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Mí novia accede a mí pedido

Después de tres semanas calentando y cogiendo con mi novia, llenando su cabeza sobre temáticas del trío, pensé que era el momento de dar el paso. Lo primero fue dejarla una semana entera sin ningún contacto físico: evité calentarla, tocarla o darle cualquier tipo de contacto. Yo sabía que ella se calentaba rápido, así que eso no iba a durar.
Ese sábado arreglamos para salir a comer; siempre es la misma forma de convencerla para que haga cosas: sacarla a comer, darle sus gustos y después solita se entrega. Durante la cena pedí vino blanco, que a ella le gusta y hace que tome de más. La noche avanzaba entre chistes e historias que no iban a ningún lado, pero en un momento Belén me miró.
—Amor, ¿estás enojado conmigo?
—¿Por qué?
—No soy tonta, veníamos muy calientes esta semana y ahora hace unos días que no me tocás, no me decís nada, ni de cómo vine vestida hoy.
Belén esa noche salió con un vestido negro que le llegaba a la rodilla y era tan apretado que marcaba su figura. Pude ver su cara afligida, así que me paré, me acerqué a su silla y le dije al oído:
—Pasa que quería que te calientes para esta noche especial.
Decirle eso fue tirar un poco de leña ardiendo en un bosque seco. Su piel se erizó, su mirada cambió de forma; incluso noté cómo, de manera involuntaria, pasó su lengua sobre uno de sus labios. Yo le di un pequeño beso y volví a mi asiento. Seguimos comiendo y tomamos una segunda botella.
Terminamos de comer y fuimos a mi casa. Ella estaba bastante ebria, pero caliente: sus brazos iban pegados a mi brazo izquierdo, como intentando pegar aún más su cuerpo al mío, y su cabeza apoyada en mi pecho. Al llegar a mi casa parecía no aguantar más y se lanzó a mi cuello; colgada, besaba mi boca con aparente desesperación. Incluso tomó mis manos y las llevó a su culo. Yo la tomé desde ahí y la levanté entre brazos; mi pija estaba dura al sentir su cuerpo contra el mío.
Mí novia accede a mí pedido


(La fotos son de la piba más parecida a Belén que encontré en P!)

La llevé a mi pieza, la tiré en mi cama y, más que sacarle la ropa, parecía que la desgarraba. Tenía la conchita peludita, pero parejita, como me encanta a mí. La tiré boca arriba y comencé a lamer su vagina con esmero; tenía un sabor adictivo. Después de un rato sentí sus manos en mi cabeza, que me empujaban más abajo. Sabía lo que quería, así que bajé un poco mi boca y comencé a lamer ese culito: primero rodeaba con la lengua y después solo le daba pequeños golpes con la punta de mi lengua. Ella comenzó a gritar ahí; sus gemidos eran fuertes.
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Me levanté y tomé su cara con una mano, traje su boca junto a la mía y nos besamos. Luego alejé mi boca, sin soltar su cara.
—¿Quién es mi puta?
—Yo soy tu puta.
—No, decilo bien.
—Yo, papi, yo soy tu putita.
Abrió su boca y sacó su lengua. Yo escupí dentro de su boca y ella lo tragó.
—Si sos mi putita, hoy vas a hacer todo lo que yo quiera.
—Obvio, papi, usame como quieras.
A ella le encantaba que la trate de trola y sentir el rigor en la cama. Así que saqué de un cajón al lado de la cama unas esposas que había comprado; sus ojos parecían prenderse fuego.
—¿Y eso, papi?
—Hoy vas a ser mi puta por completo.
Le puse las esposas y coloqué sus manos atrás para que no pudiera usarlas. Me terminé de desvestir, me paré sobre la cama y puse mi pija en su rostro. Ella comenzó lamiendo mis bolas y después mi pija.
—¿Así, papi?
—Sí, putita, ahora chupalo.
Ella lo metió en su boca y comenzó a tragarlo casi entero, parecía intentar comérselo. Después lo sacó de su boca y metió mis huevos en ella; sentía su lengua moverse alrededor.
Le di un pequeño empujón en el hombro y cayó de espaldas sobre la cama. Yo me monté sobre ella y se la metí; sus piernas se enredaron en mi cintura, parecía querer que entrara más al fondo.
—Sí, papi, dámelo, dámelo todo.
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Mordía y lamía sus tetas; sentía cómo esos pezones se ponían duros en mi boca. La di vuelta y la dejé de espaldas. Mientras la cogía, comencé a jugar con mis dedos en su culo; ella pedía que no parara. Metí el primer dedo despacio, pero ella no tenía la misma idea: empujó para atrás y sola metió el dedo entero. Así fue, dedo tras dedo.
Cuando sentí que estaba bien dilatada, me coloqué detrás de ella y metí la cabeza de mi verga mientras tiraba de su pelo. Escucharla gemir era delicioso.
—¿Te gusta, trolita?
—Sí, papi, la quiero toda.
—¿Sabés qué quiero yo?
—¿Qué, papi?
—Un trío, con alguna amiga tuya.
—¿Qué?
Apenas respondió, hundí toda mi verga dentro de ella y empecé a bombear.
—Sí, puta, quiero que me traigas a una amiga tuya para cogerlas a las dos.
—Ay, hijo de puta, qué pija, me vas a matar.
—Respondé, puta, ¿me vas a traer alguna amiga?
—Sí, papi, tu putita te va a traer una para que nos des a las dos juntas.
—¿A quién me vas a traer?
—¿Querés a Julieta, papi?
Julieta era su mejor amiga. No es fea, pero no era mi objetivo.
—No, quiero a la más trola de tus amigas, una fanática de la pija como vos.
—Ay, ay, pueden ser Martina o Maira; esas son dos trolas, siempre están con diferentes.
Sentí la emoción recorrer mi cuerpo al escuchar el nombre de Maira.
—¿Sí? ¿Son tan putitas? Tráeme a Maira.
—Sí, papi, dame pija y yo te la traigo.
El objetivo fue cumplido: Belén había dicho que me iba a traer a Maira. Mi pija se puso más dura si había posibilidad. La tomé fuerte del pelo y le di lo más fuerte que mis piernas me permitieron.
—Te voy a llenar de leche, putita.
—Sí, sí, dame toda la leche en mi cola.
Acabé como pocas veces en mi vida; esa cola se llenó. Cuando todo terminó, me quedé unos segundos inmóvil, respirando hondo. Belén seguía ahí, cerca, todavía atada, pero tranquila. La besé sin apuro y le solté las manos.
No hizo falta decir nada más. Ya había dicho lo que yo quería escuchar, y en su voz no había duda y yo estaba lleno de felicidad. Esa noche entendí que lo que venía después ya no dependía solo de mí, pero sabía lo que tenía que hacer.

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3 comentarios - Mí novia accede a mí pedido

Anonimus1208 +1
Si es ella me encanta esa concha belluda está super rica y ese cuerpo es un monumento
pijongrande97
Un poquito de pelo siempre es excitante.