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El paseador de perras: La clienta pt 2

Gracias por los comentarios y buena onda. Acá dejó la parte 2, si quieren seguir el hilo, esto empezó acá
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Una vez quedamos solos dentro del departamento, seguimos chapandonos furiosamente.  Ahora la historia se sentía distinta. Mordí sus labios mientras ella paseaba sus uñas por mi espalda, fui deslizando mis manos por debajo de su vestido, para encontrarme con una piel suave como la seda, un culo redondo, duro y parado, adornado con una pequeñísima tanga. Las ventanas que daban a un pequeño balcón se encontraban abiertas, y el morbo de que algún vecino nos vea en plena escena de infidelidad apasionada sólo aumentaba el morbo.
Desesperada, desabotonó mi pantalon liberando a mi verga de su prisión, al mismo tiempo que se arrodillaba para empezar a mamarla con locura. No tardé un segundo en darme cuenta que esta putita sabía muy bien lo que hacía. No era solo la calentura mutua, sino una vocación de trola que ahora le salía por los poros, dejando ver realmente quién era. Deslizó su boca lamiendo y babeando los lados de mi pija, por los costados, por debajo desde la base, alternando hasta la punta, cual se metía en la boca de a poco, salivandola como una paleta. Mi cabeza estaba en los cielos. Cabeceaba desenfrenadamente haciendo una suave presión con sus labios, yendo con cada movimiento más a fondo que la anterior, hasta tragarse mi verga entera, haciendola chocar con su garganta. 
—Mmmm, que rica pija que tenés.
—Qué bien que la chupas, trolita
Con una mano le levanté el vestido hasta dejarselo casi como un top, para acariciar ese hermoso culo con una tanguita negra bien clavada, y luego asestarle un buen par de chirlos.

—Te tenía ganas desde la primera vez que me encaraste
—Y yo a vos, pendeja. Desde ese día me calentaste... Y sabía que te iba a cojer...
Tenía todo su pelo agarrado en mi mano, y con total control de su cabeza, la obligaba a comersela a fondo, esta vez con un ritmo más violento, cogiéndole la boca.

— Tomá tragatela toda, como buena perrita.
—Te gusta chuparsela al paseador verga mientras tu novio trabaja?
—*Aggg-aggg* ...Si, me encanta!.

En cuanto pudo recuperar el aire, con los ojos llorosos y la boca chorreando saliva con precum, se dirigió con la boca a lamer mis huevos. Le pasaba la lengua y chupaba cada uno mientras con una mano me masturbaba y con la otra se tocaba la conchita por arriba de la tanga. Se los metia suavemente en la boca succionandolos, pero sin demasiada fuerza, lo que me era sumamente placentero. Una vez terminó con eso, sin pedir permiso, siguió con la boquita más hacia abajo, y mientras se deslizandaba con las rodillas debajo mío, empezó a buscar mi ano con la lengua. Si algo me rompe la cabeza, es una mina que le gusta dar besos negros. Apoyé mi pie izquierdo en el apoyabrazo del sillón ubicado junto a la puerta de entrada, para darle un acceso mejor, y ella se quedó un buen rato lamiendome el orto mientras me pajeaba con una mano y con la otra se agarraba a mi pierna. Esta pendeja era una guarra total, y yo estaba como un animal enloquecido.
En cuánto se salió de ahi abajo, la agarré del cuello y la hice pararse. La traje hacia mi y nos comimos la boca desesperados. La adrenalina, los olores del sexo oral, la saliva, los besos desatados, se sentía como un cuadro de Pollock de fluidos y sensaciones pervertidas. Le saqué el vestido así como se quita una remera, dejando sus tetitas al aire. Terminé de sacarme la ropa, y chupé y mordí su cuello, agarrándola con fuerza de los cachetes del culo para levantarla y llevarla a la habitación.

—Vení. Te voy a romper toda en la cama donde dormis con el cornudo de tu novio
—Cojeme ya, no aguanto más.
—Acá mando yo, pendeja

La tiré en la cama y la abrí de piernas... Me arrodillé junto a la cama y me zambullí a lamer y chupar esa concha hermosa, toda depiladita. Era un mar de flujo, con sabor a paraíso. Hundí mi lengua en lo profundo de esa concha, tratando de llevarme todo ese néctar delicioso. "Ahh.... Ahhhh... siii" gemía Lau mientras recorría toda su vulva con mi boca, chupando, lamiendo, succionando su clítoris, mientras recorría sus muslos, su abdómen y sus tetas con mis manos, acariciando rasguñando, apretando... 
—Por dios, qué bien me la chupas. Me vas a hacer acabar.
Tomé uno de mis dedos y fui abriéndome paso entre sus labios, dirigiéndolo hacia la parte superior de su cueva... hasta tocar esa parte rugosa donde se concentra todo el potencial de placer. Ella emitió un grito sordo, sobresaltada, mientras con suavidad mi mano seguía marcando el ritmo, y mi boca perpetrando un ataque incesante sobre su vagina.
—Ahhhhhhhhhhh—gritó mientras llegaban los temblores, y sus piernas se cerraban ante la posesión orgásmica.

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Pronto subo la 3ra parte

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