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El beso de afrodita

Capítulo I
Me llamo Afrodita Dimou Lamprou, no sé en que estaban pensando mis padres cuando escogieron mi nombre, soy todo lo opuesto, según la mitología griega, afrodita era la diosa de la belleza, la sensualidad y el amor, pero para ser honesta yo no tengo nada de eso, soy una mujer curvy, se podría decir, no tengo belleza y el usar gafas contribuye más a la falta de esta, la verdad tengo pésima visión, en cuanto al amor, creo que el no ver bien me ha hecho tropezar más de lo debido, ya pase de mis treinta y por más que quiera, creo que jamás conoceré el amor de verdad, todos los hombres que se han acercado a mí, ha sido porque quieren algo de mi padre, él es dueño de una de las revistas más importantes de Grecia, se podría decir que nos convertimos en la revista de publicidad no. Uno del continente europeo, yo trabajo para mi padre como su asistente y a la vez soy la vicepresidenta, se varios idiomas por eso lo ayudo como su asistente, además muy pronto me hare cargo del negocio familiar. Hace unos días nos encontrábamos en una reunión familiar cuando mi padre colapso, sentí que lo perdía, él es lo único que me queda, mi madre murió cuando yo tan solo tenía 5 años, quizás por eso soy como soy, cuando era niña mi padre para cubrir el vacío de mi madre y su ausencia por los negocios me dejaba comer de todo y cuando crecí y me di cuenta de que no era como las modelos de las revista o lo que la sociedad quiere, él no se molestó todo lo contrario, decía que era igual a mi madre, casi no tengo fotos de ella y las únicas que existe son contadas, pero mi madre y yo somos muy diferentes, mi madre era una mujer hermosa, con un cuerpo escultura y pues yo solo soy, el antónimo de la diosa afrodita.
Comienzo a abrir mis ojos y observo mi teléfono, son las 5:20 de la mañana, otra vez lo hizo mi reloj biológico, no existe un solo día en el que pueda despertar después de que mi alarma suene, me levanto y me dirijo al baño hago mis necesidades, tomo un baño, salgo del baño y me dirijo a mi closet, hoy es un día muy importante, según me comento mi padre, haremos negocios con la empresa más grande de marketing de toda Rusia, estoy emocionada, la verdad tengo miedo, así que decido esconderme en uno de mis trajes favoritos, al estilo al capone, me pongo un pantalón negro de satín en color negro el cual se pega a mi piel y me llega ha la cintura, me pongo una camisa blanca de manga larga, agrego unos tirantes en tono negro, hace años se los robe ha mi padre, cuando me vio con ellos comenzó ha reír y me llamo su peña mafiosa, peino mi cabello negro en una coleta alta, no uso maquillaje así que solo me pongo labial y un poco de rubor, desabotono un par de botones, porque luego ciento que me ahogo, me pongo unas zapatillas de tacón de aguja de 11 cm, voy bajando las escaleras cuando veo a mi padre sonreír y me dice: Lista mi pequeña mafiosa, hoy será una gran día.

Cuando llegamos uno que otro empleado no deja de verme, yo lo sé, nadie se fijaría en mí, es solo por mi extraña forma de vestir que me voltean a ver, además parezco mas su guardaespaldas que su asistente, mis gafas se comienzan a empañar por el cambio de clima del afuera y de la oficina, quito mis gafas para poder limpiarlas, mientras realizaba esta acción mi padre ya se había marchado y continúe caminando hacia el ascensor, mientras continuo limpiando mis gafas, entro a este sin fijarme chocando con una dura pared golpeando mi frente en lo que al parecer es una nariz y mi boca ha escasos centímetros de el cuello de lo que podría ser un hombre, ya que puedo ver como sube y baja su manzana de adán, no pude evitar levantar un poco mis vista a la par que coloco mis lentes para ver con quien choque, no está de más decirles que tengo 33 años y jamás tuve una relación formal, ya que no era lo que ellos querían, cuando vi con lo que choque, quería que me tragara la tierra, era un joven como de unos 20 años quizás, alto, morocho, delgado y atlético, el cual llevaba enfundado un traje sastre a la medida color azul, de entre 1.85 y 1.90 de estatura y unos ojos oscuros que me observaban con un brillo extraño, comencé a retroceder, pero a cada paso que dada el daba otro, hasta dejarme acorralada contra la pared del ascensor, dejando ver una linda sonrisa que me hizo temblar, coloco una de sus manos cerca de mi cintura mientras con la otra tecleaba el número del piso, quería moverme pero mis piernas se congelaron, acto seguido sentí su aliento a menta a cercarse a mi rostro, mientras abría paso con su pierna éntrelas mías rozado mi intimidad, coloco la otro a un costado de mi cabeza mientras que la otra hizo posesión de mi cintura y cadera, par poder postrar sus labios y su nariz en mi cuello, pude sentir como respiraba el olor de mi perfumen y sin previo aviso sentí como su lengua se deslizaba por mi cuello hasta subir al lóbulo de mi oreja, la cual mordió y presiono con sus labios, mis pezones se pusieron rígidos al instante, sentía más presión en mi intimidas y su mano comenzó a subir, justo cuando estaba por hacer posesión de uno de mis senos con su mano, el ascensor se abrió y cuando al fin reaccione, él estaba parado como si nada, acomodo su saco, giro y me dio esa maldita sonrisa tan encantadora, mientras que yo no podía ni moverme. Cuando desperté del encanto o del sueño el ascensor casi se cerraba, pero logre alcanzar a detenerlo, salí y me dirigí a la oficina de mi padre, cuando entre mi corazón se detuvo, aquel joven se encontraba sentado platicando amenamente con mi padre, resultaba que él era el famoso ceo Ruso con el que haríamos negocio, Alexander Pretov, quien se convertiría en mi perdición.

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