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En el tren de Longchamps

Para arrancar la semana, me quedé sin auto. 
Ayer me dejó tirado y hoy tengo que ir a buscarlo para llevarlo al taller. 
Lo único rescatable fue imaginar y rememorar todas las veces en las que, debido al transporte público, pasé muy buenos momentos. Por qué digo esto? Porque tuve que levantarme temprano y viajar desde Longchamps hasta Ezeiza en tren.
Me dirigí temprano a la estación. No fui con mucha expectativa, por la época del año en la que estamos, creyendo que no iba a haber tanta gente. Sin embargo a las 7 de la mañana Longchamps estaba bastante cargado.
Después de un tiempo de no viajar en transporte público me dediqué a ver y a admirar a las mujeres. 
A la verdad fui con mucha timidez sabiendo que había perdido la costumbre, sin embargo no podía parar de fantasear e imaginar situaciones. 
En eso veo que habían dos chicas como salidas recién de un boliche. 
Una rubia, pelo largo alborotado, anteojos, vestido corto con volado (?) o sea, no pegado al cuerpo, un escote bastante pronunciado en donde se podría apreciar un par de pechos blancos. Su amiga, pelo corto, short negro engomado (?), remera sin escote, tranqui...
Bien de viejo pajero, me puse a verlas disimuladamente, sabiendo o creyendo que no pasaría nada, porque en general las que muestran mucho son las más histéricas viajando (el clásico caliento el mate pero no lo tomo) 
Cuando llegó el tren subí en unos de los últimos vagones y en la misma puerta que ellas, más que nada porque había una señora más o menos de mi edad, gordita, con hermosa silueta, la clásica señora con cara de picarona, jaja...
Pude ver como los hombres empujaban y se peleaban para estar cerca de las dos chicas, por suerte descuidaron a mi gordita y pude entrar pegado a ella sin que se oponga para nada pero en un segundo, de tanto que empujaron los otros, no sé ni cómo, quedé casi detrás de la chica con pelo corto y shorts. 
Me resigné de haber perdido a la señora rellenita pero pasé a divertirme con la situación que se vivía en ese vagón viendo a todos los alzados empujarse entre ellos por estar detrás de la chica con pollera corta. 
Ellas estaban frente a frente, yo estaba a la izquierda de la de pelo corto, medio en diagonal, ni atrás de ella ni al costado del todo.
Llevaba mi infaltable mochila para justificar que mi mano esté abajo.
Cuando arrancó el tren, esa primera sacudida hizo que sin querer mi mano toque la cola de la morocha. En realidad fue sin querer pero no voy a negar que lo deseaba. Encima no le toqué solo un cachete sino que mi mano quedó justo en medio de su culo. Ella como si nada... Viendo mensajes de WhatsApp.
Fue ahí que hice un poco de presión para ver qué onda. Y nada. 
A todo esto ya estábamos llegando a Burzaco. Entonces me atreví a dar vuelta mi mano y posicionar mi dedo mayor en su raya. De última, si había algún malestar por parte de ella me bajaba y no la jodía más. Lo que ella hizo al sentir mi dedo me dejó embobado: con mi dedo en su raya frunció el culo... pero no como respuesta defensiva, sino que lo frunció tres veces de manera pausada. 
Qué manera de calentarme!!! sabiendo que de alguna manera me estaba avisando que sentía mi dedo pero que no iba a hacer nada. 
Lo que confirmó mi sospecha fue que al llegar el tren al andén y mientras se posicionaban algunos para salir, noté que la rubia metió un codazo a uno que estaba al lado de ella y pude ver como él sacaba rápidamente su mano de la concha, en realidad vi el movimiento del brazo y de la pollera que volvía a su lugar. Pero acto seguido escuché que ella le decía a la morocha: me tocó la concha! Y la morocha sólo le dijo: jodeme! En serio? 
Y adivinen qué hizo la morocha: volvió a fruncir dos veces más el culo teniendo mi dedo casi metido en su ano, solo nos separaba la tela del short. 
Mirala a la morocha!! Con la cara de mosquita muerta que tenía o al menos al lado de su amiga, q estaba vestida con prendas que apenas le cubrían el cuerpo, sin dejar nada a la imaginación...
Al abrirse las puertas y antes del intercambio de gente, le apreté alevosamente la cola y no hizo ni dijo nada.
Tuve que abandonarla un instante mientras descendía la gente pero prácticamente me tiré de cabeza ni bien pude, para no perderla. Logré ponerme a su costado, apoyando mí pija en su muslo izquierdo y con mi mano derecha libre, ya sin mochila, para poder tocarla sin nada q interfiera. Me hubiera gustado tocarla por el frente pero estaba la amiga a la defensiva después de todas las manos que le mandaron. 
Cuando arranco el tren arrancamos también nosotros. Aunque sabía que tenía luz verde empecé a acariciarla, contorneando su figura y recorriendo cada centímetro de esa cola. Llegué al borde del short y lo recorrí tocando un poco su piel, cosa que hasta ahora no había hecho.
Todo esto en cuestión de minutos o segundos, aprovechando al máximo el tiempo antes de llegar a la próxima estación. 
Cuando terminé de recorrer, empecé a amasar su cachete izquierdo, luego el derecho y por fin con toda la palma de la mano abierta, introducir el dedo medio en el canal de su cola, buscando su anito.
Ya estábamos pasando por arriba de la avenida San Martín, llegando a Adrogué. Fue cuando escuché que la otra preguntaba si la que venía era Adrogué, para poder bajar. 
Al saber esto me apresuré a disfrutarla los últimos minutos. Volví nuevamente a acariciar sus piernas desnudas, sus muslos internos, subiendo hasta su cola e intentando llegar a su concha, por suerte ella habilitó la situación separando un poco las piernas. 
Se ve que cuando toqué su concha, algo en ella se estremeció, porque la amiga que estaba prácticamente pegada a ella le preguntó si estaba bien o si pasaba algo. 
La morocha contestó con un "nada"... apenas cómo un susurro.
Yo sabía que todo iba a terminar en minutos porque bajaban en Adrogué así que busqué poder meter mi dedo entre su ropa. Lo logré!! Esa conchita era un pequeño mar!!
No sabía que esa tela era elastizada (de haberlo sabido antes) así que pude estirarla y llegar a sentir esos jugos resbaladizos, característicos de una mujer caliente. 
Fueron segundos, porque ellas bajaron en la estación al igual que un grupo grande de personas. Pero lo vivido en esta mañana se suma a esos bellos recuerdos q tengo del transporte público.
Y ahora que estoy esperando la grúa y mientras olfateo mis dedos, los cuales siguen impregnados con el olor de esa morocha, mí pija está a full deseando ser pajeada para liberar tensión. Pero no puedo... así que por lo menos comparto la experiencia con ustedes, a modo de revivirla nuevamente...

Si llegaste hasta acá te agradezco... y si te gustó, te agradezco mucho más. 
Espero que no sea la última vez que escriba alguna experiencia satisfactoria como esta.
Nos vemos...
Saludos...

3 comentarios - En el tren de Longchamps

Porisur
Tremendo relato. Saludos de un coterraneo jaja