Hace tiempo hice un post contando una experiencia que tuve hace años con la novia de mi mejor amigo
https://www.poringa.net/posts/relatos/5370807/Me-cogi-a-la-novia-de-mi-mejor-amigo.html
Desde entonces, mi amistad con Lucas había seguido igual y él jamás se había enterado de lo ocurrido con Sofi. Sin embargo, hace unos días ocurrió algo inesperado.
Lucas y Sofi habían organizado una fiesta íntima en su casa, solo con unos pocos invitados cercanos. Llegué al atardecer, el aroma de la barbacoa flotando en el jardín trasero, donde la música suave y las luces tenues creaban un ambiente relajado. Lucas me recibió con un abrazo fuerte, su risa resonando como siempre, y Sofi, más hermosa que nunca con un top ajustado y shorts que acentuaban sus curvas, me besó en la mejilla con una calidez que revivió recuerdos prohibidos.
La noche transcurrió entre conversaciones animadas, cervezas frías y copas de vino que fluían sin parar. Hablamos de todo: trabajos, viajes, y poco a poco, las confesiones se volvieron más personales. Sofi se sentaba cerca de mí en el sofá del salón, su pierna rozando la mía accidentalmente, mientras Lucas contaba historias exageradas que nos hacían estallar en carcajadas. El alcohol nos soltaba las lenguas y aflojaba las inhibiciones; los invitados, solo cuatro parejas más, se despidieron uno a uno alrededor de la medianoche, dejando la casa en un silencio cómodo, solo interrumpido por el eco de la música baja.
Quedamos los tres solos en el salón, no recuerdo mucho de lo que pasó, pero antes de que me diera cuenta, Sofi nos estaba besando a los dos, alternando entre nuestras bocas con una urgencia que nos dejó jadeando. Sus labios eran suaves y exigentes, lenguas entrelazándose en besos húmedos y profundos. Nos quitamos la ropa a tirones, camisetas volando al suelo, pantalones desabrochados con prisa. Sofi se arrodilló frente a nosotros en la alfombra gruesa del salón. Tomó nuestras pollas en sus manos, la mía palpitante y la de Lucas ya dura como piedra.
—Quiero probaros a los dos —gimió, lamiendo primero la punta de mi verga con la lengua plana, saboreando el pre-semen salado que goteaba. Luego pasó a Lucas, chupando su glande hinchado con succiones profundas, metiéndosela hasta la garganta hasta que él gruñó y enredó los dedos en su pelo. Alternaba con maestría, mamando una polla mientras masturbaba la otra, saliva goteando por su barbilla y cayendo sobre sus pechos. —Mmm, qué ricas están —murmuró, tragando mi polla entera, su garganta apretándome como un puño caliente mientras masajeaba las bolas de Lucas.
Lucas empujó sus caderas, follando su boca con embestidas cortas. —Joder, qué puta eres, Sofi —dijo, su voz ronca de placer. Yo no aguanté más y froté mi polla contra su mejilla, sintiendo el calor de su piel mientras ella succionaba a Lucas. Cambiamos; ella se metió mí verga hasta el fondo, sus ojos lagrimeando de esfuerzo mientras me miraba fijamente.
El placer era intenso, el alcohol amplificando cada lamida y succión hasta que mis rodillas flaquearon. Sofi se levantó, jadeando, y nos empujó hacia el sofá. Se puso a cuatro patas, su culo redondo expuesto tentadoramente, el coño ya empapado brillando bajo la luz tenue. —Ven, Lucas, siéntate aquí —ordenó, guiándolo al borde del sofá. Él obedeció, su polla erguida frente a su rostro.
Sofi abrió la boca y se la tragó de nuevo, chupando con ganas mientras movía la cabeza arriba y abajo, sus labios estirados alrededor de su grosor. Yo me posicioné detrás de ella, escupiendo en su coño para lubricarlo, y presioné la punta de mi polla contra su entrada húmeda. Empujé de una vez, enterrándome hasta las bolas en su calor apretado. —¡Ah, sí! —gritó ella alrededor de la polla de Lucas, el sonido amortiguado pero excitante.
Embestí con fuerza, mis caderas chocando contra su culo con palmadas sonoras, mientras ella mamaba a Lucas sin pausa, su lengua girando alrededor de su eje. Él la sujetaba por el pelo, guiando sus movimientos, follando su boca como si fuera su coño. Sofi gemía con cada penetración mía, su cuerpo temblando entre nosotros, el sudor comenzando a perlar su espalda. Aceleré el ritmo, clavándome profundo en su coño, sintiendo cómo se contraía alrededor de mi verga, sus jugos resbalando por mis bolas.
—Más duro, fóllame más —suplicó cuando sacó la polla de Lucas por un segundo, antes de volver a tragársela. Lucas gruñó, empujando para que se la metiera toda, su glande golpeando el fondo de su garganta.
Después de unos minutos de esa follada salvaje, Sofi se apartó jadeando, saliva y pre-semen brillando en sus labios. —Quiero cambiar —dijo, su voz ronca de deseo. Empujó a Lucas para que se recostara en el sofá, y se subió a horcajadas sobre él, guiando su polla gruesa a su coño empapado. Bajó con un gemido largo, su culo rebotando mientras lo cabalgaba, tetas saltando con cada movimiento.
Yo me acerqué, mi polla dura frente a su rostro. Sofi me miró con ojos lujuriosos y abrió la boca, chupándome con avidez mientras montaba a Lucas. Su lengua lamía mi eje, succionando la punta con fuerza, mientras sus caderas giraban en círculos sobre la polla de su novio. —Joder, qué bueno —jadeó Lucas desde abajo, sujetándola por las caderas y embistiendo hacia arriba, su polla desapareciendo en su coño una y otra vez.
Sofi mamaba mi verga como una experta, metiéndosela hasta la garganta mientras rebotaba, saliva goteando por mi longitud. Yo enredé los dedos en su pelo, follando su boca con embestidas controladas, sintiendo el calor de su lengua y el roce de sus dientes. El salón se llenaba de sonidos obscenos: el chapoteo de su coño contra Lucas, los gemidos ahogados alrededor de mi polla, el crujir del sofá bajo nuestros cuerpos.
Pero Sofi quería más, siempre más. —Métemela por el culo ahora — me susurró con voz de puta en celo. Escupí en su agujero apretado para lubricarlo y presioné la punta contra él, empujando lento al principio. Sofi gimió alto cuando la cabeza entró, su recto estirándose alrededor de mi grosor. —¡Sí, así! —gritó, bajando más sobre la polla de Lucas para abrirse mejor. Empujé del todo, enterrándome en su culo caliente y estrecho, sintiendo cómo la polla de Lucas me rozaba a través de la delgada pared interna.
Embestimos en tándem, yo clavándome en su culo con golpes secos y profundos, Lucas apuñalando su coño desde abajo con fuerza. Sofi estaba atrapada entre nosotros, su cuerpo temblando con cada doble penetración, tetas balanceándose salvajemente. —¡Cojanme, cabrones, no paren! —exigía, clavando las uñas en los hombros de Lucas mientras yo la azotaba el culo con palmadas que dejaban marcas rojas.
El ritmo se volvió frenético, sudor cubriendo nuestros cuerpos, gemidos guturales llenando la habitación. Sentí el clímax acercándose, mi polla hinchándose en su recto. Lucas gruñó primero, sus embestidas volviéndose erráticas. —Me corro —anunció, y con un rugido se vació dentro de su coño, chorros calientes de semen llenándola.
Eso la empujó al borde; Sofi se corrió con un grito ahogado, su ano contrayéndose alrededor de mi verga, chorros de jugos empapando las bolas de Lucas. No pude aguantar más: embestí una última vez y eyaculé profundo en su culo, mi semen inundándola mientras su cuerpo se sacudía en espasmos. Permanecimos unidos así unos segundos, jadeando, antes de separarnos lentamente, semen goteando de sus orificios hinchados.
Nos derrumbamos en el sofá, exhaustos y satisfechos, el salón oliendo a sexo y alcohol. Sofi se acurrucó entre nosotros, una sonrisa lasciva en los labios. —Esto era lo que necesitaba —murmuró, besándonos a ambos. No hubo remordimientos, solo lujuria pura que nos unía en ese momento fugaz pero inolvidable. La noche terminó con risas suaves y promesas de más, sabiendo que el lazo prohibido se había fortalecido para siempre.
https://www.poringa.net/posts/relatos/5370807/Me-cogi-a-la-novia-de-mi-mejor-amigo.html
Desde entonces, mi amistad con Lucas había seguido igual y él jamás se había enterado de lo ocurrido con Sofi. Sin embargo, hace unos días ocurrió algo inesperado.
Lucas y Sofi habían organizado una fiesta íntima en su casa, solo con unos pocos invitados cercanos. Llegué al atardecer, el aroma de la barbacoa flotando en el jardín trasero, donde la música suave y las luces tenues creaban un ambiente relajado. Lucas me recibió con un abrazo fuerte, su risa resonando como siempre, y Sofi, más hermosa que nunca con un top ajustado y shorts que acentuaban sus curvas, me besó en la mejilla con una calidez que revivió recuerdos prohibidos.
La noche transcurrió entre conversaciones animadas, cervezas frías y copas de vino que fluían sin parar. Hablamos de todo: trabajos, viajes, y poco a poco, las confesiones se volvieron más personales. Sofi se sentaba cerca de mí en el sofá del salón, su pierna rozando la mía accidentalmente, mientras Lucas contaba historias exageradas que nos hacían estallar en carcajadas. El alcohol nos soltaba las lenguas y aflojaba las inhibiciones; los invitados, solo cuatro parejas más, se despidieron uno a uno alrededor de la medianoche, dejando la casa en un silencio cómodo, solo interrumpido por el eco de la música baja.
Quedamos los tres solos en el salón, no recuerdo mucho de lo que pasó, pero antes de que me diera cuenta, Sofi nos estaba besando a los dos, alternando entre nuestras bocas con una urgencia que nos dejó jadeando. Sus labios eran suaves y exigentes, lenguas entrelazándose en besos húmedos y profundos. Nos quitamos la ropa a tirones, camisetas volando al suelo, pantalones desabrochados con prisa. Sofi se arrodilló frente a nosotros en la alfombra gruesa del salón. Tomó nuestras pollas en sus manos, la mía palpitante y la de Lucas ya dura como piedra.
—Quiero probaros a los dos —gimió, lamiendo primero la punta de mi verga con la lengua plana, saboreando el pre-semen salado que goteaba. Luego pasó a Lucas, chupando su glande hinchado con succiones profundas, metiéndosela hasta la garganta hasta que él gruñó y enredó los dedos en su pelo. Alternaba con maestría, mamando una polla mientras masturbaba la otra, saliva goteando por su barbilla y cayendo sobre sus pechos. —Mmm, qué ricas están —murmuró, tragando mi polla entera, su garganta apretándome como un puño caliente mientras masajeaba las bolas de Lucas.
Lucas empujó sus caderas, follando su boca con embestidas cortas. —Joder, qué puta eres, Sofi —dijo, su voz ronca de placer. Yo no aguanté más y froté mi polla contra su mejilla, sintiendo el calor de su piel mientras ella succionaba a Lucas. Cambiamos; ella se metió mí verga hasta el fondo, sus ojos lagrimeando de esfuerzo mientras me miraba fijamente.
El placer era intenso, el alcohol amplificando cada lamida y succión hasta que mis rodillas flaquearon. Sofi se levantó, jadeando, y nos empujó hacia el sofá. Se puso a cuatro patas, su culo redondo expuesto tentadoramente, el coño ya empapado brillando bajo la luz tenue. —Ven, Lucas, siéntate aquí —ordenó, guiándolo al borde del sofá. Él obedeció, su polla erguida frente a su rostro.
Sofi abrió la boca y se la tragó de nuevo, chupando con ganas mientras movía la cabeza arriba y abajo, sus labios estirados alrededor de su grosor. Yo me posicioné detrás de ella, escupiendo en su coño para lubricarlo, y presioné la punta de mi polla contra su entrada húmeda. Empujé de una vez, enterrándome hasta las bolas en su calor apretado. —¡Ah, sí! —gritó ella alrededor de la polla de Lucas, el sonido amortiguado pero excitante.
Embestí con fuerza, mis caderas chocando contra su culo con palmadas sonoras, mientras ella mamaba a Lucas sin pausa, su lengua girando alrededor de su eje. Él la sujetaba por el pelo, guiando sus movimientos, follando su boca como si fuera su coño. Sofi gemía con cada penetración mía, su cuerpo temblando entre nosotros, el sudor comenzando a perlar su espalda. Aceleré el ritmo, clavándome profundo en su coño, sintiendo cómo se contraía alrededor de mi verga, sus jugos resbalando por mis bolas.
—Más duro, fóllame más —suplicó cuando sacó la polla de Lucas por un segundo, antes de volver a tragársela. Lucas gruñó, empujando para que se la metiera toda, su glande golpeando el fondo de su garganta.
Después de unos minutos de esa follada salvaje, Sofi se apartó jadeando, saliva y pre-semen brillando en sus labios. —Quiero cambiar —dijo, su voz ronca de deseo. Empujó a Lucas para que se recostara en el sofá, y se subió a horcajadas sobre él, guiando su polla gruesa a su coño empapado. Bajó con un gemido largo, su culo rebotando mientras lo cabalgaba, tetas saltando con cada movimiento.
Yo me acerqué, mi polla dura frente a su rostro. Sofi me miró con ojos lujuriosos y abrió la boca, chupándome con avidez mientras montaba a Lucas. Su lengua lamía mi eje, succionando la punta con fuerza, mientras sus caderas giraban en círculos sobre la polla de su novio. —Joder, qué bueno —jadeó Lucas desde abajo, sujetándola por las caderas y embistiendo hacia arriba, su polla desapareciendo en su coño una y otra vez.
Sofi mamaba mi verga como una experta, metiéndosela hasta la garganta mientras rebotaba, saliva goteando por mi longitud. Yo enredé los dedos en su pelo, follando su boca con embestidas controladas, sintiendo el calor de su lengua y el roce de sus dientes. El salón se llenaba de sonidos obscenos: el chapoteo de su coño contra Lucas, los gemidos ahogados alrededor de mi polla, el crujir del sofá bajo nuestros cuerpos.
Pero Sofi quería más, siempre más. —Métemela por el culo ahora — me susurró con voz de puta en celo. Escupí en su agujero apretado para lubricarlo y presioné la punta contra él, empujando lento al principio. Sofi gimió alto cuando la cabeza entró, su recto estirándose alrededor de mi grosor. —¡Sí, así! —gritó, bajando más sobre la polla de Lucas para abrirse mejor. Empujé del todo, enterrándome en su culo caliente y estrecho, sintiendo cómo la polla de Lucas me rozaba a través de la delgada pared interna.
Embestimos en tándem, yo clavándome en su culo con golpes secos y profundos, Lucas apuñalando su coño desde abajo con fuerza. Sofi estaba atrapada entre nosotros, su cuerpo temblando con cada doble penetración, tetas balanceándose salvajemente. —¡Cojanme, cabrones, no paren! —exigía, clavando las uñas en los hombros de Lucas mientras yo la azotaba el culo con palmadas que dejaban marcas rojas.
El ritmo se volvió frenético, sudor cubriendo nuestros cuerpos, gemidos guturales llenando la habitación. Sentí el clímax acercándose, mi polla hinchándose en su recto. Lucas gruñó primero, sus embestidas volviéndose erráticas. —Me corro —anunció, y con un rugido se vació dentro de su coño, chorros calientes de semen llenándola.
Eso la empujó al borde; Sofi se corrió con un grito ahogado, su ano contrayéndose alrededor de mi verga, chorros de jugos empapando las bolas de Lucas. No pude aguantar más: embestí una última vez y eyaculé profundo en su culo, mi semen inundándola mientras su cuerpo se sacudía en espasmos. Permanecimos unidos así unos segundos, jadeando, antes de separarnos lentamente, semen goteando de sus orificios hinchados.
Nos derrumbamos en el sofá, exhaustos y satisfechos, el salón oliendo a sexo y alcohol. Sofi se acurrucó entre nosotros, una sonrisa lasciva en los labios. —Esto era lo que necesitaba —murmuró, besándonos a ambos. No hubo remordimientos, solo lujuria pura que nos unía en ese momento fugaz pero inolvidable. La noche terminó con risas suaves y promesas de más, sabiendo que el lazo prohibido se había fortalecido para siempre.
0 comentarios - Trío con la novia de mi mejor amigo