Luz ya no editaba los clips con auriculares puestos. Ahora los hacía con las piernas abiertas, el teclado en el regazo y una mano metida dentro del jogging, frotándose el clítoris en círculos lentos cada vez que escuchaba a Uriel gritar “¡la puta que te parió, me cago en todo!” después de un clutch fallido. Se imaginaba esa misma boca gritándole a ella mientras le metía la pija hasta el fondo, sin condón, sin piedad.
El día que él la invitó a su casa llegó con una minifalda tableada que apenas le tapaba el culo y una tanga de hilo rojo tan finita que se le metía entre los labios mayores. No llevaba corpiño, los pezones se le marcaban duros contra la remerita blanca ajustada.
Uriel abrió la puerta con la pija ya medio parada dentro del short de gimnasio. Ni “hola” dijo, la agarró del pelo desde atrás, la empujó contra la pared del living y le levantó la falda de un manotazo.
Mirá cómo venís vestida, putita, le gruñó al oído mientras le corría la tanga a un costado con dos dedos. ¿Te viniste tocándote en el bondi pensando en que te iba a romper el orto?
Luz jadeó cuando sintió los dedos de él entrar de golpe, dos de una, bien gruesos, abriéndola sin aviso. Estaba empapada, chorreaba por los muslos.
Todo el viaje, admitió entre gemidos. Me toqué en el asiento de atrás pensando en tu pija adentro, en cómo me ibas a llenar hasta que me chorree por las piernas.
Uriel se bajó el short de un tirón. La pija le saltó dura, venosa, con la cabeza brillante de precum. La apoyó contra la entrada de ella y empujó despacio al principio, solo la punta, para que sintiera cómo la abría.
Decime qué querés, Lu. Decímelo clarito o te la meto de una y te hago gritar.
Ella se arqueó, empujando el culo hacia atrás.
Quiero que me cojas sin forro, que me rompas la concha, que me dejes toda abierta y después me llenes de leche hasta que me salga burbujeando, quiero sentir cada chorro caliente adentro, Uriel, quiero que me preñes si se te canta.
Eso fue suficiente.
Uriel la empaló de un solo empujón. La pija entró entera, hasta chocar contra el fondo. Luz soltó un grito ronco que se transformó en gemido largo cuando él empezó a bombearla contra la pared, fuerte, profundo, con los huevos golpeándole el clítoris en cada embestida.
Así te gusta, ¿no?, le decía entre dientes, mordiéndole el cuello. Que tu youtuber te coja como una perra en celo, que te deje la concha hinchada y goteando mi leche.
Luz apenas podía hablar. Solo gemía y pedía más.
Más fuerte, rompeme, metémela hasta el fondo, quiero que me dejes marcada, que cuando edite tus clips mañana sienta cómo me duele la concha de tanto que me diste.
Él la levantó en andas sin sacársela, la llevó hasta el escritorio donde ella solía mandarle los archivos, la sentó en el borde y le abrió las piernas al máximo. La minifalda quedó hecha un nudo en la cintura, la tanga colgaba de un tobillo.
Uriel se la metió de nuevo, esta vez mirándola fijo a los ojos mientras la bombeaba lento pero brutal, sacándola casi entera y volviendo a clavarla hasta que los huevos quedaban pegados contra su culo.
Mírame cuando te corras, le ordenó. Quiero verte la cara cuando te deje llena.
Luz se tocaba el clítoris con dos dedos, rápido, desesperada. Sentía la pija de él hinchándose más adentro, latiendo.
Uriel, me vengo, me estoy viniendo, no pares, llename, por favor, llename toda.
Él aceleró, gruñendo como animal.
Tomá entonces, reina, tomá toda mi leche.
Se corrió con un rugido, empujando profundo, una, dos, tres veces más, vaciándose en chorros calientes y espesos que Luz sintió golpear contra su cervix. Cada latido de la pija era un chorro nuevo. Ella se corrió al mismo tiempo, apretándolo con la concha, ordeñándolo, sacándole hasta la última gota mientras temblaba entera y le clavaba las uñas en los hombros.
Cuando terminó Uriel no se la sacó enseguida. Se quedó adentro, moviéndose despacito, dejando que la leche se asentara. Después salió lento y un hilo blanco grueso empezó a chorrear de la concha abierta de Luz, cayendo en goterones sobre el piso.
Ella se miró entre las piernas, jadeando, y sonrió con cara de recién follada hasta el cansancio.
Mirá cómo me dejaste, susurró, metiéndose dos dedos para sacar más y llevárselos a la boca. Toda llena de tu leche, justo como lo soñaba mientras te editaba los clips.
Uriel se agachó, le dio un beso sucio en la boca y le dijo al oído:
Mañana venís a las 3. Vas a editar el próximo video sentada en mi pija otra vez, pero esta vez voy a grabar cómo te chorrea mientras trabajás. Y después te vuelvo a llenar hasta que no te quepa ni una gota más.
Luz se mordió el labio, todavía con los dedos adentro, removiendo la crema que él le había dejado.
Trato hecho, papi, pero poné el audio de cuando perdés en ranked de fondo, quiero correrme escuchándote putear mientras me estás viniendo adentro de nuevo.
Y así, entre risas sucias y promesas de más leche, empezó la nueva rutina de la clipera y su youtuber favorito: clips virales por fuera y conchas rebalsando por dentro.
El día que él la invitó a su casa llegó con una minifalda tableada que apenas le tapaba el culo y una tanga de hilo rojo tan finita que se le metía entre los labios mayores. No llevaba corpiño, los pezones se le marcaban duros contra la remerita blanca ajustada.
Uriel abrió la puerta con la pija ya medio parada dentro del short de gimnasio. Ni “hola” dijo, la agarró del pelo desde atrás, la empujó contra la pared del living y le levantó la falda de un manotazo.
Mirá cómo venís vestida, putita, le gruñó al oído mientras le corría la tanga a un costado con dos dedos. ¿Te viniste tocándote en el bondi pensando en que te iba a romper el orto?
Luz jadeó cuando sintió los dedos de él entrar de golpe, dos de una, bien gruesos, abriéndola sin aviso. Estaba empapada, chorreaba por los muslos.
Todo el viaje, admitió entre gemidos. Me toqué en el asiento de atrás pensando en tu pija adentro, en cómo me ibas a llenar hasta que me chorree por las piernas.
Uriel se bajó el short de un tirón. La pija le saltó dura, venosa, con la cabeza brillante de precum. La apoyó contra la entrada de ella y empujó despacio al principio, solo la punta, para que sintiera cómo la abría.
Decime qué querés, Lu. Decímelo clarito o te la meto de una y te hago gritar.
Ella se arqueó, empujando el culo hacia atrás.
Quiero que me cojas sin forro, que me rompas la concha, que me dejes toda abierta y después me llenes de leche hasta que me salga burbujeando, quiero sentir cada chorro caliente adentro, Uriel, quiero que me preñes si se te canta.
Eso fue suficiente.
Uriel la empaló de un solo empujón. La pija entró entera, hasta chocar contra el fondo. Luz soltó un grito ronco que se transformó en gemido largo cuando él empezó a bombearla contra la pared, fuerte, profundo, con los huevos golpeándole el clítoris en cada embestida.
Así te gusta, ¿no?, le decía entre dientes, mordiéndole el cuello. Que tu youtuber te coja como una perra en celo, que te deje la concha hinchada y goteando mi leche.
Luz apenas podía hablar. Solo gemía y pedía más.
Más fuerte, rompeme, metémela hasta el fondo, quiero que me dejes marcada, que cuando edite tus clips mañana sienta cómo me duele la concha de tanto que me diste.
Él la levantó en andas sin sacársela, la llevó hasta el escritorio donde ella solía mandarle los archivos, la sentó en el borde y le abrió las piernas al máximo. La minifalda quedó hecha un nudo en la cintura, la tanga colgaba de un tobillo.
Uriel se la metió de nuevo, esta vez mirándola fijo a los ojos mientras la bombeaba lento pero brutal, sacándola casi entera y volviendo a clavarla hasta que los huevos quedaban pegados contra su culo.
Mírame cuando te corras, le ordenó. Quiero verte la cara cuando te deje llena.
Luz se tocaba el clítoris con dos dedos, rápido, desesperada. Sentía la pija de él hinchándose más adentro, latiendo.
Uriel, me vengo, me estoy viniendo, no pares, llename, por favor, llename toda.
Él aceleró, gruñendo como animal.
Tomá entonces, reina, tomá toda mi leche.
Se corrió con un rugido, empujando profundo, una, dos, tres veces más, vaciándose en chorros calientes y espesos que Luz sintió golpear contra su cervix. Cada latido de la pija era un chorro nuevo. Ella se corrió al mismo tiempo, apretándolo con la concha, ordeñándolo, sacándole hasta la última gota mientras temblaba entera y le clavaba las uñas en los hombros.
Cuando terminó Uriel no se la sacó enseguida. Se quedó adentro, moviéndose despacito, dejando que la leche se asentara. Después salió lento y un hilo blanco grueso empezó a chorrear de la concha abierta de Luz, cayendo en goterones sobre el piso.
Ella se miró entre las piernas, jadeando, y sonrió con cara de recién follada hasta el cansancio.
Mirá cómo me dejaste, susurró, metiéndose dos dedos para sacar más y llevárselos a la boca. Toda llena de tu leche, justo como lo soñaba mientras te editaba los clips.
Uriel se agachó, le dio un beso sucio en la boca y le dijo al oído:
Mañana venís a las 3. Vas a editar el próximo video sentada en mi pija otra vez, pero esta vez voy a grabar cómo te chorrea mientras trabajás. Y después te vuelvo a llenar hasta que no te quepa ni una gota más.
Luz se mordió el labio, todavía con los dedos adentro, removiendo la crema que él le había dejado.
Trato hecho, papi, pero poné el audio de cuando perdés en ranked de fondo, quiero correrme escuchándote putear mientras me estás viniendo adentro de nuevo.
Y así, entre risas sucias y promesas de más leche, empezó la nueva rutina de la clipera y su youtuber favorito: clips virales por fuera y conchas rebalsando por dentro.
0 comentarios - La clipera que se hizo llenar hasta desbordar