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Los pies de mi hermana

Gente, hoy no puedo más. Mi hermana siempre fue de andar descalza por casa, pero hoy la tensión pasó el límite. Tiene unos piecitos chiquitos, blanquitos, bien lindos, y verla hoy en la cocina me quemó la cabeza. El morbo de saber que es mi propia sangre y tenerla ahí, a merced de mis fetiches, es una droga.


Estábamos solos y ella buscaba algo en la heladera. Me le acerqué por atrás, le apoyé la pija bien dura contra el culito que le marcaba esa calza de licra y le susurré al oído mientras le miraba los pies apoyados en el piso frío.


Yo: "Qué lindos pies tenés, lástima que los tenés tan sucios de andar descalza..."
Ella: (Se da vuelta con la cara roja) "¿Me los vas a limpiar vos, hermano?"
Yo: "Mejor que eso. Ponelos acá arriba." (La senté en la mesada y le agarré los tobillos).
Ella: "Estás loco... si nos ven..."
Yo: "No nos ve nadie. Mirá cómo tenés estos dedos... me los voy a meter todos en la boca."
Ella: "Mmm... hacelo, me encanta que seas tan degenerado con mis pies."
Yo: "Sos una perra. Te voy a chupar cada dedo y después me vas a pajear con las plantas hasta que te llene los pies de leche."
Ella: "Sí, hermano... haceme acabar así, adorame los pies mientras me das lengua."

Terminamos en el cuarto. Me arrodillé como un esclavo ante ella. Le lamí el arco, le mordí los talones y sentí cómo ella arqueaba los dedos de placer. El olor de su piel y la suavidad de sus plantas me dejaron la pija de piedra. Terminó pajeándome con los pies mientras yo le comía la boca, y le acabé todo entre los dedos blanquitos. Ver mi leche en sus pies de hermanita fue el mejor cierre del día.

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