Después de mucho tiempo les paso a dejar la segunda parte del relato.
Desde ya gracias por el tiempo que se tomen en leerlo 🙂
La siguiente semana fue intensa. Dentro y fuera de mi cabeza.
Había sucedido algo que ni esperaba ni creí posible. Mi psicóloga, aquella mina tan linda, profesional e inalcanzable se había acabado por mi.
Y yo había ganado. En todos los ámbitos. Yo la lleve a ese punto. Yo controlé los tiempos y la situación. Yo me encargué de su placer. Y por supuesto, yo me quedé con el trofeo.
Sobre la cómoda reposaba desde hacía un par de días una tanga de encaje negro. Mirarla me teletransportaba de manera inmediata a ese momento.
Ella había acabado con gusto y ganas. Había inundado su concha y empapado mi mano en fluidos.
Recordar sus jadeos, su cara y sus ojos llenos de placer me ponían a mil.
Pero recordar su cara de sorpresa y vergüenza al perder su ropa interior, me generaba aun más morbo.
Yo era el creador y dueño de ese orgasmo. Era el dueño de sus caras de placer.
Me había escrito. Había usado el pretexto de querer recuperar su ropa interior. Eso había sido el día anterior, un viernes. Yo tenía por delante un fin de semana dedicado a mi mismo.
Esos findes alejados del mundo que a veces necesitamos. Limpiar la cabeza. Ordenar ideas. Disfrutar de la naturaleza. Era una de las recomendaciones de Leticia, así que cumplí con su consejo, ella no se podría enojar.
El domingo a la noche recibí un segundo mensaje, consultando si iría a terapia el jueves, ya que ella tenía que organizar otros pacientes. Nunca antes me había escrito por algo como esto.
Estaba nerviosa. Seguramente quería más, pero aun no podía pedirlo.
Lógicamente ella debía mantener otro tipo de imagen. Me pareció que sus esfuerzos eran muy tiernos. Pero volví a dejarla en visto el domingo a la noche.
Reconozco que esta fue una jugada arriesgada ya que no había un vínculo real formado más allá del de cliente-profesional, pero decidí arriesgar un poco. El que no arriesga no gana. Y yo no iba a quedarme con las ganas de disfrutar como esto se resolvía si salía bien.
El lunes a mediodía le envié la respuesta. Que estaría puntual a la hora de siempre. Un 'Gracias por confirmar' fue toda su respuesta.
Los 3 días siguientes los viví prácticamente dentro de mi cabeza. Pensando escenarios. Anticipando respuestas. Planeando el siguiente movimiento.
Mi cabeza iba a 2000 km/h y sin freno... Cuanto es suficiente para hacer la próxima vez que la vea? Hasta donde querrá llegar? Que le interesará más?
Eran todas preguntas que solo ella podía resolver. Pero yo ya había iniciado el juego, el primer round había sido mío. Tenía que confirmar en esta segunda vuelta. Si lograba hacerlo bien, estaba seguro de que podría compartir uno de esos vínculos
excepcionales. Tenía que poner todo de mí para que esto fuera más inolvidable que la vez anterior.
Con el correr de los días decidí mi plan de acción y el jueves puntual estaba con mi mochila tocando timbre en la puerta.
Me abrió vestida como de costumbre. Nada de escotes ni ropa provocativa. Una blusa cerrada y alta con una pollera larga, por debajo de las rodillas.
Adelante. - Dijo Leticia con su voz profesional y más distante, como la que usaba en las primeras sesiones que tuvimos.
Parecía que la cosa se podría haber enfriado. O que ella no hubiera podido con la 'culpa' de haber traicionado los principios profesionales.
Todo eso pasó por mi cabeza en un segundo. Lo deseché. Ya tenía un plan. Acá moría con la mía.
Di 2 pasos dentro del consultorio, giré estirando mi brazo izquierdo y apoyando la mano en la pared de la puerta, acortando la distancia entre su cuerpo y el mío.
Quedé de frente a ella mirándola a los ojos. Nuevamente la había sorprendido. No se si no esperaba un movimiento tan agresivo al entrar, o si no esperaba nada en general.
Jorge: Que pasa con esa voz tan fría...? No recuerdo que fuera así cuando me fui después de la última sesión.
Apartó la mirada de inmediato. A lo que respondí pasando mi mano derecha detrás de su cuello y haciéndola mirar hacia mi nuevamente. Estaba completamente roja. No le envidiaría nada a un tomate maduro.
Leticia: Que te parece que pasa? Quizás para vos lo del otro día no fue particular o especial, pero para mi fue algo muy intimo. Tal vez demasiado. Y a vos te dio lo mismo. Ni me contestaste el primer mensaje. No tengo idea de que estás pensando, ...
Leticia ardía, era evidente. De enojo. De inseguridad. De curiosidad. De vergüenza. De deseo. Y de ganas.
Confieso que la mezcla de sentimientos de ese estilo es algo que me gusta mucho. El único placer similar que se me ocurre es el de disfrutar un whiskey añejo. El que guardas para ocasiones especiales.
Jorge: Habíamos dicho que nos veíamos en la próxima sesión. Por que eso habría de cambiar?
Leticia: Me estás jodiendo? Después de todo lo que pasó? Para vos es algo normal?
La voz de Leticia había cambiado. Ya no era fría y distante. Ahora estaba en llamas. Era como si fuera un dragón y me quisiera quemar vivo. Pero al fuego se le combate con fuego, así que a mitad de su retaíla le cerré la boca de un beso.
Primero intentó una leve resistencia, seguramente impulsada por esos sentimientos de verguenza. Pero era claro que no quería que parara. En seguida estábamos comiéndonos con avidez, como adolescentes.
Cuando despegamos los labios, volví a mirar a Leticia a los ojos. Sus brazos estaban a los costados. Los míos aun en la misma posición.
Leticia: Como querés que te siga atendiendo después de esto? - Preguntó.
Jorge: Desnuda. - Le contesté mientras la seguía mirando a los ojos.
Otra oleada de rojo tomó su cara.
Leticia: No digas boludeces.
Jorge: No son boludeces. Me vas a seguir atendiendo, desnuda.
Sus ojos buscaban escaparse a otro lado, pero mi mano mantenía su cabeza firme hacia el frente. Se dio cuenta que no podía escapar.
Leticia: Vos sos un HDP. Y yo una boluda.
Levantó las manos y comenzó a desprenderse la pollera. Había ganado de nuevo. Sus ganas de seguir explorando y experimentando conmigo podían más que la ética profesional y la razón juntas. Me sentí extasiado.
Cayó la pollera y apareció un culote de encaje. Esta vez era rojo.
Me quedaba claro que ella siempre había querido esto. Estaba preparada. Solo que no se animaba a pedirlo. Tal vez tenía miedo al rechazo. Miedo a explorar los límites.
La solté y le dije que fuera más al centro de la habitación. Me senté en mi sillón para disfrutar el espectáculo, no todos los días tienes a un mujerón desvistiéndose para ti.
Cuando se sacó la blusa quedaron expuestos esos pechos hermosos. 110 cms de gloria encarcelados en un brasiere de encaje.
La visión era una bestialidad. Todos mis instintos más básicos pedían que la tirara sobre el piso y la tomara ahí mismo. Comenzó a sacarse el bra cuando le dije que parara. Que así estaba bien.
A lo que me respondió con un tímido "Oki...".
Le dije que se acercara con la mano. La di vuelta tomándola por la cintura, dejando sus nalgas casi a la altura de mi cara. Le di un chirlo.
Jorge: Ya te enseñé la primera vez como tienes que responder.
Se estremeció y dejó escapar un quejidito.
Leticia: Perdón.
Un segundo chirlo cayó en su nalga.
Jorge: Como...?
Leticia: Perdón, amo.
La verga a esta altura estaba más dura que un fierro. Hervía en ganas de ponérsela. Pero uno debe controlar sus instintos. Me paré, la tomé por los hombros y la conduje a sentarse en su sillón.
Jorge: Cruzá las piernas como cuando me estás atendiendo.
Me miró con cara de 'No me hagas esto...', pero hizo y la vergüenza encendió su cara de rojo nuevamente. Fui a mi mochila y saqué 'los implementos'. Estoy seguro de que no lo esperaba.
Le pedí que eligiera una palabra de seguridad, porque haríamos a algo un poco más fuerte que la última vez. Minion fue la palabra elegida.
La hice levantarse, sacarse el culote y puse una toalla sobre el asiento del sillón.
Jorge: Uhhh... Nos quedan solo 40 minutos - Dije en voz alta hablando conmigo.
Leticia: Mi siguiente paciente me canceló hoy. Tenemos hasta las 18...
Fue música para mis oídos.
Le expliqué lo que haríamos. Yo me encargaría de darle placer. Y no iba a parar a menos de que ella perdiera la conciencia o dijera su palabra de seguridad. Podía decir o incluso gritar que espere, que pare o cualquier otra cosa, que yo no me detendría.
Le pregunté si quedaba claro.
Leticia: Si, amo.
Le di un beso en la boca como recompensa a contestar como es debido. En sus ojos se notaba algo de miedo, pero desbordaban calentura. Leticia era una natural para esto.
Jorge: Puedes expresarte todo lo que quieras. Pero ya sabes cuales son las reglas.
Leticia: Si, amo.
Le até las manos a los posabrazos y las piernas a las patas del sillón, dejando todo su sexo accesible.

Estaba recién depilada. Su excitación era visible a juzgar por la cantidad de flujo. Una película brillante cubría los labios, incitando a ser comidos.
Comencé acariciando sus labios para ayudar a que su humedad se esparciera por toda su conchita e introduje 1 dedo. Su sexo hervía. Sumé un segundo dedo y comencé a masajear su punto g.
Los gemidos de Leticia comenzaban a subir de tono.
Unos minutos después se acabó como una catarata.
Esa era mi señal. Comencé a masturbarla con más intensidad. Leticia ponía los ojos en blanco. Jadeaba como un animal que se contenía. Un sonido gutural y grave.
Encadenó un segundo y tercer orgasmo. A cada orgasmo mi mano era recorrida por un río de fluidos tibios.
Jorge: Vamos a subir un nivel. - Le dije buscando el gel lubricante.
Puse una generosa cantidad de gel en mi mano izquierda y la acerco a su culo. Ella no utiliza su palabra, por lo que comencé a masajear su ano. Ella se dejó hacer sin problemas. Todo fluía natural.
Retomé la masturbación con mi mano derecha. Todo estaba chorreteado y húmedo. Quedó claro que le gustaban los movimientos vigorosos por lo que sin piedad comencé a masturbarla
Su cara era de éxtasis. La habitación estaba llena de sonidos a sexo y "si", "LPM", "Más", "Que rico". Tomé nota mental para rever esta situación más adelante, deberíamos buscar un vocabulario adecuado.
Mientras tanto, los orgasmos seguían viniendo.
He tenido la suerte de conocer a mujeres multiorgásmicas, pero Leticia era sin dudas la mejor.
Luego de unos 25 o 30 minutos la situación había cambiado. Los "Si, si. Más, más" habían cambiado por los 'No, no. Pará, no aguanto", "Dame un respiro", "Me meo".
Pero no aparecía su palabra, por lo cual, yo no me iba a apiadar de ella.
Luego de un orgasmo fuerte decidí que era momento de subir la vara. Subí la intensidad del pajeo a todo lo que mi brazo ya cansado podía soportar mientras le puerteaba el ano ya dilatado con 1 y 2 dedos.
Leticia: "Pará, pará, pará... La puta madreeeeee... Hijo de putaaaaa!!!"
Leticia arqueó la espalda todo lo que pudo y se tensó. El sillón crujió por la fuerza, las piernas le temblaron los ojos se le dieron vuelta y acabó entre gemidos guturales. Como si fuese un animal. Acabó a chorros.
No recuerdo haber presenciado muchos orgasmos que hayan sido mejores que ese.
Mi mano seguía en la entrada de su conchita. El primer roce la devolvió un poco al mundo real.
Leticia: Minion! Minion! Minion!
Eran una súplica prácticamente.
Jorge: Estás bien Leti?
Leticia: Siento que no me puedo mover. Tengo la concha adormecida. Si me acabo una vez más me desmallo.
Jorge: No me retes...
Leticia me miró con ojos de 'Imposible, 0 chance ahora.'
La miré y me reí. Ella bajó la cabeza visiblemente cansada.
Jorge: No te duermas que todavía falta la segunda parte. Te vas a tener que hacer cargo de esto...
Le dije sosteniéndome la verga dura como un fierro afuera del pantalón.
Continuará...
Desde ya gracias por el tiempo que se tomen en leerlo 🙂
La siguiente semana fue intensa. Dentro y fuera de mi cabeza.
Había sucedido algo que ni esperaba ni creí posible. Mi psicóloga, aquella mina tan linda, profesional e inalcanzable se había acabado por mi.
Y yo había ganado. En todos los ámbitos. Yo la lleve a ese punto. Yo controlé los tiempos y la situación. Yo me encargué de su placer. Y por supuesto, yo me quedé con el trofeo.
Sobre la cómoda reposaba desde hacía un par de días una tanga de encaje negro. Mirarla me teletransportaba de manera inmediata a ese momento.
Ella había acabado con gusto y ganas. Había inundado su concha y empapado mi mano en fluidos.
Recordar sus jadeos, su cara y sus ojos llenos de placer me ponían a mil.
Pero recordar su cara de sorpresa y vergüenza al perder su ropa interior, me generaba aun más morbo.
Yo era el creador y dueño de ese orgasmo. Era el dueño de sus caras de placer.
Me había escrito. Había usado el pretexto de querer recuperar su ropa interior. Eso había sido el día anterior, un viernes. Yo tenía por delante un fin de semana dedicado a mi mismo.
Esos findes alejados del mundo que a veces necesitamos. Limpiar la cabeza. Ordenar ideas. Disfrutar de la naturaleza. Era una de las recomendaciones de Leticia, así que cumplí con su consejo, ella no se podría enojar.
El domingo a la noche recibí un segundo mensaje, consultando si iría a terapia el jueves, ya que ella tenía que organizar otros pacientes. Nunca antes me había escrito por algo como esto.
Estaba nerviosa. Seguramente quería más, pero aun no podía pedirlo.
Lógicamente ella debía mantener otro tipo de imagen. Me pareció que sus esfuerzos eran muy tiernos. Pero volví a dejarla en visto el domingo a la noche.
Reconozco que esta fue una jugada arriesgada ya que no había un vínculo real formado más allá del de cliente-profesional, pero decidí arriesgar un poco. El que no arriesga no gana. Y yo no iba a quedarme con las ganas de disfrutar como esto se resolvía si salía bien.
El lunes a mediodía le envié la respuesta. Que estaría puntual a la hora de siempre. Un 'Gracias por confirmar' fue toda su respuesta.
Los 3 días siguientes los viví prácticamente dentro de mi cabeza. Pensando escenarios. Anticipando respuestas. Planeando el siguiente movimiento.
Mi cabeza iba a 2000 km/h y sin freno... Cuanto es suficiente para hacer la próxima vez que la vea? Hasta donde querrá llegar? Que le interesará más?
Eran todas preguntas que solo ella podía resolver. Pero yo ya había iniciado el juego, el primer round había sido mío. Tenía que confirmar en esta segunda vuelta. Si lograba hacerlo bien, estaba seguro de que podría compartir uno de esos vínculos
excepcionales. Tenía que poner todo de mí para que esto fuera más inolvidable que la vez anterior.
Con el correr de los días decidí mi plan de acción y el jueves puntual estaba con mi mochila tocando timbre en la puerta.
Me abrió vestida como de costumbre. Nada de escotes ni ropa provocativa. Una blusa cerrada y alta con una pollera larga, por debajo de las rodillas.
Adelante. - Dijo Leticia con su voz profesional y más distante, como la que usaba en las primeras sesiones que tuvimos.
Parecía que la cosa se podría haber enfriado. O que ella no hubiera podido con la 'culpa' de haber traicionado los principios profesionales.
Todo eso pasó por mi cabeza en un segundo. Lo deseché. Ya tenía un plan. Acá moría con la mía.
Di 2 pasos dentro del consultorio, giré estirando mi brazo izquierdo y apoyando la mano en la pared de la puerta, acortando la distancia entre su cuerpo y el mío.
Quedé de frente a ella mirándola a los ojos. Nuevamente la había sorprendido. No se si no esperaba un movimiento tan agresivo al entrar, o si no esperaba nada en general.
Jorge: Que pasa con esa voz tan fría...? No recuerdo que fuera así cuando me fui después de la última sesión.
Apartó la mirada de inmediato. A lo que respondí pasando mi mano derecha detrás de su cuello y haciéndola mirar hacia mi nuevamente. Estaba completamente roja. No le envidiaría nada a un tomate maduro.
Leticia: Que te parece que pasa? Quizás para vos lo del otro día no fue particular o especial, pero para mi fue algo muy intimo. Tal vez demasiado. Y a vos te dio lo mismo. Ni me contestaste el primer mensaje. No tengo idea de que estás pensando, ...
Leticia ardía, era evidente. De enojo. De inseguridad. De curiosidad. De vergüenza. De deseo. Y de ganas.
Confieso que la mezcla de sentimientos de ese estilo es algo que me gusta mucho. El único placer similar que se me ocurre es el de disfrutar un whiskey añejo. El que guardas para ocasiones especiales.
Jorge: Habíamos dicho que nos veíamos en la próxima sesión. Por que eso habría de cambiar?
Leticia: Me estás jodiendo? Después de todo lo que pasó? Para vos es algo normal?
La voz de Leticia había cambiado. Ya no era fría y distante. Ahora estaba en llamas. Era como si fuera un dragón y me quisiera quemar vivo. Pero al fuego se le combate con fuego, así que a mitad de su retaíla le cerré la boca de un beso.
Primero intentó una leve resistencia, seguramente impulsada por esos sentimientos de verguenza. Pero era claro que no quería que parara. En seguida estábamos comiéndonos con avidez, como adolescentes.
Cuando despegamos los labios, volví a mirar a Leticia a los ojos. Sus brazos estaban a los costados. Los míos aun en la misma posición.
Leticia: Como querés que te siga atendiendo después de esto? - Preguntó.
Jorge: Desnuda. - Le contesté mientras la seguía mirando a los ojos.
Otra oleada de rojo tomó su cara.
Leticia: No digas boludeces.
Jorge: No son boludeces. Me vas a seguir atendiendo, desnuda.
Sus ojos buscaban escaparse a otro lado, pero mi mano mantenía su cabeza firme hacia el frente. Se dio cuenta que no podía escapar.
Leticia: Vos sos un HDP. Y yo una boluda.
Levantó las manos y comenzó a desprenderse la pollera. Había ganado de nuevo. Sus ganas de seguir explorando y experimentando conmigo podían más que la ética profesional y la razón juntas. Me sentí extasiado.
Cayó la pollera y apareció un culote de encaje. Esta vez era rojo.
Me quedaba claro que ella siempre había querido esto. Estaba preparada. Solo que no se animaba a pedirlo. Tal vez tenía miedo al rechazo. Miedo a explorar los límites.
La solté y le dije que fuera más al centro de la habitación. Me senté en mi sillón para disfrutar el espectáculo, no todos los días tienes a un mujerón desvistiéndose para ti.
Cuando se sacó la blusa quedaron expuestos esos pechos hermosos. 110 cms de gloria encarcelados en un brasiere de encaje.
La visión era una bestialidad. Todos mis instintos más básicos pedían que la tirara sobre el piso y la tomara ahí mismo. Comenzó a sacarse el bra cuando le dije que parara. Que así estaba bien.
A lo que me respondió con un tímido "Oki...".
Le dije que se acercara con la mano. La di vuelta tomándola por la cintura, dejando sus nalgas casi a la altura de mi cara. Le di un chirlo.
Jorge: Ya te enseñé la primera vez como tienes que responder.
Se estremeció y dejó escapar un quejidito.
Leticia: Perdón.
Un segundo chirlo cayó en su nalga.
Jorge: Como...?
Leticia: Perdón, amo.
La verga a esta altura estaba más dura que un fierro. Hervía en ganas de ponérsela. Pero uno debe controlar sus instintos. Me paré, la tomé por los hombros y la conduje a sentarse en su sillón.
Jorge: Cruzá las piernas como cuando me estás atendiendo.
Me miró con cara de 'No me hagas esto...', pero hizo y la vergüenza encendió su cara de rojo nuevamente. Fui a mi mochila y saqué 'los implementos'. Estoy seguro de que no lo esperaba.
Le pedí que eligiera una palabra de seguridad, porque haríamos a algo un poco más fuerte que la última vez. Minion fue la palabra elegida.
La hice levantarse, sacarse el culote y puse una toalla sobre el asiento del sillón.
Jorge: Uhhh... Nos quedan solo 40 minutos - Dije en voz alta hablando conmigo.
Leticia: Mi siguiente paciente me canceló hoy. Tenemos hasta las 18...
Fue música para mis oídos.
Le expliqué lo que haríamos. Yo me encargaría de darle placer. Y no iba a parar a menos de que ella perdiera la conciencia o dijera su palabra de seguridad. Podía decir o incluso gritar que espere, que pare o cualquier otra cosa, que yo no me detendría.
Le pregunté si quedaba claro.
Leticia: Si, amo.
Le di un beso en la boca como recompensa a contestar como es debido. En sus ojos se notaba algo de miedo, pero desbordaban calentura. Leticia era una natural para esto.
Jorge: Puedes expresarte todo lo que quieras. Pero ya sabes cuales son las reglas.
Leticia: Si, amo.
Le até las manos a los posabrazos y las piernas a las patas del sillón, dejando todo su sexo accesible.

Estaba recién depilada. Su excitación era visible a juzgar por la cantidad de flujo. Una película brillante cubría los labios, incitando a ser comidos.
Comencé acariciando sus labios para ayudar a que su humedad se esparciera por toda su conchita e introduje 1 dedo. Su sexo hervía. Sumé un segundo dedo y comencé a masajear su punto g.
Los gemidos de Leticia comenzaban a subir de tono.
Unos minutos después se acabó como una catarata.
Esa era mi señal. Comencé a masturbarla con más intensidad. Leticia ponía los ojos en blanco. Jadeaba como un animal que se contenía. Un sonido gutural y grave.
Encadenó un segundo y tercer orgasmo. A cada orgasmo mi mano era recorrida por un río de fluidos tibios.
Jorge: Vamos a subir un nivel. - Le dije buscando el gel lubricante.
Puse una generosa cantidad de gel en mi mano izquierda y la acerco a su culo. Ella no utiliza su palabra, por lo que comencé a masajear su ano. Ella se dejó hacer sin problemas. Todo fluía natural.
Retomé la masturbación con mi mano derecha. Todo estaba chorreteado y húmedo. Quedó claro que le gustaban los movimientos vigorosos por lo que sin piedad comencé a masturbarla
Su cara era de éxtasis. La habitación estaba llena de sonidos a sexo y "si", "LPM", "Más", "Que rico". Tomé nota mental para rever esta situación más adelante, deberíamos buscar un vocabulario adecuado.
Mientras tanto, los orgasmos seguían viniendo.
He tenido la suerte de conocer a mujeres multiorgásmicas, pero Leticia era sin dudas la mejor.
Luego de unos 25 o 30 minutos la situación había cambiado. Los "Si, si. Más, más" habían cambiado por los 'No, no. Pará, no aguanto", "Dame un respiro", "Me meo".
Pero no aparecía su palabra, por lo cual, yo no me iba a apiadar de ella.
Luego de un orgasmo fuerte decidí que era momento de subir la vara. Subí la intensidad del pajeo a todo lo que mi brazo ya cansado podía soportar mientras le puerteaba el ano ya dilatado con 1 y 2 dedos.
Leticia: "Pará, pará, pará... La puta madreeeeee... Hijo de putaaaaa!!!"
Leticia arqueó la espalda todo lo que pudo y se tensó. El sillón crujió por la fuerza, las piernas le temblaron los ojos se le dieron vuelta y acabó entre gemidos guturales. Como si fuese un animal. Acabó a chorros.
No recuerdo haber presenciado muchos orgasmos que hayan sido mejores que ese.
Mi mano seguía en la entrada de su conchita. El primer roce la devolvió un poco al mundo real.
Leticia: Minion! Minion! Minion!
Eran una súplica prácticamente.
Jorge: Estás bien Leti?
Leticia: Siento que no me puedo mover. Tengo la concha adormecida. Si me acabo una vez más me desmallo.
Jorge: No me retes...
Leticia me miró con ojos de 'Imposible, 0 chance ahora.'
La miré y me reí. Ella bajó la cabeza visiblemente cansada.
Jorge: No te duermas que todavía falta la segunda parte. Te vas a tener que hacer cargo de esto...
Le dije sosteniéndome la verga dura como un fierro afuera del pantalón.
Continuará...
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