No solo había decidido entregarle la cola, sino que también había decidido que aunque me doliera no iba a parar. Quería sentirlo dentro mío, quería sentir su semilla dentro de mi latiendo en mi interior.
El día siguiente transcurrió con normalidad, hicimos lo mismo que el día anterior, aunque yo elegí comer lo más liviano que había en el menú. Volvimos a caminar mucho y llegamos a la casa exhaustos. Fui al baño y me senté en el bidet un rato, para tratar de limpiar lo más posible la zona anal, preparándome para el esperado estreno.
Ya eran aproximadamente las 7 de la tarde, después de mi intento de limpieza anal fuimos a la habitación matrimonial. Estaba dispuesta a perder la virginidad anal, dispuesta a recibir su semen dentro de mi culito ahí nunca lo había recibido.
Me saqué la ropa y me senté en el borde de la cama.
– Tomá, chupá.
Dije eso mientras extendía mi pie izquierdo sobre la cara de mi novio.
Me estuvo lamiendo y chupando los pies hasta que yo estaba mojadísima, me empecé a masturbar y tuve mi primer orgasmo de la noche.
Le pedí que se parara al lado de la cama, me arrodillé al lado de él y le empecé a practicar sexo oral. Creo que le hice el mejor bucal de mi vida, nunca lo escuché gozar tanto.


Cuando no aguantaba más saque la pija de mi boca y le dije:
– Ahora sí, estamos listo.
– Vas a ser mía.
– Hazme lo que quieras.
Me pidió que me ponga acostada contra la cama, de la manera que me había cogido el día anterior de manera espectacular. Siento que saca el lubricante, pero no veo que hace. De repente siento que pasa su pija por la entrada de mi ano y va bajando hasta mi conchita.
Me estremezco.
Se pone lubricante en un dedo y siento como me penetra. La sensación de incomodidad es menor que el día de ayer, estar muy excitada evidentemente ayuda en esta situación.
Me está penetrando con un dedo por alrededor de 10 minutos cuando le pido que me ponga otro dedo más.
Lubrica su incide y su dedo medio y después de presionar un poco logra introducirlo los dos, aunque cuesta que llegue tan adentro.
– ay, para, despacio.
Le digo para que baje un poco el ritmo. Lo cierto es que está todo mucho mejor que ayer, el dolor es mínimo, el placer es poco todavía, y la incomodidad es tolerable.
En menos de cinco minutos ya estoy acostumbrada a los dos dedos entonces giro la cabeza y le digo:
– Penetrame por favor.
– Está bien, acuéstate en la cama, boca arriba
Me acuesto, pongo un almohadón cerca de mi espalda baja, levanto un poquito la cola y empiezo a sentir como se lubrica el pene.
Se me acerca a la boca, me da un beso con amor y me dice “Quiero que disfrutemos juntos, si me dices que pare, paro”.
El momento más importante estaba por comenzar, se está acomodando en la cama y siento como llena de lubricante su pene y lo acomoda cerca de la entrada de mi ano.
Hago una inhalación profunda tratando de poner toda mi atención en el aire ingresando por mis pulmones, cuando siento la presión de su glande contra mi ano.
Mi ano cede y su glande me penetra.
– ahhhhhhhhhhhhhhhhhh amorrrrrr
Gimo, con una mezcla de dolor y de incomodidad.
Respiro varias veces agitada, tratando de recuperar la compostura me está doliendo y siento incomodidad pero empiezo a respirar agitada y aguantando decirle que no.
Me concentro en mi ano siendo desflorado por primera vez, el dolor es manejable, la incomodidad también.
– ¿Estás bien?
– Sí, sí, anda lento por favor.
Siento como mi ano se empieza a amoldar al tamaño de su glande. Cómo acto reflejo agarro su pija mientras me está penetrando, como forma de asegurarme que no la meta más profundamente.
– Ay ay ay, ahhhhhhhhhhh
Mis gemidos eran muy intensos. Por una cuestión de inseguridad no soy de gemir muy fuerte, pero estando solos y lejos me di rienda suelta. El dolor era cada vez menor, la incomodidad era tolerable, y sentía un dejo de placer en toda la situación. En honor a la verdad solo 4 o 5 centímetros de pene estaban penetrándome en ese momento, pero estaba bien.
Hubo una penetración muy lenta que duró varios minutos, en ese rango de 5 centímetros, mientras le sostenía la pija con mi mano. En un momento me dejé llevar y saqué la mano.
Me empecé a estimular mis tetitas para tratar de sentir la mayor cantidad de placer.
Estaba transpirando, todo mi cuerpo estaba caliente, mis piernas estaban como dormidas, toda mi concentración estaba en mi ano, que estaba siendo penetrado suavemente por el pene grueso de mi novio. Yo ya estaba gozando.
– Metémela hasta el fondo.
Le dije a mi novio, ingenua de lo que estaba a punto de suceder. El saco su pene, lo embadurno con más lubricante anal, presionó de vuelta mi ano y me penetró.
En vez de penetrarme los primeros 4 o 5 centímetros, introdujo más de 10 centimetros de su pene en mi ano.
– Ahhhhhhh me estás rompiendo el orto para por favor shhh
– ¿Quieres que pare?
– No, pero anda despacio por favor.
Sentí un ardor en mi cola que estaba siendo estirada a niveles inimaginables, sentía un dolor que me paralizaba, pero a la vez no podía parar ni decir que no. Ya estaba a mitad de camino, no podía parar.
– Quedate quieto – Le ordené a mi novio con la esperanza que el dolor menguara y poder recuperar la compostura.
Milagrosamente el dolor fue calmando, la incomodidad también, y lo más loco de todo es que sentía placer. Había un fuego recorriendo mi cuerpo pero esta vez me excitaba. Me apretaba mis tetitas y sentía excitación, por lo que empecé a masajear mi clítoris.
– Penetrame despacito
Esa orden daría inicio a los 5 minutos más intensos que recordase en mi vida. Mi novio me empezó a penetrar de manera muy lenta, retirando casi completamente su pene de mi ano y penetrándolo hasta llegar a los 10 u 11 centímetros, cada vez que su pene se estaba introduciendo mi cuerpo se estremecía de placer, mientras yo me masturbaba frotando mi clítoris.
Pero sentía que faltaba algo, hasta que no estuviera todo su pene dentro mío sentía que no estaba completa la penetración, que me quedaba algo pendiente.
Su pene es más grueso en la base, por lo que incluso la penetración vaginal si no estoy bien excitada me cuesta, la garganta profunda es algo fuera de nuestra rutina en ese momento, y ahora estaba a punto de ver como lo toleraba mi ano, hasta hace menos de 20 minutos virgen.
– La quiero hasta el fondo.
– ¿Segura?
– Si, necesito sentirla toda.
Mi novio sacó su pija, la llenó de lubricante y me volvió a penetrar. Yo ya no me estaba masturbando, pero la penetración de los primeros 5 o 6 centímetros de su pija hubieran bastado para hacerme acabar. Hasta los 10 u 11 centímetros sentía incomodidad y no tanto placer, supongo que la forma del pene hace que cada vez cueste más.
Siento como llega a penetrarme y cuando está en los 11 centímetros la presión aumente, me va penetrando poco a poco. Se siente como un hierro caliente ingresando a mi ano, mis piernas tiemblan, mi cuerpo está lleno de electricidad.
Va penetrando centímetro a centímetro mientras pego un alarido mezcla de dolor y (algo) de placer durante unos minutos que parecen siglos.
Cada segundo las sensaciones de dolor, fuego y electricidad aumentan potencialmente, hasta que siento que su pelvis hace tope con mi culo. Ahora si ya no era más virgen, me convertí en una mujer de verdad.
Entregar “el hoyo prohibido” era mi mayor acto de sumisión hasta la fecha, desde ese instante mi novio podía hacer lo que quisiera conmigo, yo ahora le pertenecía a él para siempre.
– Ay ay ay pará, sacala por favor
El dolor en mi colita era extremo, sentía ardor en la entrada ya que era la parte que se encontraba más dilatada. Pero al ir sacando el pene de a poco me fui relajando.
Respire por 15 segundos y le pedí que me volviera a penetrar, pero esta vez solo la mitad del pene.
Hubo una penetración constante de los primeros 7 u 8 centímetros de pija en mi cola que me causaron mucho placer, me empecé a masturbar pero estaba tan pasada de revoluciones que no podía acabar. Miro para arriba y veo a mi novio con una cara de placer extrema, causada por mi cuerpo.
– Amor, no aguanto más, te quiero acabar adentro.
– Si, llename la cola de leche.
Me penetra con un ritmo constante y en un momento siento que ya no se mueve tanto. Su pija tiene espasmos y siento la leche caliente depositándose en mi interior, inmediatamente tengo un orgasmo muy intenso que me dejó temblando.
Nos quedamos así unos minutos hasta que mi novio saca su pené de mi ano, todavía semi erecto y chorreando leche de la cabeza.
Veo que tiene la cabeza manchada de popó, pero esta vez no me da vergüenza ni ganas de lloras, esta vez es prueba del sexo más intenso que acababa de tener.
Ya no era la misma que antes, si bien todavía faltaban varios años para que pudiera recibir con comodidad su pija y ser brutalmente cogida, ya me sentía una mujer hecha y derecha. Todo mi cuerpo le pertenecía.
Nunca había sentido tanto dolor y placer en un mismo momento, la cola me latía y el semen empezaba a salir.
– Mi colita es tuya para siempre.
Le dije eso y nos besamos muy románticamente, nos fuimos a bañar juntos y nos quedamos abrazados toda la noche desnudos.
El día siguiente fue bastante difícil, sentía una molestia en la cola bastante importante que me incomodaba para caminar. Ese día aprovechamos para quedarnos descansando, todavía teníamos que procesar lo que había pasado.
El resto de los días hubo mucho pero mucho sexo oral, y el día final volvimos a tener vaginal.
Arreglamos para que cuando alguno tuviera la casa sola unos días íbamos a tener anal nuevamente.
Mi ano se convirtió en una de mis zonas erógenas preferidas: cuando está llena es cuando más mujer me siento.
Esta es una historia real, de mi primera penetración anal, espero que lo hayan disfrutado leyendo tanto como yo recordándola.
El día siguiente transcurrió con normalidad, hicimos lo mismo que el día anterior, aunque yo elegí comer lo más liviano que había en el menú. Volvimos a caminar mucho y llegamos a la casa exhaustos. Fui al baño y me senté en el bidet un rato, para tratar de limpiar lo más posible la zona anal, preparándome para el esperado estreno.
Ya eran aproximadamente las 7 de la tarde, después de mi intento de limpieza anal fuimos a la habitación matrimonial. Estaba dispuesta a perder la virginidad anal, dispuesta a recibir su semen dentro de mi culito ahí nunca lo había recibido.
Me saqué la ropa y me senté en el borde de la cama.
– Tomá, chupá.
Dije eso mientras extendía mi pie izquierdo sobre la cara de mi novio.
Me estuvo lamiendo y chupando los pies hasta que yo estaba mojadísima, me empecé a masturbar y tuve mi primer orgasmo de la noche.
Le pedí que se parara al lado de la cama, me arrodillé al lado de él y le empecé a practicar sexo oral. Creo que le hice el mejor bucal de mi vida, nunca lo escuché gozar tanto.


Cuando no aguantaba más saque la pija de mi boca y le dije:
– Ahora sí, estamos listo.
– Vas a ser mía.
– Hazme lo que quieras.
Me pidió que me ponga acostada contra la cama, de la manera que me había cogido el día anterior de manera espectacular. Siento que saca el lubricante, pero no veo que hace. De repente siento que pasa su pija por la entrada de mi ano y va bajando hasta mi conchita.
Me estremezco.
Se pone lubricante en un dedo y siento como me penetra. La sensación de incomodidad es menor que el día de ayer, estar muy excitada evidentemente ayuda en esta situación.
Me está penetrando con un dedo por alrededor de 10 minutos cuando le pido que me ponga otro dedo más.
Lubrica su incide y su dedo medio y después de presionar un poco logra introducirlo los dos, aunque cuesta que llegue tan adentro.
– ay, para, despacio.
Le digo para que baje un poco el ritmo. Lo cierto es que está todo mucho mejor que ayer, el dolor es mínimo, el placer es poco todavía, y la incomodidad es tolerable.
En menos de cinco minutos ya estoy acostumbrada a los dos dedos entonces giro la cabeza y le digo:
– Penetrame por favor.
– Está bien, acuéstate en la cama, boca arriba
Me acuesto, pongo un almohadón cerca de mi espalda baja, levanto un poquito la cola y empiezo a sentir como se lubrica el pene.
Se me acerca a la boca, me da un beso con amor y me dice “Quiero que disfrutemos juntos, si me dices que pare, paro”.
El momento más importante estaba por comenzar, se está acomodando en la cama y siento como llena de lubricante su pene y lo acomoda cerca de la entrada de mi ano.
Hago una inhalación profunda tratando de poner toda mi atención en el aire ingresando por mis pulmones, cuando siento la presión de su glande contra mi ano.
Mi ano cede y su glande me penetra.
– ahhhhhhhhhhhhhhhhhh amorrrrrr
Gimo, con una mezcla de dolor y de incomodidad.
Respiro varias veces agitada, tratando de recuperar la compostura me está doliendo y siento incomodidad pero empiezo a respirar agitada y aguantando decirle que no.
Me concentro en mi ano siendo desflorado por primera vez, el dolor es manejable, la incomodidad también.
– ¿Estás bien?
– Sí, sí, anda lento por favor.
Siento como mi ano se empieza a amoldar al tamaño de su glande. Cómo acto reflejo agarro su pija mientras me está penetrando, como forma de asegurarme que no la meta más profundamente.
– Ay ay ay, ahhhhhhhhhhh
Mis gemidos eran muy intensos. Por una cuestión de inseguridad no soy de gemir muy fuerte, pero estando solos y lejos me di rienda suelta. El dolor era cada vez menor, la incomodidad era tolerable, y sentía un dejo de placer en toda la situación. En honor a la verdad solo 4 o 5 centímetros de pene estaban penetrándome en ese momento, pero estaba bien.
Hubo una penetración muy lenta que duró varios minutos, en ese rango de 5 centímetros, mientras le sostenía la pija con mi mano. En un momento me dejé llevar y saqué la mano.
Me empecé a estimular mis tetitas para tratar de sentir la mayor cantidad de placer.
Estaba transpirando, todo mi cuerpo estaba caliente, mis piernas estaban como dormidas, toda mi concentración estaba en mi ano, que estaba siendo penetrado suavemente por el pene grueso de mi novio. Yo ya estaba gozando.
– Metémela hasta el fondo.
Le dije a mi novio, ingenua de lo que estaba a punto de suceder. El saco su pene, lo embadurno con más lubricante anal, presionó de vuelta mi ano y me penetró.
En vez de penetrarme los primeros 4 o 5 centímetros, introdujo más de 10 centimetros de su pene en mi ano.
– Ahhhhhhh me estás rompiendo el orto para por favor shhh
– ¿Quieres que pare?
– No, pero anda despacio por favor.
Sentí un ardor en mi cola que estaba siendo estirada a niveles inimaginables, sentía un dolor que me paralizaba, pero a la vez no podía parar ni decir que no. Ya estaba a mitad de camino, no podía parar.
– Quedate quieto – Le ordené a mi novio con la esperanza que el dolor menguara y poder recuperar la compostura.
Milagrosamente el dolor fue calmando, la incomodidad también, y lo más loco de todo es que sentía placer. Había un fuego recorriendo mi cuerpo pero esta vez me excitaba. Me apretaba mis tetitas y sentía excitación, por lo que empecé a masajear mi clítoris.
– Penetrame despacito
Esa orden daría inicio a los 5 minutos más intensos que recordase en mi vida. Mi novio me empezó a penetrar de manera muy lenta, retirando casi completamente su pene de mi ano y penetrándolo hasta llegar a los 10 u 11 centímetros, cada vez que su pene se estaba introduciendo mi cuerpo se estremecía de placer, mientras yo me masturbaba frotando mi clítoris.
Pero sentía que faltaba algo, hasta que no estuviera todo su pene dentro mío sentía que no estaba completa la penetración, que me quedaba algo pendiente.
Su pene es más grueso en la base, por lo que incluso la penetración vaginal si no estoy bien excitada me cuesta, la garganta profunda es algo fuera de nuestra rutina en ese momento, y ahora estaba a punto de ver como lo toleraba mi ano, hasta hace menos de 20 minutos virgen.
– La quiero hasta el fondo.
– ¿Segura?
– Si, necesito sentirla toda.
Mi novio sacó su pija, la llenó de lubricante y me volvió a penetrar. Yo ya no me estaba masturbando, pero la penetración de los primeros 5 o 6 centímetros de su pija hubieran bastado para hacerme acabar. Hasta los 10 u 11 centímetros sentía incomodidad y no tanto placer, supongo que la forma del pene hace que cada vez cueste más.
Siento como llega a penetrarme y cuando está en los 11 centímetros la presión aumente, me va penetrando poco a poco. Se siente como un hierro caliente ingresando a mi ano, mis piernas tiemblan, mi cuerpo está lleno de electricidad.
Va penetrando centímetro a centímetro mientras pego un alarido mezcla de dolor y (algo) de placer durante unos minutos que parecen siglos.
Cada segundo las sensaciones de dolor, fuego y electricidad aumentan potencialmente, hasta que siento que su pelvis hace tope con mi culo. Ahora si ya no era más virgen, me convertí en una mujer de verdad.
Entregar “el hoyo prohibido” era mi mayor acto de sumisión hasta la fecha, desde ese instante mi novio podía hacer lo que quisiera conmigo, yo ahora le pertenecía a él para siempre.
– Ay ay ay pará, sacala por favor
El dolor en mi colita era extremo, sentía ardor en la entrada ya que era la parte que se encontraba más dilatada. Pero al ir sacando el pene de a poco me fui relajando.
Respire por 15 segundos y le pedí que me volviera a penetrar, pero esta vez solo la mitad del pene.
Hubo una penetración constante de los primeros 7 u 8 centímetros de pija en mi cola que me causaron mucho placer, me empecé a masturbar pero estaba tan pasada de revoluciones que no podía acabar. Miro para arriba y veo a mi novio con una cara de placer extrema, causada por mi cuerpo.
– Amor, no aguanto más, te quiero acabar adentro.
– Si, llename la cola de leche.
Me penetra con un ritmo constante y en un momento siento que ya no se mueve tanto. Su pija tiene espasmos y siento la leche caliente depositándose en mi interior, inmediatamente tengo un orgasmo muy intenso que me dejó temblando.
Nos quedamos así unos minutos hasta que mi novio saca su pené de mi ano, todavía semi erecto y chorreando leche de la cabeza.
Veo que tiene la cabeza manchada de popó, pero esta vez no me da vergüenza ni ganas de lloras, esta vez es prueba del sexo más intenso que acababa de tener.
Ya no era la misma que antes, si bien todavía faltaban varios años para que pudiera recibir con comodidad su pija y ser brutalmente cogida, ya me sentía una mujer hecha y derecha. Todo mi cuerpo le pertenecía.
Nunca había sentido tanto dolor y placer en un mismo momento, la cola me latía y el semen empezaba a salir.
– Mi colita es tuya para siempre.
Le dije eso y nos besamos muy románticamente, nos fuimos a bañar juntos y nos quedamos abrazados toda la noche desnudos.
El día siguiente fue bastante difícil, sentía una molestia en la cola bastante importante que me incomodaba para caminar. Ese día aprovechamos para quedarnos descansando, todavía teníamos que procesar lo que había pasado.
El resto de los días hubo mucho pero mucho sexo oral, y el día final volvimos a tener vaginal.
Arreglamos para que cuando alguno tuviera la casa sola unos días íbamos a tener anal nuevamente.
Mi ano se convirtió en una de mis zonas erógenas preferidas: cuando está llena es cuando más mujer me siento.
Esta es una historia real, de mi primera penetración anal, espero que lo hayan disfrutado leyendo tanto como yo recordándola.
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