CUANDO LLEGUE LA OSCURIDAD
Sr. Castilla, después de haber examinado con profundidad las pruebas aportadas
tanto por la defensa como por la acusación y después de haber deliberado
largamente sobre su caso, este jurado le encuentra a usted culpable de los delitos
de violación de la Srta. Helena Martín y de la Sra. Carmen Prieto y del intento de
violación de la Srta. Marta Domínguez por lo cual se le condena a un total de 125
años de prisión.
La abogada Sánchez miró por última vez al violador a los ojos. Estos le
devolvieron la mirada. No parecía especialmente angustiado con la condena
emitida por el jurado sino más bien divertido con la escena. Al lado de la abogada
las tres jóvenes que habían acusado a Castilla se daban un abrazo entre llantos
celebrando la victoria final y acabando así su pesadilla.
Un par de policías se acercaron hasta Castilla y lo sacaron de la sala. Al pasar
junto a la abogada Sánchez, Castilla se dirigió a ella con el mismo tono de voz
pausado y tranquilo con el que había comparecido durante todo el juicio y dijo:
Cuando llegue la oscuridad volveremos a vernos.
Vamos, camina, hacia la oscuridad es a donde te vamos a llevar a ti. –le dijo uno
de los policías mientras le empujaba para que anduviera más deprisa.
JULIO 17 DEL 2005
No resulta nada fácil ser un abogado con éxito en este país y menos cuando eres
una mujer. Aun siendo la primera de mi promoción no tuve las mismas facilidades
que mis compañeros masculinos y tuve que luchar muy duro y trabajar muchas
más horas que los demás para llegar a ganarme su respeto y admiración. En
pocos años gané varios juicios importantes y mi caché fue subiendo poco a poco
como la espuma hasta ayer.
Ayer gané el juicio más importante de toda mi vida y el gran seguimiento y la
difusión que ha tenido el caso me han convertido sin duda en una de las mujeres
más famosas del país, al menos por unos días. Decidí que ya era hora de tomarse
un buen descanso. Era viernes y esa noche tenía una cita con Emilio, un apuesto
abogado que formaba parte de mi equipo de trabajo y con el que había pasado
muchas horas en este último caso. El pobre no había dejado de insinuarse una y
otra vez y siempre había recibido mi indiferencia por respuesta. No es que no me
gustase, la verdad no estaba mal sin llegar a ser una belleza, pero es que no me
gusta mezclar el trabajo con el placer, por lo menos hasta que no he acabado el
trabajo.Había decidido que esa noche le iba a dar una oportunidad y que a poco iba a
tener una buena recompensa, pues estaba dispuesta a hacerle disfrutar del resto
de mis encantos que todavía no conoce. Me levanté tarde, comí algo ligero para
quitar el gusanillo del hambre y me fui a la peluquería. Quería estar guapa esa
noche.
Soy una mujer atractiva e interesante, nunca me ha faltado un pretendiente y
digamos que sé sacarles partido a mis curvas sensuales, aunque sin llegar a
parecer sintéticas. Cuando llegué a casa me di un baño largo y relajante con
mucha espuma como a mí me gusta. Tumbada en la bañera recordé algunos de
los momentos pasados con Emilio durante las semanas anteriores y sus palabras
dulces y cariñosas proponiéndome ir a cenar o tomar una copa en su casa. Sólo
con evocar sus palabras sentí como se me endurecían los pezones que
sobresalían del agua tibia. Ufff, hace semanas que no tengo buen sexo, me dije a
mi misma lamentándome por haber sido tan profesional.
Esta noche, esta noche Emilio conocerá a la otra Silvia, pensé a la vez que mis
manos recorrían lentamente mis caderas y mis muslos en dirección a mi
entrepierna. Mis propias caricias me resultaban tan gratificantes como si fueran las
manos de Emilio las que me tocasen.
Estaba muy caliente. El exceso de trabajo me había hecho dejar a un lado el sexo
durante unas semanas y ahora mi cuerpo estaba reaccionando de aquella manera
en que lo hace un cuerpo que necesita liberar una gran cantidad de energía
sexual.
Reseguí la abertura de mi sexo de arriba abajo varias veces antes de separar mis
labios vaginales con un par de dedos de cada mano. Comencé a acariciarme la
zona más cercana a mi clítoris, el cual estaba ya estimulado por mis caricias. Una
de mis manos regresó hasta mis pechos mientras con la otra me tocaba ahora sí
mi pequeño botón mágico. Imaginé a Emilio desnudo, con su polla enorme
mostrando sus venas a punto de estallar e imaginé que lo tocaba, que lo tenía tan
cerca de mí que me lo podía llevar a la boca y notar su sabor y su textura. Varias
ráfagas de placer subieron por todo mi cuerpo desde mi coño y me mordí
ligeramente el labio inferior para no aullar de placer. Dejé escapar un leve gemido
y repetí la operación varias veces. Un orgasmo delicioso me hizo contraer todos
los músculos de mi cuerpo para relajarlos al fin y permanecer allí estirada todavía
por un buen rato.
Para la ocasión elegí un conjunto de ropa interior de color negro que todavía no
había podido estrenar, pues pienso que este tipo de ropa sólo se debe estrenar en
ocasiones especiales. Me miré en el espejo de mi habitación. Así, en ropa interior
me encontraba realmente sexy. Luego abrí el armario de la ropa y encontré un
magnífico vestido largo también de color negro que dejaba al descubierto buena
parte de mi espalda. Hubiese preferido un escote algo más pronunciado para
dejarle mis intenciones bien claras a Emilio, pero pensé que llegado el momentono sería necesario utilizar este tipo de señales pues estaba ya decidida a ser
bastante explícita en cuanto a mis intenciones para esa noche. Me maquillé
ligeramente para quitar el color blanquecino a mi piel y me puse unas gotitas de mi
perfume preferido.
Emilio también se había esmerado para la ocasión. Estoy acostumbrada a verlo
con traje debido a nuestro trabajo, pero he de reconocer que esa noche tenía el
atractivo subido. Le di un par de besos en la mejilla y me embriagó con su
perfume.
¿y dónde vamos a ir a cenar? –le pregunté.
¿Conoces el mesón de Don Fito?
Sí, pero nunca he estado allí. Dicen que es muy caro.
No lo creo, yo he ido varias veces y encuentro que está muy bien.
Así que siempre llevas al mismo sitio a tus ligues ¿no? –dije yo sarcásticamente.
Pues sí, resulta un método infalible. –dijo él con una sonrisa.
Y seguro que lo va a seguir siendo, pensé yo avanzando cuál iba a ser el final que
yo imaginaba para esa noche. Ya en el restaurante disfrutamos de una cena
abundante y lenta que era amenizada por una excelente música de ambiente.
Emilio estuvo especialmente exquisito durante toda la cena y se ocupó de rellenar
una y otra vez mi copa de vino a medida que ésta iba quedando vacía.
¿intentas emborracharme para aprovecharte de mí? –le dije yo una de las veces
que llenó mi copa.
Vaya, has adivinado mis intenciones. Brindemos por ello.
Para cuando terminé con los postres comenzaba a sentirme desinhibida y excitada
al mismo tiempo. Sabía que el momento de la verdad se acercaba y que debía de
comenzar a quemar las dudas si quería que esa noche hubiese algo de acción.
Pese a todo, Emilio no acababa de decidirse a tomar la iniciativa y estaba segura
de que no lo haría a no ser que le dejara las cosas muy claras.
Voy un momento al baño.
–le dije pues necesitaba unos minutos a solas para
decidir cuál iba a ser la estrategia a seguir: sutil y provocadora como hasta el
momento o quizás sensual y directa para no dejar lugar a la duda.
Inmersa en mis pensamientos caminé hacia los lavabos, pero al pasar cerca de la
entrada principal me llamó la atención las imágenes que se emitían por televisión
en esos momentos. Creo que me quedé pálida de golpe al reconocer a uno de los
dos individuos que salían en un primer plano. Era Castilla “el violador amable”
como se le conocía, desde que yo misma me encargue de que lo metieran en
prisión durante una buena temporada después de violar a dos mujeres y seratrapado mientras lo intentaba con una tercera. Me acerqué un poco más al
televisor para escuchar lo que decía la periodista que hablaba en esos momentos.
- Como les decimos, se trata de dos individuos muy peligrosos que se han
escapado de prisión esta mañana aprovechando una visita programada al
centro de salud mental. Se sospecha que pueden estar armados y la policía
solicita que cualquiera que pueda dar información sobre su paradero llame
al…
Entré en el lavabo y me eché un poco de agua en la cara. La imagen de Castilla
en el televisor me había hecho recordar antiguas amenazas que ya parecían
olvidadas. Cuando regresé a la mesa Emilio notó enseguida que me pasaba algo.
¿estás bien? –me preguntó.
No, me siento algo mareada. ¿te importa acompañarme a casa?
- ¿prefieres que te lleve a ver un médico?
No, no, no es nada, se me pasará solo, pero necesito descansar.
- Está bien, no te preocupes, ahora vamos.
Emilio pagó la cuenta y me llevó de regreso a mi piso.
- ¿quieres que te acompañe hasta arriba?
No, gracias, has sido muy amable.
- ¿de verdad? No me cuesta nada subir contigo.
No, de verdad, otro día ¿vale?, lo siento, no pensaba terminar la noche así. El
próximo día te recompensaré por la cena.
- No hay por qué, lo he pasado muy bien contigo, Silvia.
Yo también. Te llamo mañana ¿vale?
- Está bien.
Me despedí de Emilio con un beso en los labios, un pequeño anticipo de lo que le
esperaba si tenía la paciencia necesaria. Bajé del coche y entré en mi bloque.
Buenas noches, le dije al portero, pero ni siquiera me contestó. Me pareció que se
había quedado dormido mientras ojeaba una revista. Entré en el ascensor y
marqué el 4. Cuando las puertas se cerraron sentí una nueva inquietud y pronto
tuve la sensación de que me faltaba el aire. Era absurdo, me dije a mi misma, ¿de
qué tengo miedo? Poco a poco me fui relajando y cuando llegué a mi piso mi
respiración era ya casi normal. Abrí la puerta y entré. Mientras empujaba la puerta
para cerrarla buscaba con la otra mano el botón de la luz. Le di al interruptor justo
en el momento en que se cerró la puerta. La luz no vino. ¿qué extraño, pensé,pues en el resto del bloque sí que había luz. Debe haber algún fallo. Avancé por el
pasillo a ciegas para averiguar si era eso lo que sucedía cuando al pasar cerca de
la cocina tuve una sensación muy rara, como si hubiese alguien más allí, pero ya
fue demasiado tarde. En ese preciso momento una mano fuerte y ancha me
tapaba la boca mientras con la otra me inmovilizaban los brazos detrás de la
espalda.
Ni siquiera pude gritar. Alguien mucho más corpulento y fuerte que yo me había
cogido por sorpresa y el terror que sentí en ese momento me paralizó el resto del
cuerpo. Entonces en la oscuridad hubo un fogonazo de luz, un pequeño
resplandor de luz amarillenta apareció a pocos centímetros de mi cara. Allí, justo
en frente de mí, con una cerilla entre los dedos estaba Castilla, con la misma
mirada inquietante y la misma expresión en la cara que cuando lo vi por última vez
en los juzgados.
Buenas noches abogada Sánchez, me alegro de verla, está usted cada día más
guapa. Entonces repitió aquellas palabras que durante años habían quedado
grabadas en mi inconsciente.
Cuando llegue la oscuridad volveremos a vernos… ¿se acuerda? Como ve yo soy
un hombre de palabra. Por cierto, el hombre que la tiene sujeta es mi amigo Toni,
alias “el dedos largos”. Ya se imaginará a qué se debe su apodo, al parecer a Toni
le gustaba tocar a las jovencitas. Pero es un buen chico, espero que no le importe
que le haya invitado a acompañarme.
La cerilla estaba ya a punto de consumirse cuando la apagó y regresó la completa
oscuridad. Noté como unos dedos presionaban mi entrepierna por encima del
vestido. Intenté cerrar las piernas al máximo en un acto de reflejo, pero resultaba
un esfuerzo vano pues los dedos eran fuertes y yo no podía evitar sentirlos contra
mí.
Una nueva cerilla volvió a producir algo de luz justo después de que dejara de
sentir aquellos dedos en mi sexo. Imagino que mis ojos delataban el pánico que
sentía en aquellos momentos. En mi cerebro se repetían una y otra vez las
declaraciones que yo misma tuve que aprender de memoria de mis testigos. Sabía
todos los detalles de aquellas violaciones pues yo misma había animado a las
víctimas a que me contaran todo lo ocurrido para intentar conseguir alguna cosa
que utilizar en el juicio. Lo único que me tranquilizaba de todo aquello era que
nunca había empleado la violencia, al menos hasta ahora. El violador amable, lo
llamó una periodista sensacionalista, pues al parecer nunca empleaba la violencia
en sus actos, pero yo no veía dónde podía encajar la amabilidad en una violación.
Del amigo no conocía nada, nunca había oído hablar de él.
Perdóneme abogada Sánchez por no haberla avisado con tiempo de mi visita –
prosiguió Castilla. ¿perdone, le importa que le llame Silvia? Castilla le hizo unaseñal al otro hombre y éste me quitó la mano de la boca. Si grita dejaremos de ser
tan amables con usted –dijo Toni.
¿cómo han llegado hasta aquí? ¿cómo han entrado en mi piso? –fue lo único que
acerté a decir.
Bueno, tuvimos que pedirle las llaves al portero. Lamentablemente ese pobre
hombre tenía el corazón muy delicado…
Entonces me di cuenta de que no había visto dormir al portero, en realidad lo
había visto muerto. Quizás, el nerviosismo que sentí al entrar en el ascensor fue
un aviso de mi inconsciente para que me fuera de allí. Aquello cambiaba
considerablemente las cosas pues una muerte sí que era un acto violento, al
menos para mí.
Querida Silvia, dijo Castilla, hace ya seis años desde que nos vimos por última
vez. Seis años. ¿sabe en estos años cuántos días he pensado en usted y en lo
que le haría cuando llegara este momento?
Acercó la cerilla a mi rostro hasta tenerla tan cerca que podía sentir su calor.
Instintivamente soplé para que no me quemara. En cuánto llegó la oscuridad sus
dedos volvieron a restregarse por mi coño.
No me toques, desgraciado. –grité yo, pero entonces Toni me retorció los brazos
aún más causándome un fuerte dolor que me hizo agachar el cuerpo y adelantar
mis caderas hacia Castilla.
No seas imbécil –dijo Castilla- creo que ha entendido lo que le dijiste antes
¿verdad?
¿verdad?
Sí. –dije y noté como cedía la fuerza que me mataba de dolor.
Buena chica.
Escuché alejarse a Castilla y poco después volvía la luz a mi piso. Al principio casi
me molestó pues mis ojos comenzaban a acostumbrarse a la oscuridad, pero
luego agradecí poder ver con claridad a mis dos agresores. A Castilla lo conocía
suficientemente bien como para reconocerlo en cualquier momento, pero al otro
era la primera vez que lo veía. Solo pude verle un poco la cara pues estaba detrás
de mí. Era algo mayor que Castilla, de unos cuarenta y tantos, y de rasgos más
rudos, más violentos. En sus ojos se podía ver la lujuria de quien sabe dominador
la situación. Castilla volvía a acercarse hasta mí.
Estás muy guapa, ¿vienes de una fiesta?
Yo no contesté, pero en seguida Toni me sugirió que lo hiciera si no quería pasarlo
mal.No, vengo de cenar.
¿una cena? Vaya, debe ser una cena romántica porque te has arreglado mucho
para la ocasión. En prisión muchos dirían de ti que pareces una zorra vestida así.
En prisión hay muchos hijos de puta.
No seas así de dura, Silvia. Piensa que tú nos has enviado a muchos de nosotros
allí. Tendrás esperanzas de que nos reintegremos en la sociedad ¿no?
Tú eres basura y la basura nunca deja de serlo.
Entonces Castilla se acercó aún más a mí y con una brutalidad asombrosa rasgó
mi vestido rompiéndolo por varios sitios a la vez.
Y tú eres una zorra y como tal mereces que te traten así.
Yo intenté impedir que acabara de arrancarme el vestido con algunas patadas
lanzadas al aire, pero ninguna dio en su objetivo y en cambio Toni me estiró del
pelo hacia atrás haciéndome mirar al techo y sacar pecho hacia fuera mientras
Castilla se dedicaba a acabar de destrozar mi vestido rompiéndolo a trozos y
tirándolos al suelo.
Será mejor que te portes bien –me advirtió Castilla- no me gustaría tener que
estropear esa cara tan bonita.
Entonces entendí por primera vez que estaba atrapada y sin salida. En ropa
interior, a medio camino entre el comedor y mi dormitorio y con dos hombres que
iban a hacer lo que quisieran conmigo, pero ¿qué iban a hacer? ¿se iban a
conformar con violarme? Si sólo era eso ¿podría soportarlo? Al fin y al cabo, sólo
era sexo, no deseado, pero sexo solamente. Pero estaba equivocada. No era sólo
sexo, era también humillación, dominación, impotencia, y la terrible sensación de
no tener tú el control de la situación.
Decidí que de momento debía cooperar. En la situación en la que me encontraba
no podía hacer otra cosa. Sí, podía negarme, intentar oponerme, pero ¿qué
conseguiría? Tan sólo una paliza pues acabarían violándome igual. Decidí
ahorrarme sufrimiento.
Castilla cogió un trozo de vestido que había tirado al suelo y rasgó de él una larga
tira de tela.
Es una lástima porque te quedaba muy bien ese vestido, pero voy a vendarte los
ojos y no se me ocurre qué otra cosa utilizar.
Castilla me estaba mostrando en qué consistía su juego. No era sólo una posesión
sexual, se trataba de hacerme saber que yo estaba indefensa y a sus órdenes. Y
con la tela de mi vestido en mis ojos llegó de nuevo la oscuridad y volvieron
también a mi coño sus dedos, ahora tan sólo cubierto por unas minúsculas bragas.Volvamos a la cena. –dijo Castilla- ¿con quién estabas en esa cena? ¿era tu
novio?
No, era un compañero de trabajo.
Vaya, así que la zorrita le estaba poniendo los cuernos al novio. –dijo mientras sus
dedos subían por mi estómago hasta mis pechos. Toni había comenzado a
excitarse más desde el momento en que Castilla me había arrancado el vestido,
pero de momento no me tocaba, seguía agarrándome fuerte las manos y se
conformaba con ponerme su miembro ya duro contra mis riñones como si con ello
se estuviese presentando ante mí.
No tengo novio. –dije en voz baja.
¿no tienes novio? Vaya, pues es una pena porque me gustaría ver la cara de tu
novio cuando le entregáramos la grabación que estamos haciendo.
Nuevamente se trataba de un acto de dominación. Tenía los ojos vendados y
evidentemente no podía saber si lo que decía Castilla era cierto o no. Si lo era la
cosa se ponía más grotesca, porque una cosa era dejar que me violaran sin más,
sin testigos, sin gente que me reprochase el que no intentara defenderme, y otra
cosa era que esa película pudiera ser emitida en cualquier momento en internet o
en algún medio de comunicación. No había duda que Castilla era muy bueno
jugando. Tenía que hacer algo, tenía que pensar algo antes de que estuviese tan
aterrada que se paralizase mi pensamiento.
¿te ha tocado? –preguntó de nuevo Castilla.
¿qué?
¿qué si te ha tocado, que si te ha metido mano mientras cenaban?
No, él es un caballero, no un cerdo animal como tú.
Castilla me quitó el sujetador de un tirón y se apoderó de mis pechos cada uno
con una mano.
Tienes un buen par de tetas. Ese tipo con el que has cenado debía ser un marica.
Aquí los únicos maricas son tú y tu novia Toni. ¿o es que crees que no sé lo que
hacen en la cárcel a los que violan gente?
Toni se mosqueó bastante con mi último comentario y me castigó con uno de sus
habituales doblados de mis brazos que me producían tanto dolor y me obligaban a
echar la cabeza hacia atrás y el cuerpo hacia delante. Castilla, en cambio, no se
dio por aludido. Seguía manoseando mis tetas y al parecer estaba disfrutando con
ello.
¿hace seis años que no agarro unas como estas. ¿sabes? Hay muchas mujeres
que estarían encantadas de estar en tu lugar. Muchas mujeres casadas que noreciben ningún tipo de atención ni de cuidado de sus maridos, muchas mujeres
insatisfechas que desearían tener entre sus piernas a dos hombres ansiosos de
sexo, dos hombres que no han visto, ni tocado, ni olido, ni lamido, ni saboreado el
coño de una mujer desde hace seis años.
Me das asco. –dije yo.
Pues yo creo que no, la mancha de tus bragas te delata.
Era cierto. Increíble pero cierto. Quizás los largos días sin sexo que había vivido
en las últimas semanas, quizás ese lenguaje soez, quizás mi total indefensión,
quizás un poco de todo, el caso es que mientras mi mente seguía buscando un
camino, una forma de escapar a la inevitable situación a la que me conducían
aquellos hombres, mi cuerpo comenzaba reaccionar de forma alarmante a las
caricias y al deseo que dejaban entrever aquellos dedos extraños
No podía consentirlo, no debía permitir que mi cuerpo dominase a mi cerebro, no
podía ser y sin embargo cuando aquellos dedos volvieron a bajar por mi
estómago, y tras salvar la pequeña barrera de la fina tela de mis bragas llegaron
hasta mi coño supe que la guerra comenzaba a estar perdida.
Esta zorra se está mojando viva. –dijo Castilla que llevaba pruebas de ello en sus
dedos. Toni se río divertido con el comentario de Castilla y apretaba más aún su
verga contra mi espalda. Entonces Castilla me puso sus dedos junto a mi nariz
para que oliese mis propios jugos y después bajó hasta mi boca para que lamiera
sus dedos.
Chúpalos. –me ordenó. Y si te portas bien quizás te dejaré que me chupes la
polla.
Era indignante la forma como me trataba Castilla y, sin embargo, cuánto más
vulgar era en su lenguaje, cuánto más dominada y expuesta me tenía más me
excitaba. Me estaba calentando y él lo sabía. Mi voluntad era ya una fina lluvia en
el desierto.
Castilla volvió a mis pechos. Los cogía por la base y me los levantaba para
dejarlos caer luego. Creo que le excitaba verlos rebotar. Imaginé que para
entonces ya debía tener una buena erección y lamentaba el no poder verla. Sí, lo
confieso, para entonces yo ya había perdido el juego, había perdido la noción del
bien y del mal, ya no era objetiva, ahora sólo quería poder ver su polla hinchada
apuntando al cielo por mí. Castilla repitió la operación varias veces antes de
comenzar a lamerme las tetas. Las chupaba en círculos decrecientes acabando
siempre en mis pezones duros como piedras. Al mismo tiempo, creo que era la
mano de Toni la que se perdía por primera vez dentro de mis bragas y comenzaba
a juguetear.El placer que iba sintiendo por las caricias en todo mi cuerpo fue aumentando
poco a poco y por primera vez tuve miedo a morir, miedo a morirme de gusto allí
mismo, a correrme como nunca lo había hecho dándole la razón a Castilla y
demostrando que en verdad no era más que una perra hambrienta de sexo.
Entonces un dolor agudo en mis pezones me sacó de mi éxtasis. Me había
mordido los pezones con toda la intención del mundo pues era consciente del
placer que estaba sintiendo. Era su forma de decirme que sólo me correría cuando
él quisiera, que él era el amo, que el dolor y el placer convivían cerca, muy cerca.
Grité, por el dolor, pero no era un grito de auxilio. Toni abandonó mi sexo y me
recordó con su habitual forma de hacerme daño que no debía gritar.
Castilla volvió a lamerme los pechos, nuevamente con cuidado y de la forma
deliciosa que lo había hecho hasta entonces.
Creo que ya es hora de que te quitemos esto. –dijo Toni en referencia a mis
bragas. Tiró de ellas desde atrás y la tela de la parte delantera se incrustó en mi
sexo. Toni tiró algo más fuerte y el roce de mis bragas con mi clítoris dejó de ser
placentero para convertirse en molesto. Finalmente dio un tirón brusco y éstas se
rasgaron y acabaron de escurrirse entre mis piernas.
Así está mucho mejor –dijo Toni- y volvió a llevar su mano a mi sexo. Esta vez lo
recorría de arriba abajo, llegando incluso hasta mi ano y luego de nuevo arriba.
Recogía en sus dedos algo de flujo y lo esparcía por toda mi vagina. Después de
juguetear un poco más me introdujo varios dedos en el coño. Ahora entiendo tu
apodo, pensé yo, que repartía mi atención a los dos focos de placer que tenía en
ese momento con Castilla saboreando mis pechos y Toni penetrando mi
entrepierna. No pude evitar que se me escapase un suspiro cuando Toni soltó
ligeramente la presión de mis manos, las cuáles comenzaban a quedarse
dormidas, y las llevó a su paquete. La polla de Toni era enorme.
Creo que esta ya no necesita que la sujetemos –dijo Toni a Castilla.
Sí, ya me he dado cuenta yo también.
Entonces por primera vez desde hacía un buen rato pude sentir mis manos libres
de nuevo. En cierta manera había conseguido algo, me había ganado su
confianza y ahora disponía de un pequeño margen de maniobra. Mientras
reconocía la enorme herramienta de Toni el teléfono del comedor comenzó a
sonar…
Será mejor que contestes –dijo Castilla- pero espero que no intentes jugarnos una
mala pasada.
Yo misma me deshice de la venda que me tapaba los ojos y me dirigí al comedor.
Parecía que lo de la grabación en una cámara había sido sólo un adorno deCastilla a su estrategia de anulación mental, sin duda se trataba de una buena
noticia. Castilla y Toni me seguían muy cerca. Descolgué el auricular.
¿sí?
Hola Silvia, soy Emilio, ¿qué tal estás? ¿te encuentras mejor?
Justo en el momento en que iba a responderle Castilla se arrodilló frente a mí y
llevó su lengua hasta mi coño. Yo no quería permitírselo, todavía debía quedar por
mi cerebro un resquicio de dignidad, pero un ligero mordisco en uno de mis labios
vaginales fue suficiente para que abriera las piernas.
¿Silvia? –repitió Emilio desde el otro lado del teléfono.
Sí, perdona, es que…Ahhhhhh…….estaba distraída.
Ya veo, en fin, será mejor que te deje descansar.
Siiiiiii…….será mejor. De todas formas, ya me encuentro mejor, gracias. Mañana
ya se me habrá pasado.
Toni avanzaba hacia nosotros con la polla cogida en sus manos. Mostraba y
escondía su lívido glande mediante movimientos lentos y tranquilos. Realmente,
ahora que podía verla en toda su dimensión debo decir que la tenía bastante
grande.
Bueno, entonces nos vemos el lunes ¿no? –dijo Emilio.
Sí, sí, el lunes. –alcancé a decir sólo esas palabras porque Castilla estaba dándole
unos lengüetazos a mi clítoris que hacía que me estremeciera de placer.
Colgué el auricular como pude y comencé a gemir de gusto, ahora ya sin tapujos,
mientras que Toni se situaba a mi espalda y agarrándome de los pechos se dedicó
a restregarme su polla por mis nalgas.
Te vas a correr Silvia, ¿te vas a correr con tus violadores como una ramera?, me
reprochaba a mí misma mientras un gigantesco orgasmo se iba fraguando en mi
entrepierna. Sí, me voy a correr, decidí al fin, y dejé olvidados para otro momento
mis reproches. Los pellizcos de Toni en mis pezones no hacían más que estimular
aún más mi excitación y cuando llegué al clímax no pude evitar soltar un gemido
tan desgarrador que hubiese puesto cachondo al cura más devoto. Al mismo
tiempo todos mis músculos perdieron la tensión habitual y hubiese caído al suelo
de espaldas de no haber sido porque Toni me sujetaba fuertemente.
Esta zorra se corre que da gusto. –dijo Castilla con la cara llena de mis flujos-
.
Sí, es una buena perra. –añadió Toni- Se nota que hace días no la cogen como se
lo merece.
Ojalá fuesen unos días, pensé yo que comenzaba a recobrarme.Pues hoy va a tener unas cuantas folladas. Nada más decir eso Castilla, me
ordenó que me arrodillara junto a él.
Chúpamela, quiero ver como se traga mi polla una abogada.
Por primera vez dirigí mi atención a su pene. Y digo pene porque para mí una
polla debe tener unas buenas dimensiones para considerarse una buena polla. Se
trataba pues de un pene, digamos que normalito, que si la comparaba con la de su
amigo podría llegar a humillarle. Decidí no hacerlo, pues el ego de los hombres
suele estar muy regido por el tamaño de su miembro, y un hombre con el ego
herido puede llegar a ser muy peligroso, incluso un violador amable. Así pues, me
llevé su pene a la boca y comencé a lamerlo sin demasiada afición. Al
introducírmelo en la boca ganó algo de tamaño, pero seguía siendo un pene. Le
acaricié las pelotas mientras chupaba su glande de manera automática. Después
de unos minutos así me pidió que me pusiera a cuatro patas.
Ahora te vamos a follar. –dijo Castilla- como si eso fuese una amenaza real a esas
alturas.
Toni estaba aún de pie y frente a nosotros. Él sí que lucía una erección
maravillosa. Esa polla comenzaba a calentarme de nuevo.
Castilla se colocó tras de mí y con cierta facilidad, pues seguía bastante lubricada,
me penetró por el coño y comenzó a bombear con ansiedad. Era como si tuviera
prisa por correrse, como si estuviese tan excitado que no pudiese aguantar ni un
segundo más sin eyacular. Toni, en cambio, seguía a nuestro lado impasible.
Desde el suelo le eché una mirada lasciva y le saqué la lengua entre provocativa y
burlona. Entonces se acercó aún más a mí y me introdujo su polla en la boca
mientras con las manos me sujetaba la cabeza e iniciaba los movimientos de
penetración. Ese cabrón me estaba follando la boca. Era la primera vez que me
hacían algo así. Lo de mamar vergas de rodillas ya podía llegar a ser humillante
para una mujer, pero el que me follaran la boca de esa manera me parecía aún
más humillante y al mismo tiempo tremendamente morboso. Volvía a estar fuera
de mí, volvía a estar como una perra en celo a la que le están dando la mejor
follada de su vida.
Yo siempre he querido tener una abogada como ésta. –dijo Toni-
Te dije que se trataba de una buena zorra. Ya te lo dije, yo no me suelo equivocar.
Pues hoy se va a hartar de tanta polla.
Castilla no tardó en correrse debido a la energía con que me estaba follando y tal
como esperaba su corrida fue escandalosamente abundante y enseguida su
semen se derramó de mi coño y comenzó a chorrearme por los muslos. Toni en
cambio aún siguió durante unos minutos más perforando mi boca con un ritmo
lento y suave.Vamos, córrete en su cara. –le animaba Castilla a su amigo-
Estaba claro que Toni lo iba a complacer y cuando supe que su orgasmo llegaba y
que Toni derramaba las primeras gotas de semen en mi boca me preparé para
recibir sus descargas en mi cara. Cerré los ojos y esperé el impacto. Rápidamente
un chorro de semen cayó entre mis ojos y mi nariz y otro quedaba pegado en mi
barbilla mientras que el resto se escurrían entre mi cuello y mis pechos.
¡Oh Dios, ha sido bárbaro! –exclamó Toni mientras sacudía las últimas gotas
sobre mi cuerpo.
A Castilla le había gustado tanto el espectáculo que volvía a estar duro y ansioso
por penetrarme. Yo, con semen de dos hombres resbalando por todo mi cuerpo no
entendía ya de objeciones. Así, cuando Castilla se tumbó en el suelo y me pidió
que lo cabalgara yo lo hice sin pensármelo y me introduje su pene de un solo
golpe.
Si hubiese sabido que eras tan puta me hubiese escapado mucho antes de prisión
-Dijo Castilla
Y si yo hubiese sabido lo que me esperaba esta noche quizás no me hubiese ido a
cenar con Emilio, pensé yo, pero no dije nada para no alimentar el ego de los
hombres Me limité a moverme encima de él, saltando sobre su pene como una
auténtica viciosa mientras mis tetas rebotaban y rebotaban volviendo loco de
lujuria a Castilla.
Toni recuperó de nuevo su erección al vernos follar de esa manera y cuando la
tuvo de nuevo dura me indicó que me recostase sobre Castilla. Al hacerlo mis
pechos quedaron al alcance de Castilla que los tomó entre sus dedos para
pellizcarlos y amasarlos como había hecho ya hacía unos minutos. Pero ahora mi
foco de atención había pasado a Toni, pues era consciente de cuáles eran sus
intenciones y sabía que eso me iba a doler.
Justo detrás de nosotros Toni se embadurnaba la polla con saliva y lubricaba mi
ano con sus dedos. Pese a la enorme excitación que sentía por lo morboso de la
situación y pese a que Castilla me follaba ahora con embestidas lentas y
profundas que me producían un enorme placer, mi ano estaba tan cerrado que me
resultaba complicado imaginar cómo una polla de esas dimensiones iba a caber
ahí dentro. Nunca ninguno de mis amantes había querido sodomizarme y yo
tampoco lo había encontrado nunca excitante por lo que mi culo era virgen y Toni
comenzaba a darse cuenta de ello.
Creo que a esta zorra no se la han metido nunca por aquí.
Entonces ya es hora de que lo haga alguien –le animó Castilla-
.
Toni comenzó presionando mi ano con un dedo. No fue sencillo, pero a base de
intentarlo consiguió meterlo por completo. Cuando lo sacó mi culo ya estaba algomás dilatado pero muy cerrado aún. Entonces repitió la operación con dos dedos y
finalmente con tres. A medida que añadía un nuevo dedo el dolor aumentaba y
ganaba terreno al placer. Entonces, cuando yo imaginaba que llegaría un cuarto
dedo noté su polla en las puertas de mi ano. Su glande presionaba sobre mi
agujero como lo habían hecho anteriormente sus dedos pero éste era incapaz de
forzar la entrada. Toni comenzaba a perder la paciencia conmigo y eso me
preocupaba pues no me apetecía ver enfadado a ese grandullón. Entonces, en un
nuevo intento Toni consiguió introducir la punta. Yo misma noté como las paredes
de mi ano al fin cedían ante el empujón de Toni. A partir de ahí todo fue mucho
más fácil para él y mucho más doloroso para mí. Con tres embestidas más pudo
meterme la mayor parte de su polla en mi culo. Ahora el dolor era ya muy intenso
y diluía el placer que por otra parte me proporcionaba Castilla con su follada.
Ya no puedes caer más bajo Silvia, me dije a mi misma cuando tuve a los dos
violadores dentro de mi cuerpo. Pero pronto el dolor fue dejando paso a una
intensa sensación de placer. Toni también lo estaba disfrutando pues mi culo
agarraba su polla con una fuerza brutal y pensé que aquello era casi como si le
estuviese ordeñando la polla.
Castilla comenzó a acelerar sus movimientos y su corrida era inminente. Yo hacía
ya unos minutos que me había corrido por segunda vez y Toni gemía con cada
embestida que me daba. De pronto un líquido tibio comenzó a inundar mi coño y
casi de inmediato Toni hacía lo propio en mi culito.
Me corro, les grité para excitarlos aún más, me corro, me corro…
Acabamos los tres al mismo tiempo. Luego permanecimos en el suelo recobrando
el aliento unos minutos. A mí me dolía el culo y los pezones por los mordiscos
repetidos de Castilla y sin embargo me encontraba genial. Mi cuerpo estaba lleno
de sudor y semen, pero a mí no me importaba lo más mínimo.
Pasados unos minutos Castilla me dijo que sería mejor que me duchara porque
tenía un aspecto lamentable. No sé por qué, pero sus palabras no me sonaron
sinceras y sabía que debía haber alguna otra idea retorcida tras ellas. Yo asentí y
me levanté para ir al baño. Castilla y Toni hablaron un momento en voz baja y
luego me siguieron.
Toni abrió el grifo del agua y los dos hombres entraron en la bañera conmigo.
El agua había comenzado a retirar de mi cuerpo los restos de sudor y semen
cuando Toni me tomó entre sus brazos y levantándome a pulso me penetró con
facilidad. Tenía la espalda apoyada contra la pared y me sujetaba fuertemente de
las nalgas mientras su polla entraba y salía con enorme vigorosidad de mi sexo
hinchado.No vas a olvidar esta noche en tu vida, oí decir a Castilla, y sabía que era cierto
pues nunca más iba a volver a disfrutar de un sexo tan salvaje y morboso al
mismo tiempo
Toni, que parecía imposible tuviera tanta fuerza, había comenzado a devorar mis
pechos mientras seguía el mete y saca brutal con el que me estaba volviendo loca
de placer.
Si Emilio me viese ahora, me dije a mi misma, e imaginé a Emilio observando la
escena desde la puerta del baño. Sólo con hacerlo me vine en un orgasmo intenso
y delicioso y enseguida Toni acabó también. Por fin mis pies tocaron tierra firme
de nuevo, pero ahora era Castilla quien requería de mis servicios.
Quieta, me dijo, y antes de que pudiera volverme noté su pene entre mis nalgas. A
diferencia de la otra vez, el pene de Castilla entró en mi ano que ya estaba algo
más dilatado sin demasiados problemas y esta vez la sensación fue de placer
desde el principio. Además, para acabar de disfrutarlo, Toni, que después de
correrse se había dejado caer al suelo de la bañera, estaba ahora con su cabeza
entre mis piernas buscando mi clítoris con la lengua.
Malditos hijos de puta, ¿qué voy a hacer yo sin ustedes cuando los detenga la
policía? –les dije en un momento de puro éxtasis.
Puedes venir a visitarnos –dijo Castilla- serás bienvenida.
Esa fue la última vez que escuché hablar a Castilla. Después de eso siguió
follándome el culo y Toni chupando mi coño hasta que me corrí de una forma tan
brutal que todos los músculos de mi cuerpo fallaron por un momento y tuve que
dejarme caer en la bañera mientras el agua seguía escurriéndose por todo mi
cuerpo.
No sé cuánto rato estuve así, en el suelo de la bañera recibiendo el tibio golpeteo
del agua sobre mi piel. El caso es que cuando tomé conciencia de que había
pasado mucho rato Toni y Castilla ya no estaban allí.
Cerré el grifo de la ducha y me envolví con una toalla sin saber bien por qué lo
hacía pues no tenía nada que esconder a nadie a esas alturas. Miré en el comedor
y allí no había ni rastro de ellos ni de sus ropas. Si estaba en cambio mi vestido
destrozado en mil pedazos y mi ropa interior rota. Miré en el resto de habitaciones
del piso, pero no había ni rastro de ellos. Habían desaparecido de la misma forma
silenciosa como habían llegado.
Me acabé de secar y fui a mi habitación para ponerme unas bragas. Entonces,
sobre mi cama encontré algo. Era una nota escrita a mano. Cuando llegue la
oscuridad volveremos a vernos
Sr. Castilla, después de haber examinado con profundidad las pruebas aportadas
tanto por la defensa como por la acusación y después de haber deliberado
largamente sobre su caso, este jurado le encuentra a usted culpable de los delitos
de violación de la Srta. Helena Martín y de la Sra. Carmen Prieto y del intento de
violación de la Srta. Marta Domínguez por lo cual se le condena a un total de 125
años de prisión.
La abogada Sánchez miró por última vez al violador a los ojos. Estos le
devolvieron la mirada. No parecía especialmente angustiado con la condena
emitida por el jurado sino más bien divertido con la escena. Al lado de la abogada
las tres jóvenes que habían acusado a Castilla se daban un abrazo entre llantos
celebrando la victoria final y acabando así su pesadilla.
Un par de policías se acercaron hasta Castilla y lo sacaron de la sala. Al pasar
junto a la abogada Sánchez, Castilla se dirigió a ella con el mismo tono de voz
pausado y tranquilo con el que había comparecido durante todo el juicio y dijo:
Cuando llegue la oscuridad volveremos a vernos.
Vamos, camina, hacia la oscuridad es a donde te vamos a llevar a ti. –le dijo uno
de los policías mientras le empujaba para que anduviera más deprisa.
JULIO 17 DEL 2005
No resulta nada fácil ser un abogado con éxito en este país y menos cuando eres
una mujer. Aun siendo la primera de mi promoción no tuve las mismas facilidades
que mis compañeros masculinos y tuve que luchar muy duro y trabajar muchas
más horas que los demás para llegar a ganarme su respeto y admiración. En
pocos años gané varios juicios importantes y mi caché fue subiendo poco a poco
como la espuma hasta ayer.
Ayer gané el juicio más importante de toda mi vida y el gran seguimiento y la
difusión que ha tenido el caso me han convertido sin duda en una de las mujeres
más famosas del país, al menos por unos días. Decidí que ya era hora de tomarse
un buen descanso. Era viernes y esa noche tenía una cita con Emilio, un apuesto
abogado que formaba parte de mi equipo de trabajo y con el que había pasado
muchas horas en este último caso. El pobre no había dejado de insinuarse una y
otra vez y siempre había recibido mi indiferencia por respuesta. No es que no me
gustase, la verdad no estaba mal sin llegar a ser una belleza, pero es que no me
gusta mezclar el trabajo con el placer, por lo menos hasta que no he acabado el
trabajo.Había decidido que esa noche le iba a dar una oportunidad y que a poco iba a
tener una buena recompensa, pues estaba dispuesta a hacerle disfrutar del resto
de mis encantos que todavía no conoce. Me levanté tarde, comí algo ligero para
quitar el gusanillo del hambre y me fui a la peluquería. Quería estar guapa esa
noche.
Soy una mujer atractiva e interesante, nunca me ha faltado un pretendiente y
digamos que sé sacarles partido a mis curvas sensuales, aunque sin llegar a
parecer sintéticas. Cuando llegué a casa me di un baño largo y relajante con
mucha espuma como a mí me gusta. Tumbada en la bañera recordé algunos de
los momentos pasados con Emilio durante las semanas anteriores y sus palabras
dulces y cariñosas proponiéndome ir a cenar o tomar una copa en su casa. Sólo
con evocar sus palabras sentí como se me endurecían los pezones que
sobresalían del agua tibia. Ufff, hace semanas que no tengo buen sexo, me dije a
mi misma lamentándome por haber sido tan profesional.
Esta noche, esta noche Emilio conocerá a la otra Silvia, pensé a la vez que mis
manos recorrían lentamente mis caderas y mis muslos en dirección a mi
entrepierna. Mis propias caricias me resultaban tan gratificantes como si fueran las
manos de Emilio las que me tocasen.
Estaba muy caliente. El exceso de trabajo me había hecho dejar a un lado el sexo
durante unas semanas y ahora mi cuerpo estaba reaccionando de aquella manera
en que lo hace un cuerpo que necesita liberar una gran cantidad de energía
sexual.
Reseguí la abertura de mi sexo de arriba abajo varias veces antes de separar mis
labios vaginales con un par de dedos de cada mano. Comencé a acariciarme la
zona más cercana a mi clítoris, el cual estaba ya estimulado por mis caricias. Una
de mis manos regresó hasta mis pechos mientras con la otra me tocaba ahora sí
mi pequeño botón mágico. Imaginé a Emilio desnudo, con su polla enorme
mostrando sus venas a punto de estallar e imaginé que lo tocaba, que lo tenía tan
cerca de mí que me lo podía llevar a la boca y notar su sabor y su textura. Varias
ráfagas de placer subieron por todo mi cuerpo desde mi coño y me mordí
ligeramente el labio inferior para no aullar de placer. Dejé escapar un leve gemido
y repetí la operación varias veces. Un orgasmo delicioso me hizo contraer todos
los músculos de mi cuerpo para relajarlos al fin y permanecer allí estirada todavía
por un buen rato.
Para la ocasión elegí un conjunto de ropa interior de color negro que todavía no
había podido estrenar, pues pienso que este tipo de ropa sólo se debe estrenar en
ocasiones especiales. Me miré en el espejo de mi habitación. Así, en ropa interior
me encontraba realmente sexy. Luego abrí el armario de la ropa y encontré un
magnífico vestido largo también de color negro que dejaba al descubierto buena
parte de mi espalda. Hubiese preferido un escote algo más pronunciado para
dejarle mis intenciones bien claras a Emilio, pero pensé que llegado el momentono sería necesario utilizar este tipo de señales pues estaba ya decidida a ser
bastante explícita en cuanto a mis intenciones para esa noche. Me maquillé
ligeramente para quitar el color blanquecino a mi piel y me puse unas gotitas de mi
perfume preferido.
Emilio también se había esmerado para la ocasión. Estoy acostumbrada a verlo
con traje debido a nuestro trabajo, pero he de reconocer que esa noche tenía el
atractivo subido. Le di un par de besos en la mejilla y me embriagó con su
perfume.
¿y dónde vamos a ir a cenar? –le pregunté.
¿Conoces el mesón de Don Fito?
Sí, pero nunca he estado allí. Dicen que es muy caro.
No lo creo, yo he ido varias veces y encuentro que está muy bien.
Así que siempre llevas al mismo sitio a tus ligues ¿no? –dije yo sarcásticamente.
Pues sí, resulta un método infalible. –dijo él con una sonrisa.
Y seguro que lo va a seguir siendo, pensé yo avanzando cuál iba a ser el final que
yo imaginaba para esa noche. Ya en el restaurante disfrutamos de una cena
abundante y lenta que era amenizada por una excelente música de ambiente.
Emilio estuvo especialmente exquisito durante toda la cena y se ocupó de rellenar
una y otra vez mi copa de vino a medida que ésta iba quedando vacía.
¿intentas emborracharme para aprovecharte de mí? –le dije yo una de las veces
que llenó mi copa.
Vaya, has adivinado mis intenciones. Brindemos por ello.
Para cuando terminé con los postres comenzaba a sentirme desinhibida y excitada
al mismo tiempo. Sabía que el momento de la verdad se acercaba y que debía de
comenzar a quemar las dudas si quería que esa noche hubiese algo de acción.
Pese a todo, Emilio no acababa de decidirse a tomar la iniciativa y estaba segura
de que no lo haría a no ser que le dejara las cosas muy claras.
Voy un momento al baño.
–le dije pues necesitaba unos minutos a solas para
decidir cuál iba a ser la estrategia a seguir: sutil y provocadora como hasta el
momento o quizás sensual y directa para no dejar lugar a la duda.
Inmersa en mis pensamientos caminé hacia los lavabos, pero al pasar cerca de la
entrada principal me llamó la atención las imágenes que se emitían por televisión
en esos momentos. Creo que me quedé pálida de golpe al reconocer a uno de los
dos individuos que salían en un primer plano. Era Castilla “el violador amable”
como se le conocía, desde que yo misma me encargue de que lo metieran en
prisión durante una buena temporada después de violar a dos mujeres y seratrapado mientras lo intentaba con una tercera. Me acerqué un poco más al
televisor para escuchar lo que decía la periodista que hablaba en esos momentos.
- Como les decimos, se trata de dos individuos muy peligrosos que se han
escapado de prisión esta mañana aprovechando una visita programada al
centro de salud mental. Se sospecha que pueden estar armados y la policía
solicita que cualquiera que pueda dar información sobre su paradero llame
al…
Entré en el lavabo y me eché un poco de agua en la cara. La imagen de Castilla
en el televisor me había hecho recordar antiguas amenazas que ya parecían
olvidadas. Cuando regresé a la mesa Emilio notó enseguida que me pasaba algo.
¿estás bien? –me preguntó.
No, me siento algo mareada. ¿te importa acompañarme a casa?
- ¿prefieres que te lleve a ver un médico?
No, no, no es nada, se me pasará solo, pero necesito descansar.
- Está bien, no te preocupes, ahora vamos.
Emilio pagó la cuenta y me llevó de regreso a mi piso.
- ¿quieres que te acompañe hasta arriba?
No, gracias, has sido muy amable.
- ¿de verdad? No me cuesta nada subir contigo.
No, de verdad, otro día ¿vale?, lo siento, no pensaba terminar la noche así. El
próximo día te recompensaré por la cena.
- No hay por qué, lo he pasado muy bien contigo, Silvia.
Yo también. Te llamo mañana ¿vale?
- Está bien.
Me despedí de Emilio con un beso en los labios, un pequeño anticipo de lo que le
esperaba si tenía la paciencia necesaria. Bajé del coche y entré en mi bloque.
Buenas noches, le dije al portero, pero ni siquiera me contestó. Me pareció que se
había quedado dormido mientras ojeaba una revista. Entré en el ascensor y
marqué el 4. Cuando las puertas se cerraron sentí una nueva inquietud y pronto
tuve la sensación de que me faltaba el aire. Era absurdo, me dije a mi misma, ¿de
qué tengo miedo? Poco a poco me fui relajando y cuando llegué a mi piso mi
respiración era ya casi normal. Abrí la puerta y entré. Mientras empujaba la puerta
para cerrarla buscaba con la otra mano el botón de la luz. Le di al interruptor justo
en el momento en que se cerró la puerta. La luz no vino. ¿qué extraño, pensé,pues en el resto del bloque sí que había luz. Debe haber algún fallo. Avancé por el
pasillo a ciegas para averiguar si era eso lo que sucedía cuando al pasar cerca de
la cocina tuve una sensación muy rara, como si hubiese alguien más allí, pero ya
fue demasiado tarde. En ese preciso momento una mano fuerte y ancha me
tapaba la boca mientras con la otra me inmovilizaban los brazos detrás de la
espalda.
Ni siquiera pude gritar. Alguien mucho más corpulento y fuerte que yo me había
cogido por sorpresa y el terror que sentí en ese momento me paralizó el resto del
cuerpo. Entonces en la oscuridad hubo un fogonazo de luz, un pequeño
resplandor de luz amarillenta apareció a pocos centímetros de mi cara. Allí, justo
en frente de mí, con una cerilla entre los dedos estaba Castilla, con la misma
mirada inquietante y la misma expresión en la cara que cuando lo vi por última vez
en los juzgados.
Buenas noches abogada Sánchez, me alegro de verla, está usted cada día más
guapa. Entonces repitió aquellas palabras que durante años habían quedado
grabadas en mi inconsciente.
Cuando llegue la oscuridad volveremos a vernos… ¿se acuerda? Como ve yo soy
un hombre de palabra. Por cierto, el hombre que la tiene sujeta es mi amigo Toni,
alias “el dedos largos”. Ya se imaginará a qué se debe su apodo, al parecer a Toni
le gustaba tocar a las jovencitas. Pero es un buen chico, espero que no le importe
que le haya invitado a acompañarme.
La cerilla estaba ya a punto de consumirse cuando la apagó y regresó la completa
oscuridad. Noté como unos dedos presionaban mi entrepierna por encima del
vestido. Intenté cerrar las piernas al máximo en un acto de reflejo, pero resultaba
un esfuerzo vano pues los dedos eran fuertes y yo no podía evitar sentirlos contra
mí.
Una nueva cerilla volvió a producir algo de luz justo después de que dejara de
sentir aquellos dedos en mi sexo. Imagino que mis ojos delataban el pánico que
sentía en aquellos momentos. En mi cerebro se repetían una y otra vez las
declaraciones que yo misma tuve que aprender de memoria de mis testigos. Sabía
todos los detalles de aquellas violaciones pues yo misma había animado a las
víctimas a que me contaran todo lo ocurrido para intentar conseguir alguna cosa
que utilizar en el juicio. Lo único que me tranquilizaba de todo aquello era que
nunca había empleado la violencia, al menos hasta ahora. El violador amable, lo
llamó una periodista sensacionalista, pues al parecer nunca empleaba la violencia
en sus actos, pero yo no veía dónde podía encajar la amabilidad en una violación.
Del amigo no conocía nada, nunca había oído hablar de él.
Perdóneme abogada Sánchez por no haberla avisado con tiempo de mi visita –
prosiguió Castilla. ¿perdone, le importa que le llame Silvia? Castilla le hizo unaseñal al otro hombre y éste me quitó la mano de la boca. Si grita dejaremos de ser
tan amables con usted –dijo Toni.
¿cómo han llegado hasta aquí? ¿cómo han entrado en mi piso? –fue lo único que
acerté a decir.
Bueno, tuvimos que pedirle las llaves al portero. Lamentablemente ese pobre
hombre tenía el corazón muy delicado…
Entonces me di cuenta de que no había visto dormir al portero, en realidad lo
había visto muerto. Quizás, el nerviosismo que sentí al entrar en el ascensor fue
un aviso de mi inconsciente para que me fuera de allí. Aquello cambiaba
considerablemente las cosas pues una muerte sí que era un acto violento, al
menos para mí.
Querida Silvia, dijo Castilla, hace ya seis años desde que nos vimos por última
vez. Seis años. ¿sabe en estos años cuántos días he pensado en usted y en lo
que le haría cuando llegara este momento?
Acercó la cerilla a mi rostro hasta tenerla tan cerca que podía sentir su calor.
Instintivamente soplé para que no me quemara. En cuánto llegó la oscuridad sus
dedos volvieron a restregarse por mi coño.
No me toques, desgraciado. –grité yo, pero entonces Toni me retorció los brazos
aún más causándome un fuerte dolor que me hizo agachar el cuerpo y adelantar
mis caderas hacia Castilla.
No seas imbécil –dijo Castilla- creo que ha entendido lo que le dijiste antes
¿verdad?
¿verdad?
Sí. –dije y noté como cedía la fuerza que me mataba de dolor.
Buena chica.
Escuché alejarse a Castilla y poco después volvía la luz a mi piso. Al principio casi
me molestó pues mis ojos comenzaban a acostumbrarse a la oscuridad, pero
luego agradecí poder ver con claridad a mis dos agresores. A Castilla lo conocía
suficientemente bien como para reconocerlo en cualquier momento, pero al otro
era la primera vez que lo veía. Solo pude verle un poco la cara pues estaba detrás
de mí. Era algo mayor que Castilla, de unos cuarenta y tantos, y de rasgos más
rudos, más violentos. En sus ojos se podía ver la lujuria de quien sabe dominador
la situación. Castilla volvía a acercarse hasta mí.
Estás muy guapa, ¿vienes de una fiesta?
Yo no contesté, pero en seguida Toni me sugirió que lo hiciera si no quería pasarlo
mal.No, vengo de cenar.
¿una cena? Vaya, debe ser una cena romántica porque te has arreglado mucho
para la ocasión. En prisión muchos dirían de ti que pareces una zorra vestida así.
En prisión hay muchos hijos de puta.
No seas así de dura, Silvia. Piensa que tú nos has enviado a muchos de nosotros
allí. Tendrás esperanzas de que nos reintegremos en la sociedad ¿no?
Tú eres basura y la basura nunca deja de serlo.
Entonces Castilla se acercó aún más a mí y con una brutalidad asombrosa rasgó
mi vestido rompiéndolo por varios sitios a la vez.
Y tú eres una zorra y como tal mereces que te traten así.
Yo intenté impedir que acabara de arrancarme el vestido con algunas patadas
lanzadas al aire, pero ninguna dio en su objetivo y en cambio Toni me estiró del
pelo hacia atrás haciéndome mirar al techo y sacar pecho hacia fuera mientras
Castilla se dedicaba a acabar de destrozar mi vestido rompiéndolo a trozos y
tirándolos al suelo.
Será mejor que te portes bien –me advirtió Castilla- no me gustaría tener que
estropear esa cara tan bonita.
Entonces entendí por primera vez que estaba atrapada y sin salida. En ropa
interior, a medio camino entre el comedor y mi dormitorio y con dos hombres que
iban a hacer lo que quisieran conmigo, pero ¿qué iban a hacer? ¿se iban a
conformar con violarme? Si sólo era eso ¿podría soportarlo? Al fin y al cabo, sólo
era sexo, no deseado, pero sexo solamente. Pero estaba equivocada. No era sólo
sexo, era también humillación, dominación, impotencia, y la terrible sensación de
no tener tú el control de la situación.
Decidí que de momento debía cooperar. En la situación en la que me encontraba
no podía hacer otra cosa. Sí, podía negarme, intentar oponerme, pero ¿qué
conseguiría? Tan sólo una paliza pues acabarían violándome igual. Decidí
ahorrarme sufrimiento.
Castilla cogió un trozo de vestido que había tirado al suelo y rasgó de él una larga
tira de tela.
Es una lástima porque te quedaba muy bien ese vestido, pero voy a vendarte los
ojos y no se me ocurre qué otra cosa utilizar.
Castilla me estaba mostrando en qué consistía su juego. No era sólo una posesión
sexual, se trataba de hacerme saber que yo estaba indefensa y a sus órdenes. Y
con la tela de mi vestido en mis ojos llegó de nuevo la oscuridad y volvieron
también a mi coño sus dedos, ahora tan sólo cubierto por unas minúsculas bragas.Volvamos a la cena. –dijo Castilla- ¿con quién estabas en esa cena? ¿era tu
novio?
No, era un compañero de trabajo.
Vaya, así que la zorrita le estaba poniendo los cuernos al novio. –dijo mientras sus
dedos subían por mi estómago hasta mis pechos. Toni había comenzado a
excitarse más desde el momento en que Castilla me había arrancado el vestido,
pero de momento no me tocaba, seguía agarrándome fuerte las manos y se
conformaba con ponerme su miembro ya duro contra mis riñones como si con ello
se estuviese presentando ante mí.
No tengo novio. –dije en voz baja.
¿no tienes novio? Vaya, pues es una pena porque me gustaría ver la cara de tu
novio cuando le entregáramos la grabación que estamos haciendo.
Nuevamente se trataba de un acto de dominación. Tenía los ojos vendados y
evidentemente no podía saber si lo que decía Castilla era cierto o no. Si lo era la
cosa se ponía más grotesca, porque una cosa era dejar que me violaran sin más,
sin testigos, sin gente que me reprochase el que no intentara defenderme, y otra
cosa era que esa película pudiera ser emitida en cualquier momento en internet o
en algún medio de comunicación. No había duda que Castilla era muy bueno
jugando. Tenía que hacer algo, tenía que pensar algo antes de que estuviese tan
aterrada que se paralizase mi pensamiento.
¿te ha tocado? –preguntó de nuevo Castilla.
¿qué?
¿qué si te ha tocado, que si te ha metido mano mientras cenaban?
No, él es un caballero, no un cerdo animal como tú.
Castilla me quitó el sujetador de un tirón y se apoderó de mis pechos cada uno
con una mano.
Tienes un buen par de tetas. Ese tipo con el que has cenado debía ser un marica.
Aquí los únicos maricas son tú y tu novia Toni. ¿o es que crees que no sé lo que
hacen en la cárcel a los que violan gente?
Toni se mosqueó bastante con mi último comentario y me castigó con uno de sus
habituales doblados de mis brazos que me producían tanto dolor y me obligaban a
echar la cabeza hacia atrás y el cuerpo hacia delante. Castilla, en cambio, no se
dio por aludido. Seguía manoseando mis tetas y al parecer estaba disfrutando con
ello.
¿hace seis años que no agarro unas como estas. ¿sabes? Hay muchas mujeres
que estarían encantadas de estar en tu lugar. Muchas mujeres casadas que noreciben ningún tipo de atención ni de cuidado de sus maridos, muchas mujeres
insatisfechas que desearían tener entre sus piernas a dos hombres ansiosos de
sexo, dos hombres que no han visto, ni tocado, ni olido, ni lamido, ni saboreado el
coño de una mujer desde hace seis años.
Me das asco. –dije yo.
Pues yo creo que no, la mancha de tus bragas te delata.
Era cierto. Increíble pero cierto. Quizás los largos días sin sexo que había vivido
en las últimas semanas, quizás ese lenguaje soez, quizás mi total indefensión,
quizás un poco de todo, el caso es que mientras mi mente seguía buscando un
camino, una forma de escapar a la inevitable situación a la que me conducían
aquellos hombres, mi cuerpo comenzaba reaccionar de forma alarmante a las
caricias y al deseo que dejaban entrever aquellos dedos extraños
No podía consentirlo, no debía permitir que mi cuerpo dominase a mi cerebro, no
podía ser y sin embargo cuando aquellos dedos volvieron a bajar por mi
estómago, y tras salvar la pequeña barrera de la fina tela de mis bragas llegaron
hasta mi coño supe que la guerra comenzaba a estar perdida.
Esta zorra se está mojando viva. –dijo Castilla que llevaba pruebas de ello en sus
dedos. Toni se río divertido con el comentario de Castilla y apretaba más aún su
verga contra mi espalda. Entonces Castilla me puso sus dedos junto a mi nariz
para que oliese mis propios jugos y después bajó hasta mi boca para que lamiera
sus dedos.
Chúpalos. –me ordenó. Y si te portas bien quizás te dejaré que me chupes la
polla.
Era indignante la forma como me trataba Castilla y, sin embargo, cuánto más
vulgar era en su lenguaje, cuánto más dominada y expuesta me tenía más me
excitaba. Me estaba calentando y él lo sabía. Mi voluntad era ya una fina lluvia en
el desierto.
Castilla volvió a mis pechos. Los cogía por la base y me los levantaba para
dejarlos caer luego. Creo que le excitaba verlos rebotar. Imaginé que para
entonces ya debía tener una buena erección y lamentaba el no poder verla. Sí, lo
confieso, para entonces yo ya había perdido el juego, había perdido la noción del
bien y del mal, ya no era objetiva, ahora sólo quería poder ver su polla hinchada
apuntando al cielo por mí. Castilla repitió la operación varias veces antes de
comenzar a lamerme las tetas. Las chupaba en círculos decrecientes acabando
siempre en mis pezones duros como piedras. Al mismo tiempo, creo que era la
mano de Toni la que se perdía por primera vez dentro de mis bragas y comenzaba
a juguetear.El placer que iba sintiendo por las caricias en todo mi cuerpo fue aumentando
poco a poco y por primera vez tuve miedo a morir, miedo a morirme de gusto allí
mismo, a correrme como nunca lo había hecho dándole la razón a Castilla y
demostrando que en verdad no era más que una perra hambrienta de sexo.
Entonces un dolor agudo en mis pezones me sacó de mi éxtasis. Me había
mordido los pezones con toda la intención del mundo pues era consciente del
placer que estaba sintiendo. Era su forma de decirme que sólo me correría cuando
él quisiera, que él era el amo, que el dolor y el placer convivían cerca, muy cerca.
Grité, por el dolor, pero no era un grito de auxilio. Toni abandonó mi sexo y me
recordó con su habitual forma de hacerme daño que no debía gritar.
Castilla volvió a lamerme los pechos, nuevamente con cuidado y de la forma
deliciosa que lo había hecho hasta entonces.
Creo que ya es hora de que te quitemos esto. –dijo Toni en referencia a mis
bragas. Tiró de ellas desde atrás y la tela de la parte delantera se incrustó en mi
sexo. Toni tiró algo más fuerte y el roce de mis bragas con mi clítoris dejó de ser
placentero para convertirse en molesto. Finalmente dio un tirón brusco y éstas se
rasgaron y acabaron de escurrirse entre mis piernas.
Así está mucho mejor –dijo Toni- y volvió a llevar su mano a mi sexo. Esta vez lo
recorría de arriba abajo, llegando incluso hasta mi ano y luego de nuevo arriba.
Recogía en sus dedos algo de flujo y lo esparcía por toda mi vagina. Después de
juguetear un poco más me introdujo varios dedos en el coño. Ahora entiendo tu
apodo, pensé yo, que repartía mi atención a los dos focos de placer que tenía en
ese momento con Castilla saboreando mis pechos y Toni penetrando mi
entrepierna. No pude evitar que se me escapase un suspiro cuando Toni soltó
ligeramente la presión de mis manos, las cuáles comenzaban a quedarse
dormidas, y las llevó a su paquete. La polla de Toni era enorme.
Creo que esta ya no necesita que la sujetemos –dijo Toni a Castilla.
Sí, ya me he dado cuenta yo también.
Entonces por primera vez desde hacía un buen rato pude sentir mis manos libres
de nuevo. En cierta manera había conseguido algo, me había ganado su
confianza y ahora disponía de un pequeño margen de maniobra. Mientras
reconocía la enorme herramienta de Toni el teléfono del comedor comenzó a
sonar…
Será mejor que contestes –dijo Castilla- pero espero que no intentes jugarnos una
mala pasada.
Yo misma me deshice de la venda que me tapaba los ojos y me dirigí al comedor.
Parecía que lo de la grabación en una cámara había sido sólo un adorno deCastilla a su estrategia de anulación mental, sin duda se trataba de una buena
noticia. Castilla y Toni me seguían muy cerca. Descolgué el auricular.
¿sí?
Hola Silvia, soy Emilio, ¿qué tal estás? ¿te encuentras mejor?
Justo en el momento en que iba a responderle Castilla se arrodilló frente a mí y
llevó su lengua hasta mi coño. Yo no quería permitírselo, todavía debía quedar por
mi cerebro un resquicio de dignidad, pero un ligero mordisco en uno de mis labios
vaginales fue suficiente para que abriera las piernas.
¿Silvia? –repitió Emilio desde el otro lado del teléfono.
Sí, perdona, es que…Ahhhhhh…….estaba distraída.
Ya veo, en fin, será mejor que te deje descansar.
Siiiiiii…….será mejor. De todas formas, ya me encuentro mejor, gracias. Mañana
ya se me habrá pasado.
Toni avanzaba hacia nosotros con la polla cogida en sus manos. Mostraba y
escondía su lívido glande mediante movimientos lentos y tranquilos. Realmente,
ahora que podía verla en toda su dimensión debo decir que la tenía bastante
grande.
Bueno, entonces nos vemos el lunes ¿no? –dijo Emilio.
Sí, sí, el lunes. –alcancé a decir sólo esas palabras porque Castilla estaba dándole
unos lengüetazos a mi clítoris que hacía que me estremeciera de placer.
Colgué el auricular como pude y comencé a gemir de gusto, ahora ya sin tapujos,
mientras que Toni se situaba a mi espalda y agarrándome de los pechos se dedicó
a restregarme su polla por mis nalgas.
Te vas a correr Silvia, ¿te vas a correr con tus violadores como una ramera?, me
reprochaba a mí misma mientras un gigantesco orgasmo se iba fraguando en mi
entrepierna. Sí, me voy a correr, decidí al fin, y dejé olvidados para otro momento
mis reproches. Los pellizcos de Toni en mis pezones no hacían más que estimular
aún más mi excitación y cuando llegué al clímax no pude evitar soltar un gemido
tan desgarrador que hubiese puesto cachondo al cura más devoto. Al mismo
tiempo todos mis músculos perdieron la tensión habitual y hubiese caído al suelo
de espaldas de no haber sido porque Toni me sujetaba fuertemente.
Esta zorra se corre que da gusto. –dijo Castilla con la cara llena de mis flujos-
.
Sí, es una buena perra. –añadió Toni- Se nota que hace días no la cogen como se
lo merece.
Ojalá fuesen unos días, pensé yo que comenzaba a recobrarme.Pues hoy va a tener unas cuantas folladas. Nada más decir eso Castilla, me
ordenó que me arrodillara junto a él.
Chúpamela, quiero ver como se traga mi polla una abogada.
Por primera vez dirigí mi atención a su pene. Y digo pene porque para mí una
polla debe tener unas buenas dimensiones para considerarse una buena polla. Se
trataba pues de un pene, digamos que normalito, que si la comparaba con la de su
amigo podría llegar a humillarle. Decidí no hacerlo, pues el ego de los hombres
suele estar muy regido por el tamaño de su miembro, y un hombre con el ego
herido puede llegar a ser muy peligroso, incluso un violador amable. Así pues, me
llevé su pene a la boca y comencé a lamerlo sin demasiada afición. Al
introducírmelo en la boca ganó algo de tamaño, pero seguía siendo un pene. Le
acaricié las pelotas mientras chupaba su glande de manera automática. Después
de unos minutos así me pidió que me pusiera a cuatro patas.
Ahora te vamos a follar. –dijo Castilla- como si eso fuese una amenaza real a esas
alturas.
Toni estaba aún de pie y frente a nosotros. Él sí que lucía una erección
maravillosa. Esa polla comenzaba a calentarme de nuevo.
Castilla se colocó tras de mí y con cierta facilidad, pues seguía bastante lubricada,
me penetró por el coño y comenzó a bombear con ansiedad. Era como si tuviera
prisa por correrse, como si estuviese tan excitado que no pudiese aguantar ni un
segundo más sin eyacular. Toni, en cambio, seguía a nuestro lado impasible.
Desde el suelo le eché una mirada lasciva y le saqué la lengua entre provocativa y
burlona. Entonces se acercó aún más a mí y me introdujo su polla en la boca
mientras con las manos me sujetaba la cabeza e iniciaba los movimientos de
penetración. Ese cabrón me estaba follando la boca. Era la primera vez que me
hacían algo así. Lo de mamar vergas de rodillas ya podía llegar a ser humillante
para una mujer, pero el que me follaran la boca de esa manera me parecía aún
más humillante y al mismo tiempo tremendamente morboso. Volvía a estar fuera
de mí, volvía a estar como una perra en celo a la que le están dando la mejor
follada de su vida.
Yo siempre he querido tener una abogada como ésta. –dijo Toni-
Te dije que se trataba de una buena zorra. Ya te lo dije, yo no me suelo equivocar.
Pues hoy se va a hartar de tanta polla.
Castilla no tardó en correrse debido a la energía con que me estaba follando y tal
como esperaba su corrida fue escandalosamente abundante y enseguida su
semen se derramó de mi coño y comenzó a chorrearme por los muslos. Toni en
cambio aún siguió durante unos minutos más perforando mi boca con un ritmo
lento y suave.Vamos, córrete en su cara. –le animaba Castilla a su amigo-
Estaba claro que Toni lo iba a complacer y cuando supe que su orgasmo llegaba y
que Toni derramaba las primeras gotas de semen en mi boca me preparé para
recibir sus descargas en mi cara. Cerré los ojos y esperé el impacto. Rápidamente
un chorro de semen cayó entre mis ojos y mi nariz y otro quedaba pegado en mi
barbilla mientras que el resto se escurrían entre mi cuello y mis pechos.
¡Oh Dios, ha sido bárbaro! –exclamó Toni mientras sacudía las últimas gotas
sobre mi cuerpo.
A Castilla le había gustado tanto el espectáculo que volvía a estar duro y ansioso
por penetrarme. Yo, con semen de dos hombres resbalando por todo mi cuerpo no
entendía ya de objeciones. Así, cuando Castilla se tumbó en el suelo y me pidió
que lo cabalgara yo lo hice sin pensármelo y me introduje su pene de un solo
golpe.
Si hubiese sabido que eras tan puta me hubiese escapado mucho antes de prisión
-Dijo Castilla
Y si yo hubiese sabido lo que me esperaba esta noche quizás no me hubiese ido a
cenar con Emilio, pensé yo, pero no dije nada para no alimentar el ego de los
hombres Me limité a moverme encima de él, saltando sobre su pene como una
auténtica viciosa mientras mis tetas rebotaban y rebotaban volviendo loco de
lujuria a Castilla.
Toni recuperó de nuevo su erección al vernos follar de esa manera y cuando la
tuvo de nuevo dura me indicó que me recostase sobre Castilla. Al hacerlo mis
pechos quedaron al alcance de Castilla que los tomó entre sus dedos para
pellizcarlos y amasarlos como había hecho ya hacía unos minutos. Pero ahora mi
foco de atención había pasado a Toni, pues era consciente de cuáles eran sus
intenciones y sabía que eso me iba a doler.
Justo detrás de nosotros Toni se embadurnaba la polla con saliva y lubricaba mi
ano con sus dedos. Pese a la enorme excitación que sentía por lo morboso de la
situación y pese a que Castilla me follaba ahora con embestidas lentas y
profundas que me producían un enorme placer, mi ano estaba tan cerrado que me
resultaba complicado imaginar cómo una polla de esas dimensiones iba a caber
ahí dentro. Nunca ninguno de mis amantes había querido sodomizarme y yo
tampoco lo había encontrado nunca excitante por lo que mi culo era virgen y Toni
comenzaba a darse cuenta de ello.
Creo que a esta zorra no se la han metido nunca por aquí.
Entonces ya es hora de que lo haga alguien –le animó Castilla-
.
Toni comenzó presionando mi ano con un dedo. No fue sencillo, pero a base de
intentarlo consiguió meterlo por completo. Cuando lo sacó mi culo ya estaba algomás dilatado pero muy cerrado aún. Entonces repitió la operación con dos dedos y
finalmente con tres. A medida que añadía un nuevo dedo el dolor aumentaba y
ganaba terreno al placer. Entonces, cuando yo imaginaba que llegaría un cuarto
dedo noté su polla en las puertas de mi ano. Su glande presionaba sobre mi
agujero como lo habían hecho anteriormente sus dedos pero éste era incapaz de
forzar la entrada. Toni comenzaba a perder la paciencia conmigo y eso me
preocupaba pues no me apetecía ver enfadado a ese grandullón. Entonces, en un
nuevo intento Toni consiguió introducir la punta. Yo misma noté como las paredes
de mi ano al fin cedían ante el empujón de Toni. A partir de ahí todo fue mucho
más fácil para él y mucho más doloroso para mí. Con tres embestidas más pudo
meterme la mayor parte de su polla en mi culo. Ahora el dolor era ya muy intenso
y diluía el placer que por otra parte me proporcionaba Castilla con su follada.
Ya no puedes caer más bajo Silvia, me dije a mi misma cuando tuve a los dos
violadores dentro de mi cuerpo. Pero pronto el dolor fue dejando paso a una
intensa sensación de placer. Toni también lo estaba disfrutando pues mi culo
agarraba su polla con una fuerza brutal y pensé que aquello era casi como si le
estuviese ordeñando la polla.
Castilla comenzó a acelerar sus movimientos y su corrida era inminente. Yo hacía
ya unos minutos que me había corrido por segunda vez y Toni gemía con cada
embestida que me daba. De pronto un líquido tibio comenzó a inundar mi coño y
casi de inmediato Toni hacía lo propio en mi culito.
Me corro, les grité para excitarlos aún más, me corro, me corro…
Acabamos los tres al mismo tiempo. Luego permanecimos en el suelo recobrando
el aliento unos minutos. A mí me dolía el culo y los pezones por los mordiscos
repetidos de Castilla y sin embargo me encontraba genial. Mi cuerpo estaba lleno
de sudor y semen, pero a mí no me importaba lo más mínimo.
Pasados unos minutos Castilla me dijo que sería mejor que me duchara porque
tenía un aspecto lamentable. No sé por qué, pero sus palabras no me sonaron
sinceras y sabía que debía haber alguna otra idea retorcida tras ellas. Yo asentí y
me levanté para ir al baño. Castilla y Toni hablaron un momento en voz baja y
luego me siguieron.
Toni abrió el grifo del agua y los dos hombres entraron en la bañera conmigo.
El agua había comenzado a retirar de mi cuerpo los restos de sudor y semen
cuando Toni me tomó entre sus brazos y levantándome a pulso me penetró con
facilidad. Tenía la espalda apoyada contra la pared y me sujetaba fuertemente de
las nalgas mientras su polla entraba y salía con enorme vigorosidad de mi sexo
hinchado.No vas a olvidar esta noche en tu vida, oí decir a Castilla, y sabía que era cierto
pues nunca más iba a volver a disfrutar de un sexo tan salvaje y morboso al
mismo tiempo
Toni, que parecía imposible tuviera tanta fuerza, había comenzado a devorar mis
pechos mientras seguía el mete y saca brutal con el que me estaba volviendo loca
de placer.
Si Emilio me viese ahora, me dije a mi misma, e imaginé a Emilio observando la
escena desde la puerta del baño. Sólo con hacerlo me vine en un orgasmo intenso
y delicioso y enseguida Toni acabó también. Por fin mis pies tocaron tierra firme
de nuevo, pero ahora era Castilla quien requería de mis servicios.
Quieta, me dijo, y antes de que pudiera volverme noté su pene entre mis nalgas. A
diferencia de la otra vez, el pene de Castilla entró en mi ano que ya estaba algo
más dilatado sin demasiados problemas y esta vez la sensación fue de placer
desde el principio. Además, para acabar de disfrutarlo, Toni, que después de
correrse se había dejado caer al suelo de la bañera, estaba ahora con su cabeza
entre mis piernas buscando mi clítoris con la lengua.
Malditos hijos de puta, ¿qué voy a hacer yo sin ustedes cuando los detenga la
policía? –les dije en un momento de puro éxtasis.
Puedes venir a visitarnos –dijo Castilla- serás bienvenida.
Esa fue la última vez que escuché hablar a Castilla. Después de eso siguió
follándome el culo y Toni chupando mi coño hasta que me corrí de una forma tan
brutal que todos los músculos de mi cuerpo fallaron por un momento y tuve que
dejarme caer en la bañera mientras el agua seguía escurriéndose por todo mi
cuerpo.
No sé cuánto rato estuve así, en el suelo de la bañera recibiendo el tibio golpeteo
del agua sobre mi piel. El caso es que cuando tomé conciencia de que había
pasado mucho rato Toni y Castilla ya no estaban allí.
Cerré el grifo de la ducha y me envolví con una toalla sin saber bien por qué lo
hacía pues no tenía nada que esconder a nadie a esas alturas. Miré en el comedor
y allí no había ni rastro de ellos ni de sus ropas. Si estaba en cambio mi vestido
destrozado en mil pedazos y mi ropa interior rota. Miré en el resto de habitaciones
del piso, pero no había ni rastro de ellos. Habían desaparecido de la misma forma
silenciosa como habían llegado.
Me acabé de secar y fui a mi habitación para ponerme unas bragas. Entonces,
sobre mi cama encontré algo. Era una nota escrita a mano. Cuando llegue la
oscuridad volveremos a vernos
1 comentarios - Cuando llegue la oscuridad