You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

La abogada hotwife, yo y el cornudo: la noche (2°pte)

La abogada hotwife, yo y el cornudo: la noche (2°pte)




Para entender esta historia te recomiendo que leas laprimera parte de este relato: https://www.poringa.net/posts/relatos/6253595/La-abogada-hotwife-el-cornudo-y-yo-en-la-playa.html 
 
Saqué los dedos empapados por su squirt, y se los di para que me los chupe. Ella lo hizo con pasión, luego los chupé yo. “Me encantan tus jugos…” dije, ella rió y contestó pícaramente “hay asqueroso”. Se acomodó la parte inferior de la bikini, me pidió que le anudara las tiras de la parte superior, se dio vuelta, se sentó sobre la esterilla, y suspiró profundo placenteramente. Su entrepierna era un charco, y esa zona de la esterilla estaba mojada, tomó el bronceador y se lo comenzó a untar por el cuerpo: brazos, abdomen, pecho y las piernas.

puta

 
El cornudo estaba junto a nosotros. Su existencia pasaba desapercibida, sentado en la silleta, tratando de cubrir como pajeaba a su mujer, había acabado en seco. “Me voy al agua, debo enfriarme” dijo, se quitó la remera y fue solo. Yo quedé sentado en la arena a la sombra de la sombrilla, pensativo. Reflexionaba: estaba en un lugar público, acababa de masturbar a una mujer, su marido observó todo, otras personas también, los tres habíamos sentido placer cada uno en su rol; seguí pensando que extrañamente eso que había hablado a través de mensajes con ella y con él, era verdad -muchas veces en las conversaciones virtuales se miente y se fantasea-, el dominio de ella y la sumisión de él, algo para mi impensado. El deseo de ella de dominar y ser dominada, y mi deseo de domar esa yegua, más excitante aun hacerlo frente a su marido cornudo.
 
En eso estaba, cuando ella dijo: “pensé que iba a hacer más calor acá y cuando vi tu matera dije que desubicado, pero la verdad es que está para tomar unos mates”. La miré me senté en la silleta, saqué el mate, la bombilla y la yerbera y le dije -para ponerla a prueba-: “tomá, hacélo”. Me miró desconcertada, cómo si le estuviera ofreciendo una bebida exótica, acostumbrada al café de Starbuck y Martínez y a que el sumiso del marido le haga todo, estaba desubicada, pero no se achicó: “ahhh…no se hacer eso yo” me respondió, para retrucarme; con gentileza insistí: “tomá te enseño”. Se quitó los anteojos, me miró fijamente a los ojos y con una mezcla de rabia y risa me dijo: “sos un hijo de puta perverso” y rió.  
 
El cornudo regresó del agua y se paró frente a mi como reclamando la silleta, sin prestarle mucha atención le indiqué con la mano que allí estaba la arena para sentarse. Ella me miró y observó con cierto placer. Tomamos mate, charlamos y luego, fuimos ella y yo nuevamente al agua. Con el agua a la cintura nos pusimos de rodillas para refrescarnos enteros, ese fue el momento que yo aproveché para acercarme y comenzar a manosearla. Ella se sorprendió: “pará que nos miran…no vamos a dar un espectáculo acá” me dijo, mientras yo le tocaba las tetas por debajo del agua y ella miraba para todos lados. No me detuve, sabía que allí no podríamos hacer nada, pero me encanta provocar e incomodarla, comencé a acariciarla por todo el cuerpo: piernas, abdomen, culo, tetas; ella lo disfrutó un instante y luego dijo: “para boludo” se acomodó la ropa se puso de pie, me miró y riéndose dijo: “sos perverso …ehhhhh”. 
 
Nos quedamos un rato más, el medio día se acercaba, yo debía irme y el sol se ponía muy fuerte.  Acordamos encontrarnos a la noche en su hotel para cenar. Los llevé al alojamiento, bajo él, ella iba adelante conmigo; nos acercamos para despedirnos, le clavé la mirada, la tomé de la nuca y le di un beso de lengua largo y caliente; ella estiró la mano y me tocó la pija, se separó y me dijo: “caliente quedó esa verga, ehhh… ya va a tener su premio”, se dio vuelta y se fue moviendo el culo. El marido observaba todo. Yo quede loco, loco de calentura.  
 
A la noche fui al hotel que tiene un excelente restaurant, cenaríamos allí. Llegué y estaba el cornudo sentado en la mesa esperándome, mientras me acercaba vi que mandaba un mensaje desde su celular, lo saludé, me senté y comenzamos una charla amena y superficial. Al rato desde lejos la veo a ella: estaba despampanante, yo al igual que todos los hombres del restaurante la miramos. Zapatos rojos, enfundada en un pantalón negro de cintura baja pegado al cuerpo, que marcaban su figura, una remerita de breteles con brillos que dejaban ver su espalda y marcaban sus pechos, un collar de oro blanco, aros y anillos, el maquillaje justo para resaltar sus ojos, todo matizado por su cabello ondulado como una leona. Se sabía observada y caminaba lento, mirándome y moviendo levemente sus caderas. Llegó a la mesa le dio un pico en los labios al marido, me levanté y me estampó dos besos en la mejilla dejando sus labios marcados. “Viste ya aprendí, acá se dan dos besos” me dijo, y luego, mientras nos sentábamos, tomó una servilleta y me limpió las mejillas de su labial. Nuestra mesa no estaba en el centro, más bien en un rincón junto a la ventana, elegantemente servida, con manteles blancos y largos hasta cerca del piso.

hotel

 
Yo llegaba esa noche dispuesto a cogérmela, después de la experiencia de la mañana, estaba recaliente y no tenía otro objetivo. A esa altura ya me había dado cuenta de que el marido era un adorno, un cornudo, que le excitaba que su mujer coja con otros y ella, una puta adentro de un cuerpo de señora profesional del derecho. Allí estábamos los tres, ella se sentó junto a mí y su marido quedó enfrente. Vino el mozo, pedí una botella de vino tinto y miramos el menú. “Ahhhh… de entrada vamos con el vino, me querés emborrachar ”dijo ella mirándome, contesté: “quiero que te empieces a desinhibir, así abrís más rápido las piernas” dije en un tono casi grosero, que no pude contener por la calentura. Ella rió “que directo que sos hijo de puta. Me decis eso frente a mi marido” dijo mirándome desafiante. “Tu marido no existe, es un pobre cornudo” respondí. La verdad es que yo estaba jugado, o salía todo bien o me mandaban a la mierda por irrespetuoso, pero esa fue la carta que decidí jugarme. Hubo un silencio incómodo, de segundos que parecieron eternos, ella estiró la mano acarició el rostro de su marido y dijo: “te amo, mi cornudito hermoso”, los tres reímos.
 
Llegó el vino, les recomendé probar el pescado de río, así lo hicieron y los tres comimos hablando de la vida en general: familia, hijos, profesión, trabajo; a media velada pedimos otra botella de vino para ella y para mí, el marido solo tomaba gaseosa. Pasábamos un momento alegre, tranquilo y lento, pues el pescado se come con cuidado, para los postres ya se venía la tercera botella y ella y yo estábamos entonados, desinhibidos, estábamos en una sintonía distinta al marido, él estaba presente, pero ella acaparaba toda la conversación, llevaron los platos pedimos los postres y seguimos.

corrientes

 
Yo estaba excitado, pues en la charla hubo mucho doble sentido y chistes sexuales. Como si nada bajé la mano y por debajo de la mesa las apoyé sobre las piernas de ella. Ella hizo una pequeña pausa, me clavó la mirada, bajó la suya y la puso sobre la mía como para detenerme. Comenzó un juego sensual de “avance y retroceso” que se daba mientras hablábamos. La verdad yo estaba zarpado de calentura, la paja que le hice en la playa me había dejado a mil y no me había masturbado para guardar toda la leche para la noche.
 
“Para boludo…que ahí hay un abogado que estuvo en el Congreso con la mujer, nos van a ver” dijo ella, cuidando su imagen profesional. Me detuve, pero era una trampa, ni bien aflojó su mano yo avancé con la mía hasta su concha. Hervia, el calor traspasaba la tela del pantalón y sus pezones erectos resaltaban como dos picos. Me miró con cara de odio y reproche, pero se dejó masajear la entrepierna. “Bueno listo” dijo y me quitó la mano “estas muy caliente”, respondí: “seguro esta toda mojada”. Se acercaba el mozo con los postres y abandoné su entrepierna y subí la mano a la mesa.
 
Pagué la cena, conversamos un rato, la cosa no daba para más, ambos estábamos muy calientes. Mi pija estaba dura y gomosa y sus pezones se veían a kilómetros. Había que definir. “Estamos en tu hotel vamos a tu habitación” dije, “dale” respondió ella levantándose, me paré, su marido hizo lo mismo, lo miré y le dije “no, vos no”; me miró sorprendido y me preguntó “¿y yo que hago?” respondí: “no sé, arregláte”. Humillado bajó la cabeza, ella y yo nos marchamos por delante, él atrás, llegamos al lobby, nosotros encaramos para el ascensor, él, para la puerta del hotel.
 
“A que piso vamos” pregunté, séptimo me contestó ella y agregó “sos un hijo de puta, lo humillaste a mi marido frente a todo el mundo, por suerte no nos conocen acá”, sonreí perversamente y contesté “calláte si a vos te encanta y a él también” y sin mediar más palabra la arrinconé y le dí un beso mientras le apretaba las tetas. Llegamos al piso, la dejé salir por delante y le toqué el culo. “Pará…me estas tratando como una puta” dijo ella; “esta noche sos mi puta, mi putilla” conteste. Ella rió y caminó frente a mí por el pasillo moviendo exageradamente el culo hasta la habitación.

cornudo

 
Entramos y fue un desastre. En privado esa mujer profesional, se transformaba en una hembra caliente y puta. Me arrinconó contrala puerta, me besó con pasión y me agarró la verga. Mi saco cayó al piso, me agarró la camisa y la estiró haciendo volar los botones, los breteles de su remera se cortaron y mis manos fueron directo hacia su cremallera. Todo esto lo hacíamos mientras caminábamos hacia la cama y en el aire resonaban palabras como: “sos un hijo de puta”, “te voy a coger como una puta”, “calentón de mierda”, “te voy a montar como una yegua”, Insultos y deseos de ambos materializados en palabras.
 
La tomé de los hombros, la separé y la empujé a la cama. Su remera estaba en la cintura y su pantalón aun puesto. Volaron los zapatos, levantó las piernas, le quité el pantalón y la bombacha a la vez. Allí estaba, entregada, desnuda. Me paré frente a ella y le dije: “acá estoy vení desvestime y disfrutáme, como prometiste”. Como una gata se puso en cuatro y caminó por la cama hacia mí, se tomó su tiempo para sacarme la camisa, bajarme el pantalón y dejarme en calzoncillos. Comenzó a besarme, los labios, el cuello, los pechos, mordió mis pezones, mientras arañaba mi espalda, bajaba lentamente hasta arrodillarse. Mi verga se marcaba en el calzoncillo, ella comenzó a besarla sobre la tela mientras acariciaba mi culo. Yo volaba, sentía cada toque, sus manos se apoyaron en mi cintura, tomó la prenda y la bajó lentamente frente asu cara. Allí emergió dura, con la cabeza brillosa y gomosa. La miró, rió y dijo “mmmm…como te puse”
 
Entre los dos había un juego tácito de dominación, ella es una hembra alfa acostumbrada a mandar a su marido y a los pendejos con quien coje; yo no iba a permitir que me atropelle. Ese era el juego, presentía que en realidad quería ser dominada, quería entregarse a que le hagan, no pensar solo disfrutar, me lo había dicho “quiero un macho de verdad” y yo estaba dispuesto a serlo esa noche.                         

corneador

 
Sus manos tomaron mis huevos, los acariciaron, me miró a los ojos sacó la lengua y con la punta sorbió esa gota de líquido preseminal que emergía de la punta de mi verga y ya había manchado mi calzoncillo. “mmm…rico” dijo con voz de puta. Mi cabeza volaba, el paso de su lengua lo sentí desde la punta de la pija recorriendo la espalda y terminando en mi nuca. Abrió la boca sacó la lengua comenzó a pasarla por la cabeza de mi verga e inició una chupada frenética: por los costados, del tronco bajando a los huevos metiéndolos en la boca; luego mirándome a los ojos se apartó y comenzó a engullirlo. Sentía como sus labios recorrían cada milímetro. Con suavidad la tomé de la nuca y comencé a mover la cadera, la cogí primero lento y luego más duro, haciéndola tragar, quería llegar hasta su garganta, quería ahogarla a pijasos. Primero arcadas, trató de zafarse y no la dejé, se la metí tres veces hasta el fondo y la liberé. Sus ojos estaban llorosos y el rímel corrido, un hilo de baba unía su boca con mi verga, tosió, tomo aire, me clavó las uñas en las caderas.
 
Ella: “Hijo de puta me querés ahogar” dijo en tono de reproche.
Yo: “Te gusta esta pija putilla” dije sonriendo de costado -casi una mueca- con soberbia y agarrándome el tronco.
Ella: “Tiráte en la cama que te quiero chupar todo”.
 
Me puse boca abajo, ella se puso en cuatro y comenzó a pasar sus tetas desde sus piernas subiendo lentamente. Hacia rozar sus duros pezones por mi cuerpo, me los pasó por los glúteos, y por la raja del culo para terminar jugando en mi espalda provocándome escalofríos. Volando de calentura, me di vuelta. Mi verga quedó entre sus tetas y ordené: “haceme la paja”, ella puso mi pedazo de carne entre sus tetas, la paré “así no, pasáme primero los pezones por la verga”, me miró la escupió y comenzó a hacer lo que le decía, luego la puso entre sus tetas y me miró, para saber si me gustaba. “¡Que cara de puta tenés!” dije, “siiiii… me encanta ser puta” dijo ella, respondí: “MIPUTA, no te olvides de eso” dije reafirmando autoridad. En medio de su calentura la respuesta evidentemente le encantó, su rostro se iluminó con una sonrisa, bajó la cabeza y con mi pija entre las tetas comenzó a chuparme la cabeza.
 
“Pará, pará…me querés hacer acabar sin cogerte. No, no, no” dije. En un movimiento rápido, giré y la puse boca arriba. “Hay, no seas bruto” me dijo con voz pícara. Así, tendida sobre la cama desnuda, parecía frágil. Me paré con las piernas abiertas sobre ella inmóvil por unos segundos, la observé de arriba abajo finalizando con una mirada profunda a sus ojos. No se cual erala expresión de mi rostro pero creo que me veía como un depredador sobre supresa, quería que observe que la iba a comer, que la quería hacer gozar, más que eso la quería hacer mi hembra, mi puta, mi perra en celo, llevarla al máximo placer, descontrolarla. De todo eso estaba cargada mi mirada y evidentemente se notó, porque ella no me sostuvo la mirada puso sus manos en los pechos, en actitud de sumisión. “Date vuelta” ordené, sin dudarlo y de manera sensual lo hizo, dejando su culo en pompa, todo su cuerpo expresaba que era una mujer que deseaba sentir placer y perder el control.
 
Lentamente bajé, sin tocarla me arrimé hasta su nuca, resoplé en ella y le dije:
 
Yo: ¿Qué querés?
Ella: Haceme lo que quieras.
Yo: ¿Que sos?
Ella: Soy tu puta.
Yo: ¿y qué más?
Ella: tu puta, tu mujer…
Yo: no eso no. ¿Qué sos? -Insistí.
Ella: Soy tu hembra.
Yo: Más fuerte – dije con firmeza.
Ella: ¡¡ SOY TU HEMBRA, HACEME LO QUE QUIERAS HIJO DEPUTA !!– dijo con una voz que le salió de la garganta.
 
Me apoyé sobre ella, para hacerle sentir mi cuerpo, le mordí el cuello, puse mi verga dura entre los labios de su concha totalmente mojada, me separé y comencé a besarle la espalda, produciéndole escalofríos y haciendo que se contorneara. Fui bajando hasta sus nalgas, mordí sus glúteos, levantó su culo y con la lengua bajé por la raja. Su olor encendió mis sentidos, esa mezcla de sus flujos, transpiración y hembra en celo, fueron directamente a mi cerebro. Tuve que contener las ganas de ensartarla duro y salvaje, en ese momento, sin mediar palabra. Opté por separar sus nalgas y meterle la lengua en el ano y bajar hasta su concha que se me era ofrecida como un manjar. Al primer paso de mi lengua ella gimió y se le puso la piel de gallina, se tiró para atrás para que mi boca y nariz quedaran totalmente atrapadas por su vagina. Yo pasé la mano por debajo y con el pulgar comencé a frotar su clítoris.
 
La imagen que reflejaba el espejo del placard era hermosa: ella en cuatro con el culo en pompa y yo detrás como una fiera comiéndola. Gemidos y lengüetazos se sentían en el ambiente. Olor a sexo. Vino. Transpiración. Calentura total.
 
Casi ahogado, saqué mi rostro, todo mojado por sus jugos. La hice poner boca arriba y fui a darle un apasionado beso de lengua con gusto a sus líquidos y los míos; mientras mi pija rozaba suavemente su clítoris, produciéndonos placer a ambos. Inicié un recorrido de besos que comenzaron por sus ojos, nariz, orejas, cuello y llegué a sus pechos. Los tomé con vigor, los apreté subiendo hasta los pezones, los junté y pasé mi lengua de pezón a pezón, dando a la vez pequeños mordiscos. Ella acariciaba mi cabello y se entregaba. Bajé por su abdomen y caderas hasta su ombligo, metí la lengua y seguí camino a mi destino: su clítoris. Con las dos manos lo abrí y pasé la lengua por la puntita, se estremeció, a la vez comencé a jugar con mis dedos por sus labios vaginales, hasta que decidí meterlos buscando su punto “G”. Paja y besos, intensidad. La quería hacer gozar.
 
Ella: Pará, pará, que estoy por acabar.
Yo: Dame, dame.
Ella: hay, ahí viene…
Yo: dale dame, acabá…- dije con voz de autoridad y ruego, mientras alejaba el rostro y apuraba la paja.
 
Fue el momento exacto en que sus líquidos saltaron como pequeños chorritos, ella no podía cerrar las piernas. Solo abrió la boca, sus ojos se entrecerraron y apretó la mano con que la masturbaba. Y luego se aflojó.
 
Ella: Guacho, me hiciste acabar sin cogerme.
Yo: Te dije que yo no la meto sin hacer acabar antes a la mujer, vos no me creíste.
Ella: Ahora cogeme, te quiero sentir
Yo: Qué querés que haga – dije haciéndome el sordo y volviendo al juego del ruego.
Ella: Por favor cogéme, papi coge a tu puta. -respondió con voz de nena.
Yo:  Antes vamos a hacer algo, agarrá tu teléfono y hacéle una video llamada al cornudo de tu marido.
Ella: ¿que….?
Yo: llamálo, que quiero que vea como me culeo a su mujer.
Ella: hay hijo de puta, lo querés humillar en serio. Me encanta.- rápidamente entro a whats app e hizo la video llamada.
 
Sonó una vez, sonó dos y él marido contestó.
 
Marido: ¿está todo bien? - Preguntó asustado
Ella: si, sí. Él me pidió que te llamara. – dijo y me pasó el teléfono.
Yo: hola güampudo, me estoy por culear a tu mujer, a la madre de tus hijos, quiero que mires. – dije mirándolo a la cara y poniendo el teléfono sobre una mesa que estaba como a un metro al costado de la cama.
Marido: pará, pará, que estoy en un bar esperando.
Yo: ya me la cojo, no me importa en donde estas.
 
La imagen comenzó a moverse, se notó que llamó al mozo para pagar y salió rápidamente. Yo en tanto, acomodé el teléfono y volví, ella estaba inmóvil, por primera vez no tenia reacción. Miraba la pantalla del celular y veía el rostro de su marido en movimiento. Yo, me puse entre sus piernas, agarré mi verga y comencé a frotarla por su concha y clítoris, ella reaccionó, me miró y dijo:
Ella: ¿cómo nos estás haciendo esto?
Yo: calláte, si te gusta que el cornudo mire -y agregué- te encanta humillarlo
Ella: “sos un perverso de mierda, hijo de mil putas, me encanta”.

NOCHE HOT

 
Con la última palabra le metí la verga de una y hasta el fondo, la quería callar a pijazos, no tenía ganas de escucharla. Sus quejidos se mezclaron con mis jadeos e hicieron un coro sexual. La dejé en el fondo un ratito y luego salí lentamente sintiendo todo. Me abrazaba el interior de su vagina, sentía sus pliegues, su interior hervía y sus líquidos lubricaban mi pija. Fui hasta la salida, con la cabeza adentro jugué en su punto G y volví a entrar lento, incrementando el ritmo. Ambos nos transmitíamos la excitación, éramos una olla a presión, yo sentí el cosquilleo y decidí parar. “Date vuelta, y ponéte en cuatro, con el culo en pompa” le dije, ella se dejaba hacer, no quería pensar solo gozar.
 
En la mesita de luz se veía la imagen del marido en un parque o plaza -luego nos dijo que no encontraba lugar y se tuvo que ir corriendo hasta quedar solo en un banco semi oscuro, se sentía humillado en público y excitado a la vez- sus ojos grandes observaban la escena. Ese hombre estaba disminuido, viendo como su mujer era cogída por un macho.
 
En cuatro la hice girar hacia la cámara del teléfono, me paré, puse mis piernas al costado, me recosté sobre su cintura y le ordené: “agarrálo y metételo”, ella tomó el tronco de mi poronga gruesa y dura, levantó la cadera y se lo metió en la concha. Comencé a darle duro, mientas la tomaba del pelo, luego la solté y escupí su culo e inicié un juego con mi pulgar, mientras la penetraba por la concha y le daba nalgadas. Ella gemía, quería que el marido la escuche claramente.
 
Un concierto de insultos violentos, desagradables y calientes llenaba el ambiente. Esas frases que no se dicen en la vida cotidiana, pero que cuando estas cogiendo salvajemente son aceptadas. “Hay hijo de puta, me estas reventando”, “coje a tu putilla”, “dame duro, hijo de puta”, “soy tu hembra”, decía ella. Yo parecía como un orangután, hacia sonidos guturales y decía algunas cosas como: “que puta hermosa sos”, “tomá puta, tomá”, “puta de mierda”, “te calienta que tu marido vea que sos mi puta” y la palabra mágica: “te voy acoger por el culo”. Cuando dije eso ella giró su rostro y dijo: “por favor despacio”. La aceptación me hizo salir, pasar la palma de la mano por su concha empapada -había tenido su segundo orgasmo, lo sentí porque apretó mi pija y las sábanas estaban mojadas-, usé sus líquidos para lubricar su culo y mi verga. Ella bajó la cabeza, se tomó de las nalgas, las abrió y dejó todo servido para mi pija que estaba a punto de explotar.                   

Hotwife argentina

 
Puse la cabeza de la pija en la puerta de su culo y lentamente comencé a empujar. Su culo no es virgen, pero apretaba como tal, el grosor de mi miembro, la hizo sentir, lentamente entró la cabeza. Se quejó, quedé unos instantes quieto y luego proseguí firme y despacio. Sentía los pliegues de su ano, como entraba mi verga, me reclinaba sobre ella para que entre hasta el fondo, mi hembra aguantaba estoicamente mi peso y sacaba culo, hasta que llegué al fondo. “Ahí, quedáte quieto un ratito por favor” dijo.
 
Inesperadamente, una voz se metió en el trance en el que estábamos ella y yo. “Te la metió todo en el culo amor” dijo el marido desde el telefono.“Siii….me está rompiendo toda” respondió ella, miró la pantalla y le hizo unos cuernos. En ese momento la saqué un poquito y la volví a empujar a fondo.“ahhhhh…hijo de puta. Me rompés el culo” dijo, y comenzó a apretar para que acabe. Comencé a darle duro y salvaje, saqué la verga y se la metí en la concha de una hasta el fondo. Así en cuatro, montado sobre ella, la tomé del pelo, selo estiré y la cabalgué como una yegua en celo. Es lindo acabar en el culo, pero no hay como llenar una concha de leche, la sensación es diferente: la temperatura, lubricación, el roce del interior de la vagina, la sensación de sentir calor, lo que produce la penetración en su cuerpo y en el mío y además tengo el impulso natural de preñar a la hembra. Esto último fue lo que ocurrió al salir de su culo y metérsela en la concha.

Taragui

 
Comencé a sentir el cosquilleo que nace debajo de los testículos y avanza sobre todo el cuerpo, estaba por acabar. Sentí además que su concha se contraía, ella también. “Acabemos juntos” dije, algo difícil de coordinar, “si…ahora” dijo ella apurando. Seguro que ella percibió mi verga latía pronta a acabar y yo sentí su concha apretando para hacer lo mismo, fue una sensación que los sentimos ambos. Sentí su cuerpo y su alma acabando, bañando mi pija en el momento exacto en que yo tiraba mi leche caliente en su concha. Mi cuerpo y su cuerpo eran solo ese pequeño espacio entre nuestras piernas, toda nuestra energía vital estaba allí en ese orgasmo conjunto. Matizado por el coro de gemidos de placer, mis manos estirando su cabello, sus uñas clavadas en mis piernas y nuestros líquidos mezclados en su interior.
 
Ella se aflojó. Sin sacar mi verga, seguí con mis movimientos de cadera, haciendo que nuestros jugos salieran de su concha cayendo sobre las sábanas, el sudor de nuestros cuerpos -por la calentura del momento no habíamos prendido el aire acondicionado-, era resbaladizo y caí sobre ella, mi pecho sobre su espalda, aplastándola y fundiéndonos. “¿Están bien?” preguntó el cornudo preocupado, de reojo miré el celular sobre la mesita de luz y le pegué una patada para que cayera al piso.

La abogada hotwife, yo y el cornudo: la noche (2°pte)

 
Salí de arriba de ella, me tiré a un costado. Ambos recuperábamos el aliento, en el fondo la voz del cornudo nos avisaba que iba a cortar. Miré el techo y luego bajé la vista hacia ella: estaba con los ojos cerrados y lacara hundida en la almohada, parecía que tenía un nuevo orgasmo o era una réplica del último, no lo se. Apoyó los codos, levantó la cabeza, me miró, estiró el cuello y nos dimos un beso intenso de lengua con un gusto raro. Se puso boca arriba, ambos miramos el techo, suspiró y dijo: “muy bueno, pero esto no terminó”. Ambos reímos a carcajadas.     

puta

   
Se agradecen los puntos y se leen lo comentarios

5 comentarios - La abogada hotwife, yo y el cornudo: la noche (2°pte)

Nostros2 +1
Muy buen relato súper caliente.. van +10 terrible putita
TodoPensamientos
Gracias por comentar y por seguir, saludos amigos puntanos
5asd1a51das56fa +1
Me encantó, ojalá siga con el marido mirando en el lugar
TodoPensamientos
Gracias por comentar, a veces la historia es la historia y no se la puede cambiar....