Esto paso hace tiempo. Estaba en el segundo año de la secundaria. Me tocó hacer un trabajo con una compañera del salón y otra amiga más. El profesor formó los grupos a su gusto y me tocó hacer el trabajo con dos compañeras con las que había interactuado, pero que no podía considerar mis amigas.
Cuando coordinamos como organizarnos, nos pusimos rápidamente de acuerdo en que el lugar ideal para reunirnos era la casa de una de ellas. Quedaba casi al centro para ambas, era fácil la movilidad.
El 60% de la nota del curso era ese trabajo final. El otro 40% el promedio entre el examen parcial y el final. Un buen trabajo me aseguraba aprobar el curso. Para mis compañeras la situación era distinta. Ambas habían desaprobado el parcial y necesitaban un buen trabajo para minimizar el riesgo de reprobar. Las tres alineadas con el objetivo (al final, pues no es el tema, hicimos un muy buen trabajo y las tres aprobamos bien el curso).
Durante la segunda reunión de trabajo en casa de mi amiga llegó su abuelo. Un señor de 66 años. Delgado y bien vestido nos saludo amablemente y pidió una pizza para que cenemos. Me pareció un señor muy amable y jovial y punto. No pensé más en el tema.
La tercera vez que nos reunimos, el señor estaba en casa de mi amiga e igualmente pidió nuevamente que cenar. Cuando nos íbamos a retirar nos preguntó a mi otra amiga y a mi dónde vivíamos. Yo estaba en su ruta. Se ofreció a llevarme y, de paso, acercar a mi otra amiga al paradero del bus que la llevaba a su casa. Algo amable y, en ese momento, no se me ocurrió pensar nada más.
Luego de dejar a mi amiga. Su actitud hacia mi cambió. Fue directo al decirme que “era una joven muy bella y sensual”. Me hizo sonrojar. Le agradecí. Y, sin ningún rollo se lanzó a decirme que “podía apoyarme económicamente” si accedía a verlo “en forma privada algunas veces”. Me dijo que no le respondiera nada y que lo pensara.Estuve varios días pensando en su proposición. Conocía a varias chicas que tenían amigos mayores que las apoyaban económicamente. No se hablaba mucho de eso, pero al final, todo se sabe. Lo que hoy se conoce como “sugar daddy” siempre ha existido, sin la frescura o apertura de estos tiempos.Finalmente, tras algunos días, decidí aceptar su oferta.
La siguiente vez que fui a casa de mi amiga para el trabajo, su abuelo también estaba. Nunca le pregunté a ella, pero estoy segura que él le sacaba la información para saber cuando iría yo a su casa.
Al concluir, lo mismo que la vez anterior. Dejamos a mi otra amiga en su parada y cuando estuvimos solos me preguntó ¿lo pensaste?
Le dije que aceptaba. En el siguiente semáforo sacó su billetera, me dio 500 pesos y me dijo que esa vez no tenía mucho tiempo y que deseaba que “le hiciera sexo oral en el auto”.
Me descolocó. No pensé que sería así de crudo. Pero ya tenía el dinero en mi cartera. Su auto tenía vidrios polarizados. Condujo hacia una zona muy poco concurrida, que no era la ruta óptima hacia mi casa, pero tampoco un desvío mayor.
Se estacionó. Se desabrochó el pantalón. Sacó su verga. Estaba flácida. Me acomodé y la empecé a lamer y chupar. Sentía una cierta excitación por lo que sucedía, pero en ese momento era el dinero lo que me hacía hacerlo. Cuando estuvo erecta era algo más grande que la de mi entonces novio y en un par de minutos eyaculó en mi boca. No se me ocurrió otra cosa que tomarla. Era la primera vez que alguien eyaculaba dentro de mi boca y no lo esperaba.
Se subió el pantalón. Arrancó y me dejo en mi casa. El resto del camino, en absoluto silencio ambos.
Cuando coordinamos como organizarnos, nos pusimos rápidamente de acuerdo en que el lugar ideal para reunirnos era la casa de una de ellas. Quedaba casi al centro para ambas, era fácil la movilidad.
El 60% de la nota del curso era ese trabajo final. El otro 40% el promedio entre el examen parcial y el final. Un buen trabajo me aseguraba aprobar el curso. Para mis compañeras la situación era distinta. Ambas habían desaprobado el parcial y necesitaban un buen trabajo para minimizar el riesgo de reprobar. Las tres alineadas con el objetivo (al final, pues no es el tema, hicimos un muy buen trabajo y las tres aprobamos bien el curso).
Durante la segunda reunión de trabajo en casa de mi amiga llegó su abuelo. Un señor de 66 años. Delgado y bien vestido nos saludo amablemente y pidió una pizza para que cenemos. Me pareció un señor muy amable y jovial y punto. No pensé más en el tema.
La tercera vez que nos reunimos, el señor estaba en casa de mi amiga e igualmente pidió nuevamente que cenar. Cuando nos íbamos a retirar nos preguntó a mi otra amiga y a mi dónde vivíamos. Yo estaba en su ruta. Se ofreció a llevarme y, de paso, acercar a mi otra amiga al paradero del bus que la llevaba a su casa. Algo amable y, en ese momento, no se me ocurrió pensar nada más.
Luego de dejar a mi amiga. Su actitud hacia mi cambió. Fue directo al decirme que “era una joven muy bella y sensual”. Me hizo sonrojar. Le agradecí. Y, sin ningún rollo se lanzó a decirme que “podía apoyarme económicamente” si accedía a verlo “en forma privada algunas veces”. Me dijo que no le respondiera nada y que lo pensara.Estuve varios días pensando en su proposición. Conocía a varias chicas que tenían amigos mayores que las apoyaban económicamente. No se hablaba mucho de eso, pero al final, todo se sabe. Lo que hoy se conoce como “sugar daddy” siempre ha existido, sin la frescura o apertura de estos tiempos.Finalmente, tras algunos días, decidí aceptar su oferta.
La siguiente vez que fui a casa de mi amiga para el trabajo, su abuelo también estaba. Nunca le pregunté a ella, pero estoy segura que él le sacaba la información para saber cuando iría yo a su casa.
Al concluir, lo mismo que la vez anterior. Dejamos a mi otra amiga en su parada y cuando estuvimos solos me preguntó ¿lo pensaste?
Le dije que aceptaba. En el siguiente semáforo sacó su billetera, me dio 500 pesos y me dijo que esa vez no tenía mucho tiempo y que deseaba que “le hiciera sexo oral en el auto”.
Me descolocó. No pensé que sería así de crudo. Pero ya tenía el dinero en mi cartera. Su auto tenía vidrios polarizados. Condujo hacia una zona muy poco concurrida, que no era la ruta óptima hacia mi casa, pero tampoco un desvío mayor.
Se estacionó. Se desabrochó el pantalón. Sacó su verga. Estaba flácida. Me acomodé y la empecé a lamer y chupar. Sentía una cierta excitación por lo que sucedía, pero en ese momento era el dinero lo que me hacía hacerlo. Cuando estuvo erecta era algo más grande que la de mi entonces novio y en un par de minutos eyaculó en mi boca. No se me ocurrió otra cosa que tomarla. Era la primera vez que alguien eyaculaba dentro de mi boca y no lo esperaba.
Se subió el pantalón. Arrancó y me dejo en mi casa. El resto del camino, en absoluto silencio ambos.
2 comentarios - con el abuelo de mi amiga