You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Mi Encuentro con Maria Becerra en el Gimnasio

Un día cualquiera estaba tirado en el sillón de casa, mirando la tele sin ganas de nada. De repente en los publicidades aparece el anuncio: - "¡María Becerra llega a Santa Fe! La Nena de Argentina estará unos días en la ciudad. Entradas ya a la venta para el recital” -.

Me quedé duro al toque. Soy re fan de ella, no solo por la música: me encanta demasiado el cuerpo que tiene. Las tetas operadas, grandes, paradas. Y el culo… un culo gordo, de esos que se hacen en el gym a puro sentadillas y peso muerto. Pensé en ir al recital, pero el lugar quedaba re lejos y no tenía con quién ir, así que lo dejé pasar.

Al día siguiente, como siempre, me mandé al gym. Siempre voy a uno medio perdido en las afueras de Santa Fe porque es tranqui, casi no va gente y uno puede entrenar sin que lo jodan. Cuando llegué estaba vacío: solo el dueño, el Colo, un loco grandote que siempre está limpiando las barras.

- Che Colo, ¿qué pasa? ¿Se murió alguien? ¿Por qué no hay nadie? - le pregunté.

- Ni idea, amigo. No vino nadie hoy. Parece que se asustaron con la lluvia de anoche. Tenés el lugar para vos solo, disfrutalo. -

Me puse re contento. ¡Todo el segundo piso para mí! Subí, me cambié y arranqué tranqui: calentamiento en la cinta, pecho, hombros, algo de bíceps. Estaba en la mía, sudando lindo, cuando escucho al Colo subiendo con alguien.


- Acá arriba tenemos las pesas libres, las máquinas de polea, todo re completo y sin gente… ideal para concentrarte. - Pensé que era un nuevo socio.

Cuando asomaron, casi me caigo de la barra. Era ella. María Becerra en persona, con leggings negros pegaditos y una remerita deportiva que le marcaba las tetas operadas. El pelo negro atado en una cola alta y esa sonrisa canchera.

Mi Encuentro con Maria Becerra en el Gimnasio

El Colo me ve y dice: - ¡Mirá, justo él! Este es uno de los fijos. Te presento a María, está de paso y quería un lugar tranquilo para entrenar -

Me acerqué nervioso, con la mano temblando un poco. - Hola, María. ¿Qué hacés? Soy… re fan tuyo. Este gym es una joya, tranqui, nadie te jode. -

Me miró fijo a los ojos, con esa mirada que te desarma. - Hola, lindo. Sí, parece re piola. Me encanta encontrar lugares así. - Ese acento porteño suave me mató. Sentí que se me paraba al toque debajo del short. Le solté la mano rápido, me di vuelta y seguí con las pesas para que no me viera el bulto.

El Colo se fue para abajo y tiró - Los dejo, entrenen tranqui. Cualquier cosa me gritan. - Y nos quedamos los dos solos en el segundo piso.

Yo trataba de concentrarme, pero ella empezó a estirarse y cada movimiento le marcaba más el culo. De repente, sin decir nada, se sacó la remerita y los leggings. Quedó en corpiño deportivo negro y una tanguita mínima.

- Uff, qué calor hace acá arriba -, dijo como si nada, pero mirándome de reojo. Yo ya estaba que explotaba, pero me mordí la lengua.

Al rato se me acercó, toda sudada y con una sonrisa picante. - Che, ¿me ayudás con un ejercicio? No quiero hacerme la canchera y lastimarme. -

- Obvio, decime qué querés -

- Sentadillas profundas. Necesito que me agarres la cintura para no caerme. Pero primero… sacate la remera y el short, quedate en bóxer. Es para tener más movilidad, ¿viste? La ropa se pega con el sudor y te frena. -

Me quedé medio boludo, pero le hice caso. Me saqué todo menos el bóxer. Mi pija estaba dura como palo, marcándose horrible. Ella lo miró, sonrió de costado pero no dijo nada. - Dale, ponete atrás mío. Agarrame de la cintura y bajamos juntos. -

Me pegué atrás, las manos en su cintura finita. Uno… dos… diez sentadillas. En la décima ella se pegó más y sentí ese culo gordo rozándome la pija. - Mmm, qué rico se siente -, murmuró bajito. Seguimos y cada bajada era un roce más fuerte, su orto apretándome la verga. Yo ya estaba al límite.

De golpe se paró. - Esperá un toque - Se dio vuelta, se sacó el corpiño y dejó caer sus tetas perfectas, con los pezones duros. Después se bajó la tanguita y quedó en bolas. - No te hagas el tímido, sacate el bóxer vos también. Libertad total para entrenar, ¿o no?. -

Me lo bajé en dos segundos. Mi pija saltó, gruesa y parada. - ¡La concha de tu madre! Qué pija zarpada tenés -, soltó riéndose. - Ahora ayudame con un ejercicio para bajar el estrés. -

- ¿Cuál? -, pregunté con la voz rota.

- Primero acostate en esa colchoneta - Me tiré boca arriba. Ella se arrodilló al lado mío, me miró fijo y dijo - Ahora arranca el entrenamiento posta -.

Se agachó y me la chupó entera. La lengua caliente recorriendo la cabeza, la saliva cayendo, la boca succionando fuerte. - Mmm, qué rica pija tenés, loco -, murmuraba entre chupadas. Yo le agarré el pelo. - ¡Pará, María, me vas a matar así! -

- Shh, bajá la voz, que el Colo nos escucha y se arma quilombo -. Siguió chupandomelá, metiéndosela hasta la garganta, las tetas rozándome las piernas.

Para alargar el juego, me hizo parar y nos fuimos a una máquina de poleas. - Usemos esto para algo más divertido -, dijo con picardía.

Me ató las manos flojo con una correa de la máquina, como si fuera un juego de Bondage Light (Inmovilizar a la otra persona sin llegar a extremos dolorosos).

- Ahora sos mío. - Se arrodilló de nuevo y siguió chupando, pero esta vez más lento, lamiendo los huevos, subiendo por el tronco. - Te voy a torturar un rato, lindo. No te vengas todavía -

Yo tiraba de las correas, gimiendo bajito. - ¡Por favor, María, soltame... que te quiero tocar! - Ella rió: - No, aguantá. Mirá cómo te la chupo. - Su boca iba y venía, saliva goteando por mi pija, mientras sus manos me masajeaban los huevos.

Después de unos minutos eternos, me soltó y cambiamos roles. - Ahora dame vos a mí -, ordenó. La acosté en un banco de pesas, le abrí las piernas y me tiré a chuparle la concha. Estaba re mojada, el clítoris hinchado. Lamí despacio, metiendo la lengua adentro, chupando los labios.

- ¡Ah, sí, loco! Chupame bien esta conchita -, gemía ella, agarrándome la cabeza. Metí dos dedos mientras lamía, curvándolos para tocarle el punto G. - ¡Me volvés loca! ¡No pares! - Su cuerpo se arqueaba, sudando, y se corrió en mi boca, los jugos chorreando. - ¡Me vengo, pendejo! -

Después se subió encima, agarró mi pija y se la metió de una. - ¡Ah, la puta madre! Qué gruesa está -, gimió bajito. Empezó a saltar, las tetas rebotando como locas. Yo le agarraba el culo y empujaba para arriba. - Estás re apretadita, María… me volvés loco. -

- ¡Dame duro, loco! Pero sin hacer ruido. - Para variar, la levanté y la puse contra una pared de espejos. La besé con lengua mientras le metía la pija de nuevo en la concha, embistiendo lento pero profundo.

- Mirate en el espejo, qué puta linda sos -, le dije. Ella miró nuestro reflejo: - ¡Sí, mirá cómo me cogés! Me encanta verte la cara de caliente. - Le chupé el cuello, mordisqueando, mientras mis manos apretaban sus tetas. - Tus tetas son una bomba… las quiero morder. - Pellizqué los pezones y ella soltó un gemido ahogado.

Se puso en cuatro, el culo gordo levantado. - Metémela por atrás, dale. - Se la metí en la concha de un empujón. Mojada, caliente, apretándome. Embestía fuerte, mis huevos chocando contra su orto. Le agarré las tetas, pellizcando los pezones. - ¡Más fuerte, cogeme como puta! - jadeaba ella.

Le di palmadas en el culo hasta dejarlo colorado. - Sos una diosa, pero también una zorra re puta -, le dije.

- Obvio, me encanta que me cojan desconocidos como vos. - Me besó con lengua mientras le daba.

La puse en misionero, sus piernas en mis hombros. Le chupé las tetas mientras la bombeaba. - Tus tetas son una locura… tan grandes y firmes -. Ella me arañaba la espalda. - ¡Me vengo! ¡No pares! - Se corrió temblando, apretándome la pija con la concha.

Después me miró con cara de urgencia. - No tengo mucho tiempo, pero quiero tu lechita. Adentro del culo, dale -

Nos paramos contra los espejos. Me escupió en la mano para lubricar y se la metí despacio en el orto. - ¡Sí, ahí! Rompeme el culo. - La besé mientras la embestía rápido. Ella empezó a gemir más fuerte. - ¡Me corro otra vez…!. - No aguanté más y me vine adentro, sintiendo el calor de su culo apretándome.

No terminó ahí. Se arrodilló y me chupó la pija todavía sucia, lamiendo todo. - Dame más, quiero más lechita. - Me volvió a poner duro en dos minutos y me corrí en su boca. Ella se esparció el semen por las tetas, la cara y el culo, frotándolo como si fuera crema. - Mirá qué puta soy. -

Jadeando, me dijo -Tenés la pija más grande y rica con la que me cogieron en mi vida. -

- Y vos sos una puta insaciable. -

- Sí, me encanta que me cojan desconocidos. Hoy te tocó a vos. -

- Un gustazo. ¿Repetimos? -

- Obvio. Mañana después del show te escribo y nos desestresamos otra vez -

Nos vestimos rápido. Ella bajó primero. Yo me quedé un rato sentado, todavía temblando. Mañana me cojo de nuevo a la puta de María Becerra.

0 comentarios - Mi Encuentro con Maria Becerra en el Gimnasio