

Esta historia que os voy a contar la relató uno de mis pacientes en una sesión de sexología adictiva. Ahorraré nombres para no hablar mas de lo debido.
Él es un reconocido político de la vieja guardia en Madrid. Cumplidos mas de 70 años disfruta como un niño chico relatando todas las orgías que ha vivido, todas las mujeres que ha enculado, como insiste en decir y cuantas sean arrodillado por dinero ante él.
Un hombre frío, de escasa sonrisa y mira perversa.
Esta historia trata sobre una mujer en cuestión que se cruzó en su camino una vez que fue a recoger a una amiga a un centro cultural donde recibía clases.
Al llegar a la puerta ordenó a su guarda espaldas que permanecería en el coche, quería pasar desapercibido en aquella zona de la capital de clase media baja.
En la puerta no pudo evitar fijarse en la entrenadora, de un metro sesenta y cinco, rubia, de nariz redondeta y forma de hablar y moverse muy infantiles. Iba en bañador.
Su cuerpo atractivo no era exuberante, pero le excitó sobre manera.
Desde aquel momento la imagen de aquella mujer sonriendo constantemente se le metió entre ceja y ceja. Quiero darla por culo, le dijo a su guarda espaldas en privado.
—Mira, le hice estas fotos con el móvil.
—Muy mona.
—Quiero que investigues todo sobre ella. Con quién vive, si tiene novio o novia, amante, a que partido vota, si se masturba mucho… todo, ¿entendido?
15 días después el guarda espaldas y antiguo agente del CNI le dejaba un informe completo de videos y papeles sobre la mujer.
Don Eduardo lo leyó detenidamente, mientras en su mente ya empezaba a vislumbrar su cuerpo desnudo de rodillas lamiendo lentamente su enorme ballesta.
Lo primero que hizo es apuntarse con su amiga a las clases; unos días natación, otros pilates o taichí y como no, algo de yoga.
Tuvo que hacer mucho trabajo mental para no excitarse viéndola moverse ante él en las clases. —Esa inocencia me provoca un deseo incontrolable.




Un día se fue acercando con preguntas, e incluso decidió quedarse un poco mas con ella que se había ofrecido a trabajar algunas partes que no controlaba en su forma de nadar y hacer yoga.
—Eres muy buena profesora. Te hago una propuesta decente. Tengo una entrega de premios en la casa América este Sábado y me encantaría que vinieras.
—Uy, no sé. A mí los sitios con mucha gente me agobian bastante. Creo que mejor no.
—Toda esa gente son la clase importante de España. La gente con mas dinero del país. —Tenía claro que aquella información le iba a descolocar.
Según los informes que poseía de ella, vivía en una zona pobre con gitanos, pero ella se empeñaba en vestir con ropa de lujo. Alguna de esta ropa era de marca pero otra eran copias baratas.
Sabía que ofrecerle habitar por un tiempo en un mundo de lujo sería como una droga para ella, y efectivamente así fue.
En cosa de dos semanas estaba chupándole el nabo en el asiento de atrás mientras paseaban por la noche madrileña.
—Serías una actriz porno maravillosa.
—No me gusta eso, me encanta el dinero, la fama pero el porno no sé…
—Te hago una oferta mejor. Te daré dos millones de euros si te comprometes a estar durante diez años haciendo porno para mi productora.
—¿¿Qué dices?? ¡Estás loco! ¿Y si me ve mi padre o mi madre?
—Pero si les odias nena. Sería perfecto. Salir de ese circulo tan toxico solo follando. ¿Tu sabes las de mujeres que sueñan con eso? YO te lo pongo en bandeja. Ser millonaria pero a cambio dejar que te vean como te follo yo por el culo, o mis amigos…
La jugada salió perfecta. En menos de un mes la tenía de rodillas a cuatro patas con su ballesta intentando entrar en su pequeño ano con mucha mas dificultad de la que esperaba.
—Joder, mira que te cuesta abrirlo, cabrona. —Le gruñó azotándola el culo con la palma de la mano.
Su miembro enorme intentaba abrirse paso entre su culo, un culo pequeño, dorado, perfecto aliñado con los gemidos de la rubia que se retorcía ante la cámara pensando solo en el pedazo chalet que se había comprado en Majadahonda.
Respiraba con dificultad, agarrándose a las peludas piernas del anciano salido que empujaba sin empatía alguna. Don Eduardo gruñía y embestía cada vez con mas agresividad sonriendo ante las dos cámaras que les grababan con todo lujo de detalles.
Ella rendida se dejaba llevar mientras Eduardo la colocaba de mil poses distintas, a cual mas extraña, follándola solo por detrás.
La rubia inocente, como la llamaba, siguió con sus clases intentando mantener un perfil bajo, temiéndose que algún día alguno de sus alumnos la viese desnuda, sudada, y gimiendo adicta al sexo en algún vídeo.
Dicen que cuando su padre la vio entregada en un vídeo e inmortalizada en dibujos sonrió, —sabía que era una cerda, solo que no tenía claro si lo acabaría descubriendo con mis propios ojos.
Don Eduardo le encendió un montecristo entre risas. —Gracias por ayudar a traer al mundo a esta joya dorada, amigo.
1 comentarios - El poder del dinero