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Fisura Anal

Fisura Anal

El sábado a la noche fue de esos en los que los dos perdimos el control. Como casi siempre, terminamos yendo por atrás. Me gusta la sensación de entrega total, de dejar que él me abra entera, y él lo sabe. Tiene 20 centímetros que nunca me terminan de acostumbrar del todo, pero esa noche estuvo particularmente salvaje. Me puso boca abajo, me agarró de las caderas con fuerza y me dio sin pausa, sin casi dejarme respirar entre embestida y embestida. Yo gemía fuerte, mezcla de placer y de ese borde que duele rico… hasta que dejó de doler solo rico.
Cuando desperté el domingo ya estaba sola en la cama. Él se había ido temprano a jugar al fútbol con los pibes. Al moverme sentí un latigazo caliente y sordo justo ahí atrás. Intenté levantarme despacio pero cada paso era un recordatorio punzante. Me miré en el espejo del baño: el agujero seguía entreabierto, brillante de restos de lo que él había dejado adentro, y cuando apreté un poco para limpiarme, salió una gotita más espesa de semen mezclada con algo rojo. Muy poco, pero rojo.
Llamé a mi hermana mayor casi llorando. Ella llegó en menos de media hora. Cuando me bajé la bombacha y me puse en cuatro sobre la cama para que viera, se quedó callada unos segundos. Después soltó, con esa voz seca que usa cuando quiere clavar el dedo en la llaga:
—Mirá vos… la reina del feminismo con el orto hecho mierda por una pija. Qué ironía, ¿no?
No contesté. Me ardía la cara tanto como el culo. Ella suspiró, agarró la cartera y me dijo “vamos al hospital, no seas boluda”.
En la guardia fue un desfile humillante. Primero me atendió una enfermera joven que al verme abrir las piernas en la camilla arqueó la ceja y murmuró “uy, qué desastre”. Después vino otra más grande que directamente se rió bajito mientras me ponía el termómetro rectal y comentaba “con razón te duele, linda, esto lo partieron en dos”. Entraron dos médicos varones, uno más serio y otro que no se aguantó la sonrisita. El serio me revisó con guantes, metió dos dedos y dijo “fisura anal aguda, nada grave, pero… bastante abierta todavía”. El otro, mientras anotaba, agregó en voz baja pero lo suficientemente audible:
—Con ese calibre no me extraña. Hay que tener aguante para bancarse semejante tronco.
Me recetaron analgésicos, antibióticos y una crema. Me dijeron que en una semana más o menos iba a estar mejor, que descansara, que nada de sexo por al menos tres semanas y que “la próxima vez uses más lubricante… o menos entusiasmo”. Todo con esa media sonrisa de “viste lo que pasa cuando te pasás de rosca”.
Cuando me fui caminando despacito hacia la salida, escuché desde el box de enfermería. No se esforzaron demasiado por hablar bajo:
—…y sí, pobre, el culo roto en serio, se le ve todo abierto todavía.
—Claro, con 20 cm quién no queda así.
—Seguro que es de las que se hace la dura y después llora al ginecólogo… digo, al proctólogo, ja.
—Callate, boluda, que encima es gorda, imaginate el esfuerzo que hizo el chabón.
Me subí al taxi con la cara ardiendo y el culo latiendo. En el fondo, entre la vergüenza y el dolor, había una parte enferma de mí que todavía sentía el eco de cómo me había tenido la noche anterior… y eso, de alguna manera retorcida, todavía me ponía caliente. Pero eso no se lo conté a nadie. Ni siquiera a mi hermana.

3 comentarios - Fisura Anal

Danxxxl
https://dreamydreamy.com/auth?ref=8B96B8Q3
humedad82
delicioso recuerdo placer y dolor