You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

EL DINERO DEL SEXO: cuando el precio deja de tener sentido.

Sé, desde ahora, que esta opinión será duramente criticada.Vendrán insultos, descalificaciones, juicios morales y ataques personales.Algunos incluso intentarán llevar la discusión hacia mi entorno o mi familia.Nada de eso me sorprende. No escribo esto para agradar.


Escribo esto porque alguien tiene que decirlo sin pedirperdón.


También sé que la mayoría de las críticas no vendránacompañadas de un análisis real, inteligente ni siquiera lógico. Molestará loque voy a decir. Incomodará. Herirá egos. Eso es irrelevante. La reacciónemocional no invalida el argumento. Y, aun así, si cinco personas que lean estologran entender el punto y mejorar su perspectiva de vida, me daré por bienservido.


Hablaremos desde la perspectiva lógica, comercial, económica yhay una variable que casi nadie quiere tocar porque incomoda todavía más que elsexo: los impuestos.


La mayoría de quienes consumen prostitución digital o físicasomos contribuyentes cautivos. Personas con ingresos fiscalizados, retenidos,vigilados. Asalariados, profesionistas, pequeños empresarios. Gente a la que elEstado no le pregunta si quiere pagar impuestos: simplemente los cobra.


Pagamos ISR. Pagamos IVA. Pagamos predial, tenencia,derechos, licencias, multas. Pagamos cuando ganamos y pagamos cuando gastamos.No hay escapatoria.
Y sin embargo, una enorme parte de la economía sexual—digital y presencial— opera fuera del sistema fiscal real.
No es un secreto. Es un elefante en la habitación.


Dicho esto, entremos en materia.
 
  *Porno y prostitución
En los últimos años hemos presenciado el crecimientoacelerado de un fenómeno evidente: la prostitución digital. Plataformas comoOnlyFans, Telegram, Loverfans e incluso WhatsApp han abierto la puerta a unintercambio masivo, sencillo y constante de contenido sexual.


El problema no es la existencia del porno ni del comerciosexual en sí. El problema es cómo se ha aprovechado este modelo en una sociedadcon una salud mental cada vez más deteriorada.


Aclaro algo desde el inicio para evitar interpretacionesconvenientes:
No soy religioso. No soy santurrón. No pretendo superioridadmoral.


Soy consumidor de porno. Me gusta el porno. He consumidoprácticamente de todo tipo: porno heterosexual, trans, femenino, homosexual. Notengo conflicto con ello. Me gusta el sexo, me excita, lo disfruto y no loniego.


No escribo esto desde la negación ni desde la hipocresía.
Y, aun así, siendo todo eso, también soy una personaanalítica, racional y libre pensadora.


¡Sí, el sexo vende! ¡Siempre ha vendido! Desde el inicio dela historia humana, el sexo genera ganancias y tiene un costo. Pero el problemaactual es que ese costo se ha vuelto absurdo.


     *Prostitución digital: frustracióndisfrazada de empoderamiento
La prostitución física ha disminuido drásticamente en laúltima década. En la misma proporción ha crecido la prostitución digital. Yhablemos con seriedad, como adultos:
si una persona vende contenido sexual de forma sistemática,eso es prostitución digital. Cambia el medio, no la naturaleza del intercambio.


A mi parecer, el gran problema de la prostitución digital esque no genera una satisfacción real para quien la consume. Al contrario,produce frustración, enojo y sentimientos de inferioridad. Y lo más grave esque estos sentimientos no son accidentales: son parte del modelo.


Antes, quienes se dedicaban al comercio sexual lo hacían conbajo perfil. No porque valieran menos, sino porque entendían que este tipo deintercambio pertenece al ámbito privado. Hoy se presenta como un “triunfo”,pero el mensaje real es otro:
“ese triunfo no será tuyo.”
Tú pagas. Tú consumes. Tú generas ingresos.
Pero nunca accedes.


El creador o creadora de contenido se coloca como un trofeoinalcanzable. Y aunque te frustre, terminas aceptando la idea de que valesmenos, de que no eres suficiente para estar con esa persona, y de que tu únicorol es seguir pagando y conformarte.
Y lo más triste es que tú mismo aceptas esa degradación.


No digo que antes no existiera denigración en el trabajosexual. Existía. Pero dos errores no hacen un acierto. Haber sufridohumillación en el pasado no justifica invertir ahora el discurso para humillaral consumidor.


El caso de figuras públicas como Karely Ruiz, Alya Sánchez,Mariana Grimaldi, Bella Dueñas, Chimo Curves, Marleny, Mariana Franco, Isa Vegas,Celia Lora, Ari Gameplays y en el ámbito trans Gia Itzel, entre muchas otras y otroses ilustrativo. Se construye un personaje que se presenta como superior,inalcanzable, por encima de quienes la siguen, aun cuando gracias a ellos sonmillonarios. Presumen casas, camionetas, joyas y lujos frente a una base deconsumidores donde la mayoría vive rentando, usa transporte público o apenasllega a fin de mes.
La ironía es brutal:
No importa si el seguidor ha pagado cientos o miles de pesosen suscripciones, contenido exclusivo, mensajes personalizados o“interacciones”. El mensaje es siempre el mismo:
“tu dinero sirve, tú no.”


Y este no es un caso aislado. Basta observar los discursos ypublicaciones de múltiples creadoras: mientras exhiben lujo y éxito, repitenque “no están con cualquiera”, que “no son accesibles”, que “valen mucho”, auncuando ese valor se construye a costa de personas que tienen menos que ellas. Yesto no es un accidente. Es una estrategia.


Todo es público. Todo es exhibido. Todo es monetizado. Perola contribución fiscal es inexistente o mínima. Quienes pagan impuestos demanera obligatoria son los consumidores; asalariados o pequeños empresarios,mientras que quienes concentran grandes ingresos digitales suelen estarblindadas por poder, estatus o relaciones que les permiten evadirconsecuencias.
No porque no ganen. Sino porque el sistema se los permite.


Plataformas intermediarias, pagos fragmentados,transferencias internacionales, criptomonedas, depósitos disfrazados,“donaciones”, “regalos”, “suscripciones”. Todo diseñado para diluir latrazabilidad fiscal.
Mientras tanto, como ya lo mencionamos el consumidor que pagauna suscripción lo hace con dinero ya gravado. Dinero que ya pagó impuestosantes de llegar a sus manos. Dinero que vuelve a salir del sistema formal paraenriquecer a alguien que no devuelve nada al sistema.
Ese es el punto central que muchos no quieren aceptar:
no solo se paga por sexo, se paga dos veces. Primero alEstado. Luego a quien no contribuye.
 
    *El mito del “emprendimiento”
Se nos vende la narrativa de que la prostitución digital es“emprendimiento”, “empoderamiento”, “libertad financiera”.
Eso es falso en términos económicos estrictos.
Un emprendedor:
    * Asume riesgos productivos
   * Genera valor agregado
   * Paga impuestos
  * Crea empleo o derrama económica


La prostitución digital no crea valor nuevo, solo extraevalor emocional y psicológico del consumidor. No innova, no produce, no mejoraprocesos, no eleva capacidades. Monetiza deseo, frustración y carencia.
Y, aun así, exige admiración.
Peor aún: exige que quien paga se sienta afortunado dehacerlo


En cualquier otro mercado, humillar al cliente sería unsuicidio comercial. Aquí no. Aquí es parte del producto.


El consumidor no solo paga por contenido sexual; paga por lafantasía de cercanía y, paradójicamente, por la confirmación de su distancia.Se le recuerda constantemente que está abajo, que observa desde fuera, que nopertenece.
Mientras más dinero gasta, más se le enfatiza que aun así noalcanza.
Eso es una perversión total de la lógica comercialtradicional.
Aquí ocurre una distorsión peligrosa.
Se nos quiere convencer de que el valor humano estádirectamente ligado a:
 * Seguidores
 * Facturación
*  lujos exhibidos
Y que, por lo tanto, quien consume es inferior pordefinición.


Pero ese “valor” no surge de talento productivo, innovación oaporte social. Surge de la monetización de carencias emocionales, de lasoledad, de la frustración y del deseo humano básico.
No es mérito. Es aprovechamiento estructural.


En el caso de creadoras trans como Gia Itzel, el discurso se complejiza,pero no cambia. Se mezcla la narrativa de lucha, identidad y visibilidad con elmismo esquema de exclusión:
ü  “No cualquiera puede estar conmigo”,
ü  “No estoy al alcance de misseguidores”.
Se capitaliza tanto el deseo como la culpa, tanto laatracción como el miedo social, y el resultado es el mismo:
el consumidor paga, pero nunca pertenece.


*Prostitución física y preciosilógicos
Aquí surge el segundo problema: la prostitución presencial.


Debido a la disminución de trabajadoras sexuales físicas y alauge de la prostitución digital, quienes permanecen en el mercado presencialmanejan precios francamente ilógicos.


Se suele decir que contratar una prostituta es como adquirirun artículo de lujo. Eso es falso. No es canasta básica, claro, pero desde unaperspectiva psicológica y social, la sexualidad es una necesidad. AbrahamMaslow la coloca dentro de las necesidades humanas fundamentales. Cubrirlaimpacta directamente en la salud mental. No es un lujo; es una función humana.


El efectivo sigue siendo rey. No hay facturas. No hayregistros. No hay declaraciones. No hay seguridad social. No hay aportaciones.No hay nada.
Pero sí hay precios cada vez más altos.


Ahora, analicémoslo desde un punto de vista comercial.
Cuando un producto entra al mercado, se posiciona con preciosaccesibles. Conforme gana demanda, su precio puede aumentar, siempre que elproducto se mantenga nuevo o en condiciones óptimas. Si el producto sedesgasta, pierde valor.


En el trabajo sexual ocurre lo contrario.
Se inicia cobrando poco para captar clientela. Con el tiempo,el servicio se vuelve repetitivo, monótono, y el “producto” —el cuerpo— sedesgasta. Aun así, el precio sube. No porque el servicio mejore, sino porqueaumenta la demanda.
En otras palabras:
mientras más usado está el producto, más caro se vuelve.
Y entonces surge la pregunta incómoda:
¿por qué estamos dispuestos a pagar más por cuerpos y mentesprofundamente desgastados?


Ahora desde la perspectiva fiscal el Estado persigue con lupaal profesionista que se equivoca en una deducción, pero ignora un mercadomultimillonario completamente informal. Y nadie parece cuestionarlo porque “esun tema incómodo”.
La consecuencia es clara:
el costo del sistema lo absorbe siempre el mismo grupo.


*Comparación con otros mercadosregulados
El alcohol, el tabaco, el entretenimiento y los juegos deazar:
pagan impuestos especiales
 * están regulados
 * reconocen que explotan impulsoshumanos


El sexo, que impacta igual o más en la salud mental, opera enun limbo conveniente.
*Ni se reconoce como necesidad,
ni se regula como industria,
*  ni se protege al consumidor.
Solo se le cobra.


 *La pregunta final
Por un lado, hombres que enriquecen a personas que losdesprecian y los hacen sentir menos.
Por otro, precios exorbitantes por servicios cada vez másdeteriorados.


Entonces la pregunta es inevitable:
¿Debemos aceptarlo?


Aquí es donde el problema deja de ser solo fiscal y se vuelveestructural.
Estamos creando un mercado donde:
Quien produce poco, exige mucho
Quien no contribuye, presume
Quien paga todo, es despreciado


El consumidor es ridiculizado por “pagar por sexo”, peronadie ridiculiza a quien vive de ese dinero sin aportar absolutamente nada a lasociedad que lo sostiene.


Se normaliza que una persona que no paga impuestos, no generavalor productivo y no contribuye al bien común, se considere superior a quien sílo hace.
Eso no es empoderamiento.
Eso es parasitismo económico legitimado culturalmente.


El sistema es perfecto para quien vende sexo y devastadorpara quien lo consume:
El consumidor trabaja
* Paga impuestos
Se frustra
Paga por ilusión
Es humillado por quien vive de sudinero
Y vuelve a trabajar


Mientras tanto, el discurso público protege al vendedor yculpa al comprador.
No hay análisis. No hay autocrítica. No hay balance.
Si el sexo es una necesidad humana,
si el dinero con el que se paga yafue gravado,
sí quienes viven de ese dinero nocontribuyen al sistema,
si los precios suben mientras elservicio se deteriora,
*si el consumidor es sistemáticamentedespreciado…


Entonces vuelvo a preguntar, con más claridad que antes:
¿Por qué seguimos aceptándolo?, ¿por quéseguimos financiando un modelo que nos desprecia abiertamente?

1 comentarios - EL DINERO DEL SEXO: cuando el precio deja de tener sentido.