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Refugio prohibido C2

Espero que les este gustando esta saga, apoyen con los puntos y sus comentarios, saludos🔥






Refugio prohibido C2

Desperté con la cabeza latiéndome como un tambor lejano, la boca seca y pastosa. El vino de anoche solo un par de vasos, pero suficiente para una resaca leve me había dejado atontada, pero lo que realmente me pesaba era la culpa. Me había tocado en la cama pensando en Marco, en ese bulto marcado bajo el short, en cómo su pecho brillaba bajo la luz de la cocina, en la forma en que su mirada se había quedado un segundo de más en mí. Los dedos habían bajado solos entre mis piernas, rozando mi clítoris hinchado, y me había venido bajito, mordiendo la almohada para no despertar a Diego. Ahora, en la claridad de la mañana, me sentía sucia. ¿Qué clase de mujer soy? Diego duerme al lado, nuestro mundo se derrumba, y yo masturbándome pensando en su hermano. El cuñado que nos está salvando el culo. Soy una puta reprimida, una traidora. ¿Y si me vio bajar anoche? ¿Y si notó cómo lo miraba?. El calor de la excitación residual aún palpitaba entre mis piernas, un recordatorio traicionero que me hizo apretar los muslos bajo las sábanas. Me levanté despacio, sintiendo cómo el shortcito se me subía por el culo redondo, la camisa de Diego pegada a mis tetas firmes por el sudor nocturno.
Decidí cambiarme antes de bajar. La maleta estaba abierta, y encontré un top deportivo negro que había traído "por si acaso". Me quité la camisa de Diego y me puse el top sin sostén la tela fina se pegó a mis tetas grandes y firmes, resaltándolas de forma descarada, los pezones se marcaban claramente, el escote profundo dejaba ver el valle entre ellas, y cada movimiento hacía que rebotaran ligeramente. Me miré en el espejo y sentí vergüenza mezclada con un thrill perverso, Parecí una zorra buscando atención... tetas casi saliéndose, pezones duros... pero me siento deseada, viva. ¿Y si Marco me ve así? Quiero que me mire, que se excite... no, es tu cuñado, puta. El shortcito seguía apretado, marcando mi culo redondo y la línea de mi coño depilado.
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Bajé las escaleras con las piernas temblando, el pulso acelerado por la anticipación y la culpa. El aire de la mañana en la cocina era fresco, con olor a café recién hecho y algo más masculino sudor limpio de ejercicio matutino, colonia sutil que se mezclaba con el vapor de la cafetera, creando una atmósfera que me invadió como un abrazo invisible. Marco ya estaba allí, preparando desayuno. Sin camisa, solo con un pantalón de chándal gris que se le pegaba a los muslos fuertes y marcaba el contorno de su cuerpo de forma casi indecente. Sus músculos se flexionaban al cortar fruta el pecho ancho subiendo y bajando con respiraciones calmadas, una gota de sudor resbalando por el centro de su abdomen hasta perderse en la cintura del pantalón, dejando un rastro brillante que me hipnotizó un segundo. Me quedé en la puerta un momento demasiado largo, el pulso acelerado, sintiendo cómo mis ojos bajaban solos a esa zona donde el chándal se tensaba sutilmente, insinuando el grosor debajo.
ANA PENSANDO- Para, Ana... es temprano, Diego está arriba, y tú mirando como una adolescente en calor. Pero joder, ese sudor... imagínalo resbalando sobre ti, su cuerpo presionándote contra la pared, su verga dura rozando tu coño... no, eres casada, puta. ¿Qué diría Diego si supiera?.
Marco levantó la vista y sonrió, casual pero cálido, sus ojos azules deteniéndose un momento en mis piernas desnudas, en el shortcito que se subía por mis muslos, en el top sin sostén que resaltaba mis tetas firmes y los pezones marcados. No dijo nada al principio, solo siguió cortando, pero sentí esa mirada como un toque invisible, un calor que me subió por el cuello y endureció mis pezones aún más. MARCOS- Buenos días, Ana. ¿Dormiste algo?
preguntó, voz ronca de mañana, extendiendo una taza de café hacia mí sin que yo lo pidiera. Sus dedos rozaron los míos un instante, y sentí un escalofrío eléctrico subir por mi brazo, directo a mi entrepierna. Yo estaba tan estupefacta por lo de anoche la culpa, el deseo, el recuerdo de su bulto que no reaccioné rápido. La taza pasó de su mano a la mía, pero mi mente estaba en otro lado, y sin querer tropecé con el borde de la alfombra. El café caliente se derramó por completo sobre Marco la mayor parte cayó directo en su miembro, empapando el chándal gris claro que llevaba puesto, volviéndolo casi transparente.
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El líquido caliente le quemó la piel sensible, y él gritó de dolor, un grito corto y agudo que me sacó del trance.
MARCOS- ¡Joder, quema!
Dijo, saltando hacia atrás, la taza cayendo al suelo y rompiéndose. Yo me quedé paralizada, viendo cómo el café mojaba el pantalón, haciendo que la tela se pegara a su verga como una segunda piel. El contorno era perfecto: grueso, largo, venoso, endureciéndose por el shock y el calor. El pene se marcaba maravillosamente la cabeza bulbosa, el tronco grueso, incluso las venas pulsantes–, y yo no podía apartar la vista. Dios... es enorme... se ve tan duro, tan perfecto... imagínalo dentro de mí, estirándome, follándome hasta que grite... no, Ana, lo quemaste, es tu cuñado, para de mirar como una zorra. El calor entre mis piernas se volvió insoportable, jugos resbalando por mis muslos. Marco se llevó la mano al miembro instintivamente, apretando para aliviar el ardor, pero eso solo hizo que el bulto se marcara más.
MARCOS- Mierda... está caliente
Gruñó, y salió corriendo hacia el baño de arriba, dejando un rastro de gotas de café en el suelo. Yo me quedé allí, temblando, la culpa y el deseo peleando dentro de mí.
ANA PENSANDO- Lo quemé... y lo único que puedo pensar es en cómo se veía esa verga mojada... soy una enferma.
Escuché el agua de la ducha arriba agua fría, supongo, porque oí un jadeo de alivio que me hizo imaginarlo bajo el chorro, el agua resbalando por sus músculos, calmando la quemadura pero dejando su cuerpo aún más definido. Me quedé en la cocina limpiando el desastre con manos temblorosas, el café derramado formando un charco en el suelo, el olor amargo mezclado con mi propio sudor nervioso. Lo quemé... y lo único que puedo pensar es en cómo se veía esa verga mojada, grande, gruesa... soy una enferma. Pasaron unos minutos eternos. El agua se cerró, pasos en las escaleras, y Marco bajó de nuevo.
[Foto de el en toalla]
Ahora llevaba una toalla blanca alrededor de la cintura, el torso húmedo y brillante, gotas resbalando por sus pectorales y abdomen hasta perderse en el borde de la tela. El bulto bajo la toalla era evidente, todavía semi-duro por el shock y el frío, la tela fina dejando poco a la imaginación el contorno grueso, la cabeza bulbosa insinuada. Olía a jabón fresco y shampoo, un aroma limpio que me invadió, pero debajo estaba su olor natural, masculino, que me hizo apretar los muslos. Me acerqué un paso, la voz temblorosa.
ANA- Perdón... de verdad, Marco. No quise quemarte. Estaba distraída... no sé qué me pasó.
Él se detuvo a un metro de mí, la toalla abriéndose ligeramente en las piernas al moverse. Sus ojos bajaron despacio a mi top sin sostén las tetas firmes presionando la tela fina, pezones endurecidos por la culpa y el frío de la mañana, el escote profundo dejando ver el valle entre ellas. No dijo nada al principio. Solo miró. El silencio se hizo pesado, eléctrico. Yo sentí su mirada como un toque físico calor subiendo por mi pecho, pezones endureciéndose más, el pulso entre mis piernas acelerándose.
ANA PENSANDO- Me está mirando las tetas... Dios, se nota que quiere... no, Ana, para. Es tu cuñado. Pero joder, quiero que las to… Que mierda digo, mejor calla, soy una puta por pensar esto.
Marco levantó la vista despacio, encontrando mis ojos. El silencio duró más de lo que debería tres, cuatro segundos eternos, nuestros respiraciones sincronizándose, el aire entre nosotros cargado de algo prohibido. Yo me agité, un temblor sutil en las piernas, la respiración entrecortada, el pecho subiendo y bajando rápido, mis tetas moviéndose con cada inhalación. Él tragó saliva, visiblemente, la nuez subiendo y bajando en su garganta, y el bulto bajo la toalla se tensó un poco más
MARCOS- No pasa nada, Ana
Dijo al fin, voz baja y ronca.
MARCOS- Fue un accidente. Ya estoy bien... el agua fría ayudó.
Pero no se movió. Seguimos mirándonos. Yo sentí que mis rodillas flaqueaban, el coño palpitando, jugos resbalando por mis muslos internos. ANA PENSANDO- Quiere besarme... o yo quiero que me bese... no, Ana, Diego está arriba. Pero si se acerca un centímetro....
Él dio un paso sutil hacia atrás, rompiendo el momento, pero la tensión quedó flotando.
MARCOS- Voy a cambiarme. No te preocupes
Dijo, y subió las escaleras de nuevo. Yo me quedé allí, temblando, la mano en el pecho para calmar el corazón. Casi... casi pasó algo. Soy una zorra. Pero joder, que extraño se sintio que me viera asi
Diego bajó en ese momento, su cara de culo, ojeras marcadas, estrés escrito en cada línea de su rostro. Se acercó a mí con pasos pesados, me dio un beso rápido y frío en la mejilla como si fuera una obligación, no un gesto de cariño, y me miró de arriba abajo, extrañado por mi vestimenta ,el top sin sostén que resaltaba mis tetas firmes, pezones marcados bajo la tela fina, y el shortcito apretado que marcaba mi culo redondo. Su mirada se quedó un segundo en mi escote, pero no con deseo, sino con confusión.
DIEGO- Buenos días —murmuró, voz ronca de cansancio—. ¿Por qué estás vestida así? Parece que vas a un gym o algo.
Yo me sonrojé, cruzando los brazos para ocultar mis tetas, pero el movimiento solo las apretó más, haciendo que rebotaran ligeramente.
ANA PENSANDO- Mierda... Diego notando mi ropa... ¿y si ve cómo estoy nerviosa?
ANA- No es nada, solo me cambié porque la camisa de ayer olía a sudor...
ANA PENSANDO- pero ¿por qué me siento tan expuesta?.
ANA- No es nada... no tenía mucho que ponerme —respondí, voz temblorosa—. Anoche no pude dormir bien, y esta ropa estaba en la maleta. Es cómoda.
Diego asintió, sin darle más importancia, y se sentó en la mesa, sacando el teléfono.
DIEGO- ¿Dónde está Marco?
ANA- Pasó un accidente... le derramé café encima. Se está cambiando
Expliqué, sintiendo la culpa subir de nuevo. Le quemé... y ahora Diego preguntando por él. Si supiera que lo único que pienso es en cómo se veía esa verga marcada... no, Ana, para. Fue un accidente, nada más. Diego suspiró.
DIEGO- Vale. Yo también necesito café. Hazme uno, por favor.
Yo asentí, volviéndome a la encimera. Él mandándome hacer desayuno como si nada... y yo aquí, nerviosa por su hermano. Soy una mierda de esposa. Empecé a preparar el desayuno huevos, tostadas, intentando concentrarme. El aire aún olía a café derramado y a Marco. Diego se quedó callado un momento, pero luego explotó.
DIEGO- Ana, esto es una mierda. Todo. ¿Cómo carajos llegamos a esto?
Dijo, voz baja pero cargada de frustración. Yo me giré, sintiendo el nudo en la garganta.
ANA- Diego, no empecemos de nuevo. Ayer ya discutimos en el bus.
DIEGO- No, Ana, necesitamos hablar. Esto es mi culpa, lo sé. Los préstamos, las inversiones malas... pero tú también. Eras la de marketing, ¿por qué no empujaste más? Podrías haber vendido mejor las campañas.
Mis manos temblaron al romper un huevo.
ANA- ¿Mi culpa? ¡Tú tomabas las decisiones finales! Yo te dije mil veces que no expandiéramos tan rápido, que esperáramos. Pero no, tú y tu ego de emprendedor.
Diego se levantó, acercándose a la encimera, su voz subiendo.
ANA- Mi ego? ¿Y tú? Siempre quejándote de todo, Ana. La empresa falló porque no pusiste suficiente esfuerzo en las ventas. Si hubieras sido más agresiva, más creativa, no estaríamos en la calle.
El golpe dolió. Lágrimas quemándome los ojos.
ANA- No es justo. Yo lo di todo, Diego. Trabajaba noches enteras en campañas, mientras tú tomabas riesgos locos con dinero que no teníamos. La bancarrota es por tus deudas, no por mí. Y ahora me echas la culpa como si yo fuera la responsable de todo.
Diego suspiró, frotándose la cara, pero no cedió.
DIEGO- Ana, lo siento si sueno duro, pero es la verdad. Si hubiéramos vendido más, pagado los préstamos a tiempo, no estaríamos embargados. Tú eras la experta en marketing, y fallaste.
Yo negué con la cabeza, la voz quebrada.
ANA- Fallamos los dos. Pero tú no escuchabas. Siempre "yo sé lo que hago". Y ahora mira: casa vacía, auto remolcado, nada. ¿Qué vamos a hacer?
Diego se acercó más, su mano en mi hombro, pero el toque era frío, sin pasión.
DIEGO- Voy a arreglarlo, Ana. Encontraré trabajo, pagaré las deudas. Pero necesitas confiar en mí. Quiero que veas que puedo ser el hombre que eras antes.
Yo me aparté, frustrada. La discusión se extendió, voces subiendo y bajando, hasta que Marco bajó recién cambiado, camiseta ajustada y pantalón nuevo, su presencia cortando el aire como un cuchillo. En eso, no escuché a Marco llegar estaba tratando de alcanzar un frasco de especias en la estantería alta, de puntillas, el top subiendo y exponiendo mi abdomen, tetas rebotando ligeramente, culo marcado por el
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De repente, sentí un bulto presionando contra mi culo cálido, firme, el contorno grueso rozando mi carne a través de la tela
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El roce fue prolongado su cadera presionando, el bulto deslizándose un poco hacia arriba y abajo con el movimiento, como si estuviera frotándose deliberadamente. Sentí la cabeza de su verga rozando mi raja con presión suave pero intensa, y un jadeo se me escapó, mi coño palpitando y mojándose más, jugos resbalando por mis muslos internos.
ANA PENSANDO- Su pene contra mi culo... se siente tan firme, tan grande... quiero frotarme más, sentirlo empujando dentro... no, Ana, Diego está aquí, es tu cuñado... para.
Giré sutilmente la cabeza, y era Marco "ayudándome" a alcanzar el frasco. Su aliento en mi oreja, olor a jabón fresco y piel húmeda. No dijo nada, solo estiró el brazo por encima de mí, su pecho rozando mi espalda, su bulto presionando más fuerte un segundo, endureciéndose contra mi culo redondo. El silencio fue tenso, cargado, mi cuerpo temblando de deseo y culpa. Marco bajó el frasco sin decir palabra, se apartó despacio, y me guiñó un ojo fugazmente un guiño sutil, casi inocente, pero cargado. Cogió una manzana de la isla y se dirigió al comedor a hablar con Diego, como si nada. Yo me quedé allí, aturdida, el cuerpo temblando, jugos resbalando por mis muslos.
ANA PENSANDO- Su bulto... se endureció por mí... quería foll... no, Ana, estás confundiendo todo. Es amable, nada más. Pero joder, me mojó tanto... soy una zorra por disfrutar eso.
Yo me quedé allí, congelada un segundo, sintiendo el calor del bulto aún en mi culo, el pulso entre mis piernas acelerado, jugos resbalando.
ANA PENSANDO- ¿Eso fue real? ¿Se endureció por mí? No, Ana, estás loca. Fue un accidente, la estantería es alta, él solo ayudó... pero joder, se sintió tan... rico. No debería sentir esto, es mi cuñado. Es solo estrés, nada más.
Por nervios, derramé la sal al intentar ponerla en la mesa el polvo blanco se esparció por el suelo. Marco volvió rápido, tomó un trapo y se agachó a ayudar a limpiar. Sus manos rozaron las mías al recoger los granos, dedos cálidos contra mi piel, un roce sutil pero eléctrico que me hizo temblar.
ANA- Gracias
Dije con voz temblorosa, sin mirarlo a los ojos, sintiendo el calor subir por mi cuello.
MARCO- No hay de qué
Respondió él, voz suave, y se levantó, volviendo al comedor.
Preparé el desayuno con manos temblorosas, tratando de cruzar miradas con Marco desde la cocina, pero pareciera que me ignoraba hablando con Diego, riendo casual, sin dar importancia. Lo imaginé todo... es solo un tipo amable. Estoy loca. Me senté a desayunar con ellos. Diego explicó que un amigo le había conseguido un puesto en su empresa
DIEGO- Voy a empezar mañana, Ana. Lo resolveré todo.
ANA- Yo también buscaré trabajo.
Él negó firme
DIEGO- No. Yo arruiné esto, yo lo arreglo. No trabajarás hasta que pueda darte un empleo digno.
La discusión escaló
ANA- Diego, no soy una inútil. Puedo ayudar. No me dejarás sentada aquí mientras tú "lo arreglas". Somos un equipo, o eso decías.
DIEGO- Precisamente por eso. Déjame ser el equipo por una vez. No trabajarás hasta que pueda darte un empleo digno en algo nuevo. Quiero que confíes en mí otra vez.
ANA- ¡Confiar! ¿Después de la bancarrota? Tú tomaste los préstamos, tú invertiste mal. ¿Y yo? ¿Qué? ¿Me dejas en casa como una ama de casa inútil?.
DIEGO- No es eso, Ana. Es por orgullo. Fallé, y quiero arreglarlo solo.
ANA- ¡Orgullo! Eso nos metió en esto. Si no me dejas ayudar, ¿qué soy para ti?.
Marco presenció todo, asintiendo
MARCO- Tómenlo con calma. Yo no tengo problema en que se queden. A veces me siento solo aquí... tenerlos de compañía me hace bien.
Sus ojos se cruzaron con los míos la misma mirada intensa de hace un momento, y yo me sonrojé, bajando la vista. Diego le agradeció efusivamente. Diego terminó su café y se despidió para salir. Ana se dirigió al baño para una ducha refrescante, intentando calmar sus pensamientos. El agua fría le golpeó la piel, pero no apagó el fuego. Al salir, envuelta en una toalla, encontró a Marco en el cuarto de invitados, con un conjunto sexy de ropa deportiva en las manos
[foto del conjunto]
Short corto ajustado y top deportivo ceñido.
MARCO- Pensé que te vendría bien hacer un poco de ejercicio. Te ayudará a bajar el estrés
Dijo, voz suave, mirándola con esa intensidad sutil.
MARCO- Te dejo sola para que te cambies. Te espero en la entrada cuando estés lista.
Me quedé allí, la toalla húmeda pegada al cuerpo, sintiendo su mirada en mis tetas marcadas bajo la tela.
ANA PENSANDO- Ejercicio... con él... cuerpos sudados, roces... no, Ana, es solo ejercicio.
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Salimos de la casa hacia el sendero cercano, que se extendía como un camino serpenteante rodeado de árboles altos y follaje denso, pareciendo un pequeño bosque urbano en las afueras del barrio. El aire era fresco de mañana, con olor a tierra húmeda y hojas verdes, y el sol filtrándose a través de las ramas creaba manchas de luz en el suelo. Marco iba adelante, trotando a un ritmo suave, su cuerpo musculoso moviéndose con gracia natural el pantalón deportivo ajustado a sus muslos fuertes, la camiseta pegada a su pecho por el sudor incipiente. Yo lo seguía, el short corto prestado subiéndose por mis muslos con cada paso, el top deportivo ceñido haciendo que mis tetas firmes rebotaran ligeramente.
ANA PENSANDO- Esto es bueno... ejercicio para despejar la cabeza. No pienses en lo de anoche, Ana. Fue el vino, el estrés. Marco es solo amable, nada más. ¿Por qué me siento tan consciente de mi cuerpo? Es solo ropa prestada....
El trote era suave, rítmico, el sonido de nuestros zapatos contra el suelo de grava crujiendo bajo el canto de pájaros y el viento suave en las hojas. Al principio, hablamos poco, solo comentarios casuales como "El sendero es bonito, ¿verdad?" de Marco, y mi respuesta "Sí... me hace olvidar un poco todo". Pero el aire se sentía cargado, mi mente divagando a pesar de mí misma. Sus hombros flexionándose...
ANA PENSANDO- No mires, Ana. Es tu cuñado. Diego está buscando trabajo ahora mismo, y tú aquí, trotando con su hermano. ¿Qué estás haciendo?.
El sendero se adentraba más en el "bosque", el follaje cerrándose a nuestro alrededor, el olor a humedad y hojas caídas intensificándose, el sonido de un riachuelo lejano añadiendo un fondo calmante. Mi respiración se aceleraba, el sudor empezando a perlar mi escote, resbalando entre mis tetas, el shortcito pegándose a mi piel. Marco se giró un segundo para comprobar si lo seguía, su mirada bajando sutilmente a mis piernas, y yo sentí un calor subir por mi cuello.
ANA PENSANDO- ¿Me miró las piernas? No, es imaginación mía. Estoy paranoica.
De repente, el cielo se oscureció, nubes grises cubriendo el sol en minutos. Un fuerte aguacero cayó sin aviso gotas gruesas y frías golpeando las hojas, el suelo convirtiéndose en un lodazal resbaloso.
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El ruido de la lluvia era ensordecedor, como un tambor constante, el olor a tierra mojada invadiendo todo.
MARCO- ¡Mierda, vamos a refugiarnos!
Gritó Marco, señalando un grupo de árboles densos a un lado del sendero. Corrimos hacia allí, pero el suelo ya era un charco de lodo mis pies resbalaron, y caí de bruces en un pozo de barro, el agua sucia empapándome de pies a cabeza, el short pegándose a mi culo y muslos, el top transparente dejando mis tetas firmes y pezones duros visibles. El lodo era frío y viscoso, pegándose a mi piel como una segunda capa, el olor a tierra húmeda y barro llenándome la nariz. Marco intentó agarrarme, su mano en mi brazo cálida pese al frío, pero él también resbaló, cayendo a mi lado en el lodo, su cuerpo salpicado de barro, la camiseta pegada a su pecho definido, el pantalón mojado marcando sus muslos y un bulto sutil que me hizo apartar la mirada rápido.
ANA PENSANDO- Esto es ridículo... pero me siento... bien. Como si por un momento no tuviera problemas. No pienses en cómo su mano se siente en mi brazo... es solo ayuda.
Nos miramos un segundo, cubiertos de lodo, y estallamos en risas una risa genuina, liberadora, que cortó la tensión del día.
MARCO- ¡Joder, qué desastre!
Dijo Marco, ayudándome a levantarme, su mano en mi brazo cálida pese al frío del barro. Yo reí, sintiendo el barro resbalando por mi piel, el olor a tierra mojada y ozono llenando el aire, el ruido de la lluvia golpeando las hojas como un telón de fondo.
ANA PENSANDO- Riendo con él... se siente normal, como si fuéramos amigos. No como con Diego, que solo discutimos. Pero es mi cuñado... no confundas.
No nos amargamos; decidimos caminar de regreso para no ensuciarnos más igual, ¿qué más da? Olíamos a lodo húmedo y sudor, pero la lluvia era refrescante, el sendero ahora un río de charcos que chapoteábamos, riendo cada vez que resbalábamos un poco. El agua corría por mi top, haciendo que se pegara más a mis tetas, pezones duros por el frío, y sentí la mirada de Marco bajando un instante, pero él desvió rápido.
Mientras caminábamos, el aguacero amainando a una llovizna suave, me vino un flashback: recordé mi primera cita con Diego, esa tarde bajo la lluvia en el campus, empapados hasta los huesos, riendo como idiotas bajo un toldo.
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El beso torpe, el calor inicial que sentía por él... Éramos felices entonces. ¿Cuándo se perdió eso? La bancarrota lo empeoró, pero ya antes.... Marco notó mi silencio.
MARCO- ¿En qué piensas? Pareces lejos
Preguntó, voz suave, caminando a mi lado, su hombro rozando el mío ocasionalmente por el sendero estrecho. Yo dudé, pero algo en su tono me hizo abrirme un poco.
ANA- En el pasado. Diego y yo... nuestra primera cita fue bajo la lluvia, como esto. Éramos jóvenes, soñadores. Ahora... todo es deudas y silencio.
Él asintió, sin interrumpir, solo escuchando. El olor a lluvia y tierra mojada nos envolvía, el sonido de nuestras pisadas chapoteando en charcos, el viento suave agitando las hojas. El para cambiar un poco el tema y aligerar el ambiente me pregunta
MARCO- Y tú... ¿qué sueños tenías antes de todo esto?
Preguntó, mirando al frente, pero su voz era genuina, interesada. Yo me sorprendí. Diego nunca preguntaba eso; nuestras conversaciones eran sobre facturas o planes de pago. ¿Por qué me pregunta esto? Es... lindo...
ANA- Quería viajar, crear campañas que cambiaran el mundo... no solo vender telas. Pero con la empresa, se volvió rutina. Frustración tras frustración.
Marco se detuvo un segundo, mirándome directo, la lluvia resbalando por su cara.
MARCO- Es duro cuando los sueños se convierten en cargas. Yo también tuve frustraciones mi empresa virtual empezó como un hobby, pero casi quiebro al principio. Lo importante es no rendirse. Tú pareces alguien que no se rinde fácil.
Sus palabras me tocaron, me sentí escuchada. No confundas. Pero se siente bien. La conversación se volvió profunda, íntima hablamos de frustraciones compartidas, sueños no realizados, el peso de la vida adulta. Él compartió que a veces se sentía solo en su independencia, como si la libertad fuera una cárcel vacía, y yo admití que el matrimonio con Diego se sentía más como una sociedad quebrada que como amor, "nos perdimos en las facturas y el estrés". ¿Por qué me abro tanto? No lo se, supongo que es bueno de vez en cuando... pero se siente bien.
Cuando llegamos a casa, empapados y oliendo a lodo húmedo, Marco decidió entrar a la ducha primero.
MARCO- Yo voy rápido, para conseguirte algo de ropa comoda para cuando salgas y no ensuciar. Yo asentí y, mientras él subía, mire la sala, no le puse atención cuando llegamos ni esta mañana asi que me quede fija para curiosear, fotos con su padre (risas en una playa, Marco flaco de joven), diplomas de diseño gráfico, trofeos de carreras. Toda su casa olía a su colonia y libros viejos. Me quedé estupefacta con una foto en la pared
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Marco en una playa nudista, desnudo, el cuerpo tonificado, y su pene grande visible grueso, venoso, colgando relajado pero impresionante. ANA PENSANDO- Dios... es enorme... no, Ana, aparta la vista. Es privado. Pero joder, se ve tan... no, para.
Mi coño palpitó un instante, pero la culpa me golpeó
ANA- ¿Qué hago mirando esto? Soy una intrusa.
Cuando salió Marco en toalla, yo me apresuré a la ducha. El agua fría calmó mi piel, pero no mi mente. Al salir, él me esperaba con un conjunto de pijama sexy de alguna ex, supongo ,shortcito de encaje y top translúcido.
MARCO- Encontré esto... te puede servir. Es lo único limpio que tengo para ti.
Me lo entregó, sus dedos rozando los míos. Me cambié, el pijama ajustado resaltar mi cuerpo
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shortcito subiéndose por el culo, top dejando mis tetas casi visibles.
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Bajé a la cocina, Marco estaba allí, en toalla, cocinando algo sencillo pasta con salsa, el olor a tomate y ajo llenando la habitación. Su espalda definida se flexionaba al revolver, la toalla baja en sus caderas, insinuando el V de sus abdominales
La lluvia crecía, el aire cargado, y hablamos más, pero la tensión flotaba, el aire cálido y acogedor por el vapor de la estufa.
ANA- ¿Puedo ayudar en algo? 
Pregunté, acercándome a la isla, sintiendo cómo el top se pegaba a mis tetas con cada movimiento. Marco se giró, su mirada bajando un segundo a mi pijama, pero rápido volvió a la olla.
MARCO- Claro. Siéntate, ya casi está. Pero si quieres, corta esa cebolla. 
Me senté a cenar con él, el plato humeante delante, el vino tinto que sirvió llenando el vaso con un glug-glug suave.
shortcito subiéndose por el culo, top dejando mis tetas casi visibles. Bajé a la cocina, Marco estaba allí, en toalla, cocinando algo sencillo pasta con salsa, el olor a tomate y ajo llenando la habitación. Su espalda definida se flexionaba al revolver, la toalla baja en sus caderas, insinuando el V de sus abdominales
La lluvia crecía, el aire cargado, y hablamos más, pero la tensión flotaba, el aire cálido y acogedor por el vapor de la estufa.
ANA- ¿Puedo ayudar en algo? 
Pregunté, acercándome a la isla, sintiendo cómo el top se pegaba a mis tetas con cada movimiento. Marco se giró, su mirada bajando un segundo a mi pijama, pero rápido volvió a la olla.
MARCO- Claro. Siéntate, ya casi está. Pero si quieres, corta esa cebolla. 
Me senté a cenar con él, el plato humeante delante, el vino tinto que sirvió llenando el vaso con un glug-glug suave.
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El ambiente era caliente, el vapor de la pasta mezclándose con el olor a lluvia fuera, la luz tenue de la cocina creando sombras en su torso desnudo. Empezamos a hablar de cosas banales al principio la lluvia, el barrio, pero poco a poco se volvió más íntima, larga, como si el vino y la noche nos soltara la lengua. 
MARCO- Esta lluvia me recuerda a cuando era niño
Dijo Marco, bebiendo un sorbo, su voz suave. 
MARCO- Diego y yo nos mojábamos a propósito, saltando charcos. Éramos inseparables entonces. ¿Y tú? ¿Tenías hermanos?
Yo negué, girando la pasta en el tenedor.
ANA- No... era hija única. Mis padres fallecieron hace años, así que siempre fui un poco solitaria. Pero con Diego... al principio, él llenaba ese vacío. 
Él asintió, mirándome directo, el silencio un segundo largo antes de preguntar.
MARCO- ¿Y ahora? ¿Cómo te sientes con todo esto? La bancarrota, la mudanza... debe ser duro.
Yo dudé, el vino calentándome el pecho.
ANA- Es... asfixiante. Los sueños que tenía viajar, crear campañas impactantes se perdieron en la empresa. Frustración tras frustración. Y Diego... él intenta, pero el estrés lo consume. Ya no hablamos como antes.
Marco se inclinó un poco, su toalla abriéndose sutilmente en las piernas, pero no lo noté o fingí no notarlo.
MARCO- Es normal. El estrés mata muchas cosas. Yo también tengo frustraciones mi empresa me da libertad, pero a veces me siento solo. ¿Qué te frustra a ti, Ana?
ANA- Ademas de viajar quería una familia... pero con las deudas, se volvió imposible. Y Diego... su orgullo nos metió en esto. Me siento atrapada, como si mi vida no fuera mía.
Él escuchaba, asintiendo, sin interrumpir. La conversación se extendió hablamos de sueños no realizados, el peso de la vida adulta, cómo la independencia de Marco le daba libertad pero soledad, cómo mi matrimonio se sentía como una rutina vacía. 
MARCO- A veces entreno solo para no pensar en otras cosas
Dijo él casualmente, y yo sentí un doble sentido como si "otras cosas" fueran deseos reprimidos, pero él lo dijo inocente. Me sonrojé y cambié de tema rápido
Después de un rato, Marco se levantó, estirándose, la toalla bajando un centímetro, insinuando más piel.
MARCO- Creo que me voy a dormir. Mañana será otro día. Buenas noches, Ana.
ANA- Buenas noches 
Respondí, quedándome sentada, pensando en el momento. Fue...Lindo. Se siente bien hablar con alguien. Pero es mi cuñado... no confundas. Subí a la habitación, pero no podía dormir. La culpa me comía ¿Por qué me abro con él? Es solo amabilidad. Pero... me hace sentir viva. No debería. Es estrés, nada más. Me levanté y bajé a la cocina por agua. El aire estaba fresco, la lluvia golpeando las ventanas Diego todavía no llegaba. Antes de entrar a la cocina le deje un texto un poco frio
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Marco estaba allí también, bebiendo un vaso de agua en la oscuridad, la toalla aún alrededor de su cintura.
ANA- Marco... ¿tú tampoco puedes dormir?
Él se giró, la luz de la luna iluminando su torso.
MARCO- No... el cerebro no para. ¿Tú?
ANA- Lo mismo
Respondí, sirviéndome agua, el silencio cargado. Marco sonrió.
MARCO- ¿Quieres ver una película para pasar el rato? Algo ligero.
Acepté, y nos sentamos en el sofá, la distancia prudente. La película era una comedia tonta, risas ocasionales, pero el ambiente era íntimo la lluvia fuera, el sofá cálido, su olor sutil a jabón. Me quedé dormida en con mi mano sosteniendo mi rostro sin darme cuenta. Marco me despertó suavemente
MARCO- Ana... ve a dormir.
Me levanté, sonrojada:
ANA- Perdón... buenas noches.
Antes de entrar a mi cuarto, me di la vuelta y escuche que le entraba una llamada, pensé que era diego, ya que no me respondio mi mensaje decidí acercarme para escuchar si hablaba con marco, llegue sigilosamente y lo vi en la cocina, hablando por teléfono. Me quedé escuchando sin querer (o queriendo, no sé). La voz de una mujer salió del altavoz, nerviosa y llorosa.
VOZ FEMENINA- Amor, por favor... estoy mal, necesito verte. Ven a buscarme, por favor... no sé qué hacer.
Marco suspiró, voz baja pero firme.
MARCO- Está bien, voy para allá. Espérame, no hagas nada hasta que llegue.
ANA PENSANDO- Amor? Que mier… porque te enojas estupida
Colgó, se pasó la mano por la cara, y salió de la casa sin verme. La puerta se cerró con un clic suave. Yo me quedé allí, en el pasillo oscuro, el corazón latiendo fuerte.
ANA- ¿Va a buscarla? ¿A una mujer? ¿tiene novia? ¿Por qué me molesta tanto? Es su vida, no mía. No debería importarme... pero me siento... enojada. ¿Celosa? No, Ana, estás loca. Es solo estrés, nada más. Él es amable con todos. ¿Por qué me afecta?.
cornudo

Subí a la habitación, pero no podía dormir. Me toqué sutilmente bajo las sábanas, pensando en Marco, en cómo se fue tan rápido por ella, en cómo su voz sonó protectora al teléfono. La culpa me quemaba, pero el calor entre mis piernas era más fuerte. No debería... pero me siento tan... sola. ¿Por qué me importa con quién sale? Es mi cuñado... para.
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Continuara...



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