Ya llevábamos unos meses de relación. Daniela estudiaba fisioterapia y seguía siendo la “niña buena” para sus padres. Solo dos amigas sabían de mí.
Un viernes salimos a tomar. Cuando Daniela tomaba alcohol se encendía mucho más rápido. Esa noche, después de varias cervezas, ya alegres, nos subimos a la camioneta. Eran casi las 11 de la noche. La llevé cerca de su casa, pero me detuve una cuadra antes.
En el asiento delantero el manoseo se volvió intenso. Le levanté la blusa y le acaricié los pechos, pellizcándole los pezones hasta que se pusieron duros. Ella me tocaba el pene por encima del jean. De repente metió la mano dentro, me sacó la verga dura y empezó a masturbarme con fuerza. Luego se inclinó y me la chupó un rato, lamiendo la punta y metiéndosela en la boca con ganas mientras yo la agarraba del cabello.
Los besos se volvieron urgentes. Encendí el motor y avancé unas cuadras hasta una zona despoblada y oscura. Aparqué en la orilla y dejé la puerta del lado de la berma completamente abierta.
Nos pasamos al asiento trasero. La dominé rápido. Le quité el pantalón y la tanga despacio, bajándolos por sus piernas. Luego le saqué la blusa, dejándola solo en brasier. Ella quedó prácticamente desnuda, expuesta al aire fresco de la noche, mientras yo solo me bajé el pantalón y el bóxer hasta los muslos.
La acomodé acostada boca arriba y la arrastré hasta el borde del asiento trasero, dejando sus nalgas colgando. Le abrí las piernas de par en par en forma de V, con los pies hacia la carretera abierta.

( hoy solo imágenes de ella pero no de ese día, porque ese día no se tomaron fotos)
Me coloqué de pie entre la puerta abierta y el asiento. Empecé a penetrarla despacio, luego con más fuerza.
—Germán… me da miedo que pase alguien… —susurró nerviosa, mirando hacia la oscuridad.
—¿No te gusta mi verga, puta? —le dije mientras la penetraba profundo.
Ella jadeó, protestando entrecortada: —No… no me digas puta… no soy…
—¿Ah no? Entonces te lo saco. ¿No quieres que siga? —dije deteniéndome a medias, con solo la cabeza dentro, moviéndome apenas.
—¡No! No lo saques… por favor… sigue… —rogó, levantando las caderas desesperada para que entrara más—. No pares… me gusta… me gusta mucho…
—¿Seguro? Porque te estoy comiendo en la calle como a una puta barata, con la puerta abierta y las piernas abiertas para cualquiera que pase. ¿Eso te gusta, verdad?
Ella protestó más fuerte, pero su voz salía entre gemidos y jadeos: —Para… no digas eso… me da vergüenza… ¡ayyy! —gimió cuando empujé fuerte—. No soy una puta…
—¿No? ¿Y por qué estás tan mojada entonces? ¿Por qué me aprietas así? ¿Por qué me ruegas que no pare?
Ella jadeó más alto, ya sin control: —Es que… me da miedo… pero… no pares… por favor… me gusta… me gusta sentirte así… ¡ahhh!
De repente se escuchó una moto acercándose rápido. El ruido creció. La penetré profundo y me quedé quieto dentro de ella. La moto pasó a toda velocidad, el faro iluminó brevemente su cuerpo casi desnudo y sus piernas abiertas. Ella contuvo la respiración, temblando de miedo y placer, y soltó un gemido ahogado.
Cuando la moto se alejó, seguí follándomela con fuerza. Ella empezó a gemir más alto, participando activamente: movía las caderas al ritmo de mis embestidas, apretándome con las piernas.
—¿Quieres que siga llamándote puta? —le pregunté entre embestidas.
Ella, ya perdida en el placer, jadeó: —Sí… sí… llámame puta… soy… soy tu puta…
—¿Mi puta? ¿La puta de Germán?
—Sí… soy tu puta… ¡ayyy! ¡más fuerte!
Eso me llevó al límite. Eyaculé profundo dentro de ella, descargando todo mi semen mientras seguía dentro. Ella sintió el calor y el chorro llenándola y eso la hizo explotar: arqueó la espalda, apretó las piernas alrededor de mí y tuvo un orgasmo intenso, corriéndose fuerte mientras gemía: —¡Sí! ¡Me encanta sentir tu semen dentro… me gusta tanto!
Después quedó un minuto recostada en el asiento trasero, completamente desnuda, respirando agitada, con las piernas aún abiertas y mi semen escurriendo entre sus muslos. Parecía en shock por lo que acababa de pasar y por lo que había dicho. Luego reaccionó, se incorporó y empezó a vestirse rápido, todavía temblando.


Esa “niña buena” que estudiaba fisioterapia estaba cambiando rápido. Cada vez disfrutaba más del riesgo, de la humillación y de sentirse usada como mi puta. Ya no solo protestaba… ahora lo aceptaba y se corría con eso.
Cracks, estaba revisando por aquí y me topé con este relato que me dejó pensando:
https://m.poringa.net/posts/relatos/5368481/P5-Mas-cerca-de-los-cuernos-mi-esposa-se-confiesa.html
No digo que sea exactamente la misma historia… pero la descripción de la mujer, la forma en que se confiesa, los detalles de cómo empezó a abrirse con otros… muy probablemente es la misma mujer que yo conocí hace años. Una mujer que al principio era tímida, con una diferencia de edad grande conmigo, y que poco a poco se volvió muy sensual y abierta (las fotos que les mostré en mis capítulos anteriores son de cuando tenía 22-23).
Después de que lo nuestro terminó y ella se casó con otro, parece que siguió explorando ese lado que yo ayudé a despertar. Leerlo me dio un escalofrío fuerte… mezcla de nostalgia, morbo y un poco de celos.
¿Alguno lo leyó? ¿Les suena familiar o solo estoy loco? 😈
Un viernes salimos a tomar. Cuando Daniela tomaba alcohol se encendía mucho más rápido. Esa noche, después de varias cervezas, ya alegres, nos subimos a la camioneta. Eran casi las 11 de la noche. La llevé cerca de su casa, pero me detuve una cuadra antes.
En el asiento delantero el manoseo se volvió intenso. Le levanté la blusa y le acaricié los pechos, pellizcándole los pezones hasta que se pusieron duros. Ella me tocaba el pene por encima del jean. De repente metió la mano dentro, me sacó la verga dura y empezó a masturbarme con fuerza. Luego se inclinó y me la chupó un rato, lamiendo la punta y metiéndosela en la boca con ganas mientras yo la agarraba del cabello.
Los besos se volvieron urgentes. Encendí el motor y avancé unas cuadras hasta una zona despoblada y oscura. Aparqué en la orilla y dejé la puerta del lado de la berma completamente abierta.
Nos pasamos al asiento trasero. La dominé rápido. Le quité el pantalón y la tanga despacio, bajándolos por sus piernas. Luego le saqué la blusa, dejándola solo en brasier. Ella quedó prácticamente desnuda, expuesta al aire fresco de la noche, mientras yo solo me bajé el pantalón y el bóxer hasta los muslos.
La acomodé acostada boca arriba y la arrastré hasta el borde del asiento trasero, dejando sus nalgas colgando. Le abrí las piernas de par en par en forma de V, con los pies hacia la carretera abierta.

( hoy solo imágenes de ella pero no de ese día, porque ese día no se tomaron fotos)
Me coloqué de pie entre la puerta abierta y el asiento. Empecé a penetrarla despacio, luego con más fuerza.
—Germán… me da miedo que pase alguien… —susurró nerviosa, mirando hacia la oscuridad.
—¿No te gusta mi verga, puta? —le dije mientras la penetraba profundo.
Ella jadeó, protestando entrecortada: —No… no me digas puta… no soy…
—¿Ah no? Entonces te lo saco. ¿No quieres que siga? —dije deteniéndome a medias, con solo la cabeza dentro, moviéndome apenas.
—¡No! No lo saques… por favor… sigue… —rogó, levantando las caderas desesperada para que entrara más—. No pares… me gusta… me gusta mucho…
—¿Seguro? Porque te estoy comiendo en la calle como a una puta barata, con la puerta abierta y las piernas abiertas para cualquiera que pase. ¿Eso te gusta, verdad?
Ella protestó más fuerte, pero su voz salía entre gemidos y jadeos: —Para… no digas eso… me da vergüenza… ¡ayyy! —gimió cuando empujé fuerte—. No soy una puta…
—¿No? ¿Y por qué estás tan mojada entonces? ¿Por qué me aprietas así? ¿Por qué me ruegas que no pare?
Ella jadeó más alto, ya sin control: —Es que… me da miedo… pero… no pares… por favor… me gusta… me gusta sentirte así… ¡ahhh!
De repente se escuchó una moto acercándose rápido. El ruido creció. La penetré profundo y me quedé quieto dentro de ella. La moto pasó a toda velocidad, el faro iluminó brevemente su cuerpo casi desnudo y sus piernas abiertas. Ella contuvo la respiración, temblando de miedo y placer, y soltó un gemido ahogado.
Cuando la moto se alejó, seguí follándomela con fuerza. Ella empezó a gemir más alto, participando activamente: movía las caderas al ritmo de mis embestidas, apretándome con las piernas.
—¿Quieres que siga llamándote puta? —le pregunté entre embestidas.
Ella, ya perdida en el placer, jadeó: —Sí… sí… llámame puta… soy… soy tu puta…
—¿Mi puta? ¿La puta de Germán?
—Sí… soy tu puta… ¡ayyy! ¡más fuerte!
Eso me llevó al límite. Eyaculé profundo dentro de ella, descargando todo mi semen mientras seguía dentro. Ella sintió el calor y el chorro llenándola y eso la hizo explotar: arqueó la espalda, apretó las piernas alrededor de mí y tuvo un orgasmo intenso, corriéndose fuerte mientras gemía: —¡Sí! ¡Me encanta sentir tu semen dentro… me gusta tanto!
Después quedó un minuto recostada en el asiento trasero, completamente desnuda, respirando agitada, con las piernas aún abiertas y mi semen escurriendo entre sus muslos. Parecía en shock por lo que acababa de pasar y por lo que había dicho. Luego reaccionó, se incorporó y empezó a vestirse rápido, todavía temblando.


Esa “niña buena” que estudiaba fisioterapia estaba cambiando rápido. Cada vez disfrutaba más del riesgo, de la humillación y de sentirse usada como mi puta. Ya no solo protestaba… ahora lo aceptaba y se corría con eso.
Cracks, estaba revisando por aquí y me topé con este relato que me dejó pensando:
https://m.poringa.net/posts/relatos/5368481/P5-Mas-cerca-de-los-cuernos-mi-esposa-se-confiesa.html
No digo que sea exactamente la misma historia… pero la descripción de la mujer, la forma en que se confiesa, los detalles de cómo empezó a abrirse con otros… muy probablemente es la misma mujer que yo conocí hace años. Una mujer que al principio era tímida, con una diferencia de edad grande conmigo, y que poco a poco se volvió muy sensual y abierta (las fotos que les mostré en mis capítulos anteriores son de cuando tenía 22-23).
Después de que lo nuestro terminó y ella se casó con otro, parece que siguió explorando ese lado que yo ayudé a despertar. Leerlo me dio un escalofrío fuerte… mezcla de nostalgia, morbo y un poco de celos.
¿Alguno lo leyó? ¿Les suena familiar o solo estoy loco? 😈
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