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📑La Puta Inalcanzable

📑La Puta Inalcanzable

David vivía solo en su departamendo del centro. A sus 28 años, trabajaba como programador, con pocos amigos y nula vida sexual. Una noche, aburrido y cansado de la rutina, se puso a mirar peliculas xxx. En eso encuentra una publicidad, de una pagina de citas, donde podía contratar chicas a domicilio. No buscaba amor ni conversación. Quería a una mujer real, en su cama, desnuda, y entregada a sus fantasías.

Eligió una rubia que posaba de espaldas, de la categoría “premium” y unas horas después sonó el timbre.

Cuando abrió la puerta, no pudo evitar la sorpresa y el asombro.

—¿Tú? —dijo él, sin poder creer lo que veia.

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Allí estaba Valeria. La misma de la universidad, la Altanera, Creida, La que pasaba con aires de grandeza, ignorando a todos salvo su círculo de amigos. Cuerpazo, tetas grandes, curvas marcadas, labios carnosos… y la misma actitud altiva.

Ella también lo reconoció. Tragó saliva.

— David… vaya sorpresa.

—¿Tú trabajas de acompañante ?

Ella bajó la mirada, incómoda. Y suspiró.

—Digamos que hago lo que tengo que hacer. 

Él sonrió con picardía, cerró la puerta detrás de ella y le dijo:

—Bueno… esta vez no vas a ignorarme. A ver Muéstrame por lo que pague.

Valeria se quitó lentamente el vestido, revelando un conjunto de encaje negro que apenas cubría su cuerpo perfecto. David se sentó y la miró como si fuera un premio que siempre soñó tocar.

—Ponte de rodillas —ordenó, con una seguridad que nunca había mostrado.

Ella lo hizo, sumisa, mientras le bajaba el pantalón y sacaba su pija. Su lengua fue cálida, húmeda, obediente, lamiendo desde la punta hasta la base. Se lo tragó entero con una habilidad inesperada, mamandolo, haciendo que David gimiera con los ojos cerrados, sujetándola del cabello.

Después de unos minutos, él la hizo girar y la colocó en cuatro en el sofá. La penetró por detrás, duro por su concha húmeda, tomándola de las caderas con fuerza. Cada embestida de su pija era una mezcla de revancha y deseo acumulado. Ella gemía, ya sin orgullo, pidiéndole más, arqueando la espalda mientras sus tetas se balanceaban con violencia.

—¿Así te gusta, Valeria? —jadeó él—. ¿Así de duro?

—Sí... ¡más fuerte! —gritó ella.

La giró, la hizo montar sobre él. Ella cabalgó su pija como una experta, dejándose caer con fuerza, una y otra vez, la tetas rebotando frente a su cara. David se las agarró con ambas manos y las lamió, y chupo desesperado, mientras sentía cómo su concha lo apretaba con cada movimiento.

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Finalmente, cuando sintió que no podía más, la tumbó, le abrió las piernas y le metió la pija en la concha, profundo, bombeandola, hasta que se la sacó y le terminó sobre las tetas.

Ella jadeaba, agotada, rendida. Él la miró con una sonrisa triunfante.

—Nunca imaginé que terminarías como puta, así… cubierta de mí.

Valeria le devolvió la mirada, mordiendo su labio.

—Ni yo… pero no te voy a mentir. Lo disfrute mucho.

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Habían pasado semanas desde aquel encuentro, pero David no podía sacarse a Valeria de la cabeza. La había contratado por esa noche, pero el sabor de su piel, sus gemidos, su cuerpo rendido… todo eso lo perseguía como un vicio nuevo.

La volvió a contactar. Esta vez no esperó respuesta: pagó el servicio diferencial y dejó un comentario directo:

> “Te quiero esta noche. Sin ropa interior. Lista para todo.”

A las 10:00 p.m., el timbre sonó. Abrió la puerta y ahí estaba ella, con un vestido rojo tan corto que parecía hecho para pecar.

—¿ Tú otra vez? —dijo, sonriendo con malicia—. Empiezas a gustarme.

David no respondió. Solo la estiró por la muñeca y la besó con hambre, con furia. Sus lenguas se entrelazaron como si el tiempo no existiera. La empujó contra la pared y le levantó el vestido. Ella no llevaba nada debajo, tal como había ordenado.

—Estás mojada ya —susurró, deslizándole dos dedos en su concha.

—Estaba pensando en ti en el auto... me toqué antes de llegar —le confesó ella al oído, jadeando.

Él la arrodilló frente al sillón y sacó su pija ya dura. Ella lo miró con esa mezcla de desafío y deseo. Se lo metió en la boca con ansias, y comenzó a mamarselo, tragándolo entero hasta el fondo. David la sujetó por la nuca y comenzó a marcar el ritmo.

—Así... —le dijo con voz grave—. Como la puta que se hacía la inalcanzable, la que me ignoraba.

Valeria gemía con la boca llena, moviendo la lengua, mirándolo con ojos húmedos mientras él temblaba de placer.

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No tardó en levantarla y cargarla hasta la cama. La dejó caer boca arriba, le abrió las piernas, le rozo la pija dura por la concha y la penetró con fuerza. Cogiendola con furia.Ella gritó de placer, aferrándose a las sábanas.

—¡Dios... David! ¡Así... no pares!

Ella se sentó sobre él, le agarro el pene, se lo metió en la concha y comenzó a cabalgarlo como una loca, rebotando con sus grandes tetas agitándose frente a su cara. Él las chupó, las apretó, la azotó suavemente mientras ella se movía cada vez más rápido sobre su pija.

Pero él quería más.

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—Ponte en cuatro —ordenó.

Valentina obedeció. David escupió sobre su mano, le lubricó el culo y comenzó a empujar su pija. Ella jadeó con una mezcla de dolor y éxtasis mientras lo sentía abrirle el culo, centímetro a centímetro.

—¡Ahhh... me estás partiendo! —gritó ella—. ¡Pero me encanta!

Él embestía sin piedad, sujetándola de las caderas, manoseandole la concha, nalgeandola, golpeando sus caderas contra sus nalgas mientras el cuarto se llenaba de gemidos, piel contra piel, placer crudo.

Cuando ya no pudo más, la sacó y se vino entre sus tetas, salpicándola con su leche mientras ella lo miraba con una sonrisa perversa.

—Esto... —dijo ella, limpiándose con un dedo y chupándolo—. Va a volverse un hábito.

David la miró, aún jadeando.

—Y pensar que antes ni me mirabas.

—Y ahora —susurró ella, sentándose sobre él una vez más—, soy toda tuya... cuando desees.

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