Siempre tuve esta fantasía que me pone durísimo. No me calienta ser el cornudo… me calienta ser el toro sádico, el que llega, domina con dolor y humillación, y se coge a la novia o esposa de otro hasta que queda completamente rota y adicta a mí. El novio pasa a ser un patético cornudo que ni se entera de cómo le robé a su mujer.
Me imagino a la mina perfecta para esto: linda, en una relación “feliz”, pero sexualmente muerta por dentro. El novio es un blandito, la trata como princesa, pero en la cama es vainilla total: misionero rapidito, nada de intensidad. Ella necesita más, necesita que la hagan sufrir para sentirse viva.
Ahí entro yo. Nos conocemos en el trabajo, en el gym, por amigos… donde sea. Empiezo a provocarla: miradas dominantes, comentarios que la hacen sonrojar, le digo bajito “sé que sos una puta que necesita que la castiguen”. Ella se asusta… pero se moja. Porque sabe que es verdad.
La llevo a un motel barato o, mejor aún, directo a un lugar arriesgado: el baño de una fiesta, un parque oscuro, o incluso la casa de ella cuando el cornudo no está. Ahí la domino de una: la agarro del pelo, la empujo contra la pared, le doy las primeras nalgadas fuertes hasta que se le pone el culo rojo. Le digo “esto es lo que te merecés, no esa mierda tibia que tenés en casa”. La ato con lo que tenga (mi cinturón, su propia ropa), le aprieto los pezones hasta que grita, le meto dedos fuerte mientras la insulto: “putita frustrada, mirá cómo te mojás con dolor”.
La cojo salvaje: profundo, sin piedad, mezclando placer con castigo. Le doy azotes en la cara (suave pero humillante), la escupo, la hago pedir perdón por ser tan infiel. La hago venir una y otra vez, pero solo cuando yo quiero: “no te vengás hasta que te dé permiso, perra”. Y ella obedece, temblando, llorando de placer y dolor.
Después vienen las sesiones repetidas. Cada vez más intensas y riesgosas: moteles pagos por hora, hoteles baratos, o lugares públicos donde casi nos pillan. La entreno como mi sumisa personal: le marco el cuerpo con mordidas y moretones, la obligo a mandarme fotos con juguetes que le compro (pinzas, plugs, látigos caseros), la humillo por videollamada mientras el cornudo está al lado sin saber. Le enseño a chuparla hasta el fondo con lágrimas en los ojos, a aguantar azotes hasta que no pueda sentarse, a agradecer cada golpe.
La domino psicológicamente también: le hago admitir que su novio es un inútil en la cama, que solo yo la hago sentir mujer de verdad. Le digo “vas a ser mi puta esclava, y él va a pagar las consecuencias sin enterarse”. Ella termina adicta al dolor que le doy, al control, a la humillación. Rechaza al cornudo porque “le duele todo” (de tanto que la castigué yo), inventa excusas para verse conmigo, ruega por más sesiones aunque sepa que va a sufrir.
Al final, la relación se rompe desde adentro. Ella solo piensa en mí, en mi verga, en mis castigos. El pobre cornudo termina solo, quizás un día descubre los mensajes o los moretones y se da cuenta de que perdió a su mujer por no saber dominarla como yo.
Esa es mi fantasía máxima: ser el toro sádico que usa BDSM, dolor y humillación para robarle la mina a otro y convertirla en mi propiedad.




AQUÍ LES COMPARTO MI FANTASÍA, QUISIERA LEERLOS A USTEDES
¿Qué opinan? ¿Hay minas que se mojan con esto y quieren vivirlo? ¿Cornudos que fantasean con que les pase? ¿Alguien con experiencias reales de NTR + BDSM? Comenten todo, me calienta leerlos.
Chicas sumisas: ¿aguantarían una sesión así? Cornudos: ¿dejarían que les pase?
Me imagino a la mina perfecta para esto: linda, en una relación “feliz”, pero sexualmente muerta por dentro. El novio es un blandito, la trata como princesa, pero en la cama es vainilla total: misionero rapidito, nada de intensidad. Ella necesita más, necesita que la hagan sufrir para sentirse viva.
Ahí entro yo. Nos conocemos en el trabajo, en el gym, por amigos… donde sea. Empiezo a provocarla: miradas dominantes, comentarios que la hacen sonrojar, le digo bajito “sé que sos una puta que necesita que la castiguen”. Ella se asusta… pero se moja. Porque sabe que es verdad.
La llevo a un motel barato o, mejor aún, directo a un lugar arriesgado: el baño de una fiesta, un parque oscuro, o incluso la casa de ella cuando el cornudo no está. Ahí la domino de una: la agarro del pelo, la empujo contra la pared, le doy las primeras nalgadas fuertes hasta que se le pone el culo rojo. Le digo “esto es lo que te merecés, no esa mierda tibia que tenés en casa”. La ato con lo que tenga (mi cinturón, su propia ropa), le aprieto los pezones hasta que grita, le meto dedos fuerte mientras la insulto: “putita frustrada, mirá cómo te mojás con dolor”.
La cojo salvaje: profundo, sin piedad, mezclando placer con castigo. Le doy azotes en la cara (suave pero humillante), la escupo, la hago pedir perdón por ser tan infiel. La hago venir una y otra vez, pero solo cuando yo quiero: “no te vengás hasta que te dé permiso, perra”. Y ella obedece, temblando, llorando de placer y dolor.
Después vienen las sesiones repetidas. Cada vez más intensas y riesgosas: moteles pagos por hora, hoteles baratos, o lugares públicos donde casi nos pillan. La entreno como mi sumisa personal: le marco el cuerpo con mordidas y moretones, la obligo a mandarme fotos con juguetes que le compro (pinzas, plugs, látigos caseros), la humillo por videollamada mientras el cornudo está al lado sin saber. Le enseño a chuparla hasta el fondo con lágrimas en los ojos, a aguantar azotes hasta que no pueda sentarse, a agradecer cada golpe.
La domino psicológicamente también: le hago admitir que su novio es un inútil en la cama, que solo yo la hago sentir mujer de verdad. Le digo “vas a ser mi puta esclava, y él va a pagar las consecuencias sin enterarse”. Ella termina adicta al dolor que le doy, al control, a la humillación. Rechaza al cornudo porque “le duele todo” (de tanto que la castigué yo), inventa excusas para verse conmigo, ruega por más sesiones aunque sepa que va a sufrir.
Al final, la relación se rompe desde adentro. Ella solo piensa en mí, en mi verga, en mis castigos. El pobre cornudo termina solo, quizás un día descubre los mensajes o los moretones y se da cuenta de que perdió a su mujer por no saber dominarla como yo.
Esa es mi fantasía máxima: ser el toro sádico que usa BDSM, dolor y humillación para robarle la mina a otro y convertirla en mi propiedad.




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¿Qué opinan? ¿Hay minas que se mojan con esto y quieren vivirlo? ¿Cornudos que fantasean con que les pase? ¿Alguien con experiencias reales de NTR + BDSM? Comenten todo, me calienta leerlos.
Chicas sumisas: ¿aguantarían una sesión así? Cornudos: ¿dejarían que les pase?
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