
Para entender esta historia te recomiendo que leas laprimera parte de este relato: https://www.poringa.net/posts/relatos/6253595/La-abogada-hotwife-el-cornudo-y-yo-en-la-playa.html
Saqué los dedos empapados por su squirt, y se los di paraque me los chupe. Ella lo hizo con pasión, luego los chupé yo. “Me encantan tusjugos…” dije, ella rió y contestó pícaramente “hay asqueroso”. Se acomodó laparte inferior de la bikini, me pidió que le anudara las tiras de la partesuperior, se dio vuelta, se sentó sobre la esterilla, y suspiró profundoplacenteramente. Su entrepierna era un charco, y esa zona de la esterillaestaba mojada, tomó el bronceador y se lo comenzó a untar por el cuerpo: brazos,abdomen, pecho y las piernas.

El cornudo estaba junto a nosotros. Su existencia pasabadesapercibida, sentado en la silleta, tratando de cubrir como pajeaba a su mujer,había acabado en seco. “Me voy al agua, debo enfriarme” dijo, se quitó laremera y fue solo. Yo quedé sentado en la arena la sombra de la sombrillapensativo. Reflexionaba: estaba en un lugar público, acababa de masturbar a unamujer, su marido observó todo, otras personas también, los tres habíamos sentidoplacer cada uno en su rol; seguí pensando que extrañamente eso que habíahablado a través de mensajes con ella y con él, era verdad -muchas veces en lasconversaciones virtuales se miente y se fantasea-, el dominio de ella y lasumisión de él, algo para mi impensado. El deseo de ella de dominar y serdominada, y mi deseo de domar esa yegua, más excitante aun hacerlo frente a sumarido cornudo.
En eso estaba, cuando ella dijo: “pensé que iba a hacer máscalor acá y cuando vi tu matera dije que desubicado, pero la verdad es que estápara tomar unos mates”. La miré me senté en la silleta, saqué el mate, labombilla y la yerbera y le dije -para ponerla a prueba-: “tomá, hacélo”. Me miródesconcertada, cómo si le estuviera ofreciendo una bebida exótica, acostumbradaal café de Starbuck y Martínez y a que el sumiso del marido le haga todo,estaba desubicada, pero no se achicó: “ahhh…no se hacer eso yo” me respondió,para retrucarme; con gentileza insistí: “tomá te enseño”. Se quitó losanteojos, me miró fijamente a los ojos y con una mezcla de rabia y risa medijo: “sos un hijo de puta perverso” y rió.
El cornudo regresó del agua y se paró frente a mi comoreclamando la silleta, sin prestarle mucha atención le indiqué con la mano quealli estaba la arena para sentarse. Ella me miró y observó con cierto placer.Tomamos mate, charlamos y luego, fuimos ella y yo nuevamente al agua. Con elagua a la cintura nos pusimos de rodillas para refrescarnos enteros, ese fue elmomento que yo aproveché para acercarme y comenzar a manosearla. Ella sesorprendió: “pará que nos miran…no vamos a dar un espectáculo acá” me dijo, mientrasyo le tocaba las tetas por debajo del agua y ella miraba para todos lados. Nome detuve, sabía que allí no podríamos hacer nada, pero me encanta provocar eincomodarla, comencé a acariciarla por todo el cuerpo: piernas, abdomen, culo,tetas; ella lo disfrutó un instante y luego dijo: “para boludo” se acomodó laropa se puso de pie, me miró y riéndose dijo: “sos perverso …ehhhhh”.
Nos quedamos un rato más, el medio día se acercaba, yo debíairme y el sol se ponía muy fuerte. Acordamos encontrarnos a la noche en su hotel para cenar. Los llevé alalojamiento, bajo él, ella iba adelante conmigo; nos acercamos para despedirnos,le clavé la mirada, la tomé de la nuca y le di un beso de lengua largo ycaliente; ella estiró la mano y me tocó la pija, se separó y me dijo: “calientequedó esa verga, ehhh… ya va a tener su premio”, se dio vuelta y se fuemoviendo el culo. El marido observaba todo. Yo quede loco, loco de calentura.
A la noche fui al hotel que tiene un excelente restaurant, cenaríamosallí. Llegué y estaba el cornudo sentado en la mesa esperándome, mientras meacercaba vi que mandaba un mensaje desde su celular, lo saludé, me senté ycomenzamos una charla amena y superficial. Al rato desde lejos la veo a ella:estaba despampanante, yo al igual que todos los hombres del restaurante lamiramos. Zapatos rojos, enfundada en un pantalón negro de cintura baja pegadoal cuerpo, que marcaban su figura, una remerita de breteles con brillos quedejaban ver su espalda y marcaban sus pechos, un collar de oro blanco, aros yanillos, el maquillaje justo para resaltar sus ojos, todo matizado por sucabello ondulado como una leona. Se sabía observada y caminaba lento, mirándomey moviendo levemente sus caderas. Llegó a la mesa le dio un pico en los labiosal marido, me levanté y me estampó dos besos en la mejilla dejando sus labiosmarcados. “Viste ya aprendí, acá se dan dos besos” me dijo, y luego, mientrasnos sentábamos, tomó una servilleta y me limpió las mejillas de su labial.Nuestra mesa no estaba en el centro, más bien en un rincón junto a la ventana, elegantementeservida, con manteles blancos y largos hasta cerca del piso.

Yo llegaba esa noche dispuesto a cogérmela, después de laexperiencia de la mañana, estaba recaliente y no tenía otro objetivo. A esaaltura ya me había dado cuenta de que el marido era un adorno, un cornudo, quele excitaba que su mujer coja con otros y ella, una puta adentro de un cuerpode señora profesional del derecho. Allí estábamos los tres, ella se sentó juntoa mí y su marido quedó enfrente. Vino el mozo, pedí una botella de vino tinto ymiramos el menú. “Ahhhh… de entrada vamos con el vino, me querés emborrachar”dijo ella mirándome, contesté: “quiero que te empieces a desinhibir, así abrísmás rápido las piernas” dije en un tono casi grosero, que no pude contener porla calentura. Ella rió “que directo que sos hijo de puta. Me decis eso frente ami marido” dijo mirándome desafiante. “Tu marido no existe, es un pobrecornudo” respondí. La verdad es que yo estaba jugado, o salía todo bien o memandaban a la mierda por irrespetuoso, pero esa fue la carta que decidí jugarme.Hubo un silencio incómodo, de segundos que parecieron eternos, ella estiró lamano acarició el rostro de su marido y dijo: “te amo, mi cornudito hermoso”,los tres reímos.
Llegó el vino, les recomendé probar el pescado de río, asílo hicieron y los tres comimos hablando de la vida en general: familia, hijos,profesión, trabajo; a media velada pedimos otra botella de vino para ella ypara mí, el marido solo tomaba gaseosa. Pasábamos un momento alegre, tranquiloy lento, pues el pescado se come con cuidado, para los postres ya se venía la tercerabotella y ella y yo estábamos entonados, desinhibidos, estábamos en una sintoníadistinta al marido, él estaba presente, pero ella acaparaba toda laconversación, llevaron los platos pedimos los postres y seguimos.

Yo estaba excitado, pues en la charla hubo mucho doblesentido y chistes sexuales. Como si nada bajé la mano y por debajo de la mesalas apoyé sobre las piernas de ella. Ella hizo una pequeña pausa, me clavó lamirada, bajó la suya y la puso sobre la mía como para detenerme. Comenzó unjuego sensual de “avance y retroceso” que se daba mientras hablábamos. Laverdad yo estaba zarpado de calentura, la paja que le hice en la playa me habíadejado a mil y no me había masturbado para guardar toda la leche para la noche.
“Para boludo…que ahí hay un abogado que estuvo en el Congresocon la mujer, nos van a ver” dijo ella, cuidando su imagen profesional. Medetuve, pero era una trampa, ni bien aflojó su mano yo avancé con la mía hastasu concha. Hervia, el calor traspasaba la tela del pantalón y sus pezoneserectos resaltaban como dos picos. Me miró con cara de odio y reproche, pero sedejó masajear la entrepierna. “Bueno listo” dijo y me quitó la mano “estas muycaliente”, respondí: “seguro esta toda mojada”. Se acercaba el mozo con lospostres y abandoné su entrepierna y subí la mano a la mesa.
Pagué la cena, conversamos un rato, la cosa no daba para más,ambos estábamos muy calientes. Mi pija estaba dura y gomosa y sus pezones seveían a kilómetros. Había que definir. “Estamos en tu hotel vamos a tuhabitación” dije, “dale” respondió ella levantándose, me paré, su marido hizolo mismo, lo miré y le dije “no, vos no”; me miró sorprendido y me preguntó “¿yyo que hago?” respondí: “no sé, arregláte”. Humillado bajó la cabeza, ella y yonos marchamos por delante, él atrás, llegamos al lobby, nosotros encaramos parael ascensor, él, para la puerta del hotel.
“A que piso vamos” pregunté, séptimo me contestó ella yagregó “sos un hijo de puta, lo humillaste a mi marido frente a todo el mundo,por suerte no nos conocen acá”, sonreí perversamente y contesté “calláte si avos te encanta y a él también” y sin mediar más palabra la arrinconé y le dí unbeso mientras le apretaba las tetas. Llegamos al piso, la dejé salir pordelante y le toqué el culo. “Pará…me estas tratando como una puta” dijo ella;“esta noche sos mi puta, mi putilla” conteste. Ella rió y caminó frente a mípor el pasillo moviendo exageradamente el culo hasta la habitación.

Entramos y fue un desastre. En privado esa mujerprofesional, se transformaba en una hembra caliente y puta. Me arrinconó contrala puerta, me besó con pasión y me agarró la verga. Mi saco cayó al piso, meagarró la camisa y la estiró haciendo volar los botones, los breteles de suremera se cortaron y mis manos fueron directo hacia su cremallera. Todo esto lohacíamos mientras caminábamos hacia la cama y en el aire resonaban palabrascomo: “sos un hijo de puta”, “te voy a coger como una puta”, “calentón demierda”, “te voy a montar como una yegua”, Insultos y deseos de ambosmaterializados en palabras.
La tomé de los hombros, la separé y la empujé a la cama. Suremera estaba en la cintura y su pantalón aun puesto. Volaron los zapatos,levantó las piernas, le quité el pantalón y la bombacha a la vez. Allí estaba,entregada, desnuda. Me paré frente a ella y le dije: “acá estoy vení desvestimey disfrutáme, como prometiste”. Como una gata se puso en cuatro y caminó por lacama hacia mí, se tomó su tiempo para sacarme la camisa, bajarme el pantalón ydejarme en calzoncillos. Comenzó a besarme, los labios, el cuello, los pechos,mordió mis pezones, mientras arañaba mi espalda, bajaba lentamente hastaarrodillarse. Mi verga se marcaba en el calzoncillo, ella comenzó a besarlasobre la tela mientras acariciaba mi culo. Yo volaba, sentía cada toque, susmanos se apoyaron en mi cintura, tomó la prenda y la bajó lentamente frente asu cara. Allí emergió dura, con la cabeza brillosa y gomosa. La miró, rió ydijo “mmmm…como te puse”
Entre los dos había un juego tácito de dominación, ella esuna hembra alfa acostumbrada a mandar a su marido y a los pendejos con quiencoje; yo no iba a permitir que me atropelle. Ese era el juego, presentía que enrealidad quería ser dominada, quería entregarse a que le hagan, no pensar solodisfrutar, me lo había dicho “quiero un macho de verdad” y yo estaba dispuestoa serlo esa noche.

Sus manos tomaron mis huevos, los acariciaron, me miró a losojos sacó la lengua y con la punta sorbió esa gota de líquido preseminal queemergía de la punta de mi verga y ya había manchado mi calzoncillo. “mmm…rico”dijo con voz de puta. Mi cabeza volaba, el paso de su lengua lo sentí desde lapunta de la pija recorriendo la espalda y terminando en mi nuca. Abrió la bocasacó la lengua comenzó a pasarla por la cabeza de mi verga e inició una chupadafrenética: por los costados, del tronco bajando a los huevos metiéndolos en laboca; luego mirándome a los ojos se apartó y comenzó a engullirlo. Sentía comosus labios recorrían cada milímetro. Con suavidad la tomé de la nuca y comencéa mover la cadera, la cogí primero lento y luego más duro, haciéndola tragar,quería llegar hasta su garganta, quería ahogarla a pijasos. Primero arcadas,trató de zafarse y no la dejé, se la metí tres veces hasta el fondo y laliberé. Sus ojos estaban llorosos y el rímel corrido, un hilo de baba unía suboca con mi verga, tosió, tomo aire, me clavó las uñas en las caderas.
Ella: “Hijo de puta me querés ahogar” dijo en tono dereproche.
Yo: “Te gusta esta pija putilla” dije sonriendo de costado -casiuna mueca- con soberbia y agarrándome el tronco.
Ella: “Tiráte en la cama que te quiero chupar todo”.
Me puse boca abajo, ella se puso en cuatro y comenzó a pasarsus tetas desde sus piernas subiendo lentamente. Hacia rozar sus duros pezonespor mi cuerpo, me los pasó por los glúteos, y por la raja del culo paraterminar jugando en mi espalda provocándome escalofríos. Volando de calentura,me di vuelta. Mi verga quedó entre sus tetas y ordené: “haceme la paja”, ellapuso mi pedazo de carne entre sus tetas, la paré “así no, pasáme primero lospezones por la verga”, me miró la escupió y comenzó a hacer lo que le decía,luego la puso entre sus tetas y me miró, para saber si me gustaba. “¡Que carade puta tenés!” dije, “siiiii… me encanta ser puta” dijo ella, respondí: “MIPUTA, no te olvides de eso” dije reafirmando autoridad. En medio de sucalentura la respuesta evidentemente le encantó, su rostro se iluminó con unasonrisa, bajó la cabeza y con mi pija entre las tetas comenzó a chuparme lacabeza.
“Pará, pará…me querés hacer acabar sin cogerte. No, no, no”dije. En un movimiento rápido, giré y la puse boca arriba. “Hay, no seas bruto”me dijo con voz pícara. Así, tendida sobre la cama desnuda, parecía frágil. Meparé con las piernas abiertas sobre ella inmóvil por unos segundos, la observéde arriba abajo finalizando con una mirada profunda a sus ojos. No se cual erala expresión de mi rostro pero creo que me veía como un depredador sobre supresa, quería que observe que la iba a comer, que la quería hacer gozar, másque eso la quería hacer mi hembra, mi puta, mi perra en celo, llevarla almáximo placer, descontrolarla. De todo eso estaba cargada mi mirada y evidentementese notó, porque ella no me sostuvo la mirada puso sus manos en los pechos, enactitud de sumisión. “Date vuelta” ordené, sin dudarlo y de manera sensual lohizo, dejando su culo en pompa, todo su cuerpo expresaba que era una mujer quedeseaba sentir placer y perder el control.
Lentamente bajé, sin tocarla me arrimé hasta su nuca, resopléen ella y le dije:
Yo: ¿Qué querés?
Ella: Haceme lo que quieras.
Yo: ¿Que sos?
Ella: Soy tu puta.
Yo: ¿y qué más?
Ella: tu puta, tu mujer…
Yo: no eso no. ¿Qué sos? -Insistí.
Ella: Soy tu hembra.
Yo: Más fuerte – dije con firmeza.
Ella: ¡¡ SOY TU HEMBRA, HACEME LO QUE QUIERAS HIJO DEPUTA !!– dijo con una voz que le salió de la garganta.
Me apoyé sobre ella, para hacerle sentir mi cuerpo, le mordíel cuello, puse mi verga dura entre los labios de su concha totalmente mojada,me separé y comencé a besarle la espalda, produciéndole escalofríos y haciendoque se contorneara. Fui bajando hasta sus nalgas, mordí sus glúteos, levantó suculo y con la lengua bajé por la raja. Su olor encendió mis sentidos, esamezcla de sus flujos, transpiración y hembra en celo, fueron directamente a micerebro. Tuve que contener las ganas de ensartarla duro y salvaje, en esemomento, sin mediar palabra. Opté por separar sus nalgas y meterle la lengua enel ano y bajar hasta su concha que se me era ofrecida como un manjar. Al primerpaso de mi lengua ella gimió y se le puso la piel de gallina, se tiró para atráspara que mi boca y nariz quedaran totalmente atrapadas por su vagina. Yo paséla mano por debajo y con el pulgar comencé a frotar su clítoris.
La imagen que reflejaba el espejo del placard era hermosa:ella en cuatro con el culo en pompa y yo detrás como una fiera comiéndola.Gemidos y lengüetazos se sentían en el ambiente. Olor a sexo. Vino. Transpiración.Calentura total.
Casi ahogado, saqué mi rostro, todo mojado por sus jugos. Lahice poner boca arriba y fui a darle un apasionado beso de lengua con gusto asus líquidos y los míos; mientras mi pija rozaba suavemente su clítoris,produciéndonos placer a ambos. Inicié un recorrido de besos que comenzaron porsus ojos, nariz, orejas, cuello y llegué a sus pechos. Los tomé con vigor, losapreté subiendo hasta los pezones, los junté y pasé mi lengua de pezón a pezón,dando a la vez pequeños mordiscos. Ella acariciaba mi cabello y se entregaba. Bajépor su abdomen y caderas hasta su ombligo, metí la lengua y seguí camino a midestino: su clítoris. Con las dos manos lo abrí y pasé la lengua por lapuntita, se estremeció, a la vez comencé a jugar con mis dedos por sus labios vaginales,hasta que decidí meterlos buscando su punto “G”. Paja y besos, intensidad. Laquería hacer gozar.
Ella: Pará, pará, que estoy por acabar.
Yo: Dame, dame.
Ella: hay, ahí viene…
Yo: dale dame, acabá…- dije con voz de autoridad y ruego, mientrasalejaba el rostro y apuraba la paja.
Fue el momento exacto en que sus líquidos saltaron comopequeños chorritos, ella no podía cerrar las piernas. Solo abrió la boca, susojos se entrecerraron y apretó la mano con que la masturbaba. Y luego seaflojó.
Ella: Guacho, me hiciste acabar sin cogerme.
Yo: Te dije que yo no la meto sin hacer acabar antes a lamujer, vos no me creíste.
Ella: Ahora cogeme, te quiero sentir
Yo: Qué querés que haga – dije haciéndome el sordo yvolviendo al juego del ruego.
Ella: Por favor cogéme, papi coge a tu puta. -respondió con vozde nena.
Yo: Antes vamos ahacer algo, agarrá tu teléfono y hacéle una video llamada al cornudo de tumarido.
Ella: ¿que….?
Yo: llamálo, que quiero que vea como me culeo a su mujer.
Ella: hay hijo de puta, lo querés humillar en serio. Me encanta.- rápidamente entro a whats app e hizo la video llamada.
Sonó una vez, sonó dos y él marido contestó.
Marido: ¿está todo bien? - Preguntó asustado
Ella: si, sí. Él me pidió que te llamara. – dijo y me pasóel telefono.
Yo: hola güampudo, me estoy por culear a tu mujer, a lamadre de tus hijos, quiero que mires. – dije mirándolo a la cara y poniendo elteléfono sobre una mesa que estaba como a un metro al costado de la cama.
Marido: pará, pará, que estoy en un bar esperando.
Yo: ya me la cojo, no me importa en donde estas.
La imagen comenzó a moverse, se notó que llamó al mozo parapagar y salió rápidamente. Yo en tanto, acomodé el teléfono y volví, ellaestaba inmóvil, por primera vez no tenia reacción. Miraba la pantalla del celulary veía el rostro de su marido en movimiento. Yo, me puse entre sus piernas, agarrémi verga y comencé a frotarla por su concha y clítoris, ella reaccionó, me miróy dijo:
Ella: ¿cómo nos estás haciendo esto?
Yo: calláte, si te gusta que el cornudo mire -y agregué- teencanta humillarlo
Ella: “sos un perverso de mierda, hijo de mil putas, meencanta”.

Con la última palabra le metí la verga de una y hasta elfondo, la quería callar a pijazos, no tenía ganas de escucharla. Sus quejidosse mezclaron con mis jadeos e hicieron un coro sexual. La dejé en el fondo unratito y luego salí lentamente sintiendo todo. Me abrazaba el interior de su vagina,sentía sus pliegues, su interior hervía y sus líquidos lubricaban mi pija. Fuihasta la salida, con la cabeza adentro jugué en su punto G y volví a entrarlento, incrementando el ritmo. Ambos nos transmitíamos la excitación, éramos unaolla a presión, yo sentí el cosquilleo y decidí parar. “Date vuelta, y ponéteen cuatro, con el culo en pompa” le dije, ella se dejaba hacer, no queríapensar solo gozar.
En la mesita de luz se veía la imagen del marido en unparque o plaza -luego nos dijo que no encontraba lugar y se tuvo que ircorriendo hasta quedar solo en un banco semi oscuro, se sentía humillado en públicoy excitado a la vez- sus ojos grandes observaban la escena. Ese hombre estabadisminuido, viendo como su mujer era cogída por un macho.
En cuatro la hice girar hacia la cámara del telefono, me paré,puse mis piernas al costado, me recosté sobre su cintura y le ordené: “agarráloy metételo”, ella tomó el tronco de mi poronga gruesa y dura, levantó la caderay se lo metió en la concha. Comencé a darle duro, mientas la tomaba del pelo,luego la solté y escupí su culo e inicié un juego con mi pulgar, mientras lapenetraba por la concha y le daba nalgadas. Ella gemía, quería que el marido laescuche claramente.
Un concierto de insultos violentos, desagradables y calientesllenaba el ambiente. Esas frases que no se dicen en la vida cotidiana, pero quecuando estas cogiendo salvajemente son aceptadas. “Hay hijo de puta, me estasreventando”, “coje a tu putilla”, “dame duro, hijo de puta”, “soy tu hembra”, decíaella. Yo parecía como un orangután, hacia sonidos guturales y decía algunascosas como: “que puta hermosa sos”, “tomá puta, tomá”, “puta de mierda”, “tecalienta que tu marido vea que sos mi puta” y la palabra mágica: “te voy acoger por el culo”. Cuando dije eso ella giró su rostro y dijo: “por favordespacio”. La aceptación me hizo salir, pasar la palma de la mano por su conchaempapada -había tenido su segundo orgasmo, lo sentí porque apretó mi pija y lassábanas estaban mojadas-, usé sus líquidos para lubricar su culo y mi verga.Ella bajó la cabeza, se tomó de las nalgas, las abrió y dejó todo servido parami pija que estaba a punto de explotar.

Puse la cabeza de la pija en la puerta de su culo ylentamente comencé a empujar. Su culo no es virgen, pero apretaba como tal, elgrosor de mi miembro, la hizo sentir, lentamente entró la cabeza. Se quejó,quedé unos instantes quieto y luego proseguí firme y despacio. Sentía lospliegues de su ano, como entraba mi verga, me reclinaba sobre ella para queentre hasta el fondo, mi hembra aguantaba estoicamente mi peso y sacaba culo,hasta que llegué al fondo. “Ahí, quedáte quieto un ratito por favor” dijo.
Inesperadamente, una voz se metió en el trance en el que estábamosella y yo. “Te la metió todo en el culo amor” dijo el marido desde el telefono.“Siii….me está rompiendo toda” respondió ella, miró la pantalla y le hizo unoscuernos. En ese momento la saqué un poquito y la volví a empujar a fondo.“ahhhhh…hijo de puta. Me rompés el culo” dijo, y comenzó a apretar para queacabe. Comencé a darle duro y salvaje, saqué la verga y se la metí en la conchade una hasta el fondo. Así en cuatro, montado sobre ella, la tomé del pelo, selo estiré y la cabalgué como una yegua en celo. Es lindo acabar en el culo,pero no hay como llenar una concha de leche, la sensación es diferente: la temperatura,lubricación, el roce del interior de la vagina, la sensación de sentir calor,lo que produce la penetración en su cuerpo y en el mío y además tengo elimpulso natural de preñar a la hembra. Esto último fue lo que ocurrió al salirde su culo y metérsela en la concha.

Comencé a sentir el cosquilleo que nace debajo de lostestículos y avanza sobre todo el cuerpo, estaba por acabar. Sentí además quesu concha se contraía, ella también. “Acabemos juntos” dije, algo difícil decoordinar, “si…ahora” dijo ella apurando. Seguro que ella percibió mi vergalatía pronta a acabar y yo sentí su concha apretando para hacer lo mismo, fue unasensación que los sentimos ambos. Sentí su cuerpo y su alma acabando, bañandomi pija en el momento exacto en que yo tiraba mi leche caliente en su concha.Mi cuerpo y su cuerpo eran solo ese pequeño espacio entre nuestras piernas,toda nuestra energía vital estaba allí en ese orgasmo conjunto. Matizado por elcoro de gemidos de placer, mis manos estirando su cabello, sus uñas clavadas enmis piernas y nuestros líquidos mezclados en su interior.
Ella se aflojó. Sin sacar mi verga, seguí con mismovimientos de cadera, haciendo que nuestros jugos salieran de su concha cayendosobre las sábanas, el sudor de nuestros cuerpos -por la calentura del momentono habíamos prendido el aire acondicionado-, era resbaladizo y caí sobre ella,mi pecho sobre su espalda, aplastándola y fundiéndonos. “¿Estan bien?” preguntóel cornudo preocupado, de reojo miré el celular sobre la mesita de luz y le peguéuna patada para que cayera al piso.

Salí de arriba de ella, me tiré a un costado. Ambos recuperábamosel aliento, en el fondo la voz del cornudo nos avisaba que iba a cortar. Miréel techo y luego bajé la vista hacia ella: estaba con los ojos cerrados y lacara hundida en la almohada, parecía que tenía un nuevo orgasmo o era unaréplica del último, no lo se. Apoyó los codos, levantó la cabeza, me miró,estiró el cuello y nos dimos un beso intenso de lengua con un gusto raro. Sepuso boca arriba, ambos miramos el techo, suspiró y dijo: “muy bueno, pero estono terminó”. Ambos reímos a carcajadas.

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