Como ya sabéis, mi novia se llama Alicia y yo me llamo Izan. Ella tiene 26 y yo 27 años. Alicia es bajita (no llega a 1'60), guapa y tiene buen cuerpo, con unas tetas bonitas y un culazo como podéis ver en nuestro perfil.
Un día quedamos para cenar y tomar algo por la noche, llevábamos días sin hacerlo así que había ganas. En esa ocasión ella se puso un vestido marrón veraniego que tiene y que se le pega, marcándose su cintura, y su culazo. Debajo llevaba un tanga fino que se perdía dentro de su culo.
Mientras tomábamos un par de copas, nos fuimos calentando. Le dije que está muy buena, que tiene un culazo y que me la follaría ahí mismo delante de toda la gente. Ella sonrío complacida y visiblemente caliente, se quitó uno de sus tacones, dejando al aire uno de sus pies tan cuidadosamente sexys y estiró su pie por debajo de la mesa hasta mi bragueta. Con su pie acarició mi polla, ya erecta, lo que nos calentó más a ambos. Estuve a punto de bajarme la bragueta, pero en vez de eso le dije que viniese a mi lado a sentarse.
Cuando se fue a sentar puse mi mano debajo de su culo para agarrárselo al sentarse. Era algo a lo que ya la tenía acostumbrada, a manosear su culo. Nos gustaba y nos ponía a ambos. Pedí la última copa para terminar de calentarnos y seguir a gusto. Finalmente, metí mi mano, ya liberada de debajo de su culo, en su vestido, acariciando su coño. Al principio intentó decir que no, pero le ganó la calentura y sus ganas de follar, y dejó como le acariciaba su coño por encima de las bragas.
Una vez terminadas las copas, estando ambos calientes nos fuimos de allí andando, pasé todo el camino hasta el coche con mi mano en su culo por encima del vestido, a lo que ella encantada. Fruto de mi calentura, le subí un poco el vestido, dejando ver un poco de sus nalgas. Tiene un culazo y me encanta que se lo vean. A ella le dio un poco de vergüenza y fue a bajarse el vestido diciendo que le podían ver, yo le paré las manos y le dije que mejor, que tenía un culo de exhibición. Ella se rio, y trató de hacer como que no estaba de acuerdo, pero la verdad es que le ponía que vieran y deseasen su culo, así que finalmente se convenció, mientras seguía acariciándoselo y agarrándoselo todo el camino.
Cuando llegamos al coche, no estaba lo suficientemente despejado para llegar a casa después de haber tomado. Igualmente, ninguno quería terminar la fiesta, por muy calientes que estuviéramos para terminarla ahí. Por lo que, la convencí para conducir a un parque y estar un rato más los dos solos ahí. Compramos un litro de cerveza y fuimos al parque en coche. Mientras tenía todo el trayecto mis manos en su entrepierna acariciando su coño por dentro del vestido, pero por fuera del tanga.
Al bajar del coche, fuimos a una zona del parque, en la que estuviéramos solos y tranquilos para beber. Con el alcohol, a eso de la 1 de la madrugada, nos volvió a subir la calentura. Estando solos, en una zona apartada del parque, empecé a manosear y coger bien fuerte su culo por debajo del vestido. Se dejaba fruto del deseo, por lo que pasé a frotar su coño otra vez. Poco a poco fui haciéndoselo más rápido por encima del tanga, ella sólo gemía. Quería que le hablase, así que le dije:
-Yo: Eres una zorra eh
-Alicia: sí -exhaló-.
-Yo: mucha gente ha podido ver antes tu culazo de zorra, ¿te gusta puta?
-Alicia: me ha encantado.
Le dije que se levantase el vestido, dejando su culo totalmente al aire esta vez. Se puso de pie y lo hizo, dejándome ver su culazo. Estábamos bien calientes. Le dije que se pusiese de pie detrás del banco y se apoyase. Ella dudó y le dije que lo hiciese, con el vestido levantado. Me preguntó dudosa que qué le iba a hacer, y le dije que sólo le iba a dar su merecido.
Lo hizo, se apoyó contra el banco empinando su culo desnudo, ofreciéndomelo. Entonces le pegué un manotazo bien fuerte en el culo que resonó en el parque. A ella le encantó, así que lo hice un par de veces más, antes de darle la vuelta y besarla, mientras el vestido se bajaba porque ya no lo sujetaba. Me la quería follar ahí mismo.
A Alicia le dieron muchas ganas de mear en ese momento y dijo que no sabía qué hacer. Le dije que mease y no se preocupase porque no había nadie, era tarde. Había meado bebida en la calle alguna otra vez. Además, era una de la cosa que le ponía, así que nos fuimos detrás de una pared, se levantó el vestido, se quitó las bragas y se puso en cuclillas. La imagen me encantó, siempre había querido verla así, y ella misma también. Meando, con su coño y su culo al aire, y bien empapado. Yo también me estaba meando, y pensé que era buen momento para aprovechar, sobre todo estando Alicia al lado, quizá recibiría un premio mayor. Me puso casi a su altura y saqué mi polla empalmada, que no dejó de mirar mientras se formaba su propio charco de meado a su alrededor. Estaba hipnotizada mirándomela. Yo también empecé a mear, y tampoco dejaba de mirar su coño y su charco. Alicia terminó de mear pero se quedó en cuclillas, cerca de mi polla viendo como meaba, le dije que se animase y la cogiese mientras meaba, pero no reaccionó. Se lo volví a pedir, y esta vez hizo caso. Cogió mi polla con firmeza, es de unos 16cm de largo, venosa y con el glande descubierto, y bien dimensionada, con unos 5cm de grosor, sobre todo cuando se acerca a mi glande. Además, se me marcan las venas, lo que la hace aun más atractiva.
Le pregunté que si le gustaba, a lo que respondió con un “ajá”. Una vez terminé de mear, con mi polla goteando, se la metió ella sola en la boca. Acababa de cumplir dos fantasías, verla mear así en la calle y follar en la calle, y reviví mi fantasía de ver como se llevaba mi polla meada a la boca (como ya contamos en otro relato). Empezó a chuparla con ganas desde el principio, se ve que estaba tanto o más excitada que yo. Me estaba chupando la polla con ganas, en cuclillas al aire libre, y con el coño fuera, mientras todavía salían algunas gotas de meado en su boca. Era para verlo. Le dije que si sabía lo que estaba haciendo, se sacó mi polla de la boca, dejó la lengua fuera y me miró, con mi polla en su lengua dijo que sí. Le dije que era una auténtica puta. Con orgullo siguió a lo suyo, y por suerte para mí, lo suyo era chuparme la polla hasta el punto de que parecía que le daba más placer que a mí, por lo mucho que le excitaba a ella sola verse así haciéndolo. Llevé mi polla contra sus mofletes por dentro de su boca para que la saborease mejor, se la pasé por toda la lengua, y luego cogí su cabeza y empecé a llevarla yo contra mi polla follándole la boca.
Estaba punto de correrme, pero no quería que terminase la fiesta, además siempre había querido probar su coño así y no iba a desperdiciar la oportunidad. Le dije que parase, le pegué con mi polla en lacara, mientras me miró encantada, y le pedí que se levantase. Nos besamos apasionadamente, con sabor a mi polla en su boca, y le dije:
Yo: Está buena.
-Alicia: ¿Sí? -preguntó excitada-
-Yo: claro.
Seguí tocando su coño mojado por su meada y su excitación. Le dije que quería probar su coño, lo que le encantó, por lo que me agaché y lo saboreé. Lo chupé entero mientras ella solo gemía y decía “chupa, chupa, chúpame el coño”.
No quería que se corriese. Pronto me detuve, me levanté y la besé para que se juntasen en nuestras bocas el sabor de nuestras meadas y genitales.
Le dije que me estaba encantando lo que estábamos haciendo y que volviésemos al banco, a unos pocos metros. Lo hizo sin dudar y sin ponerse el tanga, cosa extraña en ella, debía estar más excitada que nadie en el mundo para no ponérselo, sabiendo como era ella. Por un momento, recapacité, tenía planes para ese tanga y le dije que se subiera. Quería que ese tanga se empapase para quedármelo con su olor y sabor. Me hizo caso y se lo subió.
Desde que yo había empezado a mear, estábamos tan calientes que no nos habíamos preocupado ni siquiera de mirar a nuestro alrededor por si había gente.
Ya en el banco, eché un gran trago de cerveza. Quería terminarla para continuar la fiesta sexual que estábamos montando. Se la ofrecí, bebió y nos la terminamos. Le quité el tanga otra vez y le empecé a masturbar su coño desnudo. Le quise levantar el vestido, dejando su culo con el asiento. No quiso diciendo que le daba asco tocar el asiento con su culo. Le dije que lo hiciese como una buena zorra, mientras que aceleré el tocamiento de su coño. Ya pude quitarle el vestido.
Le dije que me la quería follar, que se sentase encima de mí, de espaldas, para ver su culo botando, y cogerle del pelo. Saqué mi polla, se puso de pie, dándome la espalda, se levantó el vestido hasta la cintura, me la cogió, fue agachándose mientras la llevaba a la entrada de su coño y se sentó lentamente, mientras notaba como entraba mi polla en su húmedo, cálido y apretado coño. Finalmente se sentó por completo, soltando un gemido. Nos encantaba. Empezó a saltar y a gemir en alto. Le daba igual que me la estuviese follando en la calle, no evitaba los gemidos. Quería una polla dentro y la tenía, haciéndola disfrutar. Mientras saltaba, le tiré con fuerza del pelo, echando su cabeza hacia atrás, no sólo no le importó, sino que le encantó y siguió botando en mi polla.
Le dije que era toda una zorra, y que cualquiera se la follaría. Me dijo que sí. Le dije que siguiese saltando en mi polla como la puta asquerosa que es. Estaba encantada gimiendo mientras la insultaba, pidiéndome más. “Háblame de pis”, dijo. Paró de saltar en mi polla y se la dejó dentro, me vino bien, porque si no habría terminado ahí mismo y quería seguir follándomela sin fin, no quería que terminase nunca. Le respondí que qué quería que le dijera, si era una zorra que había meado con todo su coño al aire libre en un parque, mientras chupaba una polla que escupía gotas de meada en su boca. Le encantaba, estaba ida. Le dije que la próxima vez le meaba entera, la cara, la boca, las tetas, el culo y el coño. Le pedí que se girase ,y le escupí en la cara y en la boca. Fue una agradable sorpresa para ella, se tragó el de la boca y se dejó el de la cara cayendo.
Le pedí que se inclinase hacia adelante para ver mejor su culo mientras me la follaba, cosa que hizo y volvió a saltar. Escuché voces a lo lejos, pero no hice caso, y ella, ensimismada en la follada que estaba recibiendo, ni se enteró mientras volvía a gemir por todo lo alto.
-Yo: ¿Qué eres?
-Alicia: una puta.
-Yo: ¿qué?.
-Alicia: una puta, soy una puta, soy una puta… -respondía en voz alta, repitiéndole, mientras no dejaba de saltaren mi polla y esbozaba algún gemido-.
Le dije que no parase de repetirlo. Era mi puta, y me encantaba, pero esa noche se estaba convirtiendo en la guarra sin límites que quería.
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