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Micaela y sus sobrinos 1

Lectura: 18 min.
Esta es la historia de Micaela, una mujer que acaba de cumplir 30 años y todo el mundo se le vino abajo al entrar en la tercera década, ya no se siente tan joven como antes.
Micaela y sus sobrinos 1

Sabe que su esposo mira a las chicas de veinte y que ella tiene que hacer más ejercicio y usar más cremas para lograr mantener el cuerpo que las más jóvenes tienen sin hacer mucho.

El problema de esa edad es que tampoco es muy grande, por lo que debe escuchar como otros y otras le dan consejos de cómo vivir, de cómo administrar, de qué hacer con el matrimonio, el trabajo, el ahorro, etc.

La familia política es un problema, entre su suegra que estaba encantada con la anterior novia del nene y la cuñada que tiene 40 años y a pesar de que tuvo los hijos a los 20 sin tener nada seguro, cree que sabe como hacer las cosas y siempre le recrimina a Micaela sobre todo con tan solo un par de años de casada.

El esposo de Micaela, sale siempre a favor de su familia, nene de mama, el hijo más chico, mimado y cuidado.

Micaela tiene que soportar que su esposo cuando maneja gire con descaro la cabeza cuando ve a las jovencitas caminar con poca ropa en el caluroso verano de Buenos Aires.
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La casa donde viven cuenta con un pequeño jardín y una pileta, motivo por el que la familia del esposo de Micaela siempre busca una excusa para pasar el día.

La suegra es viuda, pero al enviudar estaban separados hace años.

Hace un par de años por el Covid falleció su ex esposo estando viviendo en otra provincia lejos de Buenos Aires.

Llega la notificación de la otra familia para firmar papeles por la sucesión. Tanto el esposo de Micaela como su hermana deciden tomarse unos días para tal trámite.

La cuñada llega a la casa y molesta indicándole que ropa debe llevar su esposo y como debe armar hasta el bolso, pone caras al mirar la ropa como probando que no está tan limpia la ropa o tan planchada.

Micaela no es ama de casa, tiene su trabajo como secretaria en un estudio jurídico mientras intenta terminar su carrera.

La cuñada cree que ella busca excusas para no cumplir con su rol de esposa de su hermano.

Al preparar la comida antes de viajar es la cuñada quien mete mano en la cocina corrigiendo lo que hace Micaela. Ella se traga todo porque sabe que están por viajar por un asunto delicado.

Finalmente se van.

Hay paz esa noche en la casa.

Amanece el sábado con mucho calor, Micaela se levanta como cuando era soltera, solo vestida con su tanga y se saca la remera que usaba de pijama quedando en tetas.
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Prepara el desayuno bailando y se mira en el espejo, su cola es un poco más grande que cuando tenía 20 pero sigue estando firme. Su abdomen se afloja un poco, pero sabe que hay técnicas para ponerlo firme para las fotos.
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Sus tetas son lindas, blancas, con una gran aureola rosa y de buen tamaño, saben lucirse en escotes.

Desayuna y decide hacer ejercicio.

A media mañana llegan unos cuantos mensajes de forma insistente. Revisa su teléfono y son sus sobrinos, los hijos de la víbora de la cuñada.

No llegan las 11 de la mañana y el termómetro marca 30 grados. El mensaje era obvio, los sobrinitos preguntándole a la tía si podían ir a la pileta en el día.

Cometió un error al mirar los mensajes, ellos ya sabían que había visto el mensaje, le mandaban emojis y stickers graciosos buscando que diga que si.

Le dice que ella necesitaba estudiar, pero es una mala excusa porque ellos le retrucan que no la van a molestar, llevarían su comida y bebida y estarían en la pileta y el jardín, ella podría estudiar tranquila.

Acuerdan que pueden venir a la pileta pero solo unas horas, y después de almorzar. Era un buen negocio, desde las 14 a las 18 era aceptable sabiendo que se los sacaría de encima de esa manera.

Llega la hora pactada y tras inventar sacar apuntes para no parecer que mentía y ponerlos sobre la mesa se sienta con su computadora, sabiendo que lo que más quería era estar sola en casa y en su pileta.

Llegan los sobrinos puntualmente. Marcos y Agustín, 19 y 21 años respectivamente. Saludan y como si estuvieran en su casa ponen las bebidas, que eran alcohólicas obviamente, en la heladera.

Marcos y Agustín son parecidos, algunos creerían que son gemelos. Miden casi lo mismo aproximadamente 1.80 m, son delgados y les gusta estar en forma.

No pasa mucho hasta que van a la pileta, poniendo su equipo de música portátil bien fuerte.

Se llevan una heladerita donde van poniendo algunas botellas y latas que piensan tomar mientras están disfrutando de la pileta.

Las mejores horas de sol están pasando y Micaela quedó atrapada en su mentira de estudio dentro de la casa. Trata al menos de estudiar cuando suena el teléfono, es su esposo.

Ha llegado bien a destino y la pone al tanto de las novedades, de fondo se escucha a su hermana que ya sabe que sus hijos están ahí gritando pidiendo que le cocine algo rico para sus nenes.

El solo hecho de escuchar la irritante voz de su cuñada hace que al terminar la llamada se levante y se dirija a su cuarto a ponerse la bikini.
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Mientras se la está colocando le da vergüenza, esa pequeña flacidez en la panza le da inseguridad y decide entonces ponerse una malla enteriza que usaba en las clases de natación.

Una malla que cubría totalmente sus pechos y la cola, de color negro.
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Así se dirigió a la pileta y se encontró con sus dos sobrinos adolescentes, con sus mallas cortas y arremangadas para que se vean bien sus piernas trabajadas.

Ellos la reciben con alegría, festejando que dejó de estudiar para meterse a la pileta.

Disfrutan juntos un rato en el agua y comienzan a compartir las bebidas.

La temperatura ha llegado a 38 grados y casi ni salen de la pileta solo para ir a buscar más bebida fresca y algo para ir comiendo.

El sol se despide, pero el calor no cede, es esa hora perfecta del verano donde ya el sol no quema pero aún hay algo de luz.

Agustín el de 21 dice que está estudiando para ser bartender y ensaya con las botellas que tiene unos tragos para que prueben lo que va aprendiendo.

Aún tiene una mentalidad adolescente, le cuenta a la tía Micaela que su idea es juntar algo de dinero e ir a Europa a ser bartender y allí hacerse rico.

Micaela que ya ha pasado esa edad donde todo es fantasía se le escapa una risa, y Agustín pone cara de enojo y parece que quiere ofenderse.

Micaela reacciona y le tira agua desde la pileta y el berrinche desaparece.

A tal punto que Agustín empieza a correr a su tía y al alcanzarla la levanta y la lleva hacia la pileta arrojándola.

Hay muchas risas pero de repente tal vez producto del alcohol y la euforia, Marcos comienza a burlarse del plan de Agustín y este reacciona contra su hermano.

A diferencia de su tía Micaela, Marcos no se dejaría tirar a la pileta, así que comienzan a luchar demostrando su poderío físico.

Micaela desde la pileta se da cuenta que los esfuerzos y las tomas son cada vez más bruscas y les grita que ya es suficiente.

Como niños parecen no escuchar nada y siguen forcejeando, diciéndose cosas fuertes.

Micaela sale de la pileta e intenta separarlos poniéndose entre ellos.

Eso logra sacarlos de lo rojo de sus ojos.

Micaela está ahora separando a los dos hermanos.

Una mano toca el pecho de Agustín y la otra mano los abdominales de Marcos.

Separados por su tía no tienen contacto físico pero siguen agrediéndose verbalmente.

En el medio su tía hace esfuerzos para mantenerlos separados.

Parece que quieren volver a trenzarse cuando de repente Agustín se detiene, Marcos al instante hace lo mismo.

Su tía no sabe porqué parecía que iban a agarrarse a trompadas y de repente se detienen.

En el episodio de Agustín llevando a su tía a la pileta ha roto parte de la malla enteriza en el comienzo de su bretel y el escote.

Como un pétalo se dejó caer por la gravedad y dejó expuesto medio pezón de Micaela.

Agustín y Marcos ven lo mismo y se miran entre sí, no saben si decirle a la tía o no, ambos saben que deben avisarle pero quedarían como que vieron algo prohibido, sus ojos no deberían fijarse nunca en los pechos de una mujer que no sea su novia y menos en los de su tía.

El nerviosismo de los hermanos advierte a Micaela de que algo extraño pasaba y allí es que mira hacia abajo y ve su accidental inocente desnudo parcial de medio pezón.

Acto reflejo se cubre con su brazo y mira a sus sobrinos abochornada.
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“no vimos nada” balbucea Marcos mientras miraba a la pileta.

Micaela no sabe qué hacer y sale corriendo al interior de su casa.

Pasan unos minutos y vuelve con un remerón. Un remerón que usa de pijama desde hace un tiempo.

A pesar de que hace pocos años se ha casado, la pasión y el erotismo han desaparecido a tan solo 30 años de vida.

Ya no hay tanta ropa interior sexy, no hay transparencias, salvo ocasiones especiales.

Las noches de sexo son solo por espasmos de calentura de su esposo, sin previa, mientras hay un partido de futbol de fondo en una noche de domingo.

La última vez fue así. Un domingo a la medianoche, mientras estaba su esposo mirando el resumen de los goles del fin de semana. Sin preguntarle, sin siquiera tener un mínimo de consideración por ella.

Micaela solo se tuvo que prestar para que las ganas repentinas de eyacular de su esposo fuera satisfecha.

Unos pocos minutos de costado y nada más. Al terminar la besa en el cachete y se da vuelta para quedarse dormido.

Esa misma remera fue la que estaba usando tras la rotura de la maya.

Los sobrinos no querían mirarla, y Micaela se da cuenta de la incomodidad. Por lo que ella misma decide romper el hielo pidiendo un nuevo trago.

Brindan los tres y de a poco vuelven las risas.

Ya está oscuro, el calor sigue aún en la noche. Los sobrinos buscan refrescarse entrando nuevamente en la pileta.

Micaela duda porque debería sacarse la remera o bien meterse con ella.

El calor es tan agobiante en la noche y el alcohol no ha ayudado, por lo que desinhibida se zambulle con remera puesta.

Nadan los tres y luego deciden salir juntos.

Primero sale Marcos, el mayor. Micaela desde el agua ve como de un salto sale del agua hacia el borde de la pileta y se sienta esperando que salgan los demás.

Micaela se sorprendió con lo atlético de su salto, la pequeña maya masculina se pegó al cuerpo de su sobrino mayor, y en esa posición quedó en línea recta a la vista de ella el relieve de su masculinidad.

Fue un segundo o dos, pero fue demasiado tiempo para tener la mirada puesta en donde no debía.

Micaela decide romper el momento saliendo por las escaleras.

El remerón que apenas cubría sus nalgas en seco se había pegado al cuerpo mojado mostrando la figura de Micaela.

No solo se había pegado sino que había quedado a la mitad de sus nalgas. Por el nado la parte de abajo de la maya se había metido entre las nalgas.

Subiendo las escaleras Micaela se da cuenta de que estaba en esta situación y no era práctico acomodarse al subir.

Mira de reojo hacia atrás buscando el último escalón y puede ver a Agustín mirando directo a su parte trasera.

No podía determinar si solo miraba el todo de su tía o si estaba enfocado en como la maya se metía entre las nalgas de su tía.

Los nervios y esa mirada hacia atrás hacen errar el pie en el último escalón, por lo que Micaela tropieza y se va hacia adelante.

Marcos ya estaba ahí como un gato atento a su tropiezo y ella cae sobre él.

Marcos también había tomado demasiado y no puede sostenerla y terminan cayéndose lentamente al suelo.

Al caer la mano derecha de Micaela se apoya directamente en el bulto de su sobrino mayor.

Sintió el calor, la forma y el tamaño del miembro de Marcos en tan solo un instante.

Instante en el que ambos se quedan serios y mirándose a los ojos, otro instante y rompen en risas.

Por detrás llega Agustín y le tiende la mano a su tía para levantarla.

Acepta Micaela la ayuda y al ponerse de píe el efecto del alcohol hace que el equilibrio se pierda y se apoya con su otra mano en los duros abdominales de su sobrino menor.

Micaela sonríe nerviosa mientras mira a los ojos a Agustín. Sus dedos no se separan de los abdominales de su adolescente sobrino, sus uñas se deslizan por el relieve de su abdomen, su ombligo y hasta que uno de sus dedos llega al borde del mojado short.

Desde el suelo Marcos parece no querer reincorporarse, tiene la vista que antes tuvo su hermano, la cola de su tía con la tela de la maya enteriza metida bien entre sus nalgas.

Micaela entre risas voltea a ver a Marcos y lo engancha mirando su culo.

“qué estás mirando sobrinito?” pregunta entre risas.

Marcos solo balbucea y para disimular se levanta rápidamente.

La escena nocturna queda fija con los dedos de la mano izquierda de Micaela buscando sostén en el peligroso borde del short de Agustín, quién a su vez la sostiene con su adolescente y musculoso brazo dorado a su tía tomándola de la parte superior del brazo.

Micaela mientras mira a Marcos quien se puso de pie, quien tras la incómoda pregunta de su tía se sonroja pero no puede evitar la erección que al ponerse de pie se hace visible abriéndose paso por el débil elástico de su corto short.

La cabeza del glande de su sobrino de 21 años aparece en la oscuridad sorteando el elástico y es lo que Micaela observa sin sacar los ojos de encima. El alcohol la ha desinhibido.

Micaela muerde su labio inferior sin darse cuenta, su mano izquierda parece cobrar vida y se hunde un par de centímetros dentro del short de Agustín con la excusa de sostenerse.

El silencio se apodera de la situación y solo se escuchan la agitada y nerviosa respiración de los tres.

Algo está por ocurrir.

Micaela mordiendo su labio inferior sigue mirando sin pudor ese juvenil glande que la hipnotiza, su mano izquierda ya tiene 3 dedos por dentro del short de su otro adolescente sobrino y no se da cuenta que está a tan solo dos centímetros de tocar el falo del hijo más joven de su cuñada.

Su mano derecha se posa en el hombro de Marcos y se acerca a él sin soltar el short de Agustín que es arrastrado hacia ella.

Se acerca al rostro juvenil de Marcos alternando la vista hacia el irrespetuoso glande que asoma del short y los ojos de él, su mano juguetea en el hombro arañando suavemente mientras le sonríe cómplice.

En ese movimiento también su mano izquierda se mete de más en el short de Agustín y su dedo índice hace contacto con una barra de carne caliente y húmeda.

Esto hace que Micaela gire su cabeza y mire el joven rostro de Agustín que no sabe qué hacer o decir y tiene rubor en sus mejillas.

Ese contacto fue suficiente para que un líquido pegajoso que no es agua quede en el dedo índice de Micaela.

Ella saca su mano por reflejo y lleva su mano rápidamente hacia su cara tratando de cubrirse del error cometido.

Pero al hacerlo encuentra que su dedo índice brilla por ese líquido preseminal de su poderoso sobrino adolescente.

Ha llevado su dedo índice a sus labios sin querer y ahora un hilo de ese líquido une su índice con su labio superior.

Mientras mira a los ojos a Agustín, Micaela abre su boca caliente y su lengua sale para limpiar su dedo de forma inocente y sensual. Ese recorrido de su lengua no culmina con ese dedo sino que pasa por todo el labio superior mostrando que aquello que ha probado le ha gustado.

En ese momento suena el teléfono de Agustín rompiendo la magia.

Todos parecen entrar en razón y salen del trance, Agustín nervioso trata de contestar el teléfono temblando, Marcos va a buscar su celular y Micaela también da media vuelta sin saber que hacer.

Agustín atiende y habla tembloroso, es una videollamada de su madre. Comienza su interlocución interpelando a todos porque llamo a Micaela y a Marcos y no atendieron, tenían respectivos teléfonos en silencio.

Lo que sigue es que tanto Marcos y Micaela le explican que estaban en la pileta, que hacía calor, que ya atendió Agustín etc. pero no era suficiente para la madre protectora que les pide tanto a Marcos como a Micaela como si fuera una hija más que tenga el celular con sonido.

Esto la hace enojar y le dice que le manda saludos y que va a ir a prepararle algo de comer para sus hijitos.

De esa manera se sale de la incómoda situación de estar hablando con alguien indeseable y evitar futuras discusiones con su esposo, que por cierto también había dejado llamadas perdidas.

Aprovecha entonces el momento para ir dentro de la casa, comenzar a preparar algo para comer aunque no tenía hambre y llama a su esposo.

Al hablar con él recuerda lo que acababa de ocurrir antes y se pone nerviosa como si él hubiera estado presente.

Le pregunta cómo se habían portado sus sobrinos y cuenta cosas de los trámites que fueron hacer y sus complicaciones.

Micaela se va de la conversación, no presta atención, imágenes de la pileta vienen como flashes a su mente, recuerdos de como brillaba el sol en los musculosos y dorados cuerpos de sus sobrinos impactan en su memoria haciéndola sonreír mirando al techo mientras se lleva un dedo a la boca.

Recuerda una zambullida de Marcos la cual pudo ver como su short se plegó de tal forma que pudo ver su cola firme y parada al introducirse al agua. También viene a su memoria el bulto de Agustín que cuando tomaba sol parecía crecer de forma desproporcionada mientras el agua caía por los costados.

Va a su cuarto a seguir hablando con su esposo sin escuchar nada de lo que dice y en ese cuarto se saca la remera mojada, y comienza a bajar la malla mientras se mira en el espejo.

Da media vuelta para ver su cola como quedaba con la maya entre sus nalgas y comienza a sentirse linda, deseada como cuando era más joven.

Al sacarse la maya por completo observa que sus labios vaginales no brillaban por el agua de la pileta sino de que algo de su interior fluyo y lubrico esas partes como esperando de que pueda ser explorado y que todo lo que se explore sea delicado, se deslice y no tenga restricción para llegar a zonas más profundas, íntimas y prohibidas.

Ella separa los labios con las yemas de sus dedos y siente electricidad, siente calor, tiene escalofríos y su piel se eriza.

Sigue jugando con sus dedos y un sonido retumba en su cuarto matrimonial, el sonido de sus dedos con los labios vaginales y sus jugos parecen chapotear de tal forma que cualquiera que estuviera allí sabría que lo que está haciendo es algo sucio, algo mundano, algo perturbador para una señora casada de vida aburrida.

Tiene una mano en el teléfono y se mira en el espejo desnuda, su otra mano ya es descarada y dos dedos están dentro muy profundo de ella.

Recuerda que su dedo índice tuvo contacto con el falo juvenil de Agustín y malabarea sosteniendo el teléfono con su cabeza y su hombro mientras lleva nuevamente su dedo índice a su nariz y cierra los ojos.
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Aun siente o cree sentir ese embriagante olor que emana el liquido preseminal de un joven semental lleno de brío.

Cerrando los ojos parece que recuerda con mayor vividez el tacto, el olor, el gusto y la vista, todos los sentidos se acentúan y recuerda el calor de ese miembro, siente nuevamente el liquido pegándose a su dedo y siente el sabor cuando lo probó, Fue poco, fue apenas unas gotas, pero fue suficiente como para encenderla.

Su otra mano ya juega entrando y saliendo rápidamente entre sus labios inferiores.

Jadea, y se escuchan los gemidos que intenta sofocar.
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En ese éxtasis escucha que su esposo dice: “porque no les decis a los sobrinos que se queden esta noche con vos así te cuidan?”

Su mente que estaba ida imagina en tan solo un microsegundo a ella arrodillada desnuda ante sus dos jóvenes sobrinos mientras se bajan sus shorts lentamente.

Abre los ojos como si hubiera visto al mismísimo diablo intentando detener sus pensamientos pero ya es tarde.

Una explosión fluye de su interior, tiene un orgasmo que la hace explotar de placer, de calor, y de frío a la vez.

Caen sus jugos como chorros entre sus dedos que están dentro de su vulva, comienza a temblar, sus piernas se vencen y se cae de rodillas mientras el teléfono no puede ser sostenido por su cabeza y su hombro y mientras lanza un gemido audible se deja caer agitada, transpirada y extasiada.

Mientras intenta recuperar el aliento se escucha el teléfono debajo de la cama, su esposo pregunta que es lo que pasó, que fue ese ruido, porque se cayó el teléfono.

Ella necesita unos segundos para reponerse pero no puede, sigue en éxtasis. Su esposo sigue preguntando que es lo que está pasando.

Poco a poco se recompone y va desnuda arrastrándose en busca de su teléfono, inventa una excusa de que vio una cucaracha y tiro el celular sin querer por el susto.

Se despiden diciéndose que se aman y Micaela queda en la alfombra acostada aún temblorosa, húmeda y con los ojos brillantes grandes buscando una justificación de lo que acaba de hacer.

Luego de unos minutos desnuda, transpirada y agitada, decide levantarse de la alfombra que la había recibido tras el poderoso orgasmo que tuvo.

Se reincorpora tratando de pensar que todo lo que hizo fue producto de una fantasía simplemente, pero que lejos de la realidad se encuentra, como para justificarse y no sentirse perversa.

Se para frente al cajón de ropa interior y mientras elige alguna prenda se dice a sí misma que debería bañarse antes de ponerse alguna prenda íntima.

Por alguna razón piensa eso mientras tiene una diminuta tanga de encaje rojo en su mano, sus ojos brillan grandes mientras mira al espejo y al verse a sí misma a los ojos sonríe.
Micaela y sus sobrinos 1

Deja la prenda en la cama y va en busca de una bata, y al sostenerla con sus manos ve que es muy grande, parece una sábana blanca.

Va entonces al cajón especial que tiene para su esposo, y allí saca una bata con transparencias, que es más corta que las tradicionales, solo se puede ceñir con su cinto y queda bastante suelto y abierto a la vez que se entalla en su cintura.

Es de color bordó, de raso, con puntillas de un bordó mas intenso. Decide que esa es la única prenda que usará esa noche.

Se la prueba y duda en salir así hacia el comedor, es corto, no se pueden hacer muchos movimientos por el vuelo y claramente no es una bata de dormir estándar.
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Al acercarse a la puerta duda y al tomar el picaporte se queda quieta un segundo de más, transpira, se agita, tiembla y algo la empuja a salir hacia su comedor.

Allí se encuentra con la escena de sus dos sobrinos esperando en la cocina parados, ya entraron las cosas que estaban afuera y la miran como si hubieran estado allí esperando todo el tiempo que Micaela estuvo encerrada en su cuarto.

Marcos, el mayor, rompe el silencio diciendo de que ya se hizo muy tarde y que se pedirían un uber para regresar a su casa.

Agustín hace un paneo de arriba a abajo de su tía y no dice nada.

Micaela les dice que ya es tan tarde que convendría que se queden esa noche, ya que al otro día podrían aprovechar nuevamente la pileta desde temprano.

Lo dice mientras pasa desfilando entre medio de ellos y se dirige a la cocina propiamente dicha para ver qué puede preparar para comer.

Agustín le pregunta si se puede dar una ducha, a lo que Micaela asiente diciéndole que vaya tranquilo, que cuando salga tendría algo para comer.

El hermano menor entonces se va hacia el baño y Marcos se queda junto a Micaela para ayudar a preparar algo para comer.

Ella saca las verduras necesarias y la tabla para cortarlas. Al cortarlas produce un movimiento tal que la bata se abre en cada corte, dejando a la vista de costado sus tetas escondidas.

Marcos Ayuda lavando algunas verduras y no puede evitar mirar hacia el costado, puede ver como debajo de esa suave tela bordo estan esas tetas de su tía, puede ver el pezón desde el costado

Ella sabe que intenta de mirar de reojo, que inventa movimientos para poder ver algo más. Es más alto que ella y por eso puede ver desde ese ángulo la redondez de los senos de su tía.

Ella en medio de su tarea le pide a Marcos que busque una sartén que está en un cajón inferior.

Marcos obedece y corre la puerta corrediza que guarda los bártulos de la cocina, agachado busca lo que pidió Micaela teniendo las piernas de su tía muy cerca, al sacar una de las sartenes le pregunta a su tía si es la indicada, ella le indica que no lo es, que es otra que está en el fondo.

Desde esa posición Marcos pudo ver hacia arriba el recorrido de las piernas de su tía, pudo ver la redondez de las nalgas como en la pileta, seguía buscando y Micaela que sin mirar notaba la mirada de su sobrino decide darle libertad girando un poco dándole la espalda, o la cola, con la excusa de lavar un cuchillo.

Se toma el tiempo para lavarlo, ella no sabe si estará su sobrino mirando o no, pero el solo hecho de imaginarselo la hace estremecer. Escucha ruidos de ollas y sartenes y ansía que tarde un poco más en hallar la indicada.
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Micaela se inclina un poco más como si necesitara lavar el cuchillo más profundo en la bacha, así su bata de raso se levanta enseñandole no solo las nalgas sino que se puede notar que entre ellas no hay ropa interior.
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Está en la oscuridad, no se puede ver bien, pero claro está que no lleva nada. Micaela lava una y otra vez el mismo cuchillo hasta que Marcos le toca el hombro mostrándole la sartén.

No sabe bien si pudo ver su desnudez así que al tomar la sartén aprovecha a mirar el short aún húmedo de su sobrino, está con un bulto prominente, no sabe si es por mera juventud o porque pudo apreciar a su tía en lugares prohibidos.

Siguen cocinando y hay roces de manera disimulada entre Marcos y Micaela hasta que se escucha el grito de Agustín desde el baño, diciendo que no tenía toalla para secarse, ya que la que usaron en la pileta estaba toda mojada.

Micaela no lo piensa dos veces y deja la cocina en manos de Marcos mientras se dirige a buscar una toalla para Agustín.

Al buscarla va al baño contoneándose como si alguien la estuviera observando. Al llegar al baño cuando está por tocar la puerta, Agustín la abre sin saber que su tía estaba allí.

El juvenil musculoso y dorado cuerpo de su sobrino se le aparece a Micaela que lo observa de arriba a abajo de forma delicada.

Le alcanza la toalla y antes que logre tomarla la suelta para que caiga al suelo.

Así Agustín desnudo se agacha a buscar la toalla y en ese recorrido también puede ver el largo de las piernas de su tía hasta el punto donde se unen, y allí en esa oscuridad prohibida de la unión de sus piernas parece divisar que no hay ropa interior, que hay una silueta de labios maduros que se traslucen por la posición.

Micaela da media vuelta y desfila para que su sobrino más joven pueda apreciar esas nalgas desnudas.
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En el camino se encuentra con Marcos que dice que él se daría una ducha también para aprovechar antes de que esté lista la cena.

Cuando Marcos le pide una toalla, ella dice que se la alcanzará después, porque Agustín estaría en el cuarto de ella cambiandose

Pasan unos minutos y Agustín sale del cuarto ya limpio, con una remera y un pantalón seco. Micaela recuerda la toalla para Marcos y va en busca de ella.

En el cuarto encuentra la toalla que usó Agustín y encima de ella su short, ese que ella tocó por dentro.

Allí se detiene a observar con detalle la parte que calzaba su miembro y sus bolas, ve esa tela de toalla que absorbe la humedad de sus partes nobles.

Pasa su dedo índice nuevamente por esa zona del short de Agustín como esperando encontrar algún resto de lo que había probado al borde de la pileta. No puede distinguir si es agua o sus fluidos masculinos por lo que se lleva la prenda a su nariz para olerlo, y entre el cloro parece distinguir ese olor amoníaco masculino provocando que sus pezones se pongan en punta.

Deja la prenda y se va hacia el baño para dar la toalla a Marcos, allí iba a dejarlo en el piso pero decide hacer algo más peligroso.

Abre la puerta del baño con suavidad y allí se encuentra con la mampara transparente empañada mostrando igualmente la figura de Marcos.

Esta enjabonándose y ella lo puede ver clarito, puede ver su cuerpo desnudo aún a pesar de los vapores y el vidrio empañado.

Se detiene Marcos a enjabonarse su miembro que parece estar creciente.

Micaela puede ver la silueta de un pedazo de carne bastante grande, mucho más que la de su esposo, este es más ancho, grande y se bambolea amenazante.

Sus bolas grandes también se mueven como cencerros y más cuando Marcos con su mano comienza a lavarse con detenimiento y subiendo y bajando por su tronco.

Micaela observa y ve como su sobrino hace lo que todo joven que está caliente hace. Ella quisiera verlo de frente, en forma nítida, pero es lo que le permite ver de incógnito y sabe que eso la está erotizando.

Su sobrino se chasquea con fuerza su poderoso mástil y mientras se apoya en la mampara se siente un bramido y la poderosa eyaculación de un joven brioso lleno de esperma.

Micaela ve como chorros salen y se deslizan por la mampara.

Deja la toalla dentro y cierra la puerta esta vez con fuerza, para que su sobrino sepa que ella ha estado presente en ese momento de éxtasis.

Micaela vuelve a la cocina y Agustín espera para servir la comida a la orden de ella.

Se escucha la puerta del baño abrirse, es Marcos con su toalla ceñida a la cintura que va raudamente al cuarto para cambiarse.

Tras unos minutos se sientan a la mesa los sobrinos y Micaela va en busca de un vino para beber juntos.

Ella misma lo descorcha en frente de sus sobrinos que ya están sentados y les sirve a cada uno sin preguntarles si quieren, ellos en ese gesto ven los senos desnudos de su tía por el movimiento de la sexy bata de raso bordó.

Ella sigue caminando alrededor de la mesa como una chica de cartel de un ring de box y una vez sentados comienzan a comer.
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Micaela entonces comienza la cena con un:

“Coman, pero no se llenen, porque después hay postre”.

¿Parte 2?

Este relato pertenece a hectornieto en Cuento Relatos

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