A los 13 años fue la primera vez que la vi de otra manera fuera de lo familiar.
Ella, petisa, aproximadamente metro cuarenta, piel blanca, pelo negro... Vino de visita a mi casa; estudiaba en la facultad y ese día estaba con una amiga que vivía cerca. Su plan de la tarde: tomar sol.
Ese día, sin que se dieran cuenta, aunque ellas veían a un niño, a mí me estaba picando el bichito de la curiosidad... Las vi a ella y su amiga de espalda, su amiga linda, pero nada de otro mundo... Mi tía... Un hermoso culito chiquito, redondito... Una maja para un pajerito de mi edad...
Perdí la cuenta de las veces que me masturbé pensando en ese culo...
Al pasar los años, varias cosas cambiaron; yo crecí... Ella tuvo familia con un random que la abandonó.
En la casa de sus padres (mis abuelos paternos), el terreno era grande... Mi viejo hizo su casa ahí y su hermano en el fondo...
Por cosas de la vida, el hno de mi viejo se fue a vivir a otro lado con su familia y le dejó la casa a su hermana... Mi tía.
A los meses cumplo la mayoría de edad, de familia humilde; me hacen un festejo con pocos invitados, unos familiares y amigos...
Ese día hacía calor porque era pleno verano cuyano. Al momento de saludarme, veo que ella viene a saludarme. Llevaba puesta una musculosa blanca media suelta; desde arriba se podía ver sus pequeños pechos. Y un shorcito de jean apretadito que le hacía un culito apretadito que era una locura.
Ella me da un abrazo y un beso en la mejilla, me desea feliz cumpleaños, me dice que no cambie mi forma de ser... ¿Qué es lo que más le gusta de mí? Que me estoy convirtiendo en su hombrecito...
En ese momento hizo que tuviera una erección que no podía disimular ni sentándome. Me levanté de mi lugar y le pedí que me prestara su baño. Me dijo que sí, que me acompañaba para abrirme la puerta de su casa.
Yo todo duro entro al baño, abro el agua fría, saco mi verga y la meto abajo para ver si se me iba la calentura que tenía, pero era imposible. No había forma de terminar eso que no fuera con una paja...
Pongo manos a la acción rápido para que nadie se dé cuenta, pero estaba tan duro que me costaba... Yo en mi teléfono tenía una foto que disimuladamente le saqué... Era mi tesoro...
Mi tía, al notar que llevaba tiempo en el baño, me consulta si había algún problema; le digo que no, que el agua que salía era que, por el calor, me había salido sangre de la nariz...
Fue la peor y la mejor mentira que dije en la vida, porque sin querer ella entró al baño y me vio pajearme viendo una foto de ella...
Ella reacciona mal, me pregunta por qué me estaba tocando en su baño, me regaña y se da cuenta de que en el teléfono había una foto de su culo; el enojo fue mayor, todo esto sin levantar la voz para que nadie se enterara...
Yo le expliqué, no tenía más remedio que confesar; le comenté lo que ella le provocaba a mi cuerpo... Del deseo que tenía de ella... Que moría por su cuerpo, pero al ser su sobrino sabía que no lo podría tener nunca...
Guardé mi verga en mis pantalones, volví a pedirle disculpas y le pedí que no comentara nada, que no quería problemas... Sino que estaba en una etapa de calentura.
Ella me miró y, al pasar por su lado, todo avergonzado, me detuvo, que esperara, que quería preguntarme algo. A mí no me quedaba otra que quedarme, así que le pregunté qué quería.
Mi tía me miró y me preguntó cuánto la deseaba. Yo, sorprendido, contesté: "Mucho, tía, me tocó 4 veces al día con su foto, fantaseando con usted...". En ese momento, ella me tomó por los hombros y me dijo que me entendía, que yo me estaba convirtiendo en un hombre y era "normal" que tuviera esos sentimientos hacia una mujer...
La miré a los ojos, le dije en la cara que me encantaba todo de ella. En ese momento se me acerca y me dice al oído: "Te voy a dar tu regalo de cumpleaños, pero es solo para nosotros dos".
Me bajo los pantalones, con una mano me tomo la verga y con la otra me acariciaba la cara, me miraba y se le marcaba una sonrisa al ver cómo yo estaba hirviendo y haciendo fuerza para no venirme en esa mano chiquita y suave. Mi calentura fue tanta que me acerqué a ella y, tomando su cara, tocando sus labios, le metí mi pulgar en la boca... Ella reaccionó y empezó a lamerlo y me decía: "Así te voy a hacer en la verga".
Yo no daba más, así que metí mis manos bajo su musculosa y le agarré esas tetitas chiquitas pero ricas; tenía los pezones oscuros y duros... Sin dudarlo, metí mi cabeza ahí y los lamí hasta que ella soltó un gemido que detonó todo.
Mis manos, que manoseaban todo su culo, fueron a su cara y, pidiendo permiso, llevé mi verga hacia su cara...
Mi verga palpitaba y estaba tan hinchada que me dolía... Eso se agravó cuando mi tía juguetona me dio un beso en la punta de la cabeza. No aguanté más y, casi obligándola, se la metí en la boca...
Fue la sensación más placentera que había vivido a mis cortos 18 años...
Ella se lució, me la besaba, la lamía, me masturbaba rápido y después lento... Hacía lo que quería con ella...
Yo llegando a mi límite, las piernas no me daban más, mi cuerpo empezó a transpirar frío y ella, sabiendo lo que pasaba, sacó mi verga de su boca, me miró y me dijo: "Es hora, déjame ver toda la leche que tienes para mí...".
Mi verga se puso mucho más dura; la sensación fue increíble, sentí un hormigueo y, mientras ella me masturbaba, tiré toda mi leche sobre sus manos...
Ella me besó la verga, se levantó y lavó sus manos, todas llenas de mi semen. Me miro, sonrió y me dijo: "Ahora sí eres un hombrecito...".
Esos fueron los mejores 10 minutos de mi adolescencia... Algo que nunca voy a olvidar...
Ella, petisa, aproximadamente metro cuarenta, piel blanca, pelo negro... Vino de visita a mi casa; estudiaba en la facultad y ese día estaba con una amiga que vivía cerca. Su plan de la tarde: tomar sol.
Ese día, sin que se dieran cuenta, aunque ellas veían a un niño, a mí me estaba picando el bichito de la curiosidad... Las vi a ella y su amiga de espalda, su amiga linda, pero nada de otro mundo... Mi tía... Un hermoso culito chiquito, redondito... Una maja para un pajerito de mi edad...
Perdí la cuenta de las veces que me masturbé pensando en ese culo...
Al pasar los años, varias cosas cambiaron; yo crecí... Ella tuvo familia con un random que la abandonó.
En la casa de sus padres (mis abuelos paternos), el terreno era grande... Mi viejo hizo su casa ahí y su hermano en el fondo...
Por cosas de la vida, el hno de mi viejo se fue a vivir a otro lado con su familia y le dejó la casa a su hermana... Mi tía.
A los meses cumplo la mayoría de edad, de familia humilde; me hacen un festejo con pocos invitados, unos familiares y amigos...
Ese día hacía calor porque era pleno verano cuyano. Al momento de saludarme, veo que ella viene a saludarme. Llevaba puesta una musculosa blanca media suelta; desde arriba se podía ver sus pequeños pechos. Y un shorcito de jean apretadito que le hacía un culito apretadito que era una locura.
Ella me da un abrazo y un beso en la mejilla, me desea feliz cumpleaños, me dice que no cambie mi forma de ser... ¿Qué es lo que más le gusta de mí? Que me estoy convirtiendo en su hombrecito...
En ese momento hizo que tuviera una erección que no podía disimular ni sentándome. Me levanté de mi lugar y le pedí que me prestara su baño. Me dijo que sí, que me acompañaba para abrirme la puerta de su casa.
Yo todo duro entro al baño, abro el agua fría, saco mi verga y la meto abajo para ver si se me iba la calentura que tenía, pero era imposible. No había forma de terminar eso que no fuera con una paja...
Pongo manos a la acción rápido para que nadie se dé cuenta, pero estaba tan duro que me costaba... Yo en mi teléfono tenía una foto que disimuladamente le saqué... Era mi tesoro...
Mi tía, al notar que llevaba tiempo en el baño, me consulta si había algún problema; le digo que no, que el agua que salía era que, por el calor, me había salido sangre de la nariz...
Fue la peor y la mejor mentira que dije en la vida, porque sin querer ella entró al baño y me vio pajearme viendo una foto de ella...
Ella reacciona mal, me pregunta por qué me estaba tocando en su baño, me regaña y se da cuenta de que en el teléfono había una foto de su culo; el enojo fue mayor, todo esto sin levantar la voz para que nadie se enterara...
Yo le expliqué, no tenía más remedio que confesar; le comenté lo que ella le provocaba a mi cuerpo... Del deseo que tenía de ella... Que moría por su cuerpo, pero al ser su sobrino sabía que no lo podría tener nunca...
Guardé mi verga en mis pantalones, volví a pedirle disculpas y le pedí que no comentara nada, que no quería problemas... Sino que estaba en una etapa de calentura.
Ella me miró y, al pasar por su lado, todo avergonzado, me detuvo, que esperara, que quería preguntarme algo. A mí no me quedaba otra que quedarme, así que le pregunté qué quería.
Mi tía me miró y me preguntó cuánto la deseaba. Yo, sorprendido, contesté: "Mucho, tía, me tocó 4 veces al día con su foto, fantaseando con usted...". En ese momento, ella me tomó por los hombros y me dijo que me entendía, que yo me estaba convirtiendo en un hombre y era "normal" que tuviera esos sentimientos hacia una mujer...
La miré a los ojos, le dije en la cara que me encantaba todo de ella. En ese momento se me acerca y me dice al oído: "Te voy a dar tu regalo de cumpleaños, pero es solo para nosotros dos".
Me bajo los pantalones, con una mano me tomo la verga y con la otra me acariciaba la cara, me miraba y se le marcaba una sonrisa al ver cómo yo estaba hirviendo y haciendo fuerza para no venirme en esa mano chiquita y suave. Mi calentura fue tanta que me acerqué a ella y, tomando su cara, tocando sus labios, le metí mi pulgar en la boca... Ella reaccionó y empezó a lamerlo y me decía: "Así te voy a hacer en la verga".
Yo no daba más, así que metí mis manos bajo su musculosa y le agarré esas tetitas chiquitas pero ricas; tenía los pezones oscuros y duros... Sin dudarlo, metí mi cabeza ahí y los lamí hasta que ella soltó un gemido que detonó todo.
Mis manos, que manoseaban todo su culo, fueron a su cara y, pidiendo permiso, llevé mi verga hacia su cara...
Mi verga palpitaba y estaba tan hinchada que me dolía... Eso se agravó cuando mi tía juguetona me dio un beso en la punta de la cabeza. No aguanté más y, casi obligándola, se la metí en la boca...
Fue la sensación más placentera que había vivido a mis cortos 18 años...
Ella se lució, me la besaba, la lamía, me masturbaba rápido y después lento... Hacía lo que quería con ella...
Yo llegando a mi límite, las piernas no me daban más, mi cuerpo empezó a transpirar frío y ella, sabiendo lo que pasaba, sacó mi verga de su boca, me miró y me dijo: "Es hora, déjame ver toda la leche que tienes para mí...".
Mi verga se puso mucho más dura; la sensación fue increíble, sentí un hormigueo y, mientras ella me masturbaba, tiré toda mi leche sobre sus manos...
Ella me besó la verga, se levantó y lavó sus manos, todas llenas de mi semen. Me miro, sonrió y me dijo: "Ahora sí eres un hombrecito...".
Esos fueron los mejores 10 minutos de mi adolescencia... Algo que nunca voy a olvidar...
0 comentarios - El regalo de cumpleaños de mi tia..