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Nicole, ¡vaya sorpresa!

Habían pasadodos años desde lo de Carito. Su hermana menor, Nicole, acababa de graduarse delbachillerato. La ceremonia transcurrió como siempre: discursos, abrazos, fotosfamiliares. Al salir, la madre se me acercó con esa sonrisa discreta que ya me resultabafamiliar. En voz baja me dijo: “Mañana paso por tu casa con Nicole. Igual quecon Carito… queremos que su primera vez sea con alguien de confianza, que no lalastime ni la deje con un mal recuerdo”. Asentí sin mostrar sorpresa. “Congusto las espero”, respondí, y antes de ir a mi casa pasé por la farmaciacomprando pastillas para mejorar mi potencia sexual.


El sábadollegaron alrededor de las tres de la tarde, yo había estado esperando conansías su llegada. La madre traía su habitual aire sereno: pantalón holgado,blusa sencilla, zapatos bajos. Nicole, en cambio, entró con una energíadistinta. Tenía 18 años recién cumplidos, pero su cuerpo hablaba de otrahistoria. Era notablemente más rellena que su hermana: senos grandes y pesadosque tensaban una camiseta roja ajustada, cintura marcada, pero con curvassuaves, caderas anchas y un culo prominente que el jean ceñido delineaba sinpiedad. Su piel era un tono más claro que la de Carito, con algunas pecas enlos hombros y el escote. Llevaba el pelo corto, negro intenso, con un flequilloque le caía sobre los ojos cafés oscuros. Sus labios carnosos y esa sonrisaligeramente torcida dejaban claro que no era la chica tímida que su madreimaginaba.


Las hicepasar a la sala. La madre comenzó a hablar con el mismo tono protector quehabía usado con Carito. Explicó que Nicole nunca había estado con un hombre,que estaba nerviosa pero muy curiosa, y que no querían que su primeraexperiencia fuera con algún muchacho torpe de su edad que pudiera hacerle dañoo dejarle un trauma. “Tú ya conoces a la familia, ella te tiene confianza… ysabemos que eres cuidadoso”, remató mirándome fijamente.


Nicole,sentada al lado de su madre, apenas podía disimular una media sonrisa. Cuandola madre terminó, ella levantó la vista y me miró directo a los ojos, con unbrillo travieso que su madre no alcanzó a captar. “Sí, quiero que sea contigo”,dijo con voz tranquila, casi ronca.


La madre selevantó, le dio un beso en la frente a Nicole y me recordó lo de siempre: quela llamara si algo no iba bien. Antes de salir añadió: “Cuídala mucho, porfavor. Es su primera vez”. Cerré la puerta tras ella.


Apenasescuchamos el motor del carro alejarse, Nicole se puso de pie de un salto. Sindecir una palabra se quitó la camiseta por la cabeza, dejando a la vista unsujetador negro de encaje que apenas contenía sus tetas enormes. Se desabrochóel jean y lo bajó junto con las bragas en un solo movimiento. Quedócompletamente desnuda frente a mí en menos de diez segundos.


“¿Primeravez?”, dijo riéndose bajito mientras se acercaba. “Mi mamá cree que todavía soyvirgen… pero yo ya llevo unos cuantos meses probando cosas. No te preocupes, nole voy a decir nada”.



Nicole, ¡vaya sorpresa!




Su cuerpo eraun espectáculo: senos pesados con pezones grandes y oscuros ya endurecidos,abdomen suave con un leve rollito que la hacía más apetecible, muslos gruesos yese culo redondo y carnoso que se movía al caminar. Al girarse para dejar laropa sobre el sofá vi el tatuaje: un pequeño corazón negro atravesado por unaflecha, justo en la curva de la nalga derecha. “Mamá no sabe de esto tampoco”,murmuró con una sonrisa pícara. “Me lo hice hace dos meses”.


La llevé a lahabitación casi a rastras, porque ella ya me estaba desabrochando la camisa ybajándome el cierre del pantalón mientras caminábamos. Me besó con hambre,metiendo la lengua sin pedir permiso. “Quiero que me enseñes cosas que todavíano he probado bien”, susurró contra mi boca. “Y quiero que me hagas el culo…nunca lo he hecho”.


La acostéboca arriba y me coloqué entre sus muslos gruesos. Abrí sus piernas y bajé lacara a su vagina carnosa, con labios hinchados y un triángulo de vellorecortado. Estaba empapada. Lamí despacio los labios exteriores, separándoloscon los dedos para exponer su clítoris hinchado. Lo rodeé con la lengua encírculos lentos, luego succioné suavemente mientras metía dos dedos curvadoshacia arriba, buscando ese punto sensible. Nicole arqueó la espalda,agarrándome del pelo. “¡Qué rico… sí… no pares!”. Aumenté el ritmo: lenguarápida sobre el clítoris, dedos moviéndose en vaivén. Se corrió fuerte,temblando, expulsando más humedad que lamí hasta dejarla jadeante y relajada.


“Qué bestia…nadie me había comido así nunca”, dijo con voz ronca. “Ahora me toca a mí”.


Me empujó deespaldas y tomando mi verga se la metió en la boca con avidez: profunda,ruidosa, usando lengua y garganta como si lo hubiera practicado mucho. Luego empezamosun 69: ella encima, devorándome mientras yo seguía lamiéndole el coño todavíasensible.


Nicole seincorporó de la cama, todavía jadeando por el orgasmo que le había provocadocon mi lengua y dedos. Sus ojos brillaban con una mezcla de satisfacción yhambre. “Ahora quiero sentirte dentro… pero por delante primero. Quiero que mefolles bien la vagina antes de pasar al culo. Quiero disfrutarte todo lo quepueda”.


La puse bocaarriba otra vez, abriéndole las piernas con suavidad, pero con firmeza. Suvagina estaba hinchada, brillante de saliva y sus propios jugos, los labiosmayores abiertos y el clítoris todavía sensible y erecto. Me coloqué entre susmuslos gruesos, apoyé la cabeza de mi verga en su entrada y empujé despacio.Entró sin resistencia; estaba tan mojada que resbaló hasta el fondo en una solaembestida lenta. Nicole soltó un gemido largo y profundo, arqueando la espalda.“¡Ahhh… sí… qué rico se siente… tan lleno…”.


Empecé amoverme con ritmo pausado: salidas casi completas y entradas profundas,sintiendo cómo sus paredes internas me envolvían y contraían con cada empujón.Sus senos pesados rebotaban suavemente; bajé la cabeza y chupé un pezónmientras seguía penetrándola. Ella me agarró del pelo y me besó con lengua,gimiendo contra mi boca: “Más fuerte… pero no tan rápido todavía… quiero sentircada centímetro…”.
Aumenté unpoco la intensidad, embistiéndola con golpes más firmes pero controlados. Elsonido húmedo de nuestros cuerpos chocando llenaba la habitación. Nicolelevantó las piernas y las apoyó en mis hombros, abriéndose más. En esa posiciónentraba más profundo; sentía la punta rozando el fondo de su vagina con cadaembestida. “¡Justo ahí… me llegas al fondo… me encanta!”. Le froté el clítoriscon el pulgar en círculos rápidos mientras la follaba. Ella se tensó, jadeó yse corrió por segunda vez: contracciones fuertes alrededor de mi verga, ungrito ahogado y sus uñas clavadas en mi espalda. “¡Me corro… no pares… sí…!”.


No me detuve.La dejé recuperar el aliento un segundo y luego la giré para ponerla en cuatro.Su culo grande y redondo se abrió ante mí; el tatuaje del corazón parecíainvitarme. Pero esta vez me concentré en su vagina: me arrodillé detrás, agarrésus caderas y la penetré de nuevo desde atrás. Entré de un solo empujónprofundo; ella soltó un gemido gutural. “¡Dios… así me llenas más… fóllameduro!”.


Embestí confuerza, mis bolas chocando contra su clítoris con cada golpe. Sus nalgastemblaban; el sonido carnoso era hipnótico. Nicole empujaba hacia atrás,encontrando mi ritmo, gimiendo sin control: “Sí… así… métemela toda… me estásvolviendo loca…”. Le metí una mano por debajo y le froté el clítoris mientrasla penetraba. Se corrió otra vez, más fuerte: su vagina se contrajorítmicamente alrededor de mí, expulsando más humedad que resbaló por susmuslos. “¡Otra vez… me corro otra vez… papito…!”.


La puse delado, en posición de cucharita. Me acosté detrás, le levanté una pierna y entrédespacio, abrazándola por la cintura. Movimientos lentos y profundos, besándoleel cuello y pellizcándole los pezones. “Me encanta sentirte así… tanpegaditos…”, murmuró ella, girando la cabeza para besarme. Le froté el clítoriscon los dedos mientras la penetraba; ella gemía bajito, disfrutando el ritmopausado. “No te corras todavía… quiero más…”.

Joven




Volvimos a lavaquera: Nicole se subió encima, guió mi verga y bajó despacio hasta sentarsecompletamente. Empezó a moverse arriba y abajo, luego en círculos, frotando suclítoris contra mi pubis. Sus tetas rebotaban frente a mi cara; las chupé ymordí suavemente mientras ella aceleraba. “Mírame… mira cómo te monto… meencanta verte disfrutar…”. Se corrió una cuarta vez así, temblando encima demí, contrayéndose alrededor de mi verga hasta que casi me lleva al límite.


Finalmente,jadeante y sudorosa, se inclinó hacia mí y susurró al oído: “Ahora sí… el culo.Ya estoy lista. Quiero sentirte ahí después de todo esto”.


Se puso encuatro, ofreciéndome ese culo grande y redondo. El tatuaje del corazón parecíapalpitar bajo la luz tenue. “Ahora sí… el culo. Pero despacito, ¿eh? Nunca lohe hecho y quiero sentirlo todo”.


Me arrodillédetrás de ella. Primero besé y lamí sus nalgas, separándolas con las manos paraexponer completamente su ano rosado y apretado. Lo rodeé con la lengua encírculos lentos, humedeciéndolo con saliva. Nicole gemía bajito y empujabahacia atrás, pidiendo más. Metí la punta de la lengua dentro, follándolasuavemente con ella mientras mis manos amasaban sus nalgas carnosas. “Dios… esose siente tan sucio y tan rico…”.


Saqué un tubode lubricante de la mesita (que había comprado para la ocasión por si acaso) yeché una buena cantidad en mis dedos. Empecé con uno: lo introduje despacio,girándolo para que se acostumbrara al grosor. Ella soltó un suspiro largo,relajando los músculos. “Sigue así… está bien”. Agregué un segundo dedo,moviéndolos en tijera para abrirla poco a poco, estirándola con paciencia.Nicole respiraba profundo, gimiendo cada vez que llegaba más adentro. “Sesiente raro… pero me gusta… no pares”.


Cuando sentíque estaba lo suficientemente abierta y lubricada, me unté generosamente laverga con lubricante. La apoyé contra su entrada: solo la punta, presionandosuave pero constante. “Respira hondo y empuja hacia atrás cuando yo empuje”, ledije. Ella asintió, mordiéndose el labio.


Empujédespacio. La cabeza entró con resistencia; su ano se abrió alrededor de mí comoun anillo apretado y caliente. Nicole soltó un gemido agudo, mitad dolor, mitadplacer. “¡Ahh… espera un segundo…!”. Me quedé quieto, solo con la cabezadentro, acariciándole la espalda y las nalgas para que se relajara. “Respira…ya pasó lo más grueso”. Después de unos segundos, ella misma empujó haciaatrás, tragándose otros centímetros. “Sigue… despacio…”.


Fui avanzandomilímetro a milímetro hasta que estuve completamente dentro. Sentí su calorenvolviéndome, su interior apretadísimo pulsando alrededor de mi verga. Nicolejadeaba fuerte, con la frente apoyada en la almohada. “Joder… está tan lleno…se siente enorme… pero no saques… muévete poquito”.


Empecé amoverme: salidas y entradas muy lentas, apenas unos centímetros al principio.Cada vez que salía casi por completo y volvía a entrar, ella gemía másprofundo. Poco a poco aumenté el ritmo. Sus nalgas grandes y suaves temblabancon cada embestida; el sonido de piel contra piel se mezclaba con sus gemidos.“Más rápido… sí… así… culéame el culo…”.


Le agarré lascaderas con fuerza y empecé a bombear con más intensidad. Nicole se tocaba elclítoris con una mano, frotándolo en círculos rápidos. “¡Me voy a correr… nopares… métemela toda!”. Sentí cómo su ano se contraía rítmicamente alrededor demí mientras alcanzaba el orgasmo: un grito ahogado, su cuerpo temblando, susnalgas apretándome con fuerza. Eso me llevó al límite. Me salí justo a tiempo yeyaculé sobre su espalda y sus nalgas, chorros calientes que cayerondirectamente sobre el tatuaje del corazón, resbalando por su piel sudorosa.


Caímosexhaustos. Ella se giró, me besó con lengua y murmuró: “Fue increíble… quierorepetir antes de irme”.


Nos duchamosjuntos esa noche del sábado, bajo el chorro caliente que nos lavaba el sudor,el lubricante y los restos de semen. El baño se llenó de vapor en minutos; elespejo se empañó por completo. Nicole se pegó a mí desde atrás, sus tetasgrandes y mojadas aplastadas contra mi espalda, sus manos recorriendo mi pechoy bajando hasta agarrarme la verga con suavidad, enjabonándola otra vez aunqueya estaba limpia. “Todavía está medio dura… me gusta sentirla así,resbaladiza”, murmuró riendo bajito al oído. Yo giré, la besé bajo el agua y leenjaboné el culo con ambas manos, separando las nalgas para pasar los dedos porsu ano todavía sensible. Ella gimió y empujó hacia atrás, pero no insistimos ennada más; esa ducha fue más de caricias lentas, de cuerpos pegados y besosprofundos que sabían a jabón y a deseo agotado pero no extinguido.


Salimosenvueltos en toallas grandes. Nicole se secó el pelo corto con una toallapequeña y dejó que el resto del cuerpo se secara al aire. Comimos  desnudos en la cocina, sentados en las sillasde madera que crujían un poco bajo nuestro peso. Preparé algo sencillo: huevosrevueltos con tomate, pan tostado y café negro. Ella comía con apetito, sentadacon las piernas abiertas sin pudor, los senos pesados descansando sobre la mesacada vez que se inclinaba para tomar un bocado. Yo no podía dejar de mirarla: laspecas en los hombros, el leve rollito en la cintura, el tatuaje del corazónasomando por el lado cuando se movía. Conversamos poco; solo comentariossueltos sobre lo bien que se sentía todo, sobre cómo su madre nunca imaginaríaesta escena. Terminamos la cena con los platos a medio lavar, porque ningunotenía ganas de levantarse.


Volvimos a lahabitación sin encender la luz principal; solo la lámpara de la mesita dejabauna luz tenue y cálida. Nos metimos bajo las sábanas frescas y nos abrazamos delado, frente a frente. Empezamos a acariciarnos sin prisa, como si quisiéramosmemorizar cada centímetro del otro. Mis manos subieron primero a sus tetas: lastomé con las palmas abiertas, sintiendo su peso, su suavidad caliente. Lospezones ya estaban medio duros; los pellizqué suavemente entre los dedos,rodándolos despacio. Nicole suspiró y se pegó más, metiendo una pierna entrelas mías. “Me encanta cuando me tocas así… despacito…”, murmuró.



Primera vez




Bajé una manopor su espalda hasta llegar al culo. Lo amasé con ganas, separando las nalgas,rozando con la yema de los dedos el ano que aún sentía un poco hinchado de lassesiones anteriores. Ella respondió apretando mi verga con la mano,masturbándome lentamente, sin apretar demasiado, solo lo suficiente para quevolviera a endurecerse por completo. Mi polla se apoyaba contra su abdomensuave, resbalando un poco por el sudor que empezaba a aparecer de nuevo. Lebesé el cuello, bajé a los pechos y chupé un pezón mientras seguía manoseándoleel culo. Nicole gimió bajito y me apretó más contra ella, frotando su vaginahúmeda contra mi muslo.


“Ya estoymojada otra vez…”, susurró, guiando mi mano entre sus piernas. Metí dos dedosdespacio: estaba caliente, resbaladiza, todavía sensible. Los moví en vaivénsuave, rozando el punto que la hacía temblar. Ella me masturbaba al mismoritmo, con la palma abierta cubriendo toda la verga, subiendo y bajando conlentitud deliberada. Nos besamos largo rato, lenguas enredadas, respiracionesmezcladas.


Cuando ya noaguantamos más, Nicole se acostó boca arriba y abrió las piernas. “Ven… enmisionero… quiero verte la cara mientras me follas”. Me coloqué encima, apoyéla punta en su entrada y empujé despacio. Entré hasta el fondo en una solaembestida suave; ella soltó un suspiro largo y me abrazó por el cuello.Empezamos a movernos juntos, ritmo lento y profundo: yo salía casi por completoy volvía a entrar hasta chocar con su fondo, ella levantaba las caderas pararecibirme mejor. Sus tetas se movían con cada empujón; las besé y chupémientras seguía follándola.


No fuesalvaje como antes. Fue tierno, casi cariñoso. Nos mirábamos a los ojos lamayor parte del tiempo; ella me sonreía entre gemidos, yo le acariciaba lacara, el pelo corto, el cuello. Le froté el clítoris con el pubis en cadaembestida, y ella empezó a jadear más fuerte. “Así… justo así… no aceleres… megusta sentirte tan adentro…”. Le metí una mano bajo el culo para levantarla unpoco más, cambiando el ángulo; entró más profundo y ella gimió con la bocaabierta.


Se corrióprimero: un orgasmo tranquilo pero profundo, contracciones suaves alrededor demi verga, un temblor que le recorrió todo el cuerpo, un suspiro largo queterminó en mi nombre susurrado. “Me vengo… despacito… sí…”. Eso me llevó allímite. Aceleré solo un poco los últimos segundos, embistiéndola con golpes másfirmes hasta que me corrí dentro de ella: chorros calientes que sentí palpitarmientras la llenaba. No fue explosivo como las veces anteriores; fue unaliberación lenta, prolongada, casi agotada. Me quedé dentro unos segundos más,besándola suave en los labios, en la frente, en los ojos cerrados.


Salí despacioy me dejé caer a su lado. Nicole se acurrucó contra mí, poniendo una piernasobre la mía y la cabeza en mi pecho. Sentí su respiración calmándose poco apoco, su cuerpo relajado y pesado. “Qué rico… así, sin prisas…”, murmuró antesde cerrar los ojos. Nos quedamos dormidos así, abrazados, con el olor a sexo ya jabón todavía en la piel, la lluvia golpeando suave la ventana y el mundoafuera completamente olvidado.


Dormimosenredados, su cuerpo relleno y cálido pegado al mío, con una pierna sobre micadera y su cabeza en mi pecho. Su respiración se fue calmando hasta volverseprofunda y regular.


El domingoamaneció gris y lluvioso en Riobamba; se oía el golpeteo constante de las gotascontra la ventana. Me desperté primero alrededor de las ocho, pero no me moví.Nicole seguía dormida, con el pelo revuelto y una mano descansando sobre miabdomen. La luz tenue que entraba por las cortinas delineaba sus curvas: lossenos pesados aplastados contra mi costado, el leve rollito en la cintura, eltatuaje del corazón asomando apenas por el borde de la sábana que cubría sunalga derecha.
De prontoabrió los ojos, me miró con esa sonrisa pícara que ya conocía bien y, sin decirnada, se deslizó hacia abajo. Apartó la sábana con un movimiento lento ydeliberado. Mi verga ya estaba medio dura solo por el contacto de su cuerpodurante la noche. La tomó con una mano suave, la acarició de arriba abajo unpar de veces y luego se la metió en la boca sin preámbulos.


Fue unamamada lenta, perezosa, casi matutina. Empezó chupando solo la cabeza,rodeándola con la lengua en círculos húmedos mientras me miraba fijamente a losojos. “Buenos días…”, murmuró con la boca llena, la voz vibrando contra mipiel. Bajó más profundo, tragándosela hasta la mitad, succionando con calmapero firme. Con la mano libre me acariciaba las bolas, rodándolas suavementeentre los dedos. Subía y bajaba despacio, dejando que la saliva resbalara porel tronco, lubricándolo todo. Cada vez que llegaba a la base, se quedaba unsegundo con la nariz pegada a mi pubis, respirando hondo por la nariz, y luegosubía dejando un rastro brillante.


“Me encantadespertarte así… sentir cómo te pones duro en mi boca”, dijo entre chupadas,lamiendo la vena que recorre el lado inferior. Aceleró un poco el ritmo, perosin prisa; era como si quisiera alargar el placer matutino. Yo le aparté elflequillo de la cara para verla mejor: labios hinchados alrededor de mi verga,mejillas hundidas al succionar, ojos entrecerrados de concentración y lujuria.Gemí bajito y le acaricié la espalda, bajando hasta amasar su culo grande ysuave.


Después devarios minutos así, se incorporó, se limpió la comisura de los labios con eldorso de la mano y se subió encima de mí en posición de vaquera inversa.“Quiero sentirte despacito primero…”, susurró. Se colocó de espaldas, guió miverga con la mano y bajó lentamente hasta que entró toda en su vagina todavíahúmeda de la noche anterior. Se quedó quieta un momento, solo sintiendo cómo lallenaba, moviendo apenas las caderas en círculos pequeños.


Luego empezóa subir y bajar con movimientos suaves, casi ondulantes. Sus nalgas rebotabansuavemente contra mis muslos; el tatuaje del corazón subía y bajaba con cadamovimiento. Se inclinó hacia adelante, apoyando las manos en mis piernas, y meofreció una vista perfecta de su culo abierto y su ano todavía rosado ehinchado de la noche. “Mírame… mira cómo te trago entero…”, dijo jadeando.


Cambiamos amisionero. La puse boca arriba, le abrí las piernas y me coloqué entre ellas.Entré despacio, besándola en la boca al mismo tiempo. Nuestras lenguas seenredaron mientras yo la penetraba con embestidas largas y profundas, pero sinprisa. Sus senos se movían con cada empujón; los pezones duros rozaban mipecho. Le besé el cuello, bajé a chuparle un pezón mientras seguía moviéndomedentro de ella. Nicole gemía bajito contra mi oído: “Así… despacito… me encantasentirte tan adentro… no te corras todavía…”.



Anal




Le froté elclítoris con el pulgar mientras la penetraba, círculos lentos y firmes. Ella setensó, arqueó la espalda y se corrió suavemente, con un orgasmo tranquilo yprolongado: contracciones leves alrededor de mi verga, un suspiro largo ytembloroso, las uñas clavadas en mis hombros. “Dios… qué rico amanecer…”.
Pero Nicoleno había terminado. Se giró boca abajo, levantó las caderas y separó las nalgascon sus propias manos. “Ahora el culo… de despedida. Quiero sentirte hasta elfondo una última vez antes de irme”.


Le puse máslubricante: primero en mis dedos, metiendo dos y luego tres para abrirla bien yasegurarme de que estuviera relajada. Ella gemía y empujaba hacia atrás,ansiosa. “Ya… métemela… quiero sentirla toda”. Apoyé la punta contra su ano,presioné despacio. Entró más fácil que la noche anterior; su cuerpo ya lorecordaba. Centímetro a centímetro, hasta que mis caderas tocaron sus nalgas.Me quedé quieto un segundo, disfrutando la sensación: caliente, apretadísimo,pulsante.


Empecé amoverme: salidas casi completas y entradas lentas al principio. Cada vez queentraba del todo, Nicole soltaba un gemido gutural. “Más profundo… sí… justoahí…”. Aceleré gradualmente. Le agarré las caderas con fuerza, embistiéndolacon ritmo constante. Sus nalgas grandes temblaban con cada golpe; el sonidohúmedo y carnoso llenaba la habitación. Se metió una mano entre las piernas yse frotó el clítoris con rapidez. “¡Me voy a correr otra vez… fóllame fuerte elculo…!”.


La embestícon más intensidad, sintiendo cómo su ano se contraía alrededor de mí. Secorrió gritando mi nombre, temblando de pies a cabeza, apretándome tanto quecasi me lleva al límite. Me salí un segundo para no correrme aún, respiré hondoy volví a entrar. Esta vez la penetré profundo y me quedé ahí, moviéndome encírculos pequeños dentro de ella. “Adentro… córrete adentro… lléname el culo…”,suplicó.


No pudeaguantar más. Con un gruñido profundo, me vine dentro de ella: chorroscalientes que sentí palpitar mientras llenaba su interior. Nicole gimió largo,sintiendo cada pulsación. Me quedé dentro unos segundos más, hasta que ambosnos relajamos. Salí despacio y vi cómo un hilo blanco resbalaba por suentrepierna y caía sobre la sábana.


Me quedédentro de ella unos segundos más, sintiendo las últimas pulsaciones de micorrida mientras Nicole gemía bajito y contraía el ano alrededor de mí unaúltima vez. Salí despacio; un hilo espeso de semen blanco resbaló por suentrepierna y cayó sobre la sábana ya arrugada y húmeda. Ella se giró bocaarriba, respirando agitada, con las mejillas sonrojadas y una sonrisasatisfecha. “Papito… me dejaste temblando…”, murmuró, pasándose una mano por elabdomen sudoroso.


Nos quedamosabrazados un rato en silencio, escuchando la lluvia golpear la ventana. LuegoNicole se incorporó, estirándose como un gato. “Vamos a ducharnos… huelo a sexode ayer y de hoy. Y tú también”. Me tomó de la mano y me llevó al baño.


El baño erapequeño, con azulejos blancos y una ducha de mampara de vidrio esmerilado. Abríel grifo y el agua caliente empezó a caer con fuerza, llenando el espacio devapor en segundos. Nicole entró primero, dejando que el chorro le cayeradirectamente en la cara y el pelo corto. Cerró los ojos y suspiró de placermientras el agua le resbalaba por el cuello, entre los senos pesados y por elabdomen suave hasta llegar a su entrepierna.


Me metídetrás de ella. El agua caliente nos envolvió a los dos. Nicole se giró,pegando su cuerpo al mío: sus tetas grandes y mojadas se aplastaron contra mipecho, los pezones duros rozándome la piel. Me besó con lengua lenta,saboreando todavía el rastro de mi corrida en su boca de la mamada matutina.“Me encanta cómo sabe todo esto después de una noche así…”, susurró contra mislabios.


Tomé el jabónlíquido y empecé a enjabonarla. Primero los hombros, bajando por los brazos,luego rodeé sus senos con las manos llenas de espuma. Los masajeé despacio,pellizcando los pezones entre el pulgar y el índice. Ella gimió y arqueó laespalda, empujando las tetas hacia mis manos. “Sigue… lávame bien… quierosentir tus manos por todos lados”.


Bajé lasmanos por su cintura, por el leve rollito que tanto me gustaba, hasta llegar asus caderas anchas. Le enjaboné el culo grande y redondo, separando las nalgascon cuidado. El agua se llevaba la espuma y el semen que aún quedaba en suentrepierna y en su ano. Metí un dedo resbaladizo por la entrada trasera, solola punta, girándolo suavemente. Nicole soltó un jadeo y se apoyó con las manosen la pared de azulejos. “Ahí… justo ahí… lávame el culo también… me dejastemuy abierta”.


Le lavé elano con delicadeza, pero firmeza, introduciendo un dedo entero y moviéndolo encírculos para limpiar todo rastro. Ella empujaba hacia atrás, gimiendo bajito.“Se siente tan rico… como si me estuvieras follando otra vez con los dedos…”.Saqué el dedo y lo reemplacé con dos, abriéndola un poco más mientras el aguacaliente caía sobre nosotros.



Sorpresa




Nicole segiró de nuevo, me tomó la verga (que ya estaba semidura otra vez por elcontacto y el vapor) y empezó a enjabonarla con ambas manos. La masturbódespacio, arriba y abajo, cubriéndola de espuma blanca. “Mira cómo se pone duraotra vez… no te cansas, ¿verdad?”. Se arrodilló en el piso de la ducha, el aguacayéndole en la cara, y se la metió en la boca. Chupó con ganas, limpiándolacon la lengua mientras el jabón y el agua se mezclaban en su saliva. Subía ybajaba, succionando la cabeza y lamiendo las bolas. Yo le agarré el pelo mojadoy la guie un poco más profundo; ella se dejó, tragándosela hasta la gargantasin arcadas.


Después deunos minutos así, se levantó y se dio la vuelta, apoyando las manos en la paredy ofreciéndome su culo otra vez. “No me penetres… solo frótamela entre lasnalgas… quiero sentirte resbalando ahí”. Me coloqué detrás, apoyé mi vergaentre sus nalgas enjabonadas y empecé a moverme arriba y abajo, rozando su anoy su vagina con cada pasada. El jabón hacía que todo fuera extremadamenteresbaladizo; la cabeza de mi verga entraba y salía apenas del ano sin penetrardel todo. Nicole gemía y empujaba hacia atrás, frotándose contra mí. “Sí… justoasí… me encanta sentirla resbalando por mi culo…”.


Le rodeé lacintura con un brazo y bajé la otra mano a su clítoris. Lo froté en círculosrápidos mientras seguía moviéndome entre sus nalgas. Ella se tensó, jadeófuerte y se corrió otra vez bajo el agua caliente: un orgasmo corto perointenso, con las piernas temblando y un grito ahogado que se perdió en el ruidode la ducha. “¡Joder… me corro solo con eso…!”.


Yo tambiénestaba al límite. Me separé un poco y me masturbé rápido, apuntando a suespalda y sus nalgas. Eyaculé chorros calientes que cayeron sobre su pielmojada, mezclándose con el agua y la espuma, resbalando por el tatuaje delcorazón y por la curva de sus nalgas. Nicole se giró, me besó y dejó que elagua nos lavara todo.


Salimos de laducha envueltos en toallas, otra vez. Ella se secó el pelo con una toallapequeña, se vistió con ropa que había traído, se aplicó un poco de midesodorante en el cuello y me miró con esa sonrisa traviesa. Nos besamoslargamente en la puerta, bajo el marco mientras la lluvia seguía cayendo afuera,mientras esperábamos a su madre, aquí había llamado para que la recoja.


“Volverépronto. Y la próxima vez quiero que me comas el culo mientras me follas pordelante… o al revés. Lo que sea. Pero no le digas nada a mamá… ni de cuánto megusta que me den por atrás”, dijo riendo antes de salir bajo la lluvia con elparaguas que le presté, hacia el carro de su madre.


Han pasadotres años. Nicole sigue apareciendo cuando le da la gana, siempre con másganas, más peticiones y más adicción al anal. Su madre sigue creyendo que fuesu “primera vez” dulce y protectora. El secreto del tatuaje, de su experienciay de esas duchas como la de ese sábado… solo lo sabemos ella y yo. Y asíseguimos.
 
Si alguien quiere leer lo de Carito. https://www.poringa.net/posts/relatos/4672876/La-primera-vez-de-Carito.html 

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