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Calor, Fernet y la Vecina de Nueva Cba Pt. 1/2

Eran las once de la noche en Nueva Córdoba y el calor no tedejaba ni pensar. Yo estaba en mi departamento, un monoambiente interno en lacalle Estrada, que era básicamente un horno de barro. Había venido de un pueblodel interior a estudiar ingeniería, pero lo único que estaba calculando esanoche era cuántos hielos me quedaban para el segundo fernet.
Como adentro no se podía estar, salí al balcón. Mi balcón daba justo al frentedel de ella. Lucía. Una morocha estudiante de Derecho, de esas chetas impecablesque siempre andan con la carpetita bajo el brazo y un perfume de gato. Hacíameses que la veia. La trola aprovechaba el sol de la tarde para tirarse en unareposera en su balcón con una bikini negra que era un hilo dental,literalmente. Yo me hacía el que leía algún apunte, pero la verdad que mequedaba viendo cómo se pasaba la crema por esas piernotas y ese culazo queparecía tallado a mano, me cansaba de sacarle fotos con las cuales después meclavaba numerosas pajas en su honor.

Calor, Fernet y la Vecina de Nueva Cba Pt. 1/2

 Esa noche, la humedad te pegaba la ropa al cuerpo. Yo estaba en boxer, dándoleal Branca con coca, cuando de repente: PUM! Oscuridad total. Apagón general entoda la manzana. Se cortaron los aires acondicionados y el silencio fueabsoluto por dos segundos, hasta que...
— ¡Nooo, me estás jodiendo! —escuché una voz finita desde el frente.
Era ella. Apenas se veía por la luz de la luna, pero Lucía estaba apoyada en elbarandal de su balcón.
— Se re cortó todo —le grité yo, para romper el hielo—. Parece que saltó untransformador por acá cerca (chamuyo, de donde iba a saber jaja).
— Ay, no te puedo creer —me dijo ella, y noté que la voz le temblaba un poco—.Odio la oscuridad, me pone súper nerviosa. ¿Vos tenés alguna luz de emergenciao algo? justo me estoy quedando sin batería en el celu encima.
— Nada, che. Pero tengo un branca ¿Querés un trago para pasar el embole?
Se quedó callada un segundo. Yo pensé que me iba a sacar cagando, pero el calory el miedo a la oscuridad hacen milagros.
— ¿Sabés que sí? Pero vení para acá, por favor, que mi balcón es más grande yme da pánico estar sola acá adentro sin ver nada. Cruza, la puerta estáabierta.
No me lo tuvo que decir dos veces. Me puse una remera cualquiera, agarré labotella, el hielo y crucé el pasillo. Cuando entrar a su departamento, el olora su perfume me pegó de entrada. Estaba todo oscuro, solo iluminado por un parde velas que había prendido.
— Menos mal que viniste —me dijo acercándose.
Cuando mis ojos se acostumbraron a la penumbra, casi se me cae el vaso. Lucíatenia un shorcito cortísimo, y una remerita que con el contraluz de las velasdejaba ver que abajo no tenía corpiño. Se le marcaban los pezones como dospiedras por el roce de la tela.
— Tomá, armate uno —le dije con la voz medio quebrada.
Nos sentamos en un sillón que tenía en el balcón. Empezamos a tomar y acharlar. Ella me contaba que estaba estresadísima con los finales, pero yo nopodía dejar de mirarle las piernas. Con el calor, ella se abanicaba con lamano.
— Che, qué calor que hace, me estoy cocinando —susurró ella, y sin decir más,se saco el shorcito—. Total, no nos ve nadie con el apagón, ¿no?
Se quedó en una tanguita de encaje blanca, yo sin pensarlo media vez me saquemi bermuda, mudo, todavía sin poder creer la situación, a lo cual me dice:
— Ah si, mira —y se saca la remerita de algodón y las tetas le quedaron alaire, redonditas, perfectas, con las aureolas bien oscuras. Yo tenía la vergaque me iba a explotar el boxer.
— ¿Te gusta lo que ves bonito? —me dijo con una sonrisa de puta que no leconocía.
Se me acercó y sentí el calor de su cuerpo. Me sacó el vaso de la mano, loapoyó en el suelo y se me sentó encima. Sentí su humedad traspasando mi boxer.
— Haceme lo que quieras pero no me dejes sola —me susurró al oído mientras memordía la oreja.
Le agarré ese culo firme con las dos manos y la pegué a mí. Afuera, en lacalle, se escuchaban los bocinazos y el quilombo de Nueva Córdoba, pero ahíarriba, entre el olor a fernet y el sudor de nuestros cuerpos el tiempo parami, se detuvo.
— Quedate tranquila, morocha... que de acá no me muevo hasta que vuelva laluz... y cuando vuelva la corto de nuevo —le dije, mientras le enterraba lacara entre las tetas.
Continúa y termina en la Pt. 2

Agradezco puntos y sobre todo comentarios para saber que tipo de relato lesgusta mas porque a mis 46 años me han pasado muchas cosas jaja, los leo!
Como creen que siguió esto??? Los leo!

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