parte de abajo del bikini y se subió encima de él. Se agarró la pija con la mano, la apuntó a su concha mojada y se dejó caer despacio.
- Ahhh… qué grande… me estás partiendo - susurró, cerrando los ojos mientras se la metía entera.
Empezó a cabalgarlo lento al principio, subiendo y bajando, las tetas rebotando. Martín le agarró el culo con las dos manos, abriéndole las nalgas, metiendo un dedo en el ojete mientras ella se movía.
- Más rápido… cogeme fuerte - pidió ella.
Martín la tomó de las caderas y empezó a bombear desde abajo, embistiéndola con fuerza. El sonido de los cuerpos chocando llenaba la habitación. Nicki se tapaba la boca para no gritar.
- Cambiame de posición… quiero en cuatro - dijo entre gemidos.
Se puso en cuatro sobre la cama, culo en pompa. Martín se arrodilló atrás, le dio una nalgada fuerte que dejó la marca roja y se la metió de una. La cogió así, agarrándola del pelo, tirando para atrás.
- Te gusta, ¿no? Te gusta que te cojan duro - gruñía él.
- Sí… me encanta… no pares… - respondía ella, empujando para atrás contra cada embestida.
Después la puso contra la pared: Nicki de espaldas, una pierna levantada, Martín entrándole de frente mientras le chupaba el cuello y le pellizcaba los pezones. Ella gemía contra su hombro.
- Martín… voy a acabar… seguí así… -
Él aceleró, la concha de ella apretándolo fuerte. Nicki se corrió temblando, mordiéndose el labio para no gritar.
- Ahora yo… - dijo él, sacándola y poniéndola de rodillas en el piso.
Nicki abrió la boca, sacando la lengua.

—Acabame en la boca… quiero tragármela toda.
Martín se pajeó rápido, apuntando a la cara de ella. El primer chorro le cayó en la lengua, después en los labios, en la mejilla. Nicki cerró los ojos y se la metió en la boca para chupar las últimas gotas, tragando todo.
- Qué rico… - susurró, lamiéndose los labios.
Se quedaron un rato jadeando. Después Nicki se levantó y fue al baño chiquito de la habitación. Se duchó rápido, el agua caliente cayéndole por el cuerpo. Salió desnuda, el pelo mojado, gotas resbalando por sus tetas y su culo.
Martín la miró desde la cama, todavía con la pija medio dura.
- Sos una diosa, boluda. -
Ella sonrió y empezó a vestirse frente a él: se puso un bikini blanco nuevo, la parte de arriba triangular que apenas cubría los pezones, y un mini short rojo ajustado que le marcaba todo.

Martín se paró atrás de ella mientras se abrochaba el top. Le agarró el culo con fuerza, metiendo los dedos por debajo del short.
- Quiero cogerte todos los días que quedan… y los que vengan después - dijo ronco.
Nicki se dio vuelta, lo besó profundo y le contestó contra la boca: - A esta pija no le puedo decir que no… nunca. -
Antes de irse, se arrodilló una última vez, le bajó el boxer que se había vuelto a poner y le dio una chupada lenta, lamiéndole la cabeza, metiéndosela hasta la garganta una vez más.
- Buenas noches, Martín… mañana seguimos - susurró, dándole un beso en la punta.
Salió de la habitación sigilosamente, con el sabor de él todavía en la boca y el cuerpo temblando de ganas por el día siguiente.
El yate seguía meciéndose suave en la oscuridad, pero para ellos dos, la fiesta recién empezaba.
Para que todo saliera perfecto, su equipo había contratado personal extra. El elegido fue Martín, un tipo de 28 años con experiencia en eventos privados de alto nivel. Lo contactaron por recomendación y él aceptó sin dudar: tres días en un yate con Nicki Nicole sonaba a sueño hecho realidad. El acuerdo era claro: atendería a todos, pero con discreción total.
Martín se presentó a las 8:00 de la mañana, una hora antes de que llegara la cumpleañera. El yate estaba amarrado en el puerto de Buenos Aires y el equipo de Nicki ya lo esperaba. Un asistente lo recibió en cubierta y le explicó todo: horarios de comidas, preferencias de la artista, dónde estaban las bebidas premium y los detalles del protocolo. Martín asentía serio, uniforme impecable (pantalón negro y camisa blanca), pero por dentro ya sentía la adrenalina.
A las 9:00 en punto, el motor del yate rugió suave y Nicki llegó. Venía con tres amigas (Luna, Vale y Sofi) y dos amigos (Tomi y Juan). Todos bajaron del auto riendo, con valijas pequeñas y bolsos llenos de bikinis y shorts. El equipo de Nicki los recibió en la pasarela y, antes de despedirse, presentó a Martín formalmente.
- Chicos, él es Martín. Va a ser el que los atienda estos tres días. Todo lo que necesiten, se lo piden a él. Es un crack - dijo la manager, dándole una palmada en el hombro a Martín.
Nicki se acercó primero, con esa sonrisa que iluminaba todo. Llevaba un vestido suelto color crema, el pelo suelto y lentes de sol.

- Hola, Martín. Gracias por venir, de verdad. Sé que es un laburo heavy, pero prometo que vamos a ser buena onda - le dijo, extendiendo la mano.
Martín se la estrechó firme, intentando no mirar demasiado.
- Gracias a vos por la confianza, Nicki. Estoy para lo que necesiten. Espero que la pasen bomba estos días. -
Los demás saludaron rápido, Tomi le dio una palmada y las chicas sonrieron. El equipo de Nicki se bajó del yate, el capitán dio la orden y zarparon. Martín se quedó en su puesto, pero por dentro no paraba de pensar: - La puta madre… qué buena que está. Ese cuerpo, esa cara. Voy a ser un afortunado si la puedo ver en poca ropa aunque sea un segundo. -
El primer día transcurrió con tranquilidad total. Cada uno se acomodó en su camarote. Nicki eligió el principal, con vista al mar. Las chicas se instalaron juntas, los chicos en el de al lado. Después del almuerzo ligero que Martín preparó, todos se fueron a dormir la siesta. El sol pegaba fuerte y el balanceo del yate invitaba a cerrar los ojos.
Alrededor de las 5 de la tarde empezaron a levantarse. Martín ya tenía la merienda lista en la cubierta principal: mate, medialunas calentitas, fruta fresca y café. Nicki fue la primera en aparecer, todavía con cara de dormida, el pelo revuelto y el mismo vestido blanco que se había puesto para bajar del auto. Se frotaba un ojo y sonreía.
- Gracias, Martín… esto se ve increíble - dijo, agarrando una medialuna. - Sos un genio. -
Él sonrió, sirviéndole mate. - De nada, Nicki. Que lo disfrutes. -
Ya entrada la noche, durante la cena en la mesa larga de la cubierta, asado al horno, ensaladas y vino tinto, Nicki levantó la copa y miró a Martín, que estaba sirviendo desde un costado.
- Martín, vení a sentarte con nosotros. No seas tímido, che. Hoy trabajaste todo el día, merecés comer caliente como nosotros. -
Martín negó con la cabeza, educado. - Te agradezco, pero estoy trabajando. Prefiero quedarme en mi lugar. -
Nicki insistió, con esa mirada juguetona que no admitía un no.
- Dale, boludo. Es mi cumple, no me hagas decirte que sí tres veces. Sentate acá al lado mío. Un ratito nada más. -
Los amigos corearon: - “¡Dale, Martín!”, “¡No seas aburrido!” -. Al final se rindió y se sentó. La cena se volvió más distendida. Tomi le contó anécdotas de giras, las chicas le preguntaron de dónde era (era de Mar del Plata) y pavearon un rato. Martín se integró perfecto: reía, contaba chistes sin pasarse y servía vino cuando hacía falta. Nicki lo miraba de reojo, como evaluando.
Llegaron las 2:00 de la mañana y todos empezaron a retirarse a sus camarotes. Quedaron solo Martín y Nicki en cubierta, con las luces tenues y el mar negro alrededor. Ella se acercó a la baranda, apoyándose.
- Martín, antes de irme a dormir… ¿me podés sacar unas fotos para subir después a Instagram? No quiero que salgan raras. -
Le pasó su celular. Él lo tomó, nervioso. - Claro, decime cómo las querés. -
Nicki se puso de espaldas a la cámara, apoyada en la baranda, mirando por encima del hombro. Se acomodó el pelo largo con una mano y sonrió. - Así… tomá varias. -
Martín tomó las fotos. Después ella bajó las tiras del vestido blanco lentamente, dejando al descubierto sus hombros y toda la espalda desnuda. El vestido apenas se sostenía en las tetas. Martín tragó saliva y siguió sacando fotos, pero su pija ya empezaba a endurecerse dentro del pantalón.

- Te ves hermosa, Nicki… en serio - dijo en voz baja, casi sin pensarlo.
Ella se sonrojó un poco, pero sonrió. - Gracias… -
Se dio vuelta despacio, sosteniendo la parte superior del vestido contra sus tetas para que no se le cayera. Martín le devolvió el celular, pero no podía dejar de mirar la zona del escote.
Nicki se dio cuenta. Con tono juguetón y una ceja levantada, preguntó: - ¿Qué mirás tanto, eh? -
Martín se puso rojo al instante. - Perdón… no quería… me voy a… -
Intentó girar para irse, pero Nicki lo tomó del brazo con suavidad.
- Tranquilo. Te portaste re bien hoy conmigo y con mis amigos. Quiero recompensarte por todo el laburo del día… y que te sirva de motivación para los días que quedan. -
Martín no podía creer lo que escuchaba. Balbuceó: - ¿Cómo… cómo me vas a recompensar? -
Nicki soltó una risita tímida, miró a los costados para asegurarse de que nadie saliera y, sin decir nada más, bajó la parte superior del vestido. Sus tetas quedaron completamente expuestas al aire nocturno: redondas, firmes, con pezones rosados y duros por la brisa. Perfectas.
Martín abrió los ojos como platos. - No lo puedo creer… -
Nicki se agarró las tetas con las dos manos, apretándolas suavemente.
- ¿Te gustan? -
- Son hermosas… sos perfecta, Nicki. No tengo palabras. -
- ¿Las querés tocar? -
Él no esperó ni un segundo. Sus manos grandes cubrieron las tetas de ella, sintiendo la piel suave y caliente. Nicki cerró los ojos un instante y puso cara de placer, mordiéndose el labio inferior. Al mismo tiempo, bajó una mano y la apoyó sobre la pija de Martín por encima del pantalón. Se sorprendió al sentir el bulto grueso y duro.
- La puta madre… qué grande que la tenés - susurró.
Martín respiraba agitado. - Estoy así desde que te vi bajar del auto esta mañana. -
Sus manos bajaron a la cintura de Nicki y empezaron a tirar del vestido hacia abajo, queriendo sacárselo entero. Ella no opuso ninguna resistencia; al contrario, levantó las caderas para ayudarlo.
Pero justo en ese momento, desde uno de los camarotes se escuchó la voz de Vale: - ¡Nicki! ¿Venís? Te estamos esperando para el último trago. -
Ambos se congelaron, frustrados. Nicki suspiró y respondió rápido: - ¡Ya voy! -
Se subió el vestido a toda velocidad. Martín se pasó una mano por la cara. - Qué mierda… - murmuró.
Nicki se acercó y le dio un beso rápido en la mejilla.
- Me voy a dormir, pero mañana continuamos. Quiero verte la pija… y quiero probarla. ¿Te parece? -
Martín, todavía con la respiración entrecortada y la pija palpitando, solo pudo asentir. - Obvio que sí. -
Antes de que ella se fuera del todo, Martín la detuvo.
- Nicki… ¿me das un beso antes de irte? Uno de verdad. -
Ella soltó una risa baja, se acercó despacio y lo miró a los ojos. - Si me vas a tratar bien estos días… sí. -
Lo tomó de la cara con las dos manos y lo besó. Fue un beso profundo, con lengua, cargado de ganas. Mientras tanto, las manos de Martín bajaron de la cintura de ella directo al culo, apretándolo con fuerza por encima del vestido. Nicki gimió bajito contra su boca.
Se separaron a regañadientes, con las miradas llenas de promesas.
- Buenas noches, Martín - susurró ella.
- Buenas noches, Nicki. Mañana te espero. -
Y cada uno se fue a su camarote, con el cuerpo ardiendo y la certeza de que el segundo día iba a ser mucho más caliente.
Al otro día el sol entró temprano por las ventanas de los camarotes y todos empezaron a levantarse casi al mismo tiempo. Martín ya estaba en la cocina desde las 7:30, preparando un desayuno completo: café recién hecho, tostadas con palta y tomate, huevos revueltos, jugo de naranja natural, medialunas calentitas y un bowl gigante de fruta fresca.
Nicki fue la última en aparecer, alrededor de las 9:00. Bajó con el pelo todavía un poco revuelto, una remera oversized blanca que le llegaba a mitad del muslo y ojeras de haber dormido poco. Cuando cruzó la mirada con Martín, que estaba sirviendo café, los dos se rieron al mismo tiempo con esa complicidad que solo ellos entendían. Fue una risa corta, pero cargada: él levantó una ceja y ella se mordió el labio disimuladamente antes de sentarse.
- Buen día a todos - dijo Nicki, estirándose. - Martín, esto se ve espectacular, boludo. Gracias. -
- Buen día, cumpleañera. Que lo disfrutes - respondió él, guiñándole un ojo rápido mientras le servía el café.
El sol pegaba fuerte ya a las 10 de la mañana y el plan del día era claro: tomar sol, tirarse al agua, repetir. Todos se levantaron de la mesa y fueron a cambiarse. Las chicas y los chicos desaparecieron hacia sus camarotes riendo y hablando de quién se iba a tirar primero al mar.
Nicki se quedó atrás a propósito. Cuando los demás ya no los veían, se acercó a Martín por detrás mientras él terminaba de ordenar la mesa. Lo sorprendió pasándole los brazos por la cintura y dándole un beso rápido en el cuello.
- ¿Te sumás a nosotros o vas a seguir de mozo todo el día? - preguntó bajito, con voz juguetona.
Martín se dio vuelta, sonriendo, y la tomó de la cintura. - Me sumo luego del mediodía, cuando termine de preparar todo para el almuerzo. Pero te voy a estar mirando todo el tiempo, no te hagas la que no sabés. -
Nicki se acercó más, pegando su cuerpo al de él. - Estuve pensando en tu pija toda la noche, sabés… no pude dormir bien. -
Él soltó una risa baja y ronca. - Y yo me pajeé pensando en vos, dos veces. No me aguantaba. -
Nicki se sonrojó, pero sus ojos brillaron.
- Qué hijo de puta… Espero que la próxima vez que te pajeés sea sobre mí. -
- Ojalá sea así, Nicki. Ojalá. -
Ella sonrió, le dio un beso corto en los labios y susurró: - Me voy a cambiar. No te aburras mucho. -
Cuando se dio vuelta para irse, Martín no se aguantó: le dio una nalgada fuerte, sonora, justo en el culo. El sonido retumbó un poco. Nicki soltó un gritito de sorpresa y se giró riendo.
- ¡Ay, boludo! - dijo, pero con una sonrisa enorme. - Guardá esa mano para después. -
Y se fue meneando las caderas hacia su camarote.
Minutos después Nicki reapareció en cubierta. Llevaba un bikini que quitaba el aliento: la parte de arriba celeste, ajustada, que apenas contenía sus tetas redondas y firmes; la parte de abajo negra, tanga alta que marcaba todo. Encima se había puesto una falda blanca larga, semitransparente, que dejaba ver claramente el bikini negro debajo. El pelo suelto, gorra rosa y una sonrisa de quien sabe que está buena.

Martín la siguió con la mirada desde el bar, sin disimular. Nicki lo notó al instante. Cuando sus amigas estaban distraídas acomodando las reposeras, ella miró hacia él, se bajó un poco la parte de arriba del bikini y le mostró las tetas completas por dos segundos, pezones duros incluidos. Martín se agarró la pija por encima del pantalón, apretando fuerte mientras la miraba. Nicki se rio bajito y le hizo un gesto con la mano: se llevó dos dedos a la boca y simuló chupar, luego señaló la pija de él. Mensaje claro: “Después te la chupo”.
Tomi y Juan no esperaron más y se lanzaron al mar entre gritos y chapuzones. Luna, Vale y Sofi se recostaron en las reposeras bajo el sol con bronceador y celulares.
Nicki se sumó a ellas, pero antes se quedó parada frente a la baranda, de espaldas a Martín. Sabía perfectamente que él la estaba mirando. Se sacó la falda blanca despacio, muy despacio, bajándola centímetro a centímetro, dejando que la tela se deslizara por su culo perfecto, redondo y firme, apenas cubierto por la tanga negra. El movimiento fue puro provocación. Martín sacó el celular discretamente y le tomó varias fotos: el culo de Nicki Nicole en tanga, al sol, en un yate privado. Sabía que ella nunca había mostrado el culo en redes ni había fotos en internet. Esas eran suyas.


Mientras Nicki se recostaba boca abajo en la reposera, Martín se metió en la zona de servicio, sacó la pija dura y empezó a pajearse mirando las fotos que acababa de tomar y viéndola a ella tomando sol a lo lejos. Movía la mano despacio, respirando agitado.
Nicki, después de un rato, le dijo a las chicas: - Chicas, voy a buscar el bronceador que dejé en la habitación, ya vuelvo. -
Se levantó y caminó directo hacia Martín, que seguía medio escondido. Lo sorprendió justo cuando él se estaba guardando la pija.
- Te vi pajéandote, eh - dijo en voz baja, con una sonrisa pícara. - Ahora me tenté de pija. -
Sin darle tiempo a reaccionar, Nicki se arrodilló frente a él, miró a los costados para asegurarse de que nadie venía y le bajó el pantalón y el boxer de un tirón. La pija de Martín, gruesa, venosa y dura como piedra, le rebotó en la cara, casi pegándole en la mejilla.
- Dios… qué linda pija tenés - susurró Nicki, mirándola de cerca. - Gruesa, larga… perfecta. -
Empezó a masturbarlo con la mano derecha, despacio al principio, apretando fuerte.
- Va a ser rápido esto, pero es un adelanto de lo que te voy a hacer esta noche. Te voy a dejar loco. - Dijo ella.
Martín respiraba entrecortado, apoyándose en la mesada. - Nicki… la puta madre… -
Ella no esperó más. Se metió la pija en la boca de una vez. Empezó a chuparla con ganas, bajando hasta la mitad, ahogándose cuando llegaba al fondo. La baba le caía por la comisura de los labios, por el mentón, goteando sobre sus tetas. Hacía ruidos húmedos, succionaba fuerte, movía la cabeza rápido. Mientras tanto, Martín metió las manos dentro del bikini celeste y le agarró las tetas, apretándoselas, pellizcándole los pezones duros.
- Así, nena… chupala toda - gemía él bajito.
Nicki se ahogaba, los ojos se le llenaban de lágrimas, pero no paraba. La pija entraba y salía de su boca cubierta de saliva. De repente frenó, sacó la pija con un “plop” húmedo y se puso de pie, limpiándose la boca con el dorso de la mano.
- Después seguimos - dijo jadeando, con una sonrisa sucia. - No te puedo dejar acabar ahora. -
Se acercó y lo besó profundo, metiéndole la lengua. Martín le agarró el culo con las dos manos, apretando fuerte, y le dio una nalgada sonora que resonó.
- Ay, sí… - gimió ella contra su boca.
Y se volvió a acomodar el bikini como si nada, caminando de regreso con las amigas, mientras Martín se quedaba ahí, pija dura y palpitando, contando los minutos para que llegara la noche.
Las horas pasaron entre risas, chapuzones, música a todo volumen y cervezas frías. El sol se fue poniendo lentamente, tiñendo el cielo de naranja y rosa, y el yate se llenó de ese olor a sal, protector solar y asado que había preparado Martín para la cena. Todos comieron en la cubierta principal: chorizos, morcilla, vacío, ensalada rusa y vino tinto. Nicki seguía con su bikini celeste y negro, sin ponerse nada encima, el pelo húmedo por el mar y la piel bronceada brillando bajo las luces tenues del barco.
Cuando terminaron de cenar, alrededor de las 23:30, el grupo empezó a despedirse. Tomi y Juan se fueron primero, diciendo que estaban muertos. Las chicas se levantaron también, bostezando.
- Chicas, yo me quedo un rato más tomando aire - dijo Nicki, estirándose en la silla. - Después voy. -
Vale le guiñó un ojo. - No te quedes hasta muy tarde, eh, que mañana hay que madrugar para el desayuno en la isla. -
Nicki sonrió inocente. - Tranqui, ya voy. -
Uno por uno se fueron a sus camarotes. Quedó el silencio del mar, el ruido suave del motor en ralentí y las luces de la cubierta. Martín empezó a levantar la mesa, pero Nicki se acercó por detrás, le rodeó la cintura con los brazos y le apoyó la barbilla en el hombro.
- Voy a poner una excusa a las chicas… les digo que me quedo mirando las estrellas un rato más. En quince minutos estoy en tu habitación - susurró al oído, mordiéndole apenas el lóbulo de la oreja.
Martín se dio vuelta, la tomó de la cara y la besó fuerte. - No tardes, que no aguanto más. -
Ella se rio bajito y se fue hacia los camarotes. Martín terminó de ordenar rápido, apagó las luces principales y se dirigió a su habitación, que era una de las más pequeñas, al fondo del pasillo de la tripulación. Se sacó la camisa, quedó en boxer gris, la pija ya medio dura solo de pensar en lo que venía.
Nicki caminó por el pasillo en puntas de pie. Llevaba todavía el bikini puesto, el pelo suelto y una sonrisa nerviosa. Justo cuando pasaba por la puerta entreabierta de Martín, él salió de golpe, la agarró de la cintura y la metió adentro de un tirón. Cerró la puerta con llave.
Se besaron como desesperados, lenguas enredadas, respiraciones agitadas. Martín le quitó la parte de arriba del bikini de un movimiento brusco. Las tetas de Nicki saltaron libres, pezones duros por la excitación y el aire fresco. Él se agachó y se metió uno en la boca, chupándolo fuerte, mordisqueándolo mientras con la otra mano le apretaba la otra teta.
- Ay, Martín… sí, chupámelas así… - gimió ella bajito, enredando los dedos en el pelo de él.
Nicki intentaba no hacer ruido, pero los gemidos se le escapaban. Martín levantó la cabeza, la miró a los ojos y dijo ronco: - Quiero cogerte ya, Nicki. No aguanto más. -
Ella asintió, jadeando. - Cogeme… quiero sentirte todo adentro. -
Martín la levantó en brazos como si no pesara nada. Nicki le rodeó la cintura con las piernas y él la llevó hasta la cama. Se tiró de espaldas y ella quedó encima. Le arrancó el boxer de un tirón, la pija gruesa y venosa saltó libre, dura como piedra, con una gota de líquido preseminal en la punta.

Nicki se lamió los labios. - Dios… qué rica pija tenés. -
Se inclinó y se la metió en la boca de una. Chupó fuerte, bajando hasta el fondo, ahogándose un poco, la baba cayéndole por el mentón. Subía y bajaba la cabeza rápido, succionando, mientras con una mano le masajeaba los huevos.
- Así, nena… chupala toda… - gemía Martín, agarrándole el pelo.
Después de un minuto, Nicki se incorporó, se sacó la parte de abajo del bikini y se subió encima de él. Se agarró la pija con la mano, la apuntó a su concha mojada y se dejó caer despacio.
- Ahhh… qué grande… me estás partiendo - susurró, cerrando los ojos mientras se la metía entera.
Empezó a cabalgarlo lento al principio, subiendo y bajando, las tetas rebotando. Martín le agarró el culo con las dos manos, abriéndole las nalgas, metiendo un dedo en el ojete mientras ella se movía.
- Más rápido… cogeme fuerte - pidió ella.
Martín la tomó de las caderas y empezó a bombear desde abajo, embistiéndola con fuerza. El sonido de los cuerpos chocando llenaba la habitación. Nicki se tapaba la boca para no gritar.
- Cambiame de posición… quiero en cuatro - dijo entre gemidos.
Se puso en cuatro sobre la cama, culo en pompa. Martín se arrodilló atrás, le dio una nalgada fuerte que dejó la marca roja y se la metió de una. La cogió así, agarrándola del pelo, tirando para atrás.
- Te gusta, ¿no? Te gusta que te cojan duro - gruñía él.
- Sí… me encanta… no pares… - respondía ella, empujando para atrás contra cada embestida.
Después la puso contra la pared: Nicki de espaldas, una pierna levantada, Martín entrándole de frente mientras le chupaba el cuello y le pellizcaba los pezones. Ella gemía contra su hombro.
- Martín… voy a acabar… seguí así… -
Él aceleró, la concha de ella apretándolo fuerte. Nicki se corrió temblando, mordiéndose el labio para no gritar.
- Ahora yo… - dijo él, sacándola y poniéndola de rodillas en el piso.
Nicki abrió la boca, sacando la lengua.

—Acabame en la boca… quiero tragármela toda.
Martín se pajeó rápido, apuntando a la cara de ella. El primer chorro le cayó en la lengua, después en los labios, en la mejilla. Nicki cerró los ojos y se la metió en la boca para chupar las últimas gotas, tragando todo.
- Qué rico… - susurró, lamiéndose los labios.
Se quedaron un rato jadeando. Después Nicki se levantó y fue al baño chiquito de la habitación. Se duchó rápido, el agua caliente cayéndole por el cuerpo. Salió desnuda, el pelo mojado, gotas resbalando por sus tetas y su culo.
Martín la miró desde la cama, todavía con la pija medio dura.
- Sos una diosa, boluda. -
Ella sonrió y empezó a vestirse frente a él: se puso un bikini blanco nuevo, la parte de arriba triangular que apenas cubría los pezones, y un mini short rojo ajustado que le marcaba todo.

Martín se paró atrás de ella mientras se abrochaba el top. Le agarró el culo con fuerza, metiendo los dedos por debajo del short.
- Quiero cogerte todos los días que quedan… y los que vengan después - dijo ronco.
Nicki se dio vuelta, lo besó profundo y le contestó contra la boca: - A esta pija no le puedo decir que no… nunca. -
Antes de irse, se arrodilló una última vez, le bajó el boxer que se había vuelto a poner y le dio una chupada lenta, lamiéndole la cabeza, metiéndosela hasta la garganta una vez más.
- Buenas noches, Martín… mañana seguimos - susurró, dándole un beso en la punta.
Salió de la habitación sigilosamente, con el sabor de él todavía en la boca y el cuerpo temblando de ganas por el día siguiente.
El yate seguía meciéndose suave en la oscuridad, pero para ellos dos, la fiesta recién empezaba.
7 comentarios - Nicki Nicole en un yate