Todo empezó con algo tan tonto como una repisa.
Yo necesitaba un lugar donde poner mis productos de piel, mis maquillajes, mis perfumes. La habitación de huéspedes era pequeña y el tocador improvisado ya no daba abasto. Sobre la televisión del cuarto había un espacio perfecto en la pared. Se lo mencioné a B varias veces: “Dile a V si nos deja perforar, amor. Solo es una repisa, no es gran cosa”. Pero B siempre lo dejaba pasar. “Después, E… ahora no es prioridad”. Lo decía con esa cara de fastidio que ponía cuando hablaba de dinero.
Una noche discutimos fuerte. B acababa de encontrar trabajo, pero renegaba todo el día: el ambiente era tóxico, los jefes unos idiotas, el sueldo una miseria comparado con lo que ganaba. Y yo, cansada de oírlo, me decia de gastos y me decia aun asi quieres que ponga una repisa son gastos inecesarios, exploté: ¡Esta ni siquiera es nuestra casa!. Él me miró furioso: le pedí que buscara una casa entonces”.
V estaba en la sala, supuestamente viendo televisión. Escuchó todo. Lo supe porque cuando salí del cuarto con los ojos ardiendo de rabia, él me miró y luego dijo con voz tranquila: “Si quieren, yo tengo unas tablas de madera buenas guardadas. solo ponlas y cuando se vayan, las quito y resano todo. No hay problema”.
pero pasaron los dias y no lo colocaba, ya no insiste mas nada.
Días después salí temprano al mercado por verduras. El sol ya pegaba fuerte, el aire olía a tierra caliente y fruta madura. Cuando regresé, con las bolsas sudándome en las manos, vi que V ya estaba en nuestro cuarto. Tenía la escalera pequeña, el taladro, las tablas cortadas a medida. Ya había colocado una repisa: perfecta, recta. Me detuve en la puerta, observando cómo trabajaba en short y playera ajustada
—¿Necesitas algo? —pregunté desde la puerta, la voz más suave de lo que pretendía.
—Solo que me sostengas la segunda repisa un momento, para que quede nivelada con la primera. Son dos.
Me acerqué. Tomé la tabla con las dos manos, alzándola a la altura que él marcaba. Él subió a la silla justo frente a mí. Quedamos cerca. Muy cerca. Su cuerpo a centímetros del mío, el calor que desprendía envolviéndome, el olor a sudor limpio y madera invadiendo mi espacio. Sentí el roce accidental de su brazo contra mi pecho cuando se inclinaba para poner la guía, el roce de su muslo contra el mío. Mi respiración se aceleró. Pensé mil cosas en segundos: en cómo sería si bajara de la silla y me empujara contra la pared, sus manos ásperas subiendo por mis muslos; en cómo su boca caliente sabría si me besara el cuello justo ahí; en cómo su miembro, que ya había sentido duro contra mí en otro “accidente”, me presionaría ahora con intención. Mi piel se erizó entera, un calor líquido acumulándose entre mis piernas.
Él perforó con calma, el ruido del taladro vibrando en el aire y en mi pecho, el polvo fino cayendo como una caricia. Cuando terminó, bajó de la silla y dio un paso atrás para verificar.
—Quedó perfecto —dijo, limpiándose el sudor de la frente con el dorso de la mano, dejando una marca polvosa.
—Gracias, V… de verdad —respondí, y mi voz sonó ronca, cargada.
Preparé limonada fresca en la cocina: hielo triturado que crujía, limones recién exprimidos con ese aroma cítrico que cortaba el bochorno, un toque de menta del patio. Se la llevé en un vaso alto que condensaba gotas frías por fuera. Nos sentamos en la sala, él en el sofá con las piernas abiertas de forma natural, yo en el sillón de enfrente, cruzando las mías para disimular el pulso entre ellas. B aún no llegaba del trabajo. Era la primera vez que hablábamos solos, sin tensión, sin B de intermediario.
Charlamos de todo un poco: del calor insoportable, de cómo te cocina vivo, de su trabajo, de mis rutinas del cuidado de piel que ahora tendrían un lugar decente gracias a él. Reímos cuando le conté cómo B siempre pospone todo.
Me dijo jugando cosa que hacia bromear pero con B nunca conmigo.
—Mira cómo quedamos los dos… sudados como si hubiéramos corrido un maratón. Deberíamos bañarnos juntos para ahorrar agua, ¿no?
Lo dijo riéndose, y yo sentí que el aire se cargaba de golpe, eléctrico. Me reí, fingiendo que era solo broma, pero el calor subió por mi cuello hasta las mejillas.
—Claro, y de paso me ayudas a enjabonarme la espalda, ¿verdad? —respondí, tratando de sonar ligera, aunque mi voz salió más ronca. Mordí el hielo de mi vaso, el frío contrastando con el fuego dentro.
Él soltó una carcajada.
—No como crees eres la esposa de mi amigo dijo y se carcajeaba. Y luego me dijo con este calor, hasta te lavaría el cabello… despacio. y reimos verdad le dije.
Después me levanté.
—Voy a bañarme y hacer comida antes de que llegue B —dije, la voz apenas un susurro.
Entré al baño, dejé la puerta entreabierta a propósito, como siempre hacía últimamente, queriendo —sin admitir del todo— que algo pasara. Me quité la ropa despacio, saboreando la anticipación: el mini short que se deslizó por mis caderas, la blusa escotada que dejé caer, el sostén de encaje negro que desabroché dejando mis pechos libres y sensibles al aire, mi can de encaje a juego que bajé lentamente. Todo lo dejé como por error—pero bien visible: con ese detalle íntimo que no dejaba nada a la imaginación.
Me metí bajo el agua fría, el chorro golpeándome la piel erizada, resbalando por mis pechos, mi vientre, entre mis piernas. Me enjaboné despacio, imaginando que eran sus manos. Salí envuelta en una toalla corta que apenas cubría, el cabello rubio goteando, la piel fresca pero aún caliente por dentro.
Él seguía en la sala con su laptop. Sali vestida pero noté cómo sus ojos se desviaron.. Sonreí y pase a mi recamara. Esperaba que oliera mi perfume en la tela, que imaginara cómo me quedaba puesta… o quitada. jajajaja
Minutos después, cuando yo ya estaba en el cuarto acomodando mis cosas en las repisas nuevas, oí sus pasos. Entró al baño. Cerró la puerta, pero no del todo: quedó entreabierta, como si también jugara. El agua empezó a correr. Pensé en mi calzon aún ahí, a la vista, quizás rozando su mirada mientras se desnudaba. ¿La tocaría? ¿La olería? ¿Se tocaría él pensando en mí?
Me quedé en el pasillo un momento, escuchando el agua, el sonido de su cuerpo moviéndose, imaginando todo. El deseo me golpeó fuerte, un latido insistente entre las piernas.
Sali para hacer la comida y cuando estaba en su Recamara entre a tomar mis prendas que ya no estaban como las deje.
me gusta imaginar que el siendo mas bajito que yo me atraia.
B llegó tarde, cansado, Comimos en silencio. Después por la noche en la cama, con él ya dormido a mi lado roncando suavemente, me metí la mano bajo la sábana. Me toqué despacio, en silencio, mordiéndome el labio para no gemir. Pensé en el olor de V cerca de mí mientras ponía las repisas, en su sudor, en su broma que para mi no era tan broma, en mi ropa interior expuesta mientras él se duchaba, en cómo habría sido si hubiera entrado detrás de mí, si me hubiera enjabonado la espalda… y el frente, y todo.
En la realidad, solo fueron repisas y una ducha separada.
Pero, gustaba la idea de gustarle tambien.
foto de como la encontre.....
Yo necesitaba un lugar donde poner mis productos de piel, mis maquillajes, mis perfumes. La habitación de huéspedes era pequeña y el tocador improvisado ya no daba abasto. Sobre la televisión del cuarto había un espacio perfecto en la pared. Se lo mencioné a B varias veces: “Dile a V si nos deja perforar, amor. Solo es una repisa, no es gran cosa”. Pero B siempre lo dejaba pasar. “Después, E… ahora no es prioridad”. Lo decía con esa cara de fastidio que ponía cuando hablaba de dinero.
Una noche discutimos fuerte. B acababa de encontrar trabajo, pero renegaba todo el día: el ambiente era tóxico, los jefes unos idiotas, el sueldo una miseria comparado con lo que ganaba. Y yo, cansada de oírlo, me decia de gastos y me decia aun asi quieres que ponga una repisa son gastos inecesarios, exploté: ¡Esta ni siquiera es nuestra casa!. Él me miró furioso: le pedí que buscara una casa entonces”.
V estaba en la sala, supuestamente viendo televisión. Escuchó todo. Lo supe porque cuando salí del cuarto con los ojos ardiendo de rabia, él me miró y luego dijo con voz tranquila: “Si quieren, yo tengo unas tablas de madera buenas guardadas. solo ponlas y cuando se vayan, las quito y resano todo. No hay problema”.
pero pasaron los dias y no lo colocaba, ya no insiste mas nada.
Días después salí temprano al mercado por verduras. El sol ya pegaba fuerte, el aire olía a tierra caliente y fruta madura. Cuando regresé, con las bolsas sudándome en las manos, vi que V ya estaba en nuestro cuarto. Tenía la escalera pequeña, el taladro, las tablas cortadas a medida. Ya había colocado una repisa: perfecta, recta. Me detuve en la puerta, observando cómo trabajaba en short y playera ajustada
—¿Necesitas algo? —pregunté desde la puerta, la voz más suave de lo que pretendía.
—Solo que me sostengas la segunda repisa un momento, para que quede nivelada con la primera. Son dos.
Me acerqué. Tomé la tabla con las dos manos, alzándola a la altura que él marcaba. Él subió a la silla justo frente a mí. Quedamos cerca. Muy cerca. Su cuerpo a centímetros del mío, el calor que desprendía envolviéndome, el olor a sudor limpio y madera invadiendo mi espacio. Sentí el roce accidental de su brazo contra mi pecho cuando se inclinaba para poner la guía, el roce de su muslo contra el mío. Mi respiración se aceleró. Pensé mil cosas en segundos: en cómo sería si bajara de la silla y me empujara contra la pared, sus manos ásperas subiendo por mis muslos; en cómo su boca caliente sabría si me besara el cuello justo ahí; en cómo su miembro, que ya había sentido duro contra mí en otro “accidente”, me presionaría ahora con intención. Mi piel se erizó entera, un calor líquido acumulándose entre mis piernas.
Él perforó con calma, el ruido del taladro vibrando en el aire y en mi pecho, el polvo fino cayendo como una caricia. Cuando terminó, bajó de la silla y dio un paso atrás para verificar.
—Quedó perfecto —dijo, limpiándose el sudor de la frente con el dorso de la mano, dejando una marca polvosa.
—Gracias, V… de verdad —respondí, y mi voz sonó ronca, cargada.
Preparé limonada fresca en la cocina: hielo triturado que crujía, limones recién exprimidos con ese aroma cítrico que cortaba el bochorno, un toque de menta del patio. Se la llevé en un vaso alto que condensaba gotas frías por fuera. Nos sentamos en la sala, él en el sofá con las piernas abiertas de forma natural, yo en el sillón de enfrente, cruzando las mías para disimular el pulso entre ellas. B aún no llegaba del trabajo. Era la primera vez que hablábamos solos, sin tensión, sin B de intermediario.
Charlamos de todo un poco: del calor insoportable, de cómo te cocina vivo, de su trabajo, de mis rutinas del cuidado de piel que ahora tendrían un lugar decente gracias a él. Reímos cuando le conté cómo B siempre pospone todo.
Me dijo jugando cosa que hacia bromear pero con B nunca conmigo.
—Mira cómo quedamos los dos… sudados como si hubiéramos corrido un maratón. Deberíamos bañarnos juntos para ahorrar agua, ¿no?
Lo dijo riéndose, y yo sentí que el aire se cargaba de golpe, eléctrico. Me reí, fingiendo que era solo broma, pero el calor subió por mi cuello hasta las mejillas.
—Claro, y de paso me ayudas a enjabonarme la espalda, ¿verdad? —respondí, tratando de sonar ligera, aunque mi voz salió más ronca. Mordí el hielo de mi vaso, el frío contrastando con el fuego dentro.
Él soltó una carcajada.
—No como crees eres la esposa de mi amigo dijo y se carcajeaba. Y luego me dijo con este calor, hasta te lavaría el cabello… despacio. y reimos verdad le dije.
Después me levanté.
—Voy a bañarme y hacer comida antes de que llegue B —dije, la voz apenas un susurro.
Entré al baño, dejé la puerta entreabierta a propósito, como siempre hacía últimamente, queriendo —sin admitir del todo— que algo pasara. Me quité la ropa despacio, saboreando la anticipación: el mini short que se deslizó por mis caderas, la blusa escotada que dejé caer, el sostén de encaje negro que desabroché dejando mis pechos libres y sensibles al aire, mi can de encaje a juego que bajé lentamente. Todo lo dejé como por error—pero bien visible: con ese detalle íntimo que no dejaba nada a la imaginación.
Me metí bajo el agua fría, el chorro golpeándome la piel erizada, resbalando por mis pechos, mi vientre, entre mis piernas. Me enjaboné despacio, imaginando que eran sus manos. Salí envuelta en una toalla corta que apenas cubría, el cabello rubio goteando, la piel fresca pero aún caliente por dentro.
Él seguía en la sala con su laptop. Sali vestida pero noté cómo sus ojos se desviaron.. Sonreí y pase a mi recamara. Esperaba que oliera mi perfume en la tela, que imaginara cómo me quedaba puesta… o quitada. jajajaja
Minutos después, cuando yo ya estaba en el cuarto acomodando mis cosas en las repisas nuevas, oí sus pasos. Entró al baño. Cerró la puerta, pero no del todo: quedó entreabierta, como si también jugara. El agua empezó a correr. Pensé en mi calzon aún ahí, a la vista, quizás rozando su mirada mientras se desnudaba. ¿La tocaría? ¿La olería? ¿Se tocaría él pensando en mí?
Me quedé en el pasillo un momento, escuchando el agua, el sonido de su cuerpo moviéndose, imaginando todo. El deseo me golpeó fuerte, un latido insistente entre las piernas.
Sali para hacer la comida y cuando estaba en su Recamara entre a tomar mis prendas que ya no estaban como las deje.
me gusta imaginar que el siendo mas bajito que yo me atraia.
B llegó tarde, cansado, Comimos en silencio. Después por la noche en la cama, con él ya dormido a mi lado roncando suavemente, me metí la mano bajo la sábana. Me toqué despacio, en silencio, mordiéndome el labio para no gemir. Pensé en el olor de V cerca de mí mientras ponía las repisas, en su sudor, en su broma que para mi no era tan broma, en mi ropa interior expuesta mientras él se duchaba, en cómo habría sido si hubiera entrado detrás de mí, si me hubiera enjabonado la espalda… y el frente, y todo.
En la realidad, solo fueron repisas y una ducha separada.
Pero, gustaba la idea de gustarle tambien.
foto de como la encontre.....
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