
Estábamos los dos en la cama, envueltos en las sábanas revueltas de la noche anterior, con el aire cargado de esa intimidad perezosa de un domingo por la mañana. Me presento para quienes no han leído mis otros relatos, soy Marcelo, ya pasados los cincuenta, y Norma, mi mujer, también en esa edad, con un cuerpo que sigue volviéndome loco: voluptuosa, con curvas generosas que se marcan bajo la remera ajustada, y tetas grandes, pesadas, que se mueven sutilmente con cada respiración. Esa tardecita la luz del sol se filtraba a través de las persianas entreabiertas, iluminando su piel suave y madura. Ella yacía de lado, con el teléfono en la mano, paseando distraída por las redes, mientras yo, recostado contra la cabecera, no podía dejar de observarla. Mi mano reposaba sobre su muslo grueso y suave, trazando círculos leves con los dedos, subiendo despacio hacia el borde de su bombacha de algodón, que se adhería un poco a su piel por el calor que empezaba a subir entre nosotros.
—Che, amor —le dije, con voz baja y ronca, rompiendo el silencio mientras mis dedos rozaban el elástico de su bombacha, sintiendo el calor que emanaba de su concha—. ¿En tu laburo hay alguien que te desea? Digo, alguien que te mira mucho, que se nota que te tiene ganas. Con ese cuerpo tuyo, esas tetas grandes y ese culo redondo, no me extrañaría que todos babearan por vos.
Norma levantó la vista del teléfono y me miró con una sonrisa pícara, arqueando una ceja. Su pelo revuelto caía sobre sus hombros, y el escote de la remera se abría un poco más al moverse, dejando ver el inicio de esos pechos abundantes, esa piel cremosa. Se giró un poco hacia mí, apoyando la cabeza en la almohada, y su cuerpo se acercó al mío, rozando mi pierna con la suya, haciendo que mi pija empezara a endurecerse bajo el boxer.
—¿Qué? ¿De dónde sacás eso ahora, pervertido? —rió ella, pero no lo negó de inmediato. Sus ojos brillaban con esa mezcla de picardía y timidez, y noté cómo sus pezones se marcaban bajo la tela fina—. Bueno, sí… hay uno. Manuel, un compañero de la oficina. Siempre me mira de reojo cuando paso por su escritorio, y a veces me hace comentarios sobre cómo me queda la blusa. Nada directo, pero se nota que le gusto. Me mira como si quisiera comerme entera, como si quisiera meter las manos bajo mi pollera y tocarme ahí mismo.
Me incorporé un poco, sintiendo un cosquilleo de excitación en el estómago, esa mezcla de celos y morbo que me pone a mil. La idea de que otro hombre deseara a mi Norma, con su figura madura y voluptuosa, esas tetas que rebosan en cualquier escote, me hacía hervir la sangre. Le acaricié el brazo, bajando despacio hacia su cintura, sintiendo la suavidad de su piel bajo la tela, y apreté un poco su cadera, tirando de ella hacia mí.
—¿Ah, sí? ¿Y qué te dice exactamente, amor? Contame más, dale. ¿Te mira las tetas? Porque con esas que tenés, no me extraña. Son como imanes, grandes, pesadas, perfectas para morder y chupar. Imaginate si te las ve en una blusa ajustada… el pobre debe irse a casa a pajearse pensando en vos, en meter la cara entre ellas y lamerte hasta que gimas.
Ella se rió de nuevo, un poco ruborizada, pero vi cómo sus pezones se endurecían más bajo la remera al mencionarlo. Se mordió el labio inferior, ese gesto tan suyo cuando se pone juguetona, y me dio un golpecito suave en el hombro, pero su mano se quedó ahí, acariciándome el pecho.

—Sí, me mira las tetas todo el tiempo. El otro día me dijo que me veía radiante, pero sus ojos estaban clavados ahí, como si quisiera meter la cara entre ellas y lamerlas hasta que hacerme acabar. Es un tipo de unos cuarenta y pico, divorciado, y siempre anda solo. No sé, me hace sentir deseada, ¿sabés? Como si fuera una diosa con estas curvas mías, estas tetas que rebotan cuando camino. ¿Celoso, eh? ¿O te pone caliente que otro quiera cogerme, metérmela profundo mientras yo grito su nombre?
La excitación me subió de golpe, mi pija ya dura contra su muslo. Me acerqué más a ella, mi mano ahora sobre su cadera, apretando suavemente esa carne blanda y curva, bajando despacio hacia su vientre. La besé en el cuello, aspirando su aroma familiar, un poco a vainilla de su crema, y mordisqueé su oreja mientras susurraba.
—Mmm, qué caliente eso, amor. Celoso no, me encanta. Me pone re duro imaginar a ese Manuel babeando por tus tetas, queriendo chuparlas y cogerte como un animal, embistiéndote hasta que tus curvas tiemblen. Imaginate si le mandás una foto de tu escote… Así, sin decirle nada, solo para ver qué contesta. Le vas a dar el infarto del siglo mostrándole esas tetas tuyas, grandes y jugosas. Dale, jugá conmigo, mandásela y vemos cómo explota, cómo se pajea viéndote.
Norma me miró con los ojos bien abiertos, entre sorprendida y divertida. Se incorporó un poco sobre el codo, haciendo que sus tetas se movieran pesadamente bajo la remera, rebotando, y me dio un golpecito juguetón en el pecho, pero su respiración ya estaba acelerada.
—¿Estás loco, Marcelo? ¿Mandarle una foto de mi escote a Manuel? Ni en pedo. ¿Y si me dice algo en la oficina? ¿O peor, si se lo muestra a alguien? Sos un pervertido total, vos, siempre pensando en que me vean las tetas o me cojan otros.
Pero yo no me rendí. La atraje hacia mí, mi mano ahora bajando por su vientre, rozando el elástico de la bombacha, sintiendo el calor húmedo que ya se filtraba. Mi voz se hizo más persuasiva, susurrando cerca de su oído mientras le mordisqueaba el lóbulo y mi dedo índice rozaba su pubis por encima de la tela.
—Dale, amor, es solo un juego sucio y caliente. Nadie se entera. Pensá en lo excitante que sería ver su reacción, él poniéndose duro al ver tu escote, esas tetas grandes asomando como si pidieran que las chupen. Vos sos una diosa, con esas curvas maduras que me vuelven loco. Le vas a volar la cabeza, y a mí me pone re caliente imaginarlo. Imaginate: él solo en su casa, viendo esa foto tuya, pajeándose pensando en cogerte las tetas, en acabarte encima. ¿No te da cosquillitas en la concha? Hacelo por mí, que ya estoy duro como una piedra, queriendo cogerte mientras lo hacés.
Ella dudó un momento, mirándome con esos ojos oscuros que se llenaban de deseo, su concha ya mojándose bajo mis caricias leves. Su respiración se aceleró, y noté cómo su cuerpo respondía: sus pezones endurecidos, su piel erizada. Finalmente, suspiró con una sonrisa resignada y tomó el teléfono, pero no sin antes inclinarse hacia mí y besarme juguetona en la nariz, rozando sus tetas contra mi pecho.
—Está bien, loco de mierda. Pero solo porque sos vos y porque me tenés toda caliente con tus ideas pervertidas. ¿Qué le mando? ¿Una foto rápida de este escote? Mirá que si me arrepiento, te mato, eh. Y vos, ¿qué vas a hacer mientras? ¿Seguir tocándome la concha como un nene con juguete nuevo, o me vas a chupar hasta que acabe, imaginando que es Manuel lamiéndome?

La ayudé a acomodarse, riéndome bajito mientras mis dedos seguían rozando su pubis, sintiendo la humedad filtrarse a través de la bombacha. Ella se sentó en la cama, ajustando la remera para que el escote se abriera lo justo, mostrando el valle profundo entre sus tetas voluptuosas. Se sacó una selfie con su teléfono, con la luz del sol iluminando sus curvas. La configuró para que se viera solo una vez en WhatsApp.
—Así, amor, quedaste espectacular. Mirá ese escote, parece una invitación a meter la pija ahí y cogerte las tetas hasta cubrirlas de leche. Enviásela ya, no seas cobarde ahora —le dije, guiñándole un ojo mientras mi mano bajaba más, presionando su clítoris por encima de la tela.
Norma se rió nerviosa mientras la enviaba por WhatsApp, sin texto, solo la imagen. Sus mejillas se sonrojaron un poco más, y se recostó de nuevo contra mí, su cuerpo temblando un poco de anticipación.
—Listo, enviado. Ahora qué, ¿eh? Me tiemblan las manos como una virgen. Si contesta algo raro, te echo la culpa a vos. ¿Y si me pide que le muestre la concha? Sos un instigador profesional, me tenés toda mojada ya, queriendo que me toques más.
La abracé por detrás, mi cuerpo pegado al suyo, sintiendo su calor y el olor de su excitación. Mi mano bajó despacio por su vientre, rozando el pubis por encima de la bombacha, sintiendo la tela empapada. Empecé a acariciar en círculos lentos, presionando justo ahí, frotando su clítoris hinchado mientras ella gemía bajito.
—Ahora esperamos, amor. Mientras, dejame mimarte un poco esta concha tuya tan rica. Mirá cómo te mojás ya… Te encanta esto tanto como a mí. ¿Sentís mis dedos? Decime, ¿te gusta que te frote la concha mientras pensamos en Manuel babeando por tus tetas y queriendo cogerte, metértela hasta que grites?
Norma se recostó contra mí, gimiendo bajito al sentir mis dedos, su bombacha se mojaba más con cada caricia, el algodón adhiriéndose a sus pliegues hinchados, y yo aceleraba el ritmo, sintiendo cómo su cuerpo se tensaba de placer, sus caderas moviéndose contra mi mano.
—Ay, sí, Marcelo… me encanta, frotame más fuerte, haceme mojarme toda pensando en él —jadeó ella, su voz ronca—. Imaginate si me pide más, si quiere ver mi concha abierta para él. Dios, esto me pone re caliente.
Ella miró el teléfono, ansiosa, y de repente vibró.
—Llegó algo… —susurró, con la voz entrecortada por el placer—. Ay, Marcelo, no pares ahora… frotame más fuerte. Mirá, un montón de fueguitos… Está ardiendo el tipo. Y otro mensaje: “Quiero más…” Dios, me pone re caliente esto….ahhh…seguí tocándome así.
Norma se rió entre gemidos, girándose un poco para besarme, juguetona, su lengua invadiendo mi boca mientras sus tetas grandes se aplastaban contra mi pecho. Sus manos temblorosas sostenían el teléfono, y yo no paraba de frotar su concha, sintiendo cómo sus jugos empapaban mis dedos a través de la tela.
—¿Ves? Te dije que era una locura —me dijo ella, jadeando contra mis labios—. Ahora qué hacemos, eh? ¿Le mando más? Sos un peligro, vos… Mirá lo que me hacés, estoy chorreando por tu culpa y por este tipo de Manuel que quiere verme las tetas. ¿Querés que le muestre un pezón? Decime, pervertido, ¿te excita que le mande fotos de mis tetas, que se pajeé viéndolas?
Yo sonreí contra su piel, mi pija dura como una roca presionando contra su culo, mientras bajaba la mano más adentro, apartando un poco la bombacha para rozar directamente sus labios mojados. La besé en la boca, profundo, recorriendo el interior de su boca con mi lengua, antes de susurrarle al oído.
—Mandale más, amor. Dale, una de frente, que se te asome apenas un pezón. Imaginate cómo se pone ese pobre Manuel al verlo, queriendo chuparlo y morderlo. Le vas a dar material para pajearse toda la noche. Hacelo, que me encanta verte juguetona así, mandando fotos a otro mientras yo te toco, frotándote hasta que acabes.
Norma dudó un segundo, mordiéndose el labio con fuerza, pero sus ojos brillaban con esa mezcla de vergüenza y deseo. Se incorporó un poco en la cama, ajustando la remera para que el escote se abriera más, y con un dedo tiró apenas la tela a un lado, dejando que el pezón rosado y endurecido asomara lo justo.


Yo, mientras tanto, me deslicé hacia abajo por su cuerpo, besando su vientre maduro y suave, lamiendo la piel alrededor de su ombligo, bajando despacio hasta llegar a su entrepierna. Le abrí las piernas con cuidado, besando el interior de sus muslos gruesos, mordisqueando la carne blanda, y empecé a chupar su concha suavemente, lamiendo los pliegues húmedos por encima de la bombacha al principio, para después apartarla a un lado y saborearla directamente. Su sabor agridulce me llenaba la boca, y yo iba despacio, con la lengua plana, recorriendo de arriba abajo, deteniéndome en su clítoris hinchado, chupándolo como si fuera un caramelo.
—Ay, Marcelo… no pares… me estás matando con esa lengua tuya —gimió ella, arqueando la espalda mientras sacaba la foto con el teléfono, sus caderas empujando contra mi boca—. Dios, chupame más profundo… meté la lengua en mi concha, sí, así… haceme chorrear mientras mando esto. Listo… enviado, para ver solo una vez. Qué loca estoy, mandándole un pezón a Manuel mientras vos me comés la concha como un experto. ¿Te gusta mi sabor, amor? Estoy chorreando por vos y por él, imaginando que me lamen los dos al mismo tiempo.
El teléfono vibró casi de inmediato, y Norma lo abrió con manos temblorosas, gimiendo fuerte mientras yo seguía lamiendo, ahora metiendo la lengua adentro de su concha caliente y resbaladiza, cogiéndola con la boca. Ella leyó el mensaje en voz alta, entre jadeos entrecortados, su voz ronca de placer.
—“Cómo me gustaría estar ahí para besar y lamer esas tetas tuyas…” —leyó, y luego soltó una risa ahogada, empujando mi cabeza más contra su concha—. Y me mandó una foto… mirá, su bóxer todo abultado, la pija marcándose como si quisiera reventar. Está re caliente el tipo, Marcelo. Ay, seguí… chupame más fuerte, mordeme el clítoris… me vas a hacer acabar así, pensando en su pija dura queriendo meterse en mi boca.
Yo levanté la vista un momento, viéndola excitada como nunca, con las mejillas sonrojadas y los pezones duros bajo la remera, gotas de sudor perlando su piel madura. Seguí chupando su concha, ahora con más ritmo, alternando lamidas largas y succiones suaves en su clítoris, sintiendo cómo su cuerpo temblaba, sus jugos cubriéndome la cara entera. Norma gemía más fuerte, una mano en mi pelo, tirando de él, empujándome contra ella, mientras con la otra respondía mensajes, cada vez más metida en el juego sucio.
—Mirá cómo te excita charlar con él mientras te chupo… Sos una diosa, con esa concha tuya tan rica y jugosa, chorreando como loca. Dale, seguí… decile algo pícaro, preguntale si quiere ver más de tus tetas o de tu concha, si quiere que le mandes un video chupando algo imaginando su pija.
Ella se rió, jadeante, pero no paraba de mirar el teléfono, sus caderas moviéndose contra mi boca como si me cogiera la cara. Yo sentía su excitación crecer, el calor de su concha envolviéndome la lengua, y sabía que estaba al borde, sus gemidos convirtiéndose en grititos ahogados.


—Ay, Marcelo… le voy a decir que quiero chuparle la pija, que me la meta en la boca mientras vos me lamés —susurró ella, tecleando rápido—. Dios, esto me pone re caliente, imaginando su pija gruesa en mi garganta.
Pero quería alargar el momento, torturarla un poco más. Me incorporé un segundo, besándola en la boca para que probara su propio sabor en mi lengua, un beso sucio y profundo, y luego fui al cajón de la mesita de luz. Saqué el dildo que usamos habitualmente, ese grande y venoso que tanto le gustaba, grueso como una pija real, y se lo di con una sonrisa perversa, volviendo a bajar para seguir chupándola, pero más lento ahora, lamiendo alrededor de su entrada.
—Ahora, amor, mandale una foto del dildo rozando tu pezón —le dije, mi lengua rozando su clítoris mientras hablaba—. Ponelo justo ahí, sobre una de tus tetas, frotándolo como si fuera una pija real. Y agregale texto: “Te gustaría que fuera tu pija?” Imaginate, él viendo eso y pajeándose cómo adolescente, más rápido y más fuerte, queriendo acabarte en las tetas.
Norma me miró con ojos vidriosos de placer, gimiendo mientras yo volvía a lamer su concha, ahora metiendo un dedo adentro para acompañar, cogiéndola lento con el dedo mientras chupaba. Tomó el dildo, lo rozó contra su pezón endurecido, haciendo que la punta se hundiera un poco en la carne blanda de su teta, rebotando con el movimiento, y sacó la foto. Sus gemidos eran constantes, al compás de mis besos y lamidas, su cuerpo temblando de excitación por la doble estimulación: mi boca en su concha y la charla con Manuel. La configuró para ver solo una vez y la envió.
—Estás loco, Marcelo… pero me encanta —susurró, enviando la foto con el texto, su voz quebrada por los gemidos—. “Te gustaría que fuera tu pija?” Listo… ay, seguí chupando, no pares… meté otro dedo, cógeme la concha con los dedos mientras lames… voy a acabar si seguís así, y pensando en la pija de Manuel frotándose en mis tetas, cubriéndome con su leche caliente.
El teléfono vibró de nuevo, y ella lo abrió, jadeando fuerte, sus tetas subiendo y bajando con cada respiración agitada. Yo aceleré las lamidas, sintiendo cómo su concha se contraía alrededor de mis dedos, cada vez más mojada y caliente, cogiéndola con dos dedos ahora, curvándolos para tocar ese punto que la hace explotar.
—“SÍ” —leyó en voz alta, riendo entre gemidos, su cuerpo convulsionando—. Todo en mayúsculas. Y me mandó una foto de su pija parada… mirá qué grande y venosa la tiene, dura como para cogerme las tetas. Y dice: “Y a vos te gustaría jugar con mi pija?” Dios, Marcelo, esto me pone re caliente… seguí, chupame más, imaginá que es la pija de él la que me coge mientras vos mirás… decime, ¿me dejarías chupársela a él mientras vos me cojes?
Yo levanté la vista un segundo, mi cara empapada en sus jugos, viéndola con el pelo revuelto, las mejillas rojas y los ojos vidriosos de placer, mordiéndose el labio mientras miraba la foto de la pija de Manuel. Volví a lamer su concha, más fuerte ahora, chupando sus labios mayores e inferiores, mordisqueando suave el clítoris, y metí dos dedos adentro de golpe, cogiéndola con ritmo mientras mi pulgar rozaba su culo, preparándola, sintiendo cómo su ano se contraía al roce.
—Mmm, amor, qué excitada estás… mirá cómo te pone la pija de Manuel —le dije entre lamidas, mi voz ronca y amortiguada contra su piel caliente y mojada—. Querés jugar con ella, ¿eh? Imaginate lamiéndola, chupándola como si se tratara de un helado, dejando que te llene la boca de leche caliente. Dale, mandale una foto tuya lamiendo el dildo. Poné la lengua en la punta, bien lento, como si lo saborearas todo, y agregale el texto: “Me gustaría lamerte así, lentamente, hasta que acabes en mi boca.” Le vas a volar la cabeza, va a pajearse viéndote como una diosa madura con esa boca tuya que me vuelve loco. Decime, ¿te gustaría chupársela de verdad, amor? ¿Metértela en la garganta mientras yo te cojo?
Norma gimió más fuerte al sentir mis dos dedos entrar y salir de su concha, estirándola, cogiéndola profundo mientras lamía alrededor, y ahora mi dedo gordo empezaba a puentear su culo, entrando y saliendo apenas, lubricado por sus propios jugos que chorreaban por todos lados. Su cuerpo se tensaba, sus tetas rebotando con cada movimiento, y ella me miró con ojos llenos de lujuria, mordiéndose el labio inferior.
—¿Estás loco, Marcelo? ¿Mandarle una foto lamiendo el dildo? —jadeó ella, pero su voz era puro deseo—. Si me ve así, va a querer cogerme la boca en la oficina, metérmela hasta la garganta mientras me agarra del pelo. Pero… ay, seguí metiendo esos dedos, cógeme la concha más rápido… sí, y tocame el culo, me encanta cuando me acariciás así, hace que me mojé más pensando en una doble penetración con vos y él. Está bien, lo hago, pero solo porque me tenés toda caliente, chorreando por vos y por él. Mirá, voy a lamerlo como si fuera su pija… despacio, saboreando cada vena, imaginando su leche caliente en mi lengua.
La ayudé a incorporarse un poco, sin sacar mis dedos de su concha, cogiéndola constante con dos dedos curvos, golpeando ese punto que la hace chorrear, mientras mi otro dedo seguía entrando poco a poco en su culo, sintiendo cómo se relajaba y se abría un poco más con cada roce. Norma tomó el dildo y lo acercó a su boca. Sacó la lengua despacio, lamiendo la punta, recorriéndola lentamente de abajo arriba, dejando un rastro de saliva brillante, sus labios carnosos envolviéndola un poco mientras gemía al compás de mis dedos que la cogían, sus tetas subiendo y bajando con cada jadeo. Tomé el teléfono y le saqué la foto yo mismo, capturando esa expresión en su cara madura, con las tetas grandes asomando por el escote de la remera, el pezón aún visible y endurecido. La configuramos para ver solo una vez y la envió.
—Así, amor, quedaste como una diosa del porno —le dije, volviendo a bajar la cabeza para chupar su concha de nuevo, lamiendo alrededor de mis propios dedos que entraban y salían, cogiéndola más rápido ahora, mi lengua bailando sobre su clítoris hinchado—. Fui por más:—Ahora una del dildo apoyado en tu pezón y tu lengua lamiendo ambos…enviásela ya, con el texto “quiero jugar así con vos”Imaginate a Manuel viéndote lamer así, queriendo que le chupes la pija de verdad, que le saques la leche con esa boca caliente tuya. Me encanta verte así, toda abierta y mojada, deseando más. ¿Te imaginás chupándosela mientras yo te cojo por atrás, amor? ¿Los tres juntos, con su pija en tu boca y la mía en tu concha?
Norma, ya entregada al placer y al morbo del momento, envió la foto con el texto, sus dedos temblando en el teléfono mientras gemía fuerte, sus caderas empujando contra mis dedos y mi boca como si quisiera tragarse todo. “Me gustaría lamerte así, lentamente, hasta que acabes sobre mi pezón y mi lengua, la quiero en mi boca”, escribió, y pulsó enviar. Se recostó de nuevo, jadeando, una mano apretando una de sus tetas grandes, pellizcando el pezón endurecido.
—Listo… enviado. Ay, Marcelo, no pares… cógeme con los dedos más profundo, sí, y acariciame el culo más fuerte, meté la punta del dedo más adentro…estoy a punto de acabar así, imaginando que le chupo la pija a Manuel mientras vos me mirás. ¿Te excita eso, amor? ¿Que yo sea una golosa con otro, lamiéndolo hasta que explote, tragándome su leche mientras vos me cojes?
El teléfono vibró casi al instante, y Norma lo abrió con avidez, gimiendo mientras yo aceleraba el ritmo: dos dedos cogiéndola la concha, estirándola, golpeando ese punto adentro que la hacía chorrear más jugos, y mi dedo medio ahora presionando más en su culo, entrando apenas la yema, acariciando el interior apretado y caliente. Chupaba su clítoris sin piedad, succionándolo entre mis labios, lamiéndolo con la punta de la lengua en círculos rápidos.
—Ay, Dios… me mandó un vídeo —susurró ella, con la voz quebrada por el placer, abriendo el archivo mientras empujaba contra mi boca—. Mirá… se está pajeando, tiene la pija dura en la mano, moviéndola rápido mientras. Qué venas gruesas, qué cabeza roja e hinchada… está gimiendo mi nombre, dice que quiere que se le lama así de verdad, que le meta la lengua en la punta hasta que se venga en mi cara. Marcelo, esto me pone re caliente… seguí cogiéndome con los dedos, meté más en el culo, sí… imaginá que es su pija la que me estira mientras vos lamés mis jugos. ¿Querés que le diga que quiero su leche en mi boca, amor?
Vi el vídeo de reojo, el morbo subiéndome por la espalda mientras seguía devorando su concha, mis dedos cogiéndola sin parar, el sonido de sus jugos chapoteando con cada embestida, su concha chorreando como un río. Norma estaba al borde, su cuerpo convulsionando, las piernas temblando alrededor de mi cabeza, pero yo quería más. La besé en el interior del muslo, mordisqueando la carne blanda, dejando marcas rojas con los dientes, y le susurré contra la piel, mi aliento caliente sobre su concha sensible.
—Qué caliente, amor… mirá cómo se pajea por vos, gimiendo tu nombre como si ya te estuviera cogiendo. Dale, respondéle con una foto del dildo entre tus tetas. Ponelo ahí, apretándolo con esas tetas grandes y pesadas, como si lo pajearas lento, frotándolo entre esa carne blanda hasta que imagines que acaba. Y agregale: “¿Qué me harías con tu pija dura?” Le vas a dar ideas, va a querer cogerte las tetas hasta llenarte la cara de leche caliente y espesa, mientras yo te miro y te chupo la concha. Decime, ¿te gustaría que te coja las tetas él, amor? ¿Que te muerda los pezones mientras yo te cojo?
Norma gimió afirmativamente, su concha contrayéndose alrededor de mis dedos, chorreando más jugos que yo lamía con avidez, saboreando cada gota. Tomó el dildo y lo colocó entre sus tetas voluptuosas, apretándolas con las manos para envolverlo completamente, la carne blanda y madura rebosando alrededor, el pezón asomando endurecido y rosado. Sacó la foto, jadeando fuerte, mientras yo metía los dos dedos más profundo en su concha, cogiéndola rápido y fuerte, y mi dedo en su culo entraba un poco más, acariciando el interior, sintiendo cómo se abría para mí, caliente y apretado.
—Estamos locos… pero sí, lo mando —dijo ella, enviando la foto con el texto “¿Qué me harías con tu pija dura?”, configurada para ver solo una vez. Su voz era un ronroneo de placer—. Ay, Marcelo… seguí chupando, cógeme más fuerte… meté el dedo entero en el culo, sí, así… quiero acabar y a la vez quiero seguir disfrutando de esto, con tu boca en mi concha y pensando en lo que Manuel me haría, cogiéndome las tetas como un animal, lamiéndome los pezones hasta que grite de placer. ¿Te imaginás viéndolo, amor? ¿Vos cogiéndome por atrás mientras él me coge las tetas?
El teléfono vibró de nuevo, pero Norma ya no podía más. Sus gemidos se convirtieron en gritos ahogados, su cuerpo arqueándose como un arco tenso, la concha apretando mis dedos como un vicio mientras chorreaba en mi boca, acabando fuerte y largo, sus jugos inundándome la cara, la lengua y la barbilla, temblando entera. Yo lamí todo, saboreando su orgasmo, mis dedos aún adentro cogiéndola suave para alargar el placer, mi otro dedo en su culo apretado, moviéndose lento para que sintiera esa doble invasión. Sus tetas rebotaban pesadamente con cada convulsión, y ella chilló mi nombre entre jadeos: “¡Ay, Marcelo, me vengo… chupame toda, sí, tragate mis jugos, haceme acabar como nunca, imaginando que Manuel me llena de leche!”
—Dios, amor… qué orgasmo, qué rica acabada —jadeó Norma cuando por fin bajó un poco, su concha aún palpitando contra mi lengua, toda roja e hinchada de placer, chorreando residuos que yo lamía con delicadeza. Se incorporó un poco sobre los codos, sus tetas moviéndose como gelatina, y miró el teléfono con ojos vidriosos, el pelo revuelto pegado a la frente por el sudor, la piel brillante y sonrojada—. Mirá lo que me mandó Manuel mientras acababa en tu boca… “Te cogería esas tetas grandes hasta acabar en tu cara… las apretaría con mi pija en medio y te lamería los pezones hasta que grites de placer”. Y me mandó otra foto… su pija chorreando pre-semen, toda dura y venosa, lista para metérmela. Qué caliente está el tipo, me pone re mojada de nuevo, como si no hubiera acabado hace segundos. Imaginate si me la mete así, amor, gruesa y caliente.
Yo levanté la cabeza un momento, mi cara empapada en sus jugos, brillando bajo la luz del sol, y le sonreí perverso, sintiendo mi pija dura como una roca contra el colchón, goteando pre-semen en el boxer, latiendo de deseo. Le saqué los dedos de la concha despacio, lamiéndolos limpios delante de ella, saboreando su esencia agridulce, y subí por su cuerpo para besarla, metiendo la lengua en su boca para que probara su propio sabor, un beso profundo y húmedo que nos dejó jadeando.
—Mmm, qué rica sos, amor —le susurré contra los labios, mordisqueándole el inferior mientras mi mano bajaba de nuevo a su concha, rozando los pliegues sensibles post-orgasmo, frotando suave para mantenerla al borde—. Acabaste como una diosa pensando en la pija de Manuel cogiendo tus tetas, ¿eh? Mirá cómo chorreás todavía, toda abierta y caliente… Dale, respondéle algo más pícaro. Mandale un video tuyo metiéndote el dildo en la concha, moviéndolo lento como si te cogieras para él. Decile que imaginás que es su pija estirándote, llenándote profundo. Le vas a dar un infarto, y a mí me pone re caliente verte jugar así, toda expuesta y deseosa. ¿Querés que te coja mientras lo hacés, amor? ¿Que te meta la pija adentro mientras imaginás la de él?
Norma se rió ahogada, aún jadeante del orgasmo, su cuerpo maduro y curvilíneo temblando de risa y placer residual, sus pezones aún duros, sus tetas expuestas con la remera levantada sobre su cuello. Me miró con esos ojos oscuros llenos de lujuria, mordiéndose el labio mientras tomaba el dildo de la cama, frotándolo contra su muslo como si ya lo ansiara. Se recostó contra las almohadas, abriendo las piernas para mí, su bombacha apartada a un lado dejando ver su concha roja y mojada, los labios hinchados invitando a más, brillando de jugos frescos.
—¿Estás loco, Marcelo? ¿Un video metiéndome el dildo? —gimió ella, pero ya estaba excitada de nuevo, un dedo rozando su clítoris como si no pudiera esperar—. Si ve cómo me cojo con esto pensando en su pija, va a querer cogerme en la oficina mañana, metérmela bajo el escritorio mientras los demás trabajan, acabando adentro mío. Pero… ay, seguí besándome los muslos, chupame la concha de nuevo mientras lo hago, haceme mojar otra vez. Mirá, lo voy a meter despacio, como si fuera él estirándome la concha… “Imaginá que es tu pija, Manuel, cogiéndome profundo, haciendo que mis tetas reboten y mis jugos chorreén”.
La ayudé a grabar mientras ella empujaba el dildo adentro, gimiendo fuerte al sentirlo estirarla, centímetro a centímetro, sus paredes internas abrazándolo como un guante caliente. “Ay, sí… mirá cómo entra, grueso y venoso… es como la pija de Manuel en el vídeo, llenándome toda, haciendome gemir”, jadeó ella, moviéndolo lento, cogiéndose a sí misma mientras el teléfono capturaba todo: sus tetas rebotando con cada movimiento, su cara de placer absoluto, los sonidos chapoteantes de su concha mojada, sus gemidos roncos en la cámara. Lo configuramos para ver solo una vez y lo envió con un texto: “Te cogería así, lento y profundo… ¿qué me harías vos con tu pija dura, Manuel? ¿Me llenarías de leche, corríendote adentro mientras grito?”
El teléfono vibró casi inmediatamente, y Norma lo abrió con manos temblorosas, gimiendo mientras yo aceleraba las lamidas, metiendo de nuevo dos dedos en su concha junto al dildo, cogiéndola doble ahora, estirándola más que nunca, sintiendo cómo se contraía alrededor de ambos, chorreando jugos que me cubrían la mano. Mi otro dedo volvía a su culo, entrando un poco más profundo, lubricado por sus fluidos que chorreaban por todos lados, cogiéndola triple en esa danza de placer.
—Ay, Marcelo… me mandó otro video —susurró ella, su voz ronca de placer, empujando el dildo más adentro al ritmo de mis dedos, su concha chapoteando—. Se está pajeando de nuevo… mirá cómo mueve la mano en su pija, gimiendo mi nombre, diciendo que me cogería hasta llenarme de leche caliente. “Te metería la pija entera, Norma, y te chuparía las tetas grandes mientras te cojo, haciéndote acabarte una y otra vez en mi verga”. Dios, seguí cogiéndome con los dedos, meté más en el culo… voy a acabar de nuevo pensando en eso, en su pija estirándome mientras vos me lamés. ¿Te imaginás, amor? ¿Yo acabándome en su pija mientras vos me cojes el culo?
Yo gemí contra su concha, chupando fuerte su clítoris mientras cogía sus dos agujeros, el dildo y mis dedos moviéndose al unísono, sintiendo cómo se contraía alrededor como si quisiera exprimirnos. “Sos una diosa caliente, amor… imaginá la pija de Manuel en lugar del dildo, cogiéndote profundo mientras yo te chupo y te miro acabar. Decime, ¿querés que te coja él de verdad? ¿Que te llene mientras yo miro?”, le dije, mi voz amortiguada contra sus pliegues hinchados, acelerando todo para llevarla al borde otra vez, mis dedos curvándose para golpear ese punto sensible. Norma jadeaba, respondiendo a Manuel con un texto rápido: “Vení y hacémelo de verdad… mi concha te espera, caliente y mojada para tu pija, para que me hagas gritar”.
El teléfono vibró de nuevo con su respuesta, y Norma lo abrió jadeando, su concha contrayéndose alrededor del dildo y mis dedos como un vicio. “¿Y tu marido? ¿Sabe que estás mandándome esto?”, preguntó Manuel en el mensaje. Norma se rió entre gemidos, escribiendo rápido mientras yo lamía más fuerte: “Sí, lo sabe… de hecho, ahora mismo me está chupando la concha mientras chateamos con vos. Lo pone re caliente también, imaginando que me cojas mientras él mira y participa”. Yo gruñí de aprobación contra su concha, chupando su clítoris con succiones rápidas, metiendo los dedos más profundo en su culo, sintiendo cómo se abría más, caliente y ansiosa.
Manuel respondió casi al instante: “Qué caliente… hagamos una videollamada, quiero ver cómo te chupa tu marido, cómo te coge mientras hablamos. Quiero ver esa concha tuya chorreando en vivo, y que me digas cómo me chuparías la pija”. Norma me miró con ojos brillantes de excitación, su cuerpo temblando al borde de otro orgasmo, y yo asentí, mi pija latiendo de deseo, goteando pre-semen. Ella aceptó la llamada, posicionando el teléfono para que Manuel viera todo: yo entre sus piernas, chupándola con devoción, lamiendo sus pliegues hinchados mientras el dildo seguía adentro, mis dedos cogiendo su culo. Manuel apareció en la pantalla, su pija dura en la mano, pajeándose lento mientras nos observaba, sus ojos fijos en Norma con hambre pura.
—Mirá, Manuel… así me chupa mi marido —susurró Norma a la cámara, su voz ronca y sensual, gimiendo mientras yo aceleraba las lamidas, metiendo la lengua profundo junto al dildo—. Me tiene toda abierta y mojada… ay, sí, chupame más fuerte, amor, que Manuel vea cómo me hacés acabar. ¿Te gusta lo que ves, Manuel? ¿Querés ver cómo me coge ahora, mientras te digo cómo te chuparía la pija, lamiéndote las bolas hasta que explotes?
Manuel jadeó en la cámara, su mano moviéndose más rápido en su pija venosa, goteando pre-semen. “Sí, Norma… sacá el dildo y dejá que tu marido te coja en vivo. Quiero ver cómo te mete la pija entera, cómo rebotan esas tetas grandes. Ponete en cuatro, que vea ese culo tuyo mientras te coge por atrás, y contame cómo me la chuparías, despacio y profundo”. Yo obedecí, sacando el dildo con un sonido chapoteante, y Norma se giró en la cama, poniéndose en cuatro patas, su culo redondo y maduro elevado para mí, su concha chorreando jugos por los muslos. Posicioné el teléfono para que Manuel tuviera una vista perfecta, y le metí la pija de un empujón profundo, cogiéndola lento al principio, sintiendo su concha caliente y apretada envolviéndome, mis bolas golpeando contra su clítoris con cada embestida.
—Ay, sí, Marcelo… cógeme así, en cuatro como un animal —gimió Norma, sus tetas colgando pesadamente, rebotando con cada golpe, mirando a la cámara con ojos vidriosos—. Mirá, Manuel… esto es lo que quiero que me hagas vos, metérmela por atrás mientras mi marido me chupa las tetas. También te chuparía la pija así—mientras tomaba el dildo y mirándo a la cámara lo acercó a su boca— despacio, lamiéndote la punta, metiéndomela hasta la garganta mientras gimo, tragándome tu pre-semen. ¿Te excita verme así, chorreando por tu culpa, queriendo tu leche?
Manuel gruñó, pajeándose más fuerte, su pija roja e hinchada en la pantalla. “Dios, Norma, qué culo perfecto… Marcelo, cogetela más rápido, hacela gritar. Ahora, Norma, seguí chupando el dildo, chupalo como si fuera mi pija, lamelo mientras tu marido te coge, imaginá que soy yo llenándote la boca con mi verga dura, corríendome en tu garganta”. Norma obedeció con un gemido ronco, tomando el dildo empapado en sus jugos y llevándolo a su boca, lamiendo la punta despacio, chupándolo profundo como si fuera la pija de Manuel, saliva goteando por su mentón mientras yo aceleraba las embestidas, cogiéndola fuerte por atrás, mis manos apretando su culo.
—Ay, Manuel… aggg…Glug…Glug…mirá cómo lo chupo, como si fuera tu pija —jadeó Norma entre lamidas, metiéndose el dildo más adentro en la boca, gimiendo alrededor de él mientras sus tetas rebotaban salvajemente—. Marcelo, cogeme más profundo… sí, así, mientras chupo esto pensando en Manuel, toda su verga en mi boca, llenándome de leche caliente. Dios, Manuel, te chuparía las bolas también, lamiéndote todo hasta que explotes.
Manuel jadeó más fuerte: “Sí, Norma, chupalo bien, metételo todo… ahora jugá con tus tetas, apretalas alrededor del dildo como si me pajearas con ellas, frotándolo entre esa carne blanda mientras tu marido te coge, imaginá mi pija rebotando en tus tetas grandes”. Norma sacó el dildo de su boca con un pop húmedo, colocándolo entre sus tetas colgantes, apretándolas para envolverlo, frotándolo arriba y abajo mientras gemía, sus pezones endurecidos rozando la punta venosa, todo en la cámara para que Manuel viera cada detalle. Yo seguí cogiéndola, mi pija entrando y saliendo de su concha chorreante, sintiendo cómo se contraía con cada movimiento.
—Qué rico, Manuel… mirá cómo juego con mis tetas, frotando tu pija imaginaria entre ellas —susurró Norma, jadeando, sus caderas empujando contra mí—. Las apretaría así para vos, dejándote cogerme las tetas hasta que te vengas en mi cara, caliente y pegajosa. ¿Querés más? Decime qué hacer, que me pone re caliente obedecerte mientras Marcelo me coge, embistiéndome como un toro.
Manuel gruñó, su mano volando en su pija: “Ahora, metete el dildo en la concha mientras tú marido te hace el culo, hacé una doble penetración, imaginá que soy yo cogiéndote por adelante mientras él te rompe por atrás, las dos pijas estirándote, llenándote hasta que acabes gritando”. Norma gimió alto, apartando un poco, y yo salí un segundo para ayudarla: ella se giró de espaldas, yo me recosté y ella se sentó encima, empalándose en mi pija con un grito ahogado, luego tomó el dildo y lo empujó en su concha, estirándose al máximo, doble penetrada mientras cabalgaba lento, sus tetas rebotando, una mano pellizcando un pezón.
—Ay, Dios… mirá, Manuel, doble pija adentro mío —jadeó Norma, moviéndose arriba y abajo, el dildo y mi pija frotándose dentro de ella, chorreando jugos por todos lados—. Es como si fueras vos y Marcelo cogiéndome juntos, estirándome la concha y el culo hasta el límite, haciendome chorrear. Ay, Manuel, tu pija… me llena tanto… decime, ¿me acabarías adentro así, mezclando tu leche con la de Marcelo?
Manuel explotó en la cámara, chorreando leche blanca mientras gemía: “Norma, dios… sí, te llenaría de leche, corríendome profundo mientras gritas. Mañana en la oficina, vení sin bombacha, te voy a comer la concha bajo el escritorio, y después te cojo de verdad, solo nosotros”. Norma acabó conmigo, su concha apretándonos como un vicio, chorreando mientras gritaba: “Sí, Manuel… mañana voy sin nada abajo, pero solo miradas, sin toques y nada de cogerme a solas. Solo si Marcelo acepta y estamos los tres juntos, en un trío real, con vos cogiéndome las tetas mientras él me coge, los dos llenándome”. Yo salí de adentro de ella, gruñendo, mientras Manuel jadeaba: “Aceptado… pero organicen eso pronto, no aguanto más, quiero cogerte ya”. Colgamos, exhaustos, sabiendo que el juego seguiría, pero solo en trío, con más promesas de placer compartido, diálogos sucios y cuerpos entrelazados.
0 comentarios - Nosotros y el sexting con el compañero de trabajo