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El cumpleaños de Emilia

La noche del cumpleaños número 29 de Emilia Mernes, el primero tras su separación con Duki, estaba que explotaba en una mansión de locos en las afueras de Buenos Aires. El lugar era un quilombo de lujo: jardines re contra verdes, una pileta iluminada con luces LED que cambiaban de color al ritmo de los hits reggaetón y trap que el DJ ponía sin parar. Emilia, la reina de la noche, andaba con su melena castaña cayendo en ondas perfectas, un vestido negro que le apretaba todo lo que había que apretar, esos pechos firmes que se movían con cada paso, la cintura de avispa y unas caderas hipnóticas. Sus ojos verdes brillaban bajo el maquillaje, y esa sonrisa pícara era como un imán para todo el mundo.

El cumpleaños de Emilia

- ¡Feliz cumple, che! -, le gritaban de todos lados, y ella respondía con un beso al aire o un abrazo rápido, pero en el fondo, su cabeza estaba en otra.

La casa rebalsaba de gente: cantantes, influencers, amigos del alma y un par de famosos que habían volado desde Miami solo por ella. La música retumbaba en el salón principal, Emilia bailaba en el centro de la pista, moviendo el culo como solo ella sabe, con ese flow que deja a todos babosos. Pero su mente no estaba en la fiesta del todo. Había invitado a Lucas, un productor musical con el que había compartido sesiones de estudio eternas, llenas de miradas calientes y toques "accidentales" que nunca pasaban a mayores. Lucas era un tipo alto, morocho, con una mandíbula que parecía tallada en piedra y ojos verdes que te clavaban como dagas. 

- Ese boludo me tiene loca desde hace rato - pensó Emilia mientras tomaba un shot de Fernet que le pasó una amiga.

- ¡Emi, boluda! ¡Feliz cumple, reina del pop argentino! Tomate este shot, dale, que la noche recién arranca -, le dijo su amiga Mica, abrazándola fuerte y derramando un poco de alcohol en el piso.

- ¡Gracias, Mica! Sos una genia. Esta fiesta va a ser un descontrol total. ¿Viste cuánta gente? Me siento como en un videoclip -, respondió Emilia, riendo y tragando el shot de un saque. 

El calor del alcohol le bajó por la garganta como fuego, y sintió un cosquilleo en todo el cuerpo. Pero sus ojos seguían buscando en la multitud. Ahí estaba Lucas, apoyado en la barra como si nada, con un vaso de whisky en la mano, mirándola fijo. Sus miradas se cruzaron, y fue como si el aire se cargara de electricidad. 

Lucas no se hizo rogar. Se abrió paso entre la gente, esquivando codos y culos en movimiento. - Feliz cumple, Emi. Estas... hecha una bomba, boluda. Ese vestido negro te queda pintado - le dijo con esa voz grave que le ponía la piel de gallina.

Emilia se mordió el labio, sintiendo un calor subiendo por su panza. - Gracias, Lu. ¿Viniste a felicitarme como se debe? O solo a mirarme de lejos como un gil? -

Él sonrió, con esa cara de pícaro que la mataba. - Depende, boluda. Si querés una felicitación privada, te muestro mi regalo ahora mismo. Pero no acá, con todo este quilombo de gente. ¿Vamos a un lugar más tranqui? -

- ¡Dale! Sorprendeme, pero vamos rápido. Arriba, a mi habitación. Nadie se va a dar cuenta que nos escapamos un rato. La fiesta sigue sin nosotros - dijo ella, agarrándole la mano y tirando de él escaleras arriba. El corazón le latía a mil, y sentía las piernas un poco flojas del nervio y el alcohol.

La habitación de Emilia era la calma en medio del caos: una cama enorme con sábanas de seda blanca que se sentían como una caricia, luces tenues de velas aromáticas que olían a vainilla, y un balcón con vista a la pileta donde la gente seguía bailando ajena a todo. Cerraron la puerta con llave, y el ruido de abajo se convirtió en un murmullo lejano. 

emilia

- Bueno, boludo, ¿qué es ese regalo misterioso que me prometiste? - preguntó Emilia, girándose hacia él con una ceja arqueada y las manos en las caderas.

Lucas se acercó despacio, como un lobo acechando, y la pegó contra la pared. - Primero, un beso de cumple como se debe - murmuró, y le plantó los labios en los suyos.

El beso arrancó suave, pero en dos segundos se volvió un incendio: lenguas enredadas, mordiscos suaves en el labio inferior. Emilia gimió bajito, sintiendo las manos de él en su cintura, bajando hasta apretarle el orto con fuerza.

- Oh, Dios, Lu... desde que corté con Mauro hace meses pienso en vos, boludo. Cada vez que nos veíamos en el estudio, me moría por tocarte - confesó ella, rompiendo el beso para tomar aire, con la voz entrecortada.

- Yo también, Emi. Te veo en el escenario, moviendo ese culo hermoso, y me pongo como loco. Sos una bomba - respondió él, besándole el cuello, chupando la piel sensible justo debajo de la oreja.

Emilia inclinó la cabeza, dándole más espacio, mientras sus manos subían por el pecho de él, desabotonando la camisa con dedos temblorosos.

- Sacate esta mierda, dale. Quiero verte todo - ordenó ella, tirando de la tela con impaciencia. 

Lucas se sacó la camisa de un tirón, mostrando un torso tonificado, con músculos que se marcaban bajo la piel bronceada. Emilia lo recorrió con las uñas, arañando levemente. - Sos perfecto, boludo. Mirá estos abdominales... me dan ganas de pasarte la lengua por todos lados. -

Se besaron de nuevo, más salvaje, y cayeron en la cama entre risas y jadeos. Lucas rodó para quedar arriba, dominando, y sus manos exploraron el vestido negro. 

- Este vestido te hace ver como una diosa, Emi, pero lo quiero sacar ya. Quiero verte desnuda - dijo, quitándoselo. 

Emilia arqueó la espalda para ayudarlo, y el vestido cayó al piso, dejando al descubierto sus tetas perfectas y una tanga de lencería negra que se perdía entre sus curvas.

- Mierda, Emi... sos más hermosa de lo que soñaba. Estas tetas... perfectas - gruñó Lucas, con los ojos brillando de deseo. 

Besó su clavícula, bajando hacia sus pechos libres, con pezones rosados ya duros como piedritas. Lucas los tomó en la boca, uno a uno, chupando fuerte, girando la lengua alrededor, mordisqueando lo justo para hacerla gemir.

- Ahh... sí, Lu, justo ahí. Chupame más fuerte, boludo, no seas tierno ahora - gimió Emilia, enredando los dedos en su pelo y tirando un poco. 

Él obedeció, succionando como si quisiera devorarla, alternando con mordidas suaves que enviaban rayos de placer directo a su concha. Ella sentía cómo se mojaba más y más, la tanga mojada pegada a su piel caliente.

Lucas siguió bajando, besando su panza plana, lamiendo el ombligo con la punta de la lengua. - Quiero probarte, Emi. Quiero comerte toda - murmuró contra su piel, con la voz ronca de excitación.

- Hacelo, dale... no me hagas esperar más, boludo. Estoy re contra mojada por vos - suplicó ella, abriendo las piernas.

Lucas apartó la tanga a un lado, exponiendo su concha depilada, rosada y brillante. - Mirá cómo estás... toda húmeda para mí. Sos una diosa - dijo, antes de hundir la lengua en sus pliegues.

Emilia gritó de placer, arqueando la espalda. - ¡Lucas! Ay la puta madre… tu lengua es mágica. Chupame el clítoris, dale, seguí así. - 

Él obedeció, lamiendo en círculos rápidos, succionando mientras metía un dedo adentro, curvándolo para tocar ese punto G que la volvía loca. 

- Más... meteme otro dedo, boludo. Meteme más dedos dale - pidió ella, jadeando.
Lucas añadió un segundo dedo, luego un tercero, bombeando fuerte mientras su boca no paraba. - Te gusta esto, ¿no, Emi? Te gusta que te coma la concha en tu cumple - preguntó, levantando la vista para verla retorcerse.

- Sí... me encanta, Lu. No pares... voy a acabar ya, boludo - respondió ella, con la voz ahogada. 

El orgasmo la pegó fuerte: su cuerpo se convulsionó, las piernas temblando, gritando mientras sus jugos mojaban la cara de él. Lucas lamió todo, limpiándola, hasta que ella lo empujó, demasiado sensible. - Pará, che... me mataste. -

Ahora era el turno de ella. Emilia se incorporó con una sonrisa maliciosa, los ojos brillando. - Me encanta mi regalo de cumple... ahora te doy yo uno a vos, boludo. Te la voy a chupar hasta que me pidas piedad - 

Lo empujó de espaldas y le desabrochó los pantalones, liberando su pija dura como una roca, gruesa, venosa, con la cabeza brillando. - Mmm, mirá esto... tan dura y grande para mí. Me encanta - dijo, lamiéndose los labios.

Lucas la miró, hipnotizado. - Chupamela, Emi. Quiero sentir esa boquita caliente tuya, dale. - 

Ella envolvió los labios alrededor de la cabeza, succionando suave al principio, saboreando. Luego bajó más, tomando todo lo que podía, la garganta relajada por la práctica. Su lengua bailaba alrededor del tronco, mientras una mano masajeaba sus huevos pesados.

- Hija de puta... sos una experta, boluda. Más profundo... sí, así, atragantate con mi pija - gimió él, agarrando las sábanas. 

Emilia se la mandó hasta el fondo, atragantándose un poco pero disfrutándolo, los ojos lagrimeando de placer y esfuerzo. Lo chupó con ritmo, alternando con lamidas largas desde la base hasta la punta, chupando los huevos también para volverlo loco.

- Pará... o acabo en tu boca ya - jadeó Lucas, tirando de ella hacia arriba. 

- Quiero cogerte ahora, Emi. Quiero metértela toda - Ella se puso sobre él, guiando su pija hacia su entrada empapada. 

- Sí... metémela, boludo. Llename completa - dijo, bajando despacio.

Ambos gimieron al unísono cuando entró todo. Emilia empezó a moverse, cabalgándolo lento al principio, luego más rápido, sus tetas rebotando con cada salto. - Dios, es tan grande... me estiras toda la concha, me encanta. -

Lucas agarró sus caderas, clavando los dedos. - Móntame más fuerte, Emi. Quiero verte acabar otra vez. Dale puta, rebotá en mi pija. - Ella aceleró, el sonido de piel contra piel llenando la habitación, sudor chorreando por sus cuerpos.

Cambió de posición: Lucas la puso en cuatro, admirando su culo redondo. - Lo buena que te ves así, boluda. Ese orto es mío esta noche - dijo, azotándola fuerte, dejando una marca roja. 

Emilia jadeó de placer. - Más... pegame más fuerte. Me gusta cuando me tratás como una puta, y más en mi cumple. -

Él obedeció, azotando mientras la penetraba por atrás, profundo y rápido. - Te gusta mi pija adentro, ¿no? Decime, Emi, ¿querés que te llene de leche? -

- Sí... acabame adentro, boludo. Es mi cumple, dame todo tu semen, dale - respondió ella, empujando hacia atrás para encontrarlo. 

Llegaron al climax juntos: Lucas rugió, derramándose en chorros calientes dentro de ella, mientras Emilia se contraía alrededor, gritando de éxtasis, las uñas clavadas en las sábanas.

Se derrumbaron exhaustos, respirando agitados. - Es el mejor regalo de la historia, che. Sos un animal - murmuró Emilia, besándolo suave.

Lucas rió, acariciándole el pelo. - Y la noche recién arranca, boluda. -

Emilia apoyó la cabeza en el pecho de él, escuchando cómo le latía el corazón a mil. Le pasó los dedos por el abdomen, bajando despacio hasta rozar esa pija que, aunque recién acababa de vaciarse, ya empezaba a endurecerse otra vez solo con el roce.

- Mirá vos… ya querés más, ¿eh, boludo? - murmuró ella con voz ronca, sonriendo pícara mientras la agarraba con la mano y la apretaba suave, sintiendo cómo volvía a crecer entre sus dedos.

Lucas soltó una risa baja, grave. - Es tu culpa, Emi. Con ese cuerpo y esa cara de puta satisfecha… ¿cómo no voy a querer seguir? Además, es tu cumple. Todavía no te di el postre. -

Ella se mordió el labio y se incorporó un poco, apoyándose en un codo para mirarlo fijo a los ojos. - Entonces dame el postre, Lu. Quiero que me rompas toda la noche. Pero esta vez… quiero que me hagas gritar más fuerte que la música de abajo. -

Lucas no necesitó más invitación. La agarró por las caderas y la puso boca abajo, con el culo para arriba. Le dió una palmada fuerte que resonó en la habitación, dejando una marca roja perfecta en esa culo redondo y firme.

- ¡Ahh, mierda…! - gimió Emilia, arqueando la espalda. - Otra, dale. Pegame como si fuera tuya. -

- Sos mía esta noche, reina. Todo este orto es mío - gruñó él, dándole otra palmada más fuerte, luego otra, alternando cachetadas con caricias hasta que la piel quedó ardiente y rosada. Emilia enterró la cara en la almohada para ahogar un grito, pero igual se le escapaban gemidos ahogados.

Lucas se arrodilló detrás de ella, separándole las nalgas con las dos manos. Su concha todavía estaba hinchada, brillante de semen y humedad, con el ano rosado y apretado justo arriba. Se inclinó y pasó la lengua despacio por todo el largo, desde el clítoris hasta el agujero trasero, saboreando la mezcla de ellos dos.

- ¡Lucas, la puta madre…! ¿Qué hacés…? - jadeó ella, temblando entera.

- Te limpio, boluda… y te preparo para lo que viene - respondió él, metiendo la lengua en su concha primero, lamiendo profundo, luego subiendo hasta rodear el ano con la punta, humedeciéndolo todo. Emilia se retorcía, empujando hacia atrás, pidiendo más sin palabras.

- Meteme un dedo ahí… despacito, che - suplicó, con la voz entrecortada.

Lucas obedeció. Escupió en su dedo índice y lo presionó suave contra el ano, entrando solo la primera falange. Emilia soltó un gemido largo, mezcla de placer y sorpresa. - Más… meteme otro, Lu. Quiero sentirme llena por todos lados. -

Metió el segundo dedo, moviéndolos despacio, abriéndola poco a poco mientras con la otra mano le frotaba el clítoris en círculos rápidos. Ella ya estaba al borde otra vez, las piernas temblando, el culo alzado como ofrenda.

- Ahora quiero tu pija, boludo… pero despacio al principio - dijo, mirándolo por encima del hombro con los ojos vidriosos de deseo.

Lucas se acomodó, la cabeza gruesa de su pija presionando contra el ano lubricado. - Relajate, Emi… respirá hondo. Te voy a meter todo, pero despacito. - Empujó suave, entrando centímetro a centímetro. Ella jadeaba fuerte, mordiéndose el brazo para no gritar demasiado alto.

- ¡Ahhh… sí… me estás partiendo el culo! - gimió cuando ya tenía la mitad adentro. Lucas se quedó quieto un segundo, dejándola acostumbrarse, luego siguió empujando hasta que las bolas tocaron su concha empapada.

- Dios… estás apretadísima… me vas a hacer acabar en dos minutos si seguís apretando así - gruñó él, empezando a moverse lento, entrando y saliendo con cuidado.

Emilia se adaptó rápido. Empezó a empujar hacia atrás, pidiéndole ritmo. - Más rápido, Lu… cogeme el culo fuerte. Quiero sentirte reventándome. -

Él aceleró, agarrándola de las caderas, embistiéndola con fuerza. El sonido de piel contra piel era obsceno, mezclado con los gemidos de ella y los gruñidos de él. Con una mano bajó a frotarle el clítoris, y con la otra le metió dos dedos en la concha, cogiéndola por los dos agujeros al mismo tiempo.

- ¡Me voy a correr… me voy a correr así, boludo…! - gritó Emilia, el cuerpo convulsionándose.

Lucas no aguantó más. - Me vengo, Emi… me vengo en tu culo… ¡tomá todo! - rugió, empujando profundo una última vez y derramándose adentro en chorros calientes. Se quedó quieto, temblando, hasta que salió despacio, viendo cómo el semen blanco se escapaba del ano abierto y bajaba por los muslos de ella.

Cayeron los dos de nuevo, exhaustos. Pero Emilia, todavía jadeante, se giró y lo besó con lengua, saboreando el gusto de ellos dos en su boca.

- No terminamos, che - susurró contra sus labios. - Quiero probar algo más… quiero que me hagas squirt mientras te chupo la pija al revés. -

Lucas sonrió, con los ojos brillando de nuevo. - Sos insaciable, boluda. Dale, ponete encima… 69 pero con vos arriba. Te voy a hacer eyacular como nunca. -


Emilia se subió, poniéndose con las piernas abiertas sobre la cara de él, con la concha justo encima de su boca. Bajó la cabeza y tomó la pija semidura en la boca otra vez, chupándola con ganas mientras Lucas le metía tres dedos en la concha y le lamía el clítoris sin parar.

- Doblá los dedos… justo ahí… más fuerte - pidió ella entre chupadas.

Lucas obedeció, bombeando rápido, presionando ese punto G una y otra vez. Emilia empezó a temblar, la boca llena de pija, gimiendo alrededor del tronco. De repente, un chorro caliente salió de ella, mojándole la cara y el pecho a Lucas. Ella gritó, sacando la pija un segundo para jadear: - ¡Me estoy corriendo… me estás haciendo squirtear, la concha de tu madre…! -

Lucas no paró, siguió lamiendo y metiendo dedos hasta que ella eyaculó otra vez, empapando las sábanas y la cara de él. Solo entonces la bajó, la puso de espaldas y se la metió de nuevo en la concha, cogiéndola lento esta vez, besándole el cuello.

- Te amo así, Emi… toda mojada, toda mía…- murmuró.

Ella giró la cabeza para besarlo. - Seguí, Lu… no pares hasta que salga el sol. Es mi cumple… y todavía tengo ganas de más. -

Abajo la fiesta seguía a full, pero en esa habitación el tiempo se había detenido. Solo existían ellos dos, cuerpos sudados, gemidos ahogados y promesas de seguir hasta que no quedara ni una gota de deseo.

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